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Ave Fénix
Reflexiones, meditaciones, absurdeces y cuantas cosas se pueden compartir con palabras
Acerca de
Hace ya tiempo creé este blog para verter en él reflexiones, historias y enlaces que pudieran ser interesantes y que nos ayudaran a cuantos visitamos este sitio en nuestro quehacer diario. No sé si decir que esto es un éxito, pero sí puedo decir que es algo que cada vez forma más parte de mi y, aunque sigo estando bastante ocupado, mantengo mi promesa de intentar actualizar el blog con frecuencia, para que no cesen de aparecer en él cosas nuevas que puedan ser de utilidad y hagan del blog un lugar dinámico e interesante, digno de ser visitado.
Sindicación
 
¡Quiero volver a ser un padre!
A continuación, se recoge un episodio familiar cualquiera, de una familia cualquiera, residente en un lugar cualquiera. Los hechos que aquí se relatan, aunque en cierta forma puedan parecer exagerados, son desventuras diarias que tienen que afrontar la mayoría de las familias hoy día: padres ausentes por motivos de trabajo que se pierden buena parte de la infancia de sus hijos, hijos que se embarcan en sabe Dios qué conflictos, escasez de comunicación entre las partes,... Yo lo he traído aquí para que se lea y se tenga presente el final, dado que cuando en la vida se tiene un problema el primer paso siempre ha de ser tomar conciencia de la existencia y, una vez tomada, poner los medios para solventarlo.


—Torre de control… Aquí AIA205. Con ustedes a nivel de vuelo 3-2-0.
—Recibido, AIA205… Están en contacto con rádar. Nivel de vuelo 3-2-0.
—Hemos cumplido… ¿Y ustedes? Cambio…
—Negativo, 205. Las cuatro terminales de Madrid-Barajas están bajo mínimos. Mantengan la presente altitud y reduzcan la presente velocidad a 3-5-0 nudos.
—Recibido, gracias. Cambio.
—David, ¿cuándo crees que llegaremos? —, preguntó Carlos dirigiéndose a su copiloto de vuelo.
—Hacia las once, Carlos… Voy a perderme el cumpleaños de mi hijo.
—No te apures… Ya hace años que falto en esa fecha. Terminan por acostumbrarse.

Aquel avión aterrizó cuando solo faltaban diez minutos para alcanzar las once de la noche. Tras el desembarque de los pasajeros y cumplir el protocolo requerido, Carlos pudo abandonar el aeropuerto y tomar el transporte que le llevaría a su hogar, con el único objetivo de, al llegar, dar un beso, como muestra de afecto y saludo, a sus dos hijos y a su esposa para seguidamente acostarse y combatir así el tremendo cansancio que llevaba consigo.

Al llegar a casa, Carlos no encontró a nadie. Todas las luces estaban apagadas, lo que le sorprendió ingratamente dada la hora que era. Creyendo que pudiera tratarse de alguna broma o que su familia estuviera esperándole para darle alguna sorpresa, dado que llevaba varios días fuera de casa, Carlos dejó sus maletas a la entrada de la casa, encendió la luz, y, en un tono de cierta guasa, empezó a gritar con suavidad:

—¡Socorro! Me he perdido y busco un lugar donde pasar la noche… ¿Hay alguien?

Nadie contestó, nadie salió al ver la luz encendida. Extrañado, Carlos decidió empezar a recorrer las escasas habitaciones del piso, para así constatar que, efectivamente, en la casa no había nadie. Cuando se disponía a entrar en la cocina, María, su esposa, entraba por la puerta principal de la casa y, tras ella, Nico y Vicky, sus dos hijos. Nico, de unos veinte años, era alto y rubio; mientras Vicky, de unos dieciocho, era algo más menuda y de pelo algo más bruno. Ambos entraban algo apenados y cabizbajos.

—¡Hola, guapísima! —, exclamó Carlos al ver a su esposa, regalándole un beso—. ¿Dónde estabais? Empezaba a estar preocupado: acabo de llegar y no veía a nadie en casa…
—Venimos de la comisaría —, respondió María.
—¿De la comisaría! ¿Qué ha pasado?
—Habían detenido a Nico por agredir a un señor en su propio domicilio.
—¿Cómo?
—Tranquilo, la denuncia ha sido retirada, gracias a la mediación de Vicky… El hombre al que agredió es el padre de una de las compañeras de baile de Vicky y, al parecer, a pesar de que le doble la edad, es la actual pareja de nuestra hija…

Carlos, con evidentes muestras de incomprensión, miró por unos instantes a sus dos hijos, quienes, cabizbajos aún, no se atrevían a corresponder a la mirada paterna.

—Perdonadme… Estoy muy cansado y no esperaba encontrarme esto al llegar a casa… Me iré a descansar, mañana hablaremos… Buenas noches.


* * *

Media hora después, Carlos estaba semitumbado y abstraído en la cama, mientras su esposa se desvestía para ponerse el pijama y así poder meterse en el lecho matrimonial junto a su marido.

—¿Hace frío o lo tengo yo?
—Hace algo de frío… Por eso he subido un poco la calefacción… Ven, arrímate.

Carlos abrió su brazo y María se recostó contra él, para seguidamente cerrar su brazo, apretando suavemente el tórax de su esposa contra su pecho. Ambos estaban cubiertos por una manta y una sábana.

—Gracias, cariño… ¿Qué tienes ahí? —, preguntó señalando con la mirada hacia la otra mano de Carlos.

Carlos le mostró un hermoso reloj de bolsillo, bañado en oro y acompañado de una lujosa cadena de sujeción que pendía de su parte superior.

—Es el reloj de mi abuelo ¿No sabes qué día es hoy? Hoy hace cuatro años de la muerte de mi padre… No puedo evitar acordarme de él en una fecha tan señalada. A pesar de la escasa relación que manteníamos, a pesar de lo alejados que estábamos, su muerte me dolió mucho… ¡Todo parecía tan irreal! Lo mismo que me parece ahora. Yo intenté seguir unido a mi padre, pero él nunca entendió que yo quería vivir mi vida y que la vida que yo quería seguir estaba lejos de los planes que él tenía para mi en el negocio familiar… Durante años le escribí cartas y él nunca me contestó… Eso es precisamente lo que ahora me preocupa… Veo como Nico y Vicky se distancian de mí de la misma forma…
—No puedes comparar tu niñez con la de Nico y Vicky, no tiene nada que ver…
—¡Es lo mismo! Un padre es un padre para sus hijos… No importa donde esté…
—Sí.
—¡Me paso más de medio mes fuera de casa…!
—Sí, ya lo sé… Los pilotos no tienen mucho donde escoger…
—Pero los demás sí… Durante más de veinte años escribí cartas a mi padre pero nunca tuvimos ocasión para sentarnos a hablar… Eso es lo que me ocurre ahora con Nico y Vicky… ¡Apenas les veo! Y… ¿nosotros?
—¿Qué?
—Apenas tenemos tiempo para hacer el amor…
—Lo buscaremos… Tranquilo…

María dio un beso en los labios a Carlos, quien no apartaba de sus ojos esa niebla característica de quien está pensando; ojos abstraídos, propios de quien tiene la mente en un lugar distinto y distante de aquél en el que se encuentra su cuerpo… Carlos se levantó de la cama, se puso el albornoz y empezó a dar vueltas elípticas con la longitud que permitía el dormitorio…

—Me cuesta trabajo creer lo que me he encontrado hoy al llegar a casa… —, dijo mientras describía circunferencias con las manos sobre sus sienes —. Y parece que fue ayer cuando llegaba a casa tan cansado que ni siquiera quería hablar con los chicos…
—Bueno… Vicky va en busca de algo…
—Sí, Nico creo que también… Y además creo que, a pesar de ser mayor, tampoco está mejor. Dice que quiere ser arqueólogo y se pasa la vida vagando por los museos…
—Bueno, la madurez lleva su tiempo…
—¡No conseguirá nada positivo en la vida si no va a la Universidad! —, dijo elevando el tono de voz —. Estos chicos divagan…

Carlos se sentó en la cama y escondió su rostro tras las palmas de sus manos.

—¿Qué piensas?
—Pues… Pienso que pasarme los próximos diez años de mi vida sobrevolando el Atlántico a no se cuantos metros de altura no nos servirá de nada, excepto para pagar un montón de porquerías que no necesitamos y que no tendríamos si no viviéramos aquí, en la ciudad…
—Pero aquí, en la ciudad, es donde vivimos…
—Sí, así es… ¿Y el resultado? Examínalo tú misma: Vicky cree que la atamos; Nico se separa de nosotros sin ninguna dirección, y yo… ¡Empiezo a sentirme desconectado! Y…—, fijó durante unos segundos de silencio su mirada en María que tenía puesta en él toda su atención—. Y me enfado con mi familia y te grito a ti…

María se arrodilló sobre la cama, abrazando a su esposo por la espalda y dándole un beso en la mejilla.

—No sé… —, dijo en un tono muy suave—. Tal vez necesitemos unas vacaciones… Vacaciones en familia… Tranquilizarnos y resolver todo esto…
—¿Y luego qué? Cuando volvamos, cada uno por su lado, ¿de qué servirá? María, quiero volver a ser un padre y un marido… Necesitamos empezar de nuevo: un par de años más como éste y nuestra familia estará deshecha… Ayúdame en ello, ambos sentiremos el renacer de todo esto y volveremos a ser una familia…

 
Comentario:
Una historia realmente bien escrita. Consigues transmitir a la perfección toda la angustia que siente Carlos. Felicidades!!
 
Comentario:
Ufffff, no sé que decir.
Me ha gustado leerlo, por supuesto, pero es una de las historias que menos me han gustado de las que hay por aquí.

Bueno, ya ves que tienes varias "fans" (es que no me gusta nada nada esa palabra) que te leen atentamente y que reclaman la vuelta de Beto, así que ya sabes!!! Jajaja.

No sé qué más decir, un beso, ciao.
 
Comentario:
Es importante invertir nuestro tiempo de tal manera que se consiga lo mejor en ser feliz.

El reloj sigue su marcha... consigue lo máximo en el día: "Disfrutar con las personas que queremos."

Lo mejor es atesorar cada momento que vivimos y ese tesoro tendrá mucho más valor si lo compartimos con las personas que son especiales.

Dediquemos menos tiempo al trabajo y cosas que nos resten tiempo de lo realmente importa en la vida.

Un besazo.


 
Comentario:
Menos rollos y que vuelva Beto ya de una vez...
No