¿Una casa encantada? (parte I)
Después de casarse, Maus y su mujer estuvieron viviendo de alquiler en un piso hasta que los problemas que tuvieron con un vecino drogadicto, que al parecer era familiar de un policía local (lo cual hacía que las denuncias quedaran en nada... si es que casos de enchufismo los hay en todas partes) les hicieron tomar la decisión de trasladarse a la casa de los padres de ella como solución temporal. Buena la hicieron. Según descripción made in Maus, sus suegros son la gente más paranoica y repulsiva que encontrarse pueda... incluso su mujer compartía esta misma opinión. Esta gente al parecer está enemistada con toda su propia familia y parte de la ajena, sobre todo desde una fuerte discusión que tuvieron con la familia de Maus... ¡en su propia boda!.
El suegro es un coleccionista compulsivo de todo tipo de cosas extrañas, que guarda por toda la casa, a veces expuestas, a veces en cajas de cartón: muñequitas de plástico, posavasos, cajas de puros, de cigarrillos, atizadores (sí, de estos que parecen tenedores gigantes con los que se revuelven las cenizas de la chimenea... al parecer tiene cientos de ellos)... Incluso guarda todos y cada uno de los billetes de tren y autobús que ha usado, por si algún día “pudieran tener algún valor”. El candidato perfecto al síndrome de Diógenes. Calculo que le faltan unos 2 años ara empezar a guardar recortes de uñas y pelotillas del ombligo.
La suegra (todo esto según descripción de Maus) es una mujer que carece de los mínimos cánones de limpieza: se pasa el día delante de la televisión soltando gas por todos los orificios corporales y oliendo a repollo, no se lava jamás y tener que mantener una conversación con ella implica estar obligado a contener la respiración para no sufrir su halitosis. Maus me cuenta que en todos los rincones de la casa podían encontrarse pelos grises de aquella mujer: en la mesa, en la pila de la cocina, en la tapa del water, incluso dentro de la lavadora.
La casa de los suegros de Maus, aparte de resultar altamente incómoda para moverse (resultado de las montañas de cajas apelotonadas por todas partes) expele un desagradable olor a “tienda de segunda mano”. Al parecer, aunque esta gente tiene bastante dinero, no gastan un duro si pueden evitarlo, y compran toda su ropa, y la mayoría de los muebles, en tiendas de segunda mano o del Ejército de Salvación. Los fogones de la cocina y el horno están permanentemente cubiertos de una capa de mugre tan gruesa que en ocasiones se prende fuego al tratar de cocinar. En todo el tiempo que estuvo viviendo allí, Maus nunca tuvo estómago para atreverse a sentarse en la taza del inodoro.
Cuando la situación comenzó a resultar insostenible, Maus y su mujer decidieron comprarse una casa. Aunque claro, con los sueldos que tenían (él es técnico de laboratorio, y ella trabaja a media jornada en un supermercado) buscarla en o en los alrededores de Mix Village era como tratar de entrar en un concierto de la Sinfónica de Viena mostrando tu carnet de la biblioteca. Finalmente encontraron una que se podían permitir en North, un diminuto pueblo en las cercanías de la ciudad de donde procede Maus.
Sin embargo, cuando Maus trató de buscar trabajo cerca de la nueva casa, y de hecho lo encontró, entonces su mujer se negó en redondo a irse. Mejor esperar un poco más, total, si estaban bien allí, blablabla. El tiempo pasaba y la situación con sus suegros, amén de su situación marital, entraron en seria crisis. Por aquella época más o menos fue cuando yo entré a trabajar en el Departamento. Por aquella época también, según me cuenta, me vio por primera vez y ya no pudo dejar de robarme miradas tímidas. Su vida era una mierda, su trabajo era una mierda, y no encontraba nada que le animara a seguir. Pero al menos tenía una mirada curiosa de ojos verdes con la que cruzarse, y esos momentos se olvidaba de todo.
El pasado viernes 21 de Octubre, el marido frustrado y la chica de ojos verdes se fueron a la casa de North después de que aquél abandonara a su mujer y la casa que tanto odiaba.
Durante la mayor parte del viaje estuvimos en silencio, él perdido en sus pensamientos y yo dormitando a causa de los 3 Bacardis que me había tomado en la Happy Hour del Departamento. La carretera estaba oscura cual boca de lobo – las carreteras inglesas no destacan precisamente por su iluminación – y apenas se distinguía nada más allá de la ventanilla del coche hasta que estuvimos prácticamente en la puerta de su casa. Salí del coche llena de curiosidad, sin saber qué esperarme de la casa de Maus. Él sólo me había comentado que cuando la compraron estaba en una situación lamentable: el papel de las paredes destrozado, los pocos muebles en estado deplorable y la moqueta (recordemos que os ingleses no saben vivir sin moqueta) cubierta de ronchas de vómito de perro. Apestaba. Maus se había puesto manos a la obra y había reformado él solito todo el piso bajo de la casa. Así me enteré de que uno de sus hobbies es la carpintería.
Me abrió la puerta de entrada y me quedé con la boca abierta. No sé cómo estaría antes, pero desde luego el chico había hecho un espléndido trabajo: la casa estaba impecable, la moqueta era cálida y blandita y no tenía una sola mancha. Las paredes estaban pintadas con alegres colores (azul, amarillo, naranja) y los muebles de madera color cerezo le añadían un toque rural que me encantó. En el techo, Maus había utilizado la pintura blanca para añadir adornos en forma de espiral. Los azulejos de la pared del baño formaban un dibujo de peces multicolores que se complementaba con las piedrecillas estampadas sobre los del suelo. Las lámparas, los apliques, los cubre radiadores... todo había sido montado y colocado con infinito esmero. “Joer Maus, ¿por qué no te dedicas a esto? ¡Podrías forrarte!”, exclamé con una admiración totalmente auténtica. Él se sonrojó y sonrió.
En el piso de arriba había dos habitaciones enormes y un pequeño cuartito, que anteriormente había sido un baño. Se notaba que aún no habían sido tocadas: el papel de las paredes, aunque no estaba tan mal conservado, tenía el estampado más cursi que encontrarse pueda. Había montañas de cajas, libros y CDs aún sin ordenar. En la habitación a la derecha de las escaleras había también una puertecita junto a la cama que me llamó la atención.
“¿Qué hay detrás de esa puerta?”
“Ah, eso... verás, es algo muy raro. Cuando compramos la casa eso era una especie de armario, pero sin estanterías, ni perchas, ni nada. Sólo un espacio vacío, oscuro, con un pequeño ventanuco en el techo por el que se accedía al ático. El caso es que ese agujero es tan pequeño, que sólo un niño cabría por él. La entrada principal al ático está justo sobre la escalera, así que no sé qué pintaba ese agujerito ahí. Verás.”
Maus abrió la puerta del armario. Lo había llenado completamente de estantes abarrotados de libros y juegos de mesa. Apenas se podía vislumbrar nada detrás.
“Si miras a través de esta rendija puedes ver lo que te he dicho”
Acerqué la cara y, efectivamente, noté que detrás de los estantes había un espacio vacío. Una extraña sensación me invadió... era como si al mirar allá atrás dejaras de oír los sonidos de la habitación (los pasos de Maus, el claqueteo de la calefacción, la voz de algún vecino afuera...) y sólo escucharas el silencio mohoso y polvoriento de aquel extraño hueco. Me estremecí.
“¿Tú también lo notas?”, me preguntó Maus
“¿El qué?”
“Pues... cuando mi hermano Jazz estuvo aquí por primera vez y vio este cuartito me dijo que había algún tipo de fuerza allá adentro. Por eso lo bloqueé con cosas... me da escalofríos”
En seguida me picó la curiosidad: “¿Has estado arriba en el ático? ¿En el lugar a donde da ese agujero?”
“Sí, estuve una vez. Pero no he vuelto.” Se puso muy serio.
“Me tienes en ascuas, venga cuéntame”
“Verás, al principio, cuando estaba trabajando en el piso bajo, guardaba casi todas las cosas allá en el ático: los rollos de moqueta, las maderas, la pintura... Después decidí arreglar el ático también, porque es un lugar sumamente oscuro y sucio. Subí con una linterna para examinarlo, y sí, también para ver si localizaba el agujerito ese y el lugar al que conduce. Y encontré algo curiosísimo”.
Mis ojos brillaban. Me sentía como una niña de 10 años sentada en torno a un fuego de campamento mientras el monitor nos cuenta una historia de miedo.
“Sigue”
“Encontré algo muy raro: yo creía que el ático era un solo espacio, quizá con algo de porquería, tablas y todo eso, o montones de cosas viejas, esparcidas por los rincones. Sin embargo en el lado derecho, el que da a la habitación, me encontré con una pared con una pequeña puertecita. La abrí y entré, y me encontré en una estancia completamente cúbica, con el agujero ese en el centro.”
“¿Una habitación escondida?”, pregunté yo intrigada.
“Eso parece”
“¡Genial! ¿Crees que algún vecino tenía a alguien allá encerrado años atrás?”
“Lo pensé yo también, de hecho esta casa tiene casi 100 años... pero parecería demasiado obvio, ¿no?, como en una de esas películas de terror de serie B. De todas formas, al estar un rato en aquel lugar empecé a sentirme mal”
“¿A sentirte mal?”
“Sí, una cosa muy tonta, empecé a asustarme, sentí como si hubiera alguien más allá conmigo. Una sensación opresiva...” Me miró y se puso algo colorado “Tengo que confesarte que salí de allí corriendo y casi me caigo por el ventanuco. Desde entonces sólo he entrado allí durante unos pocos segundos a recoger alguna de las cosas. Ese lugar me da escalofríos.”
“¿Ha ocurrido alguna otra cosa rara más?”
Me miró y pareció pensárselo un rato antes de contestar: “Algunas, pero seguro que sólo son cosas de mi imaginación”
“¡Ah. No! No te pienses que me vas a dejar así: ahora vas y me las cuentas”
“Verás... un par de veces nos ha pasado a mi mujer y a mí, de estar cocinando o leyendo en el piso de abajo, y tener la impresión de que alguien nos llamaba. Cuando me pasó a mí creí que era ella, así que subí al piso de arriba preguntándole qué quería. Allí no había nadie. Me la encontré bajando las escaleras, preguntándome qué hacía hablando solo. Había estado todo el rato en el salón”
“Uauh”
“Ella pensó que le tomaba el pelo, hasta que le ocurrió lo mismo. Yo estaba en el baño, y al salir la veo subir corriendo las escaleras, diciendo ‘¿qué quieres?’. Al rato volvió a bajarlas y se me quedó mirando, diciendo: ‘¿pero por dónde has bajado tan rápido?’. No me creía cuando le decía que había estado en el baño desde el principio, y que no la había llamado”.
Yo había estado todo ese rato al lado de la puerta del armario aquel. A medida que Maus seguía hablando me fui alejando y acabé cerrando la puerta, incómoda.
“¿Algo más?”
“Sí bueno, a veces si te acercas y escuchas parece como si oyeras voces”
“Bueno Maus, el agujero del techo da al ático, pueden ser vecinos hablando en su casa y el sonido viajar por las tuberías”
“Sí, puede ser. Pero es muy raro. Quizás lo escuches tú también, ya verás. También se escuchan sonidos extraños, como si alguien golpeara una puerta, pero muy bajito”.
Mi mente comenzó a dar vueltas: un niño encerrado en el ático muchos años atrás... un hijo ilegítimo que debía esconderse... ¿o quizás un ser deforme que pasaba sus días en el ático esperando poder ver la luz del sol? Esto me pasa por leer tantos libros de Stephen King... Una cosa estaba más que clara: al día siguiente yo tenía que investigar en aquel ático. Costase lo que costase.
El suegro es un coleccionista compulsivo de todo tipo de cosas extrañas, que guarda por toda la casa, a veces expuestas, a veces en cajas de cartón: muñequitas de plástico, posavasos, cajas de puros, de cigarrillos, atizadores (sí, de estos que parecen tenedores gigantes con los que se revuelven las cenizas de la chimenea... al parecer tiene cientos de ellos)... Incluso guarda todos y cada uno de los billetes de tren y autobús que ha usado, por si algún día “pudieran tener algún valor”. El candidato perfecto al síndrome de Diógenes. Calculo que le faltan unos 2 años ara empezar a guardar recortes de uñas y pelotillas del ombligo.La suegra (todo esto según descripción de Maus) es una mujer que carece de los mínimos cánones de limpieza: se pasa el día delante de la televisión soltando gas por todos los orificios corporales y oliendo a repollo, no se lava jamás y tener que mantener una conversación con ella implica estar obligado a contener la respiración para no sufrir su halitosis. Maus me cuenta que en todos los rincones de la casa podían encontrarse pelos grises de aquella mujer: en la mesa, en la pila de la cocina, en la tapa del water, incluso dentro de la lavadora.
La casa de los suegros de Maus, aparte de resultar altamente incómoda para moverse (resultado de las montañas de cajas apelotonadas por todas partes) expele un desagradable olor a “tienda de segunda mano”. Al parecer, aunque esta gente tiene bastante dinero, no gastan un duro si pueden evitarlo, y compran toda su ropa, y la mayoría de los muebles, en tiendas de segunda mano o del Ejército de Salvación. Los fogones de la cocina y el horno están permanentemente cubiertos de una capa de mugre tan gruesa que en ocasiones se prende fuego al tratar de cocinar. En todo el tiempo que estuvo viviendo allí, Maus nunca tuvo estómago para atreverse a sentarse en la taza del inodoro.
Cuando la situación comenzó a resultar insostenible, Maus y su mujer decidieron comprarse una casa. Aunque claro, con los sueldos que tenían (él es técnico de laboratorio, y ella trabaja a media jornada en un supermercado) buscarla en o en los alrededores de Mix Village era como tratar de entrar en un concierto de la Sinfónica de Viena mostrando tu carnet de la biblioteca. Finalmente encontraron una que se podían permitir en North, un diminuto pueblo en las cercanías de la ciudad de donde procede Maus.
Sin embargo, cuando Maus trató de buscar trabajo cerca de la nueva casa, y de hecho lo encontró, entonces su mujer se negó en redondo a irse. Mejor esperar un poco más, total, si estaban bien allí, blablabla. El tiempo pasaba y la situación con sus suegros, amén de su situación marital, entraron en seria crisis. Por aquella época más o menos fue cuando yo entré a trabajar en el Departamento. Por aquella época también, según me cuenta, me vio por primera vez y ya no pudo dejar de robarme miradas tímidas. Su vida era una mierda, su trabajo era una mierda, y no encontraba nada que le animara a seguir. Pero al menos tenía una mirada curiosa de ojos verdes con la que cruzarse, y esos momentos se olvidaba de todo.El pasado viernes 21 de Octubre, el marido frustrado y la chica de ojos verdes se fueron a la casa de North después de que aquél abandonara a su mujer y la casa que tanto odiaba.
Durante la mayor parte del viaje estuvimos en silencio, él perdido en sus pensamientos y yo dormitando a causa de los 3 Bacardis que me había tomado en la Happy Hour del Departamento. La carretera estaba oscura cual boca de lobo – las carreteras inglesas no destacan precisamente por su iluminación – y apenas se distinguía nada más allá de la ventanilla del coche hasta que estuvimos prácticamente en la puerta de su casa. Salí del coche llena de curiosidad, sin saber qué esperarme de la casa de Maus. Él sólo me había comentado que cuando la compraron estaba en una situación lamentable: el papel de las paredes destrozado, los pocos muebles en estado deplorable y la moqueta (recordemos que os ingleses no saben vivir sin moqueta) cubierta de ronchas de vómito de perro. Apestaba. Maus se había puesto manos a la obra y había reformado él solito todo el piso bajo de la casa. Así me enteré de que uno de sus hobbies es la carpintería.
Me abrió la puerta de entrada y me quedé con la boca abierta. No sé cómo estaría antes, pero desde luego el chico había hecho un espléndido trabajo: la casa estaba impecable, la moqueta era cálida y blandita y no tenía una sola mancha. Las paredes estaban pintadas con alegres colores (azul, amarillo, naranja) y los muebles de madera color cerezo le añadían un toque rural que me encantó. En el techo, Maus había utilizado la pintura blanca para añadir adornos en forma de espiral. Los azulejos de la pared del baño formaban un dibujo de peces multicolores que se complementaba con las piedrecillas estampadas sobre los del suelo. Las lámparas, los apliques, los cubre radiadores... todo había sido montado y colocado con infinito esmero. “Joer Maus, ¿por qué no te dedicas a esto? ¡Podrías forrarte!”, exclamé con una admiración totalmente auténtica. Él se sonrojó y sonrió.
En el piso de arriba había dos habitaciones enormes y un pequeño cuartito, que anteriormente había sido un baño. Se notaba que aún no habían sido tocadas: el papel de las paredes, aunque no estaba tan mal conservado, tenía el estampado más cursi que encontrarse pueda. Había montañas de cajas, libros y CDs aún sin ordenar. En la habitación a la derecha de las escaleras había también una puertecita junto a la cama que me llamó la atención.“¿Qué hay detrás de esa puerta?”
“Ah, eso... verás, es algo muy raro. Cuando compramos la casa eso era una especie de armario, pero sin estanterías, ni perchas, ni nada. Sólo un espacio vacío, oscuro, con un pequeño ventanuco en el techo por el que se accedía al ático. El caso es que ese agujero es tan pequeño, que sólo un niño cabría por él. La entrada principal al ático está justo sobre la escalera, así que no sé qué pintaba ese agujerito ahí. Verás.”
Maus abrió la puerta del armario. Lo había llenado completamente de estantes abarrotados de libros y juegos de mesa. Apenas se podía vislumbrar nada detrás.
“Si miras a través de esta rendija puedes ver lo que te he dicho”
Acerqué la cara y, efectivamente, noté que detrás de los estantes había un espacio vacío. Una extraña sensación me invadió... era como si al mirar allá atrás dejaras de oír los sonidos de la habitación (los pasos de Maus, el claqueteo de la calefacción, la voz de algún vecino afuera...) y sólo escucharas el silencio mohoso y polvoriento de aquel extraño hueco. Me estremecí.
“¿Tú también lo notas?”, me preguntó Maus“¿El qué?”
“Pues... cuando mi hermano Jazz estuvo aquí por primera vez y vio este cuartito me dijo que había algún tipo de fuerza allá adentro. Por eso lo bloqueé con cosas... me da escalofríos”
En seguida me picó la curiosidad: “¿Has estado arriba en el ático? ¿En el lugar a donde da ese agujero?”
“Sí, estuve una vez. Pero no he vuelto.” Se puso muy serio.
“Me tienes en ascuas, venga cuéntame”
“Verás, al principio, cuando estaba trabajando en el piso bajo, guardaba casi todas las cosas allá en el ático: los rollos de moqueta, las maderas, la pintura... Después decidí arreglar el ático también, porque es un lugar sumamente oscuro y sucio. Subí con una linterna para examinarlo, y sí, también para ver si localizaba el agujerito ese y el lugar al que conduce. Y encontré algo curiosísimo”.
Mis ojos brillaban. Me sentía como una niña de 10 años sentada en torno a un fuego de campamento mientras el monitor nos cuenta una historia de miedo.
“Sigue”
“Encontré algo muy raro: yo creía que el ático era un solo espacio, quizá con algo de porquería, tablas y todo eso, o montones de cosas viejas, esparcidas por los rincones. Sin embargo en el lado derecho, el que da a la habitación, me encontré con una pared con una pequeña puertecita. La abrí y entré, y me encontré en una estancia completamente cúbica, con el agujero ese en el centro.”
“¿Una habitación escondida?”, pregunté yo intrigada.
“Eso parece”
“¡Genial! ¿Crees que algún vecino tenía a alguien allá encerrado años atrás?”
“Lo pensé yo también, de hecho esta casa tiene casi 100 años... pero parecería demasiado obvio, ¿no?, como en una de esas películas de terror de serie B. De todas formas, al estar un rato en aquel lugar empecé a sentirme mal”
“¿A sentirte mal?”
“Sí, una cosa muy tonta, empecé a asustarme, sentí como si hubiera alguien más allá conmigo. Una sensación opresiva...” Me miró y se puso algo colorado “Tengo que confesarte que salí de allí corriendo y casi me caigo por el ventanuco. Desde entonces sólo he entrado allí durante unos pocos segundos a recoger alguna de las cosas. Ese lugar me da escalofríos.”
“¿Ha ocurrido alguna otra cosa rara más?”
Me miró y pareció pensárselo un rato antes de contestar: “Algunas, pero seguro que sólo son cosas de mi imaginación”
“¡Ah. No! No te pienses que me vas a dejar así: ahora vas y me las cuentas”
“Verás... un par de veces nos ha pasado a mi mujer y a mí, de estar cocinando o leyendo en el piso de abajo, y tener la impresión de que alguien nos llamaba. Cuando me pasó a mí creí que era ella, así que subí al piso de arriba preguntándole qué quería. Allí no había nadie. Me la encontré bajando las escaleras, preguntándome qué hacía hablando solo. Había estado todo el rato en el salón”
“Uauh”
“Ella pensó que le tomaba el pelo, hasta que le ocurrió lo mismo. Yo estaba en el baño, y al salir la veo subir corriendo las escaleras, diciendo ‘¿qué quieres?’. Al rato volvió a bajarlas y se me quedó mirando, diciendo: ‘¿pero por dónde has bajado tan rápido?’. No me creía cuando le decía que había estado en el baño desde el principio, y que no la había llamado”.Yo había estado todo ese rato al lado de la puerta del armario aquel. A medida que Maus seguía hablando me fui alejando y acabé cerrando la puerta, incómoda.
“¿Algo más?”
“Sí bueno, a veces si te acercas y escuchas parece como si oyeras voces”
“Bueno Maus, el agujero del techo da al ático, pueden ser vecinos hablando en su casa y el sonido viajar por las tuberías”
“Sí, puede ser. Pero es muy raro. Quizás lo escuches tú también, ya verás. También se escuchan sonidos extraños, como si alguien golpeara una puerta, pero muy bajito”.
Mi mente comenzó a dar vueltas: un niño encerrado en el ático muchos años atrás... un hijo ilegítimo que debía esconderse... ¿o quizás un ser deforme que pasaba sus días en el ático esperando poder ver la luz del sol? Esto me pasa por leer tantos libros de Stephen King... Una cosa estaba más que clara: al día siguiente yo tenía que investigar en aquel ático. Costase lo que costase.
(continuará)
Etiquetas: casas encantadas
Dos hermanos: un médium y un cabrón
El jueves pasado Maus dejó a su mujer. Así, de golpe. El lunes alquiló un apartamento pequeñito en las afueras de la ciudad, el martes, miércoles y jueves se dedicó a trasladar sus cosas mientras su mujer estaba en el trabajo, y el viernes fue a buscarla a la salida para decirle que se acabó. Todo esto me lo fue contando a medida que iba ocurriendo, pero a mí me sonaba a algo irreal y no me lo tomé demasiado en serio hasta que le vi el viernes por la tarde. Pero no adelantemos acontecimientos...
Hace algunas semanas Maus me habló por primera vez de su hermano Jazz. Jazz trabaja también en la ciencia, aunque no en la universidad; tiene un hijo de 4 añitos (Axel) y entre sus múltiples hobbies está componer música - tiene una banda en la que a cada poco despide a alguno de sus componentes - y... el ocultismo (pronúnciese esta palabra con voz tenebrosa de Constantino Romero y música de órgano de iglesia de fondo).
Pues sí, aunque la idea de que una persona pueda ser a la vez científico y médium parece tan probable como llegar a presidente de los EEUU teniendo el cociente intelectual de una ameba, la realidad es tozuda y se empeña en cumplir en ocasiones las predicciones más rocambolescas (ambas en este caso). Jazz tiene poderes paranormales, es capaz de ver espíritus y guiarles en su paso a una dimensión superior y puede predecir el futuro. Todo eso mientras come Doritos y monta una estantería del IKEA.
De hecho, si Maus comenzó a hablarme de su excéntrico hermano mayor fue precisamente porque en una de sus últimas visitas a su casa, Jazz le comentó que había visto una imagen de una niña de unos 8 años, rubia y de pelo ondulado, que le decía algo así como “dile a tu hermano que tiene que comprometerse con una chica del Norte de España”. Creo que la frase fue más larga y explicativa, pero se resumía en eso.
También dijo haber visto la imagen de un hombre con un sombrero de hierro y unas maletas a su lado. El caso es que cuando esta curiosa anécdota tuvo lugar, Maus aún no había comentado nada de su... digamos... aventurilla conmigo, ni se había pasado aún por Asturias. Maus me lo contó y me preguntó si sabía algo de una niña o del “hombre de hierro”. De la niña no tengo ni idea (creo que no tengo ninguna hija perdida por ahí), pero una estatua como la que describía su hermano está a unos 50 metros del hotel donde posteriormente nos alojamos Maus y yo en Oviedo: se llama “El Viajero” y podéis verla en la imagen adjunta.
Maus le fue a Jazz con esta información y éste en seguida se ofreció a hacerme una lectura de tarot para ver qué más cosas de mí descubría. Yo dije que no tenía ningún inconveniente, siempre que para Maus no resultara demasiado incómodo llevar a su amante a casa de su hermano. Parece ser que no había ningún problema. Lógico y normal, vamos.
Inciso: toda mi vida he sido científica y atea. Estoy completamente convencida de que no existe ningún Dios, y que la idea misma de un Dios es totalmente innecesaria para explicar el Universo. No creo en los espíritus, ni en el alma, ni en las auras, ni en los hombrecillos verdes que nos secuestran por las noches y nos enseñan lo agradable que puede llegar a ser una sonda anal. Opino que cuando nos morimos desaparecemos, ya que la parte mental está inherentemente ligada a la física. Cuando pisamos a una hormiga, ésta se muere y desaparece (como las cucarachas con Cucal), y creo sinceramente que al ser humano le ocurre lo mismo. ¿Qué hay después de la muerte? En mi humilde opinión, lo mismo que antes de nacer: nada.
Pero por otra parte siempre he sido una persona abierta. Creo que si existiera un Dios omnipotente, le bastaría con chasquear los dedos para hacer que todos los seres humanos creyeran en él. Si Dios apareciera delante de mí, creería que existe. Si un espíritu se me apareciera (siempre y cuando hubiera más gente para corroborar que realmente está ahí y que no he perdido la chaveta) creería en los espíritus, y si un montón de objetos cobraran vida y empezaran a volar por mi habitación sospecharía que igual hay algún más allá que aún no conocemos... y que en ese más allá son bastante cabroncetes, porque, ¡anda lo que cuesta volver a ordenarlo todo, leñe!
No creo en nada de eso, pero al mismo tiempo me encantaría que algo raro ocurriera, algo como lo que he descrito. Me gustaría, porque eso daría a la vida una ilusión más, un punto de intriga y misterio que la realidad cotidiana no posee. Un “hecho paranormal” que haya presenciado yo misma – no el amigo del amigo de un primo hermano segundo – daría más alicientes a la existencia.
Fin del inciso.
Así que el jueves después del trabajo Maus me llevó hasta la casa de su hermano. El pequeño Axel estaba en la cama con un catarrazo y una tos de aúpa, de modo que me quedé sin conocer al sobrinito de Maus. Pero Jazz estaba allí para asegurarse de que no me quedaba sin conocerle a él.
La comparación que se me ocurre para describir a Jazz es como una mezcla entre Rappel y Tim Robbins. Añadámosle una capacidad de parlotear que haría palidecer al hombre de las MicroMachines y pongámosle un toque místico y una voz de esas con las que cualquier frase común se convierte en una Sentencia Divina. A Jazz le encanta escucharse a sí mismo. Antes de tener tiempo a decir “hello”, ya me había contado lo que hacía en su trabajo, la historia al completo de su banda de rock y que “en ocasiones veo muertos”. Continuó hablando de cómo había adquirido sus poderes paranormales, del hecho de que la zona en la que vivía, al estar cerca de un cementerio, estaba llena de espíritus, y que las visiones del futuro eran una putada, porque nunca podías cambiarlo salvo raras excepciones. Mientras Maus se quedaba dormido en el sofá (según me confirmaba después, ese rollo lo había escuchado unas 400 veces), Jazz se arrodilló delante de su portátil y abrió un archivo de Word con los resultados de mi tarot, que al parecer había hecho ya antes de que yo llegara.
Parece ser que mi vida está llena de signos positivos y tranquilizadores. El Mundo, El Sol, el Caballero de no sé qué... Vamos, que salvo pequeñas dificultades cotidianas todo me va a salir a pedir de boca. Mañana mismo dejo el trabajo y me piro al Caribe.
También me dijo que mi trabajo estaba pasando por una serie de dificultades (cierto) y que veía en el futuro cercano un largo viaje (¿Sydney?) y algo que me estaba dificultando la decisión de irme (¿Maus? ¿la rancia de mi jefa? ¿Las fotos mías en bolas que van a aparecer en el Playboy?).
Para confirmar la lectura previa, Jazz sacó su mazo de cartas de Tarot, las barajó de mil maneras y luego me dio a escoger varias cartas seguidas. Para mi estupor, prácticamente todas las cartas que habían salido en la lectura anterior volvían a salir ahora de mi propia mano: allí estaba el Sol, el Mundo, el Pozo de no sé cuántos. Según Jazz, si una lectura de tarot es auténtica será la misma aunque la repitas 35 veces. La verdad es que me dejó intrigada. Minipunto para él.
Luego pasó a temas más concretos. La niña que había visto, según él, podría ser yo de pequeña, o bien mi futura hija (toda la vida sin querer tener niños y ahora me sueltan esto... manda webs). Al parecer la ha visto saltando a la comba en un jardín... lo cual excluye que sea yo, porque en mi vida he saltado a la comba... yo era la niña marimacho que siempre jugaba a los coches y con el Lego y que únicamente utilizaba alguna muñeca para darle de patadas y puñetazos (eso aparte de buscar bichos por los prados). De modo que estoy sentenciada: voy a tener una hija rubia que salta a la comba. Y un jardín. Y esa niña le ha dicho a Jazz que tengo que salir con Maus, la muy joía... ¿¿¿Me está insinuando que Maus es su padre??? ¡Jesús, María, José, y la burra, que también fue! Este hombre me ha descolocado la vida en una sola tarde... Aparte de la misteriosa niña también me dijo que había visto un grabado de un cuerpo humano sobre roca. Tampoco tengo ni idea de lo que significa, pero según él lo sabré cuando llegue el momento. Quede este blog como prueba.
A pesar de mi irónica descripción de Jazz, he de decir que él y yo congeniamos prácticamente en cuanto nos vimos. Me sentí a gusto con él desde que crucé la puerta e incluso Maus me dijo más tarde que se había sentido un poco celoso de la atención que ponía a sus palabras y de lo próximos que parecíamos estar cuando apenas acabábamos de conocernos. Al dejar su casa, para mi sorpresa (recordemos que, médium o no, sigue siendo inglés), Jazz me dio un abrazo y me invitó a volver cuando quisiera, para tomar un café y conocer a Axel.
Me pasé la noche pensando en el futuro, en espíritus y tratando de comunicarme con el más p’allá. Pero nada de nada, oye. Ni espíritus, ni voces, ni niñas rubias saltando a la comba. Lo más que llegué a oír fueron los ronquidos del vecino de abajo. Creo que necesito más entrenamiento.
El viernes los alumnos de tercer curso del Departamento habían organizado una “happy hour”, que básicamente consiste en vender bebidas alcohólicas a precios de ganga a partir de las 5 de la tarde en la cafetería. Vamos, la excusa perfecta para acabar de currar a las 5 y pillar el puntillo, aprovechando de paso para hablar con gente con la que no había cruzado una palabra en más de dos años. Maus me dijo que se pasaría por allí sobre las 6. Cuando pasaron las 6:30 y no había aparecido volví al laboratorio pegando tumbos por las paredes (consecuencia de chutarme 3 Bacardis en una hora) y revisé el mail.
De: Maus
Para: Pilimindrina
Asunto: (sin asunto)
Estoy en mi laboratorio en el sótano. No me apetece pasarme por la cafetería. Vente cuando leas esto, por favor.
Maus
Mal rollo. Aquello sonaba más siniestro que las teorías de Mulder acerca de la trama extraterrestre para invadir la Tierra. Bajé las escaleras agarrada al pasamanos para no perder los dientes y atravesé el pasillo hasta llegar a la puerta del laboratorio de Maus. Entré. Maus estaba allí sentado con las piernas estiradas y la mirada perdida. Apenas levantó la vista cuando me acerqué a él.
“He dejado a mi mujer”
“Joder Maus... veo que no ha ido demasiado bien la cosa...”
“No. Ha ido horrible. No ha parado de llorar y pedirme que no la abandone, de decirme que ya no la quiero.”
“Maus, lo siento”
“Cuando la dejé se negó a darme la espalda, se quedo allí mirándome todo el rato, hasta que la perdí de vista”. Sus ojos se humedecieron y se le quebró la voz.
“Lo siento, inglesito”
“Soy un cabrón”
No había palabras. Lo único que podía hacer era abrazarle. Al fin y al cabo lo que decía era verdad: era un cabrón. Y yo una cabrona por haber contribuido a esto.
“No quiero quedarme en Mix Village este fin de semana. Me voy a nuestra casa en North”
“Haz lo que creas que tienes que hacer, ya sabes que yo estoy aquí para lo que necesites”
“Pili”
“¿Sí?”
“¿Te vendrías conmigo?”
”¿Tú me quieres contigo?”
“Sí. Por favor.”
“Entonces déjame pasar por casa, que preparo la mochila”
PD: no busquéis “North” en los mapas de Inglaterra... también es nombre ficticio :P
PD2: y ahora que Maus ha dejado a su mujer... ¿yo qué coño hago? ¡¡¡No quiero ser su “novia”!!!
Hace algunas semanas Maus me habló por primera vez de su hermano Jazz. Jazz trabaja también en la ciencia, aunque no en la universidad; tiene un hijo de 4 añitos (Axel) y entre sus múltiples hobbies está componer música - tiene una banda en la que a cada poco despide a alguno de sus componentes - y... el ocultismo (pronúnciese esta palabra con voz tenebrosa de Constantino Romero y música de órgano de iglesia de fondo).Pues sí, aunque la idea de que una persona pueda ser a la vez científico y médium parece tan probable como llegar a presidente de los EEUU teniendo el cociente intelectual de una ameba, la realidad es tozuda y se empeña en cumplir en ocasiones las predicciones más rocambolescas (ambas en este caso). Jazz tiene poderes paranormales, es capaz de ver espíritus y guiarles en su paso a una dimensión superior y puede predecir el futuro. Todo eso mientras come Doritos y monta una estantería del IKEA.
De hecho, si Maus comenzó a hablarme de su excéntrico hermano mayor fue precisamente porque en una de sus últimas visitas a su casa, Jazz le comentó que había visto una imagen de una niña de unos 8 años, rubia y de pelo ondulado, que le decía algo así como “dile a tu hermano que tiene que comprometerse con una chica del Norte de España”. Creo que la frase fue más larga y explicativa, pero se resumía en eso.
También dijo haber visto la imagen de un hombre con un sombrero de hierro y unas maletas a su lado. El caso es que cuando esta curiosa anécdota tuvo lugar, Maus aún no había comentado nada de su... digamos... aventurilla conmigo, ni se había pasado aún por Asturias. Maus me lo contó y me preguntó si sabía algo de una niña o del “hombre de hierro”. De la niña no tengo ni idea (creo que no tengo ninguna hija perdida por ahí), pero una estatua como la que describía su hermano está a unos 50 metros del hotel donde posteriormente nos alojamos Maus y yo en Oviedo: se llama “El Viajero” y podéis verla en la imagen adjunta.Maus le fue a Jazz con esta información y éste en seguida se ofreció a hacerme una lectura de tarot para ver qué más cosas de mí descubría. Yo dije que no tenía ningún inconveniente, siempre que para Maus no resultara demasiado incómodo llevar a su amante a casa de su hermano. Parece ser que no había ningún problema. Lógico y normal, vamos.
Inciso: toda mi vida he sido científica y atea. Estoy completamente convencida de que no existe ningún Dios, y que la idea misma de un Dios es totalmente innecesaria para explicar el Universo. No creo en los espíritus, ni en el alma, ni en las auras, ni en los hombrecillos verdes que nos secuestran por las noches y nos enseñan lo agradable que puede llegar a ser una sonda anal. Opino que cuando nos morimos desaparecemos, ya que la parte mental está inherentemente ligada a la física. Cuando pisamos a una hormiga, ésta se muere y desaparece (como las cucarachas con Cucal), y creo sinceramente que al ser humano le ocurre lo mismo. ¿Qué hay después de la muerte? En mi humilde opinión, lo mismo que antes de nacer: nada.
Pero por otra parte siempre he sido una persona abierta. Creo que si existiera un Dios omnipotente, le bastaría con chasquear los dedos para hacer que todos los seres humanos creyeran en él. Si Dios apareciera delante de mí, creería que existe. Si un espíritu se me apareciera (siempre y cuando hubiera más gente para corroborar que realmente está ahí y que no he perdido la chaveta) creería en los espíritus, y si un montón de objetos cobraran vida y empezaran a volar por mi habitación sospecharía que igual hay algún más allá que aún no conocemos... y que en ese más allá son bastante cabroncetes, porque, ¡anda lo que cuesta volver a ordenarlo todo, leñe!
No creo en nada de eso, pero al mismo tiempo me encantaría que algo raro ocurriera, algo como lo que he descrito. Me gustaría, porque eso daría a la vida una ilusión más, un punto de intriga y misterio que la realidad cotidiana no posee. Un “hecho paranormal” que haya presenciado yo misma – no el amigo del amigo de un primo hermano segundo – daría más alicientes a la existencia.
Fin del inciso.
Así que el jueves después del trabajo Maus me llevó hasta la casa de su hermano. El pequeño Axel estaba en la cama con un catarrazo y una tos de aúpa, de modo que me quedé sin conocer al sobrinito de Maus. Pero Jazz estaba allí para asegurarse de que no me quedaba sin conocerle a él.
La comparación que se me ocurre para describir a Jazz es como una mezcla entre Rappel y Tim Robbins. Añadámosle una capacidad de parlotear que haría palidecer al hombre de las MicroMachines y pongámosle un toque místico y una voz de esas con las que cualquier frase común se convierte en una Sentencia Divina. A Jazz le encanta escucharse a sí mismo. Antes de tener tiempo a decir “hello”, ya me había contado lo que hacía en su trabajo, la historia al completo de su banda de rock y que “en ocasiones veo muertos”. Continuó hablando de cómo había adquirido sus poderes paranormales, del hecho de que la zona en la que vivía, al estar cerca de un cementerio, estaba llena de espíritus, y que las visiones del futuro eran una putada, porque nunca podías cambiarlo salvo raras excepciones. Mientras Maus se quedaba dormido en el sofá (según me confirmaba después, ese rollo lo había escuchado unas 400 veces), Jazz se arrodilló delante de su portátil y abrió un archivo de Word con los resultados de mi tarot, que al parecer había hecho ya antes de que yo llegara.Parece ser que mi vida está llena de signos positivos y tranquilizadores. El Mundo, El Sol, el Caballero de no sé qué... Vamos, que salvo pequeñas dificultades cotidianas todo me va a salir a pedir de boca. Mañana mismo dejo el trabajo y me piro al Caribe.
También me dijo que mi trabajo estaba pasando por una serie de dificultades (cierto) y que veía en el futuro cercano un largo viaje (¿Sydney?) y algo que me estaba dificultando la decisión de irme (¿Maus? ¿la rancia de mi jefa? ¿Las fotos mías en bolas que van a aparecer en el Playboy?).
Para confirmar la lectura previa, Jazz sacó su mazo de cartas de Tarot, las barajó de mil maneras y luego me dio a escoger varias cartas seguidas. Para mi estupor, prácticamente todas las cartas que habían salido en la lectura anterior volvían a salir ahora de mi propia mano: allí estaba el Sol, el Mundo, el Pozo de no sé cuántos. Según Jazz, si una lectura de tarot es auténtica será la misma aunque la repitas 35 veces. La verdad es que me dejó intrigada. Minipunto para él.
Luego pasó a temas más concretos. La niña que había visto, según él, podría ser yo de pequeña, o bien mi futura hija (toda la vida sin querer tener niños y ahora me sueltan esto... manda webs). Al parecer la ha visto saltando a la comba en un jardín... lo cual excluye que sea yo, porque en mi vida he saltado a la comba... yo era la niña marimacho que siempre jugaba a los coches y con el Lego y que únicamente utilizaba alguna muñeca para darle de patadas y puñetazos (eso aparte de buscar bichos por los prados). De modo que estoy sentenciada: voy a tener una hija rubia que salta a la comba. Y un jardín. Y esa niña le ha dicho a Jazz que tengo que salir con Maus, la muy joía... ¿¿¿Me está insinuando que Maus es su padre??? ¡Jesús, María, José, y la burra, que también fue! Este hombre me ha descolocado la vida en una sola tarde... Aparte de la misteriosa niña también me dijo que había visto un grabado de un cuerpo humano sobre roca. Tampoco tengo ni idea de lo que significa, pero según él lo sabré cuando llegue el momento. Quede este blog como prueba.A pesar de mi irónica descripción de Jazz, he de decir que él y yo congeniamos prácticamente en cuanto nos vimos. Me sentí a gusto con él desde que crucé la puerta e incluso Maus me dijo más tarde que se había sentido un poco celoso de la atención que ponía a sus palabras y de lo próximos que parecíamos estar cuando apenas acabábamos de conocernos. Al dejar su casa, para mi sorpresa (recordemos que, médium o no, sigue siendo inglés), Jazz me dio un abrazo y me invitó a volver cuando quisiera, para tomar un café y conocer a Axel.
Me pasé la noche pensando en el futuro, en espíritus y tratando de comunicarme con el más p’allá. Pero nada de nada, oye. Ni espíritus, ni voces, ni niñas rubias saltando a la comba. Lo más que llegué a oír fueron los ronquidos del vecino de abajo. Creo que necesito más entrenamiento.
El viernes los alumnos de tercer curso del Departamento habían organizado una “happy hour”, que básicamente consiste en vender bebidas alcohólicas a precios de ganga a partir de las 5 de la tarde en la cafetería. Vamos, la excusa perfecta para acabar de currar a las 5 y pillar el puntillo, aprovechando de paso para hablar con gente con la que no había cruzado una palabra en más de dos años. Maus me dijo que se pasaría por allí sobre las 6. Cuando pasaron las 6:30 y no había aparecido volví al laboratorio pegando tumbos por las paredes (consecuencia de chutarme 3 Bacardis en una hora) y revisé el mail.
De: Maus
Para: Pilimindrina
Asunto: (sin asunto)
Estoy en mi laboratorio en el sótano. No me apetece pasarme por la cafetería. Vente cuando leas esto, por favor.
Maus
Mal rollo. Aquello sonaba más siniestro que las teorías de Mulder acerca de la trama extraterrestre para invadir la Tierra. Bajé las escaleras agarrada al pasamanos para no perder los dientes y atravesé el pasillo hasta llegar a la puerta del laboratorio de Maus. Entré. Maus estaba allí sentado con las piernas estiradas y la mirada perdida. Apenas levantó la vista cuando me acerqué a él.
“He dejado a mi mujer”
“Joder Maus... veo que no ha ido demasiado bien la cosa...”
“No. Ha ido horrible. No ha parado de llorar y pedirme que no la abandone, de decirme que ya no la quiero.”
“Maus, lo siento”
“Cuando la dejé se negó a darme la espalda, se quedo allí mirándome todo el rato, hasta que la perdí de vista”. Sus ojos se humedecieron y se le quebró la voz.
“Lo siento, inglesito”
“Soy un cabrón”
No había palabras. Lo único que podía hacer era abrazarle. Al fin y al cabo lo que decía era verdad: era un cabrón. Y yo una cabrona por haber contribuido a esto.
“No quiero quedarme en Mix Village este fin de semana. Me voy a nuestra casa en North”
“Haz lo que creas que tienes que hacer, ya sabes que yo estoy aquí para lo que necesites”
“Pili”
“¿Sí?”
“¿Te vendrías conmigo?”
”¿Tú me quieres contigo?”
“Sí. Por favor.”
“Entonces déjame pasar por casa, que preparo la mochila”
(continuará)
PD: no busquéis “North” en los mapas de Inglaterra... también es nombre ficticio :P
PD2: y ahora que Maus ha dejado a su mujer... ¿yo qué coño hago? ¡¡¡No quiero ser su “novia”!!!
¡Monstruos de ocho patas!
Inglaterra no es un país en el que abunden las grandes arañas, ni mucho menos las venenosas. La mayoría de quelicerados (recordemos que las arañas NO son insectos, estos últimos tienen sólo 6 patas... para algo me tenía que servir ser Bióloga) que pululan por esta tierra son pequeñitos e inofensivos. Sin embargo, a mediados del verano comienzan a hacer su discreta aparición unas arañas algo más grandes y atrevidas que el resto: suelen medir unos 5 cm de diámetro patas incluidas, son de color marrón y con algo de pelo y en un principio se suelen limitar a recorrer los muros de los jardines buscando pequeñas presas. Si alguna vez entran en una casa suele ser por error, y en seguida se encargan ellas solitas de buscar la salida.A principios del otoño, no obstante, las temperaturas caen y estas arañas buscan lugares más cálidos. No porque tengan miedo a pillar un catarro (recordemos que las arañas, como todos los artrópodos, son de sangre fría), sino porque sus presas naturales, los insectos, se refugian en las casas en busca de comida y temperaturas más adecuadas para poner sus huevos. Así que durante la segunda quincena de Septiembre y todo el mes de Octubre, toda casa victoriana inglesa sufrirá la visita de unas cuantas de estas visitas no deseadas. La mía, que no sólo está en un piso bajo, sino que además tiene el jardín justo al lado, no iba a ser menos.
Como buena bióloga vocacional siempre he sentido atracción por todo tipo de bichos. Pero una cosa es recorrer los prados y los caminos observando arañas a una distancia prudencial, y otra muy diferente encontrarte un centollo marrón ocupando tu lado de la almohada en una noche otoñal. Cuando te topas con una de estas visitantes en una esquina, o bien quietecita en el techo, es fácil hacerla caer, recogerla en un bote de mermelada y desalojarla educadamente (“¡fuera, guarra!”) por la ventana. Sin embargo hay otras ocasiones en las que el bichito se empeña en saludarte de manera más personal invadiendo de forma inesperada tu espacio vital.
El primer intento de acercamiento de uno de estas adorables criaturas lo sufrí al poco de llegar a Mix Village y establecerme en el que a partir de entonces sería mi nuevo hogar. Estaba yo tan feliz revisando el correo en el ordenador, cuando de pronto un sexto sentido (llamémoslo sexto sentido arácnido) me hizo separar la mirada de la pantalla y clavarla en el suelo, justo a mi izquierda.Inciso: no hablo en broma cuando comento lo del sexto sentido que a veces te indica que hay algún ser vivo en tu entorno que no debería estar ahí. Personalmente se me dispara siempre que tengo una araña cerca, y pocas veces falla. Es posible que sea debido a algún ultrasonido que emita la araña, o algún tipo de mensaje químico que nuestro subconsciente capta y procesa sin que nos demos cuenta. Una de mis tías me contó hace tiempo que, en una ocasión en la que estaba durmiendo con una primita mía, que por entonces debía tener unos 5 ó 6 años, en medio de la noche se despertó de golpe con una extraña sensación de incomodidad y aprensión. Estaba todo completamente a oscuras. Encendió la luz justo a tiempo para descubrir una araña bastante grande bajando por su hilo de seda cuando apenas le faltaban unos centímetros para alcanzar la cara de mi primita dormida. Ni qué decir tiene que la araña acabó despanzurrada de un manotazo. ¿A alguno de vosotros le ha pasado alguna vez algo parecido?
Fin del inciso.
Pues bien, mi sexto sentido actuó justo a tiempo, porque lo primero que vi al bajar la mirada fue un pedazo de arañón correteando justo en dirección a mi pie (encima ese día hacía un calor de mil demonios y yo sólo llevaba las zapatillas y unos pantalones cortos). El respingo que pegué debió detectarse en todos los centros sismológicos a 400 kms a la redonda... y encima la puñetera araña debía ser familia de la Hormiga Atómica, porque por más que la perseguí a zapatillazo limpio logró colarse por debajo de la puerta de entrada y desaparecer por el pasillo en tiempo récord.
Otro de los entrañables encuentros arañiles lo protagonizó Muso cuando aún estábamos viviendo juntos. Nos encontrábamos los dos despatarrados sobre el sofá viendo una peli y él se levantó para ir al baño. Entró en la habitación sin encender la luz y notó una especie de mancha en la pared. La casualidad o la suerte hicieron que evitara su primer impulso, que había sido pasar la mano por la pared, y en vez de ello encendiera la luz antes. Yo, que estaba adormilada en el sofá, desperté de golpe al escuchar a Muso pegar un alarido: “¡¡¡Mecagüen...!!! ¡Joder Pili, ven a ver esto!”. Me levanté de un salto y entré a la habitación. Se me pusieron todos los pelillos de la nuca de punta cuando comprobé que, a escasos 10 centímetros de la cabecera de nuestra cama, un pedazo de arañón espantoso reposaba tranquilamente como si tuviera todo el derecho a estar ahí. Era tan enorme que hice a Muso esperar para ir a coger la cámara... y es una verdadera lástima que no guardase aquella foto, porque nada me gustaría más ahora mismo que poder enseñaros el invitado no deseado que afortunadamente descubrimos antes de irnos a dormir. Para que os hagáis una idea de su tamaño, Muso y yo utilizamos una lata de patatas Pringles para atraparla, y casi le cortamos la puntita de sus 8 patas.
Sin embargo mi encuentro más traumático con uno de estos simpáticos bichitos sucedió hace aproximadamente un año, justo al volver a casa después del trabajo. Uno de mis rituales inapelables al llegar a casa es dejar las llaves y el dinero en un cajón de un armarito que tenemos en la sala de estar. Pues bien, no hice más que abrir el cajón y dejar dentro las llaves, cuando algo se movió y pareció caer justo sobre mi mano. Mi primera impresión fue que una de las flores que teníamos en el jarrón sobre el armario, ya seca, se había caído al mover el mueble. Pero me bastó con medio segundo para darme cuenta de que:
a) las flores secas no tienen 8 patas
b) las flores secas no siguen moviéndose una vez aterrizan en tu mano
La araña debía haberse escondido en el cajón y haber estado durmiendo la siesta tranquilamente hasta que de repente una humana despistada le soltó unas llaves encima, así que como bicho educado que era decidió salir a estrecharme la mano y presentarse. Pero vuestra Pilimindrina se sintió como Peter Parker al ser atacado por la araña radiactiva. El alarido que solté hizo que todos los habitantes de Inglaterra se lanzaran a los refugios pensando que se trataba de una alarma aérea. Debo decir que, como amante de los animales, siempre que encuentro un bicho no deseado trato de atraparlo con la mayor delicadeza, sin hacerle daño, y soltarlo en el jardín. Ese día no. Ese día mandé a la araña al otro extremo del salón, y en cuando Muso apareció por la puerta con cara de “¿¿dónde está el asesino sádico, dónde??” y enarbolando la escoba a modo de arma de destrucción masiva le solté un: “¡¡¡MATA A ESA PUTA!!!” señalando a la pobre araña que aún trataba de recuperarse del hostiazo contra la pared.Todos los meses hago una donación altruista al fondo nacional “Salvemos a las Arañas Huérfanas de Atahualpa” para tratar de redimirme por aquel asesinato a sangre fría (nunca mejor dicho).
No obstante, a pesar de que estas arañas prácticamente inofensivas puedan dar sustos considerables cuando aparecen sin ser llamadas y en el lugar más inapropiado, la mayoría de las veces la cosa no pasa de un “uy, ahí hay otra”, un escobazo, un movimiento rápido con la fiambrera y una visita al jardín.
La cosa cambia cuando tienes una amiga aracnofóbica.
Y esa es Rizos.
Rizos no sólo tiene pánico a las arañas grandes y peludas, no. Rizos roza la histeria incluso cuando se encuentra con una de esas arañitas tan ligeras y diminutas que el mismo viento las lleva de un lado a otro agarradas a su hilo de seda cual fakir. En uno de los viajes que hicimos junto con Belo, Rizos iba en el asiento del copiloto y yo sentada detrás. Por aquel entonces yo no sabía nada de su fobia, sólo me había comentado en una ocasión que “le daban repelús las arañas”. De modo que cuando vi que una de esas arañitas minúsculas paseaba por su pelo me limité a comentarle con voz de indiferencia: “espera un segundito, no te muevas, que tienes una arañita en el pelo”. Buena la armé... Rizos comenzó a dar unos gritos estremecedores, saltar en el asiento y sacudirse el pelo con tanto empeño, que cuando conseguimos calmarla estaba igualita que la Pantera Rosa cuando la sacan de la lavadora. Ni qué decir tiene que de la pobre araña nunca más se supo, no sé si porque la mandó al quinto pino de un manotazo, o porque del acojone se le escondió en una oreja y no se atrevió a moverse hasta hoy.Así que podréis imaginaros lo que significa para la pobre Rizos la llegada del otoño, ella que también vive en un apartamento en un piso bajo al lado de una escuela llena de zonas verdes... y arañas. Desde que se mudó van ya unas 4 ó 5 veces que recibo una llamada de emergencia suya suplicándome que me pase por su casa para espantar a una araña que no la deja entrar en la habitación, subir a la cocina o entrar en casa. En esos momentos me siento como Superman yendo a rescatar al gatito de la abuela Engracia que se ha subido a un árbol y no puede bajar.
Hace aproximadamente un mes, poco antes de irme de vacaciones a mi Asturias, en Mix Village tuvimos un par de días que hicieron parecer al Diluvio Universal un mero chubasco primaveral. El problema del edificio de apartamentos en el que vive Rizos es que el portal de entrada queda por debajo del nivel del suelo y no tiene un solo desagüe ni método de achicar el agua en caso de que entre. Y ese día entró, ¡vaya si entró! Rizos despertó por la mañana, trató de bajarse de la cama y se encontró con 15 cm de agua en todo el piso bajo de su casita. Y eso no era todo. Cuando trató de salir de la habitación para pedir ayuda a los vecinos, agarrándose a los armarios y los quicios de las puertas para no acabar en el agua, ¡oh sorpresa! Descubrió que una inmensa araña peluda y marrón había decidido encaramarse por la pared huyendo del agua y estaba situada justo al lado del pomo de la puerta de salida... y lo bastante cerca de la habitación como para que Rizos no se atreviera a salir para llamar por teléfono.
Os podéis imaginar lo que es escuchar unos alaridos agónicos provenientes de uno de los apartamentos del bajo a las 8 de la mañana... a los pocos segundos estaban allí los 15 vecinos en pijama y calcetines, empapándose en el agua, con pistolas, cuchillos, guadañas y ametralladoras UZI a ver quién había entrado a violar y torturar sádicamente a la vecina de abajo. También os podréis imaginar su cara cuando Rizos les explicó entre sollozos, asomada a la ventana, que no podía salir de casa ni achicar el agua porque en la puerta había... ¡una araña!.Uno de los vecinos más valientes y aguerridos se presentó voluntario para entrar por la ventana de la habitación de Rizos a presentar batalla al temible enemigo. Echando un vistazo entre divertido y avergonzado al Kamasutra que Rizos tiene en su mesita de noche, arregló el problema en un par de revistazos y pasada de Kleenex por la pared. Aún hoy se puede distinguir la manchita.
Una vez solventada la dificultad, los demás vecinos, muy amables ellos, se ofrecieron a ayudar a Rizos a achicar el agua. Ella les abrió la puerta muerta de agradecimiento y de repente recordó el Kamasutra y el efecto que había causado sobre su salvador... decidió entrar corriendo y guardarlo antes de que otros 14 vecinos y vecinas marujas entraran en su cuarto. Con el tiempo justo, pues la primera de ellas entraba ya por el marco de la puerta, abrió el cajón de la mesita y arrojó dentro el acusador libro de un manotazo... con tan mala suerte que el golpe activó el vibrador de 3 velocidades que guardaba precisamente en ese cajón. Dos días después Rizos me contaba delante de un café lo difícil que es tratar de explicar a tres cuarentonas cotillas qué es ese ruido tan raro que sale del cajón de la mesita cuyo pomo estás agarrando. Creo que no se tragaron lo del cepillo de dientes eléctrico.
El vecino matador de arañas aún la acosa a llamadas de vez en cuando preguntando si tiene algo interesante que leer esa noche.
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¿Y vosotros? ¿Tenéis alguna historia que contar en la que participe aluno de estos monstruitos de 8 patas? ¿O cualquier otro bicho? ¿O alguna fobia interesante?
¿También guardáis un vibrador de 3 velocidades en la mesita de noche?
Etiquetas: arañas
Nueva lista completa de personajes
Como el número de personajes que participan en este blog crece y crece más que Alicia tras comerse una de las setas mágicas, he decidido hacer una lista de todos los que han sido mencionados al menos en dos ocasiones, para haceros más fácil seguir algunas tramas.
Teniendo en cuenta que ya.com aún no ha añadido la opción de clasificar los artículos por categorías, he cambiado la fecha de publicación de la lista de personajes como escrita el 1 de Enero del 2005, y añadiré un link en la columna de la izquierda, en "Acerca de".
¡Decidme qué os parece y avisadme si hay algún link mal puesto o me he olvidado de alguien, porfa!
Teniendo en cuenta que ya.com aún no ha añadido la opción de clasificar los artículos por categorías, he cambiado la fecha de publicación de la lista de personajes como escrita el 1 de Enero del 2005, y añadiré un link en la columna de la izquierda, en "Acerca de".
¡Decidme qué os parece y avisadme si hay algún link mal puesto o me he olvidado de alguien, porfa!
Un inglés vegetariano en Asturias (II)
Si en el tema de la alimentación me resultó totalmente imposible conseguir que Maus se deleitara con las delicias gastronómicas asturianas, con lo que sí conseguí impresionarle y dejarle boquiabierto (no sé cuántas moscas se habrá tragado el muchacho desde que aterrizó en la tierrina) fue con la belleza de nuestros bosques, lagos, montañas y acantilados. Maus y yo alquilamos un coche en el mismo aeropuerto para disponer de libertad total en nuestros desplazamientos y, la mayor parte del tiempo que pasamos recorriendo Asturias de cabo a rabo, a través de la ventanilla del copiloto sólo se podían ver dos ojos enormes pegados al cristal. Casi no pronunciaba ni palabra, y en muchas ocasiones me pedía que detuviera el coche para poder contemplar una montaña, un prado, un valle, o uno de los innumerables hórreos que pueblan Asturias y que para él eran desconocidos.Maus se enamoró de Covadonga . Con las fotos que hizo sólo de la Basílica se podría empapelar la Capilla Sixtina y aún sobraría para postales. Le entusiasmó la historia de Pelayo, la batalla contra los Moros y la Reconquista, y de nuestra Virgen de Covadonga en la Santa Cueva. Casi se cae al agua desde la escalinata tratando de encontrar el mejor ángulo para fotografiar la Capilla, y se negó a beber de la Fuente de los 7 Caños, dice que con un matrimonio ya ha tenido bastante (Nota para los desconocedores de la historia de la Fuente: la leyenda dice que si bebes de una sentada de los 7 caños de agua, te casarás dentro del siguiente año).
Pero lo mejor fue la subida a Los Lagos. Yo siempre he dicho que en esa subida, especialmente si la haces en autobús, se puede distinguir a los nativos de Asturias de los “no-astures”... por los alaridos que pegan en las curvas. Muchos tramos de esa sinuosa carretera no cuentan con protección alguna, y lo único que hay más allá del ridículo arcén (si es que se le puede llamar así) es una caída al vacío de varios cientos de metros... eso sí, con una panorámica impresionante de la que disfrutar durante los segundos previos a tu despanzurramiento contra las rocas. Los autobuses que hacen ese recorrido sacan medio culo fuera en cada curva, y lo cierto es que da la impresión de que la caída es inevitable... de ahí los gritos, exclamaciones y rezos varios de los turistas más acostumbrados a las autopistas de la meseta (o a la M25 que rodea Londres, por poner otro ejemplo). No es de extrañar que tras ver los Lagos y de vuelta en Covadonga, los turistas pasen unos por encima de otros en su afán de dar gracias a la Santina por seguir de una pieza.
Yo ya había advertido a Maus que aquella carretera provocaba vértigo, pero él no debió tomárselo demasiado en serio... hasta que, en medio de un comentario del estilo de “qué bonito es esto” se le ocurrió mirar hacia abajo y descubrió que lo único que veía eran montañas y más montañas y nada que lo protegiese de precipitarse en ellas más que la puerta del coche. Así, su frase quedó convertida en algo así como “qué bonito es eeeEEEEEEEHHH WWWOOOWWW!!!” y se pasó el resto del trayecto agarrado con uñas y dientes al primer sitio que pillaba (¡ahí no, malpensados!). Los del alquiler del coche me hicieron pagar un plus por las marcas de sus dedos en el salpicadero. Cuando por fin paramos el coche le castañeteaban los dientes y tenía tiesos todos los pelillos de la nuca. Pero había merecido la pena: tuvimos un día precioso con nubes y claros y los lagos estaban espectaculares. Para que no digáis que no pongo fotos nuestras, ahí arriba tenéis una de las casas tradicionales de piedra junto al lago Enol con Maus a la izquierda subido en una roca. ¿A que es majo el chaval? :P
Le encantó Cangas de Onís, y fue allí donde me reveló una de sus facetas desconocidas hasta el momento: le apasionan las casas medio derruidas. Yo ahí como una idiota tratando de enseñarle el Puente Romano, el ayuntamiento, la iglesia, las casas de indianos... y el tío se pasaba horas haciéndole fotos a una casa que por las pintas debía ser el lugar donde Jesús hizo el catecismo, cuando menos. También le enseñé la cara oculta de la estatua de Pelayo, en la que se revela su auténtico hobby, que no era matar moros, sino más bien dedicarse al onanismo, como puede apreciarse con claridad - y con una flecha - en la foto... si es que está claro que los hombres siempre han sido hombres desde los albores de la Historia.El Cabo Peñas también dio para una amplia sesión fotográfica... tan amplia que casi se nos hace de noche en medio de las rocas, porque el señorito no hacía más que quedarse atrás cámara en ristre mientras yo ya estaba en la cruz que señala el punto más septentrional de Asturias (y el segundo de España). Tuvimos la suerte de que ese día no había ni una nube en el cielo y el paisaje que podía observarse desde los riscos era realmente impresionante. Más de una vez tuve que sacar a Maus de su trance al encontrármelo en el borde de un precipicio con la boca abierta. Me costó 2 horas desencajarle la gaviota de la mandíbula, y al final del día aún iba escupiendo plumas.
El segundo día se empeñó en conducir por primera vez en su vida un coche europeo. El chico de la agencia de alquileres había sido tan amable de añadirle como segundo conductor sin cobrarnos un duro, y el coche estaba a todo riesgo, luego decidí que la cosa no podía ir demasiado mal. Yo recordaba mi propia experiencia conduciendo un enorme Nissan Primera con el volante a la derecha el fin de semana que ayudé a Dino con su mudanza a Manchester y, aunque acabé con los nudillos despellejados a base de darme hostiazos contra la puerta tratando de cambiar de marchas con la derecha, recordaba que la cosa no había sido demasiado complicada. De modo que Maus y yo cambiamos asientos y le cedí el Citroën C2.
Mira que le había advertido: “por la derecha, recuerda que en España se conduce por la derecha”. “Yes, yes”. Pues ni yes ni leches, oye. No hizo más que meter primera y arrancar y el tío tan feliz por el carril contrario... “Maus, what the fuck are you doing??? Keep your right!!!” (“Maus, ¿¿¿qué... ehm... demonios haces??? ¡¡¡Por la derecha!!!”). Afortunadamente el Dios que protege a los ingleses torpes y a las españolas demasiado confiadas debió apiadarse de nosotros (o eso, o Murphy andaba despistadillo ese día) y no apareció nadie para desplazarnos amablemente a golpes de guardabarros a nuestro carril. Maus pegó un volantazo, demostró la utilidad de la banda sonora del arcén derecho (que de paso le vino muy bien para calcular por dónde andaba esa rueda) y continuó su viaje sin volver a invadir carriles ajenos. Eso sí, cada vez que venía un camión o un autobús por el carril contrario pegaba un respingo. “Tengo la impresión de que se nos vienen encima”, se lamentaba. Le comprendí perfectamente... era exactamente la misma sensación que había tenido yo allá por el verano del 2003 cuando me vine a tierras inglesas en mi Reichín.Cada noche volvíamos al hotel completamente derrengados. Sin embargo el cansancio parecía desaparecer como por arte de magia en cuanto abríamos la puerta de la habitación... ¡qué misterio, oye! Siempre teníamos energías para una o varias sesiones de ejercicios gimnásticos varios antes de dormir. Y después de dormir. Y en medio. La primera noche le comenté a la recepcionista si había algún problema en que yo durmiese en la habitación “alguna noche”. A lo mejor si llega a saber que iba a acabar durmiendo allí las 5 noches no habría dicho que “sin problemas” tan alegremente. Pero amos a ver, ¿cuántas de vosotras, público femenino (o público masculino gay, también me vale) os habríais quedado a dormir en casa de vuestra familia teniendo a pocos metros a uno de los poquísimos ejemplares de inglés buenorro? Hombreporfavorquevaaseresto...
Bien pensado, creo que los 5 kg menos de Maus a la vuelta no se debieron únicamente a las dificultades gastronómicas...
Esto... a lo que íbamos, en qué estaré yo pensando...
Se acabaron las vacaciones y Maus y yo nos volvimos a la fría y lluviosa Mix Village. Una vez más tuve que despedirme de mi familia y mis amigos sin estar segura de cuántos meses pasarían hasta que volviera a verlos. Las vacaciones en mi tierrina fueron también el dulce preámbulo a la triste despedida que me esperaba a mi vuelta: mi adiós a Muso, tras tres días en los que hicimos poco más que llorar y recordar tiempos que nunca más recuperaríamos. Tras un fin de semana melancólico y solitario esta semana en el laboratorio me esperaba otra mala noticia: unos resultados que llevaba semanas esperando han demostrado que el trabajo que llevo haciendo durante unos 8 meses no ha servido prácticamente para nada. Explicarlo sería demasiado complicado, pero por desgracia es algo bastante frecuente en ciencia, como sabréis todos aquellos que hayáis pasado por un departamento de investigación. A consecuencia de ello va a ser bastante complicado solicitar un nuevo proyecto, y la opción de marcharme de Mix Village para hacer otro postdoc en un lugar distinto del Mundo se hace cada vez más probable.
La semana anterior a mis vacaciones tuve una entrevista en una empresa privada aquí mismo en Mix Village. La entrevista fue fenomenal, sería un trabajo en el que cobraría mucho más y creo que les gusté. De hecho ayer mismo me llegó un correo suyo diciéndome que estaban interesados, aunque aún estaban pendientes de la confirmación de las plazas por parte de la Dirección de la empresa. El problema es que a pesar de todo eso, el puesto no me interesa. ¿Por qué? Porque básicamente sería un trabajo repetitivo y aburrido. Vamos, la antítesis de mi idea de trabajo, el terror de cualquier científica. Así que creo que voy a decir que nanay.
Hoy mismo he mandado otro curri... a Sydney. ¿Qué tal os suena “Sigo single en Australia”? Es una tierra que siempre me ha atraído, aunque nunca he tenido la oportunidad de visitarla. El trabajo sería en una compañía bastante famosa de Biotecnología, y en el anuncio es como si estuvieran definiendo lo que yo hago a diario en el laboratorio. Vamos, que soy la candidata perfecta (y la más modesta, qué coño, ¡viva yo!). Ahora sólo falta que ellos piensen lo mismo y que acepten candidatos de fuera de Australia, lo cual no está nada claro. ¡Emoción, intriga, dolor de barriga! Os mantendré informados ;)Maus sigue locamente enamorado de mí, me quiere, me adora, soy maravillosa, estupenda y fantástica. A ver cuándo se cae de la burra. La última noticia es que piensa dejar a su mujer... ¡¡¡horror!!!. Ya le he dicho por activa y por pasiva que el que deje a su mujer no garantiza en absoluto que yo vaya a salir con él (¡con lo bien que se está “single”!), y para ser sinceros dudo mucho que un Maus soltero pueda mantener este nivel de emoción que tenemos ahora. Me conozco y no tengo demasiada confianza en que salga nada estable de esto. Ni ganas tampoco. Sobre todo si me planteo irme. ¿Cómo se lo tomará este hombre si le digo que me piro a Sydney? Se admiten comentarios de toda índole y color.
Nota: foto titulada “Sombras de Pilimindrina y Maus Sobre Pared de Faro de Candás”, ganadora del certamen anual “Cursilería Suprema 2005”, en exclusiva para los lectores de mi blog. © Pilimindrina.
Un inglés vegetariano en Asturias (I)
Por primera vez desde que empecé mis andanzas por el mundo, me he sentido rara al volver a casa. Es una sensación difícil de concretar: la impresión de que nada ha cambiado en tu ciudad, de que todo sigue igual, pero que sin embargo tú te has vuelto una extraña. La tienda de la esquina de hace 20 años sigue en el mismo sitio, y la tendera, aunque algo más arrugada y con más canas, atiende a los mismos clientes; rostros que te suenan pero que ya no te conocen, porque tú no te has quedado, no has seguido ahí. Tú vuelves con pinta de extranjera y mil vivencias que para esa gente son como hablarles de la vida en otro planeta. Me di cuenta de que, por muchos amigos que deje atrás, por muchas mudanzas que deba hacer, me gusta mi vida. No quiero seguir ahí dentro de 40 años sin haber vivido nada nuevo, ya tendré tiempo de asentarme cuando no me queden energías para más viajes. Quiero vivir.La sensación extraña me duró un par de días y se fue disipando, devolviéndome la calidez familiar de mi tierra, mi gente, mis amigos. Los preparativos de la boda de OsaVerde no me dejaron tampoco demasiado tiempo para meditar acerca de la metafísica kafkiana, y en breve me vi inmersa en la dinámica de la “emigrada que vuelve a casa por vacaciones”.
Inciso: no sé si me ocurrirá sólo a mí porque soy una panoli, o si se trata de la tónica general de cualquier exiliado; el caso es que la lógica siempre me había dictado que, cuando vuelves a casa por vacaciones y tienes que ver a 50 familiares y amigos, lo lógico y normal es que sean esos familiares y amigos quienes vengan a verte a ti. Vamos, digo yo que resulta mucho más fácil, e incluso más educado con la viajera, que llega ya hasta el (c)(m)oño de desplazamientos varios, que 50 personas elijan un día y vayan a verla, y no que la viajera tenga que andar desplazándose de una casa a otra contando las mismas historias 50 veces. Eso es lo lógico, ¿verdad? Pos no. Esta menda, cada vez que vuelve a casa aunque sólo sean tres días, está en la obligación de ir a ver personalmente a todo quisqui, independientemente de que el quisqui en cuestión viva a 70 km y tenga un hermoso coche. Es más, como se me quede algún primo segundo o tío tercero sin ver, éste se ofenderá y me llamará exasperado porque he tenido la osadía de dejarle sin visitar, desagradecida de mí.
Inciso2: la cosa puede ponerse incluso peor, y algún familiar más directo ofenderse porque sólo le has ido a visitar 2 veces, cuando a Menganito le has visto 4. ¡Serás mala hija/hermana/sobrina/cuñada política/amiga de la hija del sobrino del tío Alfredo! ¡Oh condenación, sacrilegio, herejía! En los peores casos esto puede desembocar en un enfrentamiento familiar de primer orden y encontrarte con que ese familiar no te invitará más a bodas, bautizos y comuniones varias... lo cual, bien mirado, tampoco es demasiado sufrimiento.
Fin de ambos incisos.
El principal problema de la dinámica en cuestión es que, cuando te das cuenta, se te han acabado esas vacaciones durante las cuales se suponía que ibas a relajarte y desconectar del trabajo (sic) y lo único que has hecho es visitar parientes. En esos momentos te planteas seriamente mandar a tomar viento a los susodichos parientes y largarte a tomar el sol en las Bahamas la próxima vez.
Por todo ello, la perspectiva de tener a Maus conmigo durante unos días se me iba antojando cada vez más atractiva... estar con un amigo, especialmente uno que jamás ha pisado Asturias antes, te da excusas para no aparecer por casa de nadie y poder perderte por los lugares más recónditos de la geografía asturiana (por ejemplo, bajo las sábanas de la habitación del Hotel Ovetense, sin ir más lejos). Mentalmente supliqué y recé porque no perdiese el avión, se rompiera una pierna o sufriera un caso grave de calambres estomacales. Maus era mi tabla de salvación.Aunque me había pasado por la cabeza la remota posibilidad de que un inglés que no habla ni papa de español, que no se mete en la boca nada de origen animal (bueno... ejem... alguna excepción hay, pero no es el momento adecuado para mencionarla...) y que jamás ha salido de su isla pudiera encontrar algún tipo de dificultad recorriendo las tierras de Pelayo, haciendo uso de mi optimismo natural deduje que todo eso no eran más que minucias.
Porque digo yo que en cualquier restaurante asturiano tendrán algún plato que esté hecho sólo de vegetales, ¿no?
¿NO?
Pues no.
Alimentar a este hombre fue un absoluto horror. Ya no es sólo el hecho de que en una tierra de carnívoros como es Asturias, una región de solomillos poco hechos, morcillas, fritos de pixín (traducción: rape para el resto de España), cordero, costillas de cerdo, centollo, bígaros, etc etc, la subespecie de los vegetarianos sea algo tan desconocido como el aire acondicionado en el Polo Sur... es que los pocos vegetarianos que hay por allí suelen ser de los que no comen carne de cerdo y vaca, pero les da igual zamparse una merluza, apartar el compango y comerse las fabas o que los macarrones estén cocidos (¿cueces o enriqueces?) con Avecrem de ternera. Pero los vegetarianos ingleses son de lo más tiquismiquis que parió madre: no comen carne, pescado, marisco ni nada que haya rozado alguno de ellos. Esto quiere decir que rechazarán cualquier plato en el que hayan entrado en contacto carne y vegetales, aunque sólo sea el leve roce del pollo con una patata... ¡horror! Toda la comida queda automáticamente contaminada y no se lo comerán aunque sea el último bocado sobre la Tierra. ¿Creéis que exagero? ¡No os imagináis lo que desearía que fuera así!Y aún pude considerarme afortunada de que Maus no sea uno de esos vegans... si lo hubiese sido tampoco tocaría el huevo, la leche, la mantequilla, la miel o cualquier otro alimento cuyo origen sea animal o haya sido producido por animales. Aunque bien mirado, si hubiese sido uno de ellos no habría pasado de la primera cita conmigo ni mucho menos llegado a Asturias. Y en caso de haber llegado habría acabado asesinándole la segunda noche utilizando unos cuantos oricios ("erizos de mar") a modo de bolas chinas.
“¡Qué exagerada es esta mujer!”, casi os oigo pensar, “En los menús de cualquier restaurante hay ensaladas, pasta, sopas, pinchos vegetales...”. Sí, claro. Ahora dirigíos al restaurante más cercano a vuestra casa y haceos con el menú. Buscad las ensaladas, leed los ingredientes y entenderéis a qué me he enfrentado yo durante la semana que el inglesillo estuvo por Asturias:
Ensalada Simple: lechuga, tomate, cebolla, aceitunas, atún.
Ensalada del César: lechuga, pollo, jamón, cebolla, tomate, maíz
Ensalada Marinera: lechuga, tomate, atún, cebolla, gambas, palitos de cangrejo
Ensalada de pasta: fusilli de tres colores, huevo cocido, atún, champiñones, jamón, tomatitos de la huerta
¿Empezáis a pillarlo?
Ahora acercaos a cualquier sidrería, por ejemplo alguna de las de la Calle Gascona en Oviedo, y tratad de buscar una sola tapa o ración que no tenga NADA de origen animal:
Costillas
Pollo al ajillo
Fritos de pixín
Calamares fritos
Chorizo a la sidra
Chorizo criollo
Hígado encebollado
Pastel de cabracho
Sardinas fritas
Codillo de cerdo
Tabla de embutidos y quesos
¿¿¿Os dais cuenta del calvario por el que he tenido que pasar???
Y no sé si lo peor ha sido encontrar un plato adecuado o la cara de los camareros mientras destripábamos el menú en busca de la hierba perdida.
Pilimindri: Ehm... estooo... revuelto de setas... Esto no lleva nada animal, ¿verdad?.El camarero nos mira con cara de póker.
Camarero: Lleva trocitos de jamón serrano, pero muy pocos.
Pilimindri: Nada, pues ya no nos vale. Veamos. Ensalada del Chef. Esto suena bien.
Camarero: Sí, esa seguro que os viene bien, es totalmente vegetariana, sólo lleva verduras, atún y palitos de cangrejo.
Pilimindri: Estoooo... no, verá, es que el atún y el cangrejo son animales...
El camarero frunce el ceño y empieza a dar golpecitos con el boli en la libreta.
Camarero: ¿Pero qué ye, que tampoco come de eso?
Pilimindrina colorada: A ver, es vegetariano, sólo come vegetales.
El camarero empieza a desarrollar un tic en el ojo izquierdo. Mientras tanto, los clientes de otras 4 mesas nos miran y un niño de unos 3 años nos señala con el dedo y exclama: “Mami, pégales”
Camarero: ¿Pero el chico este tiene algo raro, alguna enfermedad?
Pilimindrina con humo saliéndole de las orejas: Ehm... no, verá, es que es inglés
Camarero con cara de haber resuelto la hipótesis de Riemann: ¡Ah, ya decía yo que tenía que haber algo! (mirando a Maus y sonriéndole como si hablara con un retrasado mental severo) Inglis pitinglis, ¿eh?, tú no comer carne, aquí todo carne, carne buena, sana, carne asturiana sana.
Pilimindrina debajo de la mesa: Maus, por tu padre, ¿probamos en el de al lado?
Uno de los días llevé a Maus a cenar a casa de unos familiares, advirtiéndoles previamente de las particularidades culinarias del muchacho. Mi tía se lució preparándole canelones de espinacas, tortilla de patatas y una ensalada como acompañamiento. Me pidió que le preguntara si quería aceite y vinagre para aliñarla. Maus contestó que no, que se la comía tal cual. Mi tía abrió desmesuradamente los ojos - nos pasamos media tarde tratando de sacar uno de ellos de entre las rendijas del radiador - dejó caer la mandíbula lo menos medio metro y exclamó: “¡Pero fío, eso ye como comer segao!”. Miré a Maus. Miré a mi tía. Volví a mirar a Maus: “Dice que vale, que te aproveche”.
El chaval debió perder unos 5 kilos en los días que pasó por la tierrina.
(continuará)
Un nuevo adiós...
El pasado día 4 regresé a Mix Village. Tengo cientos de anécdotas divertidas y un montón de nuevos planes que contaros...Sin embargo hoy no puedo.
Hace escasamente una hora me he despedido de Muso en el aeropuerto. Esta vez no es un "nos vemos" o un "hasta luego", ni tampoco un "pásatelo bien en vacaciones". Esta vez se va de verdad. Como dirían los ingleses, he's leaving for good.
¿A cuántas más personas importantes en mi vida tendré que dejar atrás para perseguir mi vocación? Lejos de resultar más fácil, cada vez se hace más duro decir adiós. Especialmente a alguien que, como Muso, me entregó un día su corazón y se vino hasta Inglaterra únicamente para estar conmigo. Ahora se vuelve a casa incapaz de evitar pensar que ha fracasado; es igual las veces que le repita que, si alguien ha fracasado en algo, esa he sido yo. La eterna racionalista. La eterna científica. La eterna egoísta que sólo piensa en ella misma. La que jamás se entrega por completo a nadie.
Mañana os haré reír de nuevo. Hoy sólo puedo llorar a Muso y lamentar no haber podido darle lo que él merecía.
