Va por tí, Jorge

Con un par.
I've got you under my skin
Cierro los ojos y vuelo hasta un salón donde hombres de pelo engominado bailan con etéreas mujeres vestidas de seda blanca.

Son tipos duros...

mujeres dulces ...
sensuales... 
todo es belleza ...
glamour
...
swing y crooners

Es una época en la que resulta más excitante un guante deslizándose por una mano que todo un cuerpo desnudo...

Una época de deliciosa ropa interior...
... y exterior
Una época en que las mujeres son mitos eróticos por su mirada y no por la talla de su sujetador

Y los hombres no necesitan enseñar los biceps para resultar atractivos
Por trasladarme a esa época en un par de segundos, gracias Michael.


mujeres dulces ...
todo es belleza ...
... 
Es una época en la que resulta más excitante un guante deslizándose por una mano que todo un cuerpo desnudo...

Una época de deliciosa ropa interior...
... y exteriorUna época en que las mujeres son mitos eróticos por su mirada y no por la talla de su sujetador

Y los hombres no necesitan enseñar los biceps para resultar atractivos Por trasladarme a esa época en un par de segundos, gracias Michael.
No soy la única
Benedetti tampoco es de mis preferidos, aunque siempre me apetece leer sus poemas en los primeros momentos de los enamoramientos, cuando toda cursileria es poca en aras del estimulante vuelo de las mariposillas que habitan en el estómago. Quitando esas ocasiones (demasiadas, para mi pesar), me quedo con esta Balada del mal genio, que es un poco (o un mucho) yo.

Hay días en que siento una desgana
de mí, de ti, de todo lo que insiste en creerse
y me hallo solidariamente cretino,
apto para que en mí vacilen los rencores
y nada me parezca un aceptable augurio.
Días en que abro el diario con el corazón en la boca
como si aguardara de veras que mi nombre
fuera a aparecer en los avisos fúnebres
seguido de la nómina de parientes y amigos
y de todo indócil personal a mis órdenes.
Hay días que ni siquiera son oscuros,
días en que pierdo el rastro de mi pena
y resuelvo las palabras cruzadas
con una rabia hecha para otra ocasión
digamos, por ejemplo, para noches de insomnio.
Días en que uno sabe que hace mucho era bueno,
bah, tal vez no hace tanto que salía la luna
limpia como después de jabón perfumado
y aquello si era auténtica melancolía
y no este malsano, dulce aburrimiento.
Bueno, esta balada sólo es para avisarte
que en esos pocos días no me tomes en cuenta.
(Mario Benedetti)
Y esto es todo hasta el lunes, en que creo que la montaña rusa iniciará nuevamente su ascenso para mi propio bien y el de los que me rodean.
Besos agradecidos.
La Pickles
Hoy no tengo el día inspirado para escribir. Bueno, miento, hoy tengo el día inspiradísimo para escribir sobre amarguras, pero no creo que sea lo más oportuno, porque si todos hiciéramos lo mismo, el paseo por los blogs, en lugar de un "tapeo" sería un via crucis.
"Asínque" lo que voy a hacer es desvelar el misterio (que fijo que a todos os tiene intrigadísimos :-p) de mi "alias". La segunda parte, la de "bruja rural" es bastante literal. Mis amigas me llaman bruja desde hace tiempo, creo que de forma cariñosa y no por mis desplazamientos en escoba. En cuanto a "rural" es simple: vivo, aún a mi pesar, que cada vez es menos, en un pueblo pequeño de la Comunidad de Madrid.
El nombre de Pickles se lo debo a mi heroína de ficción. Claro, habréis podido comprobar que no es Gilda ni Escarlata, ni siquiera Arwen o incluso Lara. No. Mi heroína de ficción es esta rubia de las coletas:

No sé si alguien conocerá la serie de televisión de los Rugrats (aquí se ha llamado Aventuras en Pañales), pero no voy a entrar en detalles, porque ya tengo yo muy clarito que mi afición por los dibujos animados no es algo muy extendido entre la gente que ya dejó atrás los 30, los 20 (y hasta los que ya han cumplido los 12, creo). Pero tengo que decir que si una chica quiere llegar a ser una bruja de las de verdad, de pequeña tiene que ser comoAngelica Pickles. Angelica es egoísta, instransigente, manipuladora, chillona, histriónica, autoritaria, ambiciosa y muy inteligente. Es decir, tiene todo lo que se necesita hoy dia para sobrevivir. Yo, cuando vuelva a ser pequeña, quiero ser como ella.

"Asínque" lo que voy a hacer es desvelar el misterio (que fijo que a todos os tiene intrigadísimos :-p) de mi "alias". La segunda parte, la de "bruja rural" es bastante literal. Mis amigas me llaman bruja desde hace tiempo, creo que de forma cariñosa y no por mis desplazamientos en escoba. En cuanto a "rural" es simple: vivo, aún a mi pesar, que cada vez es menos, en un pueblo pequeño de la Comunidad de Madrid.
El nombre de Pickles se lo debo a mi heroína de ficción. Claro, habréis podido comprobar que no es Gilda ni Escarlata, ni siquiera Arwen o incluso Lara. No. Mi heroína de ficción es esta rubia de las coletas:

No sé si alguien conocerá la serie de televisión de los Rugrats (aquí se ha llamado Aventuras en Pañales), pero no voy a entrar en detalles, porque ya tengo yo muy clarito que mi afición por los dibujos animados no es algo muy extendido entre la gente que ya dejó atrás los 30, los 20 (y hasta los que ya han cumplido los 12, creo). Pero tengo que decir que si una chica quiere llegar a ser una bruja de las de verdad, de pequeña tiene que ser comoAngelica Pickles. Angelica es egoísta, instransigente, manipuladora, chillona, histriónica, autoritaria, ambiciosa y muy inteligente. Es decir, tiene todo lo que se necesita hoy dia para sobrevivir. Yo, cuando vuelva a ser pequeña, quiero ser como ella.


No es mi autor preferido y no es mi compositor preferido, pero son los que escojo siempre que la melancolía me araña las tripas.
La melancolía de un día gris que a mí, que reniego del sol, hoy me está haciendo respirar a golpe de suspiro.
Es la felicidad lo que hoy lamento.
No el dolor verdadero,
que enmudece;
sino esa sutil forma de tristeza
que no es apenas nada
más que ausencia de dicha.
(Angel González)
La melancolía de la ausencia, de su ausencia o de la mía, eso qué más da.
Me he quedado sin pulso y sin aliento
separado de tí. Cuando respiro,
el aire se me vuelve en un suspiro
y en polvo el corazón, de desaliento.
No es que sienta tu ausencia el sentimiento.
Es que la siente el cuerpo. No te miro.
No te puedo tocar por más que estiro
los brazos como un ciego contra el viento.
Todo estaba detrás de tu figura.
Ausente tú, detrás todo de nada,
borroso yermo en el que desespero.
Ya no tiene paisaje mi amargura.
Prendida de tu ausencia mi mirada,
contra todo me doy, ciego me hiero.
(Angel González)
La melancolía que provoca, en definitiva la (imaginada) felicidad ajena, que aisla más que cualquier barrera, más que cualquier distancia.
Todos ustedes parecen felices ...
... y sonrien, a veces, cuando hablan.
Y se dicen, incluso,
palabras
de amor. Pero
se aman
de dos en dos
para odiar de mil
en mil. Y guardan
toneladas de asco
por cada
milímetro de dicha.
Y parecen -nada
más que parecen- felices,
y hablan
con el fin de ocultar esa amargura
inevitable, y cuántas
veces no lo consiguen, como
no puedo yo ocultarla
por más tiempo: esta
desesperante, estéril, larga,
ciega desolación por cualquier cosa
que -hacia dónde no sé- lenta, me arrastra.
(Angel González)
No hay nada peor que un demasiado tarde
Con estas palabras termina Bukowski uno de sus poemas, y ¡cuánta razón tenía el hombre este!. Sobre todo para los que, como yo, nos hemos pasado años y años pensando que ya llegaría el día para hacer lo que nos gustaba y, de pronto, nos damos cuenta de que el dia no sólo ha llegado, sino que hasta se ha largado con viento fresco y seguimos igual.
Yo, tras largas horas de debate conmigo misma, he decidido que no es tarde para:
a) retomar (creo que es la 21ª vez) unas oposiciones que tengo pendientes desde que Marujita Diaz hizo la Primera Comunión.
b) llevar la ropa que me apetezca; y ya se sabe, al que no le guste, que mire el mobiliario urbano.
c) hacerme tatuajes (y piercings, pero para esto no encuentro yo el momento adecuado aún). A esto le es de aplicación lo del punto b) sobre aquel a quien no le guste.
d) aprender danza del vientre.

Sí señor, como dice mi madre, a la vejez viruelas. Desde hace mucho tiempo, cuando todas mis amigas querían aprender a bailar sevillanas, yo quería aprender la danza de los siete velos. No sé por qué, pero siempre me ha encantado la música árabe y envidiaba a esas mujeres que movían la cintura y las caderas de una forma que a mí me parecía dificilisima (y que ahora que lo intento, me parece más difícil todavía). Y siempre pensaba: jo, cómo me gustaría haber aprendido ... Hasta que el día que cambió mi vida de arriba a abajo y de abajo a arriba (el día D), pensé:¿cómo que "me gustaría haber aprendido"?. De eso nada: ¡cómo me GUSTARÁ aprender! Y dicho y hecho, ahora todos los sábados de doce a dos me disloco las caderas bailando, pero ¡feliz como una perdiz!.
Lo sé, me quedan las oposiciones, pero empiezo el lunes, de verdad.
Yo, tras largas horas de debate conmigo misma, he decidido que no es tarde para:
a) retomar (creo que es la 21ª vez) unas oposiciones que tengo pendientes desde que Marujita Diaz hizo la Primera Comunión.b) llevar la ropa que me apetezca; y ya se sabe, al que no le guste, que mire el mobiliario urbano.
c) hacerme tatuajes (y piercings, pero para esto no encuentro yo el momento adecuado aún). A esto le es de aplicación lo del punto b) sobre aquel a quien no le guste.d) aprender danza del vientre.

Sí señor, como dice mi madre, a la vejez viruelas. Desde hace mucho tiempo, cuando todas mis amigas querían aprender a bailar sevillanas, yo quería aprender la danza de los siete velos. No sé por qué, pero siempre me ha encantado la música árabe y envidiaba a esas mujeres que movían la cintura y las caderas de una forma que a mí me parecía dificilisima (y que ahora que lo intento, me parece más difícil todavía). Y siempre pensaba: jo, cómo me gustaría haber aprendido ... Hasta que el día que cambió mi vida de arriba a abajo y de abajo a arriba (el día D), pensé:¿cómo que "me gustaría haber aprendido"?. De eso nada: ¡cómo me GUSTARÁ aprender! Y dicho y hecho, ahora todos los sábados de doce a dos me disloco las caderas bailando, pero ¡feliz como una perdiz!.
Lo sé, me quedan las oposiciones, pero empiezo el lunes, de verdad.
Uf

Estoy agotada. Lo siento, pero las neuronas me han "petao", como la batería del móvil. Tengo que recargarlas antes de escribir algo inteligible, así que, hala, a darme un garbeo por los blogs de obligada visita diaria para chafardear y dejar alguna nota (si la enegía me lo permite).
Por cierto, la culpa es de mi nuevo jefe, que hoy (sí, hoy, DOMINGO) me ha tenido en el trabajo hasta las cuatro de la tarde.
Besos al aire (a otras partes fijo que no llegan).
Enamorada de la moda juvenil
Que nadie me pregunte cómo, pero hoy he llegado hasta una página (por cierto, ¿alguien sigue creyendo que los metrosexuales son un invento de ahora?) que me ha enviado, de golpe, a Benidorm y a finales de los ochenta (Dios mio, si en los ochenta era joven,¿ahora ...?). ¡Qué época aquella! Gastaba yo unas hombreras que, para salir a la calle, tenía que llevar señalizadores de posición en los extremos, como los camiones. Y es que siempre he sido una esclava de la moda. Ya podía renegar un año de los pantalones de "pataelefante", que si en la temporada siguiente se llevaban, yo tenía cuatro pares. Y no era precisamente homogénea en mi estilo, no. Me explico, no llevaba cada temporada la última moda de un mismo grupo o tribu urbana: siempre la "pija" o la "punk" o la "rocker". No. Yo cada año era una cosa.
Cuando me dio por el "pijerio", me dio fuerte: uniforme compuesto por pantalones Levi's, jersey Privata, naúticos de color rosa, chaqueta Karhu de color rosa y, por supuesto, bufanda de Snoopy. (Esto lo confieso amparada en el anonimato, si no, de qué).
Pero, claro, eso era un año. El siguiente, me salía el espíritu punk y, hala, me pintaba los labios de negro, las uñas de negro, le robaba a mi abuela la chaqueta negra de ganchillo y me la ponía con los botones "p'atrás". Los pelos, claro, de punta. Y me daba como la crisis y, ea, que ahora quiero ser "mod" (¿se escribe "mod"?) y me plantaba la gabardina, me echaba tooooodos los pelos encima de un ojo y a la calle con cara de mala leche (se llevaba).
También tuve la época pendón verbenero. Sí. Me compraba los pantalones elásticos de pitillo y los "entubaba" para que parecieran leotardos. Eso sí, de color rojo, para qué vamos a irnos al negro. Me embutía en una camiseta ajustada de "comorespireexploto" y me plantaba la raya negra en el ojo. Así, discretita.
Y del pelo, ¿para qué hablar? Lo he llevado corto, largo, rizado con rizo fino, con rizo grueso, ondulado, liso, de color negro, castaño con mechas, rubio pollo, negro con mechas rosa chillón, platino con mechones morados. Y todo esto en el plazo de un par de años, como mucho.

Ilusa de mí, pensaba que eso cambiaría con la edad, pero mira tú por dónde, no ha sido así. En plena "adultescencia" me apunto a la moda pantalón de campana, tacón de aguja (a esta poco, por eso de los esguinces de tobillo), pantalón pirata, zapatón con plataforma, camisetas con mensaje, tanga por fuera, colores pastel, negro riguroso, transparencias, cuello alto. Como diría un novio que tuvo mi hermana, "qué mismo da". El caso es epatar, ¿no?.
Cuando me dio por el "pijerio", me dio fuerte: uniforme compuesto por pantalones Levi's, jersey Privata, naúticos de color rosa, chaqueta Karhu de color rosa y, por supuesto, bufanda de Snoopy. (Esto lo confieso amparada en el anonimato, si no, de qué).
Pero, claro, eso era un año. El siguiente, me salía el espíritu punk y, hala, me pintaba los labios de negro, las uñas de negro, le robaba a mi abuela la chaqueta negra de ganchillo y me la ponía con los botones "p'atrás". Los pelos, claro, de punta. Y me daba como la crisis y, ea, que ahora quiero ser "mod" (¿se escribe "mod"?) y me plantaba la gabardina, me echaba tooooodos los pelos encima de un ojo y a la calle con cara de mala leche (se llevaba).También tuve la época pendón verbenero. Sí. Me compraba los pantalones elásticos de pitillo y los "entubaba" para que parecieran leotardos. Eso sí, de color rojo, para qué vamos a irnos al negro. Me embutía en una camiseta ajustada de "comorespireexploto" y me plantaba la raya negra en el ojo. Así, discretita.
Y del pelo, ¿para qué hablar? Lo he llevado corto, largo, rizado con rizo fino, con rizo grueso, ondulado, liso, de color negro, castaño con mechas, rubio pollo, negro con mechas rosa chillón, platino con mechones morados. Y todo esto en el plazo de un par de años, como mucho.

Ilusa de mí, pensaba que eso cambiaría con la edad, pero mira tú por dónde, no ha sido así. En plena "adultescencia" me apunto a la moda pantalón de campana, tacón de aguja (a esta poco, por eso de los esguinces de tobillo), pantalón pirata, zapatón con plataforma, camisetas con mensaje, tanga por fuera, colores pastel, negro riguroso, transparencias, cuello alto. Como diría un novio que tuvo mi hermana, "qué mismo da". El caso es epatar, ¿no?.
¿O no?

No sé cuál puede ser la explicación de este embotamiento que me caracteriza últimamente. Por ejemplo: comida con una amiga antes de entrar al cine: ¿qué me apetece comer? ¿menú del Burger King? ¿bocata del Pans and Company, quizás? Mejor pizza. O no: un menú de esos mediterraneos, normalito, con su ensalada, su filete a la plancha, mmm, con patatas fritas, su bollo de pan y su postre…
Aunque puede que la mejor opción sea el Dunkin Donuts: es barato e igual de interesante para mis adiposidades. Claro, que también está el Mills. Me privan las fajitas del Mills y, sobre todo, el brownie con mucho chocolate. ¡Dios! Qué problema. Ante tanta variedad de comida basura, no puedo decidirme: mi amiga, a punto de sucumbir y sucumbirme a mí con ella, decide por las dos: el Dunkin está bien. Genial, al Dunkin, es a donde yo queria … claro, que tampoco me hubiera importado el Mills o el King .. En fin, entramos al Dunkin Donuts y pedimos un menú. “¿Qué bocadillo querrán con el menú,?” se atreve a preguntar la camarera de la gorra que hay tras la barra. Pues chica, no sé, porque hay diez y, una vez descartados los poquitos que sé que no me gustan (¿o puede que sí?), aún dudo entre el de fuet, el de atún con pimientos, el de pollo asado y otro más que, mira tú por dónde, he olvidado cuál era. Mi amiga, resuelta ella como es, pide el de bacon. “Es que me apetece bacon”, me suelta como si tal cosa. Ya. Qué bonito. Ella haciendo gala de su tranquilidad, de su madurez, de su capacidad para decidir rápidamente en los dilemas que la vida te presenta. Y yo allí, mirando el cartel y pensando que la chica de la gorra y mi amiga me están mirando. Y poniéndome nerviosa porque sigo sin saber qué me apetece, pero si sé qué es lo que no me apetece: que alguna de esas dos me dé un guantazo. Y pido, intentando parecer segura de mi misma: “el de atún” e inmediatamente pienso: “deberia haber pedido pollo; fijo que el atún me da acidez en plena película”.
Esa es otra, la película. Habiamos decidido ir a ver Largo domingo de noviazgo. Por fin. Una decisión sin dudas. Ahí, a las bravas. Pues nada. Vamos al cine y no la ponen. ¡Hala! Tan frescos. Pues venga, alguna nos gustará, ¿no? Claro, eso no es difícil. A mi fijo que me gusta alguna; no en vano soy una cinéfila de pro. Y digo lo de cinéfila en el sentido más estricto de la palabra, no sea que alguien diga: ¿cinéfila esa? ¿esa que cuenta con La familia Addams entre sus pelis favoritas? ¿esa que encuentra vis cómica en Stallone? Pues si, cinéfila yo, porque me gusta el cine. Y punto. Nadie exige que al cinéfilo le tenga que gustar el cine bueno o el mejor. No. Solo el cine. Pues eso. A lo que iba. Que llegamos ante ese inmenso catálogo de películas que exhiben en mis multicines preferidos. Descartamos aquello en lo que sabemos que no tenemos interés (aunque yo intuyo que, si alguien rebuscara en mis “dentros”, fijo que acabaria teniéndolo). Queda la ingente cantidad de tres películas, tres. Mi amiga tiene claro que quiere ver Million dollar baby. Yo también quiero verla, pero tengo un asomo de duda. ¿Y si no me gusta? ¿Y si me hubiera gustado más otra? ¿Y si, lo que es peor, no le gusta a mi amiga?? En fin. Que para algo ella es delgada: tiene capacidad de decisión inmediata (eso lo tienen todas las delgadas, porque si no, no lo estarian, me consta). Y entramos a ver Million dollar baby.
Creo que ahí terminaron las dudas de esa tarde.
La culpa es de los astros

Hoy me ha dado por pensar en los horóscopos, probablemente en mi búsqueda de algo o alguien a quien poder culpar de todos mis males. He tenido que descartar a mi madre, no por convencimiento propio, sino porque la muy egoista no está dispuesta a asumir su responsabilidad (eso va a ser porque es Géminis). Y tras algunos intentos por culpar a antiguas profesoras, a mis amigas de la infancia y a mi ex marido, he decidido recurrir al horóscopo, porque, claro, ¿qué puedes esperar de la vida si eres Piscis? Nada bueno, creedme. Al parecer, la primera cualidad de los piscis es que somos "mutables". ¿Y eso qué es? ¿Que se nos pone el cuerpo verde al pasar por un prado? ¿Que somos capaces de fundir nuestro cuerpo con el ordenador y que el jefe no nos vea al pasar por nuestro lado? Me da que no. Yo creo que es más bien eso que yo llamo ser "ciclotímica perdida" o, lo que es lo mismo, vivir en una montaña rusa emocional. Y no es bueno. No, señor. Pero, claro, como soy Piscis, pues me tengo que aguantar. No haber nacido en Marzo.
Además, si mi matrimonio fracasa, también es culpa del horóscopo, porque, ¿quién manda a la mística Piscis casarse con un Géminis? Bien sabido es de todos que los Géminis, como los antiguos singles, traen cara A y cara B y si ser inconstante con una persona estresa mucho, imaginate con dos.
Y en los estudios, igual. Los Piscis somos despistados y de donde no hay, no se puede sacar. Yo no quería dejar de atender al profesor Ruiz Huerta, te lo juro, mamá, es que soy Piscis.
Y luego están las relaciones laborales. Si mi compañera de mesa también es Piscis, la cosa no irá del todo mal, aunque posiblemente acabaremos poniendo un estudio de videncia, pero si mi compañera es Leo, lo tenemos malamente porque es una egocéntrica y, como los Piscis son unos despistados, pues bronca segura. No sé por qué, pero eso lo dice el estudio de afinidad entre los horóscopos.
En fin, que el hecho de que toda tu vida dependa del momento en que tu madre rompió aguas, es un latazo.
Violencia de género.
Hoy, en el trabajo, nos han dado una pequeña charla acerca de la nueva Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. (Curioso día, por cierto). A mí esta Ley me deja una sensación de inquietud un poco extraña. No voy a entrar en las cuestiones puramente jurídicas, que interesan principalmente a quienes vayan a aplicar la Ley, sino en un par de temas que , en mayor o menor medida, me preocupan.
El primero es la cantidad de "prestaciones" que tiene una mujer víctima de violencia de género por el mero hecho de serlo (acreditándolo con una orden de protección) . Está claro que habrá personas que, al leer la anterior frase, pensarán que la que lo escribe es una insensible y que bastante tiene una mujer con ser maltratada como para que diga eso del "mero hecho" de serlo. Bien, nada más lejos de mi intención. Sé que el problema es muy grave y sé que, en ocasiones, la convivencia con un maltratador acaba en tragedia. La cuestión es que conseguir una orden de protección no es nada excesivamente difícil y, exhibiéndola en los organismos oportunos, se puede obtener un traslado inmediato del puesto de trabajo, prestaciones económicas, preferencia en la adjudicación de viviendas de protección oficial y un largo etcétera. ¿Alguien puede garantizar que no habrá picaresca? Yo, desde luego, no. Y lo digo desde la experiencia profesional.
La segunda cuestión que me preocupa es la de la discriminación positiva. Esta ley es de aplicación tan sólo a las mujeres (aparte de los individuos necesitados de especial protección en determinadas ocasiones, como ancianos, hijos menores, discapacitados, etc) y eso puede llevar a situaciones de "discriminación inversa". Son muy frecuentes los casos de broncas familiares en que la policia acude a un domicilio porque la pareja ha terminado una discusión con sendos bofetones. No se trata de un maltratador habitual, sino sencillamente de eso: una discusión que a los dos se les ha ido de las manos, como la que pueden tener dos tipos que se chocan en un stop o dos señoras que se chocan con el carrito en el Carrefour. Pues bien, en el caso de la mutua agresión familiar, el bofetón recibido por la parte femenina de la pareja será "tratado" de diferente manera al recibido por la parte masculina, probablemente conocerán del caso dos jueces distintos y la pena puede ser notablemente diferente. Por poner un ejemplo (real): "A" discute con su pareja porque éste está sentado frente al ordenador y no quiere hablar con ella. "A" pierde los nervios, se va a la cocina y vuelve con una sartén con la que le da a él un golpe en la cabeza. El se levanta y, para defenderse, le da un empujón a ella y un arañazo en un brazo. Acude la policia, levantan atestado, termina en el Juzgado de Guardia y salen de allí: "A" con una orden de protección por la que él no puede acercarse a menos de 500 metros de ella ni de la vivienda que ocupaban ambos con sus hijos. Él, por supuesto, se queda con el sartenazo.
No sé, quizás la gente piense que frivolizo o, lo dicho, que soy una insensible. Nada de eso. Cualquier medida para proteger a las PERSONAS víctimas de malos tratos me parece necesaria, siempre y cuando sean eso: víctimas.
Este tema me produce una mezcla de indignación, escepticismo y preocupación. Probablemente sólo esté harta de injusticias y esta ley creo que va a propiciar muchas.
Por cierto, esa mezcla a la que hago referencia provoca que me "aturulle" al escribir. Lo siento y, por supuesto, acepto humildemente todas las críticas.
El primero es la cantidad de "prestaciones" que tiene una mujer víctima de violencia de género por el mero hecho de serlo (acreditándolo con una orden de protección) . Está claro que habrá personas que, al leer la anterior frase, pensarán que la que lo escribe es una insensible y que bastante tiene una mujer con ser maltratada como para que diga eso del "mero hecho" de serlo. Bien, nada más lejos de mi intención. Sé que el problema es muy grave y sé que, en ocasiones, la convivencia con un maltratador acaba en tragedia. La cuestión es que conseguir una orden de protección no es nada excesivamente difícil y, exhibiéndola en los organismos oportunos, se puede obtener un traslado inmediato del puesto de trabajo, prestaciones económicas, preferencia en la adjudicación de viviendas de protección oficial y un largo etcétera. ¿Alguien puede garantizar que no habrá picaresca? Yo, desde luego, no. Y lo digo desde la experiencia profesional.
La segunda cuestión que me preocupa es la de la discriminación positiva. Esta ley es de aplicación tan sólo a las mujeres (aparte de los individuos necesitados de especial protección en determinadas ocasiones, como ancianos, hijos menores, discapacitados, etc) y eso puede llevar a situaciones de "discriminación inversa". Son muy frecuentes los casos de broncas familiares en que la policia acude a un domicilio porque la pareja ha terminado una discusión con sendos bofetones. No se trata de un maltratador habitual, sino sencillamente de eso: una discusión que a los dos se les ha ido de las manos, como la que pueden tener dos tipos que se chocan en un stop o dos señoras que se chocan con el carrito en el Carrefour. Pues bien, en el caso de la mutua agresión familiar, el bofetón recibido por la parte femenina de la pareja será "tratado" de diferente manera al recibido por la parte masculina, probablemente conocerán del caso dos jueces distintos y la pena puede ser notablemente diferente. Por poner un ejemplo (real): "A" discute con su pareja porque éste está sentado frente al ordenador y no quiere hablar con ella. "A" pierde los nervios, se va a la cocina y vuelve con una sartén con la que le da a él un golpe en la cabeza. El se levanta y, para defenderse, le da un empujón a ella y un arañazo en un brazo. Acude la policia, levantan atestado, termina en el Juzgado de Guardia y salen de allí: "A" con una orden de protección por la que él no puede acercarse a menos de 500 metros de ella ni de la vivienda que ocupaban ambos con sus hijos. Él, por supuesto, se queda con el sartenazo.
No sé, quizás la gente piense que frivolizo o, lo dicho, que soy una insensible. Nada de eso. Cualquier medida para proteger a las PERSONAS víctimas de malos tratos me parece necesaria, siempre y cuando sean eso: víctimas.
Este tema me produce una mezcla de indignación, escepticismo y preocupación. Probablemente sólo esté harta de injusticias y esta ley creo que va a propiciar muchas.
Por cierto, esa mezcla a la que hago referencia provoca que me "aturulle" al escribir. Lo siento y, por supuesto, acepto humildemente todas las críticas.
Me toca la fibra
Hoy me apetece empezar a meter en el blog cosillas de esas que me tocan la fibra: unas porque me emocionan, otras porque me hacen reir, otras porque me hacen soltar sapos y culebras por esta boquita que Dios me ha dao. Y cuando pienso en cosas de esas que me emocionan, la primera que me viene a la cabeza es una película, Magnolia y uno de los temas de su Banda Sonora, Wise Up, interpretado por Aimee Mann. Recuerdo que el día que fuí al cine a ver esta película la gente reaccionaba de una forma muy extraña. Algunos se reían en escenas que a mí me hacían llorar, otros ponían cara de pez en escenas que a mí me parecían demoledoras y una gran parte, aún no sé por qué, se levantó y se marchó del cine al cabo de veinte o treinta minutos.
No sé. Quizás yo identifique esta película y esta canción con un momento de mi vida muy delicado, o quizás sea cierto que, como dicen mis amigas, soy un bicho raro, pero a mí aún se me pone la carne de gallina cuando escucho It's not going to stop 'til you wise up.

It's not
What you thought
When you first began it
You got
What you want
Now you can hardly stand it though,
By now you know
It's not going to stop
It's not going to stop
It's not going to stop
'Til you wise up
You're sure
There's a cure
And you have finally found it
You think
One drink
Will shrink you 'til you're underground
And living down
But it's not going to stop
It's not going to stop
It's not going to stop
'Til you wise up
Adelante, estás en tu casa

Esta tarde, al llegar a casa, he encendido el ordenador con el firme propósito de "decorar" mi blog en condiciones. Y es que estoy encontrando muchas cosas en común entre el blog y el piso que también he estrenado hace poco. Tengo la misma (bueno, casi) ilusión por decorarlo, por hacerlo acogedor, por recibir muchas visitas que salgan encantadas con la hospitalidad de la dueña y deseando volver. Lástima que aquí no pueda ofrecer una cervecita y un platillo de aceitunas (bueno, para los privilegiados hasta una buena cena).
Lo malo es que como decoradora de pisos, con algo de ayudita tengo un pase, pero como decoradora de blogs, me temo que dejo mucho que desear. Al entrar, he tenido la sensación de que hacía un poco de "eco", que está algo vacío y hay que ir metiendo más cosillas, como en esa habitación que casi todos tenemos al principio de montar el piso, en la que plantamos la tabla de la plancha esperando que no le salgan telarañas o un sofá viejo para que se acoplen las visitas que se quedan a dormir.
De todos modos, como dice mi madre, no se nace enseñao, así que habrá que ir aprendiendo poco a poco.
¿Mesescucha?
Mira tú qué cosas más raras. Hoy, por aquello de los misterios del internet, tenía acceso a las páginas de blogs desde el ordenador de mi trabajo (normalmente tenemos el acceso restringido y sólo podemos leer con fruición el BOE mientras tomamos el café). Pese a que tengo colgado el cartel de "Aún no ha publicado su blog" desde hace una semana, me ha dado por teclear mi dirección, a ver si colaba. Y ha colado. ¡Allí estaba mi blog! ¡Nuevecito! Qué ilusión me ha hecho. Tanta, que he pensado que en cuanto llegara a casa lo primero que iba a hacer es sentarme y escribir páginas y páginas de lo primero que se me pasara por la cabeza. Pero no me ha dado tiempo a examinar mi caótico tráfico mental. Nada más conectar con ya.com me dicen muy amablemente "Aun no ha publicado su blog".
Pues nada, mi gozo en un pozo. Otro día será.
Pues nada, mi gozo en un pozo. Otro día será.
Ay, Dios mio!
Pensaba empezar diciendo que estoy un poco asustada, pero para qué nos vamos a engañar: estoy acongojadita perdida. En realidad, no creo que esto sea leido por nadie, pero tengo el suficiente pudor como para pasar vergüenza leyéndolo yo solita.
En fin, que he leido en estos últimos dias muchas bitácoras que me han despertado el gusanillo de decir cosas. Cosas que, probablemente, me interesen sólo a mí, pero que ponerlas por escrito es como una especie de "terapia alternativa".
Hoy no voy a presentarme ni a comentar ninguna noticia ni ningún asunto que haya despertado mi interés. Hoy, simple y llanamente, voy a probar. Porque, ¿quién me mandaría a mí meterme en estos berenjenales sin tener ni idea de hipertextos, hachetemeles, posición de las imágenes (bastante tendré con ser capaz de subirlas) y cosas desas del internet?. Pues eso, que yo hoy me limito a escribir un poquito para ver si sale (y, sobre todo, CÓMO sale).
Ah, pongo una palabrita de esas que te llevan lejos, sólo por comprobar si me traslada o me deja mirando la pantalla con cara de lela.
En fin, que he leido en estos últimos dias muchas bitácoras que me han despertado el gusanillo de decir cosas. Cosas que, probablemente, me interesen sólo a mí, pero que ponerlas por escrito es como una especie de "terapia alternativa".
Hoy no voy a presentarme ni a comentar ninguna noticia ni ningún asunto que haya despertado mi interés. Hoy, simple y llanamente, voy a probar. Porque, ¿quién me mandaría a mí meterme en estos berenjenales sin tener ni idea de hipertextos, hachetemeles, posición de las imágenes (bastante tendré con ser capaz de subirlas) y cosas desas del internet?. Pues eso, que yo hoy me limito a escribir un poquito para ver si sale (y, sobre todo, CÓMO sale).
Ah, pongo una palabrita de esas que te llevan lejos, sólo por comprobar si me traslada o me deja mirando la pantalla con cara de lela.





