logotipo

img_google
Vida y Milagros de un Informático
Vivencias de un informático y parado en ciernes al comienzo de su carrera profesional.
Prólogo
Incording people since april the 17th 2005
Sindikatua
 
Sexo, mentiras y cintas de Heredeiros (y otras petisoperías)

He estado haciendo repaso de tiempos pasados (no siempre mejores a pesar de lo que digan las canciones) por aquello de que he llegado a un punto de inflexión en mi vida. Primero hay que aclarar los términos para que la gente comprenda el texto en su totalidad.

Punto de inflexión: aquel punto de una función en el que la misma pasa de ser cóncava a convexa.

¡Qué chiste más malo! De todas formas ese recuento temporal me ha llevado a deducir que, a pesar de los medicamentos y demás mierdecillas que vengo consumiendo últimamente como si fuesen vitaminas de los Picapiedra, vivo en la etapa más feliz de mi vida. Me he librado de los estudios y me he integrado en el mundo laboral como la gran mayoría de los habitantes de este Estado: siendo un número más en las listas del paro.

Al final parece que voy a trabajar en Ferrol, aquí al ladito de la casa de mis padres, lo cual no deja de ser una comodidad. Cobrando una puta miseria (como suele ocurrir en todas estas cosas) y trabajando como un cerdo. Pero no me importa porque llevo tortas y prefiero ganar un salario propio que seguir sangrando a mis progenitores, no como hace esa gente que con 35 años sigue en paro y viviendo en casa de sus padres, y se quejan de que no encuentran trabajo ¡Nos ha jodido! No esperarán que se lo vengan a ofrecer a la puerta de casa.

Para crear el ambiente de repaso neuronal he decidido ponerme un hilo musical de adolescencia-divino-tesoro y pincharme unos discos de aquellos que solía escuchar en el instituto: The Clash, Los Petersellers, Ramones, Siniestro Total, Sex Pistols y, sobretodo, Heredeiros da Crus... tiempos aquellos; las primeras borracheras (esas botellas de Licor de Manzana a medias con Qkl) y los primeros porros, con sus consecuentes blancas y ataques de tos. Dónde va a parar la mitad de la gente, y eso que vivo en una ciudad pequeña (no me quiero ni imaginar lo que debe de ser en una metrópolis).

Después del temporal de despiporre vino la calma típica del ojo del huracán, tercero de BUP y COU, precediendo la segunda y mucho más devastadora oleada de farra constituida por primero y segundo de carrera: la Plaza del Humor, Santa Cristina, Ferrol y Narón. De ahí en adelante todo ha sido cuesta abajo por cansancio, pero parece que el espíritu resurge y la llama de la jarana vuelve a arder en mi, dispuesta a quemar todos los garitos de la ciudad hasta los cimientos. Ahora sólo queda agenciarse buenas compañías dispuestas a romper la noche, y todos felices. Pero antes de ponerse a hacer todo eso hay que empezar a currar, porque la fiesta no es gratis y no es plan seguir pasándoselo bien a costa del trabajo ajeno.

Siempre me ha gustado ese lema de las generaciones paternas del sexo, droga y rock'n'roll; si no fuera porque no tomo drogas (exceptuando el alcohol) y el sexo no es precisamente una constante en mi vida, de hecho no es ni puntual; es lo que tiene el celibato. Ahora bien, rock'n'roll el que caiga, literalmente, es una pena que no haya más garitos que pongan ese tipo de música. La felicidad es un pentagrama con acordes de Sam Cooke y letras de John Fogerty.

Una de las cosas buenas que ha tenido esta larga sequía de farra es la reducción de mi cuerpo en cuanto a aguante etílico se refiere. Ahora necesito beber mucho menos para ir mucho peor, con el evidente impacto positivo que esto tiene sobre el tamaño de los bolsillos, sobretodo al precio que están las copas desde la llegada del €uro. La verdad es que la entrada en la eurozona ha sido como cruzar el umbral de un puticlub: hay que pagar por todo, las copas son carísimas y al final te vas a casa con los dientes aún más largos que cuando entraste. Ya lo decía Forrest Gump (aprox.): la vida es como una casa de putones, nunca sabes por dónde te van a dar.

Ahora debería intentar empezar a disfrutar un poco más las vacaciones, porque ya estamos en agosto y prácticamente no he salido nada de farra. Quizás desplazándome un poquito... no sé, a lo mejor funciona. De todas formas no me puedo quejar, prácticamente he vivido en la playa el último mes, supongo que eso también cuenta a la hora de pasárselo bien.

Hasta aquí el capítulo de hoy, nos días.

No