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No, si tiempo no hay, pero pa tontás.....
Comentarios, opiniones, comeduras de coco y desvaríos provocados por el aburrimiento
Acerca de
La lengua me pierde. Soy el repertorio viviente del "Diario de Patricia".
Sindicación
 
PARTE MEDICO
Estoy hecha mielda molida. Corro a refugiarme en casa de mamá. He venido a casa a por alguna "muda" (que no Belinda). La Comunión estupenda. No me caí de los tacones. No me eché a reir durante la lectura. Aguante el llanto como una jabata. Mi garganta ya ha dicho que no aguanta más pinchazos y la fiebre me tiene acorralada.

Ay.
 
Coplera soy
Sé que bajaré varios puntos en el "apreciómetro" de mi adorado Wolffo después de este post, pero ¿qué se le va a hacer? Lo confieso: soy una enamorada de la copla.

Este es un hecho que he descubierto ya mayor, pasada la veintena. Antes, a los catorce o quince años, la copla era para mí tan sólo un conjunto de canciones espantosas que me veía obligada a escuchar en el coche mientras viajaba con mis padres a Extremadura. Ahí teníamos un tira y afloja en el que, a cambio de poder escuchar mi hermana y yo durante la mitad del camino nuestras cintas típicas de los 80, grabadas de la radio y muchas veces reparadas con "empalmes" de celo (con Camilo Sesto, Los Pecos, José Luis Perales, Serrat, Víctor Manuel sin Ana Belén, Mocedades...), teníamos que acceder a que ellos pusieran sus propias cintas de Antonio Molina, Rafael Farina, Rocío Jurado, Lola Flores, Marifé de Triana... o, lo que para mí era incluso peor, a que sintonizaran en la radio "Feria de Coplas". Claro, por algo era su coche.

No sé en qué momento dejé a un lado los prejuicios y me puse a escuchar la copla con oidos nuevos. Pero ese día ¡ay! descubrí un mundo de culebrones resumidos en tres minutos y medio que podía ponerme la carne de gallina y hasta hacerme soltar lagrimillas de emoción. Canto como una "descosía" La Zarzamora, A tu vera, Ojos verdes, La Lirio, A la lima y al limón, Pena, penita, pena, Los piconeros, Encrucijada, La otra, Un clavel, Maria de la O y hasta el Romance de la Reina Mercedes, muchas de cuyas letras están compuestas por Rafael de León (todo un poeta). Si buceas en mis archivos de música, te topas con Concha Piquer, Marifé de Triana, Lola Flores, Rocío Jurado y el genial Miguel de Molina, que interpreta (casi) como nadie La Bien Pagá.


LA BIEN PAGÁ

Ná te debo, ná te pio.
Me voy de tu vera, orvíame ya.
Que he pagao con oro tus carnes morenas.
No mardigas paya, que estamos en paz.
No te quiero, no me quieras.
Si to me lo diste, yo ná te pedí.
No me eches en cara que to lo perdiste.
Tambien a tu vera yo to lo perdí.
Bien pagá, si tu eres la bien pagá,
porque tus besos compré.
Y a mí te supiste dar
por un puñao de parné.
Bien pagá, bien pagá.
Bien pagá fuiste mujé.
No te engaño, quiero a otra,
no creas por eso que te traicioné.
No cayó en mis brazos, me dió sólo un beso,
el único beso que yo no pagué.
Na te pio, na me llevo.
Entre esas paredes dejo sepultás
penas y alegrías que te he dao y me diste
y esas joyas que ahora pa otro lucirás.
Bien pagá, si tu eres la bien pagá,
porque tus besos compré.
Y a mí te supiste dar
por un puñao de parné.
Bien pagá, bien pagá.
Bien pagá fuiste mujé.

Y digo "casi" porque, si la copla es una de mis debilidades, interpretada por Dieguito el Cigala, con la compañía de Bebo Valdes, entonces ya "se me abren las carnes".

Besos y olé.


 
De dos en dos.... los donuts.
Nos han hecho creer que necesitamos a otra persona a nuestro lado para sentirnos completos. La princesa del guisante hablaba hace poco de eso de la media naranja y nos deleitaba con una de esas historias tan bonitas que ella cuenta divinamente. El tema mitológico parece que está claro, pero, poniendo los pies en la tierra, ¿es cierto que nos sentimos incompletos cuando estamos desparejados? Todo parece indicar que sí: en la adolescencia, en plena efervescencia hormonal, nos obsesiona el tema del amor y la atracción sexual. Saltamos de rollo en rollo, de noviete en noviete, hasta que encontramos a aquella persona con la que pensamos que nos sentiremos cómodos el resto de nuestra vida. Porque, claro, nadie se casa pensando que el amor le va a durar dos asaltos. Eso les pasa a los demás, lo nuestro es el Amor Verdadero, y no lo de Buttercup y Wesley.

Pero, ¿por qué tenemos que buscar a alguien con quien convivir? Está claro que venimos al mundo solos y nos vamos igual de solos. Entonces, ¿por qué no pasar así el resto del tiempo? Si nos paramos a pensarlo, tiene muchas más ventajas la vida en soledad que la vida en pareja. Por ejemplo, si vives solo, no tienes que charlar cuando no tienes ganas. Hay ratos en los que a uno le apetece tener algo de vida interior, mirarse por dentro, aunque sólo veas que no ves nada. Y fastidia mucho tener a alguien cerca que te diga:

- Cariño, ¿te pasa algo?
- Nada, ¿por qué?
- .. No sé, es que, como estás tan callada…
- … Pues no, no me pasa nada, es sólo que no me apetece hablar…
- Claro, como que te pasa algo…
- Que no, cariño, que no me pasa nada…
- Si sólo lo digo porque llevas un rato callada…
- Pues no, no me pasa nada …..
- Vale, vale …..
- … ¿Qué?
- … Nada …
- ¿Qué pasa ahora?
- … Que te pasa algo y no me lo quieres decir. ….
- ¡Que no, joder, que no me pasa nada, coñoya!…
- ¿Ves como te pasaba algo?

¿Y la tele? Esa es otra. Si vives en pareja, el mando a distancia se puede llegar a convertir en un arma de destrucción masiva. Porque lo de tener dos teles no sirve de nada. ¿Quién es el guapo que se va a ver la tele de 14 al dormitorio, pudiendo ver El Partido-La Película de Julia Roberts en la tele grande del salón? Si vives solo, eso no pasa. Si vives solo puedes incluso optar por ver Soltera y madre en la vida, de Lina Morgan, en lugar del partido de la Champions League* (total, para qué, si encima pierde tu equipo).

La comida es otro tema. Si vives en pareja, tienes que respetar unos horarios y tener en cuenta los gustos del otro. Si vives solo, tú marcas tus pautas. ¿Que te levantas a las doce y te apetecen unos huevos fritos con chorizo? Pues te los haces. Luego, a las cinco, te tomas un sandwich y unas cervezas con patatas fritas y a la hora de cenar, agarras la caja de los Corn Flakes y te los comes a puñaos.

Alguno me dirá que lo de tener pareja es bueno para el sexo…. Bueno. Eso depende. A veces es más bien perjudicial, porque, claro, tienes que estar pendiente de si al otro le gusta o no le gusta, de si ¿gozas, vida? O de si ¿¿YA??. Si estás solo, no. Puede resultar más frío, porque hay menos contacto humano, pero, a ver, a la cama (o al sofá, depende dónde te pille el calentón) no se viene a hacer vida social, ¿no?

También se puede pensar que, en aplicación de la primera ley de la puteormodinámica, enunciada por osojoso, es bueno tener al lado a alguien a quien endosarle tu mala leche, ya que ésta ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Pues tampoco es ésta una razón de peso para tener pareja, ya que de esa forma es posible que la mala leche vaya pasando de uno a otro durante toda una tarde de domingo, con consecuencias imprevisibles. Para eso es preferible pasársela a los compañeros de trabajo, vecinos e incluso a los encuestadores que acuden a tu puerta, que, al fin y al cabo, se la van a llevar a otro sitio.

Luego está la ventaja que un amigo me dijo ayer que le ve a la vida en soledad, pero que yo, por razones, obvias, no le encuentro: poder pasearse por la casa en calzoncillos todo el tiempo que te apetezca, incluido el momento del desayuno y mientras ves los entrenamientos de Fernando Alonso. Yo no suelo pasearme en ropa interior por la casa (ni veo los entrenamientos de ese muchacho), pero sí que es cierto que mi imagen con el pijama de motivos navideños con bata a juego, zapatillas de color rosa, pelo “alborotao” y gafas la reservo para momentos de soledad.

Y esa es otra. ¡Lo que hay que cuidarse cuando vives emparejado! Porque, claro, cuando sales con tu novio, es relativamente fácil ocultarle que hasta hace media hora lucías un estupendo bigote (hay veces en que no se puede llamar pelusilla a ESO que tenemos en el labio superior) o que el color de tu cara, bajo el maquillaje, se parece más al gris oficina que al rosa de otoño. Pero si vives con él, ¡ahí te pilla, fijo! Es imposible vivir siempre exfoliada, depilada, hidratada y dispuesta como si fueran a hacerte una sesión de fotos para Cosmopolitan.

Podría hablar también de razones escatológicas, del tipo “hayquebuscarelmomentooportunoparaexpulsarlosgases”, pero éstas prefiero obviarlas, por pudor.

En fin, que, una vez valorados todos los aspectos (incluido que ahora mismo escucho a Lola Flores cantar La Zarzamora, cosa que no aguantaría ningún marido que se precie), he llegado a la conclusión de que ……… ¡ains! ……….. ¡me hace falta un abrazo!.







* basado en un caso real

 
Encuesta con ritmo
Pues yo también recojo el testigo que me endiña o endosa mi Ararat de mis entretelas y ahí van las respuestas a la encuesta que circula de bloguero en bloguero.

Tamaño total de los archivos de música en mi ordenador::

Unos 7 Gigas :-s Me temo que borro poco.

Último disco que me compré:

Pues el caso es que más que comprar, me los regalan (no, no me refiero a ese tipo de regalos via Emule y demás). El último creo que fue la B.S.O. de Kill Bill, volumen 2.

Canción que estoy escuchando ahora:

Please, Mr. Postman, de The Shirelles.


5 canciones que escucho un montón o que tienen algun significado para mí: ¿¿¿SOLO 5??? Puf.

Your Song, de Elton John.

Fly me to the moon, de Sinatra.

Carlito Marrón, de Carlinhos Brown.

Behind blue eyes, de Limp Bizkit.

The year of the cat, de Al Stewart.

Esta última pregunta es una faena, porque una se pasa la vida escuchando música y, claro, escoger es difícil. La primera y la última representan momentos muy especiales de mi vida. La segunda es La Canción Más Bonita del Mundo y las otras dos me encantan en este momento.

Mmmmm, paso el testigo a:

- Dockof
- Alex (ella)
- El castigador
- Malamala
- Wendeling

Espero que no sea demasiada carga.Para mí ha sido todo un placer (y más viniendo de quien viene, que como él lo ha dicho de su "enviante", pues yo lo digo del mío ;-)).

Besos.

ACTUALIZACION: Se me habia olvidado mirar una carpeta. Hay que sumar otros 8 Gigas :-s Mañana mismo empiezo a borrar.
 
Hortera, pero hortera hortera.
Si hay algo que me caracteriza por encima de todo (incluso más que la chulería capitalina) es que soy una sin vergüenza. No exactamente una sinvergüenza, que la RAE, amablemente (o no) define como pícara, bribona, que comete actos ilegales en provecho propio o incurre en inmoralidades (bueno, esto a veces, sí, pero no puedo explicarlo en horario infantil). Lo que me sucede, en realidad, es que no tengo vergüenza a la hora de confesar mis intimidades. Mi falta de discreción a veces raya en la logorrea y sólo se ve compensada por la sordera de los demás, que son excelentes aplicadores de la sabiduría popular (a palabras necias ...).

En fin, que en un alarde de falta de pudor, hoy quiero confesar algo que poca gente se ha atrevido a hacer antes, constreñidos, quizá, por el miedo a no poder mirar más a los ojos de sus congéneres:

En mi boda, ¡la tarta bajó del techo!



Sí. La tarta bajó del techo cual aprendiz de nave de Encuentros en la Tercera Fase. Acompañada por bengalas, coros celestiales compuestos por camareros de frac, ya un poco sudorosos, juego de luces y clamor contenido del respetable, a la sazón gente de provincias no acostumbrada a tales derroches de glam ¿our?.

Y es que en mi boda se cumplieron casi todos los tópicos del buen gusto, comenzando por el traje de la novia. Yo misma en aquel momento. El vestido, ¿qué decir del vestido? Hoy, observando las fotos de cuerpo entero, aquella cría de 23 años se me asemeja a una cabeza coronada con una diadema (en medio de la frente, no olvidemos que estábamos a principios de los 90), asomando de una nube de algodón de azúcar. En mi vida he vuelto a ver tal profusión de volantes. Eso sí, blancos. De un blanco impoluto. Nada de blanco roto, que es el color que ahora se utiliza para tranquilizar las conciencias y disimilar lo indisimulable: que lo virginal no acompaña ya al blanco, ni aunque tomemos en consideración orificios antaño no tenidos en cuenta como vía practicable (en algunos casos, no me atrevería a poner la mano en el fuego ni por el ombligo). En mi caso, el blanco era blanco, porque una, aunque ya conocía los placeres de la carne (no sólo de la panceta asada en barbacoa, que conste), los conocía tan sólo de la mano (ejem, y otras cosas) de su santo. Y eso, al fin y al cabo, es como llegar intacta al matrimonio, porque fue como con los melones, a cata y a prueba: si te llevas el "catao" es como si te lo llevaras entero.



Qué ternura da ahora mirar las fotos (que, por cierto, no tengo, así que no sé qué es lo que he estado mirando) y ver la cara resudada con el maquillaje brillante perpetrado por la muchacha del primero B. Eso sí, cara de felicidad, porque una se casaba enamoradísima y porque los invitados no pasaron hambre. Pecado capital en cualquier boda: que los invitados se vayan del banquete al bar de la esquina, a tomar un bocata de calamares. En mi boda hubo de "to": que si langostinos (que finos), que si chuletón, que si cocretas (ouch), que si espárragos y que si una carne a la brasa que venía en un carro acompañada por una especie de fakir y música estridente.

Y la tarta. Que no se me olvide la tarta.

Por haber, hubo hasta un señor que me cantaba "Qué bonita que es mi niña" mientras al vecino del 7º (que no me vió nacer) se le caían unos lagrimones como perlas falsas. También hubo un grupo de niñas que bailaron jotas y goyescas y hasta sevillanas.

Qué jaleo, qué alboroto. No, no hubo perritos piloto, pero porque nadie se los ofreció a mi madre, que conste.

Y nooooo. No le echo la culpa a mi madre, que a una (he aquí mi ausencia de vergüenza) le hicieron mucha ilusión: el vestido, la liga, el muslamen al aire cuando me la cortaron, el corsé, la diadema, los 2000 volantes del vestido, la hilera de pel-las cayendo por la espalda, las fotos en los jardines del Moro (ahora con las madres, ahora con los padrinos, ahora con este niño tan mono, ahora la novia mirando al infinito...), el salón hortera, el menú, el cuadro flamenco y la tarta bajando del techo.

Es más. Hasta el novio.



;-)
 
¿Fuera de fecha es caducada?
Definitivamente, he nacido fuera de la época que me correspondía. Los astros debían estar revueltos y, en lugar de mandarme a 1869 ó 1698 o, vete tú a saber, igual a 6819, me mandaron a 1968.

Si yo hubiera nacido varios cientos de años antes, mi anatomía (la externa, porque la interna creo que era igual) iría mucho más acorde con los tiempos.



Si hubiera nacido algunas decenas de años antes, mi verdadera vocación de ama de casa siempre atenta a las necesidades de su maridito, podría salir a la luz. ¿Libros? Al cajón todos los que no sean de Corín Tellado. ¿Trabajo? ¿Ein? ¿Más trabajo que mantener la casa limpia, los niños (muchos) también limpios y bien alimentados y al paterfamilias, jefe de la casa y sostén de mis días, satisfecho? No, no, no.

Si hubiera nacido algunas decenas de años después, quizás podría expresarme por escrito con muchas "kas" y sin apenas vocales y cambiando la "ll" por la "y" y, por supuesto, sin haches. Y todo ello sin sentir escalofríos.

Si hubiera nacido algunos cientos de años después, seguramente no tendría que preocuparme por la cena de esta noche, porque nuestros alimentos vendrán ya encapsulados y correctamente dosificados en los recipientes que nos entregará el poder fáctico de turno.

Si hubiera nacido algunos miles de años antes, tampoco tendría que preocuparme de la cena, porque mi maridito habría salido a cazarla y vendría con un animal muerto al que yo sólo tendría que desollar, descuartizar y cocinar en la lumbre (o comer crudo, según la fecha).

Y si hubiera nacido algunos miles de años después ... ya lo siento, la imaginación no me alcanza.

Vamos, que no me gusta la época que me ha tocado vivir. Por lo menos, hoy. Mañana ya seguro que sí ;-)

Besos a destiempo.
 
Pottermaníaca
Yo tenía otro post pensado para el dia de hoy, peeeeeeero esta mañana me han dado una noticia que me ha alegrado el día:

¡¡EN NOVIEMBRE ESTRENAN HARRY POTTER Y EL CALIZ DE FUEGO!!



O sea, Harry Potter 4.

Claro, esta noticia a la mayoría de vosotros os traerá al pairo, porque igual un 2% de la gente que me lee (es decir, media persona, cuarto arriba, cuarto abajo), comparte mi pasión por el aprendiz de mago. Es el infantilismo que me caracteriza, ya lo sé. El caso es que, en su día, cuando fui a ver la primera película de Harry Potter, pensaba que sería una historia para críos. Claro, eso no me detuvo, pero tampoco pensaba que me entusiasmaría de la forma que lo hizo. Me gustó tanto que me fui comprando los libros y, con cada uno, esperaba toda ilusionadita el estreno de la correspondiente película.

Ahora, me toca esperar a Noviembre para ver Harry Potter y el caliz de fuego (con Ralph Fiennes poniéndole cara a Voldemort) y no sé hasta cuándo para poder leer el sexto libro traducido. Harry Potter y el Príncipe Mestizo sale a la venta el 16 de Julio en Gran Bretaña. Unos mesecillos después, estará en mis manos.




Finite encantatem.
 
Cosinera, cosinera ...
Hoy no tocaba postear, pero ha habido petición del visitante más ilustre del Sunset y, claro, no iba yo a fallar a mi doc.

No ha sido una tarde de abandono de los estudios. Nooooooo. Bueno, a ver, abandono ha existido, pero por una buena causa. Mañana es el día de las familias en el colegio de mi hijo. Suena un poco rancio, ¿verdad? y casi que lo es, pero es que los curas son "asín".

Claro, dicho de esa manera, sin otra explicación, parece una pésima excusa eso de tener fiesta mañana para que yo hoy no estudie, peeeeeeeero, es que me he apuntado (sí, sí, voluntariamente, no ha existido presión de ningún tipo por parte de elementos radicales) al concurso de postres del colegio. Y héteme aquí con mi delantal (efectivamente, alteza, he de insistir en que la gente que habitualmente cocina conoce la utilidad de esa prenda del demonio :-p) y en la cocina, embadurnada de harina, con las manos en la masa (chin pón).



Esto me ha traido a la mente una de mis películas preferidas: Pleasantville. En esta película una pareja de hermanos (chico y chica) van a parar, por accidente, a una serie sobre los años 50 que están emitiendo por televisión y de la que el hermano es un fanático. La serie presenta a la típica familia americana en el típico pueblo americano de esa época: no hay violencia, ni odios, ni malos tratos. No hay emociones negativas, porque, en definitiva, no hay emociones. Al entrar los chicos en la serie, ellos mismos se "convierten" en blanco y negro, pero, poco a poco, según van provocando reacciones, desconocidas hasta ese momento para ellos, en los habitantes del pueblo, van apareciendo los colores.



La película es de esas que me dejan con la sonrisa puesta en la cara. Como la tarde de ayer, cuando encargué mi tele nueva (oleee); como la tarde de hoy, en que mi casa huele a bizcocho de chocolate horneándose mientras suena Earth Angel, de los Platters...

Por cierto, el postre es un pastel de chocolate y frutas del bosque. ¿Gustáis?

Post bizcochum ;-) El resto de mi banda sonora lo ponen The Crystals, que cantan Then he kissed me; Perry Como, que va y dice que It's impossible y Sam Cooke todo acariciante, con el Bring it on home to me.

POST POST: Ustedes me van a perdonar que haya borrado el post anterior, pero, como su propio nombre indicaba, era fruto de un calentón y no refleja el aire feliz y dicharachero que (salvo depresiones endógenas) la que suscribe quiere darle a este su blog.

Besos ;-)
 
Luna, lunera



Esta tarde, a eso de las cinco, mientras Morfeo, más que abrazarme, me estrangulaba, en medio del soporcillo he empezado a escuchar en el interior de mis propios adentros Fly me to the Moon, de Frank Sinatra. Y es que tengo la extraña costumbre de acunarme yo solita con alguna melodía, a modo de improvisada nana, especialmente en las siestas. No siempre es apropiada la melodía, pero he conseguido dormirme incluso al compás del Boom Boom de Bisbal.

El caso es que, a la par que cantaba (y dormía, o sea, que ya no es un par), también me he puesto a pensar en la luna. Claro, esto ha durado unos diez segundos, porque luego ya Morfeo me ha dado un "yenesecuá", que ni canción ni luna ni na de na. Tan sólo me ha dado tiempo a pensar:

a) que tenía que hacer unas pesquisas sobre la procedencia del dicho "quedarse a la luna de Valencia". Las pesquisas, siento admitirlo, no han dado el fruto deseado, puesto que, al parecer, nadie tiene claro de dónde viene esa expresión. La teoría que más me gusta es la que dice que hubo una época en que las puertas de Valencia se cerraban a una determinada hora de la noche, y el que no había llegado a tiempo de recogerse en la ciudad, tenía que dormir al raso.

b) que tenía que hacer también mis averiguaciones sobre la influencia de los ciclos de la luna en los seres vivientes, en general, curiosidad que tengo desde que escuché a una matrona decir que esa noche esperaban aluvión de parturientas, ya que había luna llena. El fruto de estas averiguaciones está en cuarentena, porque he encontrado varias páginas en las que, apoyándose en empíricas de andar por casa, se afirma que la luna influye muchísimo, que influye más bien poco y que no influye en absoluto. Mi opinión personal es que influyó, al menos, en mi persona, a la hora de hacerme un tatuaje (no es porque me considere una lunática, que también, sino porque es un ideograma japonés que significa Luna Llena).



c) que ni sé, ni me importa, de dónde viene la expresión Luna de Miel, porque una, aunque enamorada, es una desengañada del amor y ni falta que me importa.

d) que me gusta muchísimo el refrán "cuando el dedo señala la luna, el bobo mira el dedo".

e) que me encantan Blue Moon, cantada por Elvis, y el otro Blue Moon, el de los Platters, y Moondance, ésta cantada por mi Bublé, y, por supuesto, Fly me to the moon, de Sinatra. (Siento no poner un enlace para descarga, pero últimamente tengo un contencioso con unos virus y casi que ni me atrevo a moverme por el internés).

En fin, que In other words, baby kiss me ...