Los viajes de Pilimindrina
Viviendo cabeza abajo
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El tiempo pasa, pero yo sigo siendo la misma (con el pelo algo más largo y 31 añitos ya, pero la misma ;). La historia de mis aventuras en Nueva Zelanda dejó de ser contada hace ya año y medio, pero he vuelto. Tengo mil aventuras más que contar, nuevos personajes de los que hablaros... y un nuevo plan, algo muy grande que llevar a cabo.

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Los ingleses en el trabajo
Una de las cosas a las que nunca me acostumbraré de los ingleses es su sentido de la diplomacia. Como había comentado ya en mi artículo "De formas y maneras", en la primera impresión los hijos de la Gran Bretaña parecen gentiles y educados, pero un análisis más "pofundo" del tema demuestra que no es así. Hoy voy a dedicar mi artículo a las relaciones laborales en este país.

Hace ya casi dos años (Dios mío, cómo pasa el tiempo, y yo con estos pelos) empecé una nueva etapa de mi vida social y laboral en el Departamento de Genética de Mix Village. Debo mencionar que yo venía de hacer 5 años de doctorado en la Universidad de Oviedo, acostumbrada a salir de marcha con los compañeros los fines de semana, a tomar sidras y tapas los jueves, a tener la radio puesta en el laboratorio, a contar chistes, a tomar cafés entre barullo, risas y anécdotas... en fin, lo que a cualquier español le parecerá una relación normal y agradable con sus compas de trabajo - a no ser que te hayan tocado unos muermos. Tocarnos, rozarnos, darnos palmaditas en la espalda, besos, abrazos... eran parte habitual del contacto social.

PhotobucketBien, todo eso se terminó abruptamente el primer día que entré a trabajar en mi nuevo Departamento. El pánico cerval de los ingleses al contacto físico con desconocidos (siempre y cuando estén sobrios, y en el trabajo suelen estarlo) se hace patente en cuanto te ves confinada a un lugar de convivencia con ciertas estrecheces y donde trabaja mucha gente... y un Departamento de la Universidad cumple con creces estas condiciones: la gente sale de un laboratorio, entra en otro, camina por el pasillo, sube y baja las escaleras, va cargando con cajas a veces de tamaño considerable... es difícil encontrar un ambiente laboral más dinámico. Sin embargo esta gente se las arregla para hacer todo eso sin que una sola de sus moléculas roce a una de las tuyas ni por accidente.

Los pasillos de mi departamento deben medir metro y medio como mínimo... es decir, hay espacio de sobra como para que pasen tres personas en paralelo. Pues no. Si se te ocurre pasarte tan tranquila dejando a un lado lo que consideras un espacio más que sobrado para otra persona y te cruzas con alguien, ese alguien se aplastará contra una de las paredes poniendo cara de espanto ante la posibilidad remota de que la manga de su camisa roce tu chaqueta. A veces me recuerdan a la gente que se quedaba pegada a los escaparates por el "efecto Peugeot", pero mirando para el otro lado. Y todo el rato hasta que acabas de pasar te mirarán con cara de disculpa y sufrimiento interno como diciendo: "lamento que el aire que he provocado al aplastarme contra la pared haya rozado los pelillos de tu brazo izquierdo". Si les miras a los ojos durante esta complicada operación, además te obsequiarán con un "sorry!" para enfatizar aún más su profundo pesar.

Por supuesto, el contacto verbal, mientras no lleves un montón de meses trabajando allí, será también limitadísimo. Yo tardé casi un año en aprenderme los nombres de la mitad de los compañeros que trabajan en mi departamento, sencillamente porque nadie se molesta en decirte su nombre... Si pasas cerca de alguien y le miras, muchas veces te sonreirá tímidamente, o te dirá un "Hello" o "Good morning" y saldrá por pies por si se te ocurre obligarle a decir algo más, pero no se parará a preguntarte cómo te llamas, en qué laboratorio trabajas o cuánto tiempo llevas allí. Decirte su nombre implicaría una cierta obligación de saludarte a diario o ¡incluso! tener que pararse a hablar contigo de vez en cuando.

PhotobucketEn los laboratorios se puede oír el zumbido de las moscas (sobre todo si en ellos se trabaja con Drosophila :P)... La radio es algo vedado - ¡por favor! ¡semejante ruido atronador los desconcentraría! -, y cada persona trabaja con la nariz enterrada en sus artículos, sus experimentos o lo que sea que estén haciendo, de modo que si tienes que preguntarles algo lo haces hasta con miedo, como si estuvieses interrumpiendo las meditaciones de Einstein. Las conversaciones de trabajo se hacen en voz baja y son lo más breves posible, de hecho muchas veces tendrás que preguntar 4 ó 5 veces lo mismo. Reproduzco aquí una de las conversaciones típicas de los primeros meses de una recién llegada a un laboratorio (sustitúyase "Novata" por mí misma, sin ir más lejos):

Novata: Perdona John, ¿dónde guardáis aquí el ácido acético?
John: En el laboratorio G4

* Novata se dirige al laboratorio G4, que resulta estar 5 pisos más arriba y ser una sala de unos 280 metros cuadrados - vaya, como el piso de la ministra de vivienda - atestada de cosas. Tras media hora de infructuosa búsqueda, Novata vuelve a su laboratorio de origen cubierta de polvo y sustancias mutagénicas.

Novata: John... Disculpa... ¿en qué parte del laboratorio G4 está?
John: en el armario pequeño.

* Novata vuelve al laboratorio G4. Todos los innumerables armarios del laboratorio se podrían calificar de "pequeños" menos dos. Tras 45 minutos vaciando y volviendo a llenar los armarios uno a uno, regresa cabizbaja. Del sobaco izquiero le salen tentáculos y el pelo se le ha puesto verde.

Novata: Esto... John, tío... ¿¿en cuál de los armarios exactamente está el p... el ácido acético??
John: en el que está al fondo.

... Esta conversación y las consiguientes idas y venidas se pueden alargar "x tiende a infinito" hasta que:

a) La concentración de porquerías tóxicas acumuladas sobre tu cuerpo hace que mutes y digi-evoluciones en un ser superior que ya no necesita el ácido acético para nada. Agarras a John y te lo llevas a la cuarta dimensión y le dejas atrapado en una falla espacio-temporal en compañía de Carmen de Mairena.

b) John se cansa, te acompaña con cara de inmenso fastidio (aunque lo único que hubiera estado haciendo fuese leer las BBC News en internet, que es lo más probable), entra en el laboratorio G3, que es justo el de al lado, y que casualmente es un trastero de 2 metros cuadrados (más o menos como los pisos que propone la ministra para los jóvenes :P) que sólo contiene un armario pequeño con una etiqueta enorme que pone: "ACIDO ACETICO". John te mira como diciendo: "Desde luego mira que eres torpe tía, ¿para esto me haces abandonar mis quehaceres diarios?"

Novata: ¡Pero John, me habías dicho G4!
John: ¡G4, G3, estaba aquí mismo, no te costaba nada mirar!

* Novata asesina lentamente y con saña a John metiéndole la botella de 2.5 litros de ácido acético abierta por el orificio rectal.

Bueno, eso último sólo en tus pensamientos, pero que conste que relaja mucho imaginarse ciertas cosas.

PhotobucketFuera del horario laboral las relaciones sociales son aún más complicadas y muchas veces requieren meses y meses de arduos intentos: los ingleses suelen traerse su sandwich para la hora de la comida, que se devorarán en 5 minutos delante del ordenador y sin pronunciar una sola palabra, ni antes ni durante ni después de terminar. La palabra "sobremesa" es desconocida para ellos. La mayoría salen del trabajo a las 5, y si les propones ir a tomar una cerveza o ir al cine buscarán excusas de todo tipo para irse corriendo a encerrarse en casa con su pareja (si la tienen) para hacer lo que sea que hagan de las 5 hasta la hora que se acuesten (que suele ser beber cerveza, ver la tele, beber cerveza, hacer jardinería, beber cerveza, montar una estantería comprada en IKEA y beber cerveza).

Todos estos ejemplos son aplicables únicamente a los compañeros ingleses... si tienes la suerte de encontrarte en un grupo heterogéneo de gentes de diversos orígenes la cosa cambia, y la relación es muchísimo más sociable, sobre todo porque los extranjeros solemos buscarnos unos a otros para no volvernos asociales (véase "inglesizarnos", es un riesgo siempre presente y que produce auténticos monstruos, como el vecino de mis amigos Blancaflor y Polpette, a quien algún día dedicaré un artículo en exclusiva), y también, para qué negarlo, para criticar a los ingleses siempre que se nos presenta la ocasión.

PhotobucketPero como ya os podréis imaginar, en algunas ocasiones estos seres extraños sufren transformaciones que rivalizarían con la del mismo Hulk... el responsable, una vez más, el alcohol. Los ingleses ansían el momento de poder abalanzarse sobre una bebida etílica que les permita sacar a la luz el tío cachondo y enrollado que llevan reprimido dentro (tan dentro lo llevan que hacen falta pintas y pintas de cerveza para que vea la luz). Compañeros de trabajo que jamás se han dirigido la palabra esperan emocionados a acontecimientos tales como las Fiestas de Navidad. El cambio producido en los lugares de trabajo durante estos eventos es tal, que el propio Gobierno editó hace año y pico una lista de recomendaciones a los empresarios. Entre ellas están (y os doy mi palabra de que no es broma):

- Colocar las mesas y las sillas pegadas a las paredes para evitar que los empleados bailen sobre ellas y se produzcan accidentes.

- Mantener bajo llave las fotocopiadoras. Los ingleses borrachos tienden inevitablemente a fotocopiarse las partes más inverosímiles de su anatomía. No es la primera vez que algún inglés o inglesa especialmente corpulentos sufren graves y dolorosos cortes en sus partes íntimas al romperse el cristal superior de la máquina mientras trataban de sentarse encima en pelotas.

- Llenar las máquinas de condones de los baños: los compañeros que antes jamás se habían atrevido a hablarse acabarán manteniendo relaciones sexuales en los baños, y es mejor evitar embarazos indeseados.

- Guardar todos los objetos que puedan ser utilizados como arma contundente (en peleas de borrachos, por si alguien aún no lo tenía claro) o los que tengan aristas o bordes que puedan resultar dañinos (cuando los borrachos choquen contra ellos).

He estado ya en dos fiestas de Navidad del Departamento de Genética y doy fe de que se han producido todas estas situaciones y más. Y lo más sorprendente no es eso... emborracharse en una fiesta y propasarse puede considerarse incluso normal... lo curioso es que al día siguiente, entre resacas y ojeras, nadie comentará nada jocoso al respecto, nadie dirá "joer Michael, vaya melopea que pillaste ayer, ¿eh pillín?", nadie habrá aprovechado el ambiente de mayor contacto del día anterior para relajar el trabajo diario... No, al día siguiente todos volverán a ser extraños.

PhotobucketTodavía recuerdo la primera Fiesta de Navidad a la que acudí... fue muy sonada. Yo me llevé a Muso, por entonces mi novio, y a mi amigo Dino (que ahora está trabajando en Manchester). Me lo pasé pipa ayudando a adornarlo todo con espumillón, guirnaldas y bolas de navidad, y luego haciendo 20 litros de sangría, que me habían encargado como única española en el "comité". Claro, que si "prueba la sangría" por aquí, que si "prueba tú el mojito" por allá, que si "a qué sabe esta cosa azul"... al poco de empezar la fiesta ya tenía un mareíllo considerable. Luego pusieron la música y las luces de colores y los ingleses acabaron de desbocarse del todo. A mitad de la noche los estudiantes de tercer curso (los "part II students", como los llaman aquí) tienen por costumbre organizar una pantomima en la que imitan a los profesores del departamento. Ese año el tema era "Blancanieves y los 7 enanitos", y yo ya me había fijado en que uno de los enanitos, precisamente el "enanito Feliz", le echaba unas miradillas nada castas y puras a la Blancanieves. Si es que yo tengo una vista pa estas cosas...

Una media hora después de terminada la pantomima esta menda que escribe llevaba bastantes copas encima y necesitaba librarse de algo de líquido, así que me dirigí a los lavabos. Estaba yo tan tranquila sentada en la taza del water y en esto escucho dos voces, una de ellas inconfundiblemente masculina, que entran en el baño y se encierran en el otro cubículo. Yo callada como una muerta y con la oreja puesta, por supuesto. Jijiji por aquí, jajaja por allá, besuqueos por acullá... y en fin, que las palabras se terminaron, las respiraciones se aceleraron y la menda tuvo que salirse del baño porque le estaba entrando la risa floja y tampoco era cuestión de cortarles el rollo a los dos tortolitos. No había hecho más que abrir la puerta y me encuentro con 3 pares de ojos como platos mirándome: las chicas habían entrado en el baño y estaban allí plantadas en los lavabos buscando el origen de tan peculiares sonidos: "¿Están haciendo lo que parece que están haciendo?", me preguntó una de ellas... "Mujer, eso parece... ¿quieres entrar y preguntarles?"

Fui mala, no pude evitarlo. Salí del baño, agarré al Muso por banda y le dije: "espérate un rato aquí, que tengo que satisfacer mi curiosidad". No pasó mucho tiempo hasta que la puerta del baño se abrió sigilosamente y Blancanieves y el Enanito Feliz (ya era Feliz antes, ahora habría que llamarlo "enanito Laxitud Postcoital", al joío) se escurrieron escaleras abajo lo más discretamente que pudieron, que no fue mucho. Pobrecillos... si seguro que sólo era curiosidad inocente... apuesto a que Blancanieves sólo pretendía comprobar es si se cumple o no la ley de la alcayata, ya me entendéis...

Aunque lo mejor vino unas semanas después... la jefa nos avisó de que tendríamos a un estudiante un par de meses en el laboratorio para hacer su proyecto de fin de carrera. Cuando llega el día, entra el chico en cuestión y nos miramos... "¡Coño, el enanito Feliz!" "¡Coño, la cotilla del water de al lado!". Anda que no le tomé el pelo y le eché indirectas durante aquellos dos meses... Ni la mismísima Madrastra habría sido peor :PPP

Pero sean como sean los ingleses, hay cosas del carácter español que no se pueden cambiar. ¡Sobre todo del mío, que soy más terca que una mula! Y la diplomacia inglesa no va conmigo para nada. A veces en los Departamentos, sobre todo en lugares de uso común, surgen conflictos: alguien no limpia, o deja todo desordenado, o se lleva cosas... La estrategia, bastante inútil todo sea dicho, de la diplomacia inglesa consiste en enviar e-mails generales a todo el departamento plagados de indirectas: "alguna persona ha dejado el grifo del laboratorio 102 abierto anoche", "últimamente el microscopio 3 queda encendido, y ya van tres lámparas de 200 libras fundidas", "el baño de 37 grados del laboratorio de cultivos está tan sucio que hasta las bacterias se han quejado"... A mí eso no me vale. Yo soy de las que dice las cosas directamente, a la cara, a la persona implicada; y si hace falta, la traigo agarrada de la oreja para que arregle el desaguisado que haya provocado... oye, ¡y funciona 1000 veces mejor!

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Tan bien funciona la cosa que soy la encargada general de las broncas, y cuando alguien se cansa de que uno de sus estudiantes haga algo mal, se me acerca y me deja caer: "Oye, Pilimindrineixon, verás, ¿has notado que esta mesa de aquí siempre amanece llena de puntas de pipeta usadas sin recoger? Pues resulta que va a ser Jamie el del 2º piso...". Total, que allá va la menda al segundo piso, pregunta por todos lados y acaba descubriendo a Jamie durmiendo la siesta debajo de una de las mesas. "Hombre Jamie, qué casualidad encontrarte justo cuando pasaba por aquí, tengo que separarte de tu arduo trabajo para comentarte un pequeño quebranto que ha surgido en el primer piso... verás, es que tengo que usar la mesa esta para preparar unas reacciones, y resulta que cada vez que trabajo en ella, las montañas de puntas de pipetas que dejas aquí se me quedan pegadas a la bata, y al final del día parezco Espinete". Ni qué decir tiene que semejante frasecita dirigida a un desconocido y con tal grado de ironía resulta de lo más efectivo... A partir de ese día la mesa brillará más que la calva de Constantino Romero.

También es verdad que a partir de esos y de los consiguientes días, crece el número de papeletas que voy ganándome para el concurso "Department of Genetics Witch 2005" (uséase: "Bruja del departamento de Genética 2005")... Pero al final del día, cuando los mails generales de los demás miembros del departamento han sido ignorados descaradamente, ¿quién ha conseguido que toda la gente que se pase por su laboratorio lo deje limpio como una patena? La Pilimindrina. ¡Buena soy yo!


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