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Ave Fénix
Reflexiones, meditaciones, absurdeces y cuantas cosas se pueden compartir con palabras
Acerca de
Hace ya tiempo creé este blog para verter en él reflexiones, historias y enlaces que pudieran ser interesantes y que nos ayudaran a cuantos visitamos este sitio en nuestro quehacer diario. No sé si decir que esto es un éxito, pero sí puedo decir que es algo que cada vez forma más parte de mi y, aunque sigo estando bastante ocupado, mantengo mi promesa de intentar actualizar el blog con frecuencia, para que no cesen de aparecer en él cosas nuevas que puedan ser de utilidad y hagan del blog un lugar dinámico e interesante, digno de ser visitado.
Sindicación
 
Noche de karaoke
Hace unos días estuve en un karaoke. No salí a cantar porque las personas que me acompañaban no me lo permitieron: no entraré a valorar las razones que esgrimían para no permitirme salir, porque no vienen al caso para lo que aquí quiero transmitir, pero si a alguien le interesan con mucho gusto se las enumeraré.

Dado que, como he dicho, no me dejaron salir a cantar a mí, tomé asiento junto a mis acompañantes, pedimos una serie de copas, y nos acomodamos para ver el desfile de amagos de cantantes que estaba teniendo lugar. La noche transcurría entre la risa y el desafino, cuando la organizadora llamó a un nuevo cantante para que interpretara un tema. Recuerdo su tono de voz jovial mientras anunciaba:

—¡Miguel! Va a cantarnos “La Carta”, de Héroes del Silencio.

Miguel era un chico de figura no muy atlética, metro ochenta y cinco y un par de kilillos de sobra; pelo atezado y bastante corto; ojos de azabache, barbilla ondulada y bien afeitado. Yo conocía a Miguel. Miguel es la típica persona que vive no muy lejos de donde yo vivo y con la que me cruzo a menudo por la calle, pero con la que nunca he llegado a compartir más que un escueto “buenos días”. Allí estaba él, dispuesto a deleitarnos. Miguel empezó a cantar:

No hace mucho que leí tu carta,
y, sin fuerzas para contestar,
mil pedazos al viento nos separarán.
Pondré casa en un país
lejano para olvidar
este miedo hacia ti, este miedo hacia ti.

Y no hace mucho que rompí
tu recuerdo pensando
acabar de una vez.
Pero el tiempo y la distancia
no son todo para mí:
siempre hay algo que me hace volver.
Siempre he escuchado, y ya no te creo
¿por qué no te entiendo?
¿Por qué estas tan lejos?
Siempre he escuchado, y ya no te creo:
¿por qué no te entiendo?
¿por qué estas tan lejos?

Sé que siempre he sido así
y que no tengo remedio,
ni lo quiero tener.
Pero ni el miedo ni tu cartas
lo son todo para mi;
quizás, otra vez, te echaré la culpa a ti.
Siempre he escuchado, y ya no te creo
¿por qué no te entiendo?
¿Por qué estas tan lejos?
Siempre he escuchado, y ya no te creo:
¿por qué no te entiendo?
¿Por qué estas tan lejos?

No lo hizo mal. Varias personas nos levantamos a aplaudirle: yo me levanté instintivamente, ya que la canción de “La Carta” es una de mis favoritas. Es más, la fui cantando en voz baja a la vez que Miguel. Pero sí que me sorprendió una cosa: Miguel no tenía una voz de cantante profesional, es cierto, pero el sentimiento que yo creí sentir al poder escuchar su voz entonando esta canción me pareció tan arrebatador y emotivo, que no parecía propio de quien se sube a cantar una canción cualquiera con el fin de pasar un buen rato.

Miguel acabó de cantar. Pude ver cómo frotaba sus ojos con suavidad, con los dedos índice y pulgar de su mano izquierda, agachando la cabeza. Una de sus acompañantes, que estaba sentada en la mesa donde se había acomodado su grupo de amigos, se aproximó a él: por los gestos deduje que se interesaba por su estado, ya que por la forma de tocarse los ojos, parecía que se enjuagaba unas lágrimas. Miguel respondió, sin levantar la cabeza, señalando hacia el techo con su dedo índice, justo hacia donde estaban los focos. «No lloro, son los focos», debía decirle. La chica, que por cierto estaba de muy buen ver, volvió hacia su asiento. He de decir que si, en verdad, Miguel lloraba, no era para sorprenderse… No pude reparar más, en aquel momento, en esos detalles, ya que la animadora nos habló de nuevo:

—¡Miguel va a cantarnos otra canción! Así que, Miguel, permanece en el escenario… ¡Música, maestro! Miguel nos cantará ahora “La Distancia” de Roberto Carlos.

Entre los suaves aplausos de acogida ante el nuevo tema, alguien en mi mesa hizo el chiste malo de decir que ése juega muy bien al fútbol, pero yo ignoré tal detalle; sentía curiosidad por el cambio de música tan radical que iba a hacer el chico: Miguel pasaba de la fuerza interpretativa del rock de Héroes a la sencillez romántica, para algunos cargante, de Roberto Carlos. No dejaba de pensar que las canciones que uno canta en un karaoke las elige libremente, por tanto él mismo, Miguel, era quien había decidido cantar esas canciones: ¿a qué podía responder esto?

Cavilaba en tal embroño, cuando Miguel empezó a cantar:

Nunca mas oíste tu hablar de mi,
en cambio yo seguí pensando en ti.
De toda esa nostalgia que quedó,
tanto tiempo ya pasó y nunca te olvidé.
¡Cuántas veces yo pensé volver
y decir que de mi amor nada cambio,
pero mi silencio fue mayor
y en la distancia muero,
día a día, sin saberlo tú!

El resto de ése, nuestro amor, quedó
muy lejos, olvidado para ti.
Viviendo en el pasado aún estoy:
aunque todo ya cambio,
sé que no te olvidare.
¡Cuántas veces yo pensé volver
y decir que de mi amor nada cambio,
pero mi silencio fue mayor
y en la distancia muero,
día a día, sin saberlo tú!

Pensé dejar de amarte una vez,
fue algo tan difícil para mi…
Si alguna vez, mi amor, piensas en mi
ten presente al recordar
que nunca te olvidé…
¡Cuántas veces yo pensé volver…

Miguel no acabó la canción. Su tono de voz se fue agravando considerablemente conforme avanzaba el tema, mientras sus ojos se humedecían a ojos vista. Llegado a este punto de la canción, Miguel tiró el micrófono al suelo y salió de la estancia, cruzando la sala a todo correr.

Como ya he dicho, yo, en realidad, no conozco a Miguel más que de vista; pero, gracias a lo que vi en él sobre aquel escenario, sí conozco la clase de persona que es ella, esa mujer a la que él aquella noche le cantaba. Tú, mujer, dondequiera que te encuentres y con quienquiera que estés, recibe mi total desprecio…
 
Comentario:
Me ha gustado mucho la historia. La música a veces nos hace sentir más que cualquier conversación.
 
Comentario:
Cuento de la vaca

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Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar.

Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas, también de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes, una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado.

Entonces se aproximo al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: -En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿Cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?

El señor calmadamente respondió: -Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, manteca, etc.., para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo.

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue.

En el medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó: -Busque la vaquita, llévela al precipicio de allí en frente y empújela al barranco.

El joven vio al maestro con espanto y le cuestionó el hecho. Sobre todo porque la vaquita era el único medio de subsistencia de esa familia. Mas como percibió el silencio absoluto del maestro, cumplió temeroso la orden y empujó la vaquita por el precipicio, viéndola morir.
Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante algunos años.

Un día, el joven resolvió dejar a su maestro y regresar a aquel lugar para contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos.

Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con un automóvil en el garaje de tremenda casa y algunos niños jugando en el jardín.

El joven se sintió triste y desesperado, imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático, el joven preguntó por la familia que vivía ahí hace unos cuatro años, el señor respondió que seguían viviendo ahí.

Consternado, el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hace algunos años con el maestro.

Elogió el lugar y le preguntó al señor: - ¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar la vida?
El señor entusiasmado le respondió: nosotros teníamos una vaquita, pero un día se cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos.
Así, alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora...
Todos nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra supervivencia, la cual es una convivencia con la rutina.

NOS HACE DEPENDIENTES Y NUESTRO MUNDO SE REDUCE A LO QUE LA VAQUITA PRODUCE.

Descubre cual es tu vaquita y empújala por el precipicio...

 
Comentario:
La música tiene una capacidad impresionante para arrancarnos escalofríos, sensaciones, lágrimas...
Es oxígeno puro y duro.

Bonito post.

Kissxxx
 
Comentario:
Para mí lo despreciable sería tener a alguien a mi lado que no lo hiciera por amor...
 
Comentario:
Igual que no podemos elegir a quién amamos, no podemos obligar a que nos amen.
 
Comentario:
A mi me ocurrio lo mismo... en un concierto delante de unas 500 personas...
Se amargan tus labios, la garganta y se estrecha tu estomago... la voz no sale, y las lagrimas intentan calmar el alma...

Un Saludo!

Gracias por tu visita a mi blog, te seguiré leyendo!!
 
Comentario:
hola,
muchas gracias por tus palabras en mi blog, que tambien me han permitido descubrir el tuyo.
Escribes unas historias muy buenas para reflexionar, o solo para disfrutarlas.

Gracias de nuevo, y un abrazo.
 
Comentario:
Qué lástima cuando derrochas el amor en quien no lo merece.

Besos
 
Comentario:
Las letras de muchas canciones son sin duda pedacitos de nuestra vida. Expresan de una forma tan real los sentimientos que las podíamos haber escrito cualquiera de nosotros. Cada canción es una historia, con final feliz o triste, pero es la vida misma al fin y al cabo.

Muchas gracias por tus palabras, créeme si te digo que me hacen sonrojar, y por dedicar tiempo a visitar mi blog. Lo aprecio y valoro mucho. El tiempo, ese bien tan preciado y escaso... ¿verdad?

Como siempre, un escrito sublime y profundo. Me gusta leer tus post con calma, me hacen pensar y reflexionar sobre la vida, el amor, el desamor...

Suerte con los exámenes que te quedan.

Muchos Besos.
No