Molinos de viento
—No, Elizalde. Ya no quedan causas por las que luchar…
—¡No me digas eso! —, le respondí apenado.
—Es la verdad… ¡Mira cómo funciona el mundo!
—El panorama a nuestro alrededor es bastante desolador, no te lo discuto… Pero hay que seguir peleando por aquello en lo que uno cree.
—¡Tú, como siempre, sigues siendo igual de idealista! De verdad que me desesperas…
—¡Tú, como siempre, sigues siendo igual de realista! De verdad que no puedo contigo…
—La eterna lucha, Elizalde.
—Sí, así es. Eso no ha cambiado. Yo siempre tuve los sueños y tú siempre tuviste los proyectos… Mientras yo iba, paso a paso, construyendo el barco con el que soñaba hacerme a la mar, tú ibas paseando con tu flamante coche deportivo diciéndome que no podías ayudarme en mi barco porque tenías varias sartenes en el fuego… Lo que digo: tú los proyectos y yo los sueños.
—Y dices bien…
Ambos quedamos mirándonos fijamente a los ojos durante unos segundos; aunque estábamos en un bar, parecía como si un halo de silencio misterioso hubiera envuelto el tramo de la barra en el que ambos nos hallábamos… Esta atmósfera misteriosa fue rota cuando yo retomé mi jarra de cerveza para echar un trago, reanudando la conversación, a continuación, yo mismo:
—¿En qué andas metido ahora?
—En lo de siempre…
—¿Y cómo te va?
—Como siempre…
—¿Y qué perspectivas tienes?
—Seguir como hasta ahora…
—¿Alguna innovación o hecho novedoso en el horizonte?
—¡No!
—¡Vaya! ¡Qué triste, no?
—Que va, al contrario… Cuando algo marcha bien hay que evitar cambiarlo…
—Ya, ya… Te entiendo —, dije mientras con el rostro manifestaba una clara incomprensión —. ¡Vaya una conversación vacía que estamos manteniendo! —, exclamé por lo bajo, pero de forma que mi interlocutor pudiera oírme con claridad.
—¡Mira, Elizalde! No me intentes llevar a tu terreno, porque sabes que no veo las cosas como tú…
—A ver, yo no pretendo llevarte a ningún lado: tan solo hace mucho tiempo que no te veo y te pregunto, por curiosidad, cómo te van las cosas… A través de esas preguntas, lo que estoy viendo es que con el paso de los años, cada vez eres una persona que tiene menos ambiciones en la vida y menos ilusiones que materializar… Me da la impresión de que cada vez estás más vacío por dentro.
—¡Eso no es verdad! Sí que tengo alguna ilusión…
—¿Ah, sí? Dime, ¿cuál?
—Acabar de pagar la hipoteca de mi casa…
Fue inevitable que una gran pena invadiera mi rostro:
—¡Bendito sea Dios! Así nos va…
—¿Así nos va? ¿Y cómo te va a ti? ¿Te trata bien la vida? ¿Acaso tienes la vida resuelta? ¡No! Tienes que trabajar más de diez horas diarias, obra arriba y obra abajo, para poder pagar esa choza que te compraste y que, al paso que llevas, no conseguirás acabar de pagar antes de que te caigan los cuarenta y cinco. ¿Tienes amor? Sí, claro, tienes amor: tienes ese amor ideal y eterno con el que cuando eras más joven llenabas los poemas que les regalabas en cuartillas dobladas a las chicas en el colegio y que al final no te servían de nada, porque, a la hora de la verdad, ligabas lo mismo que yo… ¡Nada! Como ahora: soltero tú, soltero yo. Y dime… ¿Te trata bien la vida? Te trata como a todos, con una pequeña diferencia: en tu estúpido afán de ayudar a los demás, de entregarte a esas causas nobles en las que tú siempre has creído, a la hora de la verdad lo único que has encontrado ha sido soledad y golpes. Yo estoy solo, no tengo ningún problema en admitirlo, pero yo nunca me entregué a nada que no fuera de mi interés. Sin embargo, mírate: has de reconocer que tú, con todo lo que has hecho por la gente (y más por algunas personas en concreto), estás ahora tan solo como yo. A lo largo de la vida, personas con las que creías mantener cierta reciprocidad afectiva, te han decepcionado o te han ido dejando solo; has recibido bastantes más palos de los que esperabas, y sé que muchos de ellos han sido especialmente dolorosos, al proceder de flancos desde los que nunca imaginaste que te podrían atacar… ¿Qué es mejor, entonces? ¿Seguir empecinado en destruir los molinos de viento a golpe de lanza porque creemos que son gigantes, o callarnos y asumir que son molinos para seguir sembrando para nosotros mismos?
—No sé, tal vez tengas razón…
Mi viejo amigo consultó su reloj de pulsera y, al constatar que había llegado la hora de encaminarse a otros menesteres, procedió a abandonarme:
—Bueno, antes hablabas de proyectos… Vuelvo de nuevo, y que no sirva de precedente, a darte la razón. Tengo un proyecto bastante gordo y está al caer… Perdona que te deje así… Te permito que te emborraches… Mañana vendré y pagaré cuanto te hayas tomado. Cuídate, anda… Dentro de unos días te llamo y acabamos de hablar. Hasta luego...
Me quedé solo en la barra de aquel bar. He de reconocer que en ningún momento pensé en emborracharme, a pesar de lo que él me dijo. Sin embargo, sí es cierto que, palabra tras palabra, resonó dentro de mi cabeza su contundente discurso final, en especial la interrogación retórica con la que le puso término… «¿Qué es mejor: seguir empecinado en destruir los molinos de viento a golpe de lanza porque creemos que son gigantes o callarnos y asumir que son molinos para seguir sembrando para nosotros mismos?» Yo siempre he estado convencido de que son gigantes y no molinos; siempre he creído que con una vara de rama de oliva se puede reconstruir la lanza destruida, como renace el Ave Fénix de sus cenizas; y siempre he creído que no había caída lo suficientemente dura como para no volver a levantarme… Sin embargo, ahora mismo lo único que puedo decir es que el golpe que te asesta el aspa, movida por el viento, es tremendamente doloroso…

—¡No me digas eso! —, le respondí apenado.
—Es la verdad… ¡Mira cómo funciona el mundo!
—El panorama a nuestro alrededor es bastante desolador, no te lo discuto… Pero hay que seguir peleando por aquello en lo que uno cree.
—¡Tú, como siempre, sigues siendo igual de idealista! De verdad que me desesperas…
—¡Tú, como siempre, sigues siendo igual de realista! De verdad que no puedo contigo…
—La eterna lucha, Elizalde.
—Sí, así es. Eso no ha cambiado. Yo siempre tuve los sueños y tú siempre tuviste los proyectos… Mientras yo iba, paso a paso, construyendo el barco con el que soñaba hacerme a la mar, tú ibas paseando con tu flamante coche deportivo diciéndome que no podías ayudarme en mi barco porque tenías varias sartenes en el fuego… Lo que digo: tú los proyectos y yo los sueños.
—Y dices bien…
Ambos quedamos mirándonos fijamente a los ojos durante unos segundos; aunque estábamos en un bar, parecía como si un halo de silencio misterioso hubiera envuelto el tramo de la barra en el que ambos nos hallábamos… Esta atmósfera misteriosa fue rota cuando yo retomé mi jarra de cerveza para echar un trago, reanudando la conversación, a continuación, yo mismo:
—¿En qué andas metido ahora?
—En lo de siempre…
—¿Y cómo te va?
—Como siempre…
—¿Y qué perspectivas tienes?
—Seguir como hasta ahora…
—¿Alguna innovación o hecho novedoso en el horizonte?
—¡No!
—¡Vaya! ¡Qué triste, no?
—Que va, al contrario… Cuando algo marcha bien hay que evitar cambiarlo…
—Ya, ya… Te entiendo —, dije mientras con el rostro manifestaba una clara incomprensión —. ¡Vaya una conversación vacía que estamos manteniendo! —, exclamé por lo bajo, pero de forma que mi interlocutor pudiera oírme con claridad.
—¡Mira, Elizalde! No me intentes llevar a tu terreno, porque sabes que no veo las cosas como tú…
—A ver, yo no pretendo llevarte a ningún lado: tan solo hace mucho tiempo que no te veo y te pregunto, por curiosidad, cómo te van las cosas… A través de esas preguntas, lo que estoy viendo es que con el paso de los años, cada vez eres una persona que tiene menos ambiciones en la vida y menos ilusiones que materializar… Me da la impresión de que cada vez estás más vacío por dentro.
—¡Eso no es verdad! Sí que tengo alguna ilusión…
—¿Ah, sí? Dime, ¿cuál?
—Acabar de pagar la hipoteca de mi casa…
Fue inevitable que una gran pena invadiera mi rostro:
—¡Bendito sea Dios! Así nos va…
—¿Así nos va? ¿Y cómo te va a ti? ¿Te trata bien la vida? ¿Acaso tienes la vida resuelta? ¡No! Tienes que trabajar más de diez horas diarias, obra arriba y obra abajo, para poder pagar esa choza que te compraste y que, al paso que llevas, no conseguirás acabar de pagar antes de que te caigan los cuarenta y cinco. ¿Tienes amor? Sí, claro, tienes amor: tienes ese amor ideal y eterno con el que cuando eras más joven llenabas los poemas que les regalabas en cuartillas dobladas a las chicas en el colegio y que al final no te servían de nada, porque, a la hora de la verdad, ligabas lo mismo que yo… ¡Nada! Como ahora: soltero tú, soltero yo. Y dime… ¿Te trata bien la vida? Te trata como a todos, con una pequeña diferencia: en tu estúpido afán de ayudar a los demás, de entregarte a esas causas nobles en las que tú siempre has creído, a la hora de la verdad lo único que has encontrado ha sido soledad y golpes. Yo estoy solo, no tengo ningún problema en admitirlo, pero yo nunca me entregué a nada que no fuera de mi interés. Sin embargo, mírate: has de reconocer que tú, con todo lo que has hecho por la gente (y más por algunas personas en concreto), estás ahora tan solo como yo. A lo largo de la vida, personas con las que creías mantener cierta reciprocidad afectiva, te han decepcionado o te han ido dejando solo; has recibido bastantes más palos de los que esperabas, y sé que muchos de ellos han sido especialmente dolorosos, al proceder de flancos desde los que nunca imaginaste que te podrían atacar… ¿Qué es mejor, entonces? ¿Seguir empecinado en destruir los molinos de viento a golpe de lanza porque creemos que son gigantes, o callarnos y asumir que son molinos para seguir sembrando para nosotros mismos?
—No sé, tal vez tengas razón…
Mi viejo amigo consultó su reloj de pulsera y, al constatar que había llegado la hora de encaminarse a otros menesteres, procedió a abandonarme:
—Bueno, antes hablabas de proyectos… Vuelvo de nuevo, y que no sirva de precedente, a darte la razón. Tengo un proyecto bastante gordo y está al caer… Perdona que te deje así… Te permito que te emborraches… Mañana vendré y pagaré cuanto te hayas tomado. Cuídate, anda… Dentro de unos días te llamo y acabamos de hablar. Hasta luego...
Me quedé solo en la barra de aquel bar. He de reconocer que en ningún momento pensé en emborracharme, a pesar de lo que él me dijo. Sin embargo, sí es cierto que, palabra tras palabra, resonó dentro de mi cabeza su contundente discurso final, en especial la interrogación retórica con la que le puso término… «¿Qué es mejor: seguir empecinado en destruir los molinos de viento a golpe de lanza porque creemos que son gigantes o callarnos y asumir que son molinos para seguir sembrando para nosotros mismos?» Yo siempre he estado convencido de que son gigantes y no molinos; siempre he creído que con una vara de rama de oliva se puede reconstruir la lanza destruida, como renace el Ave Fénix de sus cenizas; y siempre he creído que no había caída lo suficientemente dura como para no volver a levantarme… Sin embargo, ahora mismo lo único que puedo decir es que el golpe que te asesta el aspa, movida por el viento, es tremendamente doloroso…

Comentario:
Es mejor seguir luchando contra los gigantes, por mucho daño que hagan las aspas cuando golpean, por mucho que cueste levantarse, por muchas decepciones que te lleves. Mejor luchar y luchar contra gigantes que aceptar que son molinos y rendirse.
Igualmente solo puede acabar quien acepte que son molinos y ni tan siquiera tendrá el consuelo de un corazón lleno de ilusión y de utopías.
Besos (y gracias por tu visita y por tus piropos)
Igualmente solo puede acabar quien acepte que son molinos y ni tan siquiera tendrá el consuelo de un corazón lleno de ilusión y de utopías.
Besos (y gracias por tu visita y por tus piropos)
Comentario:
Muchas Gracias por tus palabras y por esa hermosísima canción...
Lo importante es que no decaiga la ilusión, nunca, jamás, es lo que al fin y al cabo nos mantiene vivos.
Besitos.
Lo importante es que no decaiga la ilusión, nunca, jamás, es lo que al fin y al cabo nos mantiene vivos.
Besitos.
Comentario:
Genial ab. Sencillamente genial. Hay muchas veces que nos matamos a nosotros mismos sin darnos cuenta. Alguien sabio me dijo hace bastante tiempo que el hombre que vence a los demás es grande; y el que se vence a sí mismo es todopoderoso. Gracias.
Comentario:
...Tú eres más digna de vivir que yo".
Comentario:
Nunca imaginé que el asesinato fuera un crimen tan grave, y que fuera a lamentar tanto haberlo cometido. No sé qué se debe sentir cuando matas a otra persona, pero sí sé lo que es estrangularse a sí mismo, con tus propias manos.
Dios, ¿por qué me dejaste hacerlo? ¿Acaso merezco yo vivir más que aquella, ella, la joven del pasado, grandiosa, fuerte, idealista, bruja, con los ojos henchidos de visones, de magia y, en fin, de vida? ¿Cómo has podido permitir, Señor, tal aberración? ¡Que haya vencido yo, fragilidad, miedo, frialdad, vacío, muerte, sobre ella!.
No sólo me he traicionado a mí misma, me he asesinado a mí misma.
Dios, ésta es una confesión firmada y una plegaria. Te ruego que la resucites, para que ella pueda tomar venganza por su muerte y pisotearme, aplastarme y desangrarme hasta quitarme lo poco de vida que poseo. No importa que cuando ella en revancha me abra las venas, mi vacío se extienda por el mundo. Ella podía arreglarlo todo.
He pasado varios años sin sentir ningún remordimiento por mi crimen.
He visto muchos asesinatos de este tipo. Pero siempre eran unas personas las que se encargaban de matar a otras. Pero yo, antes de permitir que alguien lo hiciera por mí, decidí hacerlo yo misma. Qué fratricidio, Señor, qué suicidio. Manchar mis manos con mi propia sangre.
Pero como he dicho, no me arrepentí de mi acto repugnante. Tenía tanto miedo al dolor, a la decepción, al engaño, y ella (yo) estaba tan abocada a éstos... He cometido pecado de orgullo, Señor. No quería sufrir y morir a manos de otra persona y me dije: "Si he de sufrir y morir, si mis sueños se van a derretir y si mi alma se ha de enfriar, que sea por mi causa. Que yo misma me mate. No quiero que cualquier persona vil tenga el honor de acabar con mi vida". Cogí su cuello inmaculado entre mis manos. Ella me miraba desafiante, valiente, como siempre. Comencé a apretar los dedos. Las marcas que le quedaron eran fascinantes, violetas, muy hermosas, pero pronto comenzaron a ser de un negro profundo, como presagiando el vacío que me aguardaba. Ella no se movió ni un instante, no me pegó, no pataleó, no se resistió a la muerte. Al fin y al cabo ese era su destino, morir, tarde o temprano. Los idealistas no tienen futuro. Pero me miraba fijamente. Sus ojos brillaban, pero poco a poco, mientras iba perdiendo la respiración, el brillo se desvanecía. Hasta que sus ojos quedaron oscuros y sin alma, vacíos. Con los dedos doloridos por el esfuerzo, me levanté y dejé su cadáver en el suelo. Me miré al espejo, y vi que yo ahora tenía esos ojos. No los brillantes, sino los vacíos.
¡Y qué satisfecha me sentí, señor! Ya nadie me podía hacer daño porque ya no amaba a nadie. Ya nada me podía decepcionar porque ya no creía en nada. Era más feliz.
Soy más feliz, y estoy más muerta.
¡Qué años tan altivos he pasado desde entonces! Qué orgullosa, que indiferente, que invulnerable (no se puede herir al vacío). Y me reía porque, además, no iba a cumplir ninguna condena por mi crimen. Apenas había testigos. Y los que hubo, creyeron que otros la habían matado.
Señor, olvidé tu inteligencia.
Ahora, estas noches de verano en las que no has tenido la delicadeza de enviarme las tormentas que tanto me reconfortan, ella se me ha aparecido en sueños. Me miraba desde lo alto. En realidad no sé desde dónde, pero ella estaba más alta que yo. Me sentí como una hormiga. No, no quiero insultar a las hormigas. ¡Me sentí tan llena de Nada!. Y al verla a ella tan viva, tan radiante, tan caliente, tan llena de todo... Me arrodillé, Señor, a sus pies. "Mátame" - le dije - "Véngate. Pero antes, déjame volver a sentir un poco de tu vida, sólo un minuto de tus pasiones y tus sueños, sólo un segundo tus ideales y un poco de dolor. Qué ignorante he sido al querer huir del dolor. El dolor es hermoso, pues forma parte de la vida. Toma tu revancha, estrangúlame. No sentiré ningún daño, pues ya estoy muerta. Tú er
Comentario:
La realidad supera la ficción, y no es que lo diga yo...
Ánimo y mucha fuerza.
Un besín.
Ánimo y mucha fuerza.
Un besín.
Comentario:
me guste o no , yo siempre veo la botella medio vacía ..aunque no pierdo las esperanzas de que algo cambie y entoences ese hecho no importe en absoluto .. pero , me paraece absurdo discutir estas cosas ... son tan evidentes que me producen un gran tedio.... un saludo
Comentario:
A veces las cosas más reales, son aquellas que nunca llegan a pasar. Aquellas que sólo existen en nuestra imaginación.
Tu "amigo" no se va a llevar su casa a la tumba, pero tú tampoco te llevarás la hipoteca de la misma... En cambio, quizás sí que te lleves tus sueños...
Tu "amigo" no se va a llevar su casa a la tumba, pero tú tampoco te llevarás la hipoteca de la misma... En cambio, quizás sí que te lleves tus sueños...
Comentario:
Habrán algunas personas que quieran alejarte de tus sueños, que quieran desanimarte en tu camino, que no te comprendan..., pero ¿qué saben ellos de tu misterio?
Es a tí a quien corresponde expresarlo
plenamente,con todas las fuerzas de tu amor.
Me encanta si eres idealista, soñador..!
ADELANTE!...
Totalmente de acuerdo que la frase : "siempre hay que arriesgarse a amar, nunca se pierde..." Es discutible.Es un sentimiento de mi corazón, no fácil de comprender..
Un besazo! Y gracias, por los sentimientos que expresas en tu blog, y con los que podemos enriquecernos!
Es a tí a quien corresponde expresarlo
plenamente,con todas las fuerzas de tu amor.
Me encanta si eres idealista, soñador..!
ADELANTE!...
Totalmente de acuerdo que la frase : "siempre hay que arriesgarse a amar, nunca se pierde..." Es discutible.Es un sentimiento de mi corazón, no fácil de comprender..
Un besazo! Y gracias, por los sentimientos que expresas en tu blog, y con los que podemos enriquecernos!
Comentario:
Siempre que nos venimos abajo hay una parte de nostros, la débil, que se antoja en que no levantemos cabeza, en undirnos aún más en el pozo en el que nos hemos caido, en hacernos ver que no hay sentido alguno ni esperanza. La otra parte, la fuerte, es la que debe prevalecer; la que piensa que los buenos momentos están por llegar, la que mantiene la ilusión y la sonrisa y la que lucha por seguir adelante, enfrentándose a gigantes, molinos o a lo que sea.
Este post me recuerda al rifirrafe que tienen el angelito bueno y el angelito malo.
Estoy segura de que finalmente el bueno se saldrá con la suya.
Un beso.
Este post me recuerda al rifirrafe que tienen el angelito bueno y el angelito malo.
Estoy segura de que finalmente el bueno se saldrá con la suya.
Un beso.
Comentario:
La conversación de dos amigos que con el paso del tiempo se vuelven a encontrar... Por lo menos habéis sido sinceros el uno con el otro. Los sueños y las metas son necesarios para seguir vivo, de lo contrario te sumes en una rutina sin sentido, te aburre tu vida y se convierte en vida vacia. Sigue soñando.
Besitos!
Besitos!
Comentario:
Gran dilema, sin lugar a dudas.
Cada vez está todo más y más difícil: encontrar un trabajo, una vivienda digna, sin embargo es importante que también haya personas idealistas, que crean que todavía se puede cambiar algo... no sería bueno sino hubiera gente así.
Quizá te hayas dado cuenta de que en realidad estás ante molinos y no gigantes, pero por más dura que sea la caída, SIEMPRE, SIEMPR HAY QUE LEVANTARSE.
Mucho ánimo, un beso.
Cada vez está todo más y más difícil: encontrar un trabajo, una vivienda digna, sin embargo es importante que también haya personas idealistas, que crean que todavía se puede cambiar algo... no sería bueno sino hubiera gente así.
Quizá te hayas dado cuenta de que en realidad estás ante molinos y no gigantes, pero por más dura que sea la caída, SIEMPRE, SIEMPR HAY QUE LEVANTARSE.
Mucho ánimo, un beso.





