Los viajes de Pilimindrina
Viviendo cabeza abajo
Acerca de












El tiempo pasa, pero yo sigo siendo la misma (con el pelo algo más largo y 31 añitos ya, pero la misma ;). La historia de mis aventuras en Nueva Zelanda dejó de ser contada hace ya año y medio, pero he vuelto. Tengo mil aventuras más que contar, nuevos personajes de los que hablaros... y un nuevo plan, algo muy grande que llevar a cabo.

Algo para lo que necesito vuestra ayuda :)


LISTA COMPLETA DE PERSONAJES
Sindicación
 
La mujer de rojo (o "A veces NO me gusta ser mujer")
PhotobucketHace no demasiado tiempo vuestra Pilimindrina se encontraba sumida en un profundo aburrimiento buscando alguna conversación mínimamente interesante en un canal del Irc. Sin embargo aquello era poco menos que misión imposible: todo eran salidos deseosos de mostrarte sus partes pudendas o románticos empedernidos deseosos de mostrarte sus poemas. Ni siquiera había algún incauto inocentón con el que pudiese practicar mis borderías más sublimes. Decidí probar algo distinto.

Entré en el canal #lesbianas; debo decir que, si eres un poco liberal y te apetece una conversación realmente interesante, imaginativa, educada, picante y sin sorpresas antieróticas del estilo de: “Me acabo de correr, espera que me limpie la polla con papel del water”, lo mejor es buscar esa conversación con otra mujer.

Sin embargo eso es mucho más fácil de decir que de hacer... No os dejéis engañar: a pesar de que todos los nicks parezcan femeninos, en los canales de lesbianas hay más porcentaje de hombres que en #Liga_de_Campeones. No hay nada que ponga más cachondo a un tío que hacerse pasar por mujer y convencer a otra chica para que le cuente sus más ocultas fantasías lésbicas. Si la mayoría de ellos entendieran sólo un poco al sexo femenino, no fracasarían tan estrepitosamente en la mayor parte de los intentos... de hecho no son pocas las ocasiones en las que acaban contándose fantasías lésbicas dos tíos. Por esto, y para evitarme pérdidas de tiempo, tengo un método para "eliminar hombres” cuando lo que quiero es charlar con una mujer, que consiste en hacerles ciertas preguntas que para la mayoría de miembros chateros del sexo masculino resultan un misterio. En contadísimas ocasiones alguno supera la prueba y resulta más difícil de desenmascarar. En otros casos, no obstante, aún consiguen sorprenderte demostrando un grado de ignorancia supina increíble en temas femeninos. El día del que os hablo la cosa empezó así:

[perlita23] q haces x aqui?
[pilimindrina] buscaba una chica con la que hablar
[pilimindrina] pero creo que no eres chica verdad?
[perlita23] error
[perlita23] lo soy
[pilimindrina] en ese caso podrás contestarme a una preguntita...
[pilimindrina] cuanto tiempo se lleva un támpax mas o menos?
[pelita23] jajajaajaja
[perlita23] yo no se tu, yo dos tres dias
[pilimindrina] dos o tres días puesto???
[perlita23] si, es que lo llevo mucho porque a veces tengo perdidas de orina
[pilimindrina] ehm
[pilimindrina] adiós Manolo
[perlita23] ¿?

Atención, pregunta: ¿exactamente en qué dos puntos ha metido la pata hasta el fondo nuestro querido perlita23? Si no sabes encontrarlos, en un 100% de los casos eres un hombre.

Primera respuesta: a cualquier mujer que lleve un támpax puesto durante “dos o tres días” se le quedarán las paredes vaginales más secas que una esponja en el desierto del Sáhara. Pero no esperéis que dé aquí la respuesta correcta, no sea que alguno de mis lectores sean de los que pululan por canales lésbicos buscando excitaciones baratas. Si no lo sabéis, os aguantáis o preguntáis a vuestra novia/hermana.

Segunda respuesta: a pesar de que todos hemos estudiado el aparato reproductor y el sistema excretor en el colegio, no dejará nunca de sorprenderme el enorme porcentaje de hombres que siguen pensando que las mujeres meamos por la vagina.

PhotobucketDe modo que, con motivo meramente educativo y para aumentar las dosis de conocimiento femenino de los lectores de este blog, así como las dosis de cachondeo de las lectoras del mismo, he decidido dedicar este artículo a la peor pesadilla de las féminas: la mujer de rojo del anuncio, la puñetera visita mensual, el regalo de Eva, el período, la menstruación, el día del mes. Vamos, la regla.

A más de uno se le pondrá cara de asco al leer esa palabra prohibida y tabú. Y digo yo, ¿por qué debería daros asco? ¡Es tan sólo un chorro de sangre con abundantes coágulos semisólidos y de olor penetrante que rebosa por la oquedad vaginal! (juasjuasjuas lo siento, no he podido evitarlo ;P). Sin embargo a lo largo de la historia a este fenómeno que todas sufrimos unas 12 veces al año se le ha tratado como algo oculto, prohibido y mal visto. De hecho en Gran Bretaña, hasta hace unos 3 años los anuncios de compresas en televisión eran algo desconocido y “de mal gusto”. Esas cosas no se nombraban públicamente (ni púbicamente). Envía a tu novio a comprar macarrones y no habrá ningún problema. Envíalo a comprar una caja de compresas o tampones y te pondrá esa cara de “pero cari, que soy un hombre, no me hables de esas cosas, que me da yuyu”.

PhotobucketFisiológicamente, la menstruación marca el final de un ciclo de ovulación fallido. Las mujeres de la especie humana producimos por norma general un óvulo fértil cada 28 días. Cuando el óvulo desciende por las trompas de Falopio (otro órgano que muchos hombres piensan que suena “a macho”), las paredes del útero deben estar preparadas por si suena la flauta y ese óvulo resulta fecundado y debe implantarse, por lo que aumenta su irrigación sanguínea y se forma una capa de tejido llamada endometrio, cuya función es alojar al embrión. Gracias al abandono de las ideas religiosas del estilo de “el sexo, sólo para procrear” y a la aparición de los benditos métodos anticonceptivos, en la mayoría de casos el óvulo no se come un colín y tras unos pocos días degenera y muere de pena y soledad (snif, snif). El endometrio recién formado se queda con un palmo de narices y se cabrea: “tanto esfuerzo para nada, pues ahora voy y me caigo”... y eso es justamente lo que hace: el tejido del endometrio pierde la conexión con el resto de la pared uterina y se desprende, acompañado de cierta cantidad de sangre y del óvulo malogrado.

Eso es fisiológicamente. Objetivamente la regla se define de otra manera: es esa cosa puñetera y asquerosa que siempre se las arregla para aliarse con Murphy y estropearte cualquier situación prometedora. Si una noche ligas, lo más probable será que te haya venido la regla el día anterior. Si planeas unas vacaciones con el chico de tus sueños en una fecha que no te coincida con el período, éste se adelantará o retrasará lo justo para coincidir con el día más especial. Si estás esperando a que te llegue cuanto antes porque tienes miedo de que tus medidas “protectoras” de la última noche de pasión no hayan sido lo suficientemente efectivas, se retrasará exactamente hasta que tu desesperación te haya llevado a gastarte 20 euros en un Predictor... para venirte justo después de haber abierto el envase. Si tus amigas te invitan a irte con ellas a la piscina te vendrá cuando ya tengas puesto el bañador, que para más coñas será blanco. Si todos los días llevas una compresa en la mochila al trabajo, te vendrá la regla el día que te la hayas olvidado en casa. Y cuando hayas decidido firmemente que no quieres tener más hijos jamás de los jamases... entonces no te vendrá.

PhotobucketNo os engañéis. Los anuncios mienten. Aún recuerdo aquél tan idílico, de la chica que se despierta y escuchas una voz en off que dice: “Lunes por la mañana. Llueve. Cortan el agua. Y dos kilos de más. Si además tienes la regla...” Si además tienes la regla, ¡SUICÍDATE! ¡No hay otra opción! ¡Es que todo sea maravilloso con una compresa marca Evax! Apuesto la cabeza a que en el comité de la empresa publicitaria que diseñó el anuncio no había ni una sola mujer.

Luego están los “anuncios abstractos” de la tía con cara de orgasmo múltiple que se asoma a la ventana, con la ya famosa voz en off de fondo: "¿a qué huelen las nubes? ¿A qué huele el aire? ¿A qué huele la risa?..." Todo para encubrir la pregunta que realmente quieren pero no se atreven a formular: ¿A qué huele un chocho con la regla si usas la compresa X?. Pues huele a rayos por muchas partículas “odor-fresh” que le pongan. Y si no, que prueben ellos mismos y se pasen su famosa compresa X usada por las narices, no te jiba.

PhotobucketEl colmo de la candidez son los anuncios de tampones. Quizás porque los responsables de publicidad no deseen ofrecer más información de la meramente necesaria para no traumatizar a la audiencia masculina. “Con Támpax puedes esquiar, correr, escalar el Everest, practicar salto con pértiga, dar saltos mortales en el trapecio, volar en parapente, tirarte en paracaídas y derrocar a un dictador sudamericano”. Tantas cosas puedes hacer que durante el año en que se emitió ese anuncio, todos los niños españoles pedían a los Reyes Magos un Támpax.

Recuerdo mi época universitaria y las conversaciones masculinas entre clase y clase, que siempre derivaban en los mismos temas: sexo, mujeres, sexo, comida, sexo, sexo, exámenes, sexo, pedazo de minifalda que lleva la profe de Fisiología, sexo, sexo y sexo. Es lo que tiene que casi todas tus amistades sean chicos. Un día, después de constatar que ninguno de ellos había visto jamás un Támpax fuera de su envoltorio, les llevé un par de ellos y se los enseñé a la hora de comer. Con uno de los dos les hice el famoso e indispensable experimento de sacar el taquito de algodón y meterlo en un vaso de agua. FLOP. Caras de asombro y estupor entre los espectadores. Preguntas inevitables: “¿Y eso lo hace también allá adentro?”, “¿Y luego cómo te lo sacas?”, “¿Y si se rompe la cuerdecita?”, “¿Y si se te cae?”, “Y las ladillas, ¿usan el cordelito para hacer puénting?”.

PhotobucketY por supuesto, la preguntita de rigor que nunca puede faltar en estas conversaciones: “¿Y sentís algo cuando os lo metéis?”. Risitas incómodas del grupo de tíos, que esperan que les solaces con tus historias de masturbaciones tampónicas en los baños de las chicas. ¡¡¡NO!!! ¡No se siente N-A-D-A! Es más, si te estás haciendo esa pregunta ahora mismo es porque eres de los típicos que se creen que las mujeres alcanzamos 4 orgasmos sólo con “meter y sacar”. Y no, no seré yo la que te saque de tu ignorancia. Vete a clases de sexualidad.

Eso por no hablar del dolor... porque la regla DUELE, para aquellos que no os hayáis percatado. Al igual que una mujer nunca podrá saber exactamente qué se siente cuando te dan una patada en los testículos, los hombres tampoco podéis imaginar lo que es un dolor de ovarios. Con la diferencia de que una patada en los testículos te la pueden dar 2 ó 3 veces en la vida, mientras que la regla te viene una vez al mes. Imaginaos que alguien os mete una mano dentro de la barriga, os agarra un riñón y os lo aprieta y retuerce con sadismo. Todo eso durante un día entero. Y encima, sangrando por la punta del capullo. Pues así es la regla. Yo tengo la inmensa suerte de que me duele bastante poco, pero mi madre y mi hermana tienen que meterse en la cama y atiborrarse a analgésicos durante el primer día de regla. Me gusta ser mujer... ¡Y un huevo!

Todo eso aparte de la inconveniencia de estar goteando durante 4 ó 5 días. La primera jornada no suele ser demasiado engorrosa, sólo tienes que lidiar con el dolor, y a veces la sorpresa de que te haya venido en el lugar y momento más inoportunos. Pero, ¡ay cuando te despiertas el segundo día! Aquello es como las cataratas del Niágara en versión gore. Es igual que uses Támpax Súper-Plus... en el segundo día no hay quién pare el maremoto ni llevando un cubo entre las piernas. El “monte de Venus” se convierte en “el volcán del Krakatoa”. Te tienes que pasar el día pendiente de pasarte por el baño cada 2-3 horas como mucho para vigilar “el estado de la nación”. Los Támpax son mucho más discretitos y te evitan una visión desagradable la mayoría de las veces... pero os puedo asegurar que no hay espectáculo más lamentable que una compresa usada (bueno, sí: un tío cascándosela por la webcam). Y aún es peor cuando la compresa usada no es la tuya. Al igual que con otros muchos productos residuales del cuerpo humano, los tuyos propios nunca parecen ser tan desagradables.

PhotobucketPues sí, queridos lectores. La nefanda Eva nos gastó una bromita de mal gusto, con lo felices que estaríamos nosotras sin desteñir cada cierto tiempo. Así que, por favor, sed comprensivos cuando vuestra chica esté pasando por esos días... comprended el síndrome premenstrual, comprended la mala leche los primeros días, y también los días de la ovulación (a veces no sólo duele la regla, sino también a mitad de ciclo, manda webs). Comprended que el cóctel de hormonas que recorren nuestras venas durante esas duras jornadas nos hacen necesitar más mimitos y atenciones... y “más mimitos y atenciones” no quiere decir que los días de regla se conviertan automáticamente en “las fiestas de la mamada”... ¡las que necesitamos atenciones somos nosotras! Al fin y al cabo, considerad que todos esos pequeños sacrificios se verán más que compensados cuando os llegue la pitopausia y tengáis a vuestro lado esa voz salvadora que haga creíble esa mentira infame que sólo vosotros sois capaces de creeros de “no pasa nada, cari, de verdad que no me importa, la próxima vez saldrá mejor”.

 
Japi berdei tu mí!
...Y llegó ese miércoles en el que me levanté y me di cuenta de que era toda una mujer de 29 años. Lucía el sol y sus rayos se desparramaban sobre mi cama; hacía calor y el día habría sido perfecto de no ser un día de curro, claro está. ¡Pero nada podría arrebatarme la sonrisa de la cara ni la mirada pícara de mis ojos!...

...nada, excepto quizás aquella cosa blanca sin identificar que se veía en la luna trasera de mi coche... No podía ser que los borrachos me la hubieran armado otra vez justo este día, ¿verdad?

Inciso: creo haber hablado ya en numerosas ocasiones de las costumbres alcohólicas de los ingleses. Esos mismos angelitos tímidos que por el día pululan por las aceras sin mirarte a los ojos ni rozarte se transforman al caer la noche en vándalos que destrozan todo lo que encuentran a su paso. Tengo el dudoso privilegio de vivir en una calle que conduce a una de las discotecas más conocidas de Mix Village, con lo cual cada noche soy testigo de la procesión de borrachos rebuznantes que, de vez en cuando, tienen a bien dejar algún regalito en los vehículos aparcados con los que se cruzan. A veces el regalo es el resultado de demasiado alcohol y un estómago débil... desagradable, pero nada que un cubo de agua no elimine. Otras son muestras salivares en las lunas, huevos (sí, no me preguntéis qué leches hace esta gente saliendo de noche con una caja de huevos encima... ¿será por aquello de que “de lo que se come se cría”?) o cualquier señal de tráfico lo bastante manejable como para acabar decorando la carrocería. Tirar del limpiaparabrisas trasero hasta dejártelo colgando les hace entrar en éxtasis. Mi Reichín es además particularmente atractivo para los jóvenes ingleses, al tener matrícula extranjera (lo acepten o no, son bastante xenófobos), y no es la primera vez que escucho un “Fuck Spaniards!” aullado con voz gangosa al lado de mi ventana. Pero nada tan estimulante como el día en que salí de casa para comprobar que los inglesitos se habían divertido volcando un cubo de basura encima del coche y usando una tostadora como objeto contundente para destrozarme el alerón trasero. Ese día los vecinos de 10 millas a la redonda recibieron un curso intensivo de insultos en español sin necesidad de sintonizar ninguna emisora.
Fin del inciso.

El caso es que había algo en mi coche que no debería estar allí. Salí a la calle en pijama y con el corazón encogido, pero la desazón se transformó en seguida en una carcajada cuando descubrí que la “cosa blanca” era esta notita:

Photobucket

Sin saberlo, el asturianín que se había cruzado con mi coche me había dado la primera sorpresa de este día, que tuvo muchas más.

De nuevo en casa, y como cada mañana, arranqué la página del calendario de Garfield que mi madre me regaló estas Navidades... y me llevé la segunda sorpresa del día. En la página del 25 de Mayo había dos mensajes escritos hacía bastante tiempo. El primero decía:

“¡Feliz Cumpleaños! Que tengas un día maravilloso, cuquina. Besinos de Mamá y Papá”

El segundo, en una esquina:

“Bueno, veo que se me adelantaron... Feliz cumpleaños niña, te quiero muchísimo. Muso”

PhotobucketEl mensaje de mis papis fue una sorpresa entrañable. El mensaje de Muso me emocionó, no sólo por lo inesperado, sino por pensar que fue escrito cuando aún estábamos juntos, esperando también que lo leyéramos juntos, en uno de esos días en los que los desayunos eran nuestra agradable rutina de por las mañanas. Leerlo ahora, más de dos meses después de haber roto, fue como descubrir un mensaje en una botella a la orilla del mar. Me hizo llorar un poquito :’).

Después de desayunar me puse un rato al ordenador – me levanto bastante temprano para tener tiempo de hacer las cosas con calma, y eso incluye leer las noticias del periódico en Internet y mirar un par de páginas – y recibí otro regalo inesperado... un nuevo relato del colega Fuckowski que me hizo llorar de nuevo, pero esta vez de risa. Por Dios, no os lo perdáis. Este chaval es un genio.

Con el cuento del relato de marras acabó haciéndoseme tarde... no sé cómo me las arreglo, pero es igual a la hora que ponga el despertador, siempre acabo vistiéndome a toda prisa y saliendo a la calle saltando para meterme en los pantalones, con la camiseta del revés, la tarjeta identificativa de la Uni entre los dientes y los pelos apuntando en todas direcciones. Eso cuando no se me engancha la cazadora en las ruedas de la bici y me esmorro ya antes de montarme en ella. Verme salir de casa por las mañanas es todo un show. A veces los turistas japoneses me hacen fotos.

No esperaba nada especial en el laboratorio... hasta que entré y me encontré con un manojo de globos de todos los colores balanceándose sobre mi mesa. Mi compañera Peggy había escrito un enorme “Happy birthday!” con rotulador negro en cada uno de ellos. Para aumentar aún más mi sonrisa bobalicona, se me acerco, me abrazó y me dio dos sonoros besos al estilo español... ¡y he de decir que Peggy es inglesa de pura casta! Su mayor muestra de afecto hasta el momento había sido un tímido apretón en el brazo, y eso después de 3 pintas de cerveza.

PhotobucketNo me había dado tiempo a recuperarme de la impresión cuando de repente escucho abrirse la puerta y veo entrar un enorme ramo de flores con piernas y zapatos de tacón. Las piernas pertenecían a la nueva recepcionista, que por ser nueva aún se molestaba en traer los envíos en vez de mandarnos un mail para que pasáramos a buscarlos. Detrás de las innumerables flores, hojas, lazos y envolturas de plástico acertó a asomarse una cara completamente roja y de ojos lacrimosos. Yo me adelante, conmovida: “Mujer, no llores... la que debería emocionarme soy yo, que las flores son para mí”. “No, si es que soy alérgica al polen, por dios, llévate esta cosa, que me está matando”. En cuanto me hice con el ramo salió escopetada por el pasillo entre estornudos y moqueos.

La tarjetita: “¡Muchas felicidades de tus tías y tu abuela! Te queremos. Besos y abrazos”. A mí también se me irritaron un poquito los ojos, aunque lo mío no era alergia :)

A lo largo de la mañana varios de mis compañeros vinieron a verme y a darme las felicidades. Indy me dio un abrazo muy fuerte y me comunicó que no podría venirse a cenar esa tarde... al parecer lo que fuera que le hubiese ocurrido aquel fin de semana, que le impidió venirse también al cine, era más grave de lo que yo creía. No me quiso decir qué había ocurrido, pero me prometió que me invitaría a comer más adelante. La verdad es que me dejó preocupada.

A mediodía bajé a casa a comer y me encontré en el correo una tarjeta de Rizos escrita en su particular porto-español: “Pilimindri, ¡te deseo un muy felis dia y año! Un abrazo muy amigo, Rizos”. Antes de tener tiempo a cerrar la puerta sonó el teléfono y comenzó el “tour familiar” de llamadas. Peleas por agarrar el auricular y piquillas en plan de “oye, que ya has hablado bastante, ¡me toca a mí”, “quita, quita, que contigo habló ya el otro día”, “espera, que yo sé felicitar en inglés: se dice japi berdey”, “muchos besos nena, ¡uy que se me queman los filetes!”. ¡Cómo sentí no poder darles esos abrazos y besos en persona! ¡Qué duro se hace a veces estar lejos de tu gente!

PhotobucketDe vuelta al laboratorio después de comer y cuando ya creía que se habían acabado los sucesos inesperados... ¡Más flores! Pero esta vez venían directamente del jardín de Ranita, una compañera de trabajo alemana que trabaja en el segundo piso y con la que me voy a tomar cervezas y a criticar a los ingleses de vez en cuando. “Happy birthday Pilimindrinen!”.

Para colmo, incluso la rancia de mi jefa parecía tener un buen día (cosa que ocurre con la frecuencia de los eclipses solares) y se dignó a felicitarme y sonreírme. A esas alturas yo ya estaba de un humor completamente festivo, y me resultaba casi imposible concentrarme en el trabajo. La cena estaba planeada para las 8 y con algunos de los amigos había quedado para tomar algo a las 6... sin embargo ya dudaba que fuera a aguantar en el laboratorio hasta esa hora. Propuse a mis compañeros de laboratorio, Peggy y Soccer, abandonar el barco sobre las 5 y no se hicieron en absoluto de rogar. Allá nos fuimos al pub “El Águila” a tomarnos unas pintas y a las 6 salí pitando y algo contentilla a recoger a Rizos, Belo (un amigo de Rizos que sale a veces con nosotros, muy inglés él :), Ranita y Nuca (una gallega muy maja que habla y habla sin parar y que es más burra que un arado). Todos juntos en formación nos dirigimos a otro pub, “El Olmo”. Allí seguimos con las cervezas, las charlas y las risas. Al rato se nos unió Astérix, un vallisoletano al que conocí en la fiesta de Azabache (sí, la misma en la que me ligué al famoso italiano del que nunca más se supo) y con el que voy a comer una vez por semana, y seguimos la juerga. Cuando por fin legamos al Chilli’s, donde nos esperaban Muso, Blancaflor y Polpette (la parejita de recién casados) y Portu, aquello parecía una romería. Por cierto, vaya guapo que iba el Portu, maldita sea.

Photobucket¡Todos a la mesa! Costillas, pollo a la barbacoa, fajitas, ensaladas, hamburguesas... yo qué sé lo que llegamos a comer allí. Había globos por todas partes, nos hicimos fotos en todas las posturas imaginables y me cantaron el “Cumpleaños feliz” en inglés y en español. Para mi sorpresa, los camareros también se incorporaron al coro. Como no encontraron velas por ninguna parte Rizos me fabricó una completamente artesanal, con una pajita (¡de las de plástico, malpensados!) y un pedazo de pañuelo de papel encendido en el extremo, clavada en una especie de flan de chocolate con helado y nata. De vez en cuando nos interrumpían los gritos de la gente que estaba viendo el partido en la pantalla del bar, y Polpette, Soccer, Muso y Portu salían corriendo para ver quién había marcado gol (maldita sea, ¿es que siempre me tiene que tocar un partido importante en todos los acontecimientos?). Al final acabamos todos bebiendo cervezas y viendo ganar al Liverpool por penalties. Los ingleses del local se volvieron literalmente locos de alegría. Volaba la cerveza por doquier. Volaban las sillas por doquier. Volaban los ingleses por doquier. Nunca me había felicitado tanta gente sin conocerme de nada.

Tras acabarse el partido y nuestras copas, la mayoría tenían que marcharse a coger el tren o el autobús. Pero nos quedamos Rizos, Astérix, Portu y yo con ganas de algo más de juerga, y en vista del jaleo que había por el centro debido al partido de fútbol acabamos los 4 metidos en la nueva casa de Rizos y haciéndonos cócteles con todas las bebidas alcohólicas y zumos que encontramos por su casa. Creo recordar que estuvimos hablando de arte abstracto, de rocas volcánicas y que Portu se echó a dormir en el suelo de la cocina en un momento determinado después de decirme con cara ominosa que “las fotografías te roban el alma”. Aún no sé si lo decía en serio. Al final los dos hombres se fueron para su casa y nos quedamos Rizos y yo hablando de su última conquista.

“Creo que voy a dejar a mi novio, Pilimindri”
“¿¿¿Otra vez???”
“Sí, pero es que esta vez me estoy enamorando de verdad”
“¿¿¿Otra vez???”
“¡Vete al cuerno, so gili!”
“A ver, cuéntame los detalles morbosos”
“¡Si es que todos son morbosos!”
“Me lo imaginaba... espera que me ponga cómoda”

Llegué a casa a las 2 de la mañana... en España no es mucho, ¡pero aquí es un atrevimiento tremendo un miércoles! Había sido un día maravilloso... sólo lamentaba dos cosas:

La primera, que Doc no había aparecido en todo el día... ni siquiera para desearme feliz cumpleaños. Me había dolido.

Pero eso eran niñerías. Lo que más me dolía era no haber tenido al Fistro conmigo. No haber recibido su llamada. Y saber que jamás volvería a escuchar su voz: “¡Felicidades, Pecadora!”. Allá donde estés, me acuerdo de ti. Y te echo de menos, amigo. Por muchos años que pasen.

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A lo largo de todo el día de ayer he estado recibiendo y leyendo vuestros comentarios. Han sido un motivo más de alegría y me han hecho sonreír innumerables veces :). Gracias por estar ahí y acordaros de mí, gracias por vuestras felicitaciones y vuestros buenos deseos, por vuestros mails y por leerme a diario y compartir mi vida. ¡Un abrazo muy fuerte de vuestra Pilimindrina!


 
Episodio III: la venganza (nunca mejor dicho) de los Sith
Antes incluso de empezar quiero advertir a todos los fans de Star Wars que puedan pasarse por este blog de que soy una hereje, una blasfema y que mi alma se quemará “etennamente” en el infierno; lo sé y lo reconozco, no puedo evitarlo: no me gusta la saga de La Guerra de las Galaxias.

PhotobucketAdemás, no sólo es que no me guste, no. Es peor. Hace 12 años ni siquiera fui a ver los 3 capítulos primeros (que ahora resulta que son los últimos) al cine. De hecho aún no he llegado a ver ninguno entero, ya que me he separado de la televisión antes del final cada vez que han echado alguno. Vamos, que sólo los he visto a cachos. Y lo que me condenará definitivamente a decapitación pública es que, cuando repusieron los tres famosos capítulos de Han Solo (no el del blog), Luke Skywalker y la princesa Leia (aquella que llevaba los moños raros, que más adelante demostraron ser cascos de escuchar música, véase “La loca historia de las Galaxias”), mi entonces pareja, Sogo, poco menos que me obligó y me llevó arrastrando de una pierna mientras yo clavaba las uñas en el pavimento a ver La Guerra de las Galaxias I. Antes de la mitad de la película esta menda que escribe se quedó sopa. Desperté súbitamente con una espada láser de plástico en el gaznate... un Chewbacca con pelo de felpa me miraba amenazadoramente: “Como no dejes de roncar, adivina dónde acabará esta espada laser”. Creo que él era más inocente que yo y se refería a “insertada en mi gaznate”... pero yo me pasé el resto de la película dándole mil usos imaginarios eróticos al aparato aquel de 1 m de largo y luz fluorescente. Al menos ya no me aburrí tanto.

PhotobucketLuego llegaron las infumables precuelas. Al episodio I (o -3, como se le quiera llamar) me arrastró una de mis mejores amigas, OsaVerde. Por entonces yo tenía el pelo largo, y de eso se aprovechó la condenada para separarme a tirones de la farola a la que estaba agarrada suplicando clemencia. No hubo nada que hacer, tuve que entrar y verla enterita, de pe a pa. Y vamos a ver, siendo objetivos... ¿alguna vez habéis visto en vuestra vida un bicho tan repelente como el orejón ese de Jar-Jar Binks? ¡Por Dios, si apetecía meterle un calcetín sudado en la boca para que callara! ¡O atarle las orejas alrededor del hocico, así no gastabas el sudor de tus pies en semejante engendro! Un colega americano me quitó la idea de crear una página web con el único fin de matar a ese bicho. Desde entonces he retitulado la película como “La Nenaza Fantasma”, en honor al nefando Jar-Jar. Creo que le pega mucho más que el título original.

OsaVerde se casa en Septiembre. Todavía estoy pensándome si salir del pastel de boda disfrazada de Jar-Jar Binks como venganza.

PhotobucketLuego llegó el Episodio II, El Ataque de los Clones, que una vez más me juré y perjuré que no vería ni aunque me amenazaran con hierros candentes. Pero vino el Fistro, como ya os había comentado en el artículo que le dedico, insistió un poco y acabé cediendo, más que nada por él... y sabiendo que fuera lo mala que fuera acabaríamos muertos de risa, como efectivamente sucedió. Además de las alusiones sexuales ocultas que el Fistro y yo nos dedicamos a desvelar, los diálogos eran de pena, las situaciones ridículas y para colmo el Anakin era más feo que Picio, así que ni alegrarte la vista podías.

PhotobucketEl Episodio III ya me pilló en Mix Village y pensé que esta vez sí me libraría de la odiada saga... ¡Pero ni así! Una semana antes de estrenarse la peli me encontré acorralada por Muso, que por supuesto es fan incondicional de Star Wars, dejando caer que “yo no me la puedo perder, pero claro, si tú no quieres venir conmigo iré yo solo, solito, triste y cabizbajo, sin nadie que me haga compañía en una fría sala de cine... lo entenderé y lo superaré”. Grmblbgrbl. ¡Esto no se le hace a una ex! (no, diréis algunos de vosotros, a una ex se le hacen cosas peores ;P). Así que cedí, pensando que por muy mal que fuera la cosa, al menos ya no habría más precuelas ni secuelas (¡cruzo los dedos!).

No me había dado tiempo ni a acabar de comentarlo y se nos acoplaron en menos que canta un gallo Rizos, su “novio” Erin, Portu y un compañero del laboratorio de Doc, Indy, con el que últimamente hago muy buenas migas.

Inciso: Erin es el “novio” entre comillas de Rizos. Las comillas aquí son importantes, porque llamarlo “la cosa rara de Rizos” quedaría feo, pero novio, lo que se dice novio, tampoco es. Llevan la tira de años “saliendo” y “no saliendo”... El caso es que mientras salen cada uno puede tener sexo con otro/otra, enamorarse de otro/otra, incluso salir con otro/otra durante un tiempo considerable, dejar de hablarse durante meses y meses, uno de los dos puede irse a vivir al otro extremo del mundo... pero la próxima vez que se vean, seguirán saliendo, así como si nada. Ahora él vive en Holanda. Muy de vez en cuando viene a verla, como este fin de semana, o va ella a verle, pero si no van tampoco pasa nada. Ellos son así. Y son felices, ¡qué coño!
Fin del inciso.

Quedamos todos para el domingo a las 7. Por supuesto, en seguida me encasquetaron a mí comprar las entradas de todos por Internet, para no quedarnos sin ellas. Pero aquello era más fácil decirlo que hacerlo: Muso decía que si llovía demasiado no vendría, porque tiene que bajar en bici y se moja. Indy dijo que su entrada se la cogía él mismo, que vivía cerca del cine. Portu venía el mismo domingo de Londres en bus y no sabía si llegaría para las 7. Me pasé lo menos dos horas sentada delante del ordenador con la página de venta online de entradas abierta y pendiente del teléfono y el e-mail, esperando a que todo el mundo se decidiera. Finalmente Muso se comprometió a ir lloviese o no, y Portu consultó los horarios del bus y decidió que llegaría con el tiempo justo, así que alguno de nosotros tendría que esperarle fuera del cine con la entrada. Al final conté: Muso, Rizos, Erin y Portu... o sea, 4 entradas. Listo.

PhotobucketEl domingo Muso y yo fuimos un rato antes de lo acordado para charlar un rato y tomarnos un refresco, y de paso comprobar cómo iba el tema de la gente... Tuvimos que dejar la Coca-Cola a medias, porque 45 minutos antes de que abrieran las salas ya se estaba empezando a formar una cola considerable. Al poco de incorporarnos a aquella ya interminable marea de gente, los empleados llevaron el principio de la cola al interior del cine, para dejar más sitio para la gente que iba llegando (si algo tienen los ingleses es que nadie intenta colarse, ni pasar corriendo, ni empujar: todo el mundo se coloca en su sitio civilizadamente y guarda la cola). Muso y yo no teníamos ni idea de dónde estarían los demás, si habrían llegado, si estarían 3 km por detrás nuestro o si habrían perecido sofocados bajo los efluvios emitidos por la masa de gente que se aproximaba. De repente conseguí vislumbrar a lo lejos un brazo haciendo movimientos espasmódicos hacia nosotros: Rizos. Dejé a Muso guardando la cola y corrí a darle las entradas y a conocer a su “cosa rara”... digo, su “novio”.

Abrieron las puertas de la sala. Conseguimos 6 asientos juntos (3 en una fila y 3 en la de abajo) y yo salí a comprar palomitas y a esperar a Indy y a Portu. De repente, cuando acababa de pedir “una grande de palomitas saladas, por favor” a la chica de la tienda, una idea me abofeteó: 4 entradas... 4 entradas... ¿pero no había gastado ya las 4 entradas? Allí había algo que no cuadraba. Me llevé las manos al bolsillo trasero del vaquero y comprobé que sólo estaba la mía (ya picada) y el justificante de la compra por internet. Indy traería su propia entrada pero... ¿Y Portu?

Sudor frío.

No podía ser que me hubiera equivocado al contar, ¿verdad? No podía ser tan imbécil de no haberme contado a mí misma.

Podía, podía.

Salí escopetada hacia la oficina de venta de entradas dejando a la chica con las palomitas y un billete de 20 libras. Por supuesto, en esa sala colgaba el letrero de “Sold Out” y no quedaba ni una mísera entrada para vender. En cuanto me di la vuelta preguntándome qué coño iba a hacer ahora, veo aparecer a Portu sonriendo. ¡Tierra, trágame!. Encima me tiene que pasar esto con Portu. No podía ser con cualquier otro, no. Con Portu. Ironías de la vida, Portu se está sacando el doctorado en Matemáticas... y tuvo que escuchar cómo la idiota de Pilimindrina es incapaz de contar hasta 5. Me debió ver tan desolada que fue él el que me dijo: “No importa, mujer, de verdad, no pasa nada, al salir nos vemos”. Yo estaba tan descolocada, todo había pasado tan de golpe que en ese momento no hice lo que debería haber hecho nada más darme cuenta de lo que sucedía: darle mi entrada y quedarme fuera. Quizás habría tenido tiempo de reaccionar si justo después de explicarle entre balbuceos lo que había pasado no hubiera escuchado una voz femenina en inglés gritando “Hey, girl, excuse me, lady, hey!”... la mujer de las palomitas, que me reclamaba para llevármelas de allí y recoger el cambio. Cogí las dos cosas y Portu me empujó dentro del cine: “Venga, vuelve con la gente que va a empezar la peli, ¡al salir ya hablamos!”.

Entré en el cine y subí a donde estaban el resto de mis amigos. Para entonces mi conciencia ya me estaba torturando: “¡Pero qué leches haces? Sal de ahí y dale tu entrada, idiota, encima que la culpa ha sido tuya, ¿vas a dejarle sin ver la peli?”. Rápidamente les expliqué lo que había pasado y que iba a volver a buscar a Portu de inmediato, cuando Muso pronunció las palabras mágicas que nos salvaron la película: “Oye, te has fijado que justo antes de entrar a la sala alguien ha dejado caer una entrada picada?”. Le miré como si no supiera de qué estaba hablando... y de repente caí de la burra: sí, recordaba vagamente una entrada tirada en el suelo, justo al pie de las escaleras. A alguien se le había caído, o bien la había tirado a propósito al no serle ya útil una vez en la sala. Miré a Muso. Sonreí. Bajé corriendo las escaleras... ¡y allí estaba! La recogí con disimulo y la miré: sí, era para esta película, a esta hora y en esta sala. Las luces ya se estaban apagando y empezaban los anuncios. Aún quedaban asientos libres... todo el mundo sabe que, aunque se venda el aforo completo, siempre hay alguna persona que falla.

Salí corriendo de la sala, rezando para que Portu no se hubiera ido demasiado lejos. No había nadie en la tienda de las palomitas. Nadie en el pasillo. Maldije en voz baja... pero seguí corriendo. Y allí, sentado en una de las mesas vacías del McDonald’s del centro comercial, aparentemente sólo esperando sin hacer nada, estaba Portu. Abrió unos ojos como platos al verme llegar con la lengua fuera. Le agarré del brazo, le di la entrada y le dije: “No preguntes, tú entra, enseña la entrada al chico y vente conmigo”. “P... pero...”, “Ni peros ni leches, haz lo que te digo”, y le guiñé un ojo. El chico de las entradas casi ni nos miró; le enseñamos el papelito, asintió con la cabeza y p’adentro. Portu todavía no sabía de qué iba el tema, y casi tuve que ir empujándole hasta su asiento.

Buuufffffff...

Más adelante se me ocurrió pensar que eso mismo podría haberlo hecho con la entrada usada de cualquiera de los otros... ¡pero qué diablos, así había sido mucho más emocionante!

El hecho de que Indy ni siquiera hubiera aparecido ni siquiera me preocupó... al fin y al cabo, la entrada era cosa suya.

PhotobucketY empezó la película. De acuerdo, lo reconozco, no era un bodrio como los episodios I y II... ¡pero de ahí a que sea una película de culto hay un paso! La mayoría de los actores son malísimos – el Emperador Sith se lleva la palma, por Dios, me recordaba al lobo Feroz cuando abordaba a Caperucita y bramaba: “Soy el temible lobo Feroz y te voy a comeeeeer”... Los triples saltos mortales de Obi Wan cada vez que tenía que bajar un escalón para luchar le habrían garantizado un contrato indefinido en el Cirque du Soleil... y digo yo... ¿No podía bajar de un saltito como todo el mundo? Vale que hay que lucir la famosa “Fuerza”, pero, ¿no sería más juicioso guardarla para la batalla y no para fardar delante de los espectadores?. Por no hablar de su flequillo y su barba, siempre perfectamente peinados y arreglados, incluso después de una terrible batalla.

¿Y alguien ha conocido alguna vez a un androide más patoso que C3PO? Joer, si es que verle caminar me recordaba a aquel famoso anuncio de “Las muñecas de Famosa se dirigen al portaaaal”. En una de las escenas del final comenta: “Me siento inútil”... yo pensaba: “pues ya era hora, yo llevo pensando que eres inútil desde hace 12 años”. ¡La de cafeteras que podrían hacerse si se aprovechara como Dios manda!

Nada, que no me termina de convencer la saga, por muy “legendaria” que sea. Esas pelis de los malos muy malos y los buenos muy buenos y los actores secundarios pretendidamente cómicos no son para mí.

Nada más terminar la peli y empezar a sonar la archiconocida música, veo una sombra que se dirige a mí a toda velocidad: Portu, que me da dos besos, me da las gracias por el truquito de la entrada, y se despide rapidísimo porque se tiene que ir “pero ya”. Dos segundos después ya había desaparecido entre la gente. Yo miré a Rizos, que se encogió de hombros y me dijo: “No preguntes, no tengo ni idea... Portu es así”. Cachis en diez, yo que quería ir a tomar algo y hablar un rato con él... Este hombre tan pronto se pasa 5 horas seguidas hablando contigo acerca de la situación política en Cuba como se marcha corriendo después de haber dicho que no tenía nada que hacer esa noche.

PhotobucketEl caso es que los 4 restantes (ahora sí, cuatro :P) nos tomamos unas cervecillas rápidas – eran las 10 y recordemos que en este lugar a las 11 ya no se sirve alcohol y cierran todos los pubs – y Rizos y yo acabamos enfrascadas en una discusión de estas metafísicas en las que empiezas hablando de las patatas fritas congeladas y acabas analizando la conciencia humana y las diferencias fisiológicas con los animales. Muso y Erin trataban de participar de vez en cuando, pero ese día parecía que a Rizos y a mí nos habían dado cuerda, así que los dos hombres se entretuvieron mirando vídeos musicales de tías medio en pelotas mientras nosotras casi acabamos tirándonos de los pelos por nuestras diferencias de opinión respecto a los deberes de la mujer en la maternidad (sin comentarios). La cosa acabó sin sangre de por medio, ¡pero qué a gusto nos quedamos!

Al llegar a casa tenía tres correos: uno del pizzero, de hacía 4 horas, pidiéndome que me conectara al msn, el cual obviamente descarté. Otro de Indy, escrito 10 minutos antes de empezar la película, diciendo que debido a circunstancias inesperadas (?) había tenido que cancelar el día de cine (podía haber avisado antes, el condenado). El tercero era de Portu, disculpándose por haberse ido tan deprisa, que no había pasado nada, pero que de repente “se había sentido antisocial”. Como ya le conozco un poco, no me pareció tan raro como a los que estaréis leyendo esto ahora mismo.

Y nada, pues que mañana es mi cumpleaños, y tengo reservada una mesa en el Chilli’s, lo más parecido que he encontrado en Mix Village a una parrilla, para celebrarlo con mis colegas. Se vienen todos los personajes que han participado en el blog hasta ahora exceptuando Doc, que aún es duda... nos enfadamos el viernes pasado y aún no me ha dirigido la palabra... Os explicaría por qué, pero el tema me pone de tan mala leche que prefiero dejarlo para cuando se arregle. También se vienen algunos que no conocéis. En el siguiente artículo contaré cómo ha ido la cosa :). ¡Besos de vuestra asturianina, que mañana será un año más vieja!


 
Los compañeros de piso
Mi amiga Rizos ha decidido mudarse. Hasta ahora compartía casa con una chica francesa de la que me venía contando unas historias extrañísimas... Esta mujer presumía de que trabajaba de contable para una gran empresa. Más adelante salió a relucir que esa empresa era un pub. Aún más adelante Rizos descubrió que la chica sólo trabajaba en ese pub en horario nocturno (qué horas más raras hacen los contables en este país...). Ya por entonces empezó a vislumbrar por qué la francesita la interrogaba a diario para que le explicara exactamente a qué horas iba a estar en casa, o a qué hora iba a volver cuando salía. También entendió por qué la habitación de aquella mujer estaba llena de posters de las conejitas de PlayBoy y las posturas del Kamasutra, mientras que la puerta de entrada estaba ornamentada con una foto a tamaño natural de la chica en cuestión en topless. ¡Y la gente tiene en la cabeza la idea de que ser contable es aburrido!

PhotobucketPero vamos, las historias de Rizos con sus antiguas compañeras de piso son todas por el estilo. Antes de la francesa, había tenido otra italiana que vivía en el water... cada vez que entraba en el baño se llevaba dos libros y echaba allí más de 45 minutos. Bueno, podría decirse que la pobre chica padecía de estreñimiento crónico, pero no acaban ahí las excentricidades de aquella mujer: resulta que como según ella, padecía de claustrofobia, se negaba a cerrar la puerta del baño... ya no a cerrarla con pestillo, sino a cerrarla en absoluto. Vamos, que cada vez que Rizos recibía la llamada de la naturaleza se dirigía al baño, veía la puerta abierta, entraba y se encontraba de morros con el anuncio de Yogur Danone con Bífidus... aunque al parecer su compañera de piso no se parecía demasiado a aquella modelo (ni tampoco a la chica de la foto de la derecha)... y el anuncio de Rizos era aún más completo, ya que incluía profundas sensaciones olfatorias.

Todos aquellos que hayamos compartido piso alguna vez tenemos cientos de historias que contar... Yo me fui de casa con 20 años y desde entonces hasta que llegué a Mix Village (donde ya decidí establecerme por mí misma y tener el baño para mí sola todo el día) pasé por varios pisos diferentes y por varios compañeros de piso también diferentes.

Recuerdo con especial cariño al primero que tuve, un chaval de 19 años, el Neñu, que acababa de salir de la casa de sus padres en el pueblo para venirse a estudiar en la Universidad de Oviedo. El chaval medía más de 1,90 y los primeros días en el piso, que era de los antiguos, podía saber exactamente en qué parte de la casa andaba por los cabezazos que se daba contra los marcos de las puertas, complementados con un sonoro y asturiano “¡Cagun mi manto!”. A pesar de su altura el chico no era más que un niño grandote, muy entrañable y muy inocentón. Estaba feliz de vivir lejos de su madre, que al parecer era muy “protectora”, cosa que pude comprobar in situ... aquella mujer me tomó como la “vigilante” de su hijo, y me llamaba a diferentes horas del día para comprobar si “el Neñu” estaba en casa, si llegaba muy tarde los fines de semana, si se llevaba chicas a casa y si era “limpio”. Yo no me cansaba de repetirle a la buena mujer que eso tenía que preguntárselo a él, que yo no era nadie para meterme en la vida de su hijo, que era mayor de edad, y que sólo era su compañera de piso, a lo cual siempre obtenía la misma respuesta: “Pero tú míralo, muyer, si ye un guaje, ye tan bobón que aprovéchense de él en tos laos, tengo que tenelu controláu o a este píllalu una zorrona de eses y perdióse”.

Recuerdo las dificultades que tuvo el chaval para adaptarse a la vida independiente... cuántas veces tuve que sacarlo de la habitación para obligarle a que fuera al baño y tirara de la cadena (no sólo se la olvidaba cuando hacía aguas menores, no), cuántas veces compartí con él mis spaguettis y mi arroz (comida fundamental en la dieta de los recién independizados) mientras trataba de explicarle que los macarrones no se ponían a remojo el día anterior, que no eran como las lentejas. Y cuántas veces le cubrí las espaldas cuando llegaba a las tantas con una borrachera de aúpa (“que no, que ahora no se puede poner, señora, está en el centro de estudios, pobrecillo, lleva allí metido toda la mañana”).

PhotobucketTambién estuvo Rosa, una aragonesa muy resalá, de la que tengo sobre todo buenos recuerdos. Con ella y sus amigos montamos alguna que otra fiestecilla en el piso, preparando calimocho en las ollas de cocinar y sirviéndolo con las garcillas en cualquier recipiente que pudiera servir de vaso. Tenía en especial una amiga muy bestiarra con voz de camionero, Darkie, que surtía un efecto rarísimo en la gatita que yo tenía por aquel entonces: cada vez que entraba Darkie en casa mi gata se ponía en celo automáticamente y se le restregaba por las piernas ronroneando y maullando a chillidos. Como la acariciara cerca del rabo la gata aquella entraba en éxtasis... a mí me daba hasta grima verla. El día que Darkie sugirió que lo mejor para calmar a aquella gata era meterle un bolígrafo bic por... ehm... ahí... fue cuando decidí definitivamente que a aquella gata había que castrarla.

Rosa se quejaba muchas veces de que aquella casa no estaba lo bastante limpia. Cierto es que la luz del sol no hacía destellar los azulejos de la cocina, pero yo era de la opinión de que el estado de la casa era bastante aceptable (al menos la colonia de amebas mutantes de debajo del armario del salón nunca se había quejado). Rosa nos dejó por otro piso más cercano a su lugar de estudios a los 8 meses de llegar... dos meses después recibí una desesperada llamada suya: “Pili por favor, dime que aún tenéis alguna habitación libre. Tenías razón, ¡vuestra casa estaba limpia, limpísima, limpérrima! Te llamo desde el water de mi actual casa... estoy acorralada por una nueva especie de anfibio que ha evolucionado en la nevera y se ha comido a mis tres compañeras...”. Por desgracia todas las habitaciones estaban ocupadas y tuve que abandonarla a su suerte con aquel ser... le sugerí que se escondiera entre los champiñones gigantes que habían crecido detrás del “odoro” (es que de inodoro tenía ya poco). No volví a saber más de ella... ¡juro que en toda mi carrera jamás había oído hablar de champiñones carnívoros!

PhotobucketTambién tuvimos a un chaval de León llamado Minio. Muy natural él. Tan natural que se quejaba de que los demás miembros de la casa gastábamos demasiado butano, “porque nos pasábamos la vida duchándonos” (traducción: nos duchábamos todos los días). Llegó a proponer que cada habitante de la casa usara su propia bombona de butano, propuesta que fue obviamente rechazada por mayoría aplastante. Además de “natural” también era muy “tradicional”. Minio tenía a su novia de toda la vida, la mujer con la que se iba a casar y tener hijos, ser felices y comer perdices, que se había quedado en León y venía a verle cada cierto tiempo; una chavala muy simpática y dulce. Yo lo pasaba fatal. A ver quién le explicaba a esta mujer que su “querido novio” se traía a una mujer diferente a casa cada semana, y que cuando ella venía escondía la lista de llamadas para que no viera la cantidad de móviles diferentes a los que llamaba su amado príncipe azul. Una vez le pregunté a Minio si ella también haría lo mismo allá en León... Él me miró con rostro ofendido y exclamó: “¡Por supuesto que no! Vamos, como me entere la mando a la mierda a la muy zorra”. En fin.

Pero de todos los compañeros que recuerdo, el más problemático fue sin lugar a dudas el Fumao. Debo adelantar que una de las normas en aquel piso era que no se aceptaban fumadores. Sin embargo yo era la encargada de la “selección” de nuevos compañeros y tenía cierta libertad en aplicar las normas, o en hacer que no fueran demasiado estrictas. Una de las veces nos quedó libre una habitación casi sin previo aviso y nos vimos en la necesidad de encontrar a alguien cuanto antes, o tendríamos que adelantar los demás el dinero de ese mes. Así que llegó el Fumao, echó un vistazo a la habitación y dijo que se la quedaba. Yo le comenté que no se podía fumar y él sonrió y dijo con cara de complicidad: “Bah, mujer, pero un porrito de vez en cuando no te molestará, ¿verdad?”. Yo sólo quería que pagara el mes, así que contesté: “Bueno, mientras sea de vez en cuando y lo fumes en tu habitación, pase”. Craso error.

Al día siguiente se trajo sus cosas: un par de maletas, un par de cajas... y algo más. Cuando fui a saludarlo me agarró alegremente del brazo y me llevó a su nueva habitación: “Tú eres bióloga, ¿no?” “Ehm... sí” “Pues ven, que te voy a presentar a alguien que te va a gustar. Pilimindrina, esta es Aurelia” y me pone encima una maceta enorme con una aún más enorme planta de marihuana. Debía medir casi un metro de alto y tenía hojas por todas partes, casi esperabas ver la cabeza de Tarzán asomarse por aquella espesura en cualquier momento. También me dijo que si alguien llamaba al interfono preguntando por su nombre, que le dijéramos que no vivía allí. Yo me fui preparando mentalmente para lo que nos esperaba a los habitantes de aquella casa.

PhotobucketEn efecto, el “porrito de vez en cuando en la habitación” en seguida se convirtió en “porrete a veces en el salón”, y de ahí a “pedazo de porro múltiples veces en cualquier parte de la casa”. Había veces que abrías la puerta del salón y de allí salía una pared semisólida de humo blanco con olor similar al té y que te hacía lagrimear los ojos. Por las mañanas yo me levantaba, iba al baño sorteando las colillas por el pasillo y me encontraba la taza del water cubierta de virutas de tabaco y maría. La cosa empezó a ponerse fea cuando:

a) Otro de los compañeros me dijo con cara de acojone que había visto al Fumao meter en casa a gente muy rara con la que había estado haciendo negocios.
b) El compañero y yo nos metimos en la habitación del Fumao para encontrarnos con un pedazo de hachís que debía pesar unos 200 gramos

Obviamente yo no iba a permitir que el tío aquel usara el piso como centro de contrabando, ni mucho menos que nos pusiera en riesgo a los demás compañeros en caso de haber problemas (encima el contrato del piso estaba a mi nombre), así que esa misma tarde cuando llegó a casa le dije que antes de acabar el mes los quería ver fuera de allí a él y a Aurelia (y por supuesto al pedazo de hachís, que no sé si tendría nombre, pero que era lo bastante grande como para pensar por sí mismo). El tío no sólo me dijo que de allí no se iba, sino que se puso todo chulo, levantó la voz y me vino a decir que ninguna mujer le decía a él cuándo y cómo tenía que marcharse de un piso. Yo me puse más chula aún y le espeté que igual tenía que empezar a cambiar sus normas. Acabamos los dos a grito pelao y él saliendo de casa con un portazo, diciendo que a él nadie le echaba. Cuando se fue, mi otro compañero (anda que había salido a defenderme, el valiente de él) se acercó y me dijo que tuviera cuidado, que le había dicho que tenía una denuncia por agresión. El dueño del piso se lavaba las manos y nos decía que lo arregláramos nosotros. Decidí solicitar ayuda externa como medida extrema. Cogí el teléfono y llamé a mi SuperPapi.

PhotobucketDebo aclarar que yo siempre he sido una persona muy independiente y que nunca me ha gustado pedir ayuda, sobre todo de la familia, para arreglar un problema personal. Pero este tema estaba empezando a adquirir tintes peligrosos. Mi SuperPapi ha hecho boxeo, judo (es cinturón negro segundo Dan, sea lo que sea eso) y ahora le había dado por empezar con el Jiu-Jitsu. Lo mejor de ir a verle entrenar eran los pedazos de tíos buenos con los que pelea. Mi SuperPapi lleva pero que muy mal envejecer, así que se niega a dar tregua a su cuerpo, y ha logrado ser un cincuentón la mar de cachas. Anda que no presumo yo de él ni nada.

Así que esa misma tarde invité a mi SuperPapi a tomarse un ColaCao con su SuperHija en nuestro... ehm... nuestro piso a secas, porque la verdad es que la casa era bastante cutre. No pretendía darle una paliza al chaval, ni mucho menos, sólo que supiera que no estábamos solos y que si persistía en su actitud iba a tener problemas con más gente por allí. No me esperaba el efecto obtenido, la verdad.

El Fumao abrió la puerta de entrada. La puerta daba a un pasillo recto que conectaba directamente con el salón, así que lo primero que vio fue a mí y a mi SuperPapi sentados tomando café. Le miramos. Nos miró. Nos levantamos.

Desapareció.

No puedo explicarlo de otra manera... en un momento estaba en la puerta, y al momento siguiente no estaba. Esto NO es una exageración: la desaparición fue tan inmediata que nos pasamos un rato buscándole por la casa, porque no nos creíamos que le hubiera dado tiempo material a salir corriendo escaleras abajo.

Al cabo de 5 minutos sonó el teléfono. Lo cogí. Era el Fumao.

“Pili, ¿qué pasa aquí? ¿¿¿Quién es ese oso???”
“A ver Fumao, tranquilízate, es mi padre, no va a hacerte nada, sólo quiere hablar contigo, sube un rato”
“¡Y una mierda hablar conmigo! Yo ahí no subo. Esto a mí no se me hace, tía. ¿Qué te hice yo, a ver? ¿Te toqué un pelo? No, pues esto no se me hace. No se hace, joder.”

Tardé 15 minutos en convencerle de que nadie le iba a hacer daño, pero que queríamos hablar del tema. Aún así se negó a subir: mi SuperPapi tuvo que bajar a la calle y hablar con él mientras 3 amigos suyos con cara de acojonaos estaban sentados en un banco a una distancia prudencial. Cuando subió, era todo dulzura y buenas maneras: me pidió disculpas por la forma de tratarme, me dijo que ya mismo empezaría a empaquetar las cosas y que mañana por la mañana se iría a casa de unos colegas. Quedó a deber media factura de electricidad y una de teléfono, pero el aire de aquella casa volvió a ser respirable.

Sí, compartir piso es una experiencia enriquecedora para todas las partes, es más, muchas veces es tan educativa que te hace abrazar profundos valores, como la independencia... vamos, que te mueres por vivir sola de una vez. Por no escuchar los ronquidos de Fulanito, ni soportar los sonidos pecaminosos de Menganita y su novio, que vive en la casa sin pagar renta, ni aguantar las pataletas de Zutanito cada vez que algo no se hace a su manera. De modo que pasado cierto tiempo, a todos nos entran unas ganas locas de tener nuestro propio espacio vital.

PhotobucketAsí que volviendo al tema con el que empezamos el artículo, Rizos se mudaba, y además ¡se mudaba a un apartamento chulísimo a tres minutos andando de mi casa! :) A partir de ahora volveremos juntitas después de nuestras escapadas nocturnas, podremos ir a vernos cuando nos apetezca y cotillear e invitarnos a “cafeses”.

Y claro, como buena amiga y además una de las pocas que tiene coche, me ofrecí a ayudarla con su mudanza. Todavía me duele la espalda de cargar con maletas, bolsas y artilugios varios del hogar... y aún me queda ayudarla a comprar muebles, edredones, vajilla y muchas otras cosas que la nueva casa no tiene. Y ya me acojonó totalmente cuando insinuó que la nueva casa quedaría mejor pintada de amarillo, como la mía... en fin, todo sea por una amiga.

Al llegar a casa tenía otro mensajito de Pizzakid... llevo toda la semana recibiéndolos, aunque la verdad es que ha sido una semana de trabajo infernal y no he tenido tiempo más que para pasarme un par de veces por delante del Pizza Hut tratando de identificarle... pero no hubo suerte. Espero tener algo más que contaros de este tema en el próximo post.

Por cierto, ¡el miércoles es mi cumple!... 29 añitos... sólo me queda uno para entrar en los “enta”... ¿Habéis pensado alguna vez que cuando entras en los “enta” ya no sales hasta los 100? Ains... tendré que aprovechar lo poco que me queda con “titantos”... o hacer como una de mis tías, que anda por los sesenta y muchos, pero que siempre dice que tiene “veintipico, con un pico muy grande”.

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¿Me contáis alguna experiencia que hayáis tenido con algún compañero de piso? :)

 
Mi mejor amigo
El post de hoy quiero dedicárselo íntegramente a la persona que me ha hecho como soy. La que ha agudizado y perfeccionado mi sentido del humor para que hoy pueda haceros reír con mis escritos. Esa persona con la que la vida es especial tan sólo porque está ahí, porque me quiere y le quiero, porque no hace falta acudir al enamoramiento ni a las hormonas para explicar por qué nos queremos; porque en resumen, es mi mejor amigo. Porque los amigos son la familia que nosotros mismos elegimos, y él es mi hermano del alma. Desde que ambos teníamos 18 años. Él es el Fistro :)

PhotobucketDe todo el tiempo que Fistro y yo pasamos juntos (más de nueve años), la mayoría ha sido riendo. No en vano la primera característica que noté de él fue su amplia sonrisa... bueno, para qué mentir, la verdad es que lo primero que se le veían eran los piños (uséase dientes)... más adelante me contó que en el colegio le llamaban “el conejo”... y válgame Dios que yo también se lo hubiera llamado... ese hombre te pega un par de muerdos y se acaban todos tus problemas de michelines. Érase un hombre a unos dientes pegado... Érase un hombre con ojos azul cielo y un lunar en el derecho (sí, ¡un lunar dentro del ojo!). Érase un hombre que reía y reía sin parar, y que te llevaba indefectiblemente a reír con él.

Pasamos toda la carrera juntos... recuerdo aquellas tardes soporíferas en Primero de Biología... a algún Vicerrector sádico se le ocurrió la idea de poner clases de hora y media a las 3 de la tarde, justo después de comer... y encima no podían ser de una asignatura entretenida, no... Botánica... el mayor coñazo de la carrera... interminables ciclos de algas... nombres estrambóticos de 5 sílabas para el más insignificante grano de polen... Identificación de especies por 35000 caracteres diferentes. Una de aquellas tardes, cuando ya no soportaba más la somnolencia, cuando las frases que iba dictando aquella torturadora profesional a la que llamábamos “La Potentilla” acababan convertidas en líneas rectas en mi libreta, me di la vuelta buscando una palabra que animara mi existencia. En vez de ello obtuve una imagen que valía más que mil palabras: el Fistro sentado con la cabeza apoyada en su mano izquierda... la derecha había desistido en su vano intento de escribir y había dibujado una línea renqueante que iba desde la mitad de la libreta hasta la misma mesa. Un hilillo de baba colgaba de su labio inferior y se acercaba peligrosamente a la libreta emborronada... Por supuesto, no podía hacer otra cosa: le empujé el antebrazo izquierdo. El morrazo fue de impresión. No tardó en devolverme la jugada el muy capullo. Descubrió que la menda que escribe tiene unas cosquillas terribles por todas partes. En medio de la clase de Genética, a traición y sin avisar me metió los dedos índices hasta la tercera falange en los costados. Tardaron 5 horas en bajarme de la viga del techo.

El Fistro no sólo tenía dientes, también tenía una lengua afilada y viperina. Decía lo que pensaba en el lugar menos apropiado y las circunstancias menos propicias. Era incapaz de disimular, o de actuar con discreción. Un día salíamos nuestra pandilla de clase y nos dirigíamos a hacer prácticas en los laboratorios de la Facultad de Medicina de Oviedo; por el camino nos cruzamos con una entrañable viejecita paseando a su perro ridículo con lacito.

Inciso: me encantan los perros, pero las señoras de este tipo siempre llevan un detestable perro ridículo con lacito. Suele ser de raza Yorkshire Terrier y el lacito es siempre rosa o azul, según si el Photobucketimplicado es “nene” o “nena”. Los canes en cuestión están mimados cual niño malcriado, de tal forma que entre otras cosas han perdido el sentido de la perspectiva vital. Es decir: le ladrarán histéricamente y tirarán mordiscos furiosos a cualquier ser de mayor tamaño y fuerza que ellos, tanto si es un Pastor Alemán como un Dobermann, como un tigre de bengala. Por supuesto, también a cualquier persona. En esos momentos te apetece pisarlos a ver si chillan. El Fistro los llamaba “perros patada”. Yo los llamo “perros mopa”, porque si les metes el palo de una escoba por el culo te sirven para quitar las telarañas del techo.
Fin del inciso.

Pues pasábamos nosotros tan tranquilos por allí, cuando la entrañable viejecita abre la boca de repente, y en vez de salir de ella un “buenas tardes” lo que salió fue un eructo más sonoro que la erupción del Vesubio. Vamos, que podría haber recitado la lista de los reyes godos en el tiempo que duró la salida estrepitosa de aire. Los demás miembros de la pandilla nos miramos conteniendo la risa a duras penas. El Fistro no, por supuesto. Él se paró delante mismo de la mujer, nos miró con cara de ofendido y soltó a voz en grito “¡PERO SERÁ GUARRA LA VIEJA!”. Yo le mandé callar en 5 idiomas y me lo llevé a rastras. Pero era incapaz de callar, ni debajo del agua: “pero tú has visto qué pedazo de rutio se ha tirado la cerda esa, luego hablan de los jóvenes, qué asco por Dios, seguro que comió morcillona para desayunar...”

Otro día por la tarde íbamos todos a hacer fotocopias a una papelería que había al lado de la Facu. En la puerta había una pareja besándose, y según nos fuimos acercando nos dimos cuenta de que eran dos chicos gays. Oviedo es una ciudad aún pequeña y en la que mucha gente se sigue sorprendiendo de lo que hoy en día debería pasar desapercibido, de modo que se veía a alguna gente mirarlos con más o menos descaro. A mí me llamó la atención, más por falta de costumbre que por otro motivo; les dediqué medio segundo de mi atención y seguí adelante hacia la fotocopiadora. De repente me di cuenta de que iba caminando sola... miré hacia atrás y vi al Fistro parado en seco a un metro como mucho de la pareja, con los ojos desencajados. Caminé hacia él con paso ligero esperando poder llegar a tiempo... vana esperanza.

“¿Qué haces tío? Anda, camina”
“Pero... ¿TÚ HAS VISTO ESO?”
“Pues sí, una pareja besándose, ¿y qué? Bien que se lo están pasando. Hala, vamos”
Él me miró como si me faltara un tornillo, se adelantó, estiró el dedo índice y lo dejó a unos 5 cm de la cara de uno de ellos. “¡¡¡SON DOS TÍOS!!!”
Aquello era demasiado: “Sí, son dos tíos y al menos uno de ellos te va a partir la cara por gilipollas, y tendrá toda mi aprobación. ¡Mueve el culo!”

No tenía malicia alguna. No era homófobo. No lo hacía por molestar o fastidiar. Sencillamente, era incapaz de callar. A veces era como un niño de 3 años. Era así, era el Fistro.

En clase tenía un apodo casi para cada compañero. El Alopecia. Nosferatu. El Loro. Pero mi “personaje” favorito, sin lugar a dudas, era Fedorillo. Había dos Fedorillos, Fedorillo I y Fedorillo II. A Fedorillo I, la original e inimitable, me la presentó él mismo una mañana de Abril.

“Hola Fistro, ¿qué te ha pasado hoy que ya te veo con esa cara de mala leche?”
“Buf tía, no me hables, hoy Fedorillo viene más perfumada que nunca”
“¿Fedorillo? A ver, creo que me he perdido algo...”
“Sí mujer... Esa tía no se ha lavado desde que Jesucristo hizo la Comunión. Se la huele desde aquí”

Miré hacia donde me señalaba. Una chica regordeta con una sonrisa de profunda autocomplacencia. No le veía nada especial.

“¿Pero qué dices, hombre? Anda que no eres exagerado, yo no huelo nada”
“Eso es porque acabas de llegar... espera a que te llegue la fragancia”

Photobucket¡Pues tenía razón el joío! Aproximadamente a los 20 minutos de empezar la clase noté un ligero tufillo en el ambiente. Algo así como a huevos podridos. Pero obviamente no podía venir de aquella mujer... estaba sentada en primera fila, y nosotros en la cuarta. El tufillo se hizo más intenso a medida que avanzaba la hora. Yo me olí a mí misma (eso siempre lo primero), a mis compañeros de mesa, debajo de la silla, por detrás, por delante... nada. Acabó la clase. Era imposible que la que olía así fuera aquella chica, pero por Dios que no me iba a ir sin comprobarlo. Me levanté y me fui acercando disimuladamente a la primera fila. El olor se hizo más intenso. A su lado resultaba mareante. Como buena aspirante a científica tenía que hacer la comprobación final... dejé caer el bolígrafo justo a su lado y me agaché...

...mala idea por mi parte...

¿Habéis visto la película esta de “Dentro del laberinto”? Sí, aquella en la que unos bichos feos secuestran al hermanito pequeño de la prota, también sale David Bowie haciendo del rey de los malos-malosos. Pues bien, en esa película se habla del “pantano del hedor eterno”. El pantano desprende el olor más hediondo sobre la tierra. Es tan fétido que si una sola gota se pone en contacto con tu piel, atufarás durante el resto de tu vida.

Así era Fedorillo.

Agarrándome a donde pude conseguí salir del radio de acción de su peste y volver como pude a mi sitio. El Fistro me dio aire con su pañuelo mientras me atormentaba a “te lo dijes”.

Más tarde descubrimos que el olor de Fedorillo era estacional y periódico. A principios de mes solía ser menos intenso y subía de hediondez segun pasaban los días, hasta hacerse insoportable en torno al día 30. Luego el ciclo volvía a empezar. De ahí dedujimos que no se trataba de ninguna enfermedad... sencillamente, aquella tía se lavaba una vez al mes.

Como a todo personaje famoso le salió al menos una imitadora: "Fedorillo II, el retonno de la pituitaria podrida". Una chica rubia y de una figura impresionante... de hecho una vez el Fistro la vio de espaldas y dijo: “Coño, mirad qué tía más buena”... de repente ella se dio la vuelta y se rompió el hechizo. Aparte de la cara de vaca (no por gorda, sino por falta total de expresión), su olor corporal nos azotó con crueldad. Fedorillo II era temible especialmente en verano, cuando venía a clase con su cazadora vaquera... la cazadora retenía el olor, pero... ¡ay cuando se la quitaba! Caían los pájaros, se marchitaban las flores y se agriaba la leche. Lo curioso es que tenía novio... Fistro dedujo que por necesidad debía padecer de sinusitis crónica. A mí me gustaba torturarle diciendo: “Imagina lo agradable que será hacerle sexo oral a esa mujer”. Esos días ya no comía.

En una de las prácticas de Fisiología Animal en las que teníamos que abrir a una rata, Fedorillo II se desmayó, cayó cuan larga era en el suelo del laboratorio. Llevaba una bonita falda plisada. Esas escenas no eran inusuales, y la profesora, muy profesional ella, se acercó a ella y exclamó: “Hay que levantarle las piernas para que le vuelva la sangre al cerebro”, y se puso manos a la obra. Por supuesto, al hacerlo quedó expuesta completamente a la onda radiactiva proveniente de su ropa interior (prefiero pensar que la llevaba). Se puso verde. Se puso amarilla. Se puso gris. Se le cayó un ojo. Con voz ronca acertó a decir a uno de los alumnos: “Por favor, abre la ventana para que le dé un poco el aire”.

Fedorillo I acabó trabajando en el campo. Descubrió que era capaz de abonar la tierra sólo paseando por ella, y se hizo de oro. Fedorillo II fue la inventora de la famosa y renombrada colonia “Eau d’été”, que tanto éxito tuvo en nuestro país.

PhotobucketEl Fistro y yo teníamos una capacidad sobrenatural para captar cosas que las demás personas pasaban por alto. Ese eructo que el profesor de Estadística trataba de disimular con una tos, ese gallo que le salía a la profesora de Cronobiología cada vez que pronunciaba la palabra “Barcelona”, ese problema de dislexia que parecía tener el profesor de Microbiología... ese hombre era terrible... escribía una palabra leeentamente, la revisaba durante unos 15 segundos y asentía para sí, orgulloso, como diciendo: “Está bien”. Se apartaba de la pizarra. “El clico vital del pasárito de la Maralia”. Ahí queda eso. No debía ser dislexia, porque también le pasaba al hablar... aún recuerdo cuando nos dijo que algunos virus eran capaces de producir “turrones malignos”... ¡Tiembla, Suchard!

Pero en algunos casos no se nos podía echar la culpa. Nos lo ponían a huevo y en bandeja. Y hay un caso que tengo que poner con nombre y apellidos, o cambiarlos sólo lo suficiente como para que nadie los encuentre desde un buscador, porque si no no tendría gracia. Sé que su sentido del humor les permitirá apreciar mi pequeña sátira si algún día llegan a leer este blog. Pero es que aquello clamaba al cielo.

Eran tres hermanas. Las tres tenían problemas de dicción y dificultades para pronunciar algunas consonantes, en particular la R. Se apellidaban Ronicio Ronicio. Y sus padres debían tener también un sentido del humor especialmente agudo, porque tuvieron a bien bautizarlas: Rosa, Rosaura y Rosario.

Os podéis imaginar que el momento de la presentación resultaba de lo más parecido al pasaje del clásico “La vida de Brian” en el que el emperador Pijus Magnificus preguntaba a qué preso debían liberar... Pues aquello era peor: imaginaos a una mujer incapaz de pronunciar la R (y muchas otras letras) diciendo: “Hola, soy vuestga nueva pgofeshoga de Bacteguiologuía. Me llamo Ggosaguio Ggonicio Ggonicio” - decididamente, yo me habría cambiado el nombre a “Ana Cano” -, para continuar con un: “Empezhamosh: lash bacteguiash fotoautótgofash ushan el hieggo feggoso paga la oxhidación” (traducción: “las bacterias fotoautótrofas usan el hierro ferroso para la oxidación”).

Y luego dicen que las clases en la facultad son aburridas.

Aproximadamente a mitad de carrera, un día en su casa escuchando un CD de su admirada Celine Dion, la emoción le llevó a ponerse a cantar en voz alta. Yo me quedé pasmada escuchándole... ¿era posible que tuviera aquella pedazo de voz y nunca me lo hubiera dicho? Tardé tiempo en convencerle de que aprovechara aquel don y lo diera a conocer... A pesar de su descaro era tímido cuando tenía que enfrentarse a grupos de gente. Así que a partir de entonces a nuestros lugares de salida típicos se sumaron los karaokes: el Sinatra en Oviedo, que hace pocos años era un antro de mala muerte - algunos de mis paisanos recordaréis la noticia aquella de un tío que conoció a una chica colombiana en un bar, la llevó a su casa, la ató, la amordazó, la torturó durante días, y al final la chica se salvó arrojándose por la ventana... bien, se conocieron en el Sinatra – y que ahora es un antro de mala muerte con decorados algo menos cutres. Y por supuesto, el Chicago de Gijón, donde el Fistro era más que conocido... más que nada porque cada vez que salía él a cantar, ya no se atrevía ninguno más... habría sido como utilizar tu Seat Panda para competir con Fernando Alonso. ¡Y cómo ligaba el cabrón! Yo me hartaba de decirles a todas las tías que no era mi novio, que estaba libre.

PhotobucketLuego vinieron las clases de canto... por supuesto no podía faltar la bromita cada vez que llegábamos de “venimos a clase de canto, mañana vendremos de frente”... mala, malísima, pésima, pero nos descojonábamos de risa. El Fistro empezó a cogerle gustillo al tema de cantar y se puso a presentarse a castings... que si Operación Triunfo, que si Rumbo a la Fama (OT en versión local ovetense), que si “Buscando una estrella” (OT en versión local gijonesa, por el tema de la piquilla)... Por en medio lo descubrieron en la Agrupación Artística de Gijón. El colofón vino cuando un productor de música se fijó en él y le ofreció grabar un disco. Yo siempre iba con él en plan manager, y le pedía que me dedicara el Grammy el día que lo ganara. Él me contestaba: vale, a condición de que tú me dediques el Nobel.

No había fin de semana que no saliéramos juntos, la mayoría de veces en pandilla, pero a veces, y más al acabar la carrera – cuando parte de la pandilla se desintegró entre los que se iban y los que pillaban novio/a – salíamos él y yo solos. Por supuesto, no nos comíamos una rosca, porque todo el mundo se pensaba que éramos pareja. Medio en broma medio en serio yo le decía que un día teníamos que hacernos imprimir unas camisetas que dijeran: “Este no es mi novio” y “Esta no es mi novia”. A medida que pasaba el tiempo había menos de broma y más de serio en la propuesta.

¡Cuántas películas fuimos a ver juntos! Importaba poco que fueran románticas, de terror, de guerra, de acción... los dos acabábamos siempre tirados por el suelo de risa y con medio cine echándonos miraditas de “¿de qué coño se ríen estos panolis?”. No me lo explico, teníamos un radar para buscarle el segundo (y el tercero, y el cuarto) sentido a cada frase, por muy solemne que fuera... de hecho, cuanto más solemne mejor. Ahora que está tan de moda, recuerdo que fuimos a ver juntos el Episodio II de Star Wars. De entre todas las risas que echamos recuerdo dos de ellas:

1. Obi-Wan comenta: “Anakin es el más superdotado de todos mis alumnos”... joer... esos jedis ¿a qué se dedicarían en las noches solitarias?

2. Anakin está sentado junto a la princesa Amidala. La mira todo serio y le suelta, así sin más: “no sé qué me pasa, pero cuando estoy cerca tuyo hay algo en mí que crece y crece”... ¡¿Cómo puede ser que sólo nosotros dos en todo el cine nos partiéramos el culo de risa?! Esa peli estaba llena de mensajes subliminales sexuales, está claro.

Y sus historias... recuerdo especialmente la de una amiga suya del colegio, Olvi, que al parecer una vez se había dado un golpe y dislocado la mandíbula. Desde ese día le había quedado algo floja, así que cuando algo le hacía mucha gracia y se reía mucho... de vez en cuando pasaba que... “JA JA JA JA... BONNNGGGGG”... y allí se quedaba Olvi con los dientes de abajo balanceándose como un columpio. Lo de “reírse a mandíbula batiente” con ella adquiría una nueva dimensión. La chica se lo tomaba con filosofía, decía: “peddona un bobedto”, se agarraba la mandíbula y CLOC, de vuelta a su sitio.

¡Cuántas risas, Dios mío, cuántos buenos momentos juntos! La gente que nos veía juntos no se creía que fuéramos solo amigos, una relación tan estrecha tenía que implicar algo más por narices... pero no, nunca pasamos de ahí. Un par de veces tras una desesperante noche de no comernos un colín ninguno de los dos, y bajo el efecto de alguna copa de más, nos acabamos enrollando él y yo por pura necesidad... pero sólo fueron un par de veces y nunca llegó a más la cosa. Cuando acabábamos nos quedábamos mirando como diciendo: “¿pero qué cóño hacemos?”. A veces hasta compartíamos el baño juntos. Nos lo contábamos absolutamente todo.

Cuando conseguí el trabajo en Mix Village y ya quedaban sólo un par de semanas para irme, nos invitó a mí y a Muso (por entonces mi pareja) a ir a verle cantar en una sala en la que trabajaba unas horas a la semana para sacarse un dinerito extra. El grupo tenía prohibido dedicar canciones, pero sin yo saberlo ese día él había hecho una petición especial. De repente se paró la música y él tomó el micro. Jamás lo olvidaré. Dijo: “Y ahora quiero dedicarle esta canción a la mejor persona que conozco, que está ahí mismo”, señalándome. Yo con la boca abierta, claro. Empezó la orquesta, y mi mejor amigo me cantó “Amigo”, de Roberto Carlos. Hasta entonces esa canción no me había dicho nada. Desde entonces no puedo escucharla sin que se me encoja el corazón y se me humedezcan los ojos. Aquel día no se me humedecieron, no: aquello eran las cataratas del Niágara. ¡Qué feliz, qué orgullosa estaba de mi amigo! Ya le estaba echando de menos. Nunca habíamos estado separados más de un par de semanas.

La noche antes de marcharme, por supuesto, la última persona de la que me despedí fue de él. Ambos conteníamos las lágrimas a duras penas. Prometió que vendría a verme, a pesar de tener para ello que superar su terrible fobia a los aviones. La superaría por mí.

Aquel verano la suerte empezó a sonreírle por fin. Consiguió trabajo e iban a hacerle fijo. Después de muchos meses tratando de conquistar a una chica de la que se había enamorado locamente (estaba totalmente pillado, os lo puedo asegurar), la chica dejó al que había sido su novio hasta entonces por irse con él. En Septiembre iba a grabar su primer disco. Lo tenía todo a su favor.

Hasta que llegó aquel lunes.

PhotobucketEra un lunes de Septiembre gris, lluvioso y frío. Hacía viento. El Fistro estaba en el pueblo de sus abuelos, su aldea querida. Pero ese día se aburría terriblemente porque no podía ni salir de casa. Decidió volver a Gijón antes de lo planeado. Cogió el coche y condujo entre la lluvia y el viento. Le quedaban unos pocos kilómetros para llegar a casa. Iba pensando en su chica, a la que ese mismo día iba a ver para definitivamente empezar a salir con ella. Un despiste, una imprudencia, una mala pasada del destino, ¿quién lo sabe? ¿a quién le importa ya? Su coche se salió de la autopista tras un golpe de viento... en el único lugar de todo el trayecto, el único, en el que salirse implicaba la muerte. Cayó más de 20 metros y se estrelló contra la orilla del río.

Ojalá pudiera consolarme pensando que no sufrió, que fue algo inmediato... pero no fue así.

Maldigo al destino, si es que existe.
Maldigo al viento, la lluvia y el frío.
Maldigo a la valla de seguridad de la autopista, que no cumplió su cometido.
Maldigo al coche que conducía, con 4 airbags, de los que no saltó ni siquiera uno. El coche era un Megane Scénic con dos años de antigüedad... en teoría uno de los coches más seguros del mercado.
Maldigo al periodista obsceno e indecente de La Voz de Asturias que no tuvo a bien más que bajar a donde estaba su coche destrozado y sacar fotos a su cuerpo también destrozado mientras los bomberos lo excarcelaban del coche. Estés donde estés y seas quien seas, espero que jamás tengas que ver la foto de un hijo tuyo en esa situación como obligaste a la madre de mi mejor amigo a ver a su único hijo el día que lo perdió.
Maldeciría a Dios si creyera en él, por hacer sufrir a mi amigo de manera tan inútil. Pero nunca creí en él ni lo que sucedió me dio motivos para empezar a hacerlo.

Mi mejor amigo, mi Fistro, el único hijo de unos padres que siempre fueron como mis segundos padres, el dueño de casi todas mis risas, el hombro sobre el que lloraba y la cabeza que lloraba sobre el mío. El que tantas veces me dijo y me demostró lo que me quería. El dueño de las lágrimas que derramo ahora y de tantas y tantas que derramé desde ese fatídico día.

Pero no permitiré que el hecho de que ya no estés aquí sirva para recordarte con amargura. Tu risa, tu voz, tus canciones, los buenos ratos que compartimos siguen vivos dentro de mí. Me han hecho como soy. Que la gente se ría con mis historias te lo debo también a ti, y cada carcajada que mis lectores sueltan es un recuerdo a esa gran persona que fuiste. Vosotros que estáis leyendo esto, que me seguís a diario, no lo sabíais, pero ahora lo sabéis. Tengo una ayudita extra para escribir :)

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Este artículo está dedicado a mi mejor amigo, pero también a sus padres, a sus amigos, a su Princesa, a todos los que le quisimos. Y está dedicado también a la gente que estáis leyendo estas palabras ahora mismo, a los que os hago partícipes de nuestras historias. Gracias por estar ahí. De corazón.


 
De pizzas y pizzeros II: ¡¡¡asaltacunas!!!
En el capítulo anterior de mis andanzas por tierras inglesas, un sábado por la mañana, con el pijama cutre puesto y el desayuno empezando a ser digerido, acababa de abrir el mail cuando...

Hola, soy el camarero del Pizza Hut... pensé que tenía que contestar, ¡aunque no estoy seguro de si es una broma o no!

Se me cayeron las legañas del susto. No podía ser, Murphy debía estar despistado, no era posible que aquel pedazo de monumento masculino hubiera leído mi notita y, lo más importante, hubiese creído que mereciera la pena contestar... pero ahí estaba, un mensaje conciso y claro, una invitación a seguir tanteando el terreno... Puse mi sonrisa más pícara y me curré mi respuesta:

¡Hola!

Lo era y no lo era :).

¿Has visto la película "Una proposición indecente"? Robert Redford le cuenta a Demi Moore: "Una vez cuando era muy joven estaba viajando en el metro y vi a una chica preciosa entre la gente. No me atreví a decirle una sola palabra, creí que ni siquiera me miraría. Entonces llegué a mi parada, me bajé, me armé de valor y miré hacia atrás. La chica me miraba intensamente y cuando me vio volverme, me sonrió. Me sentí como un imbécil y me juré a mí mismo que jamás volvería a dejar pasar una oportunidad".

Me parece un lema genial. Lo he adoptado.

¿Te gusta jugar?

pilimindrina

PhotobucketENVIAR. Cosquillitas en la barriga... ¡qué emocionante era aquello! Me vestí y cogí el coche para ir al Tesco, porque las arañas que poblaban mi nevera empezaban a tener hambre. Aparte de rellenar las estanterías aproveché para comprarme unas florecillas, y me gustaría dedicárselas a una paisanina mía muy entrañable: Keizy... un regalito tardío de cumpleaños con mis mejores deseos (entre ellos, que te ligues a Mr Sonrisas de una vez ;).

A la vuelta miré el correo sin muchas esperanzas (después de la historia del italiano me negaba a pasarme un día más pendiente del mail por un tío)... ¡pero sí! Otro mail del misterioso camarero sin nombre:

Me gusta jugar a según qué cosas, depende de a qué te refieras :). ¡Cuéntame algo de ti! xXx

WEWEWEWEWEEEEE... ¡esto prometía! Antes de que me diera tiempo siquiera a pensar qué responder... llega otro mensaje:

Hey, ¿estás en el msn? Así podremos hablar mejor

¡Por supuesto, el msn! Ese programita me suele poner de los nervios, pero en ciertos casos se justifica todo... :PPP. Además... las direcciones de hotmail... ¿no incluyen un perfil? Uy, a ver si iba a tener suerte y todo, y el chaval este había rellenado el suyo con algún dato jugoso... me fui de cabeza a la página de perfiles.

Lo primero, fotito... síííííí, ¡era él! Mu pequeñito, mu de lejos, pero no cabía duda, esa sonrisa no la tiene nadie más en toda Inglaterra (vamos, hasta que encuentre al siguiente que me haga tilín, lo cual puede ser... ¿la semana que viene?). También salía su nombre... digamos que Pizzakid ;)... y un poco más abajo...

No

No era posible.

Edad: 18

Photobucket¿18? ¿¿¿¿¿18????? Mecachis en diez, ¿¿¿ese pedazo de tío tenía 18 años??? A ver Murphy, majo, mu gracioso chaval, pero esas cosas no se me hacen a mí... 25 hubiera estado muy bien, 22 habría pasado... incluso puede que bajara hasta 20... ¿pero 18? ¡Leñe, un año menos y se me podría denunciar por corruptora de menores! No sólo eso... es que 3 años menos, ¡¡¡y podría ser su madre!!! Que una está rayando en la treintena (uy no, po dio, aún me falta... estooooo... un año y 10 días, más o menos, toda una eternidad)... Además, este tío seguro que no tiene ni idea de qué "chica" le ha escrito la notita, seguro que ha contestado pensando en alguna rubia buenorra de 15 años... Pero si le digo que tengo 28 (¡casi 29) lo mínimo que va a pensar será: "Buf, quita, quita, una vieja". ¡Si recuerdo que cuando yo tenía 18 los de 24 me parecían jubilados del IMSERSO, poco menos!

Decidí acabar con aquella historia de la manera más rápida y limpia posible: me conecté al msn y, efectivamente, allí estaba él esperando. Le saludé, un par de frases, un par de risitas... y al grano:

"Verás... acabo de mirar tu perfil en el msn... en serio tienes 18 años?"
"Sip"
"Ehmmm... ¿Tú recuerdas qué chica soy?"
"Tengo media idea, pero refréscame la memoria"
"Verás... tengo el pelo cortito y colorado, ojos verdes, estaba sentada en una mesa con un chico" - esta vez me ahorré el "...que no era mi novio" con gran dolor de mi corazón
"Sí, ya te sitúo"
"Esto... y soy un pelín mayor que tú... tengo 28"

Escribí esa frase, cerré los ojos y puse cara de quien se va a llevar un morrazo de impresión. Al cabo de unos segundos me atreví a mirar la pantalla de nuevo:

"Ah, ningún problema... espero que a ti no te importe, seré jovencito pero se me dan muy bien determinadas cosas ;)"

Ole. Ole y ole. Viva la madre que te parió. Mi ego subió unos 25 puntos de golpe... más tarde mi vecina Cani vino a bajármelo: "pensé que este ego sería tuyo, la próxima vez avisa, me ha hecho un agujero en la moqueta".

PhotobucketLa conversación por el msn tuvo su miga. Ninguno de los dos se atrevía a dar el paso definitivo de hablar de guarreridas españolas - e inglesas - a lo bestia, más que nada porque yo a las 6 tenía que prepararme para acudir a la fiesta de celebración de la boda de mis amigos Blancaflor y Polpette (se habían casado en Málaga, pero hacían otra fiesta en Mix Village para la sección inglesa de los invitados) y la cosa fue demasiado rápido para entrar en detalles... Pero el tío me dejó más que claro que donde fuera y cuando fuera. Tan claro me lo dejó que tuve que pararle un poco los pies: freeeeena resalao, que te he visto sólo una vez, esto es muy emocionante pero a mí me gustan las cosas más pausadas... déjame marearte unos días y ya decidiré lo que hago contigo. Así, toa chula yo.

No obstante mi conciencia me estaba molestando un poquillo, así que antes de irme a la fiesta decidí pedirle consejo a mi amigo Sogo. Sogo es uno de mis ex, asturiano también, con el que tuve la inmensa suerte de superar un traumático período "post-relación" para descubrir a los muchos meses que los dos seguíamos siendo amigos... pero amigos de los de verdad, no de los de boquilla. Por desgracia es algo que suele ocurrir pocas veces.

Por supuesto, ya le había contado la historia de la pizzería con pelos y señales.

Wenas Sogo-man. Adivina. ¡El tío buenorro de la pizzería me ha contestado! Que sí que sí, y además el tío va a por todas... sólo hay un pequeño problemilla... ¡tiene 18 años! ¡Es un crío! Necesito consejo, ¿qué harías tú si te entra una tía de 18?

Lo sé. A veces peco de ingenua e inocente. La fiesta estuvo muy bien, muy divertida; hubo baile, hubo beso (de los nuevos casados, entiéndase), buena comida y gente maja. Volví a casa. Miré el correo. Mail de Sogo, con una respuesta estudiada, cuidada, elaborada y llena de sensatez y meditación previa:

yo me la tiro sin dudar, es mayor de edad

No sé pa qué coño pregunto nada.

El domingo estuvo todo el día enviándome mensajitos al correo (el camarero, no Sogo). "Estoy pensando en ti", "Me encantan tus jueguecitos", "¿Cuándo nos vemos otra vez?"... ¿Le gustaban mis juegos? Bien, entonces tendría que seguir mis normas jejeje. Esta semana me pasaría por delante del Pizza Hut alguna tarde - lo cual no me sería difícil, ya que lo tengo al lado de donde trabajo -. Le sonreiría a través del cristal sin decirle nada. Quizás alguna otra notita entregada por alguna de sus compañeras. Pero lo más importante para mí: quiero verlo otra vez para confirmar la primera impresión. Ahora que sé su edad quiero cerciorarme de que me sigue pareciendo tan buenorro como antes y que no lo veo como a mi hermano pequeño (nunca he tenido un hermano pequeño, pero digo yo que se los mirará sin deseo ni lascivia aunque estén como un tren). En caso de que me siga pareciendo Mark Vanderloo en el anuncio de colonia DKNY (a pesar de que yo no tenga los morros como Esther Cañadas... ni el cuerpo, ya puestos), en caso de que se me sigan saltando los ojos de las órbitas, en caso de que me quede pegada al cristal con mis babas y/u otros fluidos corporales... ¿Quién sabe? Quizás le deje seguir el juego.

Pero antes me aseguraré de que tenga bien cumplidos los 18. ¡Por si las moscas!

 
De pizzas y pizzeros
PhotobucketAunque no os lo creáis, yo de jovencita - quiero decir, de MÁS jovencita, por supuesto que ahora aún estoy en la flor de la juventud, que alguien se atreva a negarlo, ea - era extremadamente tímida en el tema "hombres". En mi época de 14-16 años fui una chica algo gordita, y como todos los que hayáis sufrido de sobrepeso en esas edades sabréis, los comentarios de los demás compañeros de clase son a veces muy crueles... de modo que, a pesar de que luego adelgacé, tardé bastante tiempo en recuperar la confianza en mí misma. Siempre que un chico me miraba lo primero que yo pensaba es: "Seguro que tengo una mancha en la cara, o que piensa que soy horrible, o...". En las ocasiones en las que alguien me comentaba: "Oye, que a Pepito le gustas", mi primera respuesta era: "¿Qué dices? ¡Qué va! Seguro que lo interpretas mal, ¿cómo le voy a gustar yo?".

Es muy difícil deshacerse de esa sensación, pero cuando consigues sobreponerte a ella, cuando descubres que efectivamente, algunos chicos te miran porque les gustas, y que no eres un monstruo con tentáculos del que cualquier ejemplar del sexo masculino se avergonzaría... ay mis queridos lectores, entonces se abre ante ti todo un nuevo mundo de posibilidades... ya no tienes que quedarte plantada esperando durante meses a comprobar si las descaradas insinuaciones de Pepito son reales o imaginarias... ahora puedes acercarte a Pepito provocativamente, mirarle fijamente a los ojos, ver cómo tu presencia le pone nervioso, soltarle un par de frases que le dejen aún más confunddo de lo que ya estaba, participar y hacerle partícipe del juego de la seducción... Por supuesto, de vez en cuando la cosa falla (véase capítulo anterior de mis andanzas), pero la mayoría tienes garantizado al menos un buen rato de jugueteo y emoción, y muchas veces un final de fiesta la mar de agradable.

Vamos, que ahora no me corto un pelo en tomar la iniciativa. Y todo esto viene a colación de lo que me pasó el viernes noche.

Esta semana el trabajo ha sido un desastre... las células que tenían que crecer se han quedado fritas, y las que deberían haber muerto estaban tan campantes. Me pasé horas y horas al microscopio con la inestimable ayuda de mi amigo Doc, que merece un premio a la paciencia, tratando de localizar una célula que se estuviera dividiendo para filmarla. Cuando por fin encontramos una en el estadío perfecto, resulta que a la muy guarra se le ocurre moverse en el eje vertical, así, sin avisar ni nada, y cuando volvimos a revisar la película nos encontramos con un encantador manchurrón borroso. No estoy segura del todo, pero creo que le vi sacarnos la lengua y hacernos un corte de manga citoplásmico. No pude evitarlo, le escupí. Luego me pasé media hora limpiando mis babas de la maquinaria del enormemente delicado y enormemente caro equipo microscópico de filmación celular. Pero qué a gusto me quedé, leñe.

El viernes salí del trabajo muerta de agotamiento, de frustración y de hambre. Dejé a un lado las dos primeras sensaciones y me concentré en acabar con la tercera como fuera... A ver, ¿a qué persona puedo llamar que tenga hambre a todas horas? En mi mente apareció un nombre en mayúsculas, negrita y luces de neón: Muso. Efectivamente, no había acabado aún la frase de "¿te apetece ir a comer algo por ahí?" y le vi plantado a mi lado con la lengua fuera, mirando para todos lados y musitando "¿Comida? ¿¿Dónde, dónde??".

PhotobucketUna de las pocas opciones de comer algo más o menos casero y más o menos de la tierra (de tierras inglesas, entiéndase) en este país son los pubs. Al contrario que en España, donde muchos de los restaurantes son, tan solo, "Restaurantes", es decir de comida nacional, en Inglaterra esos sitios no existen. No hay "Restaurante Inglés". Son todos chinos, vietnamitas, indios, mexicanos, españoles, italianos, turcos, portugueses y un largo etcétera. La "comida típica inglesa" parece reducirse a los "fish and chips" y al "Sunday roast" (un asado de carne y verduras que se hace los domingos). De modo que si quieres comer baratito y algo que no sea precocinado (bueno, esto a veces hay que suponerlo con muy buena voluntad) te vas al pub de turno, que suele servir comidas durante determinadas horas del día y por 5-6 libras como mucho.

En Mix Village uno de los pubs más baratos y con mejor aceptación es el Real; como además está al lado de uno de los campus universitarios más concurridos, el ambiente es muy juvenil y desenfadado, y la comida no está nada mal. Decidimos ir hasta allí a tomarnos algo... Craso error del que yo me di cuenta mientras nos aproximábamos al lugar en cuestión, para ir vislumbrando un enorme letrero colocado a la entrada: "Del 8 al 22 de Mayo en el Real, FIESTA DE LA CERVEZA". Nada más leer aquello yo ya había decidido mentalmente ir a otro lugar... pero Muso, inocentón él, estaba convencido de que encontraríamos sitio: "Venga mujer, esto tiene tres pisos, alguna mesa libre habrá". "Muso, niño, una fiesta de la cerveza en Inglaterra es como la Happy Hour en un puticlub de un pueblo de solteros... ¡tendremos suerte si conseguimos entrar siquiera!". "Desde luego Pili, qué negativa eres, estoy seguro de que algo habrá".

Definitivamente este hombre no debería dedicarse a la adivinación.

Tardamos unos 15 minutos en recorrer los 3 metros que separan la puerta de entrada del bar propiamente dicho. Nos pisaron. Nos aplastaron. Nos tiraron cerveza encima. ¿Mesas libres? Para eso primero deberíamos haber empujado a los que bailaban encima de ellas. La gente sostenía las jarras de cerveza por encima de las cabezas y para beber poco menos que se la "escanciaba" en la boca desde lo alto, cual sidra asturiana. Había ingleses borrachos hasta subidos en las lámparas. Los camareros directamente ponían en fila unas 20 jarras y las llenaban con mangueras. Agarré a Muso de las patillas y regresé como pude a la puerta caminando sobre cabezas, manos y pies. Una vez fuera, empapados de perfume "Eau de Birra", con los pelos de punta y la mirada desencajada, Muso sólo acertaba a decir "Vale, es posible que hubiera un pelín de gente allá adentro". Si las miradas pueden matar, la mía mataba tres veces con tortura previa.

Nos fuimos a otro pub, el Erizo. Por supuesto, los únicos que estaban en el pub eran los camareros y un par de clientes despistados que no se habían enterado de la fiesta de la cerveza del Real. Nos abalanzamos sobre el mostrador a pedir algo de comer. El camarero nos miró con cara de espanto y horror y nos espetó: "I'm sorry, no servimos cenas ya, es muy tarde"

Miramos el reloj.

Eran las 7:45 de la tarde.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡INGLESES!!!!!!!!!

¡A la porra la comida sana! ¡Tantas buenas intenciones para nada! Nos metimos de cabeza en el Pizza Hut.

Como todas las veces, una camarera bastante simpática nos llevó a la mesa y nos dejó los menús para que fuéramos decidiéndonos, aunque la verdad es que siempre pedíamos lo mismo: para Muso una mediana Cheese Feast ("Fiesta de Queso") y para mí, por llevar la contraria y porque soy más rara que un perro verde y no me gusta el queso, una Chicken Feast ("Fiesta de Pollo") sin nada de mozzarella. Al principio en la pizzería ponían cara de horror ante una cliente que pide una pizza sin queso. Ahora no, ya sólo ponen cara de lástima.

PhotobucketMientras hacíamos como que mirábamos el menú, así sin avisar, sin advertencia previa, sin equipo de reanimación preparado, apareció ÉL. ÉL llevaba el uniforme de Pizza Hut, pero debía ser para despistar, porque estaba más que claro que era un demonio del infierno reencarnado en hombre destinado a despertar los deseos más lascivos de las incautas que toparan con ÉL. Debía tener unos veintipocos años. Salía de la cocina y se dirigía hacia mí a cámara lenta y rodeado de un aura brillante, como en las películas. Sonrió a una compañera de trabajo y su sonrisa lanzaba destellos como en los anuncios de Colgate (¿¿¿Colgate??? No, lo que quiero es sobate, besate y follate too, pero ya mismo, aquí y encima de la mesa...). Mi mandíbula hizo "CLONC" al chocar contra la mesa y la lengua se me desenroscó cual matasuegras. Casi me la pisa un niño chino al pasar. Lo volví a colocar todo en su sitio como pude antes de que Muso levantara la vista. El ser celestial aquel se paró al lado de nuestra mesa, me miró, sonrió de nuevo (brlrbrlrbrlrbrl) y con voz profunda y masculina preguntó "¿Han decidido ya lo que desean tomar?"

Pregunta estúpida... Yo lo había decidido nada más verle aparecer... pero creo que el chaval no se refería a eso... cachis...

"S... sí... ehm... yo quería... esto... quería una pich... ¡¡¡pizza!!! una pizza pe... pequeña sin qu.. queso y un beso... estoooo... ¡¡un vaso!! de cocacola... por favor..."

"¿Sin NADA de queso?" - esta pregunta es obligada cuando me atiende un camarero que no conoce aún mis excentricidades :P

Si me lo traes tú no me quejaría aunque esuviera cubierta de queso cabrales... "Estooo... sí, sin nada que qu... queso"

"¿Y el caballero?" ¡¡¡¡El caballero no es mi novio, ¿eh?!!! que conste, estoy libre, libre como el viento, como el sol cuando amanece, como el mar, pero si me lo pides me iría contigo ahora mismo a que me encadenaras en una isla desierta. Ah no... que se refería a qué quería comer.. ains, qué despiste.

ÉL se dio la vuelta (dios qué culooooo) y se fue a entregar los pedidos. Fijar la mirada en otra cosa resultaba la mar de complicado, teniendo en cuenta que los demás clientes del local eran: una pareja de chinos espantosamente feos con un niño que no paraba de dar viajes al carrito de los helados (y no iba a colar que yo mirara al niño diciendo "uy qué ricoooo", que Muso me conoce y sabe el amor que profeso yo por esas pequeñas criaturitas) y una mesa de adolescentes engominados y chillones un poco más allá. Además, francamente, ya podía haber estado allí una convención de Mister Universos que me habría dado igual. ÉL era ÉL...

Si me hubiera pasado esto estando con Rizos, por ejemplo, ambas dos nos habríamos pasado la velada completa mirándole descaradamente y tratando de llamar su atención como fuera. Echándonoslo a suertes. Fantaseando con lo que haríamos con él en la oscuridad. Y en la luz. Y encima de la lavadora, y debajo del órgano de la iglesia parroquial... Pero estar con tu exnovio es algo más incómodo, ya que ahí participan sentimientos aún no olvidados, y un exnovio reciente no está preparado para verte babear por otro tío, incluso aunque sólo sea algo meramente físico. Así que me pasé toda la cena mirando fijamente a mi plato y devolviendo mis globos oculares a sus cuencas cuando trataban de escaparse detrás del trasero de ÉL.

Pedí que me rellenara tres veces el vaso de coca cola sólo para no perderle de vista demasiado :P

Por supuesto, al final de la noche el litro y medio de líquido había hecho su efecto y dejé a Muso esperándome en la puerta mientras yo iba al baño. A la vuelta estaba yo pasando al lado de la mesa en la que habíamos comido... la factura estaba aún allí, con la propinilla de rigor (haberle dejado 10 libras habría sido demasiado descarado, ¿verdad?). Sonreí. Di la vuelta. Me acerqué a una chica que estaba limpiando una de las otras mesas.

"Perdona, ¿tienes un boli?"

"Sí, claro, toma"

Miré a ambos lados... no había moros en la costa... me agaché y dejé un mensajito en la factura:

You're nice! ("¡Guapo!")
pilimindrina@gmail.com

Vale, no le di ese mail, le di el de "verdad"... entre otras cosas porque como un inglés hubiese tenido que escribir "pilimindrina" me podía dar por no contestada.

Me escabullí hasta la puerta y acompañé a Muso a recoger su bici, que estaba justo al lado de una de las ventanas del Pizza Hut. Mientras hablaba con él de su trabajo y de alguna chorradilla más, tenía un ojo puesto en la mesa.

PhotobucketDe repente veo acercarse a la camarera que nos había indicado la mesa y agarrar la bandejita con la factura y la propina... ¡¡¡NO!!! ¡No podía ser! La tía esa no se pensaría quedar la propina, ¿verdad? Y lo más importante... ¿No se pensaría quedar con la factura verdad? ¡Ains, sufrimiento cruel! No podía quedarme más tiempo disimulando y mirando por la ventana... sin embargo lo último que pude ver fue a la camarera cogiendo la factura y leyéndola con atención...

Adiós notita... ay mísera de mí, ay infelice... Murphy, veo que me sigues queriendo... ¡pero podrías dejarme en paz de vez en cuando, leches! Grrrrrrr...

Muso y yo nos despedimos y nos fuimos cada uno para su casa.

El viernes me fui pronto para la cama... estaba agotada. El sábado por la mañana a las 9 estaba ya en pie. Como siempre, después de desayunar revisé el correo.

Tenía un mensaje de una dirección muy rara, de hecho estuve a punto de mandarlo directamente a la papelera, pensando que sería spam. Pero ocupaba muy poquito, tan solo 2k, así que lo abrí por curiosidad más que nada.

"Hola, soy el camarero del Pizza Hut... pensé que tenía que contestar, ¡aunque no estoy seguro de si es una broma o no!"

¡¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!

¡Uy, pero qué largo me está quedando este artículoooo! Seguro que a ninguno de vosotros le importa que lo interrumpa aquí y siga con la historia más adelante, ¿verdad? Emoción, intriga, dolor de barriga... hace un día precioso y me apetece salir a dar un paseo. ¡Hasta la próxima! ;PPP
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Esos extraños seres llamados "hombres"...
¡Cuántas veces en la vida crees que la situación está controlada y es totalmente predecible! ¡Cuántas veces en la vida el destino se encarga de darte un morrazo y demostrarte que le encanta cambiar las normas del juego!

PhotobucketEl fin de semana pasado fue un coñazo. Total y absolutamente, un coñazo. El tiempo fue desastroso: tormentas de granizo espaciadas por breves momentos de sol que te hacían albergar esperanzas de que el día mejoraría... pero de eso nada, a los 5 minutos un nuevo aluvión de trozos de hielo del tamaño de garbanzos acababa con tus tenues esperanzas. De Ojitos no había noticias, ni esperaba tenerlas. Unos amigos habían quedado en llamarme el sábado para salir por ahí... al final llamaron a las 9:30 de la noche para decir que no salían, de modo que me quedé metida en casa, más sola que la una.

El domingo mi único plan consistía en buscar un lugar donde emitiesen la fórmula 1 para animar a mi paisanín Fernando Alonso, cosa que hice en compañía de Muso, mi ex. Tuvimos que salir corriendo del bar a mitad de carrera para buscar otro sitio donde lo emitieran, ya que al dueño se le ocurrió la feliz idea de cambiarlo por... nada más y nada menos... ¡que el fútbol italiano! Grmbblblblblbl... Graciosilla la coincidencia, ¿verdad?

Por la noche, ya sola en casa, me sorprendía una y otra vez pensando en Ojitos... aunque me había prometido no llamarle ni escribirle tampoco quería estar esperando eternamente a ver si se dignaba a contactar él conmigo, de modo que decidí dejarme de falsos orgullos y estupideces y ser directa. Le escribí un mail que decía:

"Hola ragazzo, ya casi se me ha olvidado tu cara. Poniendo las cartas sobre la mesa, debo decirte que el sábado me pareciste un chico muy interesante y que me gustaría volver a verte, aunque sólo sea para ver si sigues siéndolo fuera de una fiesta. Pero odio perseguir a alguien que no quiere mantener el contacto, así que te lo preguntaré directamente: ¿quieres volver a verme o no?"

El lunes por la mañana llegó la respuesta en forma de un mail interminable... yo no daba crédito a que, después de comunicarse por medio de frases de 4 palabras como mucho, de repente me llegara aquella novela en fascículos. Se podría resumir en que sus últimas semanas habían sido un infierno, que después de nuestra aventurilla estaba seguro de que un chico como él no podría interesarle a una chica como yo (ya me diréis por qué, con lo bueno que está el tío) y que había pensado en cortar el contacto, pero que mi mail le había convencido de lo contrario. Así que si me venía bien quedábamos para tomar algo el martes.

"Hola ragazzo. Me parece bien quedar mañana, pero más te vale no volver a cambiarme por un partido de fútbol o de lo contrario te encontraré y te arrancaré uno a uno los pelillos de los huevos con pinzas. Un beso, Pilimindrina"

PhotobucketMi amenaza surtió efecto, y el martes por la tarde a las 6:30 volvimos a encontrarnos. Qué bueno que está el tío, po dio. Nos fuimos a un pub al lado de mi casa y estuvimos hablando unas dos horas. Tras acabar nuestra segunda cerveza propuso venirse a mi casa... aún recordaba que el sábado le había dicho que tocaba el teclado y tenía uno, y dijo que le gustaría probar a tocar algo... Tú ven a casa y tocas lo que quieras, corazón... ainsssss. Una vez en casa demostró que no hablaba en broma y me deleitó con una interpretación preciosa de "Knocking on Heaven's door". Como se hacía tarde, el tío se ofreció a hacerme la cena, se arremangó y me hizo unos fusilli con salsa que no estaban nada mal, y nos pusimos a ver una peli italiana que se había traído.

Sin embargo, a pesar de lo idílico de la situación, algo iba mal.

Todo el rato desde que entró el chaval estaba de lo más cariñoso... abrazos por aquí, arrumacos por allá... en el sofá me agarraba por el hombro y me acercaba a él... pero no pasaba de ahí. Besitos en la mejilla. Todo aquello era algo raro para mí, de hecho me hacía sentirme incómoda, porque no es el tipo de trato que se suele tener con una persona al segundo día de conocerla... para hablar claro: si quedas con un tío con el que has tenido una aventura de una noche, esperas:

a) Entrar en casa y abalanzaros el uno sobre el otro entre suspiros de pasión desenfrenada.
b) Una situación incómoda en la que no sabéis qué deciros
c) pasarlo bien tomando algo y quedar como amigos

PhotobucketPero esta situación de "mimitos fraternales" me tenía la mar de desconcertada. Decidí no tomar la iniciativa de nada para ver qué pretendía el chaval. La peli terminó y serían sobre las 11 de la noche. Ojitos me miro sonriendo y me dijo: "es algo tarde para volver a casa ahora, ¿te importa que me quede a dormir?". Yo me aguanté las ganas de contestar 'como te quedes aquí lo menos que vas a hacer es dormir' y en vez de ello dije: "claro, estás en tu casa"... ¡Esta era la mía! ¡Ahora se acabarían los cariñitos inocentes y allí iban a saltar chispas toda la noche! Al día siguiente me dormiría encima de mis cultivos celulares, pero merecería la pena...

Poco me imaginaba yo lo que iba a pasar...

Ojitos se metió en el baño, se quedó en gallumbos y se metió en la cama. Yo me quedé en camiseta y me metí en la cama con él. Dobló la almohada, dio unas 15 vueltas hasta que pilló la postura, me agarró la mano, me abrazó poniendo su cara en mi cuello, me dio unos besitos en la mejilla... ¡¡¡y se puso a roncar el tío!!!

¿¿¿ALGUIEN ENTIENDE UNA PIZCA DE