<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rdf:RDF xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:ti="http://purl.org/rss/1.0/modules/textinput/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:co="http://purl.org/rss/1.0/modules/company/" xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns="http://purl.org/rss/1.0/"><channel rdf:about="http://blogs.ya.com/phoenixbird/rss20.xml"><title><![CDATA[Ave Fénix]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/phoenixbird/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Reflexiones, meditaciones, absurdeces y cuantas cosas se pueden compartir con palabras]]></description><dc:publisher><![CDATA[Publisher]]></dc:publisher><dc:creator><![CDATA[creator]]></dc:creator><dc:rights><![CDATA[rights]]></dc:rights><dc:date><![CDATA[12/12/2004]]></dc:date><sy:updatePeriod><![CDATA[hour]]></sy:updatePeriod><sy:updateFrequency><![CDATA[123]]></sy:updateFrequency><sy:updateBase><![CDATA[BASE]]></sy:updateBase><items><rdf:Seq><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_73.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_72.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_71.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_70.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_69.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_68.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_67.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_66.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_65.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_64.htm"/></rdf:Seq></items></channel><item rdf:about="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_73.htm"><title><![CDATA[La simbología del Ave Fénix]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_73.htm]]></link><description><![CDATA[<i>Hace años alguien, muy aficionado a la mitología me habló del Ave Fénix, al que yo solo conocía porque era mi Caballero del Zodiaco favorito. Recuerdo que me dijo que el canto del fénix era mágico, porque tenía el poder de aumentar el valor de los puros de corazón y de infundir temor en el corazón de los impuros; me dijo también que sus lágrimas tenían propiedades curativas... Desde entonces, mi devoción hacia ese espíritu de fuego alado, que arde en la hoguera de su propio vuelo renanciendo para hacerse a sí mismo, ha ido en constante aumento, hasta el punto de dar nombre a éste, mi blog... Por eso, hoy vuelvo a escribir sobre él.</i><br/><br/>El Ave Fénix es un ave de buen augurio, uno los cuatro espíritus de la leyenda china. Según una obra clásica de este país: «entre los 360 animales con plumas y alas, el ave fénix se encuentra en el primer lugar entre todos». Así, este ave constituye, junto al dragón, la cultura del fénix y el dragón de China, formando parte muy importante de sus tradiciones. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/phoenixbird/files/fenix.gif" alt="" border="0" width="200" height="149"/><br/><br/><b>Simbología del Ave Fénix </b><br/><br/>Aunque puede vivir en todo el universo, solamente se posa en su árbol. En cuanto a la evolución, se registra a través de la literatura antigua, lo siguiente: "Fénix, esencia de fuego". Significa que el Fénix nace perfeccionado del fuego. La figura de esta ave, según la descripción de los antiguos, tiene gran parecido al Pavo Real, pero también cuenta con rasgos característicos de otros animales. <br/><br/>Según una obra antigua china, la cabeza del Ave guarda semejanza con el cielo, los ojos al sol, la parte trasera a la luna; sus alas al viento; las patas a la tierra; y su cola a la distancia. <br/><br/>Otra obra clásica lo describe concretamente de la siguiente manera: el fénix tiene la cabeza de serpiente, mandíbula de golondrina, espalda de tortuga, vientre de trionix, cresta de gruta, pico de gallina y cola de pez. <br/><br/>Las plumas rayadas del ave son de múltiples colores. Las rayas de la cabeza significan virtud, las rayas en las alas expresan el rito, las traseras representan justicia, las delanteras simbolizan la humanidad, y las del rayas en el vientre, la fiabilidad. Quiere decir que el cuerpo del Ave simboliza las cinco moralidades. <br/><br/>En cuanto a los hábitos alimentarios, esta Ave no pica gusanos vivos, no rompe hierbas vivas, ni convive con otros animales, tampoco vuela hacia todas direcciones, solamente se alimenta del bambú, no toma agua de riachuelos, ni posa en cualquier árbol. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/phoenixbird/files/PerdidPhoenixFanArt1.jpg" alt="" border="0" width="337" height="500"/><br/><br/><br/><b>El Fénix en China</b> <br/><br/>Como el primero de los pájaros, el fénix ha sido aprovechado por teólogos y políticos, pues lo consideran como la mejor encarnación de la modalidad del rey magnánimo y de la política de benevolencia, y también un reflejo de la prosperidad y decadencia de la sociedad de entonces. <br/><br/>La gente antigua dividió cinco categorías que representaban la transparencia de la política china de esa época, en cinco movimientos del fénix. Hay también otras obras que tienen la misma descripción. Por ejemplo una dice así: "cuando el rey conmueve el cielo imperial, llega el fénix." En una palabra, cuando el sistema gobernante es honesto y recto, se conmueve al cielo imperial y sólo entonces vuela en el cielo el fénix. <br/><br/>Dicen que en la época de Confucio, reinaba la corrupción en las cortes imperiales de diversos reinos y Confucio suspiró con mucho sentimiento por su desaparición. De entre cien pájaros, el fénix es el primero en volar y es seguido por los demás, lo que corresponde a la diferencia de posición entre el emperador y los cortesanos. <br/><br/>Entonces muchos asuntos o cosas de los reyes o emperadores se coronaban haciendo alusiones a esta ave, como carretas, residencias, papeles, caballos, entre otras, exclusivas para la familia imperial o seres celestiales, mientras que otros no podían utilizarlos. <br/><br/>En el proceso de desarrollo de la cultura del dragón y del Fénix, se produjeron gradualmente las divisiones entre personas de ambos sexos, de modo que el dragón era exclusivo para hombres, y el fénix, para las mujeres. Pero generalmente esto era visto solo por la familia imperial. <br/><br/>Aunque con el paso de tiempo, en el pueblo en general lo considraron como un animal de buen augurio, pues con el nombramiento, tanto de personas como de cosas, se busca expresar la fortuna y la suerte. <br/><br/>Se pronuncia en chino como Feng Huang. Feng significa el pájaro macho, y Huang, hembra. Feng y Huang vuelan en conjunto y significan la armonía matrimonial. Razón por la cual, en la habitaciones nupciales suele pintarse algunos motivos de esta ave volando. <br/><br/>Este significado del ave igualmente se remonta también a una leyenda de amor. Dicen que en la época de Qinmugong había una persona que se llama Xiao Shi, que era muy hábil en tocar la flauta vertical de bambú. El sonido de Xiao, podía atraerlo hasta su patio, a la grulla blanca y a otros pájaros. A él le gustaba mucho una de las hijas de Qinmugong, llamada Yu. Entonces, por tal originalidad, su padre aceptó el matrimonio de su hija con este flautista. <br/><br/>Después del casamiento, Xiao Shi enseñó diariamente a Nong Yu a imitar su canto. Unos años después, Nong Yu ya podía imitar magníficamente el canto real del ave y de muchas otras que se posaban en el patio de su casa. Luego Qinmugong construyó para ellos una plataforma. A partir de entonces, la gente ha tomado la atracción de Xiao como un símbolo de matrimonio armonioso. <br/><br/>Es considerado como un buen augurio y muy abundante en en los temas de fortuna y suerte. Un poema chino dice así: «Viene un ave de cinco colores. No se le ve ya en mil otoños, pero, cuando él aparezca, el Estado prosperará». <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/phoenixbird/files/senna_himmel6.jpg" alt="" border="0" width="512" height="400"/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_72.htm"><title><![CDATA[Carta de amor a Toledo]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_72.htm]]></link><description><![CDATA[<i>Os dejo aquí, como regalo de Navidad, una carta de amor escrita a la que, en mi modesta opinión, es la ciudad más bonita de España: ¡Disfrutadla!... El trasfondo de esta carta le veréis al final:</i><br/><br/>Toledo, amada: hoy te escribo a ti, desde la distancia, esta pobre carta de amor, fruto de la nostalgia de sentirte tan lejos y a la vez tan dentro de mi; te escribo en el imposible afán de intentar reflejar en palabras cuantos sentimientos me evocas, cuantas emociones me inspiras, cuantas lágrimas de añoranza brotan cada vez que cierro los ojos y recuerdo tu estampa… Y es que, Toledo, si hermosa eres contemplada, tanto más hermosa eres recordada, porque al recordarte te tornas adecuada a la reminiscencia, ajena al tiempo, que, como en una visión inmutable, para ti no parece pasar; tú, y solo tú, trasciendes al devenir de los siglos, porque tienes poder para ello.<br/><br/>Dicen, los que te conocen, que pasear por tus calles es como viajar en una máquina del tiempo, que nunca antes de visitarte se puede haber recibido tan magistral lección sobre la historia española, pues solo tú ofreces el resumen más completo y sugestivo de nuestro pasado. Cuando el viajero atraviesa la Visagra o la Cambrón, olvida el moderno medio de transporte que hasta ti le ha traído. En ti se respira la atmósfera brusca de la España visigótica, en ti se conservan aromas exóticos de los cuatro siglos de dominación musulmana en el corazón de la Península, en ti se observa la nobleza que te da haber sido residencia de casi todos los reyes castellanos durante la larga Reconquista.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/phoenixbird/files/elgrecoblickauftoledo9701520.jpg" alt="" border="0" width="444" height="500"/><br/><br/>Los Reyes Católicos te urbanizaron y te engrandecieron, sin robarte tu herencia histórica: la traza laberíntica de la ciudad musulmana que nunca pudo ser superada, a pesar de las posteriores racionalizaciones viarias, con sus ampliaciones, conexiones y rectificaciones. Eres desdeñada por los modernos urbanistas, desconocedores de que en tus entrañas se fraguaba una de tus características más importantes: la existencia de ciertos espacios interiores inmensos y rectilíneos, como los de la catedral, rodeados, a su vez, de callejas estrechas y tortuosas, aún hoy domésticas; angostillos que, a modo de trama continua, unen y rodean los abundantes edificios históricos y religiosos que predominan sobre la trama urbana, creando una perspectiva sin igual.<br/><br/>Tú eres más que una ciudad: eres Ciudad Imperial; eres la capital del sueño imperial de Carlos V, basado en un proyecto de monarquía universal, inspirado en sus lecturas dantescas y edificado sobre un orbe cristiano en paz. Felipe II te quitó la capitalidad del Reino, pero tu grandeza era tan inherente a la del Imperio que, al ir perdiendo tú protagonismo, empezó a ponerse el sol en los dominios filipinos: al tú empezar a decaer, empezó a decaer la Historia de España.<br/><br/>Dicen, los que te desprecian, que presentas el aspecto de un pueblo muerto, que solo ofreces ruinas de ciudad incapaces de renacer, de germinar a una nueva vida, de fecundar una ciudad moderna; que eres ciudad medieval de la que solo queda la evocación de los recuerdos y tus duras cuestas… Observa: nadie, hasta quien no te quiere, se atreve a negar tu portentoso poder evocador… ¡Y tus duras cuestas! Cierto es que el hombre se ha ido acomodando a las grandes llanuras, pero jamás hubo caminante que, a pesar de tus empinadas calles, no hallara descanso al alcanzarte. Quien te desprecia es porque no te conoce con profundidad: en tus callejuelas se siente la nostalgia del pasado; se experimenta el amor hacia lo antiguo trepando por tus vericuetos, escalando con la mirada tus murallas, ásperas y fatigosas a simple vista, pero llenas de recuerdos, habitadas por sombras insignes. Quizá, Toledo, seas antigua: cierto; pero uno, al perderse en tus arterias, se siente renacer, como el Ave Fénix resurge de sus cenizas.<br/><br/>Recuerdo de mi niñez algo más de ti que la perspectiva desde el puente de Alcántara, ensueño de artistas de toda condición: arriba, el Alcázar, dispuesto en lo alto, cual nido de halcones en la cima de una montaña inaccesible; a la izquierda, las ruinas del Castillo de San Servando; a la derecha, algo más alejado, en la pendiente que desciende hacia la Vega, el arrabal de Santiago, donde las torres de la Puerta de Visagra forman, junto con los viejos sillares de la muralla, el más ameno complejo; enfrente, una indefinida aglomeración de edificios antiquísimos y otros no tanto, edificados unos sobre otros en la pendiente del risco; y, abajo del todo, el río Tajo. Yo entraba a ti por Alcántara cuando venía de jugar al balón con otros niños en los alrededores de la ciudad; allí, fuera de ti, el paisaje es sombrío, monótono y desértico; paraíso de ermitaños y de espíritus soñolientos; erial hosco en nada afín a los trigales que invaden la llanura manchega por donde el espíritu de don Quijote sigue cabalgando, intranquilizando conciencias dormidas, a la búsqueda del último molino.<br/><br/>Recuerdo, como digo, algo más de ti: recuerdo cómo sentía sobre tus piedras y bajo tus arcos, acaso inmemoriales, el paso del tiempo: los siglos parecían fluir con la misma armonía que bajo las faldas de tus laderas fluyen las aguas del Tajo; nuestra Historia ha caminado por tus plazas, como la procesión del Corpus, siguiendo el compás del tañido de las campanas de tu catedral; la muerte y el sueño eterno deambulaban aunados por tus patios escondidos y por tus tortuosas calles, encontrándose a su paso restos de toda naturaleza y condición: mozárabes, góticos, renacentistas... Y, sin embargo, preservas bajo llave crónicas, crímenes, sudarios y romances. Una vida de varios cientos de años parece ocultarse bajo el pincel del artista que te dibuja o bajo el cincel de quien trabaja tu característica artesanía. Cuando me paraba en Zocodover, antaño zoco moruno de ganado en el que se hablaron todas las lenguas europeas, y contemplaba cómo desde allí se abrían paso tus múltiples callejuelas y callejones, sentía la insignificancia del hombre ante el paso del tiempo; cuando admiraba la majestuosa y gótica catedral, con su esbelta torre abriéndose paso hacia el cielo, tomaba conciencia de que la Historia es un largo camino en el que yo no puedo abarcar más que unos insignificantes segundos.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/phoenixbird/files/toledo__El_Tajo_1.jpg" alt="" border="0" width="567" height="357"/><br/><br/>¡Tú, ciudad fortificada en el corazón de la meseta castellana, desde tiempo inmemorial te asientas sobre colinas que coronan una península rocosa sobre la que te asientas! Eres anciana, pero te muestras joven y robusta. Quisiera abrazarte, como el Tajo abraza ese enclave sobre el que te eriges en su margen derecha, formando esa hoz dorada que te bordea y que antaño fue foso natural tan colaborador en tu defensa. El río te abraza y te protege cual fortaleza medieval; el mismo río cuyas aguas bañaban el acero con que se forjaban tus célebres espadas, empuñadas por los brazos más terribles del planeta. ¡Oh, el Tajo! Portador de agua, que, como el tiempo, pasa y no vuelve; hercúlea corriente fluvial que no deja de discurrir entre peñascos, cuya sinuosidad produce ecos sombríos, agitando a su paso restos de puentes antiguos y fragmentos de murallas. Su fuerza es estridente e iracunda; las aguas se ven teñidas por la tierra que ha ido arrastrando en su curso, tomando en algunos momentos cierto color sangriento que parece acrecentar su arrebato. Nada a su paso resiste, solo tú, Toledo, que, en cambio, consigues con tu poder ser abrazada y protegida por el río.<br/><br/>Quisiera, Toledo, abrazarte como tú abrazas, porque, a pesar de tus murallas, eres acogedora: has sido y eres abierta; eres la ciudad de las tres culturas. Solo en tu corazón podían convivir durante siglos pueblos tan opuestos como los cristianos, los árabes y los judíos. Todos te amaron y todos en ti dejaron su huella. Ahí radica tu riqueza monumental; así se explica el legado artístico y cultural que tan presumidamente escondes tras tus murallas: iglesias, palacios, fortalezas, mezquitas y sinagogas se entremezclan en tus calles.<br/><br/>Podría decirte que estás cargada de monumentos, pero estaría faltando a la verdad porque no hay más monumento que tú: tú eres el verdadero monumento. Todas las antiguas construcciones que se mezclan en tus laberínticas calles (el Alcázar, la Catedral, tus palacios, tus iglesias, tus conventos, tus monasterios, tus puentes que cruzan las aguas del Tajo,…), todas ellas se hermanan armónicamente para hacer de ti un auténtico panteón inigualable, un verdadero museo al aire libre; una prodigiosa obra de fábrica, de extraordinaria belleza y solidez más que probada tras los embates de tantos siglos.<br/><br/>Toledo que me enamoras, como enamoraste a aquel visionario llegado de oriente para el que la idea era la realidad suprema; fuiste la patria adoptiva de Dominico Greco y él, que tanto te amaba, no solo dejó en ti lo mejor de su arte, sino que además acabó convirtiéndote en su telón de fondo preferido.<br/><br/>Gracias al amor que hacia ti profesaba, hoy podemos contemplar sus cuadros, protagonizados por figuras graves, sombrías, enérgicas y alargadas cual cirios de cera, en muchos de tus museos y templos; cirios de cera que alumbran en el interior de las lóbregas capillas toledanas, dejando en mi, espectador, una visión calenturienta y sepulcral que se asemeja a la evocación del paso del tiempo que Toledo me inspira. Las manos del Greco son manos sobrias, son manos expresivas, son manos espirituales, son manos que hablan y evocan. Un halo de misterio parece envolver al espectador cuando se encuentra, frente a frente, ante una de sus pinturas, almacenadas en tus entrañas.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/phoenixbird/files/ElGrecoLaocoon.jpg" alt="" border="0" width="320" height="258"/><br/><br/>Tú, Toledo, para El Greco eras más que una ciudad: eras la materialización de una visión que él hizo volver numerosas veces en sus cuadros, con tu silueta recamada de almenas y de torres recortándose contra el cielo. Tu estampa fue deformada, transformada y reinventada sin cesar por aquel maestro del manierismo. Gracias a él, hoy podemos verte a ti, Toledo, bajo un cielo marchito surcado de nubes salpicadas por una luz de plata o, al fondo, tras la siempre dolorosa imagen de Cristo crucificado; podemos verte tras las patas del hermoso caballo blanco de San Martín, mientras éste comparte su capa con un pobre; podemos verte, tras las mitras, a los pies de San Bernardino de Siena en su paseo o a los pies de San José, que guía los pasos del niño Jesús, escoltado por un torbellino de ángeles; podemos verte, ocupando un horizonte de tonos calientes con tus construcciones, entre los blancos azulinos del cielo y la palidez de las figuras de Laocoonte y sus hijos entre los anillos de las serpientes… No cabe duda, para Dominico Greco eras más que una ciudad, más que un lugar de residencia donde establecer su hogar… Tanto te quería que no solo te inmortalizó en varios cuadros, sino que en uno de ellos, además, te representó al detalle en un plano que está sujeto por lo que él más quería: su único hijo, Jorge Manuel, toledano de nacimiento.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/phoenixbird/files/bild.jpg" alt="" border="0" width="480" height="280"/><br/><br/>Es lógico que de ti Dominico se enamorara porque, culturalmente, eres también más que una ciudad; eres la lugar donde santa Teresa empezó a escribir Las Moradas, eres el rincón donde Cervantes compuso su Viaje del Parnaso, Lope de Vega su Laurel de Apolo,… Toledo es más que la capital de la vieja Castilla: es una ciudad de cultura, arte y misticismo; almacén de las letras y teatro en el que brillaron con luz propia todos las suntuosidades de nuestro renacimiento; residencia de los más fastuosos aristócratas del siglo de oro, de pícaros, de doctores pedantes, de rufianes desalmados y de otras tantas figuras magistralmente dibujadas por Tirso de Molina.<br/><br/>Toledo, siempre cargada de amor y de recuerdos, siempre evocando lo irreal y lo extraordinario; sé que me estás esperando con los brazos abiertos, como entonces esperabas a aquel romántico sevillano, infatigable buscador de lo maravilloso y lo fantástico. Tus antiguas piedras esperaban una varita mágica que les diera una nueva vida en la España decimonónica, y aquella vara solo la podía manejar Gustavo Adolfo Bécquer. Así le embriagaste nada más encontrarte: para él eras excesiva e ingente, eras un empacho de belleza, eras mora cautivadora de mil hermosos senos. Desde que respiró el aire que corretea por tus calles, te convertiste en un lugar de amor y peregrinación para él.<br/><br/>A ti volvería el poeta sevillano huyendo de su dolor amoroso y de las revueltas de la siempre cercana capital; a ti, que le encandilabas por tus retorcidas y estrechas callejuelas, por tus monumentos cargados de historia y por tu atmósfera impregnada de encanto; a ti te rendiría Bécquer tributo en numerosos artículos y en varias de sus leyendas, repletas de color local y atmósfera sobrenatural, donde se atisba el trasfondo amoroso por lo desconocido y lo extraordinario. ¡No podía ser de otra manera! Un nostálgico evocador de antiguos aromas medievales, en tus calles, ámbito inmejorablemente perfecto para deambulaciones, encontró el lugar idóneo para pasar largas horas reflexionando, siempre a la búsqueda de tintineo de espuelas y diálogo de espadas.<br/><br/>Toledo que me enamoras, como enamoraste a Valle-Inclán, que vio en ti ejemplificado su quietismo estético, basado en desposeer, a través del recuerdo, de la condición temporal a cualquier cosa; enamoraste a un gallego que adoraba tu poder de evocación, que se sentía embelesado por tu poder místico, crónica de viejas glorias, llena de fantasmas y anclada en el pasado. Valle, al igual que yo, sintió ante tus monumentos el paso de la muerte y la densidad de los siglos, apreciando en ti una atmósfera narcótica. <br/><br/>Por ser tan hermosa, por ser tan legendaria, por ser pieza clave de la Historia de España, por ser la capital imperial de Carlos I, por ser la ciudad que adoptó al Greco, por ser siempre foco de cultura, por ser punto de encuentro de civilizaciones, por ser evocadora de sensaciones maravillosas, por ser un tesoro monumental salvaguardado por portentosas murallas,… Por ser distinta, ¡te quiero, Toledo!<br/><br/><i>El Cigarral de las Mercedes convocó en septiembre el I Certamen Internacional de Cartas de Amor a Toledo al que, bajo las bases requeridas, se presentó la que aquí he puesto. De entre todas las concurrentes, el jurado debía seleccionar diez, pero desgraciadamente ésta no pasó el corte... Sea como fuere, algo apenado, aquí os la dejo, para que vosotros la valoreis críticamente. Saludos a todos y Felices Fiestas</i>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_71.htm"><title><![CDATA[La carta del Indio Salvaje]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_71.htm]]></link><description><![CDATA[<i>Esta carta fue dirigida por el Jefe indio Seattle, Gran Jefe de los Duwamish, a Franklin Pierce, decimocuarto presidente de los Estados Unidos de América.<br/><br/>La carta era en realidad un discurso que pronunció ante Isaac Stephens, Gobernador del Territorio de Washington en 1855. Su contenido no se haría público hasta 1887, es decir, treinta y dos años después.</i><br/><br/>El gran Jefe de Washington ha mandado hacernos saber que quiere comprarnos las tierras, junto con palabras de buena voluntad. Mucho agradecemos este detalle, porque de sobra conocemos la poca falta que le hace nuestra amistad.<br/><br/>Queremos considerar el ofrecimiento, porque también sabemos de sobra que, si no accediéramos a él, los rostros pálidos nos arrebatarían las tierras con armas de fuego.<br/><br/>¿Pero cómo podéis comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esta idea nos resulta extraña: ni el frescor del aire, ni el brillo del agua son nuestros, ¿cómo podrían ser comprados?<br/><br/>Tenéis que saber que cada trozo de esta tierra es sagrado para mi pueblo; la hoja verde, la playa arenosa, la niebla en el bosque, el amanecer entre los árboles o los pardos insectos son sagradas experiencias y memorias de mi pueblo. Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra cuando comienzan el viaje a través de las estrellas.<br/><br/>Nuestros muertos, en cambio, nunca se alejan de la tierra, que es la madre. Somos una parte de ella y la flor perfumada, el ciervo, el caballo o el águila majestuosa son nuestros hermanos, como las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre. Todos pertenecen a la misma familia.<br/>El agua cristalina que corre por los ríos y arroyuelos no es solamente agua, sino que también representa la sangre de nuestros antepasados. Si os la vendiésemos tendríais que recordar que son sagradas y así recordárselo a vuestros hijos. También los ríos son nuestros hermanos porque nos liberan de la sed, arrastran nuestras canoas y nos procuran los peces; además, cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuentan los sucesos y memorias de la vida de nuestras gentes. ¡El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre!<br/><br/>Sí,  gran jefe de Washington: los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed, son portadores  de  nuestras  canoas  y alimento  de  nuestros hijos.<br/><br/>Si os vendemos nuestra tierra, tendréis que recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y que también lo son suyos, y que, por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura con  que se trata a un hermano. Por supuesto que sabemos que el hombre blanco no entiende nuestra forma de ser: lo mismo le da un trozo de tierra u otro, porque no la ve como hermana, sino como enemigo: cuando ya la ha hecho suya la desprecia y sigue caminando, deja atrás la tumba de sus padres sin importarle. Secuestra la vida a sus hijos y tampoco le importa. Tanto la tumba de sus padres como el patrimonio de sus hijos, son olvidados. Trata a su madre la tierra, y a su hermano el firmamento como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devora la tierra, dejando detrás solo un desierto. No lo puedo entender, vuestras ciudades hieren los ojos del hombre piel roja. Quizás sea porque somos salvajes y no podemos comprenderlo.<br/><br/>No hay un sitio tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ningún lugar donde se pueda escuchar en la primavera el despliegue de las hojas o el rumor de las alas de un insecto. Quizás es porque soy un salvaje y no comprendo bien las cosas.<br/><br/>El ruido de la ciudad es un insulto para el oído,  y yo me pregunto: ¿qué clase de vida tiene el hombre que no es capaz de escuchar el grito solitario de la garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la balsa?<br/><br/>Soy un piel roja y no lo puedo entender. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aroma de pinos.<br/><br/>Cuando el último piel roja haya desaparecido de la tierra, cuando no sea más que un recuerdo su sombra, como el de una nube que pasa por lo alto de la pradera; entonces, todavía estas riberas y estos bosques estarán poblados por el espíritu de mi pueblo, porque nosotros amamos nuestro país como ama el niño los latidos del corazón de su madre. Si decidiese aceptar vuestra oferta, tendría que poneros una condición, que el hombre blanco considere a los animales de estas tierras como hermanos.<br/><br/>Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. Tengo vistos millares de búfalos pudriéndose abandonados en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco. Soy un salvaje y no comprendo cómo una maquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos solo para sobrevivir <br/><br/>¿Qué puede hacer el hombre sin los animales? Si todos los animales desapareciesen, el hombre moriría en una gran soledad; todo lo que pasa a los animales muy pronto le sucederá también al hombre. Todas las cosas están ligadas.<br/><br/>Debéis enseñar a vuestros hijos, lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurre a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra; si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos.<br/><br/>De una cosa estamos bien seguros: la tierra no pertenece al hombre, es el hombre el que pertenece a la tierra. Todo va enlazado, el hombre no tejió la trama de la vida; él es solo un hilo. Lo que hace con la trama, se lo hace a sí mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, queda exento del destino común. Después de todo quizás seamos hermanos. Ya veremos...<br/><br/>Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco descubra algún día: Nuestro dios es el mismo que el vuestro, Dios.<br/><br/>Vosotros podéis pensar ahora que él os pertenece, lo mismo que deseáis que nuestras tierras os pertenezcan, pero no es así. Él es el dios de todos los hombres y su compasión alcanza por igual al piel roja y al hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para Él y se daña y se provoca la ira del Creador. También los blancos se extinguirán, quizás antes que las demás tribus. El hombre no ha tejido la red de la vida solo es uno de esos hilos y está tentando la desgracia si osa romper esa red. Todo está ligado entre sí, como la sangre de una misma familia. Si ensuciais vuestro lecho cualquier noche moriréis sofocados por vuestros propios excrementos, pero vosotros caminareis hacia la destrucción rodeados de gloria y espoleados por la fuerza de Dios, que os trajo a esta tierra y que, por algún designio especial, os dio dominio sobre ella y sobre la piel roja; ese designio es un misterio para nosotros, pues no entendemos porque se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlanchines.<br/><br/>¿Dónde está el bosque espeso?... Desapareció.<br/><br/>¿Dónde está el águila ?... Desapareció.<br/><br/>Así se acaba la vida y solo nos queda el recurso de intentar SOBREVIVIR.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/phoenixbird/files/Joaqun_Cardiel__La_carta_del_indio_salvaje.jpg" alt="" border="0" width="344" height="334"/><br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_70.htm"><title><![CDATA[¿Mis canciones?]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_70.htm]]></link><description><![CDATA[—Debe haber sido un gran hombre… ¡Todos decían cosas muy bonitas de él!<br/>—Me imagino que para eso son los entierros…<br/>—¿Tú has pensado alguna vez en el tuyo? ¿Cómo te gustaría que fuese o como te gustaría que te recordasen?<br/>—Mira, yo suelo intentar pensar en cosas más agradables…<br/>—Pues yo a veces no puedo evitar pensar en el mío… Me gustaría dejar una buena estela…<br/>—¡Pues piensa más las cosas que haces, guapa!<br/>—No te me pongas irónico, Elizalde. Te estoy hablando en serio… Me gustaría que la gente me recordara bien, por algo bueno que haya hecho y que ese algo quedara en el corazón de las personas que me quieren… ¿Sabes? Me gustaría que cuando yo no esté, se me hiciera una fiesta homenaje, en la que sonaran una serie de canciones que allá donde yo esté seguro que podré escuchar… ¡Canciones que yo misma elija! ¡Canciones que en ese preciso momento cobren un significado especial! ¡Canciones que para mi tenga un significado y que yo recopilaría en un disco bajo el título de “Cuando yo me vaya…! ¿Nunca has pensado en eso?<br/>—Ya te he dicho que yo suelo intentar pensar en cosas más agradables; creo que ahora mismo tengo pensamientos más dulces que especular con las canciones que me gustaría que sonaran el día que yo me vaya…<br/>—Pues deberías hacerlo… Verías que es una acción de una gran transparencia espiritual. ¿Por qué no lo intentas? Anda, hazlo. Me gustaría saber cuáles serían tus canciones…<br/>—Bueno, ya veremos…<br/><br/>Esta actividad, que en principio a mi me parecía absurda y desagradable, inexplicablemente, al final la he hecho. Tras haber meditador un rato, he sacado una lista de canciones tal y como tú me pediste y, en honor a la verdad, he de decir que la actividad no ha sido, en contra de lo que yo pensaba, para nada desagradable… Así que, esas canciones que a mi me gustaría que sonaran el día que me fuera, esas palabras y frases entonadas el día que yo falte, esas melodías con las que espero que me recuerden… Aquí te las dejo:<br/><br/>1. Héroes del Silencio — Deshacer el mundo.<br/>2. Ronan Hardiman — Siamsa<br/>3. Los Rodríguez — Sol y Sombra<br/>4. Madonna — The power of good bye<br/>5. Queen — Show must go on<br/>6. Pooh & Fiordaliso — Saprai<br/>7. Pink Floyd — On the turning away<br/>8. Dire Straits — Ticket to heaven<br/>9. Simon & Garfunkel — Bridge over troubled water<br/>10. Ima — In your eyes<br/>11. Nacha Pop — Relojes en la oscuridad<br/>12. Queen — Who wants to live forever?<br/>13. John Denver — Take me home, country roads<br/>14. Oasis — Stop crying your heart out<br/>15. Bob Dylan — Knocking on Heavens Door<br/>16. Bob Seeger — Against the wind<br/>17. Louis Armstron — What a Wonderful World<br/>18. Ella Baila Sola — Despídete<br/><br/>Éstas son mis canciones. Algunas piden a gritos traduzcointerpretación, ¿verdad? Todo se andará…<br/><br/>Si acaso se me ocurriera alguna más, la incluiré… Mientras tanto, que cada uno de los que me lee piense: ¿cuáles serían sus canciones: esas canciones con las que le gustaría que le recordáramos cuando no esté?<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/phoenixbird/files/tumba.jpg" alt="" border="0" width="560" height="387"/><br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_69.htm"><title><![CDATA[Dibujándote...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_69.htm]]></link><description><![CDATA[<i>A ti...</i><br/><br/>—A ver… Dobla un poco más el brazo, poniendo la mano hacia ti… Perfecto… ¡Muy bien! Relájate… ¿Estás cómoda?<br/>—Sí.<br/>—Bien. Pues, a partir de ahora, viene lo más importante: intenta no moverte…<br/><br/>Seguidamente, empecé a dibujar…<br/><br/>Allí estaba ella, desnuda, frente a mí. Medio tumbada, recostada plácidamente, semidistendida sobre un lujoso lecho, en una postura atrevida y audaz; como audaz era la expresión de su rostro y su actitud corporal, que parecía sonreír satisfecha y gozosa con las gracias que engalanaban su bello cuerpo: en silencio me miraba, de forma directa y provocativa, esbozando una leve sonrisa; las facciones del rostro estaban perfectamente acompasadas, exhibiendo una mirada dulce, cómplice y decidida.<br/><br/>Las líneas que contorneaban su figura eran ahora mi presa a cazar, mi objetivo a alcanzar: las carnaduras de su cuerpo, que se mostraban suaves, pidiendo caricias a voces, contrastaban con las sábanas arrugadas y los cojines que la rodeaban, resaltando la atmósfera de íntima sensualidad que invadía aquella instancia. <br/><br/>No había nadie más en aquel sitio, pero si lo hubiera, desapercibido hubiese pasado para mi mente, que solo procesaba lo que estaba mirando: mis ojos no dejaban de deslizarse por su cuerpo, observándolo, en parte con disimulo, en parte con fascinación.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/phoenixbird/files/cole0201.jpg" alt="" border="0" width="483" height="723"/><br/><br/>Miraba y miraba, sin cansarme. Observaba con absoluto detenimiento mientras recordaba los versos de Neruda, cuando le cantaba a una mujer desnuda:<br/><br/>Desnuda eres tan simple como una de tus manos, <br/>Lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente, <br/>Tienes líneas de luna, caminos de manzana, <br/>Desnuda eres delgada como el trigo desnudo.<br/><br/>Desnuda eres azul como la noche en Cuba, <br/>Tienes enredaderas y estrellas en el pelo, <br/>Desnuda eres enorme y amarilla <br/>Como el verano en una iglesia de oro.<br/><br/>Desnuda eres pequeña como una de tus uñas,<br/>Curva, sutil, rosada hasta que nace el día <br/>Y te metes en el subterráneo del mundo<br/>Como en un largo túnel de trajes y trabajos:<br/>Tu claridad se apaga, se viste, se deshoja <br/>Y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.<br/><br/>Entonces, comenzó mi trabajo, haciendo el tremendo esfuerzo de intentar extrapolar lo que estaba viendo; tratando de reducir aquellos contornos, acaso mágicos, a un trozo de papel; pretendiendo recoger tanta hermosura en un insignificante pliego;… ¡Ardua tarea! Sé que se puede pensar que era fácil, pues desechada estaba la idea obsesiva de alcanzar la perfección que acompaña a toda obra de arte: tan solo tenía que mirarla a ella para darme cuenta de que ella sintetizaba la perfección. Tan solo tenía que mirarla y dibujarla tal y como la veía… Pero era difícil captar cuanto estaba viendo…<br/><br/>Tomé uno de mis lápices, y con él fui señalando sobre el papel algunos puntos de referencia: cuello, hombros, codos, pechos, cadera, rodillas y mentón. Cada punto, venía precedido de una mirada absorbente, con la que mis ojos intentaban cazar la fracción de su silueta que quería plasmar, trasladándola a mi mano derecha y de ella al papel. Marcados los puntos, había que unirlos para ir esbozando la efigie, siempre de acuerdo con los contornos de su cuerpo: empecé por el pubis, que más o menos se ubicaba en el centro del dibujo. Aquel triángulo invertido, donde convergían sus dos muslos, ligeramente poblado de bello, era voluptuoso: un auténtico monte de amor. Con ganas hubiera ido recogiendo fielmente en el papel cada uno de los pelos que poblaban tan delicado acolchado, mas tenía que seguir dibujando. Una vez contorneado el triángulo púbico, prolongué su vértice inferior, captando la recta de encuentro de sus muslos. Muslos exquisitos, dulces, tersos, cándidos y entrañables, como dos pilares de fino alabastro… Sin duda, los muslos eran la parte más hermosa de su cuerpo. Contorneé un muslo y luego otro, a cada cual más bello. Continué con el vientre, cuyos laterales arqueaban simétricamente entre pliegues ondulados que formaban, fruto de la postura, cascadas celestiales que dividían el abdomen en pálidas regiones; contorneando el vientre desemboqué, en lo alto, en sus senos: níveas colinas paralelas de vigor y plenitud, henchidas por la luz de la vida. Pasé entonces a recoger su rostro: su cabello largo y desordenado, bruno y lleno de vida; sus párpados de fino hilo, que encierran en sus ojos dos interesantes abismos de transparencia; su nariz afilada y suave, sus labios carnosos y refinados, sonrientes y tersos; su mentón afinado, sus mejillas sedosas, sus cejas oscuras y sus orejas semiovaladas. Para acabar, ya solo me quedaba recoger sus brazos con sus respectivas manos, transmisoras de una ternura curiosa e infinita, así como la parte baja de sus piernas, rematadas por sus pies arqueados y finos, simétricos y claros.<br/><br/>Durante todo este tiempo, yo permanecí en silencio, consciente de que ella seguía con la mirada todos y cada uno de mis movimientos. Se alternaba el sonido de mi lápiz recorriendo el papel, con el ciclo que iban describiendo mis ojos, al ir de su cuerpo a la hoja y de nuevo a su cuerpo. Trazado a trazado, mirada a mirada, el dibujo fue tomando forma, hasta que pudo empezar a reconocerse su estampa brotando del papel. Posteriormente, aquellas finas líneas trazadas a lápiz se fueron enmascarando con la traza más gruesa de otro lápiz más orondo, conformando líneas algo más oscuras, algunas de las cuales fueron dibujadas varias veces sobre sí mismas para conseguir que resaltaran. Cuando ya, por fin, estaban marcados los principales contornos, con la ayuda de una pulcra goma de borrar, hice desaparecer varios trazos de lápiz que me habían servido de referencia... Empezaba entonces la tarea más compleja: el remate final; transformar aquel contorno bidimensional en una figura tridimensional, tan llena de vida como la hermosa mujer que mis ojos no se cansaban de mirar; poco a poco, se fue consiguiendo que aquellas finas líneas negras, acumuladas unas con otras, fueran arrancando luces y sombras al dibujo, llegando a parecerme en algunos momentos que la imagen cobraba vida.<br/><br/>No sabría decir el tiempo que duró el trazado de aquel boceto: poco para mi, pues el tiempo se me pasó volando, y, no voy a negarlo, me hubiera gustado pasar más rato contemplándola; demasiado para ella, pues eternos debieron ser los minutos, por no decir horas, en los que posó pacientemente, sin perder en ningún momento la postura, ni tampoco esa sonrisa traviesa y algo mágica, que pendía de su rostro por insuflo divino.<br/><br/>Al acabar, se lo hice saber, para que descansara, y le mostré el dibujo que, según parece, le gustó…<br/><br/>****************************************************************************<br/><br/>Y así quedó el dibujo: cuando días después yo lo miraba y pensaba en ella, me recordaba a una diosa, me recordaba a Venus… Pero era una diosa diferente, no era etérea ni evanescente… Durante todo momento pareció tangible, a pesar de que yo nunca llegué a tocarla: parecía mostrarse consciente y orgullosa de su belleza y de su desnudez; en ningún momento aprecié elemento alguno que provocara la sensación de un distanciamiento divino por su parte.<br/><br/>El dibujo, no porque lo hiciera yo (sería una modestia inapropiada) sino por la imagen que recoge, es maravilloso, magnífico, hermoso, sublime y bello… ¡pero insuficiente! La auténtica obra maestra era ella misma… Después de ella, poco queda ya que plasmar… Si acaso algún día ella se vistiera de ausencia y de olvido, siempre recordaré que un día me dio la oportunidad de dibujarla desnuda.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/phoenixbird/files/297610233_c58d8acb48.jpg" alt="" border="0" width="500" height="291"/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_68.htm"><title><![CDATA[Mirando atrás... Aún nos quedan cosas por hacer]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_68.htm]]></link><description><![CDATA[Ha sido en Sevilla, casi doce años después. Durante este fin de semana he tenido un rato de algo más de dos horas en el que mi mirada se ha vuelto permanentemente atrás. Allí, en el Estadio de la Cartuja de Sevilla, he vuelto a cantar canciones que llevaba más de diez años sin entonar, por no decir gritar, en un concierto; canciones de ese grupo que tantas pasiones ha levantado dentro del panorama del rock español y latino, que tiene una historia labrada con letras de fuego y que en los noventa protagonizó conciertos de un coraje y una fuerza sin precedentes pero que, un buen día, sin nadie entender bien a cuento de qué, decidió disolverse… Me refiero a Héroes del Silencio.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/phoenixbird/files/Heroes_Cartel_Zaragoza.jpg" alt="" border="0" width="471" height="584"/><br/><br/>Y es que once años es mucho, aunque la canción diga que veinte no son nada. Once años es todo un universo, un mar que no cesa cuando lo que se ha sembrado a lo largo de ellos no son más que esperas baldías y casi constantes rumores infundados de retorno. Sin embargo, el sábado Héroes se congració con su público, con nosotros, de la forma en que mejor sabe hacerlo: sobre el escenario, presentando un concierto que jamás se olvidará en la capital del Guadalquivir, ni en el resto de España. Prueba de ello es que en el Olímpico a los sevillanos, no solo nos unimos gentes venidas de todos los rincones de España (el resto de Andalucía, Aragón, Madrid, Baleares, Cataluña, Extremadura, Canarias,…) sino que, además, se mezclaron asistentes de varias nacionalidades: españoles, mexicanos, ingleses, portugueses, argentinos, y un largo etcétera que demuestra que los Héroes siguen uniendo a todas las personas.<br/><br/>El concierto comenzó con una puntualidad atípica en este tipo de espectáculos, pero que indudablemente se agradece, dados los retrasos innecesarios que suelen caracterizar a estos recitales. El diseño del escenario fue, lisa y llanamente, espectacular: un juego de varias pantallas proyectaban cientos de imágenes, mientras que las tablas estaban dispuestas de forma que se presentaban dos zonas de concierto.<br/><br/>De repente, ahí estaban ellos: los cuatro, otra vez juntos. Ya no estaba Alan con ellos, es cierto; en su lugar venía ahora, como quinto héroe, Gonzalo que, aunque intente negarlo, en el momento que se le veía manejar las cuerdas de su guitarra resultaba incuestionable que por sus venas corre sangre Valdivia. Cuando ahora intento pararme a pensar, me parece increíble haber podido escuchar de nuevo el magistral dominio de la batería que solo el ingenioso Pedro Andreu sabe dar a la percusión; estremece sentir de nuevo la guitarra del insigne Juan Valdivia, que aunque parece mostrarse algo más desmejorado que hace doce años, aún sigue dando ese toque tan genuino y característico al instrumento de cuerdas; me emociona ver ese toque tan exclusivo y personal que solo Joaquín Cardiel, en mi opinión el mejor bajista español, sabe dar al bajo, sello distintivo incuestionable y, a mi entender, el instrumento clave, pues produce sonidos armónicos en consonancia con la música del grupo y, al mismo tiempo, da un efecto rítmico al que no puede llegar la guitarra. Y, ¿por qué no decirlo?, a pesar de haber sido el excéntrico caprichoso, culpable de que hayamos tenido que esperar hasta once años para volver a ver a Héroes en el escenario, ha sido un placer poder volver a oír cantar a Bunbury temas tan nuestros como “Entre dos tierras”, “La Carta”, o “Iberia Sumergida”.<br/><br/>El concierto fue espectacular: además de todos los grandes éxitos de Héroes (de entre los que yo solo eché en falta la “Decadencia” y el “Parasiempre”), Héroes nos sorprendieron con canciones que antaño no solían cantar habitualmente en conciertos, como el “Despertar”, “Bendecida”, “Tumbas de Sal” o la hermosísima pieza de “El mar no cesa”.<br/><br/>En este entorno, no pude evitar mirar atrás, rebobinar hacia 1996. Por entonces yo era un chaval mucho más joven que ahora, que pensaba empezar a afeitarse, y que para mostrar sus ansias de comerse el mundo, cantaba permanentemente la canción de Deshacer el mundo. Tenía dos colgantes con el logo de los Héroes; colgantes que con el tiempo regalaría a dos de mis futuras parejas como muestra de que para mi eran especiales (ellas y los Héroes).<br/><br/>Mirando atrás, cuando les vi en el escenario, me acordé de una anécdota: hacia el año 96 yo acababa de instalar en mi ordenador el Windows 95 y en ese entonces nuevo sistema operativo aparecía, entre otras muchas cosas, algo que resultaba totalmente innovador y que hoy es algo habitual: los fondos de pantalla. Recuerdo que entre la revista de las Líneas del Kaos encontré una foto en la que aparecía Joaquín Cardiel, el bajo de Héroes, junto a un músico de otro grupo y, posando para la foto, le agarraba de su hombro opuesto, mirando ambos al frente. Después de escanearla, no sabría decir cuántas horas pasé retocando aquella foto, dados los medios entonces disponibles y mis escasos conocimientos en aquel tiempo, hasta que suplí al otro guitarrista en la imagen y ser yo el que aparecía junto al bajista de Héroes. Dentro de toda banda de rock, el bajo siempre ha sido el instrumento al que yo más culto he rendido: es lógico pensar, que deseara tener una foto con el bajista de mi grupo favorito y que nunca conseguí, por más que lo intenté, hacerme en vida. Aquella foto, no sé si a consecuencia de los virus o del cambio de ordenador, acabó desapareciendo y hoy, por desgracia, no la conservo.<br/><br/>Héroes fueron parte de mi adolescencia: mi habitación estaba plagada de posters, pañoletas, camisetas y gorras de ellos. ¡Incluso tenía una bandera en la que salían los componentes a tamaño real! Al verles el otro día juntos de nuevo, sentí como mi pasado renacía, como el Ave Fénix resurge de sus cenizas, y es que, en el fondo, «soy un ave rapaz, mirad mis alas».<br/><br/>Al salir del concierto, muchos se preguntaban qué pasará con Héroes ahora… Yo, en este sentido, soy bastante escéptico y creo que desgraciadamente nunca más les volveré a ver después del concierto de este fin de semana en Valencia. Buena prueba de ello es que en la web oficial del grupo se habla de los conciertos de Sevilla y Valencia como «los dos últimos conciertos de la historia de Héroes del Silencio». No sé… Lo que sí es cierto es que, aunque no haya nada para siempre, como dice la canción «aún nos quedan cosas por hacer, si no das un paso te estancas. Aún nos quedan cosas por decir».<br/><br/>Siempre Héroes.<br/><br/><object width="425" height="355"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/KyqNpoKNgnI&rel=1"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/KyqNpoKNgnI&rel=1" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"></embed></object><br/><br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_67.htm"><title><![CDATA[Mirando atrás... Me cuesta tanto olvidarte]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_67.htm]]></link><description><![CDATA[Yo tenía once años y ella se llamaba Raquel. Era rubia y medía no sé cuánto, por lo menos quince centímetros más que yo. Llevaba un mes esperándola todas las tardes a la salida de su colegio. Salva y Manolo, mis mejores amigos, me acompañaban y aprovechaban para levantarle la falda a alguna chica, pero yo no estaba para tonterías de niños y así se lo dije a mis amigos. Resultado: nunca volvieron. Mi imagen, yo solo frente a un colegio de monjas, debía de ser bastante ridícula, pero no me importaba: estaba enamorado y no cesaría hasta conseguirla. Unas semanas después, con un valor y un arrojo que yo no sabía que tuviera, le dije a una de sus amigas: "estoy por Raquel". <br/><br/>No sé qué pasó, pero al día siguiente Raquel salió sola del colegio, se acercó hacia mí y me preguntó si la acompañaba a casa. No era el siete de septiembre, pero casi. Esa tarde me dio un beso en la mejilla porque me decía que en la boca tenía que ser más adelante. Fuimos novios casi un mes, y aunque el beso en los labios nunca llegó, era el hombre más feliz y más bajito del mundo. <br/><br/>Pero una tarde, a mi lado, frente a su colegio, había un chico igual de solo que yo, un chico altísimo, casi tanto como ella, y que además fumaba. Raquel ni me saludó cuando pasó a mi lado. Le cogió de la mano y se fueron andando tan felices. A los quince o veinte metros se detuvieron y se dieron un beso en la boca. <br/><br/>Una semana después a mí me pusieron gafas y Mecano publicó "Entre el cielo y el suelo". Escuché "Me cuesta tanto olvidarte" trescientas setenta veces seguidas, y aunque no entendía qué quería decir "cuadro de bifrontismo que sólo da una faz", se convirtió en mi canción durante mucho tiempo. Una tarde me encontré con Raquel frente a frente por la calle. Se paró a mi lado y me soltó: "estás muy feo con gafas, pero si quieres podemos ser amigos". ¿Amigos? Ay, Raquel, lo que me hiciste sufrir. Afortunadamente, todo pasa, y unos años más tarde y un poco más alto, pude compartir con Carla, con besos en la boca y llenos de felicidad, "La fuerza del destino", y después, poco antes de hacer la selectividad, me peleaba y hacía las paces todas las tardes con Olga mientras oíamos "Una rosa es una rosa". Aún hoy, cuando me aproximo inexorablemente a los treinta, me descubro canturreando "Vivimos siempre juntos" pensando en otra cuyo nombre no quiero decir.<br/><br/>Mecano ha estado presente en toda mi vida. Ha estado presente en la vida de todos, convirtiéndose en la banda sonora de toda una década, los años ochenta, en los que pasaron tantas y tantas cosas. Ahora es el momento de recordar aquellos días en los que las chicas te dejaban porque eras bajito y te ponían gafas, pero también cuando tú fuiste al fin el chico alto que fumaba y que se besaba con las chicas por la calle.<br/><br/>Antesdeayer, en casa de mi padre, escuché que desde la habitación de mi hermana Elena, que tiene diez años, salía una y otra vez "Me cuesta tanto olvidarte". Me di cuenta en ese instante: Elena se ha enamorado por primera vez.    <br/><br/><i>David Serrano</i><br/><br/><object width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Ml5YqmmfX4c"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/Ml5YqmmfX4c" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="350"></embed></object><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_66.htm"><title><![CDATA[El cuaderno]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_66.htm]]></link><description><![CDATA[En la vida, hay regalos y regalos… Yo siempre recordaré del día de Reyes en mi casa, cómo mi madre disfrutaba más viéndonos a todos abrir los regalos, y nuestra consecuente cara de sorpresa y alegría, que abriendo sus propios regalos. Y es que, al igual que ocurre con la palabra, un regalo es mitad de quien lo da y mitad de quien lo recibe…<br/><br/>En la vida, hay regalos y regalos… Ayer, o mejor dicho hoy hace cuatro o cinco horas, cinco personas tremendamente especiales me obsequiaron, al hilo de ser un día también especial, con un regalo muy representativo: un cuaderno. Al cuaderno le acompañaba un colgante con un crucifijo. Sobra decir el significado que tiene el crucifijo, pero sí quiero hablar del cuaderno: era un cuaderno con un empastado un tanto rústico y campestre, quizá en consonancia con la persona a la que se le hacía entrega del mismo. Dentro, cinco páginas escritas cada una por una de las personas que me hizo el regalo, con dedicatorias enternecedoras que habré leído ya diez o doce veces; allí he podido leer desde la transmisión de muestras de afecto, a recuerdos de hechos especiales que ni por asomo yo imaginaba que alguna de estas personas recordaría… Por todas estas palabras, estéis donde estéis, me leáis o no, gracias chicas…<br/><br/>Sin embargo, como en la vida hay regalos y regalos, el regalo no acababa ahí: el cuaderno no tenía solo cinco páginas, sino que había otras muchas más en blanco… No las he contado, pero calculo a ojo que debe de haber unas cuarenta o cincuenta hojas… Al hacerme entrega del cuaderno, se me dijo que esas páginas estaban en blanco para que yo las llenara, para que escribiera en ellas… ¡Incluso una de las obsequiosas llegó a acordarse de Beto en tales circunstancias! Tengo ahí cuarenta o cincuenta pliegos, esperándome, gracias a ellas, para hacer con ellos una de las cosas que más me gustan en este mundo: escribir… En ellos puedo verter meditaciones, intentar reflejar sentimientos, recoger experiencias o simplemente inventar nuevas historias, de ésas que a veces se me ocurren… Ellas me han regalado un cuaderno precioso, con unos textos a modo de introducción, para que yo escriba en él; el regalo me lo dieron ellas, pero yo he de completarlo; el regalo es mitad de quien lo da y mitad de quien lo recibe.<br/><br/>***********************************************************************<br/><br/>El caminar por esta vida, en el fondo, es similar a un cuaderno aún por usar … Hojas en blanco en las que, cuando estás escribiendo en una página, por muy previsor que uno pueda llegar a ser, es imposible acertar a adivinar qué se va a escribir exactamente en la página siguiente… Escribiré en el cuaderno, lo prometo… Pero dado lo especial que es ese cuaderno, no quiero ser el único que escriba en él, porque ese cuaderno es un regalo, y, como tal, es mitad de quien lo da y mitad de quien lo recibe… No sé si me entendéis…<br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_65.htm"><title><![CDATA[Viendo Forrest Gump]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_65.htm]]></link><description><![CDATA[Después de un mes de septiembre intenso, por fin he encontrado un hueco para dedicarlo a alguna actividad ociosa. Hacía mucho tiempo, meses, que no me sentaba en el sofá a ver tranquilamente una película y así lo he hecho: la película elegida, que ya había visto tres o cuatro veces antes, fue Forrest Gump y, dado que me gustó tanto o más que las veces anteriores y dado también el valor moral que creo que atesora, he decidido retomar mi blog hablando de ella… Desde aquí, mi recomendación a todos cuantos me lean para que vean esta película.<br/><br/>Analizada la intrahistoria del largometraje, Forrest Gump en realidad es una novela escrita en 1985 por Winston Groom, que fue posteriormente llevada al cine en 1994. Cabe decir, en honor a la verdad, que la película difiere sustancialmente del libro en que se basa, hasta el punto de que, en mi modesta opinión y en contra de lo que habitualmente suele ocurrir, la película es mucho mejor que el libro en el que está basada. El film tuvo un gran éxito comercial, llegando a ganar 677 millones de dólares, y obteniendo además trece nominaciones a los Premios Oscar, de los que ganó seis, incluyendo mejor película, mejor director (Robert Zemeckis) y mejor actor (Tom Hanks).<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/phoenixbird/files/forrestgumpposter.jpg" alt="" border="0" width="350" height="500"/><br/><br/>Forrest Gump es la historia de un hombre retrasado y con problemas físicos que se va paseando por las tres últimas décadas del siglo XX norteamericano; Forrest va conociendo figuras de relevancia histórica y siendo testigo de eventos de magnitud, pero siempre sin darse cuenta de lo que está pasando alrededor ni de su trascendencia para la Historia, debido a su coeficiente intelectual de 75. Y es que, a pesar de sus limitaciones, Gump consigue ser una estrella del fútbol americano, se convierte en un héroe durante la Guerra de Vietnam y en campeón olímpico de ping pong. Su perseverancia, junto con varios golpes de suerte, le llevará a conseguir una gran fortuna, a ser objeto de clamor popular y codearse con las más altas esferas políticas y sociales. Sin embargo, en su horizonte no hay deseo de fama ni ambición; lo único que él anhela es poder tener entre sus brazos a Jenny, su único y verdadero amor, la única amiga que tuvo, la única que le hizo un hueco en su asiento el primer día de escuela, la única que le enseñó a leer, la única que le tendió la mano y, aparte de su madre, le dio cariño.<br/><br/>Como trasfondo, el repaso que se hace de los últimos treinta años de la cultura norteamericana, es simultáneamente ácido y tierno, demoledor y constructor. Vista a través de los ojos de una mente inocente y bondadosa como la de Gump, la historia reciente de los Estados Unidos y el mundo se forja a base de casualidades donde el humor y la tragedia vienen siempre cogidos de la mano. Hay humor en ese niño taradete y feo que por culpa de los zancos metálicos que llevaba por zapatos avanzaba como un monstruo de Frankenstein por las calles del pueblo; pero también hay tristeza por su condición de marginado. Hay humor en las mil y una veces que Forrest pone sus cualidades al servicio de crear mitología (el fútbol americano, los campeonatos de ping pong, la moda del footing o los smileys) pero también hay cierto despegue tristón, en tanto que el protagonista queda siempre al margen y se contenta con poco, por no decir nada y menos. Hay también ternura a raudales, representada por esa madre abnegada y solitaria, que no duda en prestarse una noche a cambio de la educación de su hijo; en Jenny, niña abusada y a la postre convertida en hippie sin rumbo ni norte, que morirá a consecuencia de los excesos; en Bubba, el otro gigantón que sueña con convertirse en pescador de gambas y no sabe hablar de otra cosa; en el teniente Dan que, sin piernas, no acepta su condición de inválido, llegando a recriminar a Forrest haberle salvado la vida, convencido de que su destino era morir en el campo de batalla; en el niño pequeño, también Forrest Gump, que inicia un nuevo futuro al final de la película, cuando el autobús amarillo se pone de nuevo en marcha. <br/>Detrás del recorrido de Forrest, se muestra una visión cargada de ironía de las más sacrosantas instituciones norteamericanas, vadeando terrenos fangosos que aún hoy allí pueden herir sensibilidades (el Vietnam, el racismo, las religiones) y saliendo siempre a flote sin rozar más que levemente la moralidad ideológica inevitable.<br/><br/>Pero, a la vez, hay cargas de profundidad a lo largo de toda la película; chistes visuales que rellenan la pantalla y añaden significado a la historia, detalles que aumentan la narración: la foto de Marilyn Monroe en el cuarto de baño de Kennedy en la Casa Blanca; los soldados bebiendo y fumando en Vietnam mientras los helicópteros barren el cielo; Elvis Presley en plano desenfocado diciendo "It´s all right, Mama"; Jenny tocando la guitarra en el Hall of Fame de Hollywood justo sobre la estrella de Jean Harlow. <br/><br/>Con todo, combinando con gran sutileza la parodia y el homenaje, Forrest Gump, el hombre que está en el lugar inadecuado en el momento oportuno, puede considerarse un héroe cotidiano y noblote, y por eso hoy le he querido traer aquí…<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/phoenixbird/files/Forrest20Gump.jpg" alt="" border="0" width="470" height="339"/><br/><br/>Como colofón, quisiera dejaros la letra de una de las canciones de la Banda Sonora de Forrest Gump... Ya me direis si esta canción no pide traduzcointerpretación...<br/><br/><b>Against The Wind</b><br/><i>Bob Seger</i><br/><br/>It seems like yesterday<br/>But it was long ago<br/>Janey was lovely she was the queen of my nights<br/>There in the darkness with the radio playing low<br/>And the secrets that we shared<br/>The mountains that we moved<br/>Caught like a wildfire out of control<br/>'Til there was nothing left to burn and nothing left to prove<br/>And I remember what she said to me<br/>How she swore that it never would end<br/>I remember how she held me oh so tight<br/>Wish I didn't know now what I didn't know then<br/><br/>Against the wind<br/>We were runnin' against the wind<br/>We were young and strong, we were runnin'<br/>Against the wind<br/><br/>The years rolled slowly past<br/>And I found myself alone<br/>Surrounded by strangers I thought were my friends<br/>I found myself further and further from my home<br/>And I guess I lost my way<br/>There were oh so many roads<br/>I was living to run and running to live<br/>Never worryied about paying or even how much I owed<br/>Moving eight miles a minute for months at a time<br/>Breaking all of the rules that would bend<br/>I began to find myself searching<br/>Searching for shelter again and again<br/><br/>Against the wind<br/>A little something against the wind<br/>I found myself seeking shelter sgainst the wind<br/><br/>Well those drifter's days are past me now<br/>I've got so much more to think about<br/>Deadlines and commitments<br/>What to leave in, what to leave out<br/><br/>Against the wind<br/>I'm still runnin' against the wind<br/>I'm older now but still runnin' against the wind<br/>Well I'm older now and still runnin'<br/>Against the wind<br/>Against the wind<br/>Against the wind<br/><br/>Still runnin'<br/>I'm still runnin' against the wind<br/>I'm still runnin'<br/>I'm still runnin' against the wind<br/>Still runnin'<br/>Runnin' against the wind<br/>Runnin' against the wind<br/>See the young man run<br/>Watch the young man run<br/>Watch the young man runnin'<br/>He'll be runnin' against the wind<br/>Let the cowboys ride<br/>Let the cowboys ride<br/>They'll be ridin' against the wind<br/>Against the wind ...<br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_64.htm"><title><![CDATA[Quero as tuas ribeiras que me fan lembrare]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/phoenixbird/c_64.htm]]></link><description><![CDATA[Esta semana he vuelto a mi lugar de residencia y laboreo, después de tomarme unos días de vacaciones, retomando de forma instantánea mi ritmo de vida habitual. He estado doce días descansando, o al menos intentando, el cuerpo y, en menor medida dada mi inquietud, la mente. Han sido unas vacaciones puramente familiares que, sinceramente, me han venido genial… Sin embargo, no estoy escribiendo esto para hablar de mis vacaciones, sino porque quiero rendir un homenaje al lugar al que he decidido que, si llego a ser anciano, me retiraré a esperar a la muerte; me estoy refiriendo a un paraje que he descubierto en estos días y que yo, hasta ahora, no conocía de forma directa: a Illa de Arousa (la Isla de Arosa).<br/><br/>A Illa de Arousa es una pequeña isla de apenas siete kilómetros cuadrados, que se encuentra en el corazón de la ría de Arousa, frente a su margen derecha, en la provincia de Pontevedra. Según se me dijo, en la isla viven alrededor de 5.000 habitantes, concentrados en su mayoría en un istmo estrecho (y en sus inmediaciones), que une una pequeña península con el resto del islote.<br/><br/>Para llegar hasta la isla, hay que ir a Vilanova de Arousa, villa natal de Ramón del Valle-Inclán, y cruzar un puente de unos dos kilómetros de longitud que atraviesa la ría. Este puente es una construcción relativamente reciente que ha dado una vida tremenda a la isla, dinamizando su economía de forma prodigiosa. Al parecer, antes de su construcción, los desplazamientos que permitían comunicar la isla con el resto de España se realizaban en pequeños vapores con horarios muy rígidos, lo que debía resultar tremendamente incómodo.<br/><br/>Pero a Illa de Arousa es algo más que una isla varada gracias a un puente, es algo más que un islote que ofrece treinta y seis kilómetros de costa, once de ellos de playa: a Illa de Arousa es un ejemplo, más expresivo y fehaciente que cualquier otro, de la belleza y el encanto que caracteriza a las costas de las Rías Baixas, donde el mar y la tierra son compañeros inseparables: innumerables bateas de mejillones se descubren al amanecer sobre la superficie del agua, mientras la brisa marina empapa la isla de una fragancia que conjuga aromas de pescado fresco y salitre. Barcos faenadores corretean por alrededor de la isla a cualquier hora del día o de la noche, mimando las tranquilas aguas de la ría, pues son fuente de riqueza, guardianas del tesoro que alimenta a los hijos de la ínsula desde tiempos inmemoriales. Allí, la población vive fundamentalmente de la costa y de su industria derivada. No hay rincón en la isla donde no se aprecie alguna señal de las actividades marineras de sus habitantes: en Puerto do Cantiño, en los alrededores de la lonja, en los muelles de Chazo y Cabodeiro; en cualquier rincón, el bullicio marinero se muestra en su máximo esplendor, observándose, nada más llegar, cómo la vida de los isleños parece que se cimienta en el mar, y no en la tierra.<br/><br/>Las calles del pueblo son calles típicas de una villa de pescadores: estrechas y algo tortuosas, a la par que acogedoras; con dos grandes paseos marítimos, uno a cada lado de la isla, donde da gusto caminar o sentarse en uno de sus múltiples bancos y así relajarse contemplando las tranquilas aguas y los barcos marineros que descansan sus lomos sobre el mar.<br/><br/>La isla, a pesar de ser pequeña, da muestras de poderío: su relieve es muy suave, con formas alomadas de granito a causa de la erosión; el mar que baña toda la costa insular, se muestra calmado en las numerosas playas que se forman a lo largo de todo el perímetro de la isla. ¡Hay playas de todo tipo! Desde pequeñas cala, a grandes arenales, como Area da Secada o Camaxe, playa muy singular dada su situación y que muestra en sus entrañas un hermoso islote de arena.<br/><br/>Allí quiero irme cuando el trabajo no me obligue a estar aquí anclado, para ver cada mañana a los marisqueros practicar la pesca de bajura; para sentir la brisa del mar acariciando mi cara y el poco cabello que para entonces me quede; allí deseo que quien me busque me encuentre… Allí me quiero ir, pues allí he sentido la densidad de los siglos, el fluir continuo de las horas como la arena de un reloj cae grano a grano… Allí, donde toda una vida de mil años parece condensarse en la tela de una araña o, mejor aún, en el entramado de una red de pesca o en el enrejado de una nasa, pues más de mil años llevan los arousanos faenando en las aguas de la ría. Allí, mirando cómo el sol sale por un flanco de la isla y se pone por el opuesto, he sentido cómo en el grano de polvo palpita el enigma del tiempo. Allí, viendo como los barcos zarpan y atracan, cargan y descargan, navegan y flotan, he visto con claridad que la vida es un espejo que vamos observando a lo largo del camino,… Allí quiero quedarme, en ese rincón perdido, en el corazón de tan grandiosa ría gallega. Allí, en Galicia, que, como ya he dicho muchas veces, es tierra rociada y glauca, tierra de acogida y de aroma lozano, tierra de magia donde, como dijera Valle-Inclán, las almas guardan los ojos atentos para el milagro. Allí deseo estar…<br/><br/><i>Estráñoche Galicia, agora que estou lonxe de ti. Agora entendo por que Rosalía che cantaba: ¡Oh, Galicia! Teño morriña, teño saudade,  porque estou lonxe de eses teus lares... </i><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/phoenixbird/files/arousa55.jpg" alt="" border="0" width="886" height="588"/><br/>]]></description></item></rdf:RDF>
