¿...y comieron perdices?
Hace año y medio cerré mi blog con un artículo titulado “Y vivieron felices…”. En él explicaba cómo, después de muchos meses de luchar por ello, Maus y yo estábamos al fin juntos, y cómo el futuro dependería de nosotros dos de entonces en adelante.
Para aquellos de vosotros que no estéis familiarizados con la historia (y a los que no os apetezca leeros todo mi antiguo blog), dejadme que os cuente un par de cosas sobre Maus. Maus es un inglesito a quien conocí trabajando en el Departamento de Genética de Mix Village (como describo en este artículo), la ciudad en la que estuve trabajando durante dos años y medio antes de mudarme a la tierra de los kiwis. Tras una corta pero intensa relación, esta menda que escribe recibió su oferta de trabajo en Nueva Zelanda, y Maus súbitamente decidió venirse conmigo. Ya por entonces debí haberme dado cuenta de que una decisión tan radical y rápida no presagiaba nada bueno; inevitablemente, las dudas pronto empezaron a reconcomerle. Tras casi dejarme tirada en el aeropuerto el día de nuestro viaje, Maus me hizo pasar unos primeros meses espantosos, de depresiones, de continua inseguridad, de “ahora me voy”, “ahora me quedo”, de numerosas peleas estúpidas y silencios dolorosos. En Abril de 2006 decidió volverse a Inglaterra “para arreglar temas pendientes” y juró y perjuró que estaría de vuelta en 5 semanas máximo. Casi tres meses pasaron antes de que finalmente se decidiese a volver, supuestamente para dedicarse en cuerpo y alma a nuestra relación, esta vez sin dudas ni comeduras de tarro. En este punto dejé el blog, no por mi relación con Maus, sino porque sentía que había cerrado una etapa y que necesitaba empezar de nuevo.
Desgraciadamente, y a pesar de que durante un breve período de tiempo fuimos felices, no nos dio tiempo a comer demasiadas perdices. En un par de semanas, las antiguas discusiones (multiplicadas por 10), sus dudas y sus inseguridades - y también mi mala leche y falta de paciencia, que yo no soy ninguna santa - volvieron a abrir brechas que yo había creído cerradas y cicatrizadas. La situación empeoró hasta tal punto, que Maus decidió, de golpe y porrazo, que aún no había terminado lo que tenía que hacer en Inglaterra, así que se volvía. Por aquel entonces el único motivo de que siguiésemos juntos es ese amor estúpido e incondicional que los seres humanos tenemos a bien sentir a veces por la persona menos apropiada… hablando el plata, que estaba colada por él, y dispuesta a llegar donde hiciera falta para que nuestra relación funcionase. Oír de sus labios que se marchaba otra vez me sumió en un estado de pánico cerval. Imaginarme la vida sin él era demasiado doloroso, volver a vivir esas semanas de inseguridad, pegada al teléfono esperando sus llamadas, ansiando escuchar su voz y al mismo tiempo aterrada pensando que podría decirme que jamás volvería… no me vi capaz de pasar por todo eso otra vez, así que le di un ultimátum: el 25 de Agosto yo tenía que acudir a una conferencia en Queenstown, En la isla Sur. Maus se había comprado un billete de avión para el día 26 de ese mes. Yo me iría y él tendría que tomar la decisión de irse o quedarse, y fuera cual fuese esa decisión mantenerla y obrar en consecuencia.
El 25 de Agosto por la mañana, Steve me vino a buscar. Éramos 6 compañeros de trabajo, todos buenos amigos, los que íbamos a asistir a la conferencia, y todos ellos conocían, con más o menos detalles, la enrevesada historia ente Maus y yo. Antes de montarme en el coche con Steve, miré a Maus muy seria. No lloré, ni le supliqué que se quedase, ni me enfadé. Tan solo le abracé brevemente, le susurré al oído “la decisión está en tus manos”, me di la vuelta despacito y me fui.
La semana que me pasé en Queenstown fue una de las más extrañas que recuerdo: aterradora y emocionante, divertida y deprimente, fantástica y desesperante. Todo eso al mismo tiempo. Contemplándola ahora desde el presente, los buenos recuerdos destronan a los malos por 100 a 1. No estoy segura de si esto se debe a mi carácter optimista - el vaso está siempre medio lleno - o si realmente fue así, ya que también soy capaz de recordar momentos tan, tan bajos y tan miserables, que algunos días me costaba encontrar un motivo para salir de la cama por la mañana. Pero quiso la suerte que mi grupo de amigos estuviera siempre conmigo, y que la belleza y alegría de Queenstown – la capital de la juerga neozelandesa – fuera tan contagiosa que resultase capaz de mitigar el dolor de un corazón roto. En Queenstown comprobé una vez más que nunca se debe subestimar el valor de la amistad, que tantas y tantas veces sigue ahí a tu lado, terca y pertinaz, cuando el amor más profundo se vuelve contra ti.
Y se acabaron las descripciones melancólicas, ¡coño!. Los que habéis vuelto a mi blog, y los que llegáis a él por casualidad o siguiendo un enlace, no estáis aquí para leer las crónicas de María Magdalena y gastaros el sueldo en paquetes de Kleenex perfumados. Os estaba hablando de Queenstown, ¿verdad?. ¿Qué preferís, escuchar los lamentos agónicos de una plañidera en ciernes, o más bien leer historias acerca de culos peludos, despertares en camas ajenas, vuelos en helicóptero, juergas de sábado noche, broncas con desconocidos y ligoteos con representantes de compañías de microscopios? Vamos, está claro, ¿no?
Pues estad atentos, que llega Queenstown…
Para aquellos de vosotros que no estéis familiarizados con la historia (y a los que no os apetezca leeros todo mi antiguo blog), dejadme que os cuente un par de cosas sobre Maus. Maus es un inglesito a quien conocí trabajando en el Departamento de Genética de Mix Village (como describo en este artículo), la ciudad en la que estuve trabajando durante dos años y medio antes de mudarme a la tierra de los kiwis. Tras una corta pero intensa relación, esta menda que escribe recibió su oferta de trabajo en Nueva Zelanda, y Maus súbitamente decidió venirse conmigo. Ya por entonces debí haberme dado cuenta de que una decisión tan radical y rápida no presagiaba nada bueno; inevitablemente, las dudas pronto empezaron a reconcomerle. Tras casi dejarme tirada en el aeropuerto el día de nuestro viaje, Maus me hizo pasar unos primeros meses espantosos, de depresiones, de continua inseguridad, de “ahora me voy”, “ahora me quedo”, de numerosas peleas estúpidas y silencios dolorosos. En Abril de 2006 decidió volverse a Inglaterra “para arreglar temas pendientes” y juró y perjuró que estaría de vuelta en 5 semanas máximo. Casi tres meses pasaron antes de que finalmente se decidiese a volver, supuestamente para dedicarse en cuerpo y alma a nuestra relación, esta vez sin dudas ni comeduras de tarro. En este punto dejé el blog, no por mi relación con Maus, sino porque sentía que había cerrado una etapa y que necesitaba empezar de nuevo.Desgraciadamente, y a pesar de que durante un breve período de tiempo fuimos felices, no nos dio tiempo a comer demasiadas perdices. En un par de semanas, las antiguas discusiones (multiplicadas por 10), sus dudas y sus inseguridades - y también mi mala leche y falta de paciencia, que yo no soy ninguna santa - volvieron a abrir brechas que yo había creído cerradas y cicatrizadas. La situación empeoró hasta tal punto, que Maus decidió, de golpe y porrazo, que aún no había terminado lo que tenía que hacer en Inglaterra, así que se volvía. Por aquel entonces el único motivo de que siguiésemos juntos es ese amor estúpido e incondicional que los seres humanos tenemos a bien sentir a veces por la persona menos apropiada… hablando el plata, que estaba colada por él, y dispuesta a llegar donde hiciera falta para que nuestra relación funcionase. Oír de sus labios que se marchaba otra vez me sumió en un estado de pánico cerval. Imaginarme la vida sin él era demasiado doloroso, volver a vivir esas semanas de inseguridad, pegada al teléfono esperando sus llamadas, ansiando escuchar su voz y al mismo tiempo aterrada pensando que podría decirme que jamás volvería… no me vi capaz de pasar por todo eso otra vez, así que le di un ultimátum: el 25 de Agosto yo tenía que acudir a una conferencia en Queenstown, En la isla Sur. Maus se había comprado un billete de avión para el día 26 de ese mes. Yo me iría y él tendría que tomar la decisión de irse o quedarse, y fuera cual fuese esa decisión mantenerla y obrar en consecuencia.
El 25 de Agosto por la mañana, Steve me vino a buscar. Éramos 6 compañeros de trabajo, todos buenos amigos, los que íbamos a asistir a la conferencia, y todos ellos conocían, con más o menos detalles, la enrevesada historia ente Maus y yo. Antes de montarme en el coche con Steve, miré a Maus muy seria. No lloré, ni le supliqué que se quedase, ni me enfadé. Tan solo le abracé brevemente, le susurré al oído “la decisión está en tus manos”, me di la vuelta despacito y me fui.
La semana que me pasé en Queenstown fue una de las más extrañas que recuerdo: aterradora y emocionante, divertida y deprimente, fantástica y desesperante. Todo eso al mismo tiempo. Contemplándola ahora desde el presente, los buenos recuerdos destronan a los malos por 100 a 1. No estoy segura de si esto se debe a mi carácter optimista - el vaso está siempre medio lleno - o si realmente fue así, ya que también soy capaz de recordar momentos tan, tan bajos y tan miserables, que algunos días me costaba encontrar un motivo para salir de la cama por la mañana. Pero quiso la suerte que mi grupo de amigos estuviera siempre conmigo, y que la belleza y alegría de Queenstown – la capital de la juerga neozelandesa – fuera tan contagiosa que resultase capaz de mitigar el dolor de un corazón roto. En Queenstown comprobé una vez más que nunca se debe subestimar el valor de la amistad, que tantas y tantas veces sigue ahí a tu lado, terca y pertinaz, cuando el amor más profundo se vuelve contra ti.Y se acabaron las descripciones melancólicas, ¡coño!. Los que habéis vuelto a mi blog, y los que llegáis a él por casualidad o siguiendo un enlace, no estáis aquí para leer las crónicas de María Magdalena y gastaros el sueldo en paquetes de Kleenex perfumados. Os estaba hablando de Queenstown, ¿verdad?. ¿Qué preferís, escuchar los lamentos agónicos de una plañidera en ciernes, o más bien leer historias acerca de culos peludos, despertares en camas ajenas, vuelos en helicóptero, juergas de sábado noche, broncas con desconocidos y ligoteos con representantes de compañías de microscopios? Vamos, está claro, ¿no?
Pues estad atentos, que llega Queenstown…
Y tú, ¿qué decidirías?
Este fin de semana en Auckland y alrededores (incluido Hamilton) ha sido de tres días y me lo he pasado recorriendo las playitas de la costa Oeste. Pasarme el día despanzurrada en la arena de la playa no es algo muy habitual en mí, y según transcurrían los minutos y las horas me dio por meditar.
Inciso: lo de la meditación tampoco es lo mío... hay gente que disfruta sintiendo el karma y alcanzando el Nirvana... viviendo los entresijos del Zen... rezando por la paz en el mundo, el fin de las guerras o la desaparición de los pelos de las piernas... Yo personalmente tengo pocos momentos en los que dejar vagar la mente, y, para qué negarlo, cuando estos milagros de la neurona ocurren, suelo encontrarme haciendo una lista mental de tíos buenorros de mi entorno y/o imaginándomelos en todo tipo de situaciones eróticas conmigo misma. Pero esta vez estuve meditando de verdad. Lo juro. La lista de buenorros se me acabó a los 5 minutos :(
Fin del inciso.
Y lo que acabó por venir a mi mente fue una situación tan enrevesada que me pasé gran parte del fin de semana tratando de resolverla, sin éxito.
Imaginaos por un momento que de pronto, un día cualquiera a una hora cualquiera, mientras os quitáis las legañas delante del espejo, tomáis un café con los amigos o criticáis a la vecina del quinto, todo lo que os rodea desaparece y os encontráis en una habitación blanca deslumbrante. Una voz en off (los que seáis creyentes llamadla "Dios", los que no llamadla como queráis) os dice: "Fulanit@, estás aquí porque tu vida se encuentra en una encrucijada, y de manera excepcional se te ha concedido la oportunidad de decidir qué camino ha de seguir. Una vez hayas tomado tu decisión, volverás a tu mundo y olvidarás completamente que esto ha sucedido. Tus opciones son las siguientes:
Primera - Encontrarás la muerte dentro de este año que acaba de comenzar. Tu muerte será relativamente rápida e indolora (véase "accidente de tráfico", "ataque al corazón", o similar)
Segunda - morirás a los 85 años, pero después de haber sido torturado cruel y salvajemente durante 4 semanas."
¿Qué haríais vosotros? Ya sé que me vais a decir que estoy como un cencerro - y tendréis razón -, pero, ¿a que tiene miga la decisión?
Inciso: lo de la meditación tampoco es lo mío... hay gente que disfruta sintiendo el karma y alcanzando el Nirvana... viviendo los entresijos del Zen... rezando por la paz en el mundo, el fin de las guerras o la desaparición de los pelos de las piernas... Yo personalmente tengo pocos momentos en los que dejar vagar la mente, y, para qué negarlo, cuando estos milagros de la neurona ocurren, suelo encontrarme haciendo una lista mental de tíos buenorros de mi entorno y/o imaginándomelos en todo tipo de situaciones eróticas conmigo misma. Pero esta vez estuve meditando de verdad. Lo juro. La lista de buenorros se me acabó a los 5 minutos :(
Fin del inciso.
Y lo que acabó por venir a mi mente fue una situación tan enrevesada que me pasé gran parte del fin de semana tratando de resolverla, sin éxito.
Imaginaos por un momento que de pronto, un día cualquiera a una hora cualquiera, mientras os quitáis las legañas delante del espejo, tomáis un café con los amigos o criticáis a la vecina del quinto, todo lo que os rodea desaparece y os encontráis en una habitación blanca deslumbrante. Una voz en off (los que seáis creyentes llamadla "Dios", los que no llamadla como queráis) os dice: "Fulanit@, estás aquí porque tu vida se encuentra en una encrucijada, y de manera excepcional se te ha concedido la oportunidad de decidir qué camino ha de seguir. Una vez hayas tomado tu decisión, volverás a tu mundo y olvidarás completamente que esto ha sucedido. Tus opciones son las siguientes:Primera - Encontrarás la muerte dentro de este año que acaba de comenzar. Tu muerte será relativamente rápida e indolora (véase "accidente de tráfico", "ataque al corazón", o similar)
Segunda - morirás a los 85 años, pero después de haber sido torturado cruel y salvajemente durante 4 semanas."
¿Qué haríais vosotros? Ya sé que me vais a decir que estoy como un cencerro - y tendréis razón -, pero, ¿a que tiene miga la decisión?
Etiquetas: encrucijada muerte
Acojone mañanero
Esta mañana al salir de casa fui a conectar la alarma. El panel de la alarma está detrás de la cortina del salón. Al apartar la cortina y acercar la mano, me di de bruces con ESTO:
Dad la bienvenida a uno de los encantadores bichos comunes en Nueva Zelanda: la Weta. Anda que no es fea la jodía...
Dicen que los camellos son los únicos animales capaces de sacarse el estómago por laboca. Ahora son los camellos y Pilimindrina. Así que ya sabéis el origen del chillido aquel que escuchasteis aproximadamente a las 8 de la tarde - hora española - en la lejanía.
A pesar de las apariencias, la weta es inofensiva y muy curiosa, aquí tenéis un vídeo de nosotras dos retozando en un cojín (una vez mi corazón recuperó su ritmo normal tras la primera impresión):
Este otro bicho, por ejemplo, no es tan inofensivo. Es una araña de cola blanca hembra (whitetail) a la que sorprendí dándose un paseo por mi cocina, tan pancha ella:
Ya estáis avisados los que tengáis pensado veniros ;)
Dad la bienvenida a uno de los encantadores bichos comunes en Nueva Zelanda: la Weta. Anda que no es fea la jodía...
Dicen que los camellos son los únicos animales capaces de sacarse el estómago por laboca. Ahora son los camellos y Pilimindrina. Así que ya sabéis el origen del chillido aquel que escuchasteis aproximadamente a las 8 de la tarde - hora española - en la lejanía.
A pesar de las apariencias, la weta es inofensiva y muy curiosa, aquí tenéis un vídeo de nosotras dos retozando en un cojín (una vez mi corazón recuperó su ritmo normal tras la primera impresión):
Este otro bicho, por ejemplo, no es tan inofensivo. Es una araña de cola blanca hembra (whitetail) a la que sorprendí dándose un paseo por mi cocina, tan pancha ella:
Ya estáis avisados los que tengáis pensado veniros ;)
Pilimindrina... "el retonno" de la asturianina viajera
Pues sí, viejos y nuevos lectores, después de una ausencia de aproximadamente año y medio, he decidido volver para daros un poco más el coñazo.
Algunos de vosotros ya conocéis mi historia; pero para aquellos de vosotros que aún no sepáis nada de mí, debo deciros que se os ha terminado la suerte. Sí sí, va para ti, que estás leyendo ahora mismito estas líneas: no sabes la que te espera, amigo. Tienes Pilimindrina para rato. Este blog está protegido por un conjuro mágico, y en el momento en que has pasado de la línea 3 del primer artículo ya no hay vuelta atrás, tienes que seguir leyendo. Porque vas a enterarte de cosas que suceden en el otro extremo del mundo, porque vas a viajar sin moverte de la silla, porque vas a ser testigo de detalles de mi vida que posiblemente muchos de tus amigos no te revelen de la suya... y porque lo digo yo, ea.
Y también porque te necesito, lector. Tanto al viejo como al nuevo. Tengo un plan que llevaré a cabo pronto, y no puedo hacerlo yo sola. Se me queda grande. A cambio de tu ayuda, mi blog te va a llevar a lugares donde sólo has soñado que podías ir. Vas a acompañarme en el más grande de mis viajes, y vas a hacerlo no sólo leyendo acerca de mis aventuras, sino participando activamente en ellas.
¿Que cómo puede ser eso? Sigue leyendo y quizá lo descubras :)
Pilimindrina es una mujer ya de 31 años, que con 27 hizo las maletas y dejó su Asturias del alma para irse a vivir a Inglaterra con su novio catalán, Muso, para trabajar como científica. Una vez allí descubrió que los ingleses eran una especie singular de ser humano, y decidió inmortalizarlos de alguna manera. Pilimindri rompió con su novio al año de llegar a Inglaterra, y su nuevo estatus de "single woman" le dejó mucho más tiempo libre para salir de juerga, pasarlo bien, ligotear... y escribir un blog, que comenzó como algo improvisado y sin forma, y acabó siendo... bueno, acabó siendo algo improvisado y sin forma, pero a la vez una manera inesperada de llegar a mucha más gente y descubrir que las aventuras son mucho más emocionantes cuando las compartes.
El blog siguió adelante, así como su vida en Inglaterra, hasta que una mala situación en el trabajo - sumado a cierta incompatibilidad con el carácter y las costumbres inglesas - la convencieron de que debía moverse en busca de pastos más verdes. Empezó a buscar otro trabajo en un lugar indeterminado del planeta, y por la misma época conoció a un inglesillo (Maus) que logró encandilarla... después de currárselo durante un tiempo, todo sea dicho. De golpe y porrazo, cuando la historia con el inglesillo estaba en el límite entre "rollo aventurero" y "coño, parece que esto pasa a ser otra cosa", a Pilimindri le salió una oferta de trabajo un pelín lejos... concretamente en Nueva Zelanda, tierra de kiwis y tíos con sortijas (¿o era Señores con Anillos? Bueno, es igual). Pili no se lo pensó demasiado, y decidió cambiar la tierra de los ingleses por la de los kiwis. Maus tampoco se lo pensó tanto - en un principio - y decidió acompañarla en su nueva aventura.
Y tanto Pilimindrina como su blog se mudaron a Nueva Zelanda... y descubrieron un lugar de una naturaleza impresionante, de gente variopinta, de pájaros sin alas y nubes blancas y rápidas, de volcanes activos y ciudades que huelen a huevos cocidos, de terremotos y tsunamis, playas, bosques y glaciares... Un lugar en el que sigue viviendo, pero ya sin Maus, y del que planea marcharse para emprender una nueva y gran aventura. La mayor aventura de mi vida. Y espero que también de la vuestra.
Bienvenidos una vez más al blog de Pilimindrina. Otra vez single. Otra vez en Nueva Zelanda. Otra vez provocativa, polémica e impredecible, alocada y atolondrada. Y esta vez, imparable.
Empieza la función...
Algunos de vosotros ya conocéis mi historia; pero para aquellos de vosotros que aún no sepáis nada de mí, debo deciros que se os ha terminado la suerte. Sí sí, va para ti, que estás leyendo ahora mismito estas líneas: no sabes la que te espera, amigo. Tienes Pilimindrina para rato. Este blog está protegido por un conjuro mágico, y en el momento en que has pasado de la línea 3 del primer artículo ya no hay vuelta atrás, tienes que seguir leyendo. Porque vas a enterarte de cosas que suceden en el otro extremo del mundo, porque vas a viajar sin moverte de la silla, porque vas a ser testigo de detalles de mi vida que posiblemente muchos de tus amigos no te revelen de la suya... y porque lo digo yo, ea.Y también porque te necesito, lector. Tanto al viejo como al nuevo. Tengo un plan que llevaré a cabo pronto, y no puedo hacerlo yo sola. Se me queda grande. A cambio de tu ayuda, mi blog te va a llevar a lugares donde sólo has soñado que podías ir. Vas a acompañarme en el más grande de mis viajes, y vas a hacerlo no sólo leyendo acerca de mis aventuras, sino participando activamente en ellas.
¿Que cómo puede ser eso? Sigue leyendo y quizá lo descubras :)
Pilimindrina es una mujer ya de 31 años, que con 27 hizo las maletas y dejó su Asturias del alma para irse a vivir a Inglaterra con su novio catalán, Muso, para trabajar como científica. Una vez allí descubrió que los ingleses eran una especie singular de ser humano, y decidió inmortalizarlos de alguna manera. Pilimindri rompió con su novio al año de llegar a Inglaterra, y su nuevo estatus de "single woman" le dejó mucho más tiempo libre para salir de juerga, pasarlo bien, ligotear... y escribir un blog, que comenzó como algo improvisado y sin forma, y acabó siendo... bueno, acabó siendo algo improvisado y sin forma, pero a la vez una manera inesperada de llegar a mucha más gente y descubrir que las aventuras son mucho más emocionantes cuando las compartes.El blog siguió adelante, así como su vida en Inglaterra, hasta que una mala situación en el trabajo - sumado a cierta incompatibilidad con el carácter y las costumbres inglesas - la convencieron de que debía moverse en busca de pastos más verdes. Empezó a buscar otro trabajo en un lugar indeterminado del planeta, y por la misma época conoció a un inglesillo (Maus) que logró encandilarla... después de currárselo durante un tiempo, todo sea dicho. De golpe y porrazo, cuando la historia con el inglesillo estaba en el límite entre "rollo aventurero" y "coño, parece que esto pasa a ser otra cosa", a Pilimindri le salió una oferta de trabajo un pelín lejos... concretamente en Nueva Zelanda, tierra de kiwis y tíos con sortijas (¿o era Señores con Anillos? Bueno, es igual). Pili no se lo pensó demasiado, y decidió cambiar la tierra de los ingleses por la de los kiwis. Maus tampoco se lo pensó tanto - en un principio - y decidió acompañarla en su nueva aventura.
Y tanto Pilimindrina como su blog se mudaron a Nueva Zelanda... y descubrieron un lugar de una naturaleza impresionante, de gente variopinta, de pájaros sin alas y nubes blancas y rápidas, de volcanes activos y ciudades que huelen a huevos cocidos, de terremotos y tsunamis, playas, bosques y glaciares... Un lugar en el que sigue viviendo, pero ya sin Maus, y del que planea marcharse para emprender una nueva y gran aventura. La mayor aventura de mi vida. Y espero que también de la vuestra.Bienvenidos una vez más al blog de Pilimindrina. Otra vez single. Otra vez en Nueva Zelanda. Otra vez provocativa, polémica e impredecible, alocada y atolondrada. Y esta vez, imparable.
Empieza la función...
Comienza la cuenta atrás...
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8
7
6, 5, 4, 3 (perdón, es que caía el finde de por medio :P)
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1...
PD Estoy republicando los archivos del antiguo blog... me va a llevar un tiempecillo, pero así al menos podréis recordar mis viejas aventuras (los que ya me conocéis) o descubrir de qué va todo esto (los que no me conocéis aún).
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PD Estoy republicando los archivos del antiguo blog... me va a llevar un tiempecillo, pero así al menos podréis recordar mis viejas aventuras (los que ya me conocéis) o descubrir de qué va todo esto (los que no me conocéis aún).

