Soy imbécil
Pues eso. Gilipollas total, vamos. Si es que me daría de collejas yo sola. Grmblblblbl. En fin, empezaré por el principio. Como le decía el Sombrerero loco a Alicia, "cuéntanoslo todo, comienza por el comienzo, y cuando termines de hablar... te callas".
Ayer por la mañana estaba mirando el periódico virtual en un rato libre. Se aprueba en el congreso el matrimonio homosexual y la posibilidad de adopción... el nuevo papa carga contra el gobierno español por reaccionario (reaccionario el gobierno, no el papa)... se aprueba la ley antitabaco... ¡Anda mira!: "La ministra de Vivienda asegura que un porcentaje alto de la sociedad pide los minipisos"... lo que hay que leer, Truji... un porcentaje aún más alto de la sociedad pide que dejes de decir paridas y sin embargo ahí sigues. De repente, mensaje de mail de Rizos: "Fiesta esta noche para celebrar el comienzo del semestre en el Departamento de Ingeniería. ¿Os venís?" La lista de direcciones a las que se lo enviaba parecía el listín telefónico de Londres... ¿pero a cuánta gente conoce esta mujer?. En fin, al menos no me aburriré. "Venga, yo me apunto, nos vemos allí". Ya tenía plan para el viernes.
El trabajo ayer fue especialmente agotador. Un montón de líneas celulares que se habían negado a crecer por semana habían decidido dividirse a tutiplén el viernes... ¡Claro, en cuanto se acerca el fin de semana, a reproducirse! ¡Como que son tontas las celulitas, ya quisiera yo poder decir lo mismo! Para colmo, cuando subí a ver a Doc a su laboratorio para contarle mis penas, me lo encuentro con la nariz enterrada en artículos científicos, una mano en el teclado del ordenador, otra agarrando un tubo de ensayo y otra (???) dibujando una gráfica (lo sé, aquí hay algo que falla...). "¿Qué pasa? Te veo liadillo" "Déjame, déjame, que se me olvidó que hoy era la fecha límite para entregar el resumen de un proyecto y tengo que cubrir 37 páginas en 3 horas". Vamos, que sólo le faltó empujarme escaleras abajo... snif... Hala, a volver con las puñeteras células... Luego a la jefa no se le ocurre mejor idea que dejarme una de sus notitas... "He pensado que sería buena idea hacer el ensayo aquél en 5 líneas celulares más". Fantástico... ¿¿¿y eso no me lo podría haber dicho el lunes??? Hale, a descongelar las líneas. Cuando por fin llegué a casa veía células por todos los lados.
Decidí darme una laaarga y relajante ducha. Es lo malo de los pisos raquíticos estos, te tienes que conformar con la ducha, porque como en mi cuarto baño pretendas meter una bañera, tendrías que sacar antes el retrerte y el lavabo. El concepto mismo del bidé es impensable, como no se considerase colocarlo patas arriba en el techo (y en fin, ¿cómo decirlo?, en esa postura malamente podría cumplir su función principal de higiene íntima). Pero cada uno se conforma con lo que tiene. No sé el tiempo que me pasé debajo del agua casi hirviendo, pero cuando salí de allí, arrugada como un higo paso, mi casa parecía el puente de Londres... tuve que indicar la salida a Jack el destripador, que con tanta niebla se había despistado. El caso es que después de aquello sólo me apetecía despatarrarme en el sofá, leer un libro e irme a dormir (no necesariamente en este orden). Pero que te inviten a una fiesta así, desinteresadamente, es algo que no abunda en esta ciudad, así que me armé de buena voluntad, me puse una camisetita chechi-guay de esas que enseñan más de lo que esconden, me llené la cabeza de espuma voluminizadora (de oferta 2x1 en el Tesco) y pedaleé bajo la luz de la luna casi llena y la brisa fresca de una noche de primavera.
Juro que esta vez no llegué temprano. Habíamos quedado a las 9:30, y a las 9:30 estaba yo allí poniendo el candado a la bici. Entré en el sótano de la capilla, que es donde se celebraba "el evento", pero allí no había más que cuatro gatos mal contados preparando las bebidas y ajustando las luces y la música. Salí y me puse a esperar en la puerta principal. El departamento de ingeniería está en la zona antigua de la ciudad, rodeado de edificios del siglo XVI. Si no hubiera sido por la música discotequera que se escuchaba allá adentro, podrías creerte que estás en plena Edad Media, y casi esperas ver salir a los monjes de una de los inmensos portones de madera que jalonan las fachadas de piedra marrón. Tuve tiempo de sobra para imaginarme a los monjes, a las monjas, a los plebeyos y a toda la corte de Enrique VI, el caso es que allí no aparecía nadie.
En esos momentos, sola en una zona semidesértica de la ciudad, viendo pasar de vez en cuando a parejitas y grupos de amigos, que te miran como diciendo: "¿qué hará la tipa esta esperando aquí desde hace media hora? ¡Seguro que la han dejado plantada!", te imaginas que no va venir nadie, que vas a ir sola a la fiesta, que pasearás por el medio de la pista de baile con todas las miradas clavadas en ti, que te incorporarás obligadamente a una conversación que no es la tuya, asentirás con sonrisa estúpida y te quedarás de pie con sonrisa aún más estúpida cuando los conversantes se vayan a pedir una copa y sea obvio que ninguno hablaba contigo... y entonces volverás a casa, te pondrás un pijama de ositos como el de Bridget Jones, cantarás a voz en grito el "All by myself" y al día siguiente encontrarán tus restos, parcialmente devorados por pastores alemanes. "¿Quién era esta pobre mujer?", preguntaría la policía a los vecinos. "No lo sabemos, únicamente la veíamos esperando en una esquina, siempre sola, siempre la dejaban plantada como un ficus".
Y entonces ocurrió el segundo milagro de la semana. No era posible, no podía tener tanta suerte, era un espejismo, tenía que serlo... pero a medida que las dos figuras se aproximaban se confirmó lo imposible: dos chicos se acercaban a la puerta. A uno de ellos no lo conocía de nada. El otro tenía una sonrisa pícara y mirada penetrante... Portu.
"Hola, ¿también te invitó Rizos a la fiesta?"... yo recogí mi mandíbula inferior del suelo y me las arreglé para contestar: "P...p...pues sí, me mandó el mail, no sabía que tú también venías" (si lo hubiera sabido, buenorro, habría buscado una camiseta con el escote a la altura del ombligo). "¿Entramos a bailar?" "C...c...claro, ¡en eso mismo estaba pensando!".
El lugar estaba bastante bien acondicionado: tenían una sala con sofás y sillas - para la charla más relajadita, y ya más entrada la noche, para cosas más íntimas si se terciaba -, otra con el bar propiamente dicho, y una sala muy grande con columnas y techo bastante bajo, que habían adornado con luces de colores y esferas brillantes, donde por desgracia las únicas que bailaban eran las motas de polvo en el aire... la gran mayoría de los invitados, ingleses como no podía ser menos, estaban ocupados ingiriendo la mayor cantidad de alcohol posible para así hacer cambiar su personalidad de "no te conozco, no me toques, no me hables" a la de "tío marchoso y enrollado". No habíamos hecho más que dejar las cazadoras a un lado cuando entró Rizos por la puerta, con un rebaño de amigos. Me los presentó a todos, aunque por supuesto, aunque me maten no sería capaz de recordar uno sólo de sus nombres. "¡Al final te viniste!" "No me habías comentado que se venía el Portu, capulla" "Pero si estaba en la lista de direcciones, tuviste que verlo" "¡¡¡Por Dios Rizos, pretender encontrar su mail en esa lista es más improbable que escuchar a Jesulín de Ubrique enumerar las leyes de la termodinámica!!! Eso se avisa, leñe"
Una de las muchas virtudes de Rizos es que su grupo de amigos y conocidos es de lo más heterogéneo... de las 8747 personas que traía, debía haber 2 ó 3 ingleses nada más... el resto eran una mezcolanza de portugueses, italianos, españoles, franceses, australianos, chinos y un largo etcétera, que sin necesitar altas concentraciones de alcohol nos dirigimos ipso-facto a tomar la zona de baile. Los tres DJ's aficionados pusieron cara de pánico al ver acercarse a aquella horda, y mucho más cuando a cada 5 minutos, alguno de nosotros nos acercábamos a ellos, los cogíamos por el hombro y les soltábamos algo así como: "¿Verdad que me vas a poner "Accidentally in love", corazón?". En resumen, que la fiesta era de 9:30 a 12:30, y se dejaban de servir bebidas alcohólicas a las 11:15 - y ya habían sido muy osados, puesto que a partir de las 11 esá terminadamente prohibido -, de modo que hasta las 11:15 casi no hubo ingleses en la pista y bailamos todos con todos en amor y compañía. A las 11:15 empezó a entrar un reguero de ingleses borrachos como cubas, tirándose por el suelo, saltando y dándose con la cocorota en el techo (ya había comentado que era bajo), vomitando por las esquinas y diciendo ordinarieces a las chicas. No, no todos eran así... yo vi dos que eran bastante majos. Aún así, el enorme contraste entre el "antes" - chico que no habla ni te mira a la cara, agarrado a su pinta de cerveza y sonriendo tímidamente todo el rato mientras asiente en la conversación - y el "después" - el mismo chico riéndose a carcajada limpia, con los mofletes colorados y bailando una especie de break-dance espasmódico incluso cuando ponían la lambada - nunca dejará de sorprenderme.
En fin, a lo que íbamos... yo por supuesto, todo el rato bailando con un ojo en la pista y el otro buscando al Portu... que parecía un fantasma el tío, tan pronto aparecía enfrente mío, como desaparecía sin dejar rastro, como le veía por el rabillo del ojo, como me lo encontraba al ir al baño... La verdad es que me tenía bastante mosqueada. Y todo el rato con la mirada pícara y la sonrisa matadora puesta, ya no había rastro del chaval romántico y poeta por ninguna parte... y pensar que hasta llevaba preparada una poesía de mi cosecha por si acaso... algo así como: "cuando veo tu cuerpazo, el morbo se desparrama... déjate de tanto verso y vámonos para la cama!". Sin embargo y viendo lo que había, me limité a echarle miraditas y sonrisitas cada vez que encontraba su presencia fugaz detrás de una columna, o entre el barullo de gente. Toda la noche (bueno, las 2 horas y pico que pudimos) en ese plan, ya estaba pensando que mejor seguir bailando y haciendo el tonto sin preocuparme del chico, que no se estaba quieto - ¡leñe, se movía más que los precios! - cuando de repente vuelve a aparecer, esta vez justo a mi lado, así, sin avisar, ¡BUM!. Yo, lo típico... seguro que bailo como un pato, ¿¿y ahora qué hago con las manos?? Joer la tipa esa de ahí enfrente baila mil veces mejor que yo... ainssss. Pero el caso es que miradita por aquí, miradita por allá, él se acerca a mi oreja y me comenta: "Qué curioso, ¿no crees?, el otro día viendo una peli y hablando sobre el sentido de la vida y ahora aquí los dos bailando rodeados de gente". Yo le miro sonriendo y le pregunto: "¿Qué situación prefieres?". Y él: "Bueno, las dos tienen su encanto". Yo me acerqué a él, le agarré por la nuca y le planté un beso de película que hizo desaparecer a todo el resto de la gente y nos dejó a él y a mí solos en medio de la pista, bailando agarrados al son de "When a man loves a woman" y... y...
Vale, no.
No pasó eso.
Lo que sucedió es que esta imbécil que escribe, en vez de acercarse a él y hacer precisamente eso, se quedó bailando, diciendo estupideces y animándose mentalmente: "Venga, ahora que se te acerca un poco... uyyyy no, que se quita" "Ahora, ahora dile que se acerque un poquito más... jooo, casi" "Manténle la mirada un segundo más y es tuyo... ¡aisss es que tiene unos ojos que no puedorrlll!". Y cuando aún estaba tratando de darme valor, ¡PLAS! Se encienden todas las luces, se apaga la música y los organizadores anuncian el final de la fiesta de Ingeniería. Hale, tos p'afuera. Qué bien lo pasamos, cómo ha molado la fiesta, qué pena que se acabe tan pronto, besos por aquí, apretones de manos (esos para los ingleses) por allá, a ver si nos vemos otra vez... Total, to dios pa casita a dormir.
Dos oportunidades perdidas, DOS. ¿La posibilidad de volver a encontranos por casualidad en un ambiente propicio? Muy baja, supongo. La suerte ya se ha pasado tres pueblos conmigo. ¡Diossssss, cobardica, más que cobardica! Os dejo. Voy a fustigarme un rato con un látigo de 7 colas. Hoy quiero una colleja con cada comentario, por pardilla. Y ningún plan para el sábado... voy a por el pijama de ositos.
Ayer por la mañana estaba mirando el periódico virtual en un rato libre. Se aprueba en el congreso el matrimonio homosexual y la posibilidad de adopción... el nuevo papa carga contra el gobierno español por reaccionario (reaccionario el gobierno, no el papa)... se aprueba la ley antitabaco... ¡Anda mira!: "La ministra de Vivienda asegura que un porcentaje alto de la sociedad pide los minipisos"... lo que hay que leer, Truji... un porcentaje aún más alto de la sociedad pide que dejes de decir paridas y sin embargo ahí sigues. De repente, mensaje de mail de Rizos: "Fiesta esta noche para celebrar el comienzo del semestre en el Departamento de Ingeniería. ¿Os venís?" La lista de direcciones a las que se lo enviaba parecía el listín telefónico de Londres... ¿pero a cuánta gente conoce esta mujer?. En fin, al menos no me aburriré. "Venga, yo me apunto, nos vemos allí". Ya tenía plan para el viernes.
El trabajo ayer fue especialmente agotador. Un montón de líneas celulares que se habían negado a crecer por semana habían decidido dividirse a tutiplén el viernes... ¡Claro, en cuanto se acerca el fin de semana, a reproducirse! ¡Como que son tontas las celulitas, ya quisiera yo poder decir lo mismo! Para colmo, cuando subí a ver a Doc a su laboratorio para contarle mis penas, me lo encuentro con la nariz enterrada en artículos científicos, una mano en el teclado del ordenador, otra agarrando un tubo de ensayo y otra (???) dibujando una gráfica (lo sé, aquí hay algo que falla...). "¿Qué pasa? Te veo liadillo" "Déjame, déjame, que se me olvidó que hoy era la fecha límite para entregar el resumen de un proyecto y tengo que cubrir 37 páginas en 3 horas". Vamos, que sólo le faltó empujarme escaleras abajo... snif... Hala, a volver con las puñeteras células... Luego a la jefa no se le ocurre mejor idea que dejarme una de sus notitas... "He pensado que sería buena idea hacer el ensayo aquél en 5 líneas celulares más". Fantástico... ¿¿¿y eso no me lo podría haber dicho el lunes??? Hale, a descongelar las líneas. Cuando por fin llegué a casa veía células por todos los lados.Decidí darme una laaarga y relajante ducha. Es lo malo de los pisos raquíticos estos, te tienes que conformar con la ducha, porque como en mi cuarto baño pretendas meter una bañera, tendrías que sacar antes el retrerte y el lavabo. El concepto mismo del bidé es impensable, como no se considerase colocarlo patas arriba en el techo (y en fin, ¿cómo decirlo?, en esa postura malamente podría cumplir su función principal de higiene íntima). Pero cada uno se conforma con lo que tiene. No sé el tiempo que me pasé debajo del agua casi hirviendo, pero cuando salí de allí, arrugada como un higo paso, mi casa parecía el puente de Londres... tuve que indicar la salida a Jack el destripador, que con tanta niebla se había despistado. El caso es que después de aquello sólo me apetecía despatarrarme en el sofá, leer un libro e irme a dormir (no necesariamente en este orden). Pero que te inviten a una fiesta así, desinteresadamente, es algo que no abunda en esta ciudad, así que me armé de buena voluntad, me puse una camisetita chechi-guay de esas que enseñan más de lo que esconden, me llené la cabeza de espuma voluminizadora (de oferta 2x1 en el Tesco) y pedaleé bajo la luz de la luna casi llena y la brisa fresca de una noche de primavera.
Juro que esta vez no llegué temprano. Habíamos quedado a las 9:30, y a las 9:30 estaba yo allí poniendo el candado a la bici. Entré en el sótano de la capilla, que es donde se celebraba "el evento", pero allí no había más que cuatro gatos mal contados preparando las bebidas y ajustando las luces y la música. Salí y me puse a esperar en la puerta principal. El departamento de ingeniería está en la zona antigua de la ciudad, rodeado de edificios del siglo XVI. Si no hubiera sido por la música discotequera que se escuchaba allá adentro, podrías creerte que estás en plena Edad Media, y casi esperas ver salir a los monjes de una de los inmensos portones de madera que jalonan las fachadas de piedra marrón. Tuve tiempo de sobra para imaginarme a los monjes, a las monjas, a los plebeyos y a toda la corte de Enrique VI, el caso es que allí no aparecía nadie.
En esos momentos, sola en una zona semidesértica de la ciudad, viendo pasar de vez en cuando a parejitas y grupos de amigos, que te miran como diciendo: "¿qué hará la tipa esta esperando aquí desde hace media hora? ¡Seguro que la han dejado plantada!", te imaginas que no va venir nadie, que vas a ir sola a la fiesta, que pasearás por el medio de la pista de baile con todas las miradas clavadas en ti, que te incorporarás obligadamente a una conversación que no es la tuya, asentirás con sonrisa estúpida y te quedarás de pie con sonrisa aún más estúpida cuando los conversantes se vayan a pedir una copa y sea obvio que ninguno hablaba contigo... y entonces volverás a casa, te pondrás un pijama de ositos como el de Bridget Jones, cantarás a voz en grito el "All by myself" y al día siguiente encontrarán tus restos, parcialmente devorados por pastores alemanes. "¿Quién era esta pobre mujer?", preguntaría la policía a los vecinos. "No lo sabemos, únicamente la veíamos esperando en una esquina, siempre sola, siempre la dejaban plantada como un ficus".
Y entonces ocurrió el segundo milagro de la semana. No era posible, no podía tener tanta suerte, era un espejismo, tenía que serlo... pero a medida que las dos figuras se aproximaban se confirmó lo imposible: dos chicos se acercaban a la puerta. A uno de ellos no lo conocía de nada. El otro tenía una sonrisa pícara y mirada penetrante... Portu.
"Hola, ¿también te invitó Rizos a la fiesta?"... yo recogí mi mandíbula inferior del suelo y me las arreglé para contestar: "P...p...pues sí, me mandó el mail, no sabía que tú también venías" (si lo hubiera sabido, buenorro, habría buscado una camiseta con el escote a la altura del ombligo). "¿Entramos a bailar?" "C...c...claro, ¡en eso mismo estaba pensando!".
El lugar estaba bastante bien acondicionado: tenían una sala con sofás y sillas - para la charla más relajadita, y ya más entrada la noche, para cosas más íntimas si se terciaba -, otra con el bar propiamente dicho, y una sala muy grande con columnas y techo bastante bajo, que habían adornado con luces de colores y esferas brillantes, donde por desgracia las únicas que bailaban eran las motas de polvo en el aire... la gran mayoría de los invitados, ingleses como no podía ser menos, estaban ocupados ingiriendo la mayor cantidad de alcohol posible para así hacer cambiar su personalidad de "no te conozco, no me toques, no me hables" a la de "tío marchoso y enrollado". No habíamos hecho más que dejar las cazadoras a un lado cuando entró Rizos por la puerta, con un rebaño de amigos. Me los presentó a todos, aunque por supuesto, aunque me maten no sería capaz de recordar uno sólo de sus nombres. "¡Al final te viniste!" "No me habías comentado que se venía el Portu, capulla" "Pero si estaba en la lista de direcciones, tuviste que verlo" "¡¡¡Por Dios Rizos, pretender encontrar su mail en esa lista es más improbable que escuchar a Jesulín de Ubrique enumerar las leyes de la termodinámica!!! Eso se avisa, leñe"
Una de las muchas virtudes de Rizos es que su grupo de amigos y conocidos es de lo más heterogéneo... de las 8747 personas que traía, debía haber 2 ó 3 ingleses nada más... el resto eran una mezcolanza de portugueses, italianos, españoles, franceses, australianos, chinos y un largo etcétera, que sin necesitar altas concentraciones de alcohol nos dirigimos ipso-facto a tomar la zona de baile. Los tres DJ's aficionados pusieron cara de pánico al ver acercarse a aquella horda, y mucho más cuando a cada 5 minutos, alguno de nosotros nos acercábamos a ellos, los cogíamos por el hombro y les soltábamos algo así como: "¿Verdad que me vas a poner "Accidentally in love", corazón?". En resumen, que la fiesta era de 9:30 a 12:30, y se dejaban de servir bebidas alcohólicas a las 11:15 - y ya habían sido muy osados, puesto que a partir de las 11 esá terminadamente prohibido -, de modo que hasta las 11:15 casi no hubo ingleses en la pista y bailamos todos con todos en amor y compañía. A las 11:15 empezó a entrar un reguero de ingleses borrachos como cubas, tirándose por el suelo, saltando y dándose con la cocorota en el techo (ya había comentado que era bajo), vomitando por las esquinas y diciendo ordinarieces a las chicas. No, no todos eran así... yo vi dos que eran bastante majos. Aún así, el enorme contraste entre el "antes" - chico que no habla ni te mira a la cara, agarrado a su pinta de cerveza y sonriendo tímidamente todo el rato mientras asiente en la conversación - y el "después" - el mismo chico riéndose a carcajada limpia, con los mofletes colorados y bailando una especie de break-dance espasmódico incluso cuando ponían la lambada - nunca dejará de sorprenderme.En fin, a lo que íbamos... yo por supuesto, todo el rato bailando con un ojo en la pista y el otro buscando al Portu... que parecía un fantasma el tío, tan pronto aparecía enfrente mío, como desaparecía sin dejar rastro, como le veía por el rabillo del ojo, como me lo encontraba al ir al baño... La verdad es que me tenía bastante mosqueada. Y todo el rato con la mirada pícara y la sonrisa matadora puesta, ya no había rastro del chaval romántico y poeta por ninguna parte... y pensar que hasta llevaba preparada una poesía de mi cosecha por si acaso... algo así como: "cuando veo tu cuerpazo, el morbo se desparrama... déjate de tanto verso y vámonos para la cama!". Sin embargo y viendo lo que había, me limité a echarle miraditas y sonrisitas cada vez que encontraba su presencia fugaz detrás de una columna, o entre el barullo de gente. Toda la noche (bueno, las 2 horas y pico que pudimos) en ese plan, ya estaba pensando que mejor seguir bailando y haciendo el tonto sin preocuparme del chico, que no se estaba quieto - ¡leñe, se movía más que los precios! - cuando de repente vuelve a aparecer, esta vez justo a mi lado, así, sin avisar, ¡BUM!. Yo, lo típico... seguro que bailo como un pato, ¿¿y ahora qué hago con las manos?? Joer la tipa esa de ahí enfrente baila mil veces mejor que yo... ainssss. Pero el caso es que miradita por aquí, miradita por allá, él se acerca a mi oreja y me comenta: "Qué curioso, ¿no crees?, el otro día viendo una peli y hablando sobre el sentido de la vida y ahora aquí los dos bailando rodeados de gente". Yo le miro sonriendo y le pregunto: "¿Qué situación prefieres?". Y él: "Bueno, las dos tienen su encanto". Yo me acerqué a él, le agarré por la nuca y le planté un beso de película que hizo desaparecer a todo el resto de la gente y nos dejó a él y a mí solos en medio de la pista, bailando agarrados al son de "When a man loves a woman" y... y...
Vale, no.
No pasó eso.
Lo que sucedió es que esta imbécil que escribe, en vez de acercarse a él y hacer precisamente eso, se quedó bailando, diciendo estupideces y animándose mentalmente: "Venga, ahora que se te acerca un poco... uyyyy no, que se quita" "Ahora, ahora dile que se acerque un poquito más... jooo, casi" "Manténle la mirada un segundo más y es tuyo... ¡aisss es que tiene unos ojos que no puedorrlll!". Y cuando aún estaba tratando de darme valor, ¡PLAS! Se encienden todas las luces, se apaga la música y los organizadores anuncian el final de la fiesta de Ingeniería. Hale, tos p'afuera. Qué bien lo pasamos, cómo ha molado la fiesta, qué pena que se acabe tan pronto, besos por aquí, apretones de manos (esos para los ingleses) por allá, a ver si nos vemos otra vez... Total, to dios pa casita a dormir.
Dos oportunidades perdidas, DOS. ¿La posibilidad de volver a encontranos por casualidad en un ambiente propicio? Muy baja, supongo. La suerte ya se ha pasado tres pueblos conmigo. ¡Diossssss, cobardica, más que cobardica! Os dejo. Voy a fustigarme un rato con un látigo de 7 colas. Hoy quiero una colleja con cada comentario, por pardilla. Y ningún plan para el sábado... voy a por el pijama de ositos.