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Vida y Milagros de un Informático
Vivencias de un informático y parado en ciernes al comienzo de su carrera profesional.
Prólogo
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Sindikatua
 
Una recua de impresentables y otras petisoperías

Esa viene siendo la definición técnica de la plantilla de profesores de mi facultad. De todas formas y, como en todo grupo de personas (obviando a los ultrasur y demás escoria semejante), existen salvedades como son: el tutor de mi proyecto, los profesores de Metodoloxía da Programación, Enxeñería do Software, Redes de Computadores y algunos más que serían muy largos de citar. Para aportar mayor claridad los iré mencionando (Nota de trad: me iré cagando en su p*******) por orden cronológico:

PRIMERO DE CARRERA
El primer impresentable que me encontré era el profesor de programación: nunca llegamos a saber si el tío explicaba así de mal porque no tenía puta idea de su asignatura o si realmente era tarado. El día que explicó la notación BNF fue probablemente la clase más soporífera y horrible de mi vida (superando incluso a mi profesor de filosofía de COU, que era un tío muy majo, pero un auténtico ladrillo); cuando llevaba apenas diez minutos en el aula ya soñaba con introducirme astillas candentes bajo las uñas o darme de martillazos en los güevos.

Después apareció el de Electrónica... joder, era pesado en todos los sentidos. Lo único que saqué en limpio de su asignatura fueron cuatro años de matrícula sólo superados gracias a una academia; YO que toda mi vida fui un acérrimo detractor de las clases particulares. Si fuese mejor persona quizás les daría las gracias a los de la academia por ayudarme a aprobar, pero coño, para algo pagaba ¿no? Una cosa sí que me quedó clara, si quieres que alguien que tiene unas ligeras nocciones de semiconductores y transistores deje de tenerlas, llévalo a una clase de Electrónica en mi facultad.

El de Matemática Discreta tampoco tenía desperdicio, el muy g***** se creía el culmen del cálculo mental porque cuando iba por la calle comprobaba si los números de las matrículas de los coches era primos, en vez de ir al psiquiátra a ver si padecía algún tipo de autismo (a mi cuando contaba esas paridas en clase lo primero que me venía a la mente era Dustin Hoffman en Rain Man). Personalmente a mi este tipo no me tocó demasiado las gónadas, pero tengo compañeros a los que les hizo la vida imposible; se ve que hacer cálculos con matrículas no saciaba su constante masoquista).

¡Y cómo olvidar al que nos daba las clases de problemas de Tecnoloxía dos Computadores! Según cuenta la gente fue el alumno con mejor expediente de la facultad, lo que explica que ponga exámenes que sólo él puede hacer. Era de esos típicos profesores que te miran como si fueras imbécil cuando les dices que no has entendido lo que acaba de explicar y luego hace caso omiso. Y todo eso por no hablar de su jodida manía de sobarse el pelo desde la nuca hasta el flequillo o de hacer ruiditos con la boca.

Siguiendo la estela de profesores que impartían clases de problemas encontramos a la de Cálculo que ostenta el título mundial de profesor/a que menos tiempo he aguantado en mi vida ¡ni siquiera una clase completa! Fueron unos tres cuartos de hora y nunca máis, antes muerto que aburrido.

En Álxebra teníamos a una tía que era la auténtica antítesis de su nombre, que no voy a mentar para no buscarme problemas, y aunque no era mala explicando, su costumbre de silbar entre los dientes para mandarnos callar me sacaba de quicio, lo que le ha permitido granjearse un sitio entre los energúmenos más destacados de mi facultad.

SEGUNDO DE CARRERA (este curso se lleva la palma)
Llegados a este punto encontramos uno de los especímenes más peculiares de la Facultad de Informática de A Coruña: un hombre que consiguió una plaza para impartir una asignatura en la que no había suficientes alumnos ni grupos para incluir un nuevo profesor; solución de los de arriba:
- No pasa nada, impartirás Sistemas Operativos I.
Shit little parrot! (Nota de trad. ¡cágate lorito!) Lo que nos faltaba, impartiría clase de una de las asignaturas más difíciles de la carrera un tío que por no ser, no era ni informático, y así estuvimos, tres años de matrícula hasta que decidí cambiarme de grupo (el profesor de la otra clase era duro, pero explicaba de cojones), y descubrí que la susodicha asignatura no era ni mucho menos horrible, pero claro, hay influencias que matan.

¡Oh, por Dios! No encuentro palabras para definir al par de imbéciles profundos de Programación Declarativa. Esta asignatura se divide en dos partes: programación lógica, impartida por un tío al cual el doctorado honoris capullo se le había subido a la cabeza; y programación funcional, impartida por otro impresentable al que si se le subía algo más a la cabeza iba a parecer un Chupa-Chupp. Este último personaje, que va de majete, se dedica a arruinar la vida de los pobres desgraciados a los que les toca en el tribunal de proyectos. Según se comenta, nadie a sacado nunca más de un aprobado en el proyecto teniéndolo en el tribunal, cuando es raro que nadie baje del notable en las calificaciones del mismo.

Estructuras y Sistemas Contables... otra de mis bestias negras. Puede que el odio visceral que siento hacia todo aquello relacionado con la economía no me convirtieran en el alumno perfecto para una asignatura de ese tipo, pero todo tiene límites. Supongo que el puto gilipollas de mierda (¡qué cariño le tengo!) del profesor tiene algún tipo de trauma de juventud porque siempre quiso ser ingeniero y sólo llego a economista; claro, si lo piensas detenidamente debe de ser duro el haber querido ser todo tu vida una mariposa para quedarse en capullo. Después de fusilarme tres convocatorias porque le salió de ahí, decidí hacer que se cansara de verme: me presentaba en su despacho dos veces por semana para que me diera modelos de examen que le traía resueltos, y parecía que marchaba bien; me enseñó todos los trucos de los asientos contables, me aprendí toda la teoría de memoria, y quiero decir palabra por palabra recitada como el "Romance de Mío Cid". Pasó el día del examen, llegaron las notas... y tenía un aprobado, como es lógico me abstuve de ir a la corrección, hay gente que no merece ni que les monten un pollo.

Pero la asignatura que se llevó la Palma de Oro en el festival de mi carrera fue, es y será siempre Algoritmos. Cinco convocatorias, todas preparadas al extremo (tenía la fea costumbre de presentarme "a ver qué se cocía" en las primeras convocatorias), cuatro de las cuales podríamos decir que se las pasaron por el ojete. Y como es lógico, decidí entregarme al máximo en la última... para sacar un aprobado como en ESC. Esta asignatura aglutina mis mejores experiencias en cuanto correcciones se refiere, fue en ella, por ejemplo, donde habiéndome caído en el examen una pregunta de teoría que viene poniéndose en el 80% de los exámenes de la asignatura me hicieron una de las putadas más grandes desde que se inventó la gaita. Llego a la corrección y veo que en dicha pregunta me han calificado 0,5 sobre 2,5 puntos y claro, le pregunto a uno de los profesores (HIJO DE LA GRANDÍSIMA PUTA) por qué mi puntuación se parece a la altura de Torrebruno en metros, y me contesta:
- Es que esa palabra de ahí no deberías haberla puesto.
De una pregunta que ocupa casi una hoja por ambas caras (mi letra es tipo 6 puntos, así que imagináos), que está puesta tal cual se impartió en clase y tal y como aparece en la bibliografía recomendada, me quitan dos puntos por una palabra... de lo más equitativo.

Luego está Rosana (pseudónimo), la de Bases de Datos, que llega treinta minutos tarde a clase de media (no exageraro absolutamente nada) y aún se atreve a meter prisa al alumnado para no perder ni un minuto. Explicar peor que ella es complicado aunque no imposible, seamos justos. Pero es la prueba viviente de que hay asignaturas las cuales es preferible prepararlas en casita con los apuntes de otra persona en vez de ir a clase.

TERCERO DE CARRERA
Por último, y nunca bien ponderado, el de Sistemas Operativos 2. Suerte de personaje con aspecto de cura pedófilo que disfruta haciendo sufrir a sus alumnos al extremo mediante la asignación de prácticas imposibles sobre sistemas totalmente obsoletos y mandando a 99 de cada 100 alumnos a la corrección aunque estén aprobados. Es el único profesor que tiene la cualidad de haber seguido jodiéndome una vez aprobé su asignatura.

En resumidas cuentas, podría afirmar que unos dos tercios del profesorado de mi facultad merecería ser ejecutado; y la mitad de esos dos tercios debería ser torturado antes de morir.
Tengo una teoría según la cual la razón por la que estos personajes se dedican a joder al alumnado derivaría de algún trauma de juventud: ya sea falta de sexo, jovenfobia, ganas de joder al personal o, mucho más que probablemente, el hecho de que a ellos también los sodomizaron hasta el extremo en la carrera. Quizás algún día una persona que pretenda doctorarse en Psiquiatría o Psicología decida estudiar por qué un gremio como es el de profesores de universidad aglutina el mayor número de sádicos por metro cuadrado; pero esa es otra historia.

En algún momento he de parar a un@ de est@s y preguntarle por qué mientras ellos se pasean en coches de diez millones y fuman puros en el despacho, yo tengo que tomar antidepresivos todas las noches para no tirarme por una ventana (dramatización). Sería interesante hacerlo, desde luego.

Hasta aquí la historia de mi carrera, nasnoches.

 
Comentario:
Ya veo q las cosas funcionan igual en todos lados. En mi facultad tambien habia unos cuantos impresentables d esos, no ahi que hacerles caso, si les dejas al final te joden la vida.
Me a gustado mucho tu página, sigue asi que necesitamos mas toques de humor por aqui.
No