Tu nombre
Tu nombre es mi dulce castigo,
mi sangre, mi droga y rubí;
mi parte de vos, mi destino.
Tu nombre me sabe a jazmín.
Tu nombre no tiene palabras,
si está escrito en mi corazón;
y, de pronto, sale de cualquier lugar,
no sabe más que hacerme sentir mal.
Tu nombre, tan inoportuno, no sabe llamar.
Y es así que trato de contarte todo esto que siento;
es así que estoy adormecido en el mar de ilusión.
Es así que todo vale todo y todo se termina,
todo se termina.
Todo menos vos.
Tu nombre me tiene perdido
vagando en el mar de ilusión.
Yo nunca me doy por vencido
Yo nunca me rindo... al menos por hoy.
Y es así que trato de contarte todo ésto que siento;
y es así que estoy adormecido en el mar de ilusión.
Es así que todo vale todo y todo se termina,
todo se termina.
Todo menos vos.
Y es así que trato de encontrarte por nuevos caminos.
Es así que en tu nombre hago rimas para ser feliz.
Es así que todo vale todo y todo se termina,
todo se termina.
Todo menos vos.
Todo se termina.
Todo menos vos.
Coti Sorokin

mi sangre, mi droga y rubí;
mi parte de vos, mi destino.
Tu nombre me sabe a jazmín.
Tu nombre no tiene palabras,
si está escrito en mi corazón;
y, de pronto, sale de cualquier lugar,
no sabe más que hacerme sentir mal.
Tu nombre, tan inoportuno, no sabe llamar.
Y es así que trato de contarte todo esto que siento;
es así que estoy adormecido en el mar de ilusión.
Es así que todo vale todo y todo se termina,
todo se termina.
Todo menos vos.
Tu nombre me tiene perdido
vagando en el mar de ilusión.
Yo nunca me doy por vencido
Yo nunca me rindo... al menos por hoy.
Y es así que trato de contarte todo ésto que siento;
y es así que estoy adormecido en el mar de ilusión.
Es así que todo vale todo y todo se termina,
todo se termina.
Todo menos vos.
Y es así que trato de encontrarte por nuevos caminos.
Es así que en tu nombre hago rimas para ser feliz.
Es así que todo vale todo y todo se termina,
todo se termina.
Todo menos vos.
Todo se termina.
Todo menos vos.
Coti Sorokin

El amor
El dueño de una tienda estaba colocando un anuncio en la puerta que decía: "Cachorritos en venta".
Esa clase de anuncios siempre atraen a los niños, y pronto un niñito apareció en la tienda preguntando:
—¿Cuál es el precio de los perritos?
El dueño contestó:
—Entre 30 y 50 €.
El niñito metió la mano en su bolsillo y sacó unas monedas:
—Sólo tengo 2,37 €... ¿puedo verlos?.
El hombre sonrió y silbó. De la trastienda salió su perra corriendo seguida por cinco perritos. Uno de los perritos estaba quedándose considerablemente atrás. El niñito inmediatamente señaló al perrito rezagado que cojeaba.
—¿Qué le pasa a ése perrito? —, preguntó.
El hombre le explicó que cuando el perrito nació, el veterinario le dijo que tenía una cadera defectuosa y que cojearía por el resto de su vida.
El niñito se emocionó mucho y exclamó:
—¡Ese es el perrito que yo quiero comprar!.
Y el hombre replicó: "No, tú no vas a comprar ese cachorro, si tú realmente lo quieres, yo te lo regalo".
Y el niñito se disgustó, y mirando directo a los ojos del hombre le dijo:
—Yo no quiero que usted me lo regale. Él vale tanto como los otros perritos y yo le pagaré el precio completo. De hecho, le voy a dar mis 2,37 € ahora y 50 céntimos cada mes hasta que lo haya pagado completo".
El hombre contestó:
—¿Tú en verdad no querrás comprar ese perrito, hijo? Él nunca será capaz de correr, saltar y jugar como los otros perritos.
El niñito se agachó y se levantó la pierna de su pantalón para mostrar su pierna izquierda, cruelmente retorcida e inutilizada, soportada por un gran aparato de metal. Miró de nuevo al hombre y le dijo:
—Bueno, yo no puedo correr muy bien tampoco, y el perrito necesitará a alguien que lo entienda.
El hombre estaba ahora mordiéndose el labio, y sus ojos se llenaron de lágrimas... sonrió y dijo:
—Hijo, sólo espero y rezo para que cada uno de estos cachorritos tenga un dueño como tú.
Anónimo
En la vida no importa quién eres, sino que alguien te aprecie por lo que eres, y te acepte y te ame incondicionalmente. Un verdadero amigo es aquél que llega cuando el resto del mundo se ha ido.
Esa clase de anuncios siempre atraen a los niños, y pronto un niñito apareció en la tienda preguntando:
—¿Cuál es el precio de los perritos?
El dueño contestó:
—Entre 30 y 50 €.
El niñito metió la mano en su bolsillo y sacó unas monedas:
—Sólo tengo 2,37 €... ¿puedo verlos?.
El hombre sonrió y silbó. De la trastienda salió su perra corriendo seguida por cinco perritos. Uno de los perritos estaba quedándose considerablemente atrás. El niñito inmediatamente señaló al perrito rezagado que cojeaba.
—¿Qué le pasa a ése perrito? —, preguntó.
El hombre le explicó que cuando el perrito nació, el veterinario le dijo que tenía una cadera defectuosa y que cojearía por el resto de su vida.
El niñito se emocionó mucho y exclamó:
—¡Ese es el perrito que yo quiero comprar!.
Y el hombre replicó: "No, tú no vas a comprar ese cachorro, si tú realmente lo quieres, yo te lo regalo".
Y el niñito se disgustó, y mirando directo a los ojos del hombre le dijo:
—Yo no quiero que usted me lo regale. Él vale tanto como los otros perritos y yo le pagaré el precio completo. De hecho, le voy a dar mis 2,37 € ahora y 50 céntimos cada mes hasta que lo haya pagado completo".
El hombre contestó:
—¿Tú en verdad no querrás comprar ese perrito, hijo? Él nunca será capaz de correr, saltar y jugar como los otros perritos.
El niñito se agachó y se levantó la pierna de su pantalón para mostrar su pierna izquierda, cruelmente retorcida e inutilizada, soportada por un gran aparato de metal. Miró de nuevo al hombre y le dijo:
—Bueno, yo no puedo correr muy bien tampoco, y el perrito necesitará a alguien que lo entienda.
El hombre estaba ahora mordiéndose el labio, y sus ojos se llenaron de lágrimas... sonrió y dijo:
—Hijo, sólo espero y rezo para que cada uno de estos cachorritos tenga un dueño como tú.
Anónimo
En la vida no importa quién eres, sino que alguien te aprecie por lo que eres, y te acepte y te ame incondicionalmente. Un verdadero amigo es aquél que llega cuando el resto del mundo se ha ido.
El Ave Fenix, visto por Andersen
A ti...
En el jardín del Paraíso, bajo el árbol de la sabiduría, crecía un rosal. En su primera rosa nació un pájaro; su vuelo era como un rayo de luz, magníficos sus colores, arrobador su canto.
Pero cuando Eva cogió el fruto de la ciencia del bien y del mal, y cuando ella y Adán fueron arrojados del Paraíso, de la flamígera espada del ángel cayó una chispa en el nido del pájaro y le prendió fuego. El animalito murió abrasado, pero del rojo huevo salió volando otra ave, única y siempre la misma: el Ave Fénix. Cuenta la leyenda que anida en Arabia, y que cada cien años se da la muerte abrasándose en su propio nido; y que del rojo huevo sale una nueva ave Fénix, la única en el mundo.
El pájaro vuela en torno a nosotros, rauda como la luz, espléndida de colores, magnífica en su canto. Cuando la madre está sentada junto a la cuna del hijo, el ave se acerca a la almohada y, desplegando las alas, traza una aureola alrededor de la cabeza del niño. Vuela por el sobrio y humilde aposento, y hay resplandor de sol en él, y sobre la pobre cómoda exhalan, su perfume unas violetas.
Pero el Ave Fénix no es sólo el ave de Arabia; aletea también a los resplandores de la aurora boreal sobre las heladas llanuras de Laponia, y salta entre las flores amarillas durante el breve verano de Groenlandia. Bajo las rocas cupríferas de Falun, en las minas de carbón de Inglaterra, vuela como polilla espolvoreada sobre el devocionario en las manos del piadoso trabajador. En la hoja de loto se desliza por las aguas sagradas del Ganges, y los ojos de la doncella hindú se iluminan al verla.
¡Ave Fénix! ¿No la conoces? ¿El ave del Paraíso, el cisne santo de la canción? Iba en el carro de Thespis en forma de cuervo parlanchín, agitando las alas pintadas de negro; el arpa del cantor de Islandia era pulsada por el rojo pico sonoro del cisne; posada sobre el hombro de Shakespeare, adoptaba la figura del cuervo de Odin y le susurraba al oído: ¡Inmortalidad! Cuando la fiesta de los cantores, revoloteaba en la sala del concurso de la Wartburg.
¡Ave Fénix! ¿No la conoces? Te cantó la Marsellesa, y tú besaste la pluma que se desprendió de su ala; vino en todo el esplendor paradisíaco, y tú le volviste tal vez la espalda para contemplar el gorrión que tenía espuma dorada en las alas.
¡El Ave del Paraíso! Rejuvenecida cada siglo, nacida entre las llamas, entre las llamas muertas; tu imagen, enmarcada en oro, cuelga en las salas de los ricos; tú misma vuelas con frecuencia a la ventura, solitaria, hecha sólo leyenda: el Ave Fénix de Arabia.
En el jardín del Paraíso, cuando naciste en el seno de la primera rosa bajo el árbol de la sabiduría, Dios te besó y te dio tu nombre verdadero: ¡poesía!.
Hans Christian Andersen

Relieve precristiano que muestra al Ave Fenix, conservado en el Museo Allard Pierson de Amsterdam
En el jardín del Paraíso, bajo el árbol de la sabiduría, crecía un rosal. En su primera rosa nació un pájaro; su vuelo era como un rayo de luz, magníficos sus colores, arrobador su canto.
Pero cuando Eva cogió el fruto de la ciencia del bien y del mal, y cuando ella y Adán fueron arrojados del Paraíso, de la flamígera espada del ángel cayó una chispa en el nido del pájaro y le prendió fuego. El animalito murió abrasado, pero del rojo huevo salió volando otra ave, única y siempre la misma: el Ave Fénix. Cuenta la leyenda que anida en Arabia, y que cada cien años se da la muerte abrasándose en su propio nido; y que del rojo huevo sale una nueva ave Fénix, la única en el mundo.
El pájaro vuela en torno a nosotros, rauda como la luz, espléndida de colores, magnífica en su canto. Cuando la madre está sentada junto a la cuna del hijo, el ave se acerca a la almohada y, desplegando las alas, traza una aureola alrededor de la cabeza del niño. Vuela por el sobrio y humilde aposento, y hay resplandor de sol en él, y sobre la pobre cómoda exhalan, su perfume unas violetas.
Pero el Ave Fénix no es sólo el ave de Arabia; aletea también a los resplandores de la aurora boreal sobre las heladas llanuras de Laponia, y salta entre las flores amarillas durante el breve verano de Groenlandia. Bajo las rocas cupríferas de Falun, en las minas de carbón de Inglaterra, vuela como polilla espolvoreada sobre el devocionario en las manos del piadoso trabajador. En la hoja de loto se desliza por las aguas sagradas del Ganges, y los ojos de la doncella hindú se iluminan al verla.
¡Ave Fénix! ¿No la conoces? ¿El ave del Paraíso, el cisne santo de la canción? Iba en el carro de Thespis en forma de cuervo parlanchín, agitando las alas pintadas de negro; el arpa del cantor de Islandia era pulsada por el rojo pico sonoro del cisne; posada sobre el hombro de Shakespeare, adoptaba la figura del cuervo de Odin y le susurraba al oído: ¡Inmortalidad! Cuando la fiesta de los cantores, revoloteaba en la sala del concurso de la Wartburg.
¡Ave Fénix! ¿No la conoces? Te cantó la Marsellesa, y tú besaste la pluma que se desprendió de su ala; vino en todo el esplendor paradisíaco, y tú le volviste tal vez la espalda para contemplar el gorrión que tenía espuma dorada en las alas.
¡El Ave del Paraíso! Rejuvenecida cada siglo, nacida entre las llamas, entre las llamas muertas; tu imagen, enmarcada en oro, cuelga en las salas de los ricos; tú misma vuelas con frecuencia a la ventura, solitaria, hecha sólo leyenda: el Ave Fénix de Arabia.
En el jardín del Paraíso, cuando naciste en el seno de la primera rosa bajo el árbol de la sabiduría, Dios te besó y te dio tu nombre verdadero: ¡poesía!.
Hans Christian Andersen

Relieve precristiano que muestra al Ave Fenix, conservado en el Museo Allard Pierson de Amsterdam
Llámame
Para L. S. B.
Llámame, cuando no tengas nada a que agarrarte,
llámame, cuando sospeches que pude olvidarte,
llámame, que yo estaré, que yo estaré comunicado...
Llámame, si alguna vez la guerra parte un mundo,
llámame, si el largo invierno es demasiado crudo,
llámame, que yo estaré. siempre estaré comunicado...
Llámame, se excita mi alma al oir tu melodia,
puede cambiar por un momento este maldito dia,
si suenas tú, si suenas tú, si tú me llamas...
Llámame, si te despiertas en la madrugada,
llámame, si solo hay pesadillas en tu almohada,
llámame, que yo estaré, que yo estaré comunicado...
Llámame, si la tristeza entró por tu ventana,
llámame, si la esperanza al final se ha evaporado,
llámame, que yo estaré, siempre estaré comunicado...
Llámame, se excita mi alma al oir tu melodia,
puede cambiar por un momento este maldito dia,
si suenas tú, si suenas tú, si tú me llamas...
Lo aceptaré, puto progreso tiene hoy algo de sentido,
aunque estés lejos puedo siempre hablar contigo,
hablar conmigo, llámame...
Llámame....Llámame...
Teo Cardalda & María Monsonis
Llámame, cuando no tengas nada a que agarrarte,
llámame, cuando sospeches que pude olvidarte,
llámame, que yo estaré, que yo estaré comunicado...
Llámame, si alguna vez la guerra parte un mundo,
llámame, si el largo invierno es demasiado crudo,
llámame, que yo estaré. siempre estaré comunicado...
Llámame, se excita mi alma al oir tu melodia,
puede cambiar por un momento este maldito dia,
si suenas tú, si suenas tú, si tú me llamas...
Llámame, si te despiertas en la madrugada,
llámame, si solo hay pesadillas en tu almohada,
llámame, que yo estaré, que yo estaré comunicado...
Llámame, si la tristeza entró por tu ventana,
llámame, si la esperanza al final se ha evaporado,
llámame, que yo estaré, siempre estaré comunicado...
Llámame, se excita mi alma al oir tu melodia,
puede cambiar por un momento este maldito dia,
si suenas tú, si suenas tú, si tú me llamas...
Lo aceptaré, puto progreso tiene hoy algo de sentido,
aunque estés lejos puedo siempre hablar contigo,
hablar conmigo, llámame...
Llámame....Llámame...
Teo Cardalda & María Monsonis