Vaya tres patas para un banco

Estas son las tres personas con las que los madrileños se irian a tomar unas cañas. No lo digo yo, lo dice ya.com.
Os juro que a mí no me han preguntado.
Sólo son 360 temas
Jops.
Adoro esto de escribir en el blog. Me encanta “esgrimirme” las neuronas hasta que sale algo aceptable (al menos, yo lo acepto), me lo paso en grande leyendo los comentarios y me gusta muchísimo comentar en vuestros blogs o bitácoras o batiburrillos personales.
Pero, pero, pero el día ha llegado.
Ya comenté al poco tiempo de empezar a escribir que tenía pendientes unas oposiciones. Oposiciones que he aplazado infinitas veces: primero, porque me apetecía comerme el mundo ejerciendo como abogada; segundo, cuando ya decidí que lo de ser abogada, para mí, era mielda molida, el “impedimento” era que tenía un hijo casi recién nacido que me exigía demasiada dedicación y energía; tercero, porque cuando te estás planteando si puedes o no seguir viviendo con el hombre de tu vida, no tienes el cuerpo para estudios; cuarto, porque superar que ya no vas a vivir más con ese hombre y organizar una nueva vida (diga lo que diga Ikea) tampoco es una circunstancia muy favorable para clavar codos y, además, al fin y al cabo ya soy funcionaria y tengo mi puestecillo asegurado.
Sin embargo, siempre he tenido un Pepito Grillo detrás de la oreja (la izquierda, concretamente) diciéndome: “No, hija, no; tú vales más que eso”. “A ti lo que te sienta bien es la toga con puñetas”. “Mira que la ilusión de tu padre es llamarte Señoría y sabes que se lo debes”. Y, claro, tan pesadito se puso el Grillo de los webs que, hace unos meses, ya superadas (casi) todas las circunstancias negativas que me tumbaban a leche limpia, me tuve que marcar una fecha: el día que se convocaran las oposiciones en este año, me pondría a estudiar. Despacito, sin agobios, pero tengo que hacerlo en el dia señalado, porque, si no, volveré a decepcionarme a mí misma (esto me sale genial, lo he hecho muchas veces). Sé que la empresa es difícil y sé que a todo el mundo le parece imposible aprobar tremendas oposiciones con mi edad y con mis “cargas” laborales y familiares. Pero, ¿y qué? De algo me tiene que servir ser una creída insoportable: si alguien puede hacerlo, esa soy yo (graisaDios, como dice Carmen Sevilla, mi chico también cree en mí hasta el absurdo).
Y allá voy. Hoy ha salido publicada la convocatoria en el BOE. Y hoy empiezan mis días de “Diosmioquesueñomeestáentrando”. Obviamente, el estudio es más bien poco compatible con el blog. Pero yo sé que no puedo prescindir de vuestra “compañía”, así que lo que tendré que hacer es limitarme. No voy a poder escribir un post diario. Creo que, lo más que podré, es hacerlo semanalmente, salvo que empiece a trasnochar (que todo se andará). Desde luego, os seguiré leyendo desde el trabajo (comentar, tan sólo puedo hacerlo en la bitácora de Ararat y alguno más, sigo sin saber por qué) y me daré algún ratillo de descanso para deciros que sigo viva y dando guerra.
Sé que la empresa es ardua (me encanta esa frase) y que me llevará años, peeeeero, quien no se arriesga, no cruza la mar o quien quiera peces, que se moje el culo, o a por ellos, que son pocos y cobardes.
Wolffo, Ararat, Dockof, Bruja del Norte, Mons, Yambra, Princesa del Guisante, Binche, Big, Maribel, Roberto Zucco, Fray Barriga, Wendeling, Alex, Castigador, Carol, Carmelita y alguno que otro del que seguro que me estoy olvidando; y también esos duendes que me leen, pero no comentan, no os vayáis muy lejos. Me gustaría veros por aquí de vez en cuando y tened la seguridad de que, como el Gran Hermano, os estaré vigilando ;-)
Muchos besos.
P.D. Se admiten mails, sms y comentarios de apoyo. Los voy a necesitar ;-)
P.P.D.: Con esta cara me voy a quedar:

P.P.P.D.: Ararat, esa foto no vale para el frikiplanet :-p
Adoro esto de escribir en el blog. Me encanta “esgrimirme” las neuronas hasta que sale algo aceptable (al menos, yo lo acepto), me lo paso en grande leyendo los comentarios y me gusta muchísimo comentar en vuestros blogs o bitácoras o batiburrillos personales.
Pero, pero, pero el día ha llegado.
Ya comenté al poco tiempo de empezar a escribir que tenía pendientes unas oposiciones. Oposiciones que he aplazado infinitas veces: primero, porque me apetecía comerme el mundo ejerciendo como abogada; segundo, cuando ya decidí que lo de ser abogada, para mí, era mielda molida, el “impedimento” era que tenía un hijo casi recién nacido que me exigía demasiada dedicación y energía; tercero, porque cuando te estás planteando si puedes o no seguir viviendo con el hombre de tu vida, no tienes el cuerpo para estudios; cuarto, porque superar que ya no vas a vivir más con ese hombre y organizar una nueva vida (diga lo que diga Ikea) tampoco es una circunstancia muy favorable para clavar codos y, además, al fin y al cabo ya soy funcionaria y tengo mi puestecillo asegurado.
Sin embargo, siempre he tenido un Pepito Grillo detrás de la oreja (la izquierda, concretamente) diciéndome: “No, hija, no; tú vales más que eso”. “A ti lo que te sienta bien es la toga con puñetas”. “Mira que la ilusión de tu padre es llamarte Señoría y sabes que se lo debes”. Y, claro, tan pesadito se puso el Grillo de los webs que, hace unos meses, ya superadas (casi) todas las circunstancias negativas que me tumbaban a leche limpia, me tuve que marcar una fecha: el día que se convocaran las oposiciones en este año, me pondría a estudiar. Despacito, sin agobios, pero tengo que hacerlo en el dia señalado, porque, si no, volveré a decepcionarme a mí misma (esto me sale genial, lo he hecho muchas veces). Sé que la empresa es difícil y sé que a todo el mundo le parece imposible aprobar tremendas oposiciones con mi edad y con mis “cargas” laborales y familiares. Pero, ¿y qué? De algo me tiene que servir ser una creída insoportable: si alguien puede hacerlo, esa soy yo (graisaDios, como dice Carmen Sevilla, mi chico también cree en mí hasta el absurdo).
Y allá voy. Hoy ha salido publicada la convocatoria en el BOE. Y hoy empiezan mis días de “Diosmioquesueñomeestáentrando”. Obviamente, el estudio es más bien poco compatible con el blog. Pero yo sé que no puedo prescindir de vuestra “compañía”, así que lo que tendré que hacer es limitarme. No voy a poder escribir un post diario. Creo que, lo más que podré, es hacerlo semanalmente, salvo que empiece a trasnochar (que todo se andará). Desde luego, os seguiré leyendo desde el trabajo (comentar, tan sólo puedo hacerlo en la bitácora de Ararat y alguno más, sigo sin saber por qué) y me daré algún ratillo de descanso para deciros que sigo viva y dando guerra.
Sé que la empresa es ardua (me encanta esa frase) y que me llevará años, peeeeero, quien no se arriesga, no cruza la mar o quien quiera peces, que se moje el culo, o a por ellos, que son pocos y cobardes.
Wolffo, Ararat, Dockof, Bruja del Norte, Mons, Yambra, Princesa del Guisante, Binche, Big, Maribel, Roberto Zucco, Fray Barriga, Wendeling, Alex, Castigador, Carol, Carmelita y alguno que otro del que seguro que me estoy olvidando; y también esos duendes que me leen, pero no comentan, no os vayáis muy lejos. Me gustaría veros por aquí de vez en cuando y tened la seguridad de que, como el Gran Hermano, os estaré vigilando ;-)
Muchos besos.
P.D. Se admiten mails, sms y comentarios de apoyo. Los voy a necesitar ;-)
P.P.D.: Con esta cara me voy a quedar:

P.P.P.D.: Ararat, esa foto no vale para el frikiplanet :-p
ESPEJITO, ESPEJITO MÁGICO

¿Somos lo que pretendemos ser o lo que el mundo percibe de nosotros?
Parto de la idea no contrastada (pero firmemente arraigada) de que todos queremos ser, en cierto modo, agradables para con nuestros congéneres. No es que nos importe la opinión que los demás tienen de nosotros (o al menos, eso es lo que solemos decir cuando vamos "de sobraos"), pero, claro, lo normal es que uno pretenda ser buena gente (hay dos excepciones: Hannibal Lecter, asiduo de este blog, y uno de los Matamoros, no recuerdo cuál). El caso es que, si todos queremos ser agradables y vamos de buen rollito, ¿por qué razón hay gente que, no sólo no nos gusta, sino que hasta nos repele? Pues eso va a ser por la distorsión emisor-receptor (término acuñado, o plagiado, que nunca se sabe, por mí misma esta tarde).
Y es que ¿quién tiene un espejito espejito mágico que le diga exactamente lo que los demás ven cuando le miran a la cara? Yo, al menos, no. Vamos, es que ni en lo físico, porque hay días que me veo monísima de la muerte y lo primero que escucho al llegar al trabajo es "huuuyy, hoy hemos estado de noche toledana, ¿no? ¡qué ojeras!". O, al revés, me veo un culo tetradimensional con según qué pantalones y mi compañera va y me dice que me ve más estilizada.
El caso es que, al margen de aspectos físicos, en los que no es descartable que influyan la miopía y otros asuntos de clara incidencia en la agudeza visual (léanse alcohol y psicotrópicos), son muchas las ocasiones en que los demás ven en nosotros algo que en circunstancias normales no debería estar ahí. Hace unos días, sin ir más lejos, una de mis compañeras, en un ejercicio de sinceridad que, por otra parte, nadie le había pedido, se dedicó a decir lo que admiraba de cada una de las demás: de Fulanita envidio que es taaan extrovertida..., de Menganita envidio que nunca parece perder los nervios (inciso: eso ha cambiado ahora que toma ginseng, doy fe); de Nines (es que en mi trabajo ignoran que me llamo Pickles) envidio la seguridad en sí misma que demuestra siempre... Ante esto, la interfecta (léase Nines o Pickles, según el grado de confianza), lo único que pudo hacer fue levantar una ceja y poner esa enigmática sonrisa a lo Monalisa que tan bien (cree que) le sale. Claro, esa pose lo único que pudo hacer fue reafirmar a mi compañera en su creencia, que, palabrita del Niño Jesús, más que errónea, es fantástica. No es ya que no me considere una persona segura de mí misma, es que no estoy segura de lo que considero.
Y, si pasa con esto, puede pasar con todo. Cuando yo imagino que soy divertida y dicharachera, la gente puede estar viendo a una graciosilla de tres al cuarto. Cuando yo me veo irónica, los demás pueden estar ante una borde insufrible. Yo pienso que Fulanita no es extrovertida, sino cargante, pero, claro, igual ella no lo ve así.
Habrá ocasiones en que yo me veo pícara y coqueta y me cuelguen el cartel de pendón verbenero. O, si quiero dar la imagen de mujer con mucha vida interior, mi partenaire igual piensa que soy un muermo. Por contra, he conocido gente aburrida que, ahora que lo pienso, igual sólo quería parecer misteriosa.
En fin, que en muchas situaciones habrá que pedirle la información al propio interesado: oye, ¿tú eres imbécil o lo aparentas?
Desidia

Hay una palabra que me encanta: desidia. Lo malo es que no sé qué adjetivo le corresponde y, por lo tanto, me cuesta definir cómo me siento esta tarde.
...
Vale, he ido a mirar en la página de la RAE y he comprobado que, pese a que a mí me sonaba espantoso, el adjetivo es desidiosa. Pues eso, me siento desidiosa. Creo que es típico de las tardes de domingo. Ya sabes lo que te espera en cuanto des un par de vueltas en la cama esta noche: otra vez el lunes, otra vez el trabajo, otra vez la rutina. Y, en realidad, eso no es algo que a mí me deba deprimir; más bien al contrario, mis fines de semana en solitario (o sea, uno de cada dos) son tremendamente aburridos: cada diez minutos, aproximadamente, entro en el msn o en cualquier otro sitio donde pueda haber vida cibernética. Pero nada, la gente tiene muchas cosas que hacer los domingos (bueno, y, en realidad, cualquier otro día, porque mis contactos de msn deben tener, salvo una o dos excepciones, unos cuatro años de antigüedad, durante los que yo estuve dos sin conectar el ordenador, y, claro, han ido desapareciendo). Así que suelo esperar el lunes con agrado, pero es que hoy me invade la desidia.
Y es que, como ya he dicho, la tarde de domingo es propicia para esta sensación. La casa está (aceptablemente) limpia, los libros duermen en las estanterías, los dvd están en algún sitio cogiendo polvo, todos ellos estupefactos por mi pereza y mi indolencia. Pero, claro, estoy desidiosa y ni leer ni mirar la pantalla del televisor me apetece lo más mínimo. ¿Hablar por teléfono con mi chico? Hoy es uno de esos días en que me parece que cada cosa que nos vayamos a decir, la hayamos dicho ya antes unos dos millones de veces, y ¿para qué gastar energías? Ya se sabe, la desidia ....
La música que me acompaña tampoco es que motive para actividades que requieran energía. Ahora mismo, Ben E. King me acaricia los oidos con el Stand By Me y no sabéis la sensación de abandono que me mete en el cuerpo esta canción. Me lleva a algún jardín soleado, tumbada en la hierba, o al Sunset de doc, mirando perezosa el mar de seda. Lo dicho, pura desidia.
El caso es que mis dedos deben tener vida propia, porque ellos solitos se han puesto a escribir este post mientras yo, tumbada en el sofá, miro desidiosa como cruzan las nubes por encima de mi ventana.
Bendita desidia.
ÑAM

¡¡NO!! Juro que no me acabo de comer un bombón "cortadito" de Uña relleno de avellana.
Y esas babas que acaban de caer en el teclado no son mías, no.
(Me puede el sentimiento de culpa, glubs. Mardita dieta).
Y tú, ¿qué quieres ser de mayor?
Hace unos días, mi hijo me dijo: "mamá, de mayor quiero ser espanteólogo". Claro, la primera imagen que me vino a la cabeza fue la de la criatura, todo piernas y brazos, ataviado con un pantalón corto verde caqui y un gorro estilo safari, espantando dinosarios al tiempo que agita las manos y grita ¡"He, he"!
Pero no van por ahí los tiros. Con los dinosaurios sí que está relacionado, porque esos dulces bichitos son una de las pasiones confesas de mi hijo (junto con el tunning y el baloncesto); pero, claro, a lo que se refería es a que de mayor quiere ser paleontólogo.
Dejando a un lado a mi hijo, que me ha venido bien como introducción para el tema que quería tratar, pero que ahora está merendando mientras ve la tele, hace los deberes y canta, el asunto que me preocupa es el de las profesiones. ¿Hasta qué punto puede saber la gente, con un simple vistazo, o una breve charla, en qué trabajamos?
El otro día, doc, mi doc, adivinaba la carrera que he estudiado de forma fácil (de forma fácil lo averiguó; estudiarla fue algo más difícil) porque, según él, mi forma de expresarme me delata. También recuerdo que muchas discusiones con mi ex terminaban cuando él exclamaba: "¡contigo es imposible discutir, como eres abogada siempre tienes que darle la vuelta a los argumentos para que parezca que tienes razón!", o bien "no, no, si ya sabemos que tú utilizas las palabras como si estuvieras delante de un jurado y no quisieras pillarte los dedos". Y eso que en España todavía no había jurado :-s
A mí me pasa lo mismo con mi hermana y su marido. Cada vez que estoy con ellos, siento como si fuera un bichito pequeño en mitad del plato ese (comosellame) del microscopio y ellos estuvieran allí arriba, con sus batas blancas, examinando todos mis movimientos a través de la lente.
Eso, cuando no me siento como si estuviera en mitad de una terapia de histéricos anónimos.Y es que, sí, efectivamente, ¡horror! son psicólogos. Y se les nota, coñe que si se les nota. Te miran fijo y arrugan un poquito los ojos, como concentrándose (y no son miopes). Ante ellos me siento siempre analizada hasta el plieguecito más pequeño del cerebro. Y, claro, como ellos son psicólogos, cuando les digo que estoy "atacá", me sueltan que lo que tengo es un episodio de ansiedad. Anda que no. No sé por qué los psicólogos no pueden llamarle a las cosas por su nombre, joer. Uno puede estar atacao, encabronao o de los nervios sin necesidad de tener ningún episodio de nada. Hombreya.
¿Y los policias? Tengo varios amigos que son incapaces de decir algo tan simple como "no". Y el motivo no es que sean muy complacientes, es que, cuando les preguntas si esa noche van a salir, te responden: negativo. Ea, como Bruce Willis en la Jungla de Cristal.
Otro ejemplo es el de los comerciantes de cualquier género. En mi familia hay muchos joyeros por parte de madre. Y anda que se les escapa nada. Cada vez que sale alguien en la tele, allá van todas: "esos pendientes son buenos, menudos brillantes, así a ojo, millón y medio de pesetas". "Mira, esa gargantilla es como la de la Mayra" (sí, sí, Mayra Gómez Kemp popularizó un modelo de gargantilla con lagrimitas alrededor). Yo creo que en vez de mirarte, te tasan
Y me pregunto:¿pasará igual con todas las profesiones? ¿Van los cirujanos calibrando el grosor de mi piel para saber qué bisturí utilizarián en caso de tener que rajarme? ¿Los bomberos valoran mi riesgo de combustión espontánea al cruzarse conmigo? Un buen carnicero, ¿calcula a ojo el peso de mis lomos? Si le pregunto a una azafata la dirección del McDonalds, ¿me la indicará con los brazos hacia atrás y de izquierda a derecha? ¿Nota un buen economista, al primer vistazo, que mi cuenta está en números de un rojo intenso? ¿Calculan mis medidas los empleados de las funerarias?

Ains, qué disertación más tonta.
Escuchando a mi adorado Michael Bublé (kissing a fool), os dejo con un millón de besos.
Pero no van por ahí los tiros. Con los dinosaurios sí que está relacionado, porque esos dulces bichitos son una de las pasiones confesas de mi hijo (junto con el tunning y el baloncesto); pero, claro, a lo que se refería es a que de mayor quiere ser paleontólogo.Dejando a un lado a mi hijo, que me ha venido bien como introducción para el tema que quería tratar, pero que ahora está merendando mientras ve la tele, hace los deberes y canta, el asunto que me preocupa es el de las profesiones. ¿Hasta qué punto puede saber la gente, con un simple vistazo, o una breve charla, en qué trabajamos?
El otro día, doc, mi doc, adivinaba la carrera que he estudiado de forma fácil (de forma fácil lo averiguó; estudiarla fue algo más difícil) porque, según él, mi forma de expresarme me delata. También recuerdo que muchas discusiones con mi ex terminaban cuando él exclamaba: "¡contigo es imposible discutir, como eres abogada siempre tienes que darle la vuelta a los argumentos para que parezca que tienes razón!", o bien "no, no, si ya sabemos que tú utilizas las palabras como si estuvieras delante de un jurado y no quisieras pillarte los dedos". Y eso que en España todavía no había jurado :-s
A mí me pasa lo mismo con mi hermana y su marido. Cada vez que estoy con ellos, siento como si fuera un bichito pequeño en mitad del plato ese (comosellame) del microscopio y ellos estuvieran allí arriba, con sus batas blancas, examinando todos mis movimientos a través de la lente.
Eso, cuando no me siento como si estuviera en mitad de una terapia de histéricos anónimos.Y es que, sí, efectivamente, ¡horror! son psicólogos. Y se les nota, coñe que si se les nota. Te miran fijo y arrugan un poquito los ojos, como concentrándose (y no son miopes). Ante ellos me siento siempre analizada hasta el plieguecito más pequeño del cerebro. Y, claro, como ellos son psicólogos, cuando les digo que estoy "atacá", me sueltan que lo que tengo es un episodio de ansiedad. Anda que no. No sé por qué los psicólogos no pueden llamarle a las cosas por su nombre, joer. Uno puede estar atacao, encabronao o de los nervios sin necesidad de tener ningún episodio de nada. Hombreya. ¿Y los policias? Tengo varios amigos que son incapaces de decir algo tan simple como "no". Y el motivo no es que sean muy complacientes, es que, cuando les preguntas si esa noche van a salir, te responden: negativo. Ea, como Bruce Willis en la Jungla de Cristal.
Otro ejemplo es el de los comerciantes de cualquier género. En mi familia hay muchos joyeros por parte de madre. Y anda que se les escapa nada. Cada vez que sale alguien en la tele, allá van todas: "esos pendientes son buenos, menudos brillantes, así a ojo, millón y medio de pesetas". "Mira, esa gargantilla es como la de la Mayra" (sí, sí, Mayra Gómez Kemp popularizó un modelo de gargantilla con lagrimitas alrededor). Yo creo que en vez de mirarte, te tasan
Y me pregunto:¿pasará igual con todas las profesiones? ¿Van los cirujanos calibrando el grosor de mi piel para saber qué bisturí utilizarián en caso de tener que rajarme? ¿Los bomberos valoran mi riesgo de combustión espontánea al cruzarse conmigo? Un buen carnicero, ¿calcula a ojo el peso de mis lomos? Si le pregunto a una azafata la dirección del McDonalds, ¿me la indicará con los brazos hacia atrás y de izquierda a derecha? ¿Nota un buen economista, al primer vistazo, que mi cuenta está en números de un rojo intenso? ¿Calculan mis medidas los empleados de las funerarias?

Ains, qué disertación más tonta.
Escuchando a mi adorado Michael Bublé (kissing a fool), os dejo con un millón de besos.
¡Por fin es Miércoles!
Miércoles...
¡He sobrevivido a otra guardia!

Balance de la semana (no, no estoy mal de la olla; mis semanas de guardia van de miércoles a miércoles):
- Días que he vuelto a casa más quemada que el Windsor por culpa de las medias naranjas que no acaban de encajar con medios pomelos: cero pelotero. Las parejas del pueblo donde trabajo han solventado sus diferencias con medios distintos del "a leche limpia" y yo no me he tenido que traer sus miserias para cenar.
- Días que he vuelto a casa largando sapos y culebras sobre el sheriff Lobo por esta boquita de piñón: cero patatero. Mi jefe se hizo un esguince el primer dia de guardia jugando al tenis y tiene para ¡¡¡¡45!!!! días de baja. Siempre he dicho que el deporte no es bueno para la salud y esta bonita anécdota viene a darme la razón. O no, porque para mi salud sí que va a ser bueno.

- Carreras por el aeropuerto, por llegar cinco minutos después de la hora de embarque: ¡cero chapucero! No era yo la que iba en el coche que no encontró atascos después de no haber salido de casa media hora después de la hora prevista. Fijo que no.
- Mimos recibidos durante el fin de semana: varias docenas. Creo que me ha subido el azúcar (a mí, tipa borde por antonomasia; ains).
- Gratas noticias recibidas durante el fin de semana que me han acojonado toda, pero toda, toda (te necesiitoo toooooaaa): una. En un sinvivir me hallo, pero esa historia queda para algún día de los de lloroncitos sin fronteras (sin acritud, Yambra, my darling ;-)).
- Pelulsas que se han echado en mis brazos, alborozadas, al verme entrar en casa tras una semana de no aparecer más que para coger ropa y marcharme a dormir a casa de mami: varios millones. He tenido una charla con ellas, de tú a vosotras, en la que he dejado claro (cristalino!) que ellas o yo. Aún están dentro de plazo para tomar una decisión.

Muchos besos. Conste que os he leido a diario, pero (snif) no puedo entrar en casi ningún blog para opinar. Tendré que preguntar a los informáticos qué tienen con Ararat para que yo tenga acceso libre a su página (y algunos días a la de la su Alteza, la del Guisante, pero no todos).
Escuchando Sea of Love, Little Bitty Pretty One, Dream Lover y Beyond the Sea, de Bobby Darin. ¿Bailas, Ararat? ;-)
¡He sobrevivido a otra guardia!

Balance de la semana (no, no estoy mal de la olla; mis semanas de guardia van de miércoles a miércoles):
- Días que he vuelto a casa más quemada que el Windsor por culpa de las medias naranjas que no acaban de encajar con medios pomelos: cero pelotero. Las parejas del pueblo donde trabajo han solventado sus diferencias con medios distintos del "a leche limpia" y yo no me he tenido que traer sus miserias para cenar.
- Días que he vuelto a casa largando sapos y culebras sobre el sheriff Lobo por esta boquita de piñón: cero patatero. Mi jefe se hizo un esguince el primer dia de guardia jugando al tenis y tiene para ¡¡¡¡45!!!! días de baja. Siempre he dicho que el deporte no es bueno para la salud y esta bonita anécdota viene a darme la razón. O no, porque para mi salud sí que va a ser bueno.

- Carreras por el aeropuerto, por llegar cinco minutos después de la hora de embarque: ¡cero chapucero! No era yo la que iba en el coche que no encontró atascos después de no haber salido de casa media hora después de la hora prevista. Fijo que no.
- Mimos recibidos durante el fin de semana: varias docenas. Creo que me ha subido el azúcar (a mí, tipa borde por antonomasia; ains).
- Gratas noticias recibidas durante el fin de semana que me han acojonado toda, pero toda, toda (te necesiitoo toooooaaa): una. En un sinvivir me hallo, pero esa historia queda para algún día de los de lloroncitos sin fronteras (sin acritud, Yambra, my darling ;-)).
- Pelulsas que se han echado en mis brazos, alborozadas, al verme entrar en casa tras una semana de no aparecer más que para coger ropa y marcharme a dormir a casa de mami: varios millones. He tenido una charla con ellas, de tú a vosotras, en la que he dejado claro (cristalino!) que ellas o yo. Aún están dentro de plazo para tomar una decisión.

Muchos besos. Conste que os he leido a diario, pero (snif) no puedo entrar en casi ningún blog para opinar. Tendré que preguntar a los informáticos qué tienen con Ararat para que yo tenga acceso libre a su página (y algunos días a la de la su Alteza, la del Guisante, pero no todos).
Escuchando Sea of Love, Little Bitty Pretty One, Dream Lover y Beyond the Sea, de Bobby Darin. ¿Bailas, Ararat? ;-)
Hasta luego, Lucas
Debido a una conjunción, que no es de planetas, sino de:
A) Semana de guardia en el trabajo
+
B) Fin de semana de
(o ración de mimos quincenal via puente aéreo)
=
Este blog se queda como un solar. Cuelgo el cartel de "Cerrado por asuntos propios" hasta el miércoles próximo.
No resintonicen su receptor.
Besosssssssss.
Post Bessum: a la vuelta, paso lista.
A) Semana de guardia en el trabajo

+
B) Fin de semana de

(o ración de mimos quincenal via puente aéreo)
=
Este blog se queda como un solar. Cuelgo el cartel de "Cerrado por asuntos propios" hasta el miércoles próximo.
No resintonicen su receptor.
Besosssssssss.
Post Bessum: a la vuelta, paso lista.
Hablemos de eso

Esta mañana se ha sentado un tipo en la silla que hay delante de mi mesa de trabajo, esperando a que le entregaran un expediente, y, en un intento de entablar conversación, ha señalado mi taza de café (con un letrerito donde pone Bad Girl) y me dice, con media sonrisilla: "así que chica mala, ¿eh?". Yo le he respondido educadamente que algo de eso se comenta y, para mis propios adentros he pensado ¿estará intentando ligar?. No es que yo sea una creída insufrible (sólo insufrible, pero creida no) que piense que todos los tíos le van tirando los trastos de matar, más bien al revés: si alguna vez alguien ha intentado ligar conmigo, yo no me he dado cuenta. Supongo que es porque parto de la base de que despierto poco interés en el género masculino (mi chico lo desmiente, pero, claro, es parte interesada). El caso, que me pierdo por los cerros de Úbeda, es que no tengo experiencia en las técnicas de cortejo de los seres humanos. En las de apareamiento sí, que una ya tiene una edad.
¡Cuánto más fácil lo tendríamos si fuéramos animales! En éstos, las formas de cortejo vienen muy bien determinadas por la especie y las hembras saben perfectamente a qué atenerse. Sí, las hembras, porque, por lo general, los que cortejan son ellos. Cosa que me parece que cada vez pasa menos en el género humano.
La boa, por ejemplo. Es un bicho repugnante, pero tiene sus bases bien sentadas. No puede haber apareamiento (ni, por lo tanto, cortejo, que aquí se va a lo que se va) si el macho mide más de 1'10 para una hembra de entre 1'80 y 2'70 metros. Claro, en el ser humano esto no está determinado a priori, pero es que yo he visto pocas hembras de más de 2 metros. Y, si la boa da la talla mínima (porque si es más alto la hembra se estresa y ya se sabe que con estrés no hay cópula que valga), pues entonces tiene que cortejar a la hembra. ¿Cómo lo hace? Al parecer muestra mucho su lengua y se mueve lentamente alrededor de la hembra. Conste que yo he visto tios que hacen esto, pero generalmente se ganan un guantazo. Bueno, y luego está Hannibal Lecter, pero ése no quería copular.El puma es más listo (no el que canta lo de "numerá, numerá, viva la numerasióoon", sino el otro, el felino). Este es un bicho bastante insociable y sólo se relaciona con sus congéneres en época de apareamiento. Sale de donde quiera que esté (viendo el futbol en el ppv, con sus cervecitas y tal), vive en pareja unos 20 días, que se pasa copulando, y cuando termina el plazo se larga. Y, si te ha visto, no se acuerda. Bicho interesante éste. Anda que no le gustaría a más de uno que yo conozco ser puma.
Luego están los monos. Aquí se rompe la regla y la que corteja es la mona. Bueno, no es exactamente que corteje, es que se le inflan los genitales en época de celo. Igualito que a algunos cuando hablan de política, pero los fines son otros. A la mona de repente le crece sobremanera salva sea la parte y el mono tiene dos opciones: mira y pasa o se lanza sobre ella para la cópula inmediata. Si en el ser humano se diera esta característica en las hembras, no tengo yo muy clara cuál sería la opción del macho.
De todos modos, hay algo más que cumple una función de atracción sexual en los monos: el acné. Al parecer, lo del "espulgueo" no consiste sólo en buscarse los bichillos que habitan impunemente entre los pelos, sino que a los monos les "pone" lo de explotarse granos mutuamente. Una forma de relación social, ya ves tú... Ahora que lo pienso también he visto yo de estos en la playa. No me refiero a monos, sino a parejitas en pleno proceso de búsqueda y destrucción de la espinilla espaldera.
Mención aparte merecen los leones. El cortejo es simple: el macho orina en un tronco de árbol o en un arbusto. Lo malo viene después, y es que lo de estos bichos debe ser un sinvivir, porque en época de apareamiento llegan a copular una vez cada veinte minutos durante cinco dias. Toma ya estrés.Ahora, el ejemplo más claro de que las hembras se dejan querer se da entre las aves. Aquí los machos tienen que echar el resto, desplegar colas, moverlas como si fueran abanicos, sacar pecho, inflar las plumas y soltar soniditos eróticos (como algunos en el gimnasio, vamos). Y, por si fuera poco, hay especies en las que una parte importante del cortejo consiste en construir un nido para la hembra. Toma ya solución habitacional. De hecho, la hembra en una situación más envidiable es la del emú: ésta deja que la cortejen varios machos. El macho construye un nido, la hembra va al nido, copula con él, pone los huevos, se los deja al macho para que los crie y se larga a otro nido a hacer lo mismo. Así, ¡hasta doce veces!

Definitivamente, lo tendríamos más fácil si fuéramos (más) animales.
¡Ay, Dios mío! ¿qué me pongo?

Esta mañana he pasado unos diez (preciosos) minutos en albornoz mirando el contenido de mi armario con cara de estar en trance. Ante mis ojos, dos hileras de perchas en relativo orden: una arriba, para camisas, camisetas, “jerseles” y demás prendas para el tronco (algunas también tapan los brazos) y otra abajo para pantalones (mis extremidades inferiores sólo se cubren con pantalones; nada de faldas, que son de chica). Entre todas esas prendas tenía, por fuerza, que existir un par que pudiera servirme, en el día de hoy, para su propósito y fin último: cubrir mis vergüenzas y protegerme de los rigores del clima primaveral del centro de la península ibérica (nueva ola de frio polar). Y, sí, efectivamente, he encontrado esas prendas, pero sólo después de pasar por un calvario de dudas.
Porque, claro, parece fácil vestirse, pero hay que tener en cuenta una infinidad de factores, a saber:
- La ropa de que dispones. Esto es bastante obvio, pero no siempre se tiene en cuenta, porque yo hoy, sin ir más lejos, he pensado ponerme el pantalón Versace con la camiseta negra Donna Karan hasta que me he percatado ¡oh, Díos mío! de que no tengo nada de esos señores en mi armario. Ni al fondo ni nada.
- El tiempo. No la hora, que ese también es un dato a tener en cuenta, sino el clima. No es lo mismo escoger el pantalón de pana y el jersey de cuello alto en el mes de Diciembre que en el de Agosto. Siempre existe una excepción, y es que te mueras de ganas de estrenar esa camiseta de tirantes de Custo tan monísima en medio de la ola de frío. Pues, mira, una copita de orujo a media mañana y a lucir hombros.
- Tu propio tamaño. A mí, por ejemplo, me encantaría ponerme los vaqueros desteñidos de talle bajo que tengo colgados en una percha desde que reinaba Carolo, pero, claro, no sientan bien metidos sólo en una pierna. Además, no tengo otros iguales para la otra.
- La combinación de colores. Porque esa es otra: ¿quién coño se inventa las combinaciones válidas y las que no lo son? A mi padre, por ejemplo, no le hace daño a la vista llevar pantalones marrones con camisa verde. ¿Por qué yo no puedo combinar el naranja con el azul si me apetece? Pues porque no se lleva. Y, como no se lleva, no lo llevo.
- El estado de la ropa. ¿Cosiste la entrepierna del pantalón verde pistacho después de que la otra noche se rajara al querer escenificarle a tus amigos la última película de Jackie Chan? Si no lo hiciste, olvida ese pantalón o la gente comprobará el tiempo que llevas sin depilarte.
- Las condiciones de tu puesto de trabajo. Si tu trabajo consiste en descargar camiones de pescado, no te aconsejo una camisa de seda. Si trabajas en mi oficina, descarta completamente las camisas blancas. Nadie se imagina la mugre que acumulan los expedientes dentro de un armario.
- La ropa interior. Sí, sí, aunque no se vea (no siempre, al menos), la ropa interior debe ir en función de la ropa exterior. Si llevas un pantalón de talle bajo y tu trabajo te obliga a agacharte a menudo, olvida los tangas. Sobre todo si el público que acude a tu trabajo tiene alguna condena pendiente. Por otro lado, nadie en su sano juicio combina camisa negra con sujetador blanco, ni sujetador blanco con bragas verdes ¿o sí?
- El calzado. Debes recordar que, una vez que te vistas, habrás de calzarte. ¿Has tenido en cuenta que ese vaquero sólo queda bien con botas y todos tus calcetines están en la lavadora o camino de ella? ¿Has pensado que si te pones los mulés de tacón que combinan con ese pantalón pirata posiblemente sufrirás un esguince de tobillo al bajar del autobús?
- La hora. Este factor es esencial. Si son las ocho y diez, olvídate de todas las reglas anteriores y ponte lo primero que pilles. Si, por descuido, es una camiseta de tu hijo con la foto de un Rottweiller y el pantalón del chandal, pues haber preparado la ropa la noche anterior, en lugar de ponerte a escribir chorradas.
Besos de prêt à porter.
El eterno brillo de la memoria inmaculada (o el minipost del domingo).

Ayer estuve viendo una película un tanto extraña: Olvídate de mí, de Michel Gondry, con Jim Carrey y Kate Winslet como protagonistas. No suelen gustarme las películas en las que Jim Carrey hace de Jim Carrey, con ese histrionismo desbordante, que estresa al más templado. Pero sí que me gustan las películas en las que el muchacho se contiene y consigue, de esa manera, hacer papeles más que aceptables (El show de Truman, Man on the Monn, The Majestic ...). Esta pertenece al último grupo.
No voy a entrar a comentar si lo hacen bien o mal los actores. Lo que me ha llevado a colgar aquí mi comentario es el tema alrededor del que gira la película: un hombre, al que su novia ha dejado, decide seguir en una clínica un procedimiento a través del que le "borrarán" de la memoria todos los datos relativos a esa chica. Ningún recuerdo de ella. Ningún dolor, por tanto, derivado de la ruptura.
La película es interesante. Rara, pero interesante. Y, aparte de gustarme bastante, me llevó a hacerme una pregunta: ¿borraría yo a alguien de mi memoria? Si me brindaran esa posibilidad, ¿querría hacer desaparecer cualquier recuerdo de mi mente que pudiera causarme dolor, por ejemplo, tras una ruptura?
Mi respuesta fue no, probablemente porque jamás me he tropezado con nadie que me haya proporcionado sólo malos ratos y me sería imposible renunciar al recuerdo de los buenos momentos.
¿Y vosotros? ¿Borraríais a alguien completamente de vuestra memoria?
SENSACIONES
Todos tenemos días lacios, días grises, días "sin sustancia", días que transcurren de suspiro en suspiro, días rojos de ira y días negros de desesperanza. Quien más, quien menos, todos nos encontramos a veces con los ojos mirando más para adentro que para fuera, con esa mirada turbia que los demás (nuestros demás) ya conocen como signo de que algo no va del todo bien. Todos estamos a veces en off o, simplemente, en stand by, esperando que pase el día, la semana, el momento. Todos hemos sentido alguna vez un pellizco en las tripas de desolación, de malestar, de pura y simple tristeza.
Esos días vienen y se van, también lo sabemos (esto, no todos; sólo la afortunada mayoría). Y para esos días yo propongo un "truco" que los haga algo más llevaderos y, con suerte, los mande a tomar vientos. Hazte tu propio catálogo de sensaciones para evocar. Captura esos momentos que te hacen feliz, guárdalos en el álbum de fotos de tu corazón o de tu cerebro o, si lo prefieres, de tu mismo hígado y sácalos a la luz cuando el cuerpo te lo pida.
Estas son mis sensaciones...
DOS PARA LA VISTA:

- El mar al atardecer.
- La cara de mi hijo mientras duerme.
DOS PARA EL OIDO:
- El "crujido" del edredón de plumas en el que me envuelvo mientras la lluvia repiquetea contra las ventanas o mientras oigo el arrullo de las palomas.
- Las olas. Sólo las olas.

DOS PARA EL GUSTO:
- Un tarro de helado de dulce de leche.
- Un vaso de agua helada.
DOS PARA EL OLFATO:

- El olor de las mimosas en primavera.
- El aroma de café recién hecho y un bizcocho en el horno.
DOS PARA EL TACTO:
- El agua caliente de la bañera contra mi piel.
- El aire frio en mi cara.
UNA PARA EL ESPÍRITU
The Lark Ascending, de Vaughan Williams. Si tuviera la destreza de Yambra, este enlace os la traería directamente a los oidos, pero mucho me temo que tendréis que darle al icono de descarga. Oiréis sólo un fragmento, pero, si podéis, os recomiendo descargarla entera. Seguro que sabéis de dónde.
Un beso.
Esos días vienen y se van, también lo sabemos (esto, no todos; sólo la afortunada mayoría). Y para esos días yo propongo un "truco" que los haga algo más llevaderos y, con suerte, los mande a tomar vientos. Hazte tu propio catálogo de sensaciones para evocar. Captura esos momentos que te hacen feliz, guárdalos en el álbum de fotos de tu corazón o de tu cerebro o, si lo prefieres, de tu mismo hígado y sácalos a la luz cuando el cuerpo te lo pida.
Estas son mis sensaciones...
DOS PARA LA VISTA:

- El mar al atardecer.
- La cara de mi hijo mientras duerme.
DOS PARA EL OIDO:
- El "crujido" del edredón de plumas en el que me envuelvo mientras la lluvia repiquetea contra las ventanas o mientras oigo el arrullo de las palomas.
- Las olas. Sólo las olas.

DOS PARA EL GUSTO:
- Un tarro de helado de dulce de leche.
- Un vaso de agua helada.
DOS PARA EL OLFATO:

- El olor de las mimosas en primavera.
- El aroma de café recién hecho y un bizcocho en el horno.
DOS PARA EL TACTO:
- El agua caliente de la bañera contra mi piel.
- El aire frio en mi cara.
UNA PARA EL ESPÍRITU
The Lark Ascending, de Vaughan Williams. Si tuviera la destreza de Yambra, este enlace os la traería directamente a los oidos, pero mucho me temo que tendréis que darle al icono de descarga. Oiréis sólo un fragmento, pero, si podéis, os recomiendo descargarla entera. Seguro que sabéis de dónde.
Un beso.
De entre todas las contradicciones que adornan mi espíritu, una de ellas puede llevarme a ser, el dia menos pensado, objeto de una Inspección de Sanidad.
No es que me dedique a acumular bolsas de basura en mi piso (aunque ando cerca, con esto del reciclaje) para aparecer algún día en el telediario porque los vecinos, además de quejarse al Ayuntamiento, hayan realizado la llamada de rigor a Sucedió en Madrid.
Tampoco tengo alergia al agua, ni al gel de baño o al champú. Conozco desde hace tiempo los placeres de una ducha calentita y/o los de un baño templado con velas y copa de vino incluida (vaaaaale, eso no es higiene, es lujuria, pero me gusta). Jamás he tenido que arrancarme una costra de la parte de atrás de las orejas ni se me han llegado a enroscar las uñas de los pies al dedo propiamente dicho.
Mi ropa suele estar limpita (¿planchada? bueno, la plancha, stricto sensu, no es higiene, ¿no?), huele a suavizante de jabón de Marsella (del Mercadona, que el sueldo no da pa más, pero huele, al fin y al cabo) y habitualmente la llevo yo sola a la lavadora sin esperar a que calcetines, pantalones y ropa interior acudan a buscar el agua en fila de a uno.

La casa la tengo aceptablemente limpia. Aunque debo decir que tengo un contencioso con las pelusas y a veces me da la impresión de que campan por los pasillos como las bolas de paja en el desierto de las películas del Oeste, pero esto es ya casi obsesión.
No tengo mugre en el cuarto de baño ni la grasa ha formado una película indeleble en los azulejos de la cocina. No es fácil hacer un dibujo en el tapiz de polvo de mis muebles y, como no fumo, ni siquiera huele la casa a tabaco, sino a ambientador de colonia infantil y esencia de cerezas.
Yo misma huelo, habitualmente, a naranja y vodka (no es vicio, es que, al parecer, son los ingredientes de mi perfume) y a una mezclilla de desodorante, crema para el pelo y colonia de niños (los restos que me quedan en las manos después de “refrotar” a mi hijo). Vamos, que la gente no se aparta de mí en el Metro ni sucumbe postrada de rodillas ante mis axilas en las distancias cortas.
Si alguien ha conseguido llegar hasta aquí, tras este muermo, se preguntará el por qué de tanta loa a la propia higiene. La razón es muy sencilla: está a punto de brotarme un patatal en el suelo del coche.
No es que le tenga una aversión tan grande a la limpieza del vehículo que me salga sarpullido al pasar bajo un lavado automático. No, señor. Es pura dejadez. Es que me da igual que el coche esté limpio o sucio. Bueno, miento. No me da igual, lo preferiría limpio, pero no si el precio es mi propio esfuerzo. Hace poco me di cuenta del punto al que he llegado, y es que mi hermana, al montar, se recogió la ropa hacia el cuerpo y procuró no tocar el salpicadero en todo el viaje. Ese mismo dia compré en el Carrefour (mari) un sobre con unas toallitas húmedas limpia-salpicaderos. Le dí un frote y tan a gusto... Al salpicadero, que mi hermana también es muy relimpia y no necesita esa clase de frotes.
Y por fuera no hace mucho que lo lavé: hará tres o cuatro meses. Eso sí, tengo tan poca práctica, que me metí en el lavado automático (¿alguien pensó que lo he lavado a mano??) sin quitar la antena. Al salir parecía una escultura de algún artista de estos modernos: Fantasía en espiral. “O argo asín”.

El caso es que ya vuelve a tener esa capa de polvillo en la que los críos antes escribíamos G U A R R O.... Aunque, ahora que lo pienso, a mí no me lo han escrito; ¿tendrán miedo a coger una infección?
No es que me dedique a acumular bolsas de basura en mi piso (aunque ando cerca, con esto del reciclaje) para aparecer algún día en el telediario porque los vecinos, además de quejarse al Ayuntamiento, hayan realizado la llamada de rigor a Sucedió en Madrid.
Tampoco tengo alergia al agua, ni al gel de baño o al champú. Conozco desde hace tiempo los placeres de una ducha calentita y/o los de un baño templado con velas y copa de vino incluida (vaaaaale, eso no es higiene, es lujuria, pero me gusta). Jamás he tenido que arrancarme una costra de la parte de atrás de las orejas ni se me han llegado a enroscar las uñas de los pies al dedo propiamente dicho.Mi ropa suele estar limpita (¿planchada? bueno, la plancha, stricto sensu, no es higiene, ¿no?), huele a suavizante de jabón de Marsella (del Mercadona, que el sueldo no da pa más, pero huele, al fin y al cabo) y habitualmente la llevo yo sola a la lavadora sin esperar a que calcetines, pantalones y ropa interior acudan a buscar el agua en fila de a uno.

La casa la tengo aceptablemente limpia. Aunque debo decir que tengo un contencioso con las pelusas y a veces me da la impresión de que campan por los pasillos como las bolas de paja en el desierto de las películas del Oeste, pero esto es ya casi obsesión.
No tengo mugre en el cuarto de baño ni la grasa ha formado una película indeleble en los azulejos de la cocina. No es fácil hacer un dibujo en el tapiz de polvo de mis muebles y, como no fumo, ni siquiera huele la casa a tabaco, sino a ambientador de colonia infantil y esencia de cerezas.Yo misma huelo, habitualmente, a naranja y vodka (no es vicio, es que, al parecer, son los ingredientes de mi perfume) y a una mezclilla de desodorante, crema para el pelo y colonia de niños (los restos que me quedan en las manos después de “refrotar” a mi hijo). Vamos, que la gente no se aparta de mí en el Metro ni sucumbe postrada de rodillas ante mis axilas en las distancias cortas.
Si alguien ha conseguido llegar hasta aquí, tras este muermo, se preguntará el por qué de tanta loa a la propia higiene. La razón es muy sencilla: está a punto de brotarme un patatal en el suelo del coche.
No es que le tenga una aversión tan grande a la limpieza del vehículo que me salga sarpullido al pasar bajo un lavado automático. No, señor. Es pura dejadez. Es que me da igual que el coche esté limpio o sucio. Bueno, miento. No me da igual, lo preferiría limpio, pero no si el precio es mi propio esfuerzo. Hace poco me di cuenta del punto al que he llegado, y es que mi hermana, al montar, se recogió la ropa hacia el cuerpo y procuró no tocar el salpicadero en todo el viaje. Ese mismo dia compré en el Carrefour (mari) un sobre con unas toallitas húmedas limpia-salpicaderos. Le dí un frote y tan a gusto... Al salpicadero, que mi hermana también es muy relimpia y no necesita esa clase de frotes.Y por fuera no hace mucho que lo lavé: hará tres o cuatro meses. Eso sí, tengo tan poca práctica, que me metí en el lavado automático (¿alguien pensó que lo he lavado a mano??) sin quitar la antena. Al salir parecía una escultura de algún artista de estos modernos: Fantasía en espiral. “O argo asín”.

El caso es que ya vuelve a tener esa capa de polvillo en la que los críos antes escribíamos G U A R R O.... Aunque, ahora que lo pienso, a mí no me lo han escrito; ¿tendrán miedo a coger una infección?
GRANDES EXITOS DE AYER Y DE HOY
Tengo que confesarlo. Pertenezco a ese grupo de niñas a las que todas las canciones le recuerdan algo y que, como, a su vez, recuerda la Princesa del Guisante, no son del gusto de Hombres G. Mi vida (supongo que como la de todos) tiene Banda Sonora. Inédita aún, pero todo se andará.
Me cuesta imaginar alguna cosa que sea capaz de realizar sin música de fondo y, claro, aunque digan que la memoria más potente es la olfativa, lo cierto es que la auditiva también tiene su “aquél”. Yo no soy capaz de escuchar a Christopher Cross sin trasladarme a las pecaminosas tardes de domingo en el dormitorio de mi ex. Ni pasa por mi lado un acorde de Angie, de los Rolling, sin que sienta en la cara la brisa del mar de aquel verano en Llanes. Elton me lanza en brazos de mi chico a bordo de un estupendo sofá blanco. La banda sonora de Rivendel es Angel, de Sarah McLachlan. Y Dido también me lanza a algún que otro sitio, que, por pudor, me callaré.

Si escucho a Los Pecos en algún especial Nostalgia de estos que ponen un verano sí y al siguiente también, a mí me salen espinillas en la nariz y berreo sin ninguna vergüenza: Llooviaaaa en el veentanaaal. Tenía todos los discos. Lo juro.
Y, hace tiempo que no me pasa, pero que no escuche a Jose Luis Perales, porque es que hasta lloro y me pongo toda lacia.
Rammstein y el Du Hast tienen la capacidad de teletransportarme a los bares de Malasaña. Época breve, pero intensa, de desparrame de una Pickles adultescente. Mejor no comentar.
Cada día, al conducir del trabajo a casa, llevo puesta música en el coche. (En el trayecto inverso, de casa al trabajo, hago mi excepción del día: voy escuchando a Alfonso Arús). Y lo malo no es que lleve música, es que le hago los acompañamientos: canto (en ocasiones a “grito pelao”) y, si el tema lo pide, voy meneando hombros y caderas al compás adecuado. Es más, si procede, hasta toco las maracas (imaginarias, pero eso no lo sabe el señor municipal). Recuerdo que allá por el Paleolítico, cuando iba a la Facultad, tenía un viaje de dos horas largas en coche (para un trayecto de menos de 30 kilómetros, que conste) y siempre llevaba música salsera, para no sucumbir al septuagésimo bostezo. La cara de los conductores que pasaba a cámara lenta junto a mí, al verme, a eso de las 06:30 de la mañana, cantando y bailando Woman del Callao, era digna de retratarse.
Los fines de semana, cuando toca limpieza semanal del pisillo, las labores se hacen menos ingratas si me acompañan Maroon 5, o mi Michael Bublé de las entretelas. Con este último el problema suele ser que me pongo a bailar con la escoba, cual etérea Ginger Rogers vestida de seda blanca. Y, claro, cunde menos el barrido general.
En el trabajo nos acompaña, como en un elevadísimo porcentaje de oficinas de este país, Kiss FM. Y cuando alguna compañera tiene que apagar la radio para coger una declaración o alguna otra labor de esas serias, me quedo como atontada en medio del silencio musical.

Y aquí, sentada ante el monitor, no puedo dar mi paseillo por los blogs sin acompañarme de alguno de mis preferidos. Dependiendo del día y del ánimo, me llevo de la mano a Satie o a Los Delinquentes, a Orishas, a Bobby Darin, a El Barrio, Elvis, Shania Twain, Aimee Mann, Los Chicos del Coro (todos en pandilla) o, lo reconozco, a Salomé y hasta Carmen Sevilla.
Mi hilo musical de hoy, mientras escribo:
- Mr. Sandman - The Chordettes
- Summer in the City - Lovin' Spoonful
- Happy Together - The Turtles
- San Francisco - Scott McKenzie
- California Dreaming - Mamas and the Papas
- My Guy - Mary Wells
- Stay - Jackson Browne
- In the Summertime - Mungo Jerry
- After Dark - Tito and Tarantula
- Corazón Contento - Palito Ortega
- Black Betty - Tom Jones
Besos en fa mayor.
Post Bessum: He obviado el tema de Los Chichos. Algo de vergüenza aún me queda. Pero que sepáis que cuando los escucho, me brota repentinamente un radio cassette en el hombro derecho.
Glubs.
Me cuesta imaginar alguna cosa que sea capaz de realizar sin música de fondo y, claro, aunque digan que la memoria más potente es la olfativa, lo cierto es que la auditiva también tiene su “aquél”. Yo no soy capaz de escuchar a Christopher Cross sin trasladarme a las pecaminosas tardes de domingo en el dormitorio de mi ex. Ni pasa por mi lado un acorde de Angie, de los Rolling, sin que sienta en la cara la brisa del mar de aquel verano en Llanes. Elton me lanza en brazos de mi chico a bordo de un estupendo sofá blanco. La banda sonora de Rivendel es Angel, de Sarah McLachlan. Y Dido también me lanza a algún que otro sitio, que, por pudor, me callaré.

Si escucho a Los Pecos en algún especial Nostalgia de estos que ponen un verano sí y al siguiente también, a mí me salen espinillas en la nariz y berreo sin ninguna vergüenza: Llooviaaaa en el veentanaaal. Tenía todos los discos. Lo juro.
Y, hace tiempo que no me pasa, pero que no escuche a Jose Luis Perales, porque es que hasta lloro y me pongo toda lacia.
Rammstein y el Du Hast tienen la capacidad de teletransportarme a los bares de Malasaña. Época breve, pero intensa, de desparrame de una Pickles adultescente. Mejor no comentar.
Cada día, al conducir del trabajo a casa, llevo puesta música en el coche. (En el trayecto inverso, de casa al trabajo, hago mi excepción del día: voy escuchando a Alfonso Arús). Y lo malo no es que lleve música, es que le hago los acompañamientos: canto (en ocasiones a “grito pelao”) y, si el tema lo pide, voy meneando hombros y caderas al compás adecuado. Es más, si procede, hasta toco las maracas (imaginarias, pero eso no lo sabe el señor municipal). Recuerdo que allá por el Paleolítico, cuando iba a la Facultad, tenía un viaje de dos horas largas en coche (para un trayecto de menos de 30 kilómetros, que conste) y siempre llevaba música salsera, para no sucumbir al septuagésimo bostezo. La cara de los conductores que pasaba a cámara lenta junto a mí, al verme, a eso de las 06:30 de la mañana, cantando y bailando Woman del Callao, era digna de retratarse.Los fines de semana, cuando toca limpieza semanal del pisillo, las labores se hacen menos ingratas si me acompañan Maroon 5, o mi Michael Bublé de las entretelas. Con este último el problema suele ser que me pongo a bailar con la escoba, cual etérea Ginger Rogers vestida de seda blanca. Y, claro, cunde menos el barrido general.
En el trabajo nos acompaña, como en un elevadísimo porcentaje de oficinas de este país, Kiss FM. Y cuando alguna compañera tiene que apagar la radio para coger una declaración o alguna otra labor de esas serias, me quedo como atontada en medio del silencio musical.

Y aquí, sentada ante el monitor, no puedo dar mi paseillo por los blogs sin acompañarme de alguno de mis preferidos. Dependiendo del día y del ánimo, me llevo de la mano a Satie o a Los Delinquentes, a Orishas, a Bobby Darin, a El Barrio, Elvis, Shania Twain, Aimee Mann, Los Chicos del Coro (todos en pandilla) o, lo reconozco, a Salomé y hasta Carmen Sevilla.
Mi hilo musical de hoy, mientras escribo:
- Mr. Sandman - The Chordettes
- Summer in the City - Lovin' Spoonful
- Happy Together - The Turtles
- San Francisco - Scott McKenzie
- California Dreaming - Mamas and the Papas
- My Guy - Mary Wells
- Stay - Jackson Browne
- In the Summertime - Mungo Jerry
- After Dark - Tito and Tarantula
- Corazón Contento - Palito Ortega
- Black Betty - Tom Jones
Besos en fa mayor.
Post Bessum: He obviado el tema de Los Chichos. Algo de vergüenza aún me queda. Pero que sepáis que cuando los escucho, me brota repentinamente un radio cassette en el hombro derecho.
Glubs.
Y mañana más
Me gusta mi trabajo. Eso es algo que no puede decir todo el mundo y siempre me ha parecido que "jugaba con ventaja". Hoy no. Hoy vengo cansada, cabreada y preguntándome por qué narices no me he dedicado a otra cosa. Sobre todo a otra cosa que no implique contacto con la gente. No sé, algo así como meter cartas en sobres o pasar datos a un ordenador.
Vengo harta de hombres que defienden sus razones a guantazos. O que, sencillamente, alivian su estrés a golpes. Cansada de mujeres que creen que pueden conseguir un aumento en la pensión si hacen recaer sobre su esposo sospechas de maltrato. Cansada de niños que tienen que criarse en manos de abuelos (con suerte) porque sus padres no recuerdan que tuvieron hijos: la droga les hace olvidarlo todo. Cansada de mentiras y de desprecios.
Estoy harta de que la gente haga cualquier cosa con tal de destruir al "contrario", aunque al contrario le unan lazos que respiran, que andan, que hablan y que miran con ojos llenos de preguntas.

No entiendo nada. No entiendo a la gente.
Y mañana tengo que volver.
Vengo harta de hombres que defienden sus razones a guantazos. O que, sencillamente, alivian su estrés a golpes. Cansada de mujeres que creen que pueden conseguir un aumento en la pensión si hacen recaer sobre su esposo sospechas de maltrato. Cansada de niños que tienen que criarse en manos de abuelos (con suerte) porque sus padres no recuerdan que tuvieron hijos: la droga les hace olvidarlo todo. Cansada de mentiras y de desprecios.
Estoy harta de que la gente haga cualquier cosa con tal de destruir al "contrario", aunque al contrario le unan lazos que respiran, que andan, que hablan y que miran con ojos llenos de preguntas.

No entiendo nada. No entiendo a la gente.
Y mañana tengo que volver.
¿Puedo ponerme ñoña?
A la mayoría esto le sonará a chino (a los que sepan chino cantonés, les sonará a mandarín), porque son lugares que se citan en El Libro (si alguien tiene dudas de a qué libro me refiero, ahí abajo, a la derecha, lo tiene entre las cosas que Me tocan la fibra). Pero se lo debía a él.
RIVENDEL

Hoy he empezado a escribir un poema. Tenia dos primeros versos preciosos y … no he podido poner más. Intentaba pasar mis sentimientos a palabras, dar luego forma a las palabras para hacer versos y a los versos para hacer un poema, pero me ha sido imposible. El conjuro era tu imagen, y no me ha costado invocarla, pero el siguiente ha sido mi paso de Caradhras. En algún punto entre corazón y mente los elementos se han vuelto en mi contra, como impulsados por el Señor Oscuro, para evitar que alcanzara la cima victoriosa. Ni una sola palabra hermosa, ni una sola frase para hilvanar y hacer poesía. Solo una imagen, una banda sonora celta (quizás de ahí la evocación del Libro) y un sentimiento sin medida que me empuja, ajena a cualquier otra consideración, a buscar la puerta de Moria, que sólo me pide hablar para permitirme, prudente, la entrada.
La cuestión es que Celebrimbor dibujó los signos, pero no indicó la ruta a seguir. Probablemente exista un único camino, el camino que me lleva hasta tu recuerdo. En Moria no sirve tu imagen. En Moria sólo me sirve tu recuerdo, mi Rivendel de uso particular: lugar donde el mal no alcanza, refugio de paz, de felicidad compartida, de amor, de bienestar. En Rivendel sólo tus ojos me miran y mi boca encuentra la tuya en cada lugar, a cada instante. En Rivendel tu piel cubre la mía y no existe otra voz que tu voz susurrando las palabras que me hacen sentir viva.
He atravesado el umbral de Moria. ¿Cruzaré, victoriosa, mi puente de Khazad-dûm? El tiempo lo dirá. Mi triunfo consiste en saber decirte lo que siento. Mientras exista distancia entre tu cuerpo y el mio, venceré al Balrog si consigo devolverte, aunque sea tan sólo en forma de palabras, una pequeña parte de lo que me das.
…
Yo no quiero dejar Rivendel. Ningún Anillo de poder marca mi destino. No hay compañias que me necesiten para acabar con Sauron. Ninguna hazaña está escrita en el libro de mi futuro, salvo la de saber amarte hasta el fin…
Tye mele’ne
RIVENDEL

Hoy he empezado a escribir un poema. Tenia dos primeros versos preciosos y … no he podido poner más. Intentaba pasar mis sentimientos a palabras, dar luego forma a las palabras para hacer versos y a los versos para hacer un poema, pero me ha sido imposible. El conjuro era tu imagen, y no me ha costado invocarla, pero el siguiente ha sido mi paso de Caradhras. En algún punto entre corazón y mente los elementos se han vuelto en mi contra, como impulsados por el Señor Oscuro, para evitar que alcanzara la cima victoriosa. Ni una sola palabra hermosa, ni una sola frase para hilvanar y hacer poesía. Solo una imagen, una banda sonora celta (quizás de ahí la evocación del Libro) y un sentimiento sin medida que me empuja, ajena a cualquier otra consideración, a buscar la puerta de Moria, que sólo me pide hablar para permitirme, prudente, la entrada.
La cuestión es que Celebrimbor dibujó los signos, pero no indicó la ruta a seguir. Probablemente exista un único camino, el camino que me lleva hasta tu recuerdo. En Moria no sirve tu imagen. En Moria sólo me sirve tu recuerdo, mi Rivendel de uso particular: lugar donde el mal no alcanza, refugio de paz, de felicidad compartida, de amor, de bienestar. En Rivendel sólo tus ojos me miran y mi boca encuentra la tuya en cada lugar, a cada instante. En Rivendel tu piel cubre la mía y no existe otra voz que tu voz susurrando las palabras que me hacen sentir viva.
He atravesado el umbral de Moria. ¿Cruzaré, victoriosa, mi puente de Khazad-dûm? El tiempo lo dirá. Mi triunfo consiste en saber decirte lo que siento. Mientras exista distancia entre tu cuerpo y el mio, venceré al Balrog si consigo devolverte, aunque sea tan sólo en forma de palabras, una pequeña parte de lo que me das.
…
Yo no quiero dejar Rivendel. Ningún Anillo de poder marca mi destino. No hay compañias que me necesiten para acabar con Sauron. Ninguna hazaña está escrita en el libro de mi futuro, salvo la de saber amarte hasta el fin…
Tye mele’ne