De pizzas y pizzeros
Aunque no os lo creáis, yo de jovencita - quiero decir, de MÁS jovencita, por supuesto que ahora aún estoy en la flor de la juventud, que alguien se atreva a negarlo, ea - era extremadamente tímida en el tema "hombres". En mi época de 14-16 años fui una chica algo gordita, y como todos los que hayáis sufrido de sobrepeso en esas edades sabréis, los comentarios de los demás compañeros de clase son a veces muy crueles... de modo que, a pesar de que luego adelgacé, tardé bastante tiempo en recuperar la confianza en mí misma. Siempre que un chico me miraba lo primero que yo pensaba es: "Seguro que tengo una mancha en la cara, o que piensa que soy horrible, o...". En las ocasiones en las que alguien me comentaba: "Oye, que a Pepito le gustas", mi primera respuesta era: "¿Qué dices? ¡Qué va! Seguro que lo interpretas mal, ¿cómo le voy a gustar yo?".Es muy difícil deshacerse de esa sensación, pero cuando consigues sobreponerte a ella, cuando descubres que efectivamente, algunos chicos te miran porque les gustas, y que no eres un monstruo con tentáculos del que cualquier ejemplar del sexo masculino se avergonzaría... ay mis queridos lectores, entonces se abre ante ti todo un nuevo mundo de posibilidades... ya no tienes que quedarte plantada esperando durante meses a comprobar si las descaradas insinuaciones de Pepito son reales o imaginarias... ahora puedes acercarte a Pepito provocativamente, mirarle fijamente a los ojos, ver cómo tu presencia le pone nervioso, soltarle un par de frases que le dejen aún más confunddo de lo que ya estaba, participar y hacerle partícipe del juego de la seducción... Por supuesto, de vez en cuando la cosa falla (véase capítulo anterior de mis andanzas), pero la mayoría tienes garantizado al menos un buen rato de jugueteo y emoción, y muchas veces un final de fiesta la mar de agradable.
Vamos, que ahora no me corto un pelo en tomar la iniciativa. Y todo esto viene a colación de lo que me pasó el viernes noche.
Esta semana el trabajo ha sido un desastre... las células que tenían que crecer se han quedado fritas, y las que deberían haber muerto estaban tan campantes. Me pasé horas y horas al microscopio con la inestimable ayuda de mi amigo Doc, que merece un premio a la paciencia, tratando de localizar una célula que se estuviera dividiendo para filmarla. Cuando por fin encontramos una en el estadío perfecto, resulta que a la muy guarra se le ocurre moverse en el eje vertical, así, sin avisar ni nada, y cuando volvimos a revisar la película nos encontramos con un encantador manchurrón borroso. No estoy segura del todo, pero creo que le vi sacarnos la lengua y hacernos un corte de manga citoplásmico. No pude evitarlo, le escupí. Luego me pasé media hora limpiando mis babas de la maquinaria del enormemente delicado y enormemente caro equipo microscópico de filmación celular. Pero qué a gusto me quedé, leñe.
El viernes salí del trabajo muerta de agotamiento, de frustración y de hambre. Dejé a un lado las dos primeras sensaciones y me concentré en acabar con la tercera como fuera... A ver, ¿a qué persona puedo llamar que tenga hambre a todas horas? En mi mente apareció un nombre en mayúsculas, negrita y luces de neón: Muso. Efectivamente, no había acabado aún la frase de "¿te apetece ir a comer algo por ahí?" y le vi plantado a mi lado con la lengua fuera, mirando para todos lados y musitando "¿Comida? ¿¿Dónde, dónde??".
Una de las pocas opciones de comer algo más o menos casero y más o menos de la tierra (de tierras inglesas, entiéndase) en este país son los pubs. Al contrario que en España, donde muchos de los restaurantes son, tan solo, "Restaurantes", es decir de comida nacional, en Inglaterra esos sitios no existen. No hay "Restaurante Inglés". Son todos chinos, vietnamitas, indios, mexicanos, españoles, italianos, turcos, portugueses y un largo etcétera. La "comida típica inglesa" parece reducirse a los "fish and chips" y al "Sunday roast" (un asado de carne y verduras que se hace los domingos). De modo que si quieres comer baratito y algo que no sea precocinado (bueno, esto a veces hay que suponerlo con muy buena voluntad) te vas al pub de turno, que suele servir comidas durante determinadas horas del día y por 5-6 libras como mucho.En Mix Village uno de los pubs más baratos y con mejor aceptación es el Real; como además está al lado de uno de los campus universitarios más concurridos, el ambiente es muy juvenil y desenfadado, y la comida no está nada mal. Decidimos ir hasta allí a tomarnos algo... Craso error del que yo me di cuenta mientras nos aproximábamos al lugar en cuestión, para ir vislumbrando un enorme letrero colocado a la entrada: "Del 8 al 22 de Mayo en el Real, FIESTA DE LA CERVEZA". Nada más leer aquello yo ya había decidido mentalmente ir a otro lugar... pero Muso, inocentón él, estaba convencido de que encontraríamos sitio: "Venga mujer, esto tiene tres pisos, alguna mesa libre habrá". "Muso, niño, una fiesta de la cerveza en Inglaterra es como la Happy Hour en un puticlub de un pueblo de solteros... ¡tendremos suerte si conseguimos entrar siquiera!". "Desde luego Pili, qué negativa eres, estoy seguro de que algo habrá".
Definitivamente este hombre no debería dedicarse a la adivinación.
Tardamos unos 15 minutos en recorrer los 3 metros que separan la puerta de entrada del bar propiamente dicho. Nos pisaron. Nos aplastaron. Nos tiraron cerveza encima. ¿Mesas libres? Para eso primero deberíamos haber empujado a los que bailaban encima de ellas. La gente sostenía las jarras de cerveza por encima de las cabezas y para beber poco menos que se la "escanciaba" en la boca desde lo alto, cual sidra asturiana. Había ingleses borrachos hasta subidos en las lámparas. Los camareros directamente ponían en fila unas 20 jarras y las llenaban con mangueras. Agarré a Muso de las patillas y regresé como pude a la puerta caminando sobre cabezas, manos y pies. Una vez fuera, empapados de perfume "Eau de Birra", con los pelos de punta y la mirada desencajada, Muso sólo acertaba a decir "Vale, es posible que hubiera un pelín de gente allá adentro". Si las miradas pueden matar, la mía mataba tres veces con tortura previa.
Nos fuimos a otro pub, el Erizo. Por supuesto, los únicos que estaban en el pub eran los camareros y un par de clientes despistados que no se habían enterado de la fiesta de la cerveza del Real. Nos abalanzamos sobre el mostrador a pedir algo de comer. El camarero nos miró con cara de espanto y horror y nos espetó: "I'm sorry, no servimos cenas ya, es muy tarde"
Miramos el reloj.
Eran las 7:45 de la tarde.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡INGLESES!!!!!!!!!
¡A la porra la comida sana! ¡Tantas buenas intenciones para nada! Nos metimos de cabeza en el Pizza Hut.
Como todas las veces, una camarera bastante simpática nos llevó a la mesa y nos dejó los menús para que fuéramos decidiéndonos, aunque la verdad es que siempre pedíamos lo mismo: para Muso una mediana Cheese Feast ("Fiesta de Queso") y para mí, por llevar la contraria y porque soy más rara que un perro verde y no me gusta el queso, una Chicken Feast ("Fiesta de Pollo") sin nada de mozzarella. Al principio en la pizzería ponían cara de horror ante una cliente que pide una pizza sin queso. Ahora no, ya sólo ponen cara de lástima.
Mientras hacíamos como que mirábamos el menú, así sin avisar, sin advertencia previa, sin equipo de reanimación preparado, apareció ÉL. ÉL llevaba el uniforme de Pizza Hut, pero debía ser para despistar, porque estaba más que claro que era un demonio del infierno reencarnado en hombre destinado a despertar los deseos más lascivos de las incautas que toparan con ÉL. Debía tener unos veintipocos años. Salía de la cocina y se dirigía hacia mí a cámara lenta y rodeado de un aura brillante, como en las películas. Sonrió a una compañera de trabajo y su sonrisa lanzaba destellos como en los anuncios de Colgate (¿¿¿Colgate??? No, lo que quiero es sobate, besate y follate too, pero ya mismo, aquí y encima de la mesa...). Mi mandíbula hizo "CLONC" al chocar contra la mesa y la lengua se me desenroscó cual matasuegras. Casi me la pisa un niño chino al pasar. Lo volví a colocar todo en su sitio como pude antes de que Muso levantara la vista. El ser celestial aquel se paró al lado de nuestra mesa, me miró, sonrió de nuevo (brlrbrlrbrlrbrl) y con voz profunda y masculina preguntó "¿Han decidido ya lo que desean tomar?"Pregunta estúpida... Yo lo había decidido nada más verle aparecer... pero creo que el chaval no se refería a eso... cachis...
"S... sí... ehm... yo quería... esto... quería una pich... ¡¡¡pizza!!! una pizza pe... pequeña sin qu.. queso y un beso... estoooo... ¡¡un vaso!! de cocacola... por favor..."
"¿Sin NADA de queso?" - esta pregunta es obligada cuando me atiende un camarero que no conoce aún mis excentricidades :P
Si me lo traes tú no me quejaría aunque esuviera cubierta de queso cabrales... "Estooo... sí, sin nada que qu... queso"
"¿Y el caballero?" ¡¡¡¡El caballero no es mi novio, ¿eh?!!! que conste, estoy libre, libre como el viento, como el sol cuando amanece, como el mar, pero si me lo pides me iría contigo ahora mismo a que me encadenaras en una isla desierta. Ah no... que se refería a qué quería comer.. ains, qué despiste.
ÉL se dio la vuelta (dios qué culooooo) y se fue a entregar los pedidos. Fijar la mirada en otra cosa resultaba la mar de complicado, teniendo en cuenta que los demás clientes del local eran: una pareja de chinos espantosamente feos con un niño que no paraba de dar viajes al carrito de los helados (y no iba a colar que yo mirara al niño diciendo "uy qué ricoooo", que Muso me conoce y sabe el amor que profeso yo por esas pequeñas criaturitas) y una mesa de adolescentes engominados y chillones un poco más allá. Además, francamente, ya podía haber estado allí una convención de Mister Universos que me habría dado igual. ÉL era ÉL...
Si me hubiera pasado esto estando con Rizos, por ejemplo, ambas dos nos habríamos pasado la velada completa mirándole descaradamente y tratando de llamar su atención como fuera. Echándonoslo a suertes. Fantaseando con lo que haríamos con él en la oscuridad. Y en la luz. Y encima de la lavadora, y debajo del órgano de la iglesia parroquial... Pero estar con tu exnovio es algo más incómodo, ya que ahí participan sentimientos aún no olvidados, y un exnovio reciente no está preparado para verte babear por otro tío, incluso aunque sólo sea algo meramente físico. Así que me pasé toda la cena mirando fijamente a mi plato y devolviendo mis globos oculares a sus cuencas cuando trataban de escaparse detrás del trasero de ÉL.
Pedí que me rellenara tres veces el vaso de coca cola sólo para no perderle de vista demasiado :P
Por supuesto, al final de la noche el litro y medio de líquido había hecho su efecto y dejé a Muso esperándome en la puerta mientras yo iba al baño. A la vuelta estaba yo pasando al lado de la mesa en la que habíamos comido... la factura estaba aún allí, con la propinilla de rigor (haberle dejado 10 libras habría sido demasiado descarado, ¿verdad?). Sonreí. Di la vuelta. Me acerqué a una chica que estaba limpiando una de las otras mesas.
"Perdona, ¿tienes un boli?"
"Sí, claro, toma"
Miré a ambos lados... no había moros en la costa... me agaché y dejé un mensajito en la factura:
You're nice! ("¡Guapo!")
pilimindrina@gmail.com
Vale, no le di ese mail, le di el de "verdad"... entre otras cosas porque como un inglés hubiese tenido que escribir "pilimindrina" me podía dar por no contestada.
Me escabullí hasta la puerta y acompañé a Muso a recoger su bici, que estaba justo al lado de una de las ventanas del Pizza Hut. Mientras hablaba con él de su trabajo y de alguna chorradilla más, tenía un ojo puesto en la mesa.
De repente veo acercarse a la camarera que nos había indicado la mesa y agarrar la bandejita con la factura y la propina... ¡¡¡NO!!! ¡No podía ser! La tía esa no se pensaría quedar la propina, ¿verdad? Y lo más importante... ¿No se pensaría quedar con la factura verdad? ¡Ains, sufrimiento cruel! No podía quedarme más tiempo disimulando y mirando por la ventana... sin embargo lo último que pude ver fue a la camarera cogiendo la factura y leyéndola con atención...Adiós notita... ay mísera de mí, ay infelice... Murphy, veo que me sigues queriendo... ¡pero podrías dejarme en paz de vez en cuando, leches! Grrrrrrr...
Muso y yo nos despedimos y nos fuimos cada uno para su casa.
El viernes me fui pronto para la cama... estaba agotada. El sábado por la mañana a las 9 estaba ya en pie. Como siempre, después de desayunar revisé el correo.
Tenía un mensaje de una dirección muy rara, de hecho estuve a punto de mandarlo directamente a la papelera, pensando que sería spam. Pero ocupaba muy poquito, tan solo 2k, así que lo abrí por curiosidad más que nada.
"Hola, soy el camarero del Pizza Hut... pensé que tenía que contestar, ¡aunque no estoy seguro de si es una broma o no!"
¡¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!
¡Uy, pero qué largo me está quedando este artículoooo! Seguro que a ninguno de vosotros le importa que lo interrumpa aquí y siga con la historia más adelante, ¿verdad? Emoción, intriga, dolor de barriga... hace un día precioso y me apetece salir a dar un paseo. ¡Hasta la próxima! ;PPP
Etiquetas: pizzahut