El cuaderno de Beto: “Palabras de Fuego”
A Aurora
Alberto la había pillado, por fin… Quizá el “por fin” no es la expresión más acertada, pero también es cierto que, “por fin”, Alberto se había dado cuenta de que estaba dedicando demasiado tiempo, del poco de que disponía, para luchar por una causa perdida. Todo el mundo se lo decía: los que le querían, y los que no parecían quererle tanto; sus familiares y los que decían serlo; sus no tan amigos y los que querían aparentarlo; todos se lo decían:
—Beto, que Susana te está engañanado…
—Beto, que hemos vuelto a ver a Susana con Eusebio…
—Beto, manda al carajo a Susana y rehaz tu vida, que te está poniendo los cuernos.
Mas no, Alberto. Parecía que con él no iba lo cosa. Lo suyo era, como siempre, ir contracorriente… No creía a la gente; él no concebía que Susana pudiera serle infiel … Si él la quería y ella decía corresponderle, ¿cómo podía serle infiel, entonces? ¡Y más con Eusebio, que era amigo suyo desde la infancia! Era imposible… «La gente —, debía pensar Alberto —, que es muy mala y solo busca hacer daño».
Sin embargo, ya no había vuelta de hoja. Él vio a Susana con su amante. El mundo se le vino encima. Quiso morir… Perdió el habla y, en gran medida, la vista y el oído. Minutos después de sorprenderlos, huyó de aquel lugar a todo correr. Durante varios días estuvo escondido en una vieja casa de campo que hay en una viña a dos kilómetros de su hogar; nadie supo nada de él durante este tiempo.
Cuando volvió al pueblo, Alberto hablaba solo, repitiendo constantemente la misma frase: «Tu nombre se escribe con letras de fuego». Empezó a dar paseos absurdos, no dirigidos a ningún otro destino que no fuera el mismo que su punto de partida: itinerarios cíclicos de viajes a ninguna parte que él iba reproduciendo de forma involuntaria. «Tu nombre se escribe con letras de fuego», iba diciendo por todos los rincones ante la sorpresa de la gente. Días después, comenzó a pronunciar alguna palabra más, lo que dio pie a que las personas que le querían empezaran a interesarse por él, ya que le veían muy triste:
—Hola, Beto, ¿cómo estás?
—Ella, la he visto, era ella… —, respondía—. ¡Su nombre está escrito con letras de fuego!
—¿Te encuentras bien?
—Amor... mujeres... gloria... felicidad... mentira todo, sombras de un vil sueño, fantasmas vanos que formamos en nuestra propia imaginación y vestimos a nuestro antojo, y los amamos y corremos tras ellos, ¿para qué?, digo yo: ¿para qué? Todo está escrito con letras de fuego…
Alberto estaba loco. Sí, chiflado; al menos, la mayoría de la gente en el pueblo así lo empezó a creer. Yo, por el contrario, con todo lo que he ido descubriendo de él después, a través de su cuaderno, creo que, como el Ave Fénix, lo que Alberto estaba haciendo era empezar a renacer.
Alberto, durante un tiempo, estuvo viviendo por el simple hecho de que tenía que vivir… Estaba tan acostumbrado a hacerlo, que vivía sin darse cuenta, de forma mecánica… Estuvo así días, semanas, e incluso meses; no hablaba con nadie, no se interesaba por nada… ¡Incluso perdió su puesto de trabajo! Sin embargo, una noche invernal, todo cambió. Aquélla era una noche tremendamente fría; cuando Alberto, a altas horas de la madrugada, se despertó, decidió sentarse durante unos minutos en la cama, mirando, al fondo de la lóbrega alcoba en la que dormía, la leña que se consumía: el fuego ardiente, como no puede ser de otra forma, quemaba la madera de forma despiadada; leves cenizas caían fuera del brasero extinguiéndose de forma inmediata.
Así, en tan ardiente oscuridad, Alberto, un escritor frustrado que nunca publicó nada, debió iniciar las anotaciones que descubrí en la primera página de su cuaderno. Para sacar lo que dentro de sí había ido acumulando durante tanto tiempo, Alberto decidió escribirlo (intuyo que sin pararse a pensar en si, con el paso del tiempo, alguien leería su palabra escrita). Yo descubrí su cuaderno allí mismo, en la vieja casa del pueblo donde vivió durante mucho tiempo, escondido y lleno de polvo, en un viejo baúl de la misma alcoba donde él solía dormir… Y aquí reproduzco, unos cuarenta años después, sus dos primeras páginas: un listado con palabras escritas con letras de fuego…

«Tu nombre se escribe con letras de fuego, arde, me quema, como el asfalto de la carretera en las tardes de agosto… Tu nombre ha sido mi castigo, por eso me quema; y por eso, aún hoy, algo sigue ardiendo dentro de mi…
Si tuviera que describir tu cuerpo, lo describiría con palabras escritas con letras de fuego… Tu cuerpo desnudo, perenne en mis pensamientos; anhelo en mis noches de insomnio y tristeza, cada vez que abrazaba la soledad de nuestra cama. Me hierve la sangre, por el fuego, solo de pensar que ese cretino se divierte ahora contigo, cuando, no hace muchos meses, yo disfrutaba recorriendo con mis labios todos los rincones de tu bello cuerpo, llenándolo de besos, mientras tus dulces gemidos me demostraban cuánto disfrutabas al contacto...
Labios, tus labios… Cada palabra que sale de tus labios está escrita con letras de fuego… Cuando, con tu característica dulzura, dijiste mi nombre por primera vez, sentí cómo me ardían las entrañas… Cuando me dijiste que me querías, mi corazón se avivó como nunca lo había hecho, sentía sus latidos por todo mi cuerpo; la sangre me fluía a toda velocidad, y por eso, por el calor generado, empecé a sudar… ¡fuego! Ardiente pieza punzante de acero fue la que se me clavó en lo más profundo de mis entrañas cuando me enteré que estabas con él… Aquello era la suma de todos los clavos hirviendo que se me fueron clavando en el pecho en cada una de nuestras discusiones…
Amor se escribe con letras de fuego. Ese sentimiento de apasionado afecto hacia ti que a los cuatro vientos he manifestado hablando, cantando, gritando, bailando y escribiendo es una palabra que se escribe con letras de fuego. Seguro estoy de que con la misma devoción, veneración, apego y pasión que yo te he querido nunca nadie te querrá. Mi vivo afecto hacia ti, mi debilidad por ti, mi idealización de tu persona, todo ello es mi amor,… Y está escrito con letras de fuego. ¡Maldita seas! Decían que el amor es ciego, pero no es cierto; el amor, al igual que el odio, no es ciego, sino que está cegado por el fuego que llevan dentro. ¡Qué bien quedabas al decirme aquello de que “el amor vive más de lo que da que de lo que recibe”! ¡Qué cínica podías llegar a ser! Nunca me diste nada… ¡Siempre tuve que ser yo el que te daba! Y encima me decías que me querías… ¡Ay! Es cierto, al final, que hay veces que el amor te enseña a vivir con la resignación, el verdadero sentido de la renuncia y, por ende, el suplicio y la tortura de tener que aceptar lo inevitable. Dios… ¿qué será de mi a partir de ahora? Si es que el amor es la excusa más barata que puede encontrar un hombre para ser feliz; pero, por desgracia, es también el tormento más caro para sentirte desgraciado cuando, como yo ahora, no se es correspondido.
Pasión se escribe con letras de fuego… ¡Que se lo digan a Cristo! Pasión: esa inclinación vehemente de mi ánimo, acompañada de mi propio afecto y de mis gestos para materializar mi afecto… Pasión… La tormenta que siento yo ahora también es pasión y, por supuesto, se escribe con letras de fuego. ¡Qué difícil que se me hace vivir si no te siento cerca de mi…!
Deseo se escribe con letras de fuego. Ese movimiento de mi propia voluntad orientado en todo momento a conocerte, a agradarte, a poseerte, a disfrutarte,… Deseo se escribe con letras de fuego. Al final, ¡maldición!, cuanto más se desea una cosa, menos se disfruta de la vida… “Haz lo necesario para lograr tu más ardiente deseo, y acabarás lográndolo”, me decía mi profesor en el bachillerato… ¡Mentira! ¡Mentira podrida! Sí: deseo se escribe con letras de fuego. Ahora me doy cuenta, ahora que estoy solo y sólo hay recuerdos, viejos momentos que en mi nublada mente aún están cerca como para poder olvidarlos.
Beso se escribe con letras de fuego. Cada uno de los besos que tú me has dado, están escritos con letras de fuego. ¡Cuántas veces has posado tus labios sobre alguna de mis mejillas como muestra de amor y afecto! ¡Cuántas veces oprimiste los labios de tu boca contra los míos en señal de amor o, incluso, de burdo deseo sexual! Ahora veo que tus besos eran como el beso de Judas, besos dados con doblez; besos vacíos, tibios, venenosos y emponzoñados, envueltos en la sucia rutina. Y, sin embargo, recuerdo cuando me besaste por primera vez… Recuerdo que me besaste, porque decías que querías besarme, y tras besarme saliste corriendo…
Perfume se escribe con letras de fuego, tu ardiente aroma […]»
La segunda página está rota, lo que impide leer el resto del listado… Seguro que había otras tantas palabras escritas con letras de fuego que aquí no he podido reproducir…

Alberto la había pillado, por fin… Quizá el “por fin” no es la expresión más acertada, pero también es cierto que, “por fin”, Alberto se había dado cuenta de que estaba dedicando demasiado tiempo, del poco de que disponía, para luchar por una causa perdida. Todo el mundo se lo decía: los que le querían, y los que no parecían quererle tanto; sus familiares y los que decían serlo; sus no tan amigos y los que querían aparentarlo; todos se lo decían:
—Beto, que Susana te está engañanado…
—Beto, que hemos vuelto a ver a Susana con Eusebio…
—Beto, manda al carajo a Susana y rehaz tu vida, que te está poniendo los cuernos.
Mas no, Alberto. Parecía que con él no iba lo cosa. Lo suyo era, como siempre, ir contracorriente… No creía a la gente; él no concebía que Susana pudiera serle infiel … Si él la quería y ella decía corresponderle, ¿cómo podía serle infiel, entonces? ¡Y más con Eusebio, que era amigo suyo desde la infancia! Era imposible… «La gente —, debía pensar Alberto —, que es muy mala y solo busca hacer daño».
Sin embargo, ya no había vuelta de hoja. Él vio a Susana con su amante. El mundo se le vino encima. Quiso morir… Perdió el habla y, en gran medida, la vista y el oído. Minutos después de sorprenderlos, huyó de aquel lugar a todo correr. Durante varios días estuvo escondido en una vieja casa de campo que hay en una viña a dos kilómetros de su hogar; nadie supo nada de él durante este tiempo.
Cuando volvió al pueblo, Alberto hablaba solo, repitiendo constantemente la misma frase: «Tu nombre se escribe con letras de fuego». Empezó a dar paseos absurdos, no dirigidos a ningún otro destino que no fuera el mismo que su punto de partida: itinerarios cíclicos de viajes a ninguna parte que él iba reproduciendo de forma involuntaria. «Tu nombre se escribe con letras de fuego», iba diciendo por todos los rincones ante la sorpresa de la gente. Días después, comenzó a pronunciar alguna palabra más, lo que dio pie a que las personas que le querían empezaran a interesarse por él, ya que le veían muy triste:
—Hola, Beto, ¿cómo estás?
—Ella, la he visto, era ella… —, respondía—. ¡Su nombre está escrito con letras de fuego!
—¿Te encuentras bien?
—Amor... mujeres... gloria... felicidad... mentira todo, sombras de un vil sueño, fantasmas vanos que formamos en nuestra propia imaginación y vestimos a nuestro antojo, y los amamos y corremos tras ellos, ¿para qué?, digo yo: ¿para qué? Todo está escrito con letras de fuego…
Alberto estaba loco. Sí, chiflado; al menos, la mayoría de la gente en el pueblo así lo empezó a creer. Yo, por el contrario, con todo lo que he ido descubriendo de él después, a través de su cuaderno, creo que, como el Ave Fénix, lo que Alberto estaba haciendo era empezar a renacer.
Alberto, durante un tiempo, estuvo viviendo por el simple hecho de que tenía que vivir… Estaba tan acostumbrado a hacerlo, que vivía sin darse cuenta, de forma mecánica… Estuvo así días, semanas, e incluso meses; no hablaba con nadie, no se interesaba por nada… ¡Incluso perdió su puesto de trabajo! Sin embargo, una noche invernal, todo cambió. Aquélla era una noche tremendamente fría; cuando Alberto, a altas horas de la madrugada, se despertó, decidió sentarse durante unos minutos en la cama, mirando, al fondo de la lóbrega alcoba en la que dormía, la leña que se consumía: el fuego ardiente, como no puede ser de otra forma, quemaba la madera de forma despiadada; leves cenizas caían fuera del brasero extinguiéndose de forma inmediata.
Así, en tan ardiente oscuridad, Alberto, un escritor frustrado que nunca publicó nada, debió iniciar las anotaciones que descubrí en la primera página de su cuaderno. Para sacar lo que dentro de sí había ido acumulando durante tanto tiempo, Alberto decidió escribirlo (intuyo que sin pararse a pensar en si, con el paso del tiempo, alguien leería su palabra escrita). Yo descubrí su cuaderno allí mismo, en la vieja casa del pueblo donde vivió durante mucho tiempo, escondido y lleno de polvo, en un viejo baúl de la misma alcoba donde él solía dormir… Y aquí reproduzco, unos cuarenta años después, sus dos primeras páginas: un listado con palabras escritas con letras de fuego…

«Tu nombre se escribe con letras de fuego, arde, me quema, como el asfalto de la carretera en las tardes de agosto… Tu nombre ha sido mi castigo, por eso me quema; y por eso, aún hoy, algo sigue ardiendo dentro de mi…
Si tuviera que describir tu cuerpo, lo describiría con palabras escritas con letras de fuego… Tu cuerpo desnudo, perenne en mis pensamientos; anhelo en mis noches de insomnio y tristeza, cada vez que abrazaba la soledad de nuestra cama. Me hierve la sangre, por el fuego, solo de pensar que ese cretino se divierte ahora contigo, cuando, no hace muchos meses, yo disfrutaba recorriendo con mis labios todos los rincones de tu bello cuerpo, llenándolo de besos, mientras tus dulces gemidos me demostraban cuánto disfrutabas al contacto...
Labios, tus labios… Cada palabra que sale de tus labios está escrita con letras de fuego… Cuando, con tu característica dulzura, dijiste mi nombre por primera vez, sentí cómo me ardían las entrañas… Cuando me dijiste que me querías, mi corazón se avivó como nunca lo había hecho, sentía sus latidos por todo mi cuerpo; la sangre me fluía a toda velocidad, y por eso, por el calor generado, empecé a sudar… ¡fuego! Ardiente pieza punzante de acero fue la que se me clavó en lo más profundo de mis entrañas cuando me enteré que estabas con él… Aquello era la suma de todos los clavos hirviendo que se me fueron clavando en el pecho en cada una de nuestras discusiones…
Amor se escribe con letras de fuego. Ese sentimiento de apasionado afecto hacia ti que a los cuatro vientos he manifestado hablando, cantando, gritando, bailando y escribiendo es una palabra que se escribe con letras de fuego. Seguro estoy de que con la misma devoción, veneración, apego y pasión que yo te he querido nunca nadie te querrá. Mi vivo afecto hacia ti, mi debilidad por ti, mi idealización de tu persona, todo ello es mi amor,… Y está escrito con letras de fuego. ¡Maldita seas! Decían que el amor es ciego, pero no es cierto; el amor, al igual que el odio, no es ciego, sino que está cegado por el fuego que llevan dentro. ¡Qué bien quedabas al decirme aquello de que “el amor vive más de lo que da que de lo que recibe”! ¡Qué cínica podías llegar a ser! Nunca me diste nada… ¡Siempre tuve que ser yo el que te daba! Y encima me decías que me querías… ¡Ay! Es cierto, al final, que hay veces que el amor te enseña a vivir con la resignación, el verdadero sentido de la renuncia y, por ende, el suplicio y la tortura de tener que aceptar lo inevitable. Dios… ¿qué será de mi a partir de ahora? Si es que el amor es la excusa más barata que puede encontrar un hombre para ser feliz; pero, por desgracia, es también el tormento más caro para sentirte desgraciado cuando, como yo ahora, no se es correspondido.
Pasión se escribe con letras de fuego… ¡Que se lo digan a Cristo! Pasión: esa inclinación vehemente de mi ánimo, acompañada de mi propio afecto y de mis gestos para materializar mi afecto… Pasión… La tormenta que siento yo ahora también es pasión y, por supuesto, se escribe con letras de fuego. ¡Qué difícil que se me hace vivir si no te siento cerca de mi…!
Deseo se escribe con letras de fuego. Ese movimiento de mi propia voluntad orientado en todo momento a conocerte, a agradarte, a poseerte, a disfrutarte,… Deseo se escribe con letras de fuego. Al final, ¡maldición!, cuanto más se desea una cosa, menos se disfruta de la vida… “Haz lo necesario para lograr tu más ardiente deseo, y acabarás lográndolo”, me decía mi profesor en el bachillerato… ¡Mentira! ¡Mentira podrida! Sí: deseo se escribe con letras de fuego. Ahora me doy cuenta, ahora que estoy solo y sólo hay recuerdos, viejos momentos que en mi nublada mente aún están cerca como para poder olvidarlos.
Beso se escribe con letras de fuego. Cada uno de los besos que tú me has dado, están escritos con letras de fuego. ¡Cuántas veces has posado tus labios sobre alguna de mis mejillas como muestra de amor y afecto! ¡Cuántas veces oprimiste los labios de tu boca contra los míos en señal de amor o, incluso, de burdo deseo sexual! Ahora veo que tus besos eran como el beso de Judas, besos dados con doblez; besos vacíos, tibios, venenosos y emponzoñados, envueltos en la sucia rutina. Y, sin embargo, recuerdo cuando me besaste por primera vez… Recuerdo que me besaste, porque decías que querías besarme, y tras besarme saliste corriendo…
Perfume se escribe con letras de fuego, tu ardiente aroma […]»
La segunda página está rota, lo que impide leer el resto del listado… Seguro que había otras tantas palabras escritas con letras de fuego que aquí no he podido reproducir…

Comentario:
XFG
Comentario:
XFG
Comentario:
Cualquier palabra en la que creas y te haya decepcionado (desengañado) se escribe con letras de fuego. Por lo tanto, hay miles y diferentes para cada persona.
No hay que aferrarse a una palabra, a una idea, hay que buscar y quedarnos con lo bueno de cada una, sabiendo que nada es perfecto y que se acaba.
No hay que aferrarse a una palabra, a una idea, hay que buscar y quedarnos con lo bueno de cada una, sabiendo que nada es perfecto y que se acaba.
Comentario:
De antemano muchas gracias por darme la bienvenida, y en especial por el último comentario que has dejado, es uno de mis poemas predilectos. No me dado el suficiente tiempo para leer de pies a cabeza tu blog sin embargo, tiene un efecto adictivo además debo decir que lo haces realmente genial es todo un placer leerte y espero continúes con tu causa largo tiempo mas; me alegro que retomaras tu espacio, seguramente nos tropezaremos pese al tiempo y el espacio.
Saludos Vanessa
Saludos Vanessa
Comentario:
Rencor, rencor se escribe con latras de fuego. No te guardo rencor, era algo que tenía que ocurrir, sino a ti, sería a mí.. ¡Y una mierda! Rencor, el rencor arde dentro de mí, me quema cada vez que pienso en tí. ¿por qué lo hiciste? Sí, te guardo rencor.
Comentario:
Me ha encantado, Rubén. Supongo que todos nos sentimos identificados. Que escriba Beto tb en su diario una frase que anoté el otro día en mi agenda. "Empezamos a morir cuando dejamos de creérnoslo todo"
Comentario:
jo tio , como escribes , me encanta. tienes arte, haz q fluya todo lo q tienes dentro y sigu dandonos este placer de leerte. q pasion , q sentimiento , es q se me pone la piel de gallina, de verdad.
mil besos!!!!!!!
mil besos!!!!!!!
Comentario:
DAR,se escribe con letras de fuego.Porque aunque muchos no me comprendan, mi felicidad, no se halla en tener ni adquirir para mi misma, sino en dar y ayudar a los demás,aún cuando no se lo merezcan...
PERDON,se escribe con letras de fuego.Porque mientras tenga resentimientos me será imposible ser feliz.Los errores que cometí con él, son lecciones de mi vida. Y así, intento, perdonarme a mí misma, porque a él siempre le he perdonado. Y aunque algunos me dijeron "diente por diente y "ojo por ojo", no es fácil, pero opto por perdonar..... Errar es humano,perdonar es divino.....
FE,se escribe con letras de fuego.
Porque la Fe crea confianza,nos da paz mental y libera al alma de las dudas, las preocupaciones, la ansiedad y el miedo.....
COMPRESION,ACEPTACION,ESCUCHA.....
se escribe con letras de fuego.....
GRACIAS RUBEN!por tus palabras, por descubrir el cuaderno de Beto.
Gracias, por ayudarme a descubrir que lucho por una causa perdida..., que es necesario abrir los ojos...
A veces amamos a la persona equivocada... y su nombre lo escribimos con letras de fuego.
GRACIAS!Por todos tus detalles, por escucharme,por tus ánimos, y por valorarme tanto.
UN besazo! Todo un regalo el haberte conocido.
PERDON,se escribe con letras de fuego.Porque mientras tenga resentimientos me será imposible ser feliz.Los errores que cometí con él, son lecciones de mi vida. Y así, intento, perdonarme a mí misma, porque a él siempre le he perdonado. Y aunque algunos me dijeron "diente por diente y "ojo por ojo", no es fácil, pero opto por perdonar..... Errar es humano,perdonar es divino.....
FE,se escribe con letras de fuego.
Porque la Fe crea confianza,nos da paz mental y libera al alma de las dudas, las preocupaciones, la ansiedad y el miedo.....
COMPRESION,ACEPTACION,ESCUCHA.....
se escribe con letras de fuego.....
GRACIAS RUBEN!por tus palabras, por descubrir el cuaderno de Beto.
Gracias, por ayudarme a descubrir que lucho por una causa perdida..., que es necesario abrir los ojos...
A veces amamos a la persona equivocada... y su nombre lo escribimos con letras de fuego.
GRACIAS!Por todos tus detalles, por escucharme,por tus ánimos, y por valorarme tanto.
UN besazo! Todo un regalo el haberte conocido.
Comentario:
Me gustaría que entre todos los que leais este texto, me ayudarais a completar la lista de palabras escritas con letras de fuego de Beto. Gracias





