Un día como hoy me complacería sobremanera hablar sobre los 6 que le calzaron al Madrid ayer, pero el momento requiere algo mucho más serio: la religión está intentando atentar contra uno de los derechos fundamentales de la democracia.
Algunos diréis: ¿y qué tiene eso de nuevo? o incluso ¡ya está éste hablando de la Iglesia, para variar! Pues no, no y tres veces NO bien grande para que se vea correctamente. Esta vez se trata de los ulemas, ayatollahs e imanes que, para más I.N.R.I. (nunca mejor dicho), pretenden imponer sus obsoletas y decadentes ideas en los cerebros de los no-creyentes.
Por lo visto, estos personajes, que se cubren las cabezas con trapos para que no se vea que las tienen vacías, de un día a otro la han tomado contra los daneses, esos pacíficos fabricantes de galletas de sobremesa, por el mero hecho de dibujar a su "profeta"; ese que, por lo visto no puede ser representado mediante ningún tipo de imagen, pero en cuyo nombre se pueden mutilar los genitales de una mujer o asesinar a doscientas personas en un tren.
Resulta que en este país, durante los últimos dos siglos, miles, decenas de miles y puede que cientos de miles de personas han arriesgado sus vidas (y en muchos casos las han perdido) por defender un derecho básico del ser humano como es la libertad de expresión, y ahora resulta que tenemos que callarnos; ya no porque lo diga un dictador con voz de pito, sino porque lo dice un imbécil que vive al otro lado del planeta y que está dos puntos por debajo de cualquier ateo del mundo en la escala evolutiva.
Sinceramente, no veo por qué podemos representar al Dios de los cristianos, religión tradicionalmente ligada a Europa; y no podemos representar al dios de los musulmanes. No me entra en la cabeza que tenga que hacer caso a una persona por el simple hecho de que se ponga un trapo en la cabeza, deje de comer cerdo y de beber alcohol y/o se corte un pedazo de polla.
Esos energúmenos que lanzan piedras y prenden fuego a embajadas y consulados no ven más allá de sus narices, y parecen no entender que Europa es su único nexo con la realidad global, esa última sinapsis que, en caso de romperse los dejaría en manos de la "diplomacia" estadounidense, en el mejor de los casos. Quizás llegue el día en que a alguien se le encienda la bombilla en este país y tome ejemplo de una de las pocas virtudes reales de la República Francesa, la laicidad del Estado, esto es, que ninguna religión debe mantener ningún tipo de relación preferente con el Estado ó que, a ser posible, ninguna religión mantenga relación DE NINGÚN TIPO con el Estado.
Hasta aquí el capítulo de hoy, nasnoches.





