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Vida y Milagros de un Informático
Vivencias de un informático y parado en ciernes al comienzo de su carrera profesional.
Prólogo
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Sindikatua
 
El visir, la lira y el mendigo (Parte II)

Ajbred se reunió con el visir, y después de negociar amigablemente durante un largo tiempo, Lespraï le prometió que los músicos dispondrían de media estación para ejecutar su música tal y como querían. El período concedido era notablemente menor que el esperado por los miembros de la escuela, pero les pareció que no convenía discutir más, y aceptaron la propuesta (además, no todos los músicos de la escuela se encontraban tan lejos de las posturas del pachá como se hallaba Ajbred).

El visir comunicó a Iksandr la propuesta que había realizado a los músicos y el pachá decidió considerarla. Para ello precisaría tiempo; tenía que meditar los pros y las contras que tendría el perder el control sobre el producto musical de sus empleados, aunque sólo fuera por un corto período de tiempo. Dos semanas después comunicó su decisión a los músicos: nadie gozaría de más de media luna para componer su propia música.

La reacción no se hizo tardar, los músicos se rebelaron y plantearon sus quejas directamente al mismo pachá, sin pasar a través de su interlocutor oficial, el visir. Esto no gustó ni al primero ni al segundo, ellos consideraban que la jerarquía era lo primero, la cuota de mercado lo segundo y el arte de la música... lo último.

Después de ver la reacción de la cúpula de la escuela, Ajbred tomó una decisión irrevocable: abandonaría la escuela en la que tantas esperanzas había depositado, y se buscaría la vida de la mejor manera que pudiese. Solicitó audiencia urgente con el pachá y le comunicó su partida, de buena fe, no con el acostumbrado plazo de media luna, sino con casi dos lunas de antelación; para que la escuela tuviera tiempo de reclutar otro músico que supliera su puesto sin acusar la ausencia.

La respuesta de Iksandr tampoco se hizo tardar; ordenó (a través de un subordinado, claro) a Ajbred que entregase la espada de oro que le había confiado y le obligó a abandonar la mansión. Hasta el día que se marchase, viviría como los novatos. Apenas media luna después, y después de haber visto el verdadero rostro de muchos a los que consideró "verdaderos amigos", el joven músico abandonó la escuela para nunca volver.

Ajbred es hoy un músico mendigo, sin escuela en la que componer, pero mucho más feliz de lo que nunca había sido junto al corrupto pachá. Después de marcharse, escribió a numerosas escuelas, algunas de las cuales incluso lo llamaron para conocerlo; pero ésa es otra historia.


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Hasta aquí la segunda parte, nosdías.

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