logotipo

img_google
Ave Fénix
Reflexiones, meditaciones, absurdeces y cuantas cosas se pueden compartir con palabras
Acerca de
Hace ya tiempo creé este blog para verter en él reflexiones, historias y enlaces que pudieran ser interesantes y que nos ayudaran a cuantos visitamos este sitio en nuestro quehacer diario. No sé si decir que esto es un éxito, pero sí puedo decir que es algo que cada vez forma más parte de mi y, aunque sigo estando bastante ocupado, mantengo mi promesa de intentar actualizar el blog con frecuencia, para que no cesen de aparecer en él cosas nuevas que puedan ser de utilidad y hagan del blog un lugar dinámico e interesante, digno de ser visitado.
Sindicación
 
El Cuaderno de Beto VII: “Mi primer regalo”
Fue en Navidad, hace no muchos años. Soy hijo de familia castellana creyente; en el seno de mi familia aprendí que el día de Navidad es uno de los días más especiales dentro del año… Se me enseñó que el día de Navidad es un día en el que el sentimiento del amor se hace más patente; que el amor se percibe, se siente, se respira, se nota… Se me dijo que la Navidad era una época para dar y que, por tanto, había de demostrar mis sentimientos a las personas que quería, más que cualquier otro día del año. Por eso, cuando llegó nuestra primera Navidad juntos, decidí hacerte un regalo, simplemente para demostrarte que te quería… ¿Te acuerdas? Fue el primer regalo de cierta importancia que te hice; fue el primer regalo tangible, eso sí, que hasta entonces te había hecho (es mucho más lo no tangible que hasta entonces te había regalado). Me costó mucho comprarte aquel regalo, pues entonces aún no trabajaba y mi situación económica no era muy holgada; y me costó más aún hacértelo llegar… Sin embargo, allí lo tuviste; allí lo recibiste con tus propias manos. Durante varios días no podía pensar en otra cosa que no fuera tu rostro cuando vieras mi dádiva… El regalo, en realidad, solo era un pequeño peluche; un perro, de raza cocker, que parecía estar recostado sobre el suelo; tenía unos ojos semillorosos que, conjugados con su posición durmiente, hacían que el muñeco transmitiera una gran ternura. Te lo regalé para que lo pusieras sobre tu cama, con el deseo de que durmieras con él y de que así, a través de él, yo me hiciera presente en tus noches, cuando la oscuridad inundaba tu alcoba y te quedabas a solas con tus sueños. ¡Sí! Tus sueños… Aquéllos que nunca me quisiste contar porque decías que si los sueños se contaban luego no se cumplían los deseos…

¿Qué fue de aquel regalo? ¿Qué fue de aquel perro que inspiraba tanto cariño y al que llegaste a insinuar que le habías puesto mi nombre? ¿Le diste un final similar al que le diste a aquellas dos flores de que hablaba en la página anterior de mi cuaderno? ¿Lo arrojaste al cubo de la basura como arrojaste mi amor? No lo sé y, francamente, prefiero no saberlo… Todo esto está acabando conmigo, yo mismo estoy acabando conmigo; tú quisiste acabar conmigo y lo estás consiguiendo... ¡Maldita seas!
 
Comentario:
A mi todo esto me parece obsesivo compulsivo...

Sin ánimo de ofenderte, pero nadie tiene la culpa de dejar de amar
 
Comentario:
por donde andas? se te echa de menos
 
Comentario:
¡Quién sabe! Quizás aún anda ese peluche sobre alguna cama o, tal vez, escondido en algún armario... y en algún rincón de la memoria.

Quién sabe. A veces los recuerdos no son tan fáciles de arrojar a la basura.

Besos
 
Comentario:
uy...no sabes como comprendo tus palabras...me llegaron tus palabras...

Finalmente y al parecer solo queda el recuerdo.

Saludos y animo, aunque se que es dificil, ni yo he podido animarme...

No