El cuaderno de Beto IV: “Tomando conciencia de que debo empezar a superarlo”
Estoy harto de muchas cosas… Pero si hay algo que últimamente me ataca los nervios es la actitud que, hacia mi, tiene la gente. Es algo que, en verdad, no entiendo y que me pudre la sangre. Todo el mundo sabe lo que me ha pasado: esto es un pueblo y aquí, más o menos, nos conocemos todos y todos sabemos de qué pie cojeamos cada uno. Lo que no entiendo es a qué viene ese halo de lástima que rodea a mi persona cada vez que alguien se cruza conmigo por la calle. Antes, la gente se limitaba a saludarme; ahora no. Ahora todo el mundo me detiene para preguntarme cómo estoy o qué tal lo llevo. ¿Lo llevo! ¡Lo llevo? ¿Llevo el qué? Eso es lo más gracioso de todo… Todo el mundo sabe que Susana se ha ido con Eusebio. La gente, antes de que yo lo descubriera, me lo advertía abiertamente. Ahora, en cambio, Susana es tema “tabú”. Eso sí: “pobre Beto, ¿cómo estás?”, “Beto, ¿qué tal, cómo lo llevas?” e incluso el simpático del tío Paco: “¿qué, Beto, cómo va eso?”. ¡Pues mal! Es evidente que mal… Nunca he sido malpensado, ni mucho menos, pero si la gente trata de ayudarme creo que debería tener un poco más de sesera cuando me hable.
Sesera, o quizá sensibilidad, también es la que le ha faltado a mi padre con su regalo: Las Rimas de Bécquer… Y me dijo que me podrían ayudar. ¿En qué estaría pensando? Es cierto que las Rimas es un libro de gran belleza, delicadeza, sensibilidad y que, sobre todo, sabe recoger sentimientos con un gran refinamiento y profundidad; pero, del mismo modo que las Rimas contienen poemas que divinizan el proceso de creación artística e idealizan el amor, asociándolo con la alegría, la ilusión y la esperanza, el libro de las Rimas contiene poemas que reflejan el desengaño y la frustración que puede producir el amor. Ahí se palpa dolor, soledad, amargura, melancolía y cuantos sentimientos perniciosos puede producir el desamor, aparte del deseo de morir… No obstante, confieso que, desde que mi padre me las regaló, en estos días que vivo sumido en la más deprimente y asqueroso rutina no he dejado de leerlas. Me veo fielmente reflejado en muchos de los poemas aquí contenidos… Es más, voy a copiar aquí, en mi cuaderno, uno de los que mejor reflejen mi estado actual. Voy a seleccionarlo y lo voy a copiar:
Hoy como ayer, mañana como hoy
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
y andar..., andar.
Moviéndose a compás como una estúpida
máquina, el corazón;
la torpe inteligencia del cerebro
dormida en un rincón.
El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándole sin fe;
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.
Voz que incesante con el mismo tono
canta el mismo cantar;
gota de agua monótona que cae,
y cae sin cesar.
Así van deslizándose los días
unos de otros en pos,
hoy lo mismo que ayer..., y todos ellos
sin goce ni dolor.
¡Ay!, ¡a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir...
Amargo es el dolor; ¡pero siquiera
padecer es vivir!
“Amargo es el dolor”, que gran verdad… Los días que van transcurriendo se van deslizando como ahora mismo se deslizan las gotas de lluvia por mi ventana. Y yo, mientras, cada día me siento más vacío. No sé qué voy a hacer… Pero yo así no puedo seguir viviendo. Sé que haber tomado conciencia de ello es un paso tremendamente importante; pero no puedo, como dice el poema, seguir viviendo con el cielo gris y un horizonte eterno… Más aún cuando voy caminando por la vida, sin saber a dónde me dirijo… ¿Para qué seguir caminando, entonces? No sé qué haré, porque no sé para qué voy a seguir viviendo en este estado…
El reloj de la mesilla de mi cama se paró hace un par de días. Dejé de darle cuerda porque creo que así el tiempo deja de transcurrir… ¡Mente infantil la mía! Y, sin embargo, a pesar de estar parado, el reloj marca la señal de volver a comenzar, sigue marcándome un lugar junto a ti. ¡Ay, Susana! Sin ti amanece, pero no sale el sol. Sin ti, la que decíamos que era nuestra cama es muy ancha; sin ti, siento que alguien vacía poco a poco mis entrañas. Estoy vacío… Tengo hambre, hambre de tu amor; tengo sed, sed de tu calor. Todo en mí ha muerto desde que te fuiste: soy un cuerpo que responde por instinto a sus propias necesidades. Vivo por el simple hecho de que, cuando aún no tenía uso de razón, me enseñaron a vivir.
Recuerdo que siempre adoraba la frescura de tu piel… Ahora, que ya no te tengo; ahora, que te he perdido de la forma que te he perdido; ahora, que te has marchado de la forma que te has ido; ahora, sí, ahora me doy cuenta de que tu piel no era fresca, sino fría… Tu piel era fría, tu piel es fría como el cristal. Y como el cristal corta y araña la piel y, más aún, lo que hay debajo de la piel… ¡Ay, Susana! Que ni siquiera has venido a interesarte por mí, cuando sabes que estoy destrozado… Ni siquiera has vuelto, aunque solo fuera para recoger tu ropa… ¡Te maldigo por tu olvido, Susana! Y también me maldigo a mi mismo por confiar en ti cuando la gente me empezó a avisar de tus infidelidades…
Mi vida terminó en el momento que te vi con él… Ahora, me voy consumiendo día tras día… Todo lo que yo he sido, todo lo que fui… Todo, absolutamente todo, ha quedado reducido a cenizas. Mis días no son días, son noches; y mis noches son lóbregas y mustias. Mis días terminan antes de empezar, como los brotes de las flores de abril que, cuando nacen, lo hacen para morir. Mis días están tan muertos como yo… ¡Si supieras cuánto te amé! ¡Si supieras lo mucho que te quiero y te añoro! ¡Si supieras el océano de lágrimas que han formado mis ojos! Tengo las glándulas lagrimales enrojecidas de tanto que han llegado a emanar. Ahora, el mundo para mi está del revés. Se supone que, ahora, me corresponde conocerlo desde esta otra perspectiva… Pero no quiero conocer el mundo sin ti… ¡Yo no quiero seguir viviendo! ¿Para qué voy a seguir viviendo? Me miro en el espejo y me doy pena a mi mismo… ¿Qué sentido tiene todo esto? No lo sé… Tampoco quiero seguir martirizándome mucho… Debajo de mi cama tengo ya preparado el rifle de mi abuelo y también una soga muy resistente, que puedo colgar de la cercha de la buhardilla que hay justo encima de mi cama… Cualquiera de los dos me servirá para quitarme la vida...
Y hoy también quiero escribir sobre ti… He dedicado, hasta ahora, mi cuaderno por entero a Susana y, sin embargo, no he expresado aquí lo que siento hacia ti… Eusebio, “amigo”. Es muy difícil expresar tanto odio en palabras… Hay algo que está muy claro, tú no eres mi amigo; nunca lo has sido y nunca lo serás. Me llamabas “hermanito”, con ese estúpido acento andaluz de tu lugar de origen, y mentías como un bellaco al llamarme así… Hermano es aquél que es nacido de los mismos padres, o sólo del mismo padre o de la misma madre… Tú y yo no somos hermanos… Serías mi hermano consanguíneo, si ambos fuéramos hijos del mismo padre, pero los hijos como tú son hijos de Satanás; serías mi hermano uterino si ambos fuéramos hijos de la misma madre y, a diferencia de mi, tú eres un hijo de puta…
No recuerdo, hasta ahora, haber sentido un deseo de estrangular a alguien como el que tú ahora mismo despiertas en mí. Tú decías que eras mi amigo y, en realidad, estabas haciéndome la cama. ¡Viniste a verla a ella aquí, al lado de mi casa! Y lo hiciste a escondidas, como lo hacen los cobardes… ¡Púdrete en el infierno!
No puedo escribir más por hoy…
Mi vida ahora mismo pende tan solo de un hilo. No sé qué será de mi mañana. No sé si quizás ésta sea la última página del cuaderno que escriba; quizá no, quizá escriba otras muchas… No lo sé. Pero si quisiera pedir algo: si algún día, alguien encuentra este cuaderno y lee cuanto aquí he escrito, me gustaría que ese alguien intentara buscar a Susana y, si lograra dar con ella, le dijera que nunca la pude olvidar…
Sesera, o quizá sensibilidad, también es la que le ha faltado a mi padre con su regalo: Las Rimas de Bécquer… Y me dijo que me podrían ayudar. ¿En qué estaría pensando? Es cierto que las Rimas es un libro de gran belleza, delicadeza, sensibilidad y que, sobre todo, sabe recoger sentimientos con un gran refinamiento y profundidad; pero, del mismo modo que las Rimas contienen poemas que divinizan el proceso de creación artística e idealizan el amor, asociándolo con la alegría, la ilusión y la esperanza, el libro de las Rimas contiene poemas que reflejan el desengaño y la frustración que puede producir el amor. Ahí se palpa dolor, soledad, amargura, melancolía y cuantos sentimientos perniciosos puede producir el desamor, aparte del deseo de morir… No obstante, confieso que, desde que mi padre me las regaló, en estos días que vivo sumido en la más deprimente y asqueroso rutina no he dejado de leerlas. Me veo fielmente reflejado en muchos de los poemas aquí contenidos… Es más, voy a copiar aquí, en mi cuaderno, uno de los que mejor reflejen mi estado actual. Voy a seleccionarlo y lo voy a copiar:
Hoy como ayer, mañana como hoy
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
y andar..., andar.
Moviéndose a compás como una estúpida
máquina, el corazón;
la torpe inteligencia del cerebro
dormida en un rincón.
El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándole sin fe;
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.
Voz que incesante con el mismo tono
canta el mismo cantar;
gota de agua monótona que cae,
y cae sin cesar.
Así van deslizándose los días
unos de otros en pos,
hoy lo mismo que ayer..., y todos ellos
sin goce ni dolor.
¡Ay!, ¡a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir...
Amargo es el dolor; ¡pero siquiera
padecer es vivir!
“Amargo es el dolor”, que gran verdad… Los días que van transcurriendo se van deslizando como ahora mismo se deslizan las gotas de lluvia por mi ventana. Y yo, mientras, cada día me siento más vacío. No sé qué voy a hacer… Pero yo así no puedo seguir viviendo. Sé que haber tomado conciencia de ello es un paso tremendamente importante; pero no puedo, como dice el poema, seguir viviendo con el cielo gris y un horizonte eterno… Más aún cuando voy caminando por la vida, sin saber a dónde me dirijo… ¿Para qué seguir caminando, entonces? No sé qué haré, porque no sé para qué voy a seguir viviendo en este estado…
El reloj de la mesilla de mi cama se paró hace un par de días. Dejé de darle cuerda porque creo que así el tiempo deja de transcurrir… ¡Mente infantil la mía! Y, sin embargo, a pesar de estar parado, el reloj marca la señal de volver a comenzar, sigue marcándome un lugar junto a ti. ¡Ay, Susana! Sin ti amanece, pero no sale el sol. Sin ti, la que decíamos que era nuestra cama es muy ancha; sin ti, siento que alguien vacía poco a poco mis entrañas. Estoy vacío… Tengo hambre, hambre de tu amor; tengo sed, sed de tu calor. Todo en mí ha muerto desde que te fuiste: soy un cuerpo que responde por instinto a sus propias necesidades. Vivo por el simple hecho de que, cuando aún no tenía uso de razón, me enseñaron a vivir.
Recuerdo que siempre adoraba la frescura de tu piel… Ahora, que ya no te tengo; ahora, que te he perdido de la forma que te he perdido; ahora, que te has marchado de la forma que te has ido; ahora, sí, ahora me doy cuenta de que tu piel no era fresca, sino fría… Tu piel era fría, tu piel es fría como el cristal. Y como el cristal corta y araña la piel y, más aún, lo que hay debajo de la piel… ¡Ay, Susana! Que ni siquiera has venido a interesarte por mí, cuando sabes que estoy destrozado… Ni siquiera has vuelto, aunque solo fuera para recoger tu ropa… ¡Te maldigo por tu olvido, Susana! Y también me maldigo a mi mismo por confiar en ti cuando la gente me empezó a avisar de tus infidelidades…
Mi vida terminó en el momento que te vi con él… Ahora, me voy consumiendo día tras día… Todo lo que yo he sido, todo lo que fui… Todo, absolutamente todo, ha quedado reducido a cenizas. Mis días no son días, son noches; y mis noches son lóbregas y mustias. Mis días terminan antes de empezar, como los brotes de las flores de abril que, cuando nacen, lo hacen para morir. Mis días están tan muertos como yo… ¡Si supieras cuánto te amé! ¡Si supieras lo mucho que te quiero y te añoro! ¡Si supieras el océano de lágrimas que han formado mis ojos! Tengo las glándulas lagrimales enrojecidas de tanto que han llegado a emanar. Ahora, el mundo para mi está del revés. Se supone que, ahora, me corresponde conocerlo desde esta otra perspectiva… Pero no quiero conocer el mundo sin ti… ¡Yo no quiero seguir viviendo! ¿Para qué voy a seguir viviendo? Me miro en el espejo y me doy pena a mi mismo… ¿Qué sentido tiene todo esto? No lo sé… Tampoco quiero seguir martirizándome mucho… Debajo de mi cama tengo ya preparado el rifle de mi abuelo y también una soga muy resistente, que puedo colgar de la cercha de la buhardilla que hay justo encima de mi cama… Cualquiera de los dos me servirá para quitarme la vida...
Y hoy también quiero escribir sobre ti… He dedicado, hasta ahora, mi cuaderno por entero a Susana y, sin embargo, no he expresado aquí lo que siento hacia ti… Eusebio, “amigo”. Es muy difícil expresar tanto odio en palabras… Hay algo que está muy claro, tú no eres mi amigo; nunca lo has sido y nunca lo serás. Me llamabas “hermanito”, con ese estúpido acento andaluz de tu lugar de origen, y mentías como un bellaco al llamarme así… Hermano es aquél que es nacido de los mismos padres, o sólo del mismo padre o de la misma madre… Tú y yo no somos hermanos… Serías mi hermano consanguíneo, si ambos fuéramos hijos del mismo padre, pero los hijos como tú son hijos de Satanás; serías mi hermano uterino si ambos fuéramos hijos de la misma madre y, a diferencia de mi, tú eres un hijo de puta…
No recuerdo, hasta ahora, haber sentido un deseo de estrangular a alguien como el que tú ahora mismo despiertas en mí. Tú decías que eras mi amigo y, en realidad, estabas haciéndome la cama. ¡Viniste a verla a ella aquí, al lado de mi casa! Y lo hiciste a escondidas, como lo hacen los cobardes… ¡Púdrete en el infierno!
No puedo escribir más por hoy…
Mi vida ahora mismo pende tan solo de un hilo. No sé qué será de mi mañana. No sé si quizás ésta sea la última página del cuaderno que escriba; quizá no, quizá escriba otras muchas… No lo sé. Pero si quisiera pedir algo: si algún día, alguien encuentra este cuaderno y lee cuanto aquí he escrito, me gustaría que ese alguien intentara buscar a Susana y, si lograra dar con ella, le dijera que nunca la pude olvidar…
Dios no juega a los dados
A mi amigo Elías, desde el otro lado del océano

La historia que hoy aquí se intenta reflejar es la aventura biográfica de Albert Einstein; una historia compleja, suculenta y algo dispar, analizada, eso sí, desde una perspectiva un tanto diferente. Se trata, en suma, de la sin par semblanza de un chico tímido y retraído, con dificultades de lenguaje y una cierta lentitud en el aprendizaje durante sus primeros años escolares, al que pocas primaveras después, paradójicamente, le apasionaría el mundo de las ecuaciones, en cuyo aprendizaje entró de la mano de su tío, de tal modo que con una edad muy temprana llegaría a dominar con una soltura inusitada la ciencia matemática. Así, es lógico que calara pronto en él la idea de Kant de que las matemáticas habitan dentro del propio intelecto del hombre. A la postre, este hombre, dotado de una exquisita sensibilidad que desplegó, por ejemplo, en el aprendizaje del violín, sería el científico destinado a integrar y proyectar, en una innovadora y revolucionaria concepción teórica, los conocimientos que una larga hilera de ilustres científicos fueron preparando con laboriosidad, tesón y generosidad. Pero hay más detrás de la vida de Einstein: fue un científico que ha legado su preeminencia, hasta ahora, de una forma sin igual. Combinaba la genialidad y la inteligencia de Newton, con un carácter simpático y entrañable; era capaz de ser un visionario como Kepler, y, al mismo tiempo, tener los pies en el suelo. En suma, un auténtico ciudadano del mundo al que le interesaba comprender el universo a la par que le preocupaba el destino del hombre.
Si quereis leer le resto del texto, lo encontrareis en la página siguiente:
http://usuarios.lycos.es/elbenz/diosnojuega.htm

La historia que hoy aquí se intenta reflejar es la aventura biográfica de Albert Einstein; una historia compleja, suculenta y algo dispar, analizada, eso sí, desde una perspectiva un tanto diferente. Se trata, en suma, de la sin par semblanza de un chico tímido y retraído, con dificultades de lenguaje y una cierta lentitud en el aprendizaje durante sus primeros años escolares, al que pocas primaveras después, paradójicamente, le apasionaría el mundo de las ecuaciones, en cuyo aprendizaje entró de la mano de su tío, de tal modo que con una edad muy temprana llegaría a dominar con una soltura inusitada la ciencia matemática. Así, es lógico que calara pronto en él la idea de Kant de que las matemáticas habitan dentro del propio intelecto del hombre. A la postre, este hombre, dotado de una exquisita sensibilidad que desplegó, por ejemplo, en el aprendizaje del violín, sería el científico destinado a integrar y proyectar, en una innovadora y revolucionaria concepción teórica, los conocimientos que una larga hilera de ilustres científicos fueron preparando con laboriosidad, tesón y generosidad. Pero hay más detrás de la vida de Einstein: fue un científico que ha legado su preeminencia, hasta ahora, de una forma sin igual. Combinaba la genialidad y la inteligencia de Newton, con un carácter simpático y entrañable; era capaz de ser un visionario como Kepler, y, al mismo tiempo, tener los pies en el suelo. En suma, un auténtico ciudadano del mundo al que le interesaba comprender el universo a la par que le preocupaba el destino del hombre.
Si quereis leer le resto del texto, lo encontrareis en la página siguiente:
http://usuarios.lycos.es/elbenz/diosnojuega.htm
Un año más… Un año menos...
Nochevieja... Se le da el apelativo de "vieja" a esta noche por el simple hecho de que es la última noche del año. Hace tiempo, el hombre decidió llamar “año” al tiempo invertido por la Tierra en su revolución periódica alrededor del Sol. Ese periodo de tiempo, de aproximadamente 365 días de duración divididos en doce meses, se estableció que se repetiría cíclicamente, dando comienzo siempre unos días después del solsticio de invierno, que suele tener lugar hacia el 21 de diciembre.
Nochevieja hoy día es una fiesta de gran calado a nivel mundial, no hay más que darse una vuelta hoy por los informativos de televisión para ver los enormes festejos que acompañan a la llegada del nuevo año en todos los rincones del mundo… Buena prueba de ello es que, festividades de tanta importancia como Navidad y, en menor medida, la Epifanía, se conmemoran pocos días antes y después, respectivamente, del final de año.
Además de todo lo que hasta ahora he dicho, a Nochevieja se le da un valor añadido: se intenta que sea una fiesta a la que se le dé un enfoque familiar tan similar, o más, que a Nochebuena. Se nos dice que es una noche, de cara al año que comienza, para formular deseos, proponerse nuevos objetivos para intentar lograr su consecución, tratar de hacer balance del año que se deja atrás para así tomar conciencia de los errores cometidos e intentar, en la medida de lo posible, no volver a caer en ellos… Todo ello viene acompañado de las frases típicamente repetidas: «te deseo lo mejor para este año que hoy comienza», «mis mejores deseos para ti y los tuyos», «que en este nuevo año se cumplan todos tus deseos» e incluso utopías, de ésas que merecen ser soñadas, como «paz y amor para todos los hombres en este nuevo año». Esto, hoy día, se aprecia con mayor claridad gracias al fenómeno de los sms de los teléfonos: cuando a uno le llega un mensaje de texto que tiene una frase jugosa para felicitar el año, reenvía este mensaje a todos los contactos que desea felicitar…
Caso aparte serían las tradiciones inherentes a esta fecha: me refiero a esas cenas suntuosas para celebrar que un año termina, es decir, que es una transición menos a celebrar; esas uvas que en raras ocasiones da tiempo a ingerir al son de las campanadas del reloj de la hermosa Puerta del Sol de la ciudad en la que vivo (con la confusión permanente de si son las campanadas o son los cuartos); y luego esas fiestas en las que los locales siempre rebasan con creces su aforo legal y a las que a los hombres se nos pide que acudamos con corbata y ésta siempre termina en el interior del vaso que contiene el cubata…

Sé que quizá se me pueda calificar, por todo lo que voy a decir a continuación, de aguafiestas o pesimista… Pero esto es lo que yo realmente pienso de Nochevieja. Va por adelantado que es un día que nunca ha gozado de mi simpatía, de ahí que el texto haya sido escrito y publicado hoy, día 1 de enero de 2007 (ya pasada Nochevieja). Creo que Nochevieja es una noche más dentro del año, como cualquier otra; dicho de otra forma: no veo por qué Nochevieja tiene que ser la noche de los buenos propósitos, de la perspectiva de cambio y de hacer balance… ¿No es más cómodo, llevadero y práctico hacer balance diario, todos los días, de uno mismo, por ejemplo, unos minutos antes de acostarse? Y si lo que se quiere es ahondar un poco más de cara a hacer balance, hágase mejor cuando se crea que se ha de hacer: que no tenga que ser día de Nochevieja, con vistas a un año nuevo, para pararse a hacer balance…
No obstante, lo asumo: yo he hecho balance. Sí, he hecho balance. Yo me paro, dado que soy una persona muy reflexiva, a hacer balance con relativa frecuencia, sin necesidad de que sea Nochevieja. No obstante, las circunstancias me han movido a hacer balance esta noche de fin de año y el resultado es bastante positivo y optimista: en el terreno profesional la vida me sonríe bastante, así como también lo hace, en gran medida, en el terreno familiar; en el terreno sentimental… ¡bueno! Este año perdí, y no por fallecimiento, a dos de las personas más importantes de mi vida: una persona a la que amé como a nadie y una persona a la que quería con locura… Pero tampoco quiero indagar más en ello ahora. No procede. Por otro lado (que no por contrapunto), en este año me he encontrado también a personas de gran valía, con las que espero afianzar los lazos de unión surgidos en este nuevo año; y he conocido un poco más a otras tantas personas que estaban ahí pero, por unas u otras razones, no había reparado en ellas en la medida en la que se lo merecían…
Todos los años salgo en Nochevieja, desde que tenía catorce años… Y, además, llevo casi diez años saliendo con mi gente: esos que no son de mi familia, pero en muchas ocasiones son mejores que si lo fueran… Mi gente. La fiesta de anoche, por ejemplo, fue un auténtico desastre y, de ella, lo verdaderamente positivo que saco, sin embargo, es que la pasé con mi gente, después de haber estado compartiendo la mesa con mi familia.
Además, Nochevieja es una noche en la que, no sé bien por qué, me acuerdo especialmente de los que ya no están conmigo y que, por tanto, no van a celebrar ese año más… Me acuerdo de Antonio, de José, de Aurora, de Carlos, de Rosa, de Ascen, de Juanmi… De tantos y tantos otros que se van quedando por el camino, de la misma forma que yo me quedaré algún día y dejaré de vivir la transición de un año a otro. Pasa el tiempo… Eso es inevitable. ¡Maldita sea siempre la fuerza que hace que giren las agujas del reloj! El tiempo, como tal, es una variable física que siempre ha estado ahí… Nada resiste al paso del tiempo… La cuantificación de la medición del tiempo es un invento de los hombres: las hojas del calendario las adaptó el hombre al ciclo que describe la Tierra girando alrededor del Sol y, como tal, Nochevieja es parte de esa adaptación…
Sea como fuere… ¡¡Os deseo a todos un FELIZ AÑO 2007!!
Un año más (Mecano)
En la Puerta del Sol,
como el año que fue,
otra vez el champagne y la uvas
y el alquitrán de alfombra están.
Los petardos que borran sonidos de ayer
y acaloran el ánimo
para aceptar que ya pasó uno más.
Y en el reloj de antaño,
como de año en año,
cinco minutos más para la cuenta atrás…
Hacemos el balance de lo bueno y malo,
cinco minutos antes de la cuenta atrás.
Marineros, soldados, solteros, casados, amantes, andantes
y alguno que otro cura “despistao”.
Entre gritos y pitos, los españolitos,
enormes, bajitos hacemos, por una vez,
algo a la vez.
Y en el reloj de antaño,
como de año en año,
cinco minutos más para la cuenta atrás.
Hacemos el balance de lo bueno y malo,
cinco minutos antes de la cuenta atrás.
Y, aunque para las uvas hay algunos nuevos,
a los que ya no están echaremos de menos.
Y a ver si espabilamos los que estamos vivos
y en el año que viene nos reímos…
Uno, dos, tres y cuatro, y empieza otra vez;
que la quinta es la una
y la sexta es la dos y así el siete es tres.
Y decimos adiós
y pedimos a Dios
que en el año que viene
a ver si, en vez de un millón,
pueden ser dos.
En la Puerta del Sol,
como el año que fue,
otra vez el champagne y las uvas
y el alquitrán de alfombra están.
Nochevieja hoy día es una fiesta de gran calado a nivel mundial, no hay más que darse una vuelta hoy por los informativos de televisión para ver los enormes festejos que acompañan a la llegada del nuevo año en todos los rincones del mundo… Buena prueba de ello es que, festividades de tanta importancia como Navidad y, en menor medida, la Epifanía, se conmemoran pocos días antes y después, respectivamente, del final de año.
Además de todo lo que hasta ahora he dicho, a Nochevieja se le da un valor añadido: se intenta que sea una fiesta a la que se le dé un enfoque familiar tan similar, o más, que a Nochebuena. Se nos dice que es una noche, de cara al año que comienza, para formular deseos, proponerse nuevos objetivos para intentar lograr su consecución, tratar de hacer balance del año que se deja atrás para así tomar conciencia de los errores cometidos e intentar, en la medida de lo posible, no volver a caer en ellos… Todo ello viene acompañado de las frases típicamente repetidas: «te deseo lo mejor para este año que hoy comienza», «mis mejores deseos para ti y los tuyos», «que en este nuevo año se cumplan todos tus deseos» e incluso utopías, de ésas que merecen ser soñadas, como «paz y amor para todos los hombres en este nuevo año». Esto, hoy día, se aprecia con mayor claridad gracias al fenómeno de los sms de los teléfonos: cuando a uno le llega un mensaje de texto que tiene una frase jugosa para felicitar el año, reenvía este mensaje a todos los contactos que desea felicitar…
Caso aparte serían las tradiciones inherentes a esta fecha: me refiero a esas cenas suntuosas para celebrar que un año termina, es decir, que es una transición menos a celebrar; esas uvas que en raras ocasiones da tiempo a ingerir al son de las campanadas del reloj de la hermosa Puerta del Sol de la ciudad en la que vivo (con la confusión permanente de si son las campanadas o son los cuartos); y luego esas fiestas en las que los locales siempre rebasan con creces su aforo legal y a las que a los hombres se nos pide que acudamos con corbata y ésta siempre termina en el interior del vaso que contiene el cubata…

Sé que quizá se me pueda calificar, por todo lo que voy a decir a continuación, de aguafiestas o pesimista… Pero esto es lo que yo realmente pienso de Nochevieja. Va por adelantado que es un día que nunca ha gozado de mi simpatía, de ahí que el texto haya sido escrito y publicado hoy, día 1 de enero de 2007 (ya pasada Nochevieja). Creo que Nochevieja es una noche más dentro del año, como cualquier otra; dicho de otra forma: no veo por qué Nochevieja tiene que ser la noche de los buenos propósitos, de la perspectiva de cambio y de hacer balance… ¿No es más cómodo, llevadero y práctico hacer balance diario, todos los días, de uno mismo, por ejemplo, unos minutos antes de acostarse? Y si lo que se quiere es ahondar un poco más de cara a hacer balance, hágase mejor cuando se crea que se ha de hacer: que no tenga que ser día de Nochevieja, con vistas a un año nuevo, para pararse a hacer balance…
No obstante, lo asumo: yo he hecho balance. Sí, he hecho balance. Yo me paro, dado que soy una persona muy reflexiva, a hacer balance con relativa frecuencia, sin necesidad de que sea Nochevieja. No obstante, las circunstancias me han movido a hacer balance esta noche de fin de año y el resultado es bastante positivo y optimista: en el terreno profesional la vida me sonríe bastante, así como también lo hace, en gran medida, en el terreno familiar; en el terreno sentimental… ¡bueno! Este año perdí, y no por fallecimiento, a dos de las personas más importantes de mi vida: una persona a la que amé como a nadie y una persona a la que quería con locura… Pero tampoco quiero indagar más en ello ahora. No procede. Por otro lado (que no por contrapunto), en este año me he encontrado también a personas de gran valía, con las que espero afianzar los lazos de unión surgidos en este nuevo año; y he conocido un poco más a otras tantas personas que estaban ahí pero, por unas u otras razones, no había reparado en ellas en la medida en la que se lo merecían…
Todos los años salgo en Nochevieja, desde que tenía catorce años… Y, además, llevo casi diez años saliendo con mi gente: esos que no son de mi familia, pero en muchas ocasiones son mejores que si lo fueran… Mi gente. La fiesta de anoche, por ejemplo, fue un auténtico desastre y, de ella, lo verdaderamente positivo que saco, sin embargo, es que la pasé con mi gente, después de haber estado compartiendo la mesa con mi familia.
Además, Nochevieja es una noche en la que, no sé bien por qué, me acuerdo especialmente de los que ya no están conmigo y que, por tanto, no van a celebrar ese año más… Me acuerdo de Antonio, de José, de Aurora, de Carlos, de Rosa, de Ascen, de Juanmi… De tantos y tantos otros que se van quedando por el camino, de la misma forma que yo me quedaré algún día y dejaré de vivir la transición de un año a otro. Pasa el tiempo… Eso es inevitable. ¡Maldita sea siempre la fuerza que hace que giren las agujas del reloj! El tiempo, como tal, es una variable física que siempre ha estado ahí… Nada resiste al paso del tiempo… La cuantificación de la medición del tiempo es un invento de los hombres: las hojas del calendario las adaptó el hombre al ciclo que describe la Tierra girando alrededor del Sol y, como tal, Nochevieja es parte de esa adaptación…
Sea como fuere… ¡¡Os deseo a todos un FELIZ AÑO 2007!!
Un año más (Mecano)
En la Puerta del Sol,
como el año que fue,
otra vez el champagne y la uvas
y el alquitrán de alfombra están.
Los petardos que borran sonidos de ayer
y acaloran el ánimo
para aceptar que ya pasó uno más.
Y en el reloj de antaño,
como de año en año,
cinco minutos más para la cuenta atrás…
Hacemos el balance de lo bueno y malo,
cinco minutos antes de la cuenta atrás.
Marineros, soldados, solteros, casados, amantes, andantes
y alguno que otro cura “despistao”.
Entre gritos y pitos, los españolitos,
enormes, bajitos hacemos, por una vez,
algo a la vez.
Y en el reloj de antaño,
como de año en año,
cinco minutos más para la cuenta atrás.
Hacemos el balance de lo bueno y malo,
cinco minutos antes de la cuenta atrás.
Y, aunque para las uvas hay algunos nuevos,
a los que ya no están echaremos de menos.
Y a ver si espabilamos los que estamos vivos
y en el año que viene nos reímos…
Uno, dos, tres y cuatro, y empieza otra vez;
que la quinta es la una
y la sexta es la dos y así el siete es tres.
Y decimos adiós
y pedimos a Dios
que en el año que viene
a ver si, en vez de un millón,
pueden ser dos.
En la Puerta del Sol,
como el año que fue,
otra vez el champagne y las uvas
y el alquitrán de alfombra están.





