El Hundimiento
¡Oish, qué ominoso me ha quedado! No, no es que esté inmersa en una depresión de caballo, se trata sólo del título de la peli que fuimos a ver el lunes.
Mi amigo Doc ya me había dicho en alguna ocasión que le apetecería ir a ver la peli esta. Yo sólo sabía de ella que era en alemán y que trataba de los últimos meses de vida del angelito Adolf Hitler. Por puro altruismo y ningún motivo más (ehm... vale) se me ocurrió que podía invitar a ir también a Rizos... y bueno, ya que va ella, pues para ser dos chicos y dos chicas, en fin... que también podía venirse el Portu.
¡Bueno, sí! ¡La necesidad aprieta! ¿Y qué?
Una que es precavida ya le había comentado delicada y discretamente a Rizos que su amigo no me era indiferente. "Joer el portu, está buenorro ¿eh?, a ver si me pasas su mail". Acto seguido ella, que es discreta pero de las de verdad, nos envió un mail a ambos para darnos las gracias por haber ido a la Scavenger Hunt y decirnos que se lo había pasado muy bien. Primer objetivo conseguido. Así que al día siguiente planeé mi estrategia: pregunté a Doc si estaría libre para el lunes tarde y les envié otro mail a Rizos y Portu comentándoles lo de la peli.
Total, los tres querían ir, pero ninguno estaba 100% seguro que para esa hora, la hora más barata del día más barato (no es que seamos roñas, es que aquí el cine cuesta un pastón), hubieran terminado en el trabajo. Vamos, que los que pudiéramos nos presentaríamos en la puerta del cine a las 4:45 pm.
Debo aclarar que entre las muchas cualidades que hacen de mí un bicho raro está la de llegar pronto a todos los sitios. Los "seres tempranos" como yo nos pasamos media vida esperando, en primer lugar, por los que llegan a tiempo (gran minoría), y en segundo lugar por los que llegan con diversos grados de tardanza (un 98.9%). Total, que a las 4:30 de una preciosa tarde soleada allí estaba yo, plantada delante de la puerta del cine y dedicándome a criticar mentalmente a todo el que pasaba. Dios, qué gafas más espantosas lleva esa... ¿Este se habrá dado cuenta de que lleva la etiqueta del pantalón por fuera?... Si pasa otro tío más como este se me atrofiará la libido... ¡Coño, un pitufo!. A las 4:45, por supuesto, ni Dios en la puerta del cine más que yo y un grupo de chinas haciéndose fotos con el móvil. 4:50 y nada. 4:55 e incluso a las chinas había venido a buscarlas alguien. Empecé a preguntarme si realmente la película era tan interesante como para ir a verla yo sola, cuando de repente se hizo la luz... ni elecciones de papa, ni leches... la Divina Providencia ese día estaba conmigo en un cine de Mix Village cuando vi acercarse corriendo y todo sudoroso al portuguesito con cara de "¡llego tarde, verdad?"
No corazón, llegas a tiempo para satisfacer mis fantasías más ocultas... vale, no dije eso, pero lo pensé.
"Na, no te preocupes, si yo acabo de llegar" - crecida de nariz - "venga, vamos a comprar las entradas que casi es la hora"
"Esperamos un rato a ver si llega alguno de los otros, ¿no?"
"No, que se j... estooo... seguro que a estas horas ya no vienen, venga, p'adentro"
Yo solita en el cine con el Portu... lo que hacía tan sólo 3 minutos había parecido un aburrimiento de tarde había pasado a ser prometedoramente interesante...
Así que ahí estábamos los dos, con una bolsa de gominolas para compartir (ains, cuántas posibilidades de roces inocentes) y 3 horas en la oscuridad aguardándonos. Sin embargo, no todo puede ir como una espera, no olvidéis que Murphy me adora y verme con otro en el cine debió ponerle algo celosillo... La película de "El Hundimiento" es una auténtica obra maestra, pero como afrodisíaco creo que no ganaría para pipas. Las escenas de guerra, violencia y brutalidad que contiene esta peli, no tanto por lo gráfico sino por la intensidad emocional que llevan consigo, hacen estremecerse a los corazones más duros (y el mío no es uno de esos). La recreación de los últimos meses de decadencia de Hitler, representado por un espléndido Bruno Ganz, la visión humana de la persona que era a la vez capaz de ser tierna con los niños, amante de los animales y gran líder de masas, pero tambén de ignorar el sufrimiento de su propio pueblo, que él llevó a lo más alto para luego dejarlo caer de bruces, de fomentar el odio más irracional sobre una parte de la población, y de liderar el genocidio más atroz que jamás ha conocido la Humanidad, es el equivalente psicológico de una bofetada, una bofetada en el alma. Llega un momento en el filme en el que te apetece levantarte e irte, no porque la película sea mala, sino porque tu mente ya no aguanta un segundo más de horror. Los directores que han utilizado la figura de Hitler en sus películas solían representarlo huraño, de mal humor constante, sádico e inaguantable... un monstruo en todas sus facetas. La visión del führer que ofrece "El Hundimiento" es mucho más aterradora, por ser más real: no era un monstruo, era un ser humano, un ser humano capaz de provocar un sufrimiento inaguantable a un pueblo después de fotografiarse jugando con una de las hijas pequeñas de Göbbels, o de mostrarse amable y comprensivo con una secretaria jovencita que no acierta con las teclas de la máquina de escribir. Recomiendo esta película a todo el que esté interesado en una visión objetiva de una parte de la Segunda Guerra Mundial, siempre que tenga un buen aguante moral.
Por supuesto, con semejante peliculazo y con la impresión que provocaba, la idea de flirtear con mi compañero de asiento no podía estar más lejos de mi mente. Mi mayor esfuerzo consistió en no ponerme a llorar en las escenas más intensas, cosa que conseguí en mayor o menor manera. Cuál no sería mi sorpresa nada más terminar la peli al comprobar que dos brillantes lagrimones rodaban por las mejillas del Portu. ¡Con la cara de pícaro ligón que tenía y va a resultar que es un chaval sensible y todo! No podía dejar pasar la oportunidad de explorar esa faceta...
"Creo que los dos necesitamos beber algo después de esto, ¿verdad?"
Él se limitó a asentir con la cabeza, y me lo llevé al primer pub que encontramos. Allí comenzó una larga y emocionada conversación acerca de la maldad del hombre, el sentido de la vida, la felicidad del ser humano y la razón por la que en todo pub que se precie en Inglaterra siempre haya un charco de cerveza encima de la mesa. Hablar mucho da hambre, así que de ahí pasamos al Pizza Hut, lo único abierto a esas horas (aclaración: "esas horas" en la Gran Bretaña se traduce como "las 9:30 de la noche", hora a la que los españoles ni siquiera han empezado a cenar... pues aquí ya no te sirven cenas en ninguna parte), y seguimos con la charla trascendental. Allí me enteré de que lee y compone poesía y cree que el objetivo de todo ser humano debería ser compartir su felicidad con los demás. Muy bien... verás, yo soy una soltera reciente a la que apetecería un refresquillo sin compromiso... ¿me haces feliz? No, tampoco lo dije, pero seguro que se habría acabado la charla trascendental de manera bastante abrupta :P
El día soleado había dado paso a una noche fría y lluviosa... en mi ciudad esos cambios son el pan nuestro de cada día, pero en este caso el tiempo iba acompasado con el mar de dudas que me invadía... este chaval me pegaba mucho más escribiendo poemas de amor y enviando ramos de rosas rojas que como ídolo erótico. Sí, llamadme superficial (¡bueno, vale, tampoco hace falta que me lo gritéis!), pero lo que cualquier otra mujer consideraría virtudes a mí, en mi situación, me parecen más bien inconvenientes que me echan atrás. No quiero líos, ni compromisos, ni romanticismos bajo la luna. Como cantaba La Guardia en su archiconocida canción ochentera, "Tan sólo quiero tu calor". Sólo ser libre y disfrutar de mí misma durante una temporada. Estoy menos convencida que antes de intentar algo con el portuguesito... creo que esperaré al siguiente encuentro para que haya desempate de impresiones, ¿no os parece?
Al llegar a casa, empapada como una sopa, tenía mail de Doc. "Al final se me hizo tarde y no pude ir a lo del cine. ¡Espero que al menos acabadas emparejada con el portugués ese! Ya me contarás. Dig it! Doc" Hombre, emparejada emparejada... hay que ver, en cuanto te quedas libre tan a gustito, todo dios tratando de devolverte al "redil" de los casados. Francamente, no tengo ninguna prisa. Hay tantas aventuras esperándome allá afuera...
Mi amigo Doc ya me había dicho en alguna ocasión que le apetecería ir a ver la peli esta. Yo sólo sabía de ella que era en alemán y que trataba de los últimos meses de vida del angelito Adolf Hitler. Por puro altruismo y ningún motivo más (ehm... vale) se me ocurrió que podía invitar a ir también a Rizos... y bueno, ya que va ella, pues para ser dos chicos y dos chicas, en fin... que también podía venirse el Portu.
¡Bueno, sí! ¡La necesidad aprieta! ¿Y qué?
Una que es precavida ya le había comentado delicada y discretamente a Rizos que su amigo no me era indiferente. "Joer el portu, está buenorro ¿eh?, a ver si me pasas su mail". Acto seguido ella, que es discreta pero de las de verdad, nos envió un mail a ambos para darnos las gracias por haber ido a la Scavenger Hunt y decirnos que se lo había pasado muy bien. Primer objetivo conseguido. Así que al día siguiente planeé mi estrategia: pregunté a Doc si estaría libre para el lunes tarde y les envié otro mail a Rizos y Portu comentándoles lo de la peli.
Total, los tres querían ir, pero ninguno estaba 100% seguro que para esa hora, la hora más barata del día más barato (no es que seamos roñas, es que aquí el cine cuesta un pastón), hubieran terminado en el trabajo. Vamos, que los que pudiéramos nos presentaríamos en la puerta del cine a las 4:45 pm.
Debo aclarar que entre las muchas cualidades que hacen de mí un bicho raro está la de llegar pronto a todos los sitios. Los "seres tempranos" como yo nos pasamos media vida esperando, en primer lugar, por los que llegan a tiempo (gran minoría), y en segundo lugar por los que llegan con diversos grados de tardanza (un 98.9%). Total, que a las 4:30 de una preciosa tarde soleada allí estaba yo, plantada delante de la puerta del cine y dedicándome a criticar mentalmente a todo el que pasaba. Dios, qué gafas más espantosas lleva esa... ¿Este se habrá dado cuenta de que lleva la etiqueta del pantalón por fuera?... Si pasa otro tío más como este se me atrofiará la libido... ¡Coño, un pitufo!. A las 4:45, por supuesto, ni Dios en la puerta del cine más que yo y un grupo de chinas haciéndose fotos con el móvil. 4:50 y nada. 4:55 e incluso a las chinas había venido a buscarlas alguien. Empecé a preguntarme si realmente la película era tan interesante como para ir a verla yo sola, cuando de repente se hizo la luz... ni elecciones de papa, ni leches... la Divina Providencia ese día estaba conmigo en un cine de Mix Village cuando vi acercarse corriendo y todo sudoroso al portuguesito con cara de "¡llego tarde, verdad?"
No corazón, llegas a tiempo para satisfacer mis fantasías más ocultas... vale, no dije eso, pero lo pensé.
"Na, no te preocupes, si yo acabo de llegar" - crecida de nariz - "venga, vamos a comprar las entradas que casi es la hora"
"Esperamos un rato a ver si llega alguno de los otros, ¿no?"
"No, que se j... estooo... seguro que a estas horas ya no vienen, venga, p'adentro"
Yo solita en el cine con el Portu... lo que hacía tan sólo 3 minutos había parecido un aburrimiento de tarde había pasado a ser prometedoramente interesante...
Así que ahí estábamos los dos, con una bolsa de gominolas para compartir (ains, cuántas posibilidades de roces inocentes) y 3 horas en la oscuridad aguardándonos. Sin embargo, no todo puede ir como una espera, no olvidéis que Murphy me adora y verme con otro en el cine debió ponerle algo celosillo... La película de "El Hundimiento" es una auténtica obra maestra, pero como afrodisíaco creo que no ganaría para pipas. Las escenas de guerra, violencia y brutalidad que contiene esta peli, no tanto por lo gráfico sino por la intensidad emocional que llevan consigo, hacen estremecerse a los corazones más duros (y el mío no es uno de esos). La recreación de los últimos meses de decadencia de Hitler, representado por un espléndido Bruno Ganz, la visión humana de la persona que era a la vez capaz de ser tierna con los niños, amante de los animales y gran líder de masas, pero tambén de ignorar el sufrimiento de su propio pueblo, que él llevó a lo más alto para luego dejarlo caer de bruces, de fomentar el odio más irracional sobre una parte de la población, y de liderar el genocidio más atroz que jamás ha conocido la Humanidad, es el equivalente psicológico de una bofetada, una bofetada en el alma. Llega un momento en el filme en el que te apetece levantarte e irte, no porque la película sea mala, sino porque tu mente ya no aguanta un segundo más de horror. Los directores que han utilizado la figura de Hitler en sus películas solían representarlo huraño, de mal humor constante, sádico e inaguantable... un monstruo en todas sus facetas. La visión del führer que ofrece "El Hundimiento" es mucho más aterradora, por ser más real: no era un monstruo, era un ser humano, un ser humano capaz de provocar un sufrimiento inaguantable a un pueblo después de fotografiarse jugando con una de las hijas pequeñas de Göbbels, o de mostrarse amable y comprensivo con una secretaria jovencita que no acierta con las teclas de la máquina de escribir. Recomiendo esta película a todo el que esté interesado en una visión objetiva de una parte de la Segunda Guerra Mundial, siempre que tenga un buen aguante moral.Por supuesto, con semejante peliculazo y con la impresión que provocaba, la idea de flirtear con mi compañero de asiento no podía estar más lejos de mi mente. Mi mayor esfuerzo consistió en no ponerme a llorar en las escenas más intensas, cosa que conseguí en mayor o menor manera. Cuál no sería mi sorpresa nada más terminar la peli al comprobar que dos brillantes lagrimones rodaban por las mejillas del Portu. ¡Con la cara de pícaro ligón que tenía y va a resultar que es un chaval sensible y todo! No podía dejar pasar la oportunidad de explorar esa faceta...
"Creo que los dos necesitamos beber algo después de esto, ¿verdad?"
Él se limitó a asentir con la cabeza, y me lo llevé al primer pub que encontramos. Allí comenzó una larga y emocionada conversación acerca de la maldad del hombre, el sentido de la vida, la felicidad del ser humano y la razón por la que en todo pub que se precie en Inglaterra siempre haya un charco de cerveza encima de la mesa. Hablar mucho da hambre, así que de ahí pasamos al Pizza Hut, lo único abierto a esas horas (aclaración: "esas horas" en la Gran Bretaña se traduce como "las 9:30 de la noche", hora a la que los españoles ni siquiera han empezado a cenar... pues aquí ya no te sirven cenas en ninguna parte), y seguimos con la charla trascendental. Allí me enteré de que lee y compone poesía y cree que el objetivo de todo ser humano debería ser compartir su felicidad con los demás. Muy bien... verás, yo soy una soltera reciente a la que apetecería un refresquillo sin compromiso... ¿me haces feliz? No, tampoco lo dije, pero seguro que se habría acabado la charla trascendental de manera bastante abrupta :P
El día soleado había dado paso a una noche fría y lluviosa... en mi ciudad esos cambios son el pan nuestro de cada día, pero en este caso el tiempo iba acompasado con el mar de dudas que me invadía... este chaval me pegaba mucho más escribiendo poemas de amor y enviando ramos de rosas rojas que como ídolo erótico. Sí, llamadme superficial (¡bueno, vale, tampoco hace falta que me lo gritéis!), pero lo que cualquier otra mujer consideraría virtudes a mí, en mi situación, me parecen más bien inconvenientes que me echan atrás. No quiero líos, ni compromisos, ni romanticismos bajo la luna. Como cantaba La Guardia en su archiconocida canción ochentera, "Tan sólo quiero tu calor". Sólo ser libre y disfrutar de mí misma durante una temporada. Estoy menos convencida que antes de intentar algo con el portuguesito... creo que esperaré al siguiente encuentro para que haya desempate de impresiones, ¿no os parece?Al llegar a casa, empapada como una sopa, tenía mail de Doc. "Al final se me hizo tarde y no pude ir a lo del cine. ¡Espero que al menos acabadas emparejada con el portugués ese! Ya me contarás. Dig it! Doc" Hombre, emparejada emparejada... hay que ver, en cuanto te quedas libre tan a gustito, todo dios tratando de devolverte al "redil" de los casados. Francamente, no tengo ninguna prisa. Hay tantas aventuras esperándome allá afuera...