El cuaderno de Beto II: "Intentando tomar conciencia de que debo empezar a superarlo"
Hoy, esta noche, con la Navidad a la vuelta de la esquina, he tenido un sueño al que aún no soy capaz de otorgar ningún calificativo que refleje con fiabilidad lo que en sí ha sido. Yo paseaba por la calle: el invierno hacía acto de presencia con su característico frío cortante y estremecedor, que encoge la carne e incita a la hibernación. Por las desérticas y gélidas calles no se veía un alma… Yo, como siempre, andaba taciturno, pensando en no recuerdo qué. De repente, a lo lejos tras de mí, alguien gritó mi nombre: en seguida pude identificar su voz. Era ella, eras tú: Susana. Y venías corriendo hacia mí, desde el final de la calle, repitiendo mi nombre. Yo te aguardaba inmóvil, experimentando una sensación que mezclaba incomprensión y alegría, esperanza y sospecha, gozo y suspicacia:
—¡Beto, mi niño! —, exclamaste, con tu voz característica cariñosa y dulce, cuando ya estabas frente a mi, besando mis labios y dándome un breve abrazo a continuación—. ¿Dónde has estado? Te he estado buscando por todas partes, me tenías preocupada… Venga, anda, mi amor: vámonos a casa, que hace frío…
A pesar del frío, ninguno de los dos llevábamos guantes: tú tomaste mi mano, entrecruzando tus dedos con los míos, como hacíamos cuando antaño paseábamos juntos, exhibiendo nuestro amor por las calles del pueblo. Durante todo el camino seguido hacia casa, me estuviste hablando de todo y de nada al mismo tiempo, de cosas intrascendentes y de otras tantas que a mi no me importaban en absoluto… ¡Como si nada hubiera pasado! No me lo explicaba y fue por eso que yo, que no entendía tal situación, llegué a caminar pensando en lo disparatada que era la escena que estaba viviendo, sin escuchar lo que me ibas contando.
Cuando llegamos a casa me quité el abrigo y tú te despojaste del tuyo… Seguidamente, tú te quitaste el jersey de lana que llevabas para a continuación empezar a agitar tus hermosos cabellos rubios para recogértelos con una goma… Una vez te los habías recogido, me miraste sonriendo y, tras susurrar cariñosamente mi nombre, me abrazaste, con más ternura que fuerza, y me besaste.
—¿Por qué haces esto ahora? —, te pregunté intentando expresarte así mi incomprensión—. ¿Por qué vuelves a mí ahora, después de todo el daño que me has hecho, como si nada hubiera pasado?
—Porque quiero que me perdones, cariño… Quiero que todo vuelva a ser como antes…
Empezaste a recorrer con besos suaves, primero mi mejilla, después mi cuello, provocando en mi ese placer que solo tú sabes darme…
—Te quiero…
Al decirme estas dos palabras, mi subconsciente reaccionó y activó mi alarma. Tenía que estar soñando. La situación que estaba viviendo no podía ser real. Me separé de ti y empecé a golpearme con toda la fuerza que tenía dentro de mi… ¡Necesitaba despertar! Hay determinados sueños que, por mucho que se deseen, no merecen ser soñados…

Cuando el alba me regaló los primeros rayos del sol que, esta mañana, entraron por la ventana que hay junto a mi cama, el día me sorprendió llorando. Lloraba por ti, lloraba por mi: lloraba, una vez más, la noche que yo había pasado acompañado de tu maldita ausencia… Te añoro. En mi vida tan solo quedan tus propios recuerdos, que ni siquiera son míos; guardo en mis labios todos y cada uno de los besos que tú me has dado, a pesar de que el tiempo me ha enseñado que eran besos envenenados.
Hoy me he pasado el día con la intención de salir a buscarte para así, si te encontraba, ver si, en verdad, mi sueño podía convertirse en realidad. Sin embargo, las cuatro veces que me he calzado y puesto el abrigo, no he llegado a traspasar la puerta de la calle: ¡sé que es muy triste! Pero lo cierto es que finalmente no he salido a buscarte porque, si salía, a lo mejor te encontraba… Ya he vivido bastantes semanas volviéndome, en cada esquina del pueblo por la que pasaba, con el deseo de verte a ti, Susana, avanzando deseosa hacia mí. Ahora estoy desesperado de esperarte, consciente de que espero lo inesperable: cuán cierto es que la esperanza es el peor de los males, pues no sirve más que para prolongar la tortura de cualquier hombre de bien. ¡Yo me quiero morir! Voy a llorar hasta deshidratarme… Al contemplar como mis ilusiones y mis esperanzas se van muriendo en lo más profundo de mi propio corazón me doy cuenta de que no me queda absolutamente nada… Nada. El vacío.
Tú jugaste sucio conmigo; yo, encima, no sé perder… ¡Maldita sea! Sigo llevando tu nombre escrito, con letras de fuego, en mi cabeza y en mi corazón. Ahora veo que, cada paso que yo creía que dábamos juntos en nuestra relación, era un paso que yo daba decidido, sin saberlo, hacia el abismo. El vacío…
En este momento, lo único que se arremolinan en mis atormentados pensamientos son preguntas a las que ni siquiera yo soy capaz de darle una respuesta: ¿Por qué te he querido? O, lo que es aún peor, ¿por qué te sigo queriendo cuando no me das ningún motivo para amarte? Si sabes que me has hecho daño, si sabes que estoy sufriendo, si sabes que hay días que incluso quisiera morirme y no has vuelto por casa a, ni siquiera, interesarte por cómo me encuentro… ¿Por qué? ¿Por qué yo lloro cuando tú no lloras? ¿Por qué tu ríes, disfrutas y gozas cuando yo hace tiempo que olvidé qué es eso? Ojala pudiera escribir un “te odio” sintiendo de verdad lo que escribo…
Creo que iré a ver a mis padres…
—¡Beto, mi niño! —, exclamaste, con tu voz característica cariñosa y dulce, cuando ya estabas frente a mi, besando mis labios y dándome un breve abrazo a continuación—. ¿Dónde has estado? Te he estado buscando por todas partes, me tenías preocupada… Venga, anda, mi amor: vámonos a casa, que hace frío…
A pesar del frío, ninguno de los dos llevábamos guantes: tú tomaste mi mano, entrecruzando tus dedos con los míos, como hacíamos cuando antaño paseábamos juntos, exhibiendo nuestro amor por las calles del pueblo. Durante todo el camino seguido hacia casa, me estuviste hablando de todo y de nada al mismo tiempo, de cosas intrascendentes y de otras tantas que a mi no me importaban en absoluto… ¡Como si nada hubiera pasado! No me lo explicaba y fue por eso que yo, que no entendía tal situación, llegué a caminar pensando en lo disparatada que era la escena que estaba viviendo, sin escuchar lo que me ibas contando.
Cuando llegamos a casa me quité el abrigo y tú te despojaste del tuyo… Seguidamente, tú te quitaste el jersey de lana que llevabas para a continuación empezar a agitar tus hermosos cabellos rubios para recogértelos con una goma… Una vez te los habías recogido, me miraste sonriendo y, tras susurrar cariñosamente mi nombre, me abrazaste, con más ternura que fuerza, y me besaste.
—¿Por qué haces esto ahora? —, te pregunté intentando expresarte así mi incomprensión—. ¿Por qué vuelves a mí ahora, después de todo el daño que me has hecho, como si nada hubiera pasado?
—Porque quiero que me perdones, cariño… Quiero que todo vuelva a ser como antes…
Empezaste a recorrer con besos suaves, primero mi mejilla, después mi cuello, provocando en mi ese placer que solo tú sabes darme…
—Te quiero…
Al decirme estas dos palabras, mi subconsciente reaccionó y activó mi alarma. Tenía que estar soñando. La situación que estaba viviendo no podía ser real. Me separé de ti y empecé a golpearme con toda la fuerza que tenía dentro de mi… ¡Necesitaba despertar! Hay determinados sueños que, por mucho que se deseen, no merecen ser soñados…

Cuando el alba me regaló los primeros rayos del sol que, esta mañana, entraron por la ventana que hay junto a mi cama, el día me sorprendió llorando. Lloraba por ti, lloraba por mi: lloraba, una vez más, la noche que yo había pasado acompañado de tu maldita ausencia… Te añoro. En mi vida tan solo quedan tus propios recuerdos, que ni siquiera son míos; guardo en mis labios todos y cada uno de los besos que tú me has dado, a pesar de que el tiempo me ha enseñado que eran besos envenenados.
Hoy me he pasado el día con la intención de salir a buscarte para así, si te encontraba, ver si, en verdad, mi sueño podía convertirse en realidad. Sin embargo, las cuatro veces que me he calzado y puesto el abrigo, no he llegado a traspasar la puerta de la calle: ¡sé que es muy triste! Pero lo cierto es que finalmente no he salido a buscarte porque, si salía, a lo mejor te encontraba… Ya he vivido bastantes semanas volviéndome, en cada esquina del pueblo por la que pasaba, con el deseo de verte a ti, Susana, avanzando deseosa hacia mí. Ahora estoy desesperado de esperarte, consciente de que espero lo inesperable: cuán cierto es que la esperanza es el peor de los males, pues no sirve más que para prolongar la tortura de cualquier hombre de bien. ¡Yo me quiero morir! Voy a llorar hasta deshidratarme… Al contemplar como mis ilusiones y mis esperanzas se van muriendo en lo más profundo de mi propio corazón me doy cuenta de que no me queda absolutamente nada… Nada. El vacío.
Tú jugaste sucio conmigo; yo, encima, no sé perder… ¡Maldita sea! Sigo llevando tu nombre escrito, con letras de fuego, en mi cabeza y en mi corazón. Ahora veo que, cada paso que yo creía que dábamos juntos en nuestra relación, era un paso que yo daba decidido, sin saberlo, hacia el abismo. El vacío…
En este momento, lo único que se arremolinan en mis atormentados pensamientos son preguntas a las que ni siquiera yo soy capaz de darle una respuesta: ¿Por qué te he querido? O, lo que es aún peor, ¿por qué te sigo queriendo cuando no me das ningún motivo para amarte? Si sabes que me has hecho daño, si sabes que estoy sufriendo, si sabes que hay días que incluso quisiera morirme y no has vuelto por casa a, ni siquiera, interesarte por cómo me encuentro… ¿Por qué? ¿Por qué yo lloro cuando tú no lloras? ¿Por qué tu ríes, disfrutas y gozas cuando yo hace tiempo que olvidé qué es eso? Ojala pudiera escribir un “te odio” sintiendo de verdad lo que escribo…
Creo que iré a ver a mis padres…
Comentario:
me encanta
Comentario:
Vaya, qué rabia! Te había escrito un primer comentario que no ha llegado a publicarse….
Realmente hay mucho que leer en tu blog, y decirte que comparto o he compartido muchas de las sensaciones que describes…
En cuanto a este último post…que sensación tan “extraña” la de despertarse y encontrarse con que la cama esta fría y vacía; sí aunque estés en ella, sigue estando vacía, porque no dejas de ser un fantasma que hurga entre los recuerdos del pasado….porque Susana ya no está. Es entonces cuando me quedaría allí, acurrucadita en un rincón envuelta por la dulce y helada oscuridad, evocando cada sonrisa, cada caricia, cada beso…pero suena el despertador y empieza la rutina, así que me levantó y espero ansiosamente que llegue la noche con la esperanza de volver a soñar con él…
En fin, no me enrollo más; y que conste que no es mi intención ahuyentar a los lectores de tu blog con semejante tostonazo.
Por cierto, me encanta el poema de Paul Eluard. (Gran Paul!!)
Un caluroso abrazo (ya va bien ya, con el frío que hace…) desde Barcelona;
Anna.
Realmente hay mucho que leer en tu blog, y decirte que comparto o he compartido muchas de las sensaciones que describes…
En cuanto a este último post…que sensación tan “extraña” la de despertarse y encontrarse con que la cama esta fría y vacía; sí aunque estés en ella, sigue estando vacía, porque no dejas de ser un fantasma que hurga entre los recuerdos del pasado….porque Susana ya no está. Es entonces cuando me quedaría allí, acurrucadita en un rincón envuelta por la dulce y helada oscuridad, evocando cada sonrisa, cada caricia, cada beso…pero suena el despertador y empieza la rutina, así que me levantó y espero ansiosamente que llegue la noche con la esperanza de volver a soñar con él…
En fin, no me enrollo más; y que conste que no es mi intención ahuyentar a los lectores de tu blog con semejante tostonazo.
Por cierto, me encanta el poema de Paul Eluard. (Gran Paul!!)
Un caluroso abrazo (ya va bien ya, con el frío que hace…) desde Barcelona;
Anna.
Comentario:
Hola Rubén, te debía un saludete, y bueno pues nada, que lo poco que te conozco me has parecido y buen tipo, que escribes muy bien y muy bonito todo... Jeje, la verdad es que no puedo decir mucho más.
Me ha gustado mucho que las frases de la canción de Coti "Yo nunca me doy por vencido, yo nunca me rindo" estén en negrita, eso es algo muy importante.
Feliz Navidad, un beso
Me ha gustado mucho que las frases de la canción de Coti "Yo nunca me doy por vencido, yo nunca me rindo" estén en negrita, eso es algo muy importante.
Feliz Navidad, un beso





