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Ave Fénix
Reflexiones, meditaciones, absurdeces y cuantas cosas se pueden compartir con palabras
Acerca de
Hace ya tiempo creé este blog para verter en él reflexiones, historias y enlaces que pudieran ser interesantes y que nos ayudaran a cuantos visitamos este sitio en nuestro quehacer diario. No sé si decir que esto es un éxito, pero sí puedo decir que es algo que cada vez forma más parte de mi y, aunque sigo estando bastante ocupado, mantengo mi promesa de intentar actualizar el blog con frecuencia, para que no cesen de aparecer en él cosas nuevas que puedan ser de utilidad y hagan del blog un lugar dinámico e interesante, digno de ser visitado.
Sindicación
 
Levántate y anda III
Casi mediodía. Un sol resplandeciente hacía verdear las plantas y los árboles del jardín del hospital. Losas graníticas perfilaban caminos para ser recorridos por los paseantes. Roberto, portando el típico pijama hospitalario y sentado en una silla de ruedas, daba por allí un paseo, llevado por Mónica, su esposa, y acompañado por Miguel, su primo. Ya había pasado un día desde que se enterara del fallecimiento de su madre y parecía seguir algo molesto con su mujer y su primo por haberles ocultado tan trágica noticia:

—Tenía derecho a saberlo…
—Por supuesto que sí —, aseguró Miguel—. Pero no a impedir los progresos logrados por los médicos.
—¿A quién has venido a ver aquí? ¿A tus amigos los médicos?
—Sabes muy bien a quien he venido a ver, primo…
—Sí… Perdona… Es que… Es que no sé,… No sé qué pensar… Nunca me sentí tan solo en la vida…

Roberto se frotó la cara y Mónica apenada, tras dirigir una leve mirada a Miguel, dio un beso en la cabeza a su esposo y le habló:

—Cariño, todos te desean recuperado… ¿Sabes quien estuvo a verte? Tu cuñado, “el poli”, ¿a que no te lo crees?

Roberto dio una muestra de desprecio e indiferencia. Mientras tanto, seguían paseando. Se aproximaban a una pequeña explanada donde se habían dispuesto dos canastas de baloncesto, de modo que la explanada estaba habilitada como pista deportiva. Allí, en la cancha, un grupo de seis hombres, en sus respectivas sillas de ruedas, jugaban un animoso partido de baloncesto.

—Empiezas tu tratamiento… —, dijo Miguel.
—¿Qué! —, exclamó con cierta furia Roberto.
—Hablé con el personal de rehabilitación: han elaborado un programa completo para ti… Comienzas mañana.

Roberto tomó con sus manos las ruedas traseras de su silla; con cierta brusquedad, frenó en seco y, dándole un giro de ciento ochenta grados a la silla, se posicionó frente a su primo con cierto enojo:

—¡Un momento! Aguarda un momento… No quiero rehabilitación, solo quiero salir de aquí e irme a mi casa. Llama al Dr. Hernando —, le dijo a su esposa—, él es mi médico… ¡Quiero que me opere!
—¡No habrá ninguna operación, Roberto! —, aseguró con firmeza Miguel.
—Si sacan la bala… Podré volver a andar…
—Rober, si te intervienen ahora podrías perderlo todo…
—Si no puedo andar, es cuando lo habré perdido

De repente, una pelota de baloncesto calló sobre el regazo de Roberto, asustándole un poco. Roberto tomó la pelota con sus manos y empezó a moverla describiendo giros desordenados, al tiempo que la observaba detenidamente sin pronunciar palabra. Uno de los hombres que jugaba al baloncesto se aproximó a él con el deseo de que le diera el balón. Era un hombre moreno, de pelo afilado y facciones marcadas; brazos fuertes y aspecto jovial:

—Eh, amigo —, le dijo a Roberto—. ¿Le apetece jugar con nosotros?
—No puedo…
—¿Por qué no? Tiene aspecto atlético…
—Tuve un accidente… No puedo…
—Oiga, no le pedimos que baile con nosotros, solo darle al balón…
—¡Ya le he dicho que no puedo!

Roberto devolvió al hombre el balón dándole un pase en picado que dio un bote en el suelo para caer en las manos del jugador. Seguidamente, dio una nueva vuelta a su silla, dándole la espalda a los baloncestistas. Mientras, el hombre al que Roberto le había devuelto el balón, tomó el esférico con sus manos y, tras dar un giro a su silla con una agilidad tremenda, lanzó un tiro a canasta desde su posición, encestando. ¡En un partido oficial aquello hubiera sido un triple! Tras tal hazaña, se volvió para regalarle unas palabras más a Roberto:

—¡Échele valor! Tener el cuerpo en desuso no es nada comparado con el daño que le hace a su mente… ¿Se entera?

Roberto no correspondió con la mirada a tales palabras, mientras Miguel, para hacerle tomar conciencia del desprecio que le había hecho a aquellos hombres, le dijo con cierta suavidad:

—No sé, Rober… Quizá ya lo hayas perdido todo…

Miguel se fue, dejando solos a Mónica y a Roberto. Monica, situándose frente a su esposo, se agachó, doblándose sobre sus piernas:

—Roberto… Cariño, escúchame. Podrás llevar una vida completa, sé que puedes… Solo tendrás que ayudarte un poco a ti mismo.
—¿Qué debo hacer? ¿Arrastrarme humildemente por la oportunidad de pasar el resto de mi vida en una silla de ruedas?
—Tal vez la humildad no sería mala cosa para empezar… a enfrentarte con esto.
—No es justo compararme con ellos —, dijo señalando a los que jugaban al baloncesto.
—Peor es que te abandones a ti mismo, o a mi…
—Moni… ¡Tengo miedo!

No pudo evitar abrazar a su esposa mientras rompía a llorar…
 
Comentario:
Ufffff, qué duro tu post... No sé ni qué decir. Pero estoy con Nekki, solo cuando lo sufres en tu piel puedes valorar el tamaño de ese dolor...

Mil besos.
Kissxxx
 
Comentario:
Debe de ser dificil vivir una situación así.
Yo vivo algo parecido, aunque no me toca a mi directamente. Y ya ves... cuando mi amiga me cuenta lo que le pasa a su familiar y la veo tan destrozada me quedo callada, mientras la miro.

Nunca la digo nada.
El primer día le dije lo siento, el segundo lo siento y que para lo que quisiera estaria ahí... ya han pasado meses de aquella mala noticia, y cuando la veo, la sonrio, la beso, y la escucho.

Llora en silencio.

 
Comentario:
Creo que Roberto ha dado un gran paso al reconocer su miedo. Una muestra de valentía, sus lágrimas le liberan y le preparan para afrontar su realidad.

Felicidades por las tres partes de este relato (¿habrá una cuarta?). Es duro, y consigues que sea muy real.

Un beso.
 
Comentario:
No son las circunstancias las que acaban con el ánimo de las personas, son las propias personas quienes se hunden o quienes salen a flote.

Besos

 
Comentario:
Muy bonita historia, y muy real por desgracia. Todos pensamos que no nos va a pasar, pero puede ocurrir.
 
Comentario:
Muy bonita historia, y muy real por desgracia. Todos pensamos que no nos va a pasar, pero puede ocurrir.
 
Comentario:
Hola Elizalde,
Los sentimientos son inevitables. los nuestros y los de los demas. A veces no nos queda mas remedio que amar a quien no nos ama, o que nos ame quien no amamos.
Quizá Susana no fue honesta contigo, incluso te utilizó.
Pero no dejes que lo que nadie te haga cierre las puertas a tu vida y tus sentimientos, y que desees tu propia muerte. Como alguien te ha dicho, hay muchas flores. Arráncate el puñal y deja que la herida se vaya cerrando.
Un abrazo
 
Comentario:
En realidad solo cuando estas en los zapatos de alguien puedes comprender lo que realmente sucede...es interesante que relates episodios de este estilo, como para sensibilizar...

Saludos!
No