El Cuaderno de Beto VI: “Ligero retroceso en esos primeros pasos para empezar a superarlo”
Gracias, una vez más, por esperar
Llevo mucho tiempo sin escribir… Lo sé. No he escrito porque no podía, no he escrito porque no me salían las palabras, porque tomaba el bolígrafo y mi mano derecha no era capaz de juntar de forma coherente más de dos palabras. Me sentía totalmente incapaz de transmitir nada… Por eso, mi cuaderno ha estado prácticamente abandonado. Dos de estas últimas noches, dado que no podía dormir, me he estado leyendo. He estado leyendo las páginas atrasadas de mi propio cuaderno y, tras reflexionar detenidamente, me he dado cuenta de que, en el fondo, me estoy engañando a mi mismo. Susana no va a volver conmigo, eso lo sé; ya lo he asumido. Sí, sí: ya lo he asumido. Pero durante este tiempo me he estado autoengañando, quizás por evitarme a mi mismo más daño, por no causarme a mi mismo un mayor sufrimiento. A lo largo de los escritos que he ido dejando en mi cuaderno, he hablado en varias ocasiones de cómo, hace unos meses, Susana y yo paseábamos nuestro amor por las calles del pueblo: ¡eso es falso! ¡Eso es mentira! Ella casi nunca tomó mi mano para dar un paseo, casi nunca fue capaz de besar mis labios en un lugar en el que no tuviera la certeza de que estábamos solos; casi nunca fue capaz de regalarme un abrazo o una muestra de afecto similar delante de algún conocido nuestro… Quizás eso me duele más: ahora sí pasea con Eusebio de la mano, ahora se abrazan en público, se besan, incluso se echan fotos juntos y luego se las enseñan a mis allegados… ¡Conmigo nunca hizo eso! Quizás esa diferencia de trato acrecienta mi dolor…
Hoy me han venido a la mente la rosa y la margarita… ¿Te acuerdas, Susana? Seguro que no, por eso me voy a permitir dejar aquí constancia escrita de aquello…
La rosa era una rosa roja, hermosa, brillante, robusta y sin espinas; sin espinas porque alguien se tomó la molestia de cortárselas para que, tus suaves manos, no corrieran el riesgo de arañarse a causa de aquella hermosa flor. Aquella rosa te la regalé una noche que pasamos juntos… Acuérdate: era invierno y estábamos hablando tú y yo, sentados a cubierto; una pobre anciana enlutada pasó junto a nosotros, con sus decrépitas manos cargadas de rosas. Nos enseñó todas las flores que llevaba y, a pesar de tu gesto de desprecio hacia la desdichada octogenaria, yo quise coger una de aquellas rosas para ti. Cuando te la di, sonreíste; y, tras haber mirado detenidamente a nuestro alrededor, me diste un beso. Fue un simple beso en la mejilla… Te aseguro que no era el beso que yo más deseaba en aquel momento que me dieras, pero en cierta forma me dio igual, porque era un beso tuyo y eso es lo que para mi potenciaba el valor del gesto, frente al beso que cualquier otra persona del mundo pudiera darme… Tú te quedaste con aquella rosa y, delante mía, empezaste a jugar y jugar con ella… Digo “jugar” por ser sutil, porque lo cierto es que, cuando al acabar aquella noche yo te acompañé a tu casa para irte a dormir, ya no llevabas la rosa contigo: la habías destrozado. La rompiste, poco a poco, en trozos: primero le quitaste las hojas del tallo, luego le arrancaste el tallo, después quitaste las hojas que, en su momento, protegían el capullo y finalmente fuiste arrancando los pétalos uno a uno… Fue cuestión de un par de horas…
La margarita… ¡Sí! La margarita… La margarita era tu flor favorita. Digo que era porque me consta que, desde que estás con ése, alguno de tus gustos ha cambiado. Y, como era tu flor favorita, una noche que parecías estar algo triste, quise sorprenderte colocándote una margarita sobre tu suave oreja. Fue en aquella explanada tan especial para nosotros, en aquel pueblo tan nuestro junto al mar… ¡No sabes lo que me costó encontrar aquella noche de verano una margarita! Pero la encontré… Estaba en una propiedad privada a la que tuve que acceder; pero era una margarita robusta, joven, con unos pétalos blancos como la nieve, que parecían tener un tacto suave y dulce… ¡Sí! Encontré la margarita y, como un niño que había encontrado algo preciado en el parque y corría a enseñárselo a su abuelo, fui a sorprenderte por la espalda, colocándote la margarita en la oreja derecha, retirando tu sedosa cabellera rubia. Te asustaste un poco, pero el susto se tornó en tranquilidad cuando me viste a mí y en alegría al ver la margarita… La explanada estaba llena de gente y tú tan solo supiste regalarme un “¡gracias, mi niño!”. Seguidamente, arrancaste el tallo de la margarita, quedándote con un ligero rabillo que te permitiera empezar, con tus dedos, a darle vueltas y vueltas a la margarita… De tantas vueltas que le diste, el corazón empezó a dejar caer los pétalos al suelo. Pasado un rato, los cuatro o cinco pétalos que quedaban los arrancaste y los tiraste al suelo… Así, la margarita, mi regalo, acabó la noche como la rosa que meses antes te había regalado…

El destino de esas dos flores, a la postre, ha sido tremendamente revelador. Yo, que siempre he creído que la vida va dejando mensajes a través de las cosas que pasan para que cada uno actúe en consecuencia, no supe ver lo que en realidad significaba el trato que aquellas flores, regaladas con todo mi amor, habían recibido. Creía que nuestro amor era como aquella rosa: fuerte, apasionado, perenne… Ahora me doy cuenta de que en realidad yo estaba levitando, y por eso no veía lo que había detrás de todo aquello: la rosa era frágil y caduca. Mi espíritu (devoto de ti, admirador de tu hermosura, sirviente de tu alma), poco a poco fue sintiendo como sus miembros se iban cercenando, como le ocurriera a la rosa; el tiempo me demostró que, durante una temporada, con mentiras, excusas y silencios, se me estuvo mareando, como a la margarita… Hasta que, al final, cuando la vida me enfrentó con la realidad desnuda, se me clavó la daga en el corazón que tanto me hirió, como cuando a ambas flores ella le arrancó sus últimos pétalos. Ahora que estoy intentando arrancarme aquella daga, siento que la vida se me va con ella… Veo muchas veces en sueños la rosa, con el mismo fulgor que tenía aquella noche, pero carece de tallo y se me muestra levitando, en el cielo, de una forma que soy incapaz de tocarla… ¡Yo me quiero morir!
Llevo mucho tiempo sin escribir… Lo sé. No he escrito porque no podía, no he escrito porque no me salían las palabras, porque tomaba el bolígrafo y mi mano derecha no era capaz de juntar de forma coherente más de dos palabras. Me sentía totalmente incapaz de transmitir nada… Por eso, mi cuaderno ha estado prácticamente abandonado. Dos de estas últimas noches, dado que no podía dormir, me he estado leyendo. He estado leyendo las páginas atrasadas de mi propio cuaderno y, tras reflexionar detenidamente, me he dado cuenta de que, en el fondo, me estoy engañando a mi mismo. Susana no va a volver conmigo, eso lo sé; ya lo he asumido. Sí, sí: ya lo he asumido. Pero durante este tiempo me he estado autoengañando, quizás por evitarme a mi mismo más daño, por no causarme a mi mismo un mayor sufrimiento. A lo largo de los escritos que he ido dejando en mi cuaderno, he hablado en varias ocasiones de cómo, hace unos meses, Susana y yo paseábamos nuestro amor por las calles del pueblo: ¡eso es falso! ¡Eso es mentira! Ella casi nunca tomó mi mano para dar un paseo, casi nunca fue capaz de besar mis labios en un lugar en el que no tuviera la certeza de que estábamos solos; casi nunca fue capaz de regalarme un abrazo o una muestra de afecto similar delante de algún conocido nuestro… Quizás eso me duele más: ahora sí pasea con Eusebio de la mano, ahora se abrazan en público, se besan, incluso se echan fotos juntos y luego se las enseñan a mis allegados… ¡Conmigo nunca hizo eso! Quizás esa diferencia de trato acrecienta mi dolor…
Hoy me han venido a la mente la rosa y la margarita… ¿Te acuerdas, Susana? Seguro que no, por eso me voy a permitir dejar aquí constancia escrita de aquello…
La rosa era una rosa roja, hermosa, brillante, robusta y sin espinas; sin espinas porque alguien se tomó la molestia de cortárselas para que, tus suaves manos, no corrieran el riesgo de arañarse a causa de aquella hermosa flor. Aquella rosa te la regalé una noche que pasamos juntos… Acuérdate: era invierno y estábamos hablando tú y yo, sentados a cubierto; una pobre anciana enlutada pasó junto a nosotros, con sus decrépitas manos cargadas de rosas. Nos enseñó todas las flores que llevaba y, a pesar de tu gesto de desprecio hacia la desdichada octogenaria, yo quise coger una de aquellas rosas para ti. Cuando te la di, sonreíste; y, tras haber mirado detenidamente a nuestro alrededor, me diste un beso. Fue un simple beso en la mejilla… Te aseguro que no era el beso que yo más deseaba en aquel momento que me dieras, pero en cierta forma me dio igual, porque era un beso tuyo y eso es lo que para mi potenciaba el valor del gesto, frente al beso que cualquier otra persona del mundo pudiera darme… Tú te quedaste con aquella rosa y, delante mía, empezaste a jugar y jugar con ella… Digo “jugar” por ser sutil, porque lo cierto es que, cuando al acabar aquella noche yo te acompañé a tu casa para irte a dormir, ya no llevabas la rosa contigo: la habías destrozado. La rompiste, poco a poco, en trozos: primero le quitaste las hojas del tallo, luego le arrancaste el tallo, después quitaste las hojas que, en su momento, protegían el capullo y finalmente fuiste arrancando los pétalos uno a uno… Fue cuestión de un par de horas…
La margarita… ¡Sí! La margarita… La margarita era tu flor favorita. Digo que era porque me consta que, desde que estás con ése, alguno de tus gustos ha cambiado. Y, como era tu flor favorita, una noche que parecías estar algo triste, quise sorprenderte colocándote una margarita sobre tu suave oreja. Fue en aquella explanada tan especial para nosotros, en aquel pueblo tan nuestro junto al mar… ¡No sabes lo que me costó encontrar aquella noche de verano una margarita! Pero la encontré… Estaba en una propiedad privada a la que tuve que acceder; pero era una margarita robusta, joven, con unos pétalos blancos como la nieve, que parecían tener un tacto suave y dulce… ¡Sí! Encontré la margarita y, como un niño que había encontrado algo preciado en el parque y corría a enseñárselo a su abuelo, fui a sorprenderte por la espalda, colocándote la margarita en la oreja derecha, retirando tu sedosa cabellera rubia. Te asustaste un poco, pero el susto se tornó en tranquilidad cuando me viste a mí y en alegría al ver la margarita… La explanada estaba llena de gente y tú tan solo supiste regalarme un “¡gracias, mi niño!”. Seguidamente, arrancaste el tallo de la margarita, quedándote con un ligero rabillo que te permitiera empezar, con tus dedos, a darle vueltas y vueltas a la margarita… De tantas vueltas que le diste, el corazón empezó a dejar caer los pétalos al suelo. Pasado un rato, los cuatro o cinco pétalos que quedaban los arrancaste y los tiraste al suelo… Así, la margarita, mi regalo, acabó la noche como la rosa que meses antes te había regalado…

El destino de esas dos flores, a la postre, ha sido tremendamente revelador. Yo, que siempre he creído que la vida va dejando mensajes a través de las cosas que pasan para que cada uno actúe en consecuencia, no supe ver lo que en realidad significaba el trato que aquellas flores, regaladas con todo mi amor, habían recibido. Creía que nuestro amor era como aquella rosa: fuerte, apasionado, perenne… Ahora me doy cuenta de que en realidad yo estaba levitando, y por eso no veía lo que había detrás de todo aquello: la rosa era frágil y caduca. Mi espíritu (devoto de ti, admirador de tu hermosura, sirviente de tu alma), poco a poco fue sintiendo como sus miembros se iban cercenando, como le ocurriera a la rosa; el tiempo me demostró que, durante una temporada, con mentiras, excusas y silencios, se me estuvo mareando, como a la margarita… Hasta que, al final, cuando la vida me enfrentó con la realidad desnuda, se me clavó la daga en el corazón que tanto me hirió, como cuando a ambas flores ella le arrancó sus últimos pétalos. Ahora que estoy intentando arrancarme aquella daga, siento que la vida se me va con ella… Veo muchas veces en sueños la rosa, con el mismo fulgor que tenía aquella noche, pero carece de tallo y se me muestra levitando, en el cielo, de una forma que soy incapaz de tocarla… ¡Yo me quiero morir!
Comentario:
hola para todos mis amios.
Comentario:
hola para todos mis amios.
Comentario:
Siento que te hayan hecho tanto daño. Hay gente que no sabe valorar lo que tiene.
Comentario:
Gracias a todos por vuestras aportaciones: a Servet, a Mar, a Monica, a ab, a Yaz, a Nekki y a Maktub... Y gracias por los consejos que me habeis dejado, especialmente aquéllos que atraviesan un momento difícil para dar consejos (ánimo Nekki)...
Comentario:
Y es que a veces es demasiado difícil dejar ciertas cosas atrás...
Pero hay que soltar las cadenas para que no pesen, por mucho que te cueste.
Mil besos. No dejes de sonreir y no te mueras. Nunca.
Kissxx
Pero hay que soltar las cadenas para que no pesen, por mucho que te cueste.
Mil besos. No dejes de sonreir y no te mueras. Nunca.
Kissxx
Comentario:
Creo que no estoy en condiciones de aconsejar nada, comprendo perfectamente a lo que te refieres...pero las rosas y las flores en general, se marchitan al poco tiempo, por desgracia...
Saludos y muchas gracias por pasarte por mi blog!
Chaolin!
Saludos y muchas gracias por pasarte por mi blog!
Chaolin!
Comentario:
Hola! agradeco la visita y claro tambien el comentario...
la historia me ha encantado... tienes una forma de escribir que yo deje hace mucho tiempo...
no me gusta dar palabras de animo sin embargo y si de algo sirve... estoy a la orden... nunca se sabe cuando puedas necesitar a una extraña para poder decir lo que sientes sin problemas...
mil besos!
Chao. por cierto bienvenido al blog...
la historia me ha encantado... tienes una forma de escribir que yo deje hace mucho tiempo...
no me gusta dar palabras de animo sin embargo y si de algo sirve... estoy a la orden... nunca se sabe cuando puedas necesitar a una extraña para poder decir lo que sientes sin problemas...
mil besos!
Chao. por cierto bienvenido al blog...
Comentario:
Animo. Hay más flores en el jardín.
Besitos.
Besitos.
Comentario:
Escribes tan bien esos sentimientos que por ello pensamos que te salen de dentro. Recuerdo cuando él no quería que le besara en público. Siempre hay gestos que nos indican la medida en que nos aman, pero no queremos verlos.
Comentario:
Ay, Elizaldito (yo sí te llamo como te gusta, eh? Bueno, Elizalde, ejem, perdón). Te dejo aquí una canción que sé que te encanta. Es que no sé si te has dado cuenta pero te viene que niquelaa:
Cuántos golpes, cuánta sed
cuánto aguante he de tener
sigo o no, o tú o yo
todo nace y muere.
Cuánto insulto cuánta fe
cuánto más he de caer
es mejor así
todo nace y muere.
Da igual, da igual (yeh)
Da igual, da igual
Eso igual da
No hay nada
Que perder
No hay nada
No hay nada que perder
Cuánto ansia de poder
cuánto asunto a resolver
corta el rollo o tu o yo
todo nace y muere
Cuántas penas cuánto mal
cuánto intento y sigue igual
es mejor así
todo nace y muere
Para los que no lo sepan, la canción es de Amistades Peligrosas.
Un abrazo
Cuántos golpes, cuánta sed
cuánto aguante he de tener
sigo o no, o tú o yo
todo nace y muere.
Cuánto insulto cuánta fe
cuánto más he de caer
es mejor así
todo nace y muere.
Da igual, da igual (yeh)
Da igual, da igual
Eso igual da
No hay nada
Que perder
No hay nada
No hay nada que perder
Cuánto ansia de poder
cuánto asunto a resolver
corta el rollo o tu o yo
todo nace y muere
Cuántas penas cuánto mal
cuánto intento y sigue igual
es mejor así
todo nace y muere
Para los que no lo sepan, la canción es de Amistades Peligrosas.
Un abrazo
Comentario:
Queridos todos:
¡Qué raro se me hace que se me llame por aquí con mi verdadero nombre! En fin, pequeño precio a pagar... Hay una cosa que me ha sorprendido de los tres comentarios que se me han dejado: parece haber por parte de quienes me leéis una identificación directa Beto-Elizalde que, francamente, no sé como interpretarla: no sé si es porque están bien expresados los sentimientos y ese relato en primera persona hace pensar que pueda estar hablando de mi mismo, o si hay algún error en el relato que pueda incitar a pensar que eso sea así… Lo cierto es que los tres habéis acabado dirigiéndome a mi los consejos a propósito del último texto de Beto… Por partes, responderé:
1. Anónima (invitado): no está, por desgracia, en nuestra mano elegir de quién nos enamoramos, sobre todo si nos atenemos a nuestros sentimientos. Todos, alguna vez, nos hemos enamorado de un cuerpo, pero eso no es amor… Quizá por esto el amor es tan complicado…
2. Skezente: en primer lugar, gracias por visitar mi blog; te corresponderé, no lo dudes. Sé bienvenido… Y respecto a tu comentario, no es tópico lo que dices de que «se supera aguantando el tirón». Eso es la vida en sí… Alguien, hace algo más de un siglo, dijo, aunque le tomaron por loco, una frase cargada de sinceridad: “lo que no me mata, me hace más fuerte”, y así es… Y sí, todos nos engañamos, porque el horizonte está en los ojos y no en la realidad.
3. Natalie… ¿qué te puedo decir yo a ti, que tú no sepas? Solo tu nombre, para mi, lo dice todo, Natalie. Como siempre, tus palabras están cargadas de razón: el dolor aminora y relativiza las cosas; lo que en un momento puede parecer de vida o muerte, minutos después puede haber perdido su valor por completo… Si ya lo decía d’Alembert: tal es la miseria humana, que el dolor es su sentimiento más vivo. Gracias siempre, Natalie.
¡Qué raro se me hace que se me llame por aquí con mi verdadero nombre! En fin, pequeño precio a pagar... Hay una cosa que me ha sorprendido de los tres comentarios que se me han dejado: parece haber por parte de quienes me leéis una identificación directa Beto-Elizalde que, francamente, no sé como interpretarla: no sé si es porque están bien expresados los sentimientos y ese relato en primera persona hace pensar que pueda estar hablando de mi mismo, o si hay algún error en el relato que pueda incitar a pensar que eso sea así… Lo cierto es que los tres habéis acabado dirigiéndome a mi los consejos a propósito del último texto de Beto… Por partes, responderé:
1. Anónima (invitado): no está, por desgracia, en nuestra mano elegir de quién nos enamoramos, sobre todo si nos atenemos a nuestros sentimientos. Todos, alguna vez, nos hemos enamorado de un cuerpo, pero eso no es amor… Quizá por esto el amor es tan complicado…
2. Skezente: en primer lugar, gracias por visitar mi blog; te corresponderé, no lo dudes. Sé bienvenido… Y respecto a tu comentario, no es tópico lo que dices de que «se supera aguantando el tirón». Eso es la vida en sí… Alguien, hace algo más de un siglo, dijo, aunque le tomaron por loco, una frase cargada de sinceridad: “lo que no me mata, me hace más fuerte”, y así es… Y sí, todos nos engañamos, porque el horizonte está en los ojos y no en la realidad.
3. Natalie… ¿qué te puedo decir yo a ti, que tú no sepas? Solo tu nombre, para mi, lo dice todo, Natalie. Como siempre, tus palabras están cargadas de razón: el dolor aminora y relativiza las cosas; lo que en un momento puede parecer de vida o muerte, minutos después puede haber perdido su valor por completo… Si ya lo decía d’Alembert: tal es la miseria humana, que el dolor es su sentimiento más vivo. Gracias siempre, Natalie.
Comentario:
Querido Rubén,
cuando el dolor es tan fuerte parece que no hay palabras que puedan aliviarlo, porque tiene el poder de hacer que sólo nos ocupemos de él. El dolor del corazón es tan fuerte que nos engaña, haciéndonos pensar que lo demás no tiene sentido.
Mira a tu alrededor, seguro que hay gente maravillosa por la que merece la pena sonreír y seguir adelante.
El dolor irá mitigándose poco a poco. Una mañana te despertarás y simplemente habrá desaparecido.
Me alegra que hayas vuelto. Para cualquier cosa... estoy a un "click".
Un besito.
cuando el dolor es tan fuerte parece que no hay palabras que puedan aliviarlo, porque tiene el poder de hacer que sólo nos ocupemos de él. El dolor del corazón es tan fuerte que nos engaña, haciéndonos pensar que lo demás no tiene sentido.
Mira a tu alrededor, seguro que hay gente maravillosa por la que merece la pena sonreír y seguir adelante.
El dolor irá mitigándose poco a poco. Una mañana te despertarás y simplemente habrá desaparecido.
Me alegra que hayas vuelto. Para cualquier cosa... estoy a un "click".
Un besito.
Comentario:
Hola Rubén (eres Rubén, no?)
Llego aquí a través del blog de Natalie y no he podido evitar un escalofrío con la historia de las flores...despedazadas así...
Todos nos engañamos con frecuencia con afán de protegernos e inevitablemente acabamos expuestos a rompernos; pero es tan humano hacerlo. Es a ella a quien le falta humanidad, te parecerá tópico, pero se supera aguantando el tirón. Si encuentro reflexiones más inspiradas, te las haré llegar.
Un fuerte saludo
Llego aquí a través del blog de Natalie y no he podido evitar un escalofrío con la historia de las flores...despedazadas así...
Todos nos engañamos con frecuencia con afán de protegernos e inevitablemente acabamos expuestos a rompernos; pero es tan humano hacerlo. Es a ella a quien le falta humanidad, te parecerá tópico, pero se supera aguantando el tirón. Si encuentro reflexiones más inspiradas, te las haré llegar.
Un fuerte saludo
Comentario:
Yo tb llevaba tiempo sin escribir...
A veces las palabras no me salen porque un dolor profundo en mi alma me lo impide...
Cuánto te comprendo Beto!Pero ójala Susana no regrese otra vez a tu vida!
De nuevo te causaría dolor.
Durante muchos años he amado y aún sigo amando con todo mi alma a una persona que ha regresado de nuevo a mi y... Qué desgaste!
Cada vez que lo veo, levito, se me encoge el estómago, se me oprime el pecho....
Me siento tan confundida y perdida!
Yo tb me sigo engañando! y me digo cada día por qué siento que todavía le amo después de tanto sufrimiento?
Pero...
Saber es una cosa y sentir es otra muy distinta.
Es posible, Beto, que nuestros sentimientos tarden mucho tiempo en ponerse al mismo nivel que nuestro conocimiento, pero... seamos pacientes con nosotros mismos.
Seguir llorando aquello que no tenemos o podríamos tener pero no nos conviene, nos impide disfrutar de lo que tenemos ahora.
Y la verdad que esta es mi historia Beto:
Cómo se que amo a la persona equivocada para mi, tengo que aprender a no aferrarme a él, aunque sienta un gran dolor, angustia,tris-
teza y QUIERO DEJARLE IR....
Y le dejo ir no porque no me importe, sino, porque me importa demasiado y es lo mejor, pese al sufrimiento que siento.
Quizá Beto, ames a Susana siempre, como siento que yo siempre le amaré a él, pero deseala lo mejor y no la guardes rencor...
Por cierto, no todo el mundo rompe tus rosas. YO guardo con inmenso cariño esas rosas que me regalastes.
Muchassssssss graciasssss! Te tengo muchoooo cariño!
UN besito muy fuerte Rubén y ánimo!
La vida puede que cambie cuando nosotros cambiemos.
A veces las palabras no me salen porque un dolor profundo en mi alma me lo impide...
Cuánto te comprendo Beto!Pero ójala Susana no regrese otra vez a tu vida!
De nuevo te causaría dolor.
Durante muchos años he amado y aún sigo amando con todo mi alma a una persona que ha regresado de nuevo a mi y... Qué desgaste!
Cada vez que lo veo, levito, se me encoge el estómago, se me oprime el pecho....
Me siento tan confundida y perdida!
Yo tb me sigo engañando! y me digo cada día por qué siento que todavía le amo después de tanto sufrimiento?
Pero...
Saber es una cosa y sentir es otra muy distinta.
Es posible, Beto, que nuestros sentimientos tarden mucho tiempo en ponerse al mismo nivel que nuestro conocimiento, pero... seamos pacientes con nosotros mismos.
Seguir llorando aquello que no tenemos o podríamos tener pero no nos conviene, nos impide disfrutar de lo que tenemos ahora.
Y la verdad que esta es mi historia Beto:
Cómo se que amo a la persona equivocada para mi, tengo que aprender a no aferrarme a él, aunque sienta un gran dolor, angustia,tris-
teza y QUIERO DEJARLE IR....
Y le dejo ir no porque no me importe, sino, porque me importa demasiado y es lo mejor, pese al sufrimiento que siento.
Quizá Beto, ames a Susana siempre, como siento que yo siempre le amaré a él, pero deseala lo mejor y no la guardes rencor...
Por cierto, no todo el mundo rompe tus rosas. YO guardo con inmenso cariño esas rosas que me regalastes.
Muchassssssss graciasssss! Te tengo muchoooo cariño!
UN besito muy fuerte Rubén y ánimo!
La vida puede que cambie cuando nosotros cambiemos.