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No, si tiempo no hay, pero pa tontás.....
Comentarios, opiniones, comeduras de coco y desvaríos provocados por el aburrimiento
Acerca de
La lengua me pierde. Soy el repertorio viviente del "Diario de Patricia".
Sindicación
 
No vale copiarse
Hoy, como el ínclito doc, me siento cotilla. Iba a preguntar si me dejáis haceros unas preguntas, pero no. Las hago directamente. Luego ya, si queréis, las respondéis.
Normalmente comento en el blog cosas que he venido pensando en el coche al volver del trabajo (si no vengo pensando en algo, me entra el soporcillo y me duermo en los últimos dos kilómetros). Hoy el tema era el cine. Me ha dado por recordar películas, actores ... Y he pensado que me encantaría saber, en este proceso de conocimiento mutuo (tomaaaaa, qué pedante queda eso), cuáles son vuestras preferencias.

"Tonces", me pregunto (y, de paso, me respondo):



- ¿Cuál es vuestra película preferida? La mía, ya hablé algún día de ella, es Magnolia. Pero seguida muy de cerca por Sospechosos habituales y Amélie y La noche del cazador y Rebeca (vaaaale, os dejo poner hasta cinco si lo tenéis "tan claro" como yo.

- ¿Y actores? Los mios son Kevin Spacey, Edward Norton... En cuanto a mujeres no lo tengo tan claro. Quizás Susan Sarandon.

- A ver, valientes: ¿qué película no confesáis jamás que os ha gustado? Vaaaaaaaa, que aquí no os conoce nadie. Yo reconozco que me he reido con Torrente 2 ... Glubs... Es que el yonqui de Gabino Diego es impresionante.

- Última película que habéis visto: yo, en cine, Blade 3 (sí, qué pasa). Y en video Hellboy. De aquí podréis deducir que me encanta el cine basado en comics. Marvel es una mina inagotable de entretenimiento.

- Sólo una más: ¿qué personaje de película querríais ser?.
...

"Aguantarse" la risa.
...
Yo, Elastigirl, de Los increibles.

 
La Estrada en La Granja.
Ayer, cuando terminó CSI N.Y., caí en el inevitable vicio del zapping. Canal va, canal viene, me encontré en La granja de los famosos, de Antena 3, donde, bajo el mismo pelo frito de antaño, estaba (¡oh, es ella!) Susana Estrada.



Cuánto le deben a esta señora algunas mujeres de este país. Y qué mala leche le entraría a algunos hombres por tener que empezar a preocuparse de que la elementa de debajo también soltara un ¡ay!. Yo misma, antes de conocer a Susana Estrada, no sabía qué era un orgasmo. Bueno, hasta mucho tiempo después, tampoco lo supe, pero es que por aquel entonces debía tener unos ocho o diez años (yo, no Susana). Susana Estrada ha hecho por la vida sexual de los españoles más que Masters y Johnson. ¿O es que alguien sabía que existía el clítoris antes de que esta señorita proporcionara detalles acerca de su uso y disfrute? ¿Y eso del punto G? Como mucho, conocíamos al Comando, pero nada de puntos.

No sé qué es lo que puede pasar durante cien dias en La Granja, con tanto pecholobo como han metido con ella. Bueno, y missestupendas, que creo que a la Susana le daba igual. Ahora que, me da que esos ya están "enseñaos".

En fin.

Deberían hacerle un monumento.

Mira, en Nuevos Ministerios hay un hueco libre, ahora que lo pienso.
 
Por un agujero o por dos



El mundo está lleno de incoherencias. Así, a bote pronto, pienso en una (juro que no sé por qué, pero podéis utilizar a Freud a mi costa cuanto queráis): la prenda femenina por antonomasia es la falda y la masculina el pantalón (o pantalones, que no sé cuál es la forma correcta). Y yo me pregunto ¿por qué?, o sea, ¿por qué?.

Las mujeres tenemos dos piernas, como los hombres. Algunas incluso tan peludas como los hombres y algunos incluso tan depilados como nosotras (cuando lo estamos, claro, porque mi ex solía llamarme cariñosamente Butragueño... qué majo). Hasta ahí, vamos bien. También tenemos todos los individuos, de uno u otro sexo (y hasta de ambos), dos pies de un tamaño adaptado a los boquetes de la parte de abajo de los pantalones, vulgo perneras. Ya sea un 35 o un 46, la mayoría de nosotros podemos deslizar los pies pernera abajo. Seguimos bien. Tampoco estamos exentos de manos (salvo caso fortuito o fuerza mayor), sea cual sea nuestro género. Y las manos suelen estar rematadas con unos apéndices multiusos (se me ocurren los ejemplos más escatológicos, ordinarios, sessuales y, en general, soeces, pero me los callo) llamados dedos. La consecuencia inmediata de esta aseveración es que prácticamente todos los individuos del género humano podemos subir una cremallera o abrochar unos botoncillos. Y hasta dejarlos desabrochados si nos da la gana (aún a riesgo de que el famoso hombre desactualizado nos diga Arriba España), pero esa es otra historia.

Todo esta retahíla de facultades derivadas de la anatomía humana la expongo para demostrar, en la medida de lo posible, que todos estamos capacitados para usar pantalones. Y, como quien puede lo más, puede lo menos, también todos estamos capacitados para usar falda.

¿Estamos de acuerdo? (no hace falta que respondáis; de hecho, la respuesta me da igual, voy a escribir lo mismo sea afirmativa o negativa).

Entonces paso al examen (ejem) de esa zona anatómica que nos diferencia a hombres y mujeres. Justo esa, sí: esta pieza con sus piececillas que recibe infinidad de nombres y que cuelga (más o menos, según los casos) entre las piernas de los individuos de género masculino. Y me pregunto: ¿no se encuentra oprimida en el interior de los pantalones? ¿no sería más lógico que se dejara espacio para la pendencia de lo que pende? ¿no es cierto que ese espacio, del que carecen los pantalones, existe ampliamente en las faldas?; si los hombres vistieran falda, se acabaría la duda de hacia qué lado "cargar"; ¿se han dado cuenta de eso los escoceses? Entonces, ¿por qué narices la prenda femenina por antonomasia es la falda y la masculina el pantalón?



Pues eso.
 
Se me vayan dispersando
Últimamente he notado un fenómeno extraño en los blogs. Cada vez con más frecuencia en mis bitácoras preferidas aparecen comentarios de personas que dicen ser (o lo dicen, o yo lo intuyo) el alter ego del escritor habitual, que suele ser, por añadidura, el “propietario” de la misma. Es más, en algunos casos, el número de alteregos es tan grande que se le podría aplicar la agravante de cuadrilla (la de multitud creo que no está prevista). Y, claro, ante esto, la niña (o sea, yo), que es de las de “culo veo, culo quiero”, pues se ha puesto a pensar que también quiere un alterego que le haga el trabajo de cuando en cuando. Pero, ¡oh!, ¡cáspita!, me encuentro con un problema: en mi cabeza vive mucha gente (demasiada, pienso (pensamos) a veces) y cuando me ha dado por pedir un voluntario para escribir en el blog los días que a mí misma me apetezca descansar, pues ha habido revuelta general. Ya dije en un post anterior que una de mis frases preferidas es aquella de San Agustín: “Yo soy dos y estoy en cada uno de los dos por completo”. Pero, claro, aquello lo dije por modestia, porque aún no tenía confianza con el foro. Lo cierto es que no soy dos: soy más bien doce (o así). Y, al parecer, todos quieren salir en El Diario de Patricia.



Ante mi solicitud de mano de obra barata, han levantado la mano:

- la tipa borde del fondo a la derecha, que es la que está 31 días al mes con la regla y ovulando y a dieta (todo al mismo tiempo).

- la babosa (mi chico dice que ésta le recuerda a la "Odri"), que está todo el día venga a sonreir con caidita de ojos y así como mimosona. Me empacha esta tía. La dejo salir sólo de año en año, como para darle un espacio en mi blog. Anda ya.

- la torpe, que cada vez que estornudo se me cae “desparramá” en el lóbulo frontal. Esta no sé yo de qué hablaría, si del dia que lanzó un perdigón de lechuga en el plato durante una primera cita o de la vez que se cayó de morros en plena Gran Vía madrileña a las diez de la noche (punta hour, que se dice) cuando iba agarrada de la mano de un yogurín que se había "echao" de "churri".

- también ha hecho amago de ofrecerse voluntaria para escribir la que mi chico llama Ava: ésta no, que es un poco guarri y no quiero que le pongan dos rombos al blog.

- el tío. Sí, también tengo un tío en el cerebro. Lo sé porque, a veces, cuando me pongo chula ( me encanta la palabra chula), lo primero que se me ocurre decir es “tócame la piiiii”. Y dado que, como he podido comprobar tras una exhaustiva inspección visual, no tengo piiiii, pues debe ser un infiltrado el que lo dice.

- Mamá Gallina: esta también quiere hablar (escribir) en esta sede. Vamos, lo justo, que se le pone una cara de pánfila cuando habla del pollito que ni te cuento. Anda, anda, a cloquear ahí, a tu rincón. Y no piques más esa materia gris, que es caca.

- también hay una tía despistadísima que ha levantado la mano, pero para decir que se le ha olvidado qué lección entraba hoy en el examen. A ésta la dejo por imposible.

La llorona hoy no ha hecho pucheros. La próxima vez que lo intente le meto un dopaje del quince y punto. Marisabidilla (raro en ella) no ha dicho nada y mejor no provocarla. Pitagorina también se ha estado calladita. Dice que se va a poner a estudiar. Juas.

Por cierto, no encuentro a la flaca que se supone que llevo dentro. ¿Se habrá camuflado entre tanta gente?.

En fin, que lo del alterego es un sinvivir. Que mejor lo dejo para otro día……

…..

¡Lo sabía! ¡Me faltaba la perezosa!.

Besos (muchos).

Post Bessum (copyright de este palabro, preguntarle al Fraile; se lo he cogido prestado porque me encanta): haciendo pruebas de afotos, a sugerencia bien recibida de Ararat. Sólo se han dejado retratar dos de las impresentables que viven en mí. No usar para lanzar dardos. Pintar bigotes sólo con lápiz. Sobre uso para cochinadas, pregúntenle a su farmacéutico.
 
CERRADO POR VACACIONES


Este blog permanecerá cerrado hasta el día 28 de Marzo.

Si alguien siente intranquilidad de espíritu por la ausencia de la bruja, que lo comunique via e-mail y recibirá unos hechizos a vuelta de correo.

Besos expectantes, relajados, húmedos, descansados, recogidos, endulzados y hasta lujuriosos.

P.D.: Diseño primaveral del blog gracias a Azulica.
 
La felicidad de los ogros



Benjamin Malaussène trabaja en el Almacén, en París. El señor Malaussène, que vive en el barrio de Belleville con los hijos que su madre va teniendo con distintos hombres, desempeña un importante trabajo en el Almacén: es el "Chivo Expiatorio". ¿Que una aspiradora no funciona? Las broncas a Malaussène, como responsable del departamento de Control Técnico. ¿Que una olla a presión ha explotado, llenando de espinacas empapadas el techo de la cocina? Las quejas a Malaussène. El señor Malaussène aceptará la ira del cliente con humildad, pedirá disculpas, se rebajará, será humillado por el director del Almacén ante el cliente de tal forma que éste, al final, sólo querrá retirar la queja para que Malaussène no sufra más. Según sus propias palabras, "cuando un cliente se presenta con una queja, se me reclama en la Oficina de Reclamaciones donde recibo una bronca realmente aterradora. Mi trabajo consiste en capear el temporal de humillaciones, con un aspecto tan compungido, tan derrotado, tan profundamente desesperado, que por lo general el cliente retira su queja para no cargar con mi suicidio en su conciencia, y todo termina amistosamente, con el mínimo perjuicio para los almacenes. Y ya está. Se me paga para eso”

El París del señor Malaussène está lleno de personajes surrealistas. Theo, que cuida de sus ancianos enfundados en batas grises mientras expolian la sección de bricolaje; Julius, el perro epiléptico, del que Malaussène dice "tú crees que sacas a tu perro para que mee, a mediodía y por la noche. Grave error: son los perros quienes nos invitan a meditar dos veces al día”; Clara, que cuenta la vida en fotografías; Stojilkovitch, el serbocroata que trabaja de sereno en el Almacén ...

Me hechizó desde la primera página y me encantaría que lo pudierais leer.

El señor Malaussène es "hijo" de Daniel Pennac, quien ha continuado contándonos la vida de estos personajes en seis libros, casi exigidos por su público.

El segundo es El Hada Carabina. Ya os contaré.
 
¿Friends?


Últimamente he estado leyendo en varios blogs comentarios sobre las relaciones humanas. Algunos hablan de cómo “interactúan” los escritores y visitantes de blogs. Otros “aconsejan” que no se sustituyan las relaciones personales, cara a cara, por las relaciones vía internet. Y, francamente, éste es un tema que a mí me deprime mucho. Siempre me he considerado una persona muy sociable, pero, para qué nos vamos a engañar, soy un bicho un poco raro y nunca acabo de encajar con la gente. Algunos me dicen que parezco demasiado distante, otros, que no me implico con sus problemas y bastantes piensan que considero que estoy por encima de los demás. Pues vaya. Distorsión llamo yo a esto. Sé que en ocasiones soy distante, porque me deben haber entrenado como a Rambo (no hay dolor) y antes muerta que dejar ver a los demás que me afectan sus desaires. De pequeña debí aprender alguna poción que me deja llorar tan pancha delante de Million Dollar Baby, pero que me cierra el lacrimal de forma hermética cuando el “daño” es real, cuando viene de uno de mis semejantes.

En cuanto a mi implicación con los asuntos de los demás, y dado que lo que me falta no es precisamente empatía, supongo que el problema será mi despiste. No es una excusa, es que, en la mayor parte de las ocasiones, si no me dan una colleja, ni me entero de que me están hablando. Y hay gente a la que, lamentablemente, por más que se lo expliques y le pidas disculpas, no le entra esto en la cabeza.

La tercera cuestión es absurda. Jamás me he considerado por encima de los demás. Es que me hace sonrojar el mero hecho de escribirlo. Si tengo que encontrarle explicación a esto, no puede ser otra que a la gente le cuesta entender mi sentido del humor, con "dobledosis" de ironía y hasta algo de cinismo. Probablemente también sea una técnica de defensa, pero claro, con tanta defensa, estoy como los numantinos, sitiada conmigo misma.

El problema es que, sintiéndome como me siento, he crecido viendo películas americanas en las que siempre hay una chica que es la más “popular” del instituto, que tiene un círculo de amigos estupendo, y todos hacen fiestas y se divierten y cuando crecen organizan barbacoas con sus amigos y excursiones y hasta se reunen con sus viejos compañeros de instituto. Es más, si, llegados los taitantos, están solteros o separados o sin pareja por cualquier otro motivo, se lo siguen pasando en grande y teniendo muchíiiiiisimos amigos con los que compartir algo, lo que sea, pero algo. Precioso. Bueno, no tan precioso cuando lo trasladas a una brujilla que encuentra a su Merlín con 15 años, que se casan, que son felices hasta que dejan de serlo y que en el camino se han dejado al resto del akelarre. Un día la bruja se despierta y están ella, su caldero y el aprendiz de Harry Potter en un pueblo que es más bien medio pueblo. ¿Dónde están las fiestas? ¿Dónde están las otras brujas? En mi casa hay cuatro sillas, ¿para qué quiero las otras dos? ¿Estaría dispuesta Aramis Fuster a venirse al cine conmigo?



En fin, en pelotas me he quedado. Con lo bien que me siento yo cuando criticais a ZP, o hablais de música o de Ibarrechespock, o de mitología, ¡o incluso examinado fotos de culos! Hacedme el favor de no tocar más estos temas en los blogs, coñoya.

Uf.
 
¡A trabajar, hombre ya!
En cualquier rama de las ciencias, de las artes o de las letras se estudian las “clasificaciones” (de cosas, de cualquier cosa, que eso depende de lo que uno estudie). Y esas clasificaciones se hacen atendiendo a diversos criterios (lo de “diversos” en la llamada ciencia jurídica se eleva a la categoría de “infinitos”)(lo hacen nada más que para eliminar estudiantes de los cursos inferiores)(sigo). Yo tengo mis propias clasificaciones de andar por casa. Según mi (no, no pienso poner modesta) forma de ver el mundo, los habitantes de este planeta se dividen en:

- los que tapan el bote de gel en la ducha y los que no (bruja positiva).

- los que comen con la boquita cerrada (mmmmm, no, no lo pongo) y los que no (bruja positivo-agresiva, porque es que me ponen de los nervios los que te enseñan la comida en la boca y te demuestran cómo suenan los distintos alimentos).

- los que van a trabajar en transporte público y los que no (bruja negativa y perezosa :-s)

- los que ven telebasura y los que no (bruja alternativa) (es que depende de lo que pongan en los demás canales, jo).

- los que leen habitualmente y los que no (bruja positiva rayando en viciosa)






- los que han practicado cibersexo y los que no (bruja muda)

Podría seguir, pero, vamos, que no creo que a nadie le apetezca. Y sólo me queda una categoría,que es el verdadero objeto de este post:

Los que escriben en el blog desde su lugar de trabajo y los que no (bruja negativa). Esto es que me toca la fibra, porque yo desde el trabajo sólo puedo leer los post y no me dejan enviar lo que escribo. Son las malas artes de los informáticos del sótano, que, al parecer, esta mañana debían estar “fumaos”, porque se han descuidado dos minutos, que yo he aprovechado para comentar (se me hacían los dedos huéspedes) algo en el blog del más golfo . A mi es que este tema me reconcome, porque, claro, no me pueden decir 9 de cada 10 dentistas, digo bloggers o bitacoreros o cómocoñosellamen, que trabajan por la tarde ¡que no hombre, que no! Vosotros lo que pasa es que no tenéis ninguna intención de levantar España y eso ni es talante ni es nada.


 
Vengo agotá
Creo que he cerrado un ciclo. Y digo "creo" porque en ningún sitio te explican cuándo y cómo dar por cerradas esas cosas. Pero, bueno, si sirve mi pálpito interior, pues lo cierro y ya está.
La introducción está bien, pero ¿a qué venía?
...
¡Ah! Eso, lo del ciclo. Que ya no me gusta ir a Madrid. (Cara de estupefacción en el respetable. Incluso en la que suscribe). Me explico: vivo en un pueblo de la zona Sur de Madrid. Cuando tenía 14 ó 15 años vivía en otro pueblo en la zona "menos Sur". O sea, que también estaba en la misma zona, pero algo más cerca de Madrid. Antes vivía a 17 kilómetros y ahora a unos 30. (Madre de Dios, que dispersión mental luzco hoy. ¿A quién pantuflas le importa esto?). Pues eso. Cuando yo era una yogurina en plena efervescencia hormonal, con las ansias de conocer mundo que eso conlleva, para ir al cine a ver algo decente teniamos que ir a Madrid (a las discotecas yo no iba con esa edad, hombre ya). Y lo de ir a Madrid hace más de dos décadas era como una aventura.

Teníamos que coger un autobús que nos llevaba desde el barrio hasta el centro del pueblo. En el centro del pueblo, otro autobús que nos llevaba hasta la periferia de Madrid. Y, una vez allí, el Metro hasta el centro. Una epopeya del transporte, vamos. Pero, claro, como yo era una adolescente vital, pues no me daba pereza pensar en las dos horas de viaje para disfrutar de dos horas de película y luego echar otras dos horas en la vuelta. Así gastaba tan ricamente mis seis horas de asueto dominical y volvía henchida de gozo por haber ido a la capital.

Luego tuve, como Picasso (¿o no la tuvo?) mi época gris. Ni Madrid, ni cine, ni salir ni na de na. Pero hoy no toca depresión, "asínque" lo dejo.

Y después vino la adultescencia. Ya no costaba tanto ir a Madrid, porque una ya es mayor y tiene coche y hasta carné de conducir. Y el furor juvenil me duró unos meses en los que hasta fui de discotecas. (Esto es el centro del ciclo del que hablaba arriba y del que ya nadie se acuerda). En resumen, podía ir a Madrid y no me daba pereza porque, ¡joer! ¡Madrid está a la vuelta de la esquina!
Esa etapa me ha durado poco. Muy poco.
Y esta tarde he cerrado el ciclo. He tenido que ir con mi hijo a Madrid y he pensado ¡Dios mio! ¡con lo lejos que está Madrid! ¡con los atascos que hay! ¡Uf! ¡Y lo difícil que es aparcar!. Mas ¡uf!. Joer, si es que me sentía como Paco Martínez Soria en "La ciudad no es para mí".



Vamos, que tanta línea y tan malamente escrita para decir que creo que me estoy haciendo mayor.

Snif.
 
Piedad
Segun Giovanni Papini, "Obra maestra en la que Miguel Ángel se propuso representar el cadáver de un Dios asesinado y el dolor de una Madre (...)".



Por hoy, nada más. Tan sólo que descansen en paz los asesinados y que pueda mitigarse ese dolor.
 
No apto para nerviosos
Ayer me contuve de ponerle un título escatológico al post y hoy, nuevamente, he tenido que renunciar a mi idea de titularlo “Pa cagarse”. Pensar ayer en mis películas de humor preferidas (sólo algunas de ellas, porque luego me fui acordando de más, yo solita o “empujada” por los comentarios) me ha llevado a pensar en las películas que más miedo me han hecho pasar. Debo decir que yo antes era forofa del cine de terror, pero que ahora, desde que duermo sin un “pecholobo” al lado, me corto más, porque luego la noche es muuyyyy larga y la oscuridad muy traicionera. Pues eso, que he pasado miedo del bueno con:

- El Ente. No sé que tiene esta película, pero es que me erizaba los pelos de la nuca la “cosa” esta que marcaba los dedos invisibles en las carnes morenas de Barbara Hershey.



- Viernes 13. Antes de que las películas de casquería tuvieran como único argumento la profusión de sangre y ni miedo ni na de na, esta película me aterrorizaba. Especialmente, la voz del niño diciendo “mátala, mamá, mátala”, que ya tenía que ser “joputa” el niño para, viendo como estaba la madre, calentarla más, en vez de poner un poquito de calma al asunto.

- Hablando de niños con mala leche, Los chicos del Maiz o Damien. Madre de Dios, dan ganas de no procrear.

- La película no da miedo; no, al menos, al modo de las películas de ahora, pero a mí me inquieta muchísimo la figura de Robert Mitchum cabalgando por la orilla del rio junto a la barca de los niños en “La noche del cazador” (una de mis películas preferidas, por cierto).



- Hannibal Lecter no me aterroriza, pero la escena de Clarise investigando la casa a la luz verde de la lámpara de visión noctura, me deja con una sensación de claustrofobia muy “acongojante”.

- Las fotos de los muertos en Los Otros. ¡Me dan un repelús!

- Mi padre, tamborileando con los dedos, desde la parte de fuera, en la ventana, mientras yo veo The Eye a oscuras en el salón. Esto sí que es terror delbueno.

- Freddy Krueger. Este sin película ni nada. Me acojona todita.



- Los fantasmas de 13 fantasmas. La película no es que dé mucho miedo, pero a mi ese fantasma con la cabeza metida en una caja o el que está lleno de tornillos me ponen los pelos como escarpias.

- Candyman, a mí el Candyman me tenía acojonada. Y, vamos, veréis que ni se me ocurre escribir el nombre una tercera vez. ¡Uf!

- Con El espinazo del diablo pasé un miedo atroz en una escena en la que está el niño dentro de una especie de armario. Para mitigarlo, puse el teléfono en vibrador y se lo acerqué a mi amiga Eva al brazo. Del grito que pegó casi nos echan :-s

- Soy incapaz de dormir en la misma habitación que un payaso (sin contar a mi ex) (vale, R., es broma) desde que ví Poltergeist. Vaya mala baba que gastaba el muñeco, joer. (Claro que, teniendo en cuenta lo malo que era su padre en It, pues se puede comprender. Los genes son así).

- Pasé muchísimo miedo con las películas de vudú que se "estilaban" en una época, tipo La Serpiente y el Arco Iris, o Los Creyentes.

- Al final de la escalera o la "loca" de Jane Eyre me han intranquilizado una barbaridad.

- Se me olvidaba: una de las películas que más miedo me dan es El Resplandor. Si me dará miedo, que no la he visto (esto es completamente verídico).



Y me he enterado de que hace pelicula de mi juego preferido ¡Alone in the Dark! Ea, a reunir ánimos supervivientes

Hoy no hay links. ¿Para qué? Las tenéis toditas, menos El Ente, aquí. Hala, a distrutar.

 
JA JA JA
Siento necesidad de reirme. Pero de reirme a carcajadas, con dolor de mandíbula incluido. Y esa necesidad es la que me ha llevado a recordar las películas que más me han hecho reir. Algunas, prácticamente de principio a fin. Otras me han tenido con una sonrisa durante algo más de hora y media, arrancándome alguna que otra carcajada. Estas son mis "ay, que me meo toa" (perdóneme el sector crítico del público por lo escatológico de la expresión, pero es la que mejor lo define):



- El guateque Esta entra en la categoría de risas de principio a fin, pero con escena memorable incluida: aquélla en la que el camarero borracho intenta servir la mesa, con Peter Sellers en la silla baja y el pollo volando hasta aterrizar en la cabeza de la señora de enfrente. Tronchante.



- Un cadáver a los postres Esta película me engancha, pero también destaco dos escenas. El mayordomo, Alec Guiness, intentando explicarle a David Niven que su nombre es Benson Señora. Y el mismo mayordomo, ciego, dándole instrucciones a la cocinera, sorda, para acabar sirviendo sopa inexistente de una sopera vacía. Memorable.

- Fijo que en esta no hay muchos que estén de acuerdo, pero una de las películas que más me hace reir es Esta casa es una ruina. Tom Hanks asomado al agujero que ha abierto la bañera en el suelo del cuarto de baño, cayendo a la planta baja, me hace caer del sillón.

- Agarrame ese fantasma, de Abbott y Costello. Es humor simple (como yo, más o menos, ejem), pero efectivo.

- Un pez llamado Wanda. Divertidísima.



- Las reinas del absurdo: Aterriza como puedas y Agárralo como puedas. Especialmente la primera me deja con agujetas del quince en las mandíbulas.

- La película no le gusta a casi ninguno de mis conocidos, pero, en fin, la soledad del incomprendido, ya se sabe. Ratas a la carrera me parece divertida y, especialmente, la escena en la que los hermanos Cody "trepan" a una antena de aeropuerto (fijo que no se llama antena, pero es que la tecnología y yo no nos llevamos nada bien).

- Una escena dentro de una película que no me hizo reir especialmente, pero que me gusta: toda la familia bailando al ritmo de una canción de Harry Belafonte, alrededor de la mesa, en Beetlejuice.



- Dos "homenajes" al cine español "del de antes": Atraco a las 3, una de mis favoritas y Las dos y media y veneno. Abstenerse elitistas.

Y ya sé que este post iba de cine, pero si pienso en risas, no puedo dejar de hablar de los libros que me han hecho pasar más vergüenza en mis trayectos en tren. Hace años, cuando iba a trabajar en Cercanías, la gente me miraba como si estuviera poseída mientras yo soltaba la carcajada sin poder contenerme al leer cualquier libro de Tom Sharpe. Mi preferido, sin duda, Reunión Tumultuosa. Absolutamente hilarante.

 
El Señor de los Anillos


Hoy no me acompaña la inspiración. Demasiadas lecturas sobre el atentado me han encogido un poquito el corazón, por no decir el estómago. De todos modos, algún día tenía que hablar sobre El Libro y ¿por qué no hoy?.

Soy muy ecléctica en mis gustos musicales y no digamos en los cinematográficos, y en ambos mis elecciones dependen muy mucho de mi estado de ánimo, pero desde 1990, año en que lo leí por primera vez, tengo preparada una respuesta para una pregunta: la pregunta, que no me han hecho jamás, porque los encuestadores me ignoran (hasta los que quieren venderte el RACE), es: ¿Qué libro te llevarías a una isla desierta? Y la respuesta, sin asomo de duda, es: El señor de los Anillos.

No soy una fan de los que han nacido al amparo de las películas de Peter Jackson (me he vuelto elitista y me permito hasta mirarlos por encima del hombro). Soy una enamorada del libro desde que abrí la primera página y empecé a conocer a Frodo, a Sam, a Gandalf. Conocí con ellos a Trancos y recorrí el camino a Rivendel de su mano. He peleado con orcos, he subido a "lomos" de un ent y he mirado de cerca el Palantir. Mi historia no ha sido nunca la historia de Aragorn y Arwen, sino la historia de Frodo, de Sam, de Eowyn, de Gandalf...



La primera vez que terminé el libro, al cerrarlo, empecé a llorar con una sensació de auténtico dolor por la pérdida de todos esos seres que habían vivido conmigo cinco inolvidables días (curiosamente, cinco dias de exámenes de cuarto de carrera). Desde entonces, lo he leído cuatro veces más, siempre en un volumen con ilustraciones de Alan Lee que me regaló mi ex. Y, aunque mitigado, siempre termino con el mismo "dolor".



Las películas me parecieron más que correctas y se desviaban muy poco de lo que yo había imaginado, quizás porque la escenografía tenía mucho de Alan Lee. Puedo perdonar las ausencias y los recortes, pero creo que no soy demasiado imparcial. Cada una de los tres estrenos me encontró con la entrada en mi cartera desde hacía exactamente un mes y cada vez fue mágica. Lo peor fue la sensación de "vacío" que me quedó al salir de "El retorno del Rey". Lo dijo una espectadora al lado mío: "y ahora, ¿qué esperamos para el año que viene?". Pues, quizás, releer nuevamente el libro.

 
Eso no
Hay una serie de reglas que debes tener en cuenta si no quieres perder tu prestigio social.. Claro, en el caso de que lo tengas. Si no, a vivir, que son dos dias.

- Nunca reconozcas en público que te gusta Lina Morgan, ni aproveches cualquier ocasión para recitar ante tus amigos los diálogos de Hostal Royal Manzanares o Vaya par de Gemelas.

- No admitas que haces la compra en el Lidl. Si alguna vez compras productos sin marca, nada más llegar a casa les quitas la etiqueta y/o los cambias de envase.

- Jamás presumas de haber sido Miss Mercadillo 2003. Vale que todos sepan que tu ropa no es de Versace, pero deja que, al menos, piensen que es de Zara. Cuando alguien te diga: ¡qué falda más mona!, no respondas rápidamente: pues, fíjate, sólo me costó 3 euros en el rastrillo. Pon una "media sonrisa", alza las cejas y dí: ¿verdad?.

- No comentes que te gustan Schwarzenegger, Stallone o Van Damme ni admitas que no entiendes las películas de Von Triers y que, además, te dan sueño.



- No digas que te gusta la copla, ni mucho menos que te sabes un mínimo de tres canciones de Concha Piquer, Marifé de Triana o, esto es lo peor, Manolo Escobar. En el remoto caso de que necesites admitir que te gusta el flamenco, limítate a José Mercé o Lole y Manuel. De Los Chichos, obviamente, ni hablo.

- Procura no confesar, y menos este año, que no has leido el Quijote. Tampoco digas que sólo sueles leer Best Sellers y, especialmente ten cuidado con admitir que lees o has leido novelas de Danielle Steel. Barbara Cartland, jamás.

- No admitas que no sabes quién es Kierkegaard. Si alguien lo saca en una conversación, reacciona diciendo: ¡Ay! ¡Lo siento! ¡Acabo de recordar que dejé grabando "Negro sobre blanco" y no sé si la cinta tiene suficiente espacio! (vale cualquier cosa de La 2). Y te marchas dignamente.

- No reconozcas que lo más que te has alejado de España fue cuando tu padre te llevó a Ceuta en 1987. Está muy mal visto no conocer, al menos, cinco capitales europeas, algún pais árabe y cualquier destino no típicamente turístico de América. No sirve la luna de miel en Santo Domingo, pero mejor es eso que un viaje de novios a Tenerife.



- No hables de determinadas enfermedades, ni siquiera con los mas íntimos. Está bien decir que no pudiste ir al concierto de música barroca porque tenías jaqueca, pero no porque las "almorranas" no te dejaban vivir. Si tienes que decir que te has operado de algo, recurre a la apendicitis antes de confesar que fue un forúnculo en la oreja.

- Ni siquiera bajo los efectos del alcohol confieses que te ríes con Torrente. Tú sólo "sonries" con Woody Allen.

Y, por último, si te encuentras en medio de una conversación sobre arte, filosofía, política, tecnología o cualquier otra cosa menos práctica que el precio de los calabacines y, obviamente, no tienes ni repajolera idea de lo que están hablando tus amigos y/o conocidos, no entres en la conversación. Como escribí hace unos dias, más vale quedarse callado y parecer estúpido, que hablar y confirmarlo.

Besos desde el más profundo de los desprestigios.
 
Churro, media manga o mangotera.



Hoy venía yo pensando en el coche que ya no se ven niños por la calle jugando a los juegos de ANTES. El antes con mayúsculas es el de cuando yo era pequeña. Como mucho se ve algún niño jugando al fútbol, pero cuando aparece otro con la Game Boy, a hacer puñetas el balón.
Cuando yo tenía 9 ó 10 años, los crios casi vivíamos en la calle y ¡anda que no había juegos para entretenerse!. Juegos de niñas, había muchos. A saber:

- El truque. Las niñas jugábamos a pintar unas cuadrículas en el suelo y luego ir saltando a la pata coja de cuadro en cuadro. Este juego fue el precursor de uno que yo tuve luego en mi primer PC y que no me acuerdo de cómo se llamaba, mira tú por dónde. El truque admitía variantes: de castillo o de muñeca, con piedra o sin piedra.

- La comba. A esto las reglas decían que se ponían a "dar" al principio las más tontas y siempre empezaba saltando la dueña de la cuerda. Podías jugar a "doubles" (léase dubles), y en esta modalidad era necesario pegar una patada al suelo para impulsarse más. Las más torpes terminábamos con la coleta enredada en la cuerda y de mala leche por el tirón de pelos y porque perdíamos el turno.

- La goma. Este juego era realmente peligroso. Se jugaba en "pantallas", como los de la Play Station. Al principio era sencillo. Cuando ibas por "segundas" o "terceras" (esto dependia de la posición de la goma), todo marchaba sobre ruedas. Ya de "cuartas" para arriba empezaba la cosa a complicarse. Riesgos de "esmorrarte" contra el suelo al saltar o, lo que es peor, enseñarle las bragas a los niños al levantar las piernas. Cuando pasabas a "cuello", el riesgo era de estrangulación para las que sujetaban la goma. Si conseguías pasar a "cabeza" (he conocido pocas niñas yo que hicieran esto), entonces el riesgo era de dejar tuerta a la niña de enfrente si a una de ellas se le escapaba la goma por encima. Gracias a Dios esto no lo ví nunca.

- El churro, media manga, mangotera. Este juego te dejaba sacar tus instintos más bajos al saltar. Lo jodido era que te tocara "ponerte". Y, aunque no se han realizado estudios sobre el tema, creo que la peor posición era la de la "madre", que aguantaba los cabezazos en el bajo vientre. Y si la "madre" era chico, peor que peor, porque imagino que en lo que hay bajo el bajo vientre, los cabezazos se notarían más.

Este último juego era "mixto", igual que el "escondite inglés" (sin mover las manos ni los pies) o el "abuelita, abuelita, ¿qué hora es?" y la abuelita te respondía: "las cuatro de elefante", si le caias bien o "la una de hormiga" si le caias mal, ya que el juego consistia en dar pasos del tamaño y modo del animal que te tocaba. A los chicos les solias decir las tres de bailarina, aunque aún nadie me ha explicado por qué narices se consideraba a la bailarina un animal. El caso era verles hacer el pánfilo.

De juegos de chico, controlo menos, porque no tengo hermanos, fui a un colegio de monjas (nada de "mixturas") y ANTES los niños jugaban aparte. Nada de mezclarse, que por ahí se empieza y se acaba viviendo en pecado. Pues eso, que a menos que alguien escriba un "Manual de uso y disfrute de la peonza", "El tirachinas, ese gran desconocido" o "Los misterios del guá", el único juego de niños que más o menos controlo es el fútbol. Y, claro, tal y como está el Real Madrid, más os vale no provocarme.



Besos de fin de semana. O sea, laaaaaaargos y prometedores.
 
Romance de la deposición.



Yo hoy tenía pensado otro tema para el blog, pero, mira tú por dónde, he cambiado de idea. Esto, como todo en la vida, ha sido producto de una concatenación de acontecimientos (me encanta la palabra "concatenación" y la uso poco, así que ahí la planto). Me explico. Hoy pensaba disertar sobre los platos precocinados monodosis. Pues para otro día. Vengo del blog del insigne Ararat, en el que he recalado desde el blog del no menos insigne Yambra. Este último contaba unas cosas de la máquina del tiempo que a mí me han dejado con un "quéseyo" que me intranquiliza una enormidad. Me planto en la bitácora de Ararat y leo una noticia que me lleva de la intranquilidad a la indignación y que, ya de paso, me ha hecho recordar un libro de Alfonso Ussía que me encanta, Coñones del Reino de España, en el que se recoge un escatológico romance del gran Tip que también me encanta. Y he pensado: ¡cómo me río yo con este romance!; y también he pensado: pues a compartir risas, que hoy he tenido un día muy crispadito. Y aquí os planto el Romance de la Deposición (abstenerse escrupulosos):

¿Quién de ustedes no ha sufrido
ese momento fatal
alguna vez en su vida
del apretón corporal?
Las lágrimas se te saltan,
el vientre te va a estallar
y no encuentras a tu paso
un solar en donde obrar.

Estás solo, desvalido,
llorando a todo llorar,
y apretando vas las nalgas
que te impiden el andar.
Mas de pronto, en una casa,
ves que está abierto el portal,
y penetras como un loco
porque ya no puedes más.
Y allí, sin más circunloquios,
sin ningún otro pensar,
te colocas en cuclillas
y, ¡carrasclás, carrasclás!

¡Qué hermosura tan fermosa!
¡Oh, qué gran felicidad!
Mas no pensaba el doncel
lo que habría de pasar.
En tan crítico momento,
cuando no era de esperar,
aparece una gran dama
que ansí comienza a fablar:
-¿Qué facéis de aquesta guisa,
sentadito en mi portal,
soltando a diestro y siniestro
efluvios de mal llevar?

Y ansí contesta aturdido
y deshonrado el galán.
¡Escuchad, castas doncellas,
bien oiréis lo que dirá!

-Señora, ya no podía
por más tiempo de aguantar,
y aquí os dejo mi presente
colocado en el zaguán....
porque soy pobre, señora,
más cosa no os puedo dar.

Y agora fabla la dama,
¡bien oiréis lo que dirá!

-Alcalde, quiero justicia,
y a aqueste home arrestad,
pues que vació su cuerpo
en medio de mi zaguán.

Enel centro de la plaza,
el cadalso hacen alzar,
y entre nobles y plebeyos
ocurrió el acto fatal.

De cúbito prono estaba
aquel infausto rufián,
y entre sus nalgas vertieron
medio litro de alquitrán,
para que jamás volviera
¡a cagarse en un portal!

(Luis Sánchez Polack, "Tip")
 
Una bruja en diez frases.


Supongo que todos tenemos frases que nos "marcan", que nos hacen pensar. Y otras que no es que marquen nada, pero nos gustan. Yo englobo las primeras en la categoria de "verdades como templos" y las segundas en "ni lo sé, ni me importa", porque no podría decir por qué me gustan, pero es que tampoco me he parado a pensarlo. A saber:

VERDADES COMO TEMPLOS

- Yo soy dos y estoy en cada uno de los dos por completo. (San Agustín), que debía ser un poco ciclotímico, como la que suscribe.

- Quizá hayamos acabado con el pasado, pero él no ha acabado con nosotros. (William H. Macy como el ex-niño prodigio Donnie Smith en Magnolia). Esta frase me duele. No podría decir por qué, pero me duele como un bofetón inesperado. (No pongo link porque está ahí mismito, a la derecha).

- Yo soy yo y mis circunstancias. (Ortega y Gasset). Esta me da que nos la podemos aplicar todos, pero como soy muy ególatra, me gustan las frases que empiezan por Yo :-p) (Es coña) (Bueno, o no, no sé).

- Si tienes un problema y no tiene solución, ¿para qué te preocupas? y, si tiene solución, ¿para qué te preocupas?. (Proverbio Chino). Este, aplicado a la vida real, se convierte en una solemne estupidez, más que nada por lo inútil que resulta decirlo, pero verdad sí que es. Irrealizable, pero verdad.

- Es mejor permanecer callado y parecer estúpido que abrir la boca y confirmarlo. (Anónimo). Este me encanta y lo suelo aplicar en la vida real, aunque menos de lo que debiera, lo reconozco.

NI LO SÉ, NI ME IMPORTA

- No se puede decir de este agua no beberé ni este cura no es mi padre. (Dicho popular; lo suelo decir unas 27 veces al día).

- Hola, soy Iñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir. (Mandy Patinkin como Iñigo Montoya en La princesa prometida).

- Cada vez que escucho a Wagner durante más de media hora, me entran unas ganas locas de invadir Polonia. (Woody Allen en Misterioso Asesinato en Manhattan).

- El ser humano es raro. (Los Cucas) (Vale, la canción no es muy buena, pero la frase es la más cierta de todas).

- Todo te lo puedo dar menos el amor, Baby!!. (Léase cantando)(Katharine Hepburn a un tigre en La fiera de mi niña).


 
Klimt, sin discusión.
Yo tengo un novio. Y no es el novio que me lleva a la bahía, que me dice vida mía, que me dice qué calor, qué calor, qué calor tengo... No, ese no. En el binomio Pickles, novio de Pickles, hay un elemento de Madrid y uno de Barcelona; un elemento, casi obviamente, del Real Madrid y un elemento del Barça; un elemento que simpatiza con el PP y un elemento que simpatiza con ERC; un elemento que tiene muuuuuchos reparos con los nazionalistas y un elemento, repito, de ERC; un elemento cristiano y un elemento ateo; podría seguir, pero para qué dar la tabarra. El hecho es que, como el lector (si es que lo hay) podrá suponer, estos dos elementos están todo el día (y más porque no pueden) discutiendo. Y todo esto me lleva a una conclusión: rara vez pisará la política este blog, que para estrés ya pongo yo cuarto y mitad. Y si no hablo de política, ¿de qué voy a hablar? Los Oscars fueron ayer, ya están desfasados. La religión también estresa, y más como está el Santo Padre. GH Vip no lo veo y no voy a destripar ninguna película que haya visto últimamente porque ¡horror! cada vez voy menos al cine.
Así que de que lo cual, hoy me quedaré tan ancha poniendo aquí mismito mi cuadro preferido (bueno, uno de los dos), las Serpientes de Agua (Watersnakes II).



Me encanta Klimt. Sobre todo sus cuadros de mujeres. Me transmiten muchísimo sus caras, sobre todo cuando están con los ojos cerrados, que es como se hacen las cosas más sensuales (saborear chocolate incluido). Tengo en una pared de mi salón una reproducción de El beso, hecha en alabastro y madera, y me paso horas (vale, minutos) mirándolo. Y en el dormitorio tengo una de las Serpientes de Agua (la I). A mi casa empiezan a llamarla Villa Klimt, porque no tengo cuadros de nadie más, salvo unos angelotes con valor sentimental.




Me encanta su Danae, me parece absolutamente erótica, ahí, recibiendo esa lluvia dorada del salidorro de Zeus. Y, claro, me gusta muchísimo El beso. Me fascina la expresión de la mujer y la forma en que el hombre pone la mano en su barbilla. He leido interpretaciones de todo tipo sobre el predominio del hombre sobre la mujer, implícito en la postura, que el dibujo del vestido de él son símbolos fálicos, que ella dobla los dedos de los pies intentando no caer al "abismo" del amor. Me da igual todo. Los cuadros tienen que entrarme por los ojos, tocarme la fibra, sea cual sea su interpretación. Y este lo hace, y mucho (sin que quepa discutir).