Los viajes de Pilimindrina
Viviendo cabeza abajo
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El tiempo pasa, pero yo sigo siendo la misma (con el pelo algo más largo y 31 añitos ya, pero la misma ;). La historia de mis aventuras en Nueva Zelanda dejó de ser contada hace ya año y medio, pero he vuelto. Tengo mil aventuras más que contar, nuevos personajes de los que hablaros... y un nuevo plan, algo muy grande que llevar a cabo.

Algo para lo que necesito vuestra ayuda :)


LISTA COMPLETA DE PERSONAJES
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De polvo y demás guarreridas...
Ayer estaba haciendo la cena y se me cayó al suelo el cronómetro de cocina que uso para que no se me peguen las lentejas... de esos con imán que van pegados a la nevera, más simples que el mecanismo de un mechero. Fui a parar el "bip bip" y se me escurrió. CRAS. La tapita de la pila y la pila a tomar viento. Echando pestes me agaché a ver si se había colado debajo de la nevera... en cuanto eché un vistazo allá abajo me olvidé del reloj, de la pila, de la nevera y de las lentejas... ¡Por dios, la de mugre que se puede acumular debajo de ese trasto! Entre las pelusillas, los restos orgánicos y las peladuras de patata fosilizadas creo que alcancé a ver una civilización entera de hombrecitos rosa que habían evolucionado allá abajo, como los que se encuentra Will Smith en "Men in Black" al abrir su consigna en la estación.

PhotobucketY es que la limpieza en la casa es de lo más puñetero que hay... Cuando vivía con mi compa éramos los dos más despreocupados, no le dábamos tanta importancia al tema de un ligero desorden y unas pocas motas de polvo. Aún recuerdo cuando estábamos los dos despanzarrados en el sofá y en esto que siento un toquecito discreto en el hombro... me vuelvo y veo una cochinilla de la humedad enorme, con cara de pocos amigos y los brazos en jarras, que me mira y me suelta: "A ver si limpiamos el baño más a menudo, ¿eh?, que me está dando reúma y en casa ya estamos hartos de comer champiñones".

Y es que tenía toda la razón la pobre, pero claro, lo malo de vivir en pareja es que da mucha más pereza limpiar, porque en cuanto despejas la mesa y barres el suelo, el otro llega y desparrama todos sus CDs, revistas de informática y demás mierdecillas que los tíos vais siempre dejando por ahí por dondequiera que paséis. "Seguro que tú también desordenas", diréis, y yo contesto: pues sí, pues sí, pero mi desorden es más razonable... puedo dejar el vaso de la coca cola, los platos de la comida, las zapatillas en medio del salón... pero no me podéis negar que los hombres, aparte de todo eso, lleváis siempre encima todo un batallón de artilugios electrónicos y/o de bricolaje que vais dejando por la casa en plan "marcando mi territorio".

"¿Y qué es, que tu churri no limpiaba?", será la siguiente pregunta... brmbgrmbl... esa pregunta es joía de contestar. Sí que limpiaba, pero limpiaba como limpian los tíos: es decir, a su manera. ¿Que le tocaba limpiar el baño? Pues pasaba el estropajo y la lejía por la parte de arriba del lavabo, por la parte exterior del water y rociaba la bañera... ¡listos!. Porque claro, ¿para qué limpiar por debajo, si no se ve? ¿Y cómo se me ocurre a mí insinuarle que hay que meter la mano dentro del water para limpiarlo? ¡Por dios, qué asco! Para eso está la cisterna, que lo deja de un limpio que no veas.

PhotobucketPozí, josmíos, por mucho que os duela leerlo, la mayoría de tíos sois así: limpiáis lo que se ve, y a regañadientes. Y como esta servidora no tiene un pelo de esclava del hogar, cuando sucedía eso yo sencillamente decía: "¿Ah sí? Pues si tú no limpias, yo tampoco". Y me quedaba tan ancha. Así acababa la casa, que teníamos a todos los amigos advertidos de que avisaran unas dos horas antes de pasarse para tener tiempo de dejar aquello medianamente presentable.

Cuando una se queda soltera otra vez empieza a "picarle" la mierdecilla... No encuentro una expresión más adecuada... pasas el dedo por la mesita de noche y compruebas que has dejado un canal de 1 cm de profundidad en el polvo, miras al suelo y ves que vas dejando huella, y parece que te apetece cada vez más tener una casa como es debido. Así que a los dos días de romper la relación te encasquetas el mandil y los guantes y dejas aquello tan limpio como nunca estuvo. Y de paso aprovechas para cambiar todas las cosas de sitio.

Pero lo de mantener limpia una casa es cosa muy puñetera: cuando está todo uniformemente sucio parece que no se nota tanto... pero basta con que limpies algo para que automáticamente destaque lo sucio que está lo demás; echas 2 horas pasando el aspirador y limpiando el suelo, y cuando te paras a contemplar su fulgor, toda orgullosa de tu logro, de repente te das cuenta: joer, las regletas están hechas un asco. Porque claro, cuando ni siquiera te preocupas mucho de barrer el suelo, ¿quién coño va a pensar en limpiar las regletas? ¿Alguien ha limpiado alguna vez una regleta?. Total, que te arrodillas y les pasas el trapo, y cuando están bien limpitas retrocedes para contemplar tu obra... y te das cuenta de que en el brillo del parquet se ve reflejado el polvo de la estantería. Vacías todas las baldas, colocas donde puedes las figuritas, libros, peluches y demás tonteridas que tuvieras colocadas allí, dejas la estantería como los chorros del oro, lo vuelves a poner todo en su sitio... y cuando te das cuenta el suelo vuelve a estar lleno del polvo que cayó de la estantería. En esos momentos te planteas la posibilidad de llamar a un equipo de especialistas para que hagan todo el trabajo y a continuación envolver la casa con plástico transparente para que no entre más polvo jamás de los jamases...

Y al cabo de muchas horas, cuando lo que más polvo y porquería tiene en la casa eres tú, cuando por fin crees que vas a poder disfrutar de una casa más o menos limpia al menos por una semana... en ese momento llaman a la puerta y se te presentan 7 amigos en casa. Traen patatitas fritas, Doritos, palomitas de microndas, refrescos y 10 cajas de pizza. Total, que cuando se van te apetece irte con ellos a una de sus casas para no tener que contemplar cómo ha quedado tu madriguera.

Y luego, esa es otra, están lo que yo llamo "rincones inaccesibles". Como el hueco de debajo de la nevera. ¿Cómo limpias un sitio en el que no cabe ni tu mano, ni mucho menos una escoba o una aspiradora, y que está debajo de un artilugio que pesa unos 100 kg? Sería más fácil hacer una campaña educativa dirigida a la comunidad de hombrecitos rosa que han evolucionado allá abajo para que mantengan limpia su ciudad.

PhotobucketTambién están los "lugares impensables". Cuando vives con tus padres en casa das por sentado que hay sitios que no hay que limpiar, que se mantienen limpios solos. Por ejemplo, la tapa del cubo de la basura... ¿has visto a tu madre limpiar la tapa del cubo de la basura alguna vez? Pues os aseguro que, cuando una vive sola, en ese rincón crecen todo tipo de hongos mutantes que harían huir despavorida a "la Cosa" de John Carpenter. Total, te pasas una tarde limpiando la cocina de arriba a abajo, y lo primero que dice tu madre en su visita periódica a tu piso es "Nena, vaya sucia que tienes la tapa del cubo de la basura, ¿qué es, que no limpias?". Es en esos momentos en los que su condición de madre la salva de las ansias asesinas que te invaden... "Hija, ¿qué haces con el cuchillo jamonero?" "Nada mamá, es que se me ha metido algo entre los dientes..."

Total, que por muchas horas y días que hayas pasado preparando la casa para su revisión materna, en cuanto te descuidas te la encuentras con el mandil puesto y la fregona en ristre... "¡¡Pero mamá!!! ¿Quieres dejar eso en su sitio? ¡Ya he limpiado!" "¿Que has limpiado? ¡Qué dices, por Dios! Mira esas regletas qué llenas de mierdecilla están, y detrás del sofá hay más polvo que en las habitaciones de un burdel... y por cierto, ¿se te ha ocurrido echar un vistazo debajo de la nevera?"

No