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Ave Fénix
Reflexiones, meditaciones, absurdeces y cuantas cosas se pueden compartir con palabras
Acerca de
Hace ya tiempo creé este blog para verter en él reflexiones, historias y enlaces que pudieran ser interesantes y que nos ayudaran a cuantos visitamos este sitio en nuestro quehacer diario. No sé si decir que esto es un éxito, pero sí puedo decir que es algo que cada vez forma más parte de mi y, aunque sigo estando bastante ocupado, mantengo mi promesa de intentar actualizar el blog con frecuencia, para que no cesen de aparecer en él cosas nuevas que puedan ser de utilidad y hagan del blog un lugar dinámico e interesante, digno de ser visitado.
Sindicación
 
El cuaderno de Beto III: “Aprendiendo a tomar conciencia de que debo empezar a superarlo”
—Alberto, hijo, come un poco más… No has comido nada…
—No tengo apetito, madre. Coma usted, de verdad, que tiene una pinta estupenda; y échele más a padre, que creo que le ha echado poco…
—¡Fíjate, Antonio! —, exclamó la mujer dirigiéndose a su esposo, que apuraba con su cuchara las últimas gotas de sopa que quedaban en su plato—. El niño no ha comida nada…
—Déjale, mujer —, respondió su marido—. No le obligues. A ver si le va a sentar mal… Además, ya sabes que, cuando tu hijo se disgusta, en seguida se le quita el hambre…

Beto levantó la mirada, hasta ahora agazapada y centrada casi exclusivamente en el plato en el que su madre le iba sirviendo, para fijarla en el rostro de su padre, quien gustoso había empezado a engullir el segundo plato. Era más que evidente que, en aquellos momentos, la cabeza de ambos, padre e hijo, estaba en lugares bien distintos. Beto no quería hablar; Don Antonio, su padre, parecía no querer escuchar.

Fue una comida incómoda, seguida de una sobremesa igualmente embarazosa a la par que breve. Ninguno de los tres comensales sabía qué decir: Susana, a pesar de no ser tratada de forma directa en ningún momento y de estar físicamente ausente, ocupaba la cuarta silla presente en la mesa. Susana estaba allí, aunque todos pretendían desdeñarla. A nadie se le ocurrían temas de conversación sugerentes que poder ofrecer al resto de los concurrentes. Beto no miraba a nadie. D. Antonio, su padre, no sabía a quien mirar. Doña Teresa, su madre, miraba compasiva a su hijo sin que Beto se diera cuenta; Constantemente le planteaba alguna pregunta para demostrarle interés por su estado y por su situación, con el deseo de que su hijo hablara:

—Y dime, Alberto, cariño… ¿Cómo estás?
—Bien, madre —, respondía sin apenas levantar la mirada—. Estoy bien

—Alberto, cielo, ¿estás bien?
—Sí, madre, estoy bien.

—Alberto, ya sabes que tu padre y yo estamos aquí para lo que necesites…
—Sí, madre, ya lo sé…

Fue en vano. Beto apenas tomó tres cucharadas de sopa, manuseó y revolvió uno de los dos muslos de pollo asado que se le sirvieron y ni siquiera cató un flan, que era su postre favorito… No habrían pasado ni quince minutos desde que Teresa recogiera la mesa, cuando Beto expresó su deseo de marcharse.

—Quédate un poco más, hijo —, le dijo su madre—. Quédate un rato aquí, con nosotros.
—No, madre, no. Prefiero irme ya a mi casa. Ahora, en seguida anochece, y, al caer la noche, hace mucho frío. Prefiero recogerme ya y así enciendo, cuando llegue, el brasero.
—¿De verdad no quieres quedarte y echamos una partida al tute? —, preguntó su padre.
—No, padre. Gracias. No me apetece jugar a las cartas… Prefiero irme a casa.
—Bueno —, prosiguió su padre—. Déjame entonces darte algo…

Su padre se retiró unos minutos, quedando solos Beto y su madre, que no cruzaron palabra durante el breve lapso que D. Antonio estuvo ausente.

A los dos minutos volvió con un paquete con forma de prisma alargado, de unos treinta centímetros de largo. El paquete estaba cubierto por una capa de papel ocre malamente colocado, que hacía las veces de envoltorio:

—Toma hijo. Acepta este regalo, que es algo mío. Te va a servir de gran ayuda. Cuando tenías diez o doce años, te lo enseñé, y tú, por tu cuenta (porque siempre fuiste muy curioso) lo fuiste descubriendo… Recuerdó que te encantaba. Es algo de más valor espiritual que material. Hace algo más de un siglo, un galán de muy buen ver cortejaba a las damas y no había casi ninguna que se le resistiera. Sin embargo, él en verdad estaba enamorado de la única dama que no quería nada con él. Un día, desesperado, decidió regalarle lo mismo que yo ahora a ti te regalo y, desde el momento en que la dama descubrió su contenido, fue suya para siempre... Espero que te sea útil.

Alberto tomó el regalo y con un escueto «adiós», se despidió de sus padres, sin regalarles siquiera un beso o una muestra de afecto similar.

Al llegar a la calle, Beto se dejó caer ligeramente contra la puerta, reclinando hacia atrás la cabeza, soltando un fuerte suspiro y abrazando con fuerza el regalo de su padre. Dos grandes lágrimas manaron de sus ojos, fluyendo rápidamente por sus mejillas a pesar del frío. Eran las lágrimas que había estado conteniendo para que sus padres no le vieran llorar. Minutos después, suspiró de nuevo y comenzó a andar.

Era un frío invierno y en aquel pueblo anochecía en seguida: todo callaba alrededor de Beto; todo parecía respetar su pena. Los rumores del campo se habían apagado de repente, mientras el viento vespertino dormía y las sombras suavemente comenzaban a envolver las viejas casas y los árboles de los alrededores.



Beto caminaba, taciturno y recogido, hacia su casa. Apenas sí contemplaba lo que había a su alrededor. No se cruzó con nadie mientras recorría su camino, que duró unos minutos, durante los cuales se borró por completo el tenue rastro luminoso que el sol había dejado al morir en el horizonte. Vagamente, la luna comenzaba a dibujarse sobre el fondo, más violeta que naranja, del cielo crepuscular, mientras unas tras otras iban apareciendo las mayores estrellas…

Cuando Beto entró en su casa encendió la hoguera de la chimenea y, seguidamente, se tumbó en la cama cerrando los ojos. Permaneció allí cerca de una hora y media, en la cual pensó y lloró, repensó y suspiró, intento dormir y no pudo… Entonces, angustiado por el silencio, decidió escribir, a pesar de que no le apetecía… Y escribió:

Hoy he estado comiendo con mis padres… Por mucho que yo intentara evitar tratarte, tú has estado allí; yo te he sentido, ellos te han sentido… Ha sido una situación incómoda para todos, y todo por tu culpa…

¡Que estúpido soy, que soy incapaz de olvidarte! Éramos tú y yo, tú y yo hechos uno: dos personas con un mismo sueño y unos objetivos compartidos. A menudo hablábamos de irnos a vivir a la ciudad. ¡Fíjate! ¡Qué cosas! ¿Hacerme a mi cambiar la arena y el adobe por asfalto, acero y humo! Durante el tiempo que creí que me querías, tú lo ocupaste todo; ahora que me desprecias, que sé que no me querías, también lo ocupas todo... Lo has sido todo para mi; eres todo para mi. Yo me quiero morir… Añoro tus caricias por la noche,… ¡Este antro sin ti no es hogar! Es un infierno ardiente, como las llamas que arden al fondo, en la chimenea…

Fuiste mi primer amor, fuiste mi único amor; gracias a ti aprendí a amar, a conocer ese amor que te desintegra los huesos y te descompone por dentro… Gracias a ti me sentí hombre, y no un niño… Y sin embargo sigues siendo parte de mi… Para mi hoy no hay más horizontes que tu cuerpo y el mundo que me rodea… Y sin ti, el mundo no es mundo… ¡No tengo nada! ¡No soy nada!



Hoy me acuerdo también de Alicia, de Carlos y de Eduardo… ¿Te acuerdas? Sí, claro, ¿cómo no te acuerdas de ellos? Son nuestros hijos. Sí, Susana, sí. Nuestros hijos. Los nombres que habíamos soñado para nuestros hijos. Para aquellos hijos que concebimos y engendramos en nuestros sueños compartidos y que, ahora entiendo por qué, nunca llegamos a tener… Alicia, Carlos y Eduardo. Qué lindos eran. ¿Te acuerdas de cuando nos tumbábamos en el campo en las tardes primaverales, allí en el prado, y cerrábamos los ojos y creíamos sentirlos correr, gritar y saltar? ¿Te acuerdas? ¡De qué te vas a acordar tú? ¡Sí!Susana es sinónimo de mentira, de dolor, de silencios ardientes, de complicidades engañosas... ¡Nunca sentiste por mi una milésima parte de lo que yo llegué a sentir por ti! Para ti no llegué a ser nunca hombre, sino un saco de escombro; para ti, mi amor, era un objeto desechable, algo de usar y tirar…

Yo me quiero morir…

Yo me voy a morir…

Yo así no puedo vivir…

Si en los próximos días no encuentro la forma de aprender a superar este calvario, empezaré a valorar la posibilidad de suicidarme…

Por cierto, mi padre me ha regalado un algo y me ha dicho que me va a gustar… Aún no lo he abierto; no sé lo que es. Llegué y lo dejé encima de la mesa… Me ha dicho que es suyo y que de pequeño a mi me encantaba… Incluso me ha contado que con ello un hombre consiguió el amor eterno de una joven que se le resistía… ¿Qué será, que me ha dicho que a lo mejor me ayuda? Por la forma y por el tacto parecía un libro… Voy a abrirlo… Efectivamente, es un libro: son las Rimas de Bécquer… Las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer…

 
Comentario:
He empezado el año prometiendo lo que te digo...escribirte,a mi estas cosas no se me dan muy bien,pero que sepas que me parece precioso todo lo que escribes,sigue asi que la gente te seguira leyendo,y yo entre ellos.
Un besazo,y FELIZ 2007!!!!
 
Comentario:
Dicen que no importa lo que hagas, siempre y cuando seas buenos en ello. Desde luego que tú escribiendo destacas, y eres buen merecedor de respeto y admiración porqué se nota que pones empeño e ilusión en lo que haces; que vales para ello.
Sigue escribiendo y no dejes que nada impida que tu mente y tus palabras sean libres...

Saludos y feliz año!
 
Comentario:
Cada historia es preciosa, con cada relato haces estremecer el corazón de aquellos que disfrutamos leyendo tu talento en estas lineas (por lo menos asi lo vivo yo). Sigue asi que vales mucho, tu manera de escribir dice mucho de ti.
Una cosa, que Beto no se suicide por favor, que aprenda a vivir sin ese amor que tanto daño le ha hecho, que levante su espiritu que el mundo no se acaba por un amor perdido.
Un besazo enorme y un fortisimo abrazo
 
Comentario:
Hola, ya veo que has actualizado, así que nada, aprovecho y te dejo el primer comentario.

Qué decir, maravilloso, todo muy bien descrito: el paisaje, las sensaciones...

Pero hay algo que no me gusta: Beto debe encontrar una razón para vivir, supongo que no es fácil, pero se tiene que olvidar de Susana y VOLVER A SER FELIZ, SE LO MERECE.

Espero que ese libro surta efecto en él, ese libro o lo que sea, pero POR FAVOR, QUE NO SE SUICIDE!!!

No sé qué más decir, bueno sí, que si cuando ganes el "Premio Planeta" seguirás hablándome, no dejes de escribir, tienes mucho talento.

Un beso.
No