¿Te acuerdas?
Hoy me he parado a pensar… ¿Te acuerdas de esos momentos tan nuestros? ¿Te acuerdas cuando aquella tarde te cantaba, sentado a la sombra de una parada de autobús, y el mirador del Puerto con el Atlántico tras nosotros? ¿Te acuerdas de aquella tranquila mañana, cuando, mirando los dos como las olas del mar golpeaban contra el acantilado, yo buscaba tus ojos verdes flotando sobre la superficie del agua? ¿Te acuerdas de aquel libro que me regalaste por mi cumpleaños, en aquélla cena que siempre nos debíamos, y me escribiste aquello de “por muchos años juntos”? Era “La Vida es Sueño”, porque tú sabías que ésa era mi obra de teatro favorita: porque sabías que siempre he creído que el hombre está hecho de ilusiones y vive para sus propias ilusiones y que aquél que carece de ilusiones ha dejado de vivir… Tú eras una de mis mayores ilusiones.
¿Recuerdas cómo, por todos los rincones que compartimos, me desvivía por robarte tus besos, mientras tu rubia cabellera, muy suelta, jugaba con el viento? ¿Te acuerdas? Nos amamos por muchos rincones, o al menos eso creía yo… ¿Te acuerdas de aquélla explanada donde yo te empecé a querer? Cuánto amor, y ya no solo mío, se ha podido palpar en aquel lugar.
¿Te acuerdas? Me llevaste a ver el drago y, sentada sobre mis rodillas, te pregunté si me querías: me respondiste con un gran abrazo. ¿Lo recuerdas? Yo te quería. Yo te quería con todo mi tiempo, con todo mi cuerpo y con toda mi alma…
¡Ay! ¡Que noche más triste! Que noche tan triste aquélla en la que por tus hechos hablaste, diciéndome que te marchabas… Que frustración, que dolor, que amargura, que lágrimas tan mías. Los momentos que pasamos siguen vivos aún en mi, ¿cómo negarlo con lo que aquí estoy escribiendo?
Hoy solo me queda el recuerdo que, acompasado con el murmullo del viento, sigue haciendo que en mis oídos suene tu nombre. Parezco un detective reconstruyendo un crimen: y en realidad solo estoy rememorando recuerdos de un amor que ya murió; reflejando en palabras, lo que no tan atrás quedó: las palabras que la brisa se llevó, tus caricias, tus sonrisas y tu voz. No te odio, porque nunca supe cómo podía yo tener tan vil sentimiento hacia ti… No te odio, de veras. Sin embargo, solo me sale una palabra: ¡Puta!
¿Recuerdas cómo, por todos los rincones que compartimos, me desvivía por robarte tus besos, mientras tu rubia cabellera, muy suelta, jugaba con el viento? ¿Te acuerdas? Nos amamos por muchos rincones, o al menos eso creía yo… ¿Te acuerdas de aquélla explanada donde yo te empecé a querer? Cuánto amor, y ya no solo mío, se ha podido palpar en aquel lugar.
¿Te acuerdas? Me llevaste a ver el drago y, sentada sobre mis rodillas, te pregunté si me querías: me respondiste con un gran abrazo. ¿Lo recuerdas? Yo te quería. Yo te quería con todo mi tiempo, con todo mi cuerpo y con toda mi alma…
¡Ay! ¡Que noche más triste! Que noche tan triste aquélla en la que por tus hechos hablaste, diciéndome que te marchabas… Que frustración, que dolor, que amargura, que lágrimas tan mías. Los momentos que pasamos siguen vivos aún en mi, ¿cómo negarlo con lo que aquí estoy escribiendo?
Hoy solo me queda el recuerdo que, acompasado con el murmullo del viento, sigue haciendo que en mis oídos suene tu nombre. Parezco un detective reconstruyendo un crimen: y en realidad solo estoy rememorando recuerdos de un amor que ya murió; reflejando en palabras, lo que no tan atrás quedó: las palabras que la brisa se llevó, tus caricias, tus sonrisas y tu voz. No te odio, porque nunca supe cómo podía yo tener tan vil sentimiento hacia ti… No te odio, de veras. Sin embargo, solo me sale una palabra: ¡Puta!





