En el verano de 1921 el ejército español destacado en África sufre una serie de derrotas, iniciadas con el "Desastre de Annual", que desembocarán en la pérdida del Protectorado Norte de Marruecos. Durante tres meses las tropas metropolitanas serán atacadas, torturadas y masacradas por el enemigo rifeño; en pago por la explotación y abusos a que las autoridades españolas sometieron a la población local (al final siempre pagan los mismos).
Hoy, ochenta y cuatro años después, las noticias nos hablan de otra invasión en las posesiones africanas de España. Una invasión que, a pesar de ser cosa de actualidad, lleva ocurriendo muchos años. Una invasión que no busca recuperar tierras ancestrales, sino simplemente sobrevivir. Porque una invasión no siempre es algo bélico ni peligroso para el que la sufre; a veces sólo se trata de la lucha desesperada por una vida mejor (o únicamente por una vida).
Cada vez que se saca la emigración a colación hay algún desalmado que suelta un comentario con tintes xenófobos incluyendo la palabra moro o algo peor. Todos esos "reaccionarios de mierda" que se dedican a dar soluciones del tipo:
· Deberían de duplicarse los efectivos policiales y mejorarse las medidas de seguridad.
· Deberían de expulsarlos a Marruecos aunque no se sepa de donde son.
Claro, y el problema (que no es tal, digan lo que digan) que tenemos nosotros lo tendría el estado marroquí; y entonces ¿existe alguna duda de lo que harían con ellos? De todos es sabido que la monarquía alauita se caracteriza por su impecable respeto hacia los derechos humanos. No hay más que ver lo desinteresada que fue su ayuda a los saharauis en cuanto a la consecución de su independencia.
Lo que no puede ser es que, en pleno siglo XXI (y digan lo que digan sobre lo antiguo de las posesiones), España conserve territorios en África que no han sido devueltos a sus legítimos propietarios. Mucho hablar de la recuperación de Gibraltar, pero a nadie se le ocurre intentar dar ejemplo. No creáis que digo lo de devolver Ceuta, Melilla y el puñado de piedras norteafricanas que el estado español posee (véase Perejil, Chafarinas y demás) para terminar con la vía de entrada terrestre, como dicen algunos. Todavía existimos ilusos políticos cuyo mayor sueño es un mundo sin fronteras, en el que nadie, y repito NADIE, tenga que saltar una valla, subirse a una balsa o cavar un túnel para visitar a su prójimo.
Gracias a Maradona (nota de trad: Dios) que vivimos en un estado en el que la mayoría de la población es tolerante, por la simple razón de que somos vagos y es más cansado odiar que ser indiferente. Evidentemente hablo por la experiencia de la vida que un joven gallego puede tener, pero no creo que las cosas sean muy diferentes en Almería, Toledo, Lleida o Álava.
A veces tengo que contenerme y recordarme a mi mismo que la violencia no es el camino cuando escucho cierto tipo de comentarios. Yo, desde luego, soy de los que opina que la libertad de expresión es un derecho que nunca se debe sobreponer a los derechos básicos del ser humano (véase apología del terrorismo, fascismo o semejantes), en la medida en que estos son inalienables.
Siento haberme tenido que poner trascendente, pero de vez en cuando es necesario desahogarse sin gritar, para que los vecinos no piensen que uno tiene algún problema psiquiátrico grave. Pensad en ello cuando necesiteis relajaros, ya que existen mejores maneras de hacerlo que liarse a toñas con el personal.
Hasta aquí el capítulo de hoy, nastardes.





