El cuaderno de Beto IV: “Tomando conciencia de que debo empezar a superarlo”
Estoy harto de muchas cosas… Pero si hay algo que últimamente me ataca los nervios es la actitud que, hacia mi, tiene la gente. Es algo que, en verdad, no entiendo y que me pudre la sangre. Todo el mundo sabe lo que me ha pasado: esto es un pueblo y aquí, más o menos, nos conocemos todos y todos sabemos de qué pie cojeamos cada uno. Lo que no entiendo es a qué viene ese halo de lástima que rodea a mi persona cada vez que alguien se cruza conmigo por la calle. Antes, la gente se limitaba a saludarme; ahora no. Ahora todo el mundo me detiene para preguntarme cómo estoy o qué tal lo llevo. ¿Lo llevo! ¡Lo llevo? ¿Llevo el qué? Eso es lo más gracioso de todo… Todo el mundo sabe que Susana se ha ido con Eusebio. La gente, antes de que yo lo descubriera, me lo advertía abiertamente. Ahora, en cambio, Susana es tema “tabú”. Eso sí: “pobre Beto, ¿cómo estás?”, “Beto, ¿qué tal, cómo lo llevas?” e incluso el simpático del tío Paco: “¿qué, Beto, cómo va eso?”. ¡Pues mal! Es evidente que mal… Nunca he sido malpensado, ni mucho menos, pero si la gente trata de ayudarme creo que debería tener un poco más de sesera cuando me hable.
Sesera, o quizá sensibilidad, también es la que le ha faltado a mi padre con su regalo: Las Rimas de Bécquer… Y me dijo que me podrían ayudar. ¿En qué estaría pensando? Es cierto que las Rimas es un libro de gran belleza, delicadeza, sensibilidad y que, sobre todo, sabe recoger sentimientos con un gran refinamiento y profundidad; pero, del mismo modo que las Rimas contienen poemas que divinizan el proceso de creación artística e idealizan el amor, asociándolo con la alegría, la ilusión y la esperanza, el libro de las Rimas contiene poemas que reflejan el desengaño y la frustración que puede producir el amor. Ahí se palpa dolor, soledad, amargura, melancolía y cuantos sentimientos perniciosos puede producir el desamor, aparte del deseo de morir… No obstante, confieso que, desde que mi padre me las regaló, en estos días que vivo sumido en la más deprimente y asqueroso rutina no he dejado de leerlas. Me veo fielmente reflejado en muchos de los poemas aquí contenidos… Es más, voy a copiar aquí, en mi cuaderno, uno de los que mejor reflejen mi estado actual. Voy a seleccionarlo y lo voy a copiar:
Hoy como ayer, mañana como hoy
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
y andar..., andar.
Moviéndose a compás como una estúpida
máquina, el corazón;
la torpe inteligencia del cerebro
dormida en un rincón.
El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándole sin fe;
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.
Voz que incesante con el mismo tono
canta el mismo cantar;
gota de agua monótona que cae,
y cae sin cesar.
Así van deslizándose los días
unos de otros en pos,
hoy lo mismo que ayer..., y todos ellos
sin goce ni dolor.
¡Ay!, ¡a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir...
Amargo es el dolor; ¡pero siquiera
padecer es vivir!
“Amargo es el dolor”, que gran verdad… Los días que van transcurriendo se van deslizando como ahora mismo se deslizan las gotas de lluvia por mi ventana. Y yo, mientras, cada día me siento más vacío. No sé qué voy a hacer… Pero yo así no puedo seguir viviendo. Sé que haber tomado conciencia de ello es un paso tremendamente importante; pero no puedo, como dice el poema, seguir viviendo con el cielo gris y un horizonte eterno… Más aún cuando voy caminando por la vida, sin saber a dónde me dirijo… ¿Para qué seguir caminando, entonces? No sé qué haré, porque no sé para qué voy a seguir viviendo en este estado…
El reloj de la mesilla de mi cama se paró hace un par de días. Dejé de darle cuerda porque creo que así el tiempo deja de transcurrir… ¡Mente infantil la mía! Y, sin embargo, a pesar de estar parado, el reloj marca la señal de volver a comenzar, sigue marcándome un lugar junto a ti. ¡Ay, Susana! Sin ti amanece, pero no sale el sol. Sin ti, la que decíamos que era nuestra cama es muy ancha; sin ti, siento que alguien vacía poco a poco mis entrañas. Estoy vacío… Tengo hambre, hambre de tu amor; tengo sed, sed de tu calor. Todo en mí ha muerto desde que te fuiste: soy un cuerpo que responde por instinto a sus propias necesidades. Vivo por el simple hecho de que, cuando aún no tenía uso de razón, me enseñaron a vivir.
Recuerdo que siempre adoraba la frescura de tu piel… Ahora, que ya no te tengo; ahora, que te he perdido de la forma que te he perdido; ahora, que te has marchado de la forma que te has ido; ahora, sí, ahora me doy cuenta de que tu piel no era fresca, sino fría… Tu piel era fría, tu piel es fría como el cristal. Y como el cristal corta y araña la piel y, más aún, lo que hay debajo de la piel… ¡Ay, Susana! Que ni siquiera has venido a interesarte por mí, cuando sabes que estoy destrozado… Ni siquiera has vuelto, aunque solo fuera para recoger tu ropa… ¡Te maldigo por tu olvido, Susana! Y también me maldigo a mi mismo por confiar en ti cuando la gente me empezó a avisar de tus infidelidades…
Mi vida terminó en el momento que te vi con él… Ahora, me voy consumiendo día tras día… Todo lo que yo he sido, todo lo que fui… Todo, absolutamente todo, ha quedado reducido a cenizas. Mis días no son días, son noches; y mis noches son lóbregas y mustias. Mis días terminan antes de empezar, como los brotes de las flores de abril que, cuando nacen, lo hacen para morir. Mis días están tan muertos como yo… ¡Si supieras cuánto te amé! ¡Si supieras lo mucho que te quiero y te añoro! ¡Si supieras el océano de lágrimas que han formado mis ojos! Tengo las glándulas lagrimales enrojecidas de tanto que han llegado a emanar. Ahora, el mundo para mi está del revés. Se supone que, ahora, me corresponde conocerlo desde esta otra perspectiva… Pero no quiero conocer el mundo sin ti… ¡Yo no quiero seguir viviendo! ¿Para qué voy a seguir viviendo? Me miro en el espejo y me doy pena a mi mismo… ¿Qué sentido tiene todo esto? No lo sé… Tampoco quiero seguir martirizándome mucho… Debajo de mi cama tengo ya preparado el rifle de mi abuelo y también una soga muy resistente, que puedo colgar de la cercha de la buhardilla que hay justo encima de mi cama… Cualquiera de los dos me servirá para quitarme la vida...
Y hoy también quiero escribir sobre ti… He dedicado, hasta ahora, mi cuaderno por entero a Susana y, sin embargo, no he expresado aquí lo que siento hacia ti… Eusebio, “amigo”. Es muy difícil expresar tanto odio en palabras… Hay algo que está muy claro, tú no eres mi amigo; nunca lo has sido y nunca lo serás. Me llamabas “hermanito”, con ese estúpido acento andaluz de tu lugar de origen, y mentías como un bellaco al llamarme así… Hermano es aquél que es nacido de los mismos padres, o sólo del mismo padre o de la misma madre… Tú y yo no somos hermanos… Serías mi hermano consanguíneo, si ambos fuéramos hijos del mismo padre, pero los hijos como tú son hijos de Satanás; serías mi hermano uterino si ambos fuéramos hijos de la misma madre y, a diferencia de mi, tú eres un hijo de puta…
No recuerdo, hasta ahora, haber sentido un deseo de estrangular a alguien como el que tú ahora mismo despiertas en mí. Tú decías que eras mi amigo y, en realidad, estabas haciéndome la cama. ¡Viniste a verla a ella aquí, al lado de mi casa! Y lo hiciste a escondidas, como lo hacen los cobardes… ¡Púdrete en el infierno!
No puedo escribir más por hoy…
Mi vida ahora mismo pende tan solo de un hilo. No sé qué será de mi mañana. No sé si quizás ésta sea la última página del cuaderno que escriba; quizá no, quizá escriba otras muchas… No lo sé. Pero si quisiera pedir algo: si algún día, alguien encuentra este cuaderno y lee cuanto aquí he escrito, me gustaría que ese alguien intentara buscar a Susana y, si lograra dar con ella, le dijera que nunca la pude olvidar…
Sesera, o quizá sensibilidad, también es la que le ha faltado a mi padre con su regalo: Las Rimas de Bécquer… Y me dijo que me podrían ayudar. ¿En qué estaría pensando? Es cierto que las Rimas es un libro de gran belleza, delicadeza, sensibilidad y que, sobre todo, sabe recoger sentimientos con un gran refinamiento y profundidad; pero, del mismo modo que las Rimas contienen poemas que divinizan el proceso de creación artística e idealizan el amor, asociándolo con la alegría, la ilusión y la esperanza, el libro de las Rimas contiene poemas que reflejan el desengaño y la frustración que puede producir el amor. Ahí se palpa dolor, soledad, amargura, melancolía y cuantos sentimientos perniciosos puede producir el desamor, aparte del deseo de morir… No obstante, confieso que, desde que mi padre me las regaló, en estos días que vivo sumido en la más deprimente y asqueroso rutina no he dejado de leerlas. Me veo fielmente reflejado en muchos de los poemas aquí contenidos… Es más, voy a copiar aquí, en mi cuaderno, uno de los que mejor reflejen mi estado actual. Voy a seleccionarlo y lo voy a copiar:
Hoy como ayer, mañana como hoy
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
y andar..., andar.
Moviéndose a compás como una estúpida
máquina, el corazón;
la torpe inteligencia del cerebro
dormida en un rincón.
El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándole sin fe;
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.
Voz que incesante con el mismo tono
canta el mismo cantar;
gota de agua monótona que cae,
y cae sin cesar.
Así van deslizándose los días
unos de otros en pos,
hoy lo mismo que ayer..., y todos ellos
sin goce ni dolor.
¡Ay!, ¡a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir...
Amargo es el dolor; ¡pero siquiera
padecer es vivir!
“Amargo es el dolor”, que gran verdad… Los días que van transcurriendo se van deslizando como ahora mismo se deslizan las gotas de lluvia por mi ventana. Y yo, mientras, cada día me siento más vacío. No sé qué voy a hacer… Pero yo así no puedo seguir viviendo. Sé que haber tomado conciencia de ello es un paso tremendamente importante; pero no puedo, como dice el poema, seguir viviendo con el cielo gris y un horizonte eterno… Más aún cuando voy caminando por la vida, sin saber a dónde me dirijo… ¿Para qué seguir caminando, entonces? No sé qué haré, porque no sé para qué voy a seguir viviendo en este estado…
El reloj de la mesilla de mi cama se paró hace un par de días. Dejé de darle cuerda porque creo que así el tiempo deja de transcurrir… ¡Mente infantil la mía! Y, sin embargo, a pesar de estar parado, el reloj marca la señal de volver a comenzar, sigue marcándome un lugar junto a ti. ¡Ay, Susana! Sin ti amanece, pero no sale el sol. Sin ti, la que decíamos que era nuestra cama es muy ancha; sin ti, siento que alguien vacía poco a poco mis entrañas. Estoy vacío… Tengo hambre, hambre de tu amor; tengo sed, sed de tu calor. Todo en mí ha muerto desde que te fuiste: soy un cuerpo que responde por instinto a sus propias necesidades. Vivo por el simple hecho de que, cuando aún no tenía uso de razón, me enseñaron a vivir.
Recuerdo que siempre adoraba la frescura de tu piel… Ahora, que ya no te tengo; ahora, que te he perdido de la forma que te he perdido; ahora, que te has marchado de la forma que te has ido; ahora, sí, ahora me doy cuenta de que tu piel no era fresca, sino fría… Tu piel era fría, tu piel es fría como el cristal. Y como el cristal corta y araña la piel y, más aún, lo que hay debajo de la piel… ¡Ay, Susana! Que ni siquiera has venido a interesarte por mí, cuando sabes que estoy destrozado… Ni siquiera has vuelto, aunque solo fuera para recoger tu ropa… ¡Te maldigo por tu olvido, Susana! Y también me maldigo a mi mismo por confiar en ti cuando la gente me empezó a avisar de tus infidelidades…
Mi vida terminó en el momento que te vi con él… Ahora, me voy consumiendo día tras día… Todo lo que yo he sido, todo lo que fui… Todo, absolutamente todo, ha quedado reducido a cenizas. Mis días no son días, son noches; y mis noches son lóbregas y mustias. Mis días terminan antes de empezar, como los brotes de las flores de abril que, cuando nacen, lo hacen para morir. Mis días están tan muertos como yo… ¡Si supieras cuánto te amé! ¡Si supieras lo mucho que te quiero y te añoro! ¡Si supieras el océano de lágrimas que han formado mis ojos! Tengo las glándulas lagrimales enrojecidas de tanto que han llegado a emanar. Ahora, el mundo para mi está del revés. Se supone que, ahora, me corresponde conocerlo desde esta otra perspectiva… Pero no quiero conocer el mundo sin ti… ¡Yo no quiero seguir viviendo! ¿Para qué voy a seguir viviendo? Me miro en el espejo y me doy pena a mi mismo… ¿Qué sentido tiene todo esto? No lo sé… Tampoco quiero seguir martirizándome mucho… Debajo de mi cama tengo ya preparado el rifle de mi abuelo y también una soga muy resistente, que puedo colgar de la cercha de la buhardilla que hay justo encima de mi cama… Cualquiera de los dos me servirá para quitarme la vida...
Y hoy también quiero escribir sobre ti… He dedicado, hasta ahora, mi cuaderno por entero a Susana y, sin embargo, no he expresado aquí lo que siento hacia ti… Eusebio, “amigo”. Es muy difícil expresar tanto odio en palabras… Hay algo que está muy claro, tú no eres mi amigo; nunca lo has sido y nunca lo serás. Me llamabas “hermanito”, con ese estúpido acento andaluz de tu lugar de origen, y mentías como un bellaco al llamarme así… Hermano es aquél que es nacido de los mismos padres, o sólo del mismo padre o de la misma madre… Tú y yo no somos hermanos… Serías mi hermano consanguíneo, si ambos fuéramos hijos del mismo padre, pero los hijos como tú son hijos de Satanás; serías mi hermano uterino si ambos fuéramos hijos de la misma madre y, a diferencia de mi, tú eres un hijo de puta…
No recuerdo, hasta ahora, haber sentido un deseo de estrangular a alguien como el que tú ahora mismo despiertas en mí. Tú decías que eras mi amigo y, en realidad, estabas haciéndome la cama. ¡Viniste a verla a ella aquí, al lado de mi casa! Y lo hiciste a escondidas, como lo hacen los cobardes… ¡Púdrete en el infierno!
No puedo escribir más por hoy…
Mi vida ahora mismo pende tan solo de un hilo. No sé qué será de mi mañana. No sé si quizás ésta sea la última página del cuaderno que escriba; quizá no, quizá escriba otras muchas… No lo sé. Pero si quisiera pedir algo: si algún día, alguien encuentra este cuaderno y lee cuanto aquí he escrito, me gustaría que ese alguien intentara buscar a Susana y, si lograra dar con ella, le dijera que nunca la pude olvidar…
Comentario:
Ufff....Hacía tiempo que no pasaba por aquí, pero una vez más tus escritos me han vuelto a tener enganchada a la pantalla del ordenador udrante un ratillo...
¿Qué decir? Pues que simplemente genial!Creo que todos los que te leemos en cierta manera nos imaginamos cómo nos gustaría que continuara la historia pero nadie sabrá hacerlo mejor que tú...Así que paciencia y a esperar la próxima entrega del cuaderno de Beto...jejeje
Por cierto, muy interesante lo que publicaste de "dios no juega a los dados", realmente da mucho que pensar...
Un beso,
Anna.
¿Qué decir? Pues que simplemente genial!Creo que todos los que te leemos en cierta manera nos imaginamos cómo nos gustaría que continuara la historia pero nadie sabrá hacerlo mejor que tú...Así que paciencia y a esperar la próxima entrega del cuaderno de Beto...jejeje
Por cierto, muy interesante lo que publicaste de "dios no juega a los dados", realmente da mucho que pensar...
Un beso,
Anna.
Comentario:
Entre el cielo y el suelo hay algo con tendencia a quedarse calvo
de tanto recordar
y ese algo que soy yo mismo
es un cuadro de bifrontismo
que sólo da una faz
la cara vista es un anuncio de signal
la cara oculta es la resulta
de mi idea genial de echarte
me cuesta tanto olvidarte
me cuesta tanto olvidarte
me cuesta tanto
olvidar quince mil encantos es
mucha sensatez
y no sé si seré sensato
lo que sé es que me cuesta un rato hacer cosas sin querer
y aunque fui yo quien decidió
que ya no más
y no me cansé de jurarte
que no habrá segunda parte
me cuesta tanto olvidarte
me cuesta tanto olvidarte
de tanto recordar
y ese algo que soy yo mismo
es un cuadro de bifrontismo
que sólo da una faz
la cara vista es un anuncio de signal
la cara oculta es la resulta
de mi idea genial de echarte
me cuesta tanto olvidarte
me cuesta tanto olvidarte
me cuesta tanto
olvidar quince mil encantos es
mucha sensatez
y no sé si seré sensato
lo que sé es que me cuesta un rato hacer cosas sin querer
y aunque fui yo quien decidió
que ya no más
y no me cansé de jurarte
que no habrá segunda parte
me cuesta tanto olvidarte
me cuesta tanto olvidarte
Comentario:
sigue así
Comentario:
Como mates a Beto te dejo de leer, que lo sepas.
Avisado estás!!!!
Avisado estás!!!!





