logotipo

img_google
Vida y Milagros de un Informático
Vivencias de un informático y parado en ciernes al comienzo de su carrera profesional.
Prólogo
Incording people since april the 17th 2005
Sindikatua
 
Telesféricos, telepequevisiones y otras petisoperías

Una mañana en que madrugué pero Dios no me ayudó, descubrí que la vida eran dos días y que, a mis diez horas de existencia, estaba malgastando un tiempo valiosísimo en recorrer un monte que, ni muchos menos, era todo orégano; y en ordeñar un vaca tan mojama que ni de broma me daría para acabar siendo el dueño de Leyma. No es que mi vida no me agrade, pero es que tampoco me da ninguna sorpresa agradable, la monotonía guía mis pasos y me hace tropezar no una ni dos, sino tres o más veces en la misma piedra.

Con el tiempo he aprendido a agachar las orejas y a hacerme sangre en los labios para no morder la mano que me da de comer (y me infla a toñas), mientras me tapo el culo con la mano que no he apoyado sobre una mierda de perro para evitar que me den por culo. A veces hay que chupar alguna polla y dar las gracias si se te corren contra la campanilla por no ser desagradecido con quien te da una oportunidad cuando no eres nadie (no tomar al pie de la letra). Y nunca se me ocurre balar contra el pastor porque el resto del rebaño tiene el pelaje más claro que yo, han visto demasiados pases privados de Babe el Cerdito Valiente y piensan que serán perros ovejeros algún día por dejarse esquilar hasta el despelleje.

En un mundo de hormigas uno nace cigarra y queda marcado hasta el fin de sus días, por mucho que se pinte de negro y estropee picnics en un vano intento de convertise en un himenóptero que puede levantar diez veces su propio peso, pero incapaz de cantar con las pantorrillas (y decidme qué os impresiona más, por favor).

Y aunque el sol ya se escondió, no esperéis que me vaya para renacer de mis cenizas, porque prefiero tomar churrasco que quemarme, y prefiero darme una ducha que mojarme. No aspiro a ser un héroe ni un ejemplo porque habitualmente es necesario estar muerto para cualquiera de las dos cosas, y a día de hoy aún me gusta más dormir sobre una cama que dentro de una caja.

También hay ocasiones en que dan ganas de abrirse las venas para asegurarnos que la sangre que tenemos dentro es del mismo color que la última vez que la vimos y, de paso, averiguar por qué a ratos nos corroe por dentro como ácido de batería, obligándonos a movernos. Porque últimamente me dan ganas de echarme la mochila a la espalda y enganchar una nacional camino a sabe Dios donde y hasta cuando; pero con el único objetivo de dejar atrás el aburrimiento que me escuece como un trago de lejía.

El asedio de Jericó (hablo del de la Biblia, no de la prisión) nos enseñó que existen tres tipos de personas: los precavidos (o cobardes), que corren a refugiarse a casa cuando atacan la ciudad; los valientes (o temerarios) que cruzan las puertas para hacer frente al enemigo; y los curiosos (o inconscientes) que suben a las almenas y se preguntan por qué los tipos de afuera están tocando la trompeta. La verdad es que no he decidido todavía en qué grupo me encuentro... aunque siempre he sido muy aficionado a la música.

Antes de retirarme os recomiendo pasaros por la web del maestro Alfredo de Hoces para ver maravillas de la literatura corporativa tal que esta:


...la calidad de los productos de la empresa es tal que cuando abríamos la puerta del CPD salían las ratas a vomitar...


Hasta aquí el capítulo de hoy, nasnoches.

No