Japi berdei tu mí!
...Y llegó ese miércoles en el que me levanté y me di cuenta de que era toda una mujer de 29 años. Lucía el sol y sus rayos se desparramaban sobre mi cama; hacía calor y el día habría sido perfecto de no ser un día de curro, claro está. ¡Pero nada podría arrebatarme la sonrisa de la cara ni la mirada pícara de mis ojos!...
...nada, excepto quizás aquella cosa blanca sin identificar que se veía en la luna trasera de mi coche... No podía ser que los borrachos me la hubieran armado otra vez justo este día, ¿verdad?
Inciso: creo haber hablado ya en numerosas ocasiones de las costumbres alcohólicas de los ingleses. Esos mismos angelitos tímidos que por el día pululan por las aceras sin mirarte a los ojos ni rozarte se transforman al caer la noche en vándalos que destrozan todo lo que encuentran a su paso. Tengo el dudoso privilegio de vivir en una calle que conduce a una de las discotecas más conocidas de Mix Village, con lo cual cada noche soy testigo de la procesión de borrachos rebuznantes que, de vez en cuando, tienen a bien dejar algún regalito en los vehículos aparcados con los que se cruzan. A veces el regalo es el resultado de demasiado alcohol y un estómago débil... desagradable, pero nada que un cubo de agua no elimine. Otras son muestras salivares en las lunas, huevos (sí, no me preguntéis qué leches hace esta gente saliendo de noche con una caja de huevos encima... ¿será por aquello de que “de lo que se come se cría”?) o cualquier señal de tráfico lo bastante manejable como para acabar decorando la carrocería. Tirar del limpiaparabrisas trasero hasta dejártelo colgando les hace entrar en éxtasis. Mi Reichín es además particularmente atractivo para los jóvenes ingleses, al tener matrícula extranjera (lo acepten o no, son bastante xenófobos), y no es la primera vez que escucho un “Fuck Spaniards!” aullado con voz gangosa al lado de mi ventana. Pero nada tan estimulante como el día en que salí de casa para comprobar que los inglesitos se habían divertido volcando un cubo de basura encima del coche y usando una tostadora como objeto contundente para destrozarme el alerón trasero. Ese día los vecinos de 10 millas a la redonda recibieron un curso intensivo de insultos en español sin necesidad de sintonizar ninguna emisora.
Fin del inciso.
El caso es que había algo en mi coche que no debería estar allí. Salí a la calle en pijama y con el corazón encogido, pero la desazón se transformó en seguida en una carcajada cuando descubrí que la “cosa blanca” era esta notita:

Sin saberlo, el asturianín que se había cruzado con mi coche me había dado la primera sorpresa de este día, que tuvo muchas más.
De nuevo en casa, y como cada mañana, arranqué la página del calendario de Garfield que mi madre me regaló estas Navidades... y me llevé la segunda sorpresa del día. En la página del 25 de Mayo había dos mensajes escritos hacía bastante tiempo. El primero decía:
“¡Feliz Cumpleaños! Que tengas un día maravilloso, cuquina. Besinos de Mamá y Papá”
El segundo, en una esquina:
“Bueno, veo que se me adelantaron... Feliz cumpleaños niña, te quiero muchísimo. Muso”
El mensaje de mis papis fue una sorpresa entrañable. El mensaje de Muso me emocionó, no sólo por lo inesperado, sino por pensar que fue escrito cuando aún estábamos juntos, esperando también que lo leyéramos juntos, en uno de esos días en los que los desayunos eran nuestra agradable rutina de por las mañanas. Leerlo ahora, más de dos meses después de haber roto, fue como descubrir un mensaje en una botella a la orilla del mar. Me hizo llorar un poquito :’).
Después de desayunar me puse un rato al ordenador – me levanto bastante temprano para tener tiempo de hacer las cosas con calma, y eso incluye leer las noticias del periódico en Internet y mirar un par de páginas – y recibí otro regalo inesperado... un nuevo relato del colega Fuckowski que me hizo llorar de nuevo, pero esta vez de risa. Por Dios, no os lo perdáis. Este chaval es un genio.
Con el cuento del relato de marras acabó haciéndoseme tarde... no sé cómo me las arreglo, pero es igual a la hora que ponga el despertador, siempre acabo vistiéndome a toda prisa y saliendo a la calle saltando para meterme en los pantalones, con la camiseta del revés, la tarjeta identificativa de la Uni entre los dientes y los pelos apuntando en todas direcciones. Eso cuando no se me engancha la cazadora en las ruedas de la bici y me esmorro ya antes de montarme en ella. Verme salir de casa por las mañanas es todo un show. A veces los turistas japoneses me hacen fotos.
No esperaba nada especial en el laboratorio... hasta que entré y me encontré con un manojo de globos de todos los colores balanceándose sobre mi mesa. Mi compañera Peggy había escrito un enorme “Happy birthday!” con rotulador negro en cada uno de ellos. Para aumentar aún más mi sonrisa bobalicona, se me acerco, me abrazó y me dio dos sonoros besos al estilo español... ¡y he de decir que Peggy es inglesa de pura casta! Su mayor muestra de afecto hasta el momento había sido un tímido apretón en el brazo, y eso después de 3 pintas de cerveza.
No me había dado tiempo a recuperarme de la impresión cuando de repente escucho abrirse la puerta y veo entrar un enorme ramo de flores con piernas y zapatos de tacón. Las piernas pertenecían a la nueva recepcionista, que por ser nueva aún se molestaba en traer los envíos en vez de mandarnos un mail para que pasáramos a buscarlos. Detrás de las innumerables flores, hojas, lazos y envolturas de plástico acertó a asomarse una cara completamente roja y de ojos lacrimosos. Yo me adelante, conmovida: “Mujer, no llores... la que debería emocionarme soy yo, que las flores son para mí”. “No, si es que soy alérgica al polen, por dios, llévate esta cosa, que me está matando”. En cuanto me hice con el ramo salió escopetada por el pasillo entre estornudos y moqueos.
La tarjetita: “¡Muchas felicidades de tus tías y tu abuela! Te queremos. Besos y abrazos”. A mí también se me irritaron un poquito los ojos, aunque lo mío no era alergia :)
A lo largo de la mañana varios de mis compañeros vinieron a verme y a darme las felicidades. Indy me dio un abrazo muy fuerte y me comunicó que no podría venirse a cenar esa tarde... al parecer lo que fuera que le hubiese ocurrido aquel fin de semana, que le impidió venirse también al cine, era más grave de lo que yo creía. No me quiso decir qué había ocurrido, pero me prometió que me invitaría a comer más adelante. La verdad es que me dejó preocupada.
A mediodía bajé a casa a comer y me encontré en el correo una tarjeta de Rizos escrita en su particular porto-español: “Pilimindri, ¡te deseo un muy felis dia y año! Un abrazo muy amigo, Rizos”. Antes de tener tiempo a cerrar la puerta sonó el teléfono y comenzó el “tour familiar” de llamadas. Peleas por agarrar el auricular y piquillas en plan de “oye, que ya has hablado bastante, ¡me toca a mí”, “quita, quita, que contigo habló ya el otro día”, “espera, que yo sé felicitar en inglés: se dice japi berdey”, “muchos besos nena, ¡uy que se me queman los filetes!”. ¡Cómo sentí no poder darles esos abrazos y besos en persona! ¡Qué duro se hace a veces estar lejos de tu gente!
De vuelta al laboratorio después de comer y cuando ya creía que se habían acabado los sucesos inesperados... ¡Más flores! Pero esta vez venían directamente del jardín de Ranita, una compañera de trabajo alemana que trabaja en el segundo piso y con la que me voy a tomar cervezas y a criticar a los ingleses de vez en cuando. “Happy birthday Pilimindrinen!”.
Para colmo, incluso la rancia de mi jefa parecía tener un buen día (cosa que ocurre con la frecuencia de los eclipses solares) y se dignó a felicitarme y sonreírme. A esas alturas yo ya estaba de un humor completamente festivo, y me resultaba casi imposible concentrarme en el trabajo. La cena estaba planeada para las 8 y con algunos de los amigos había quedado para tomar algo a las 6... sin embargo ya dudaba que fuera a aguantar en el laboratorio hasta esa hora. Propuse a mis compañeros de laboratorio, Peggy y Soccer, abandonar el barco sobre las 5 y no se hicieron en absoluto de rogar. Allá nos fuimos al pub “El Águila” a tomarnos unas pintas y a las 6 salí pitando y algo contentilla a recoger a Rizos, Belo (un amigo de Rizos que sale a veces con nosotros, muy inglés él :), Ranita y Nuca (una gallega muy maja que habla y habla sin parar y que es más burra que un arado). Todos juntos en formación nos dirigimos a otro pub, “El Olmo”. Allí seguimos con las cervezas, las charlas y las risas. Al rato se nos unió Astérix, un vallisoletano al que conocí en la fiesta de Azabache (sí, la misma en la que me ligué al famoso italiano del que nunca más se supo) y con el que voy a comer una vez por semana, y seguimos la juerga. Cuando por fin legamos al Chilli’s, donde nos esperaban Muso, Blancaflor y Polpette (la parejita de recién casados) y Portu, aquello parecía una romería. Por cierto, vaya guapo que iba el Portu, maldita sea.
¡Todos a la mesa! Costillas, pollo a la barbacoa, fajitas, ensaladas, hamburguesas... yo qué sé lo que llegamos a comer allí. Había globos por todas partes, nos hicimos fotos en todas las posturas imaginables y me cantaron el “Cumpleaños feliz” en inglés y en español. Para mi sorpresa, los camareros también se incorporaron al coro. Como no encontraron velas por ninguna parte Rizos me fabricó una completamente artesanal, con una pajita (¡de las de plástico, malpensados!) y un pedazo de pañuelo de papel encendido en el extremo, clavada en una especie de flan de chocolate con helado y nata. De vez en cuando nos interrumpían los gritos de la gente que estaba viendo el partido en la pantalla del bar, y Polpette, Soccer, Muso y Portu salían corriendo para ver quién había marcado gol (maldita sea, ¿es que siempre me tiene que tocar un partido importante en todos los acontecimientos?). Al final acabamos todos bebiendo cervezas y viendo ganar al Liverpool por penalties. Los ingleses del local se volvieron literalmente locos de alegría. Volaba la cerveza por doquier. Volaban las sillas por doquier. Volaban los ingleses por doquier. Nunca me había felicitado tanta gente sin conocerme de nada.
Tras acabarse el partido y nuestras copas, la mayoría tenían que marcharse a coger el tren o el autobús. Pero nos quedamos Rizos, Astérix, Portu y yo con ganas de algo más de juerga, y en vista del jaleo que había por el centro debido al partido de fútbol acabamos los 4 metidos en la nueva casa de Rizos y haciéndonos cócteles con todas las bebidas alcohólicas y zumos que encontramos por su casa. Creo recordar que estuvimos hablando de arte abstracto, de rocas volcánicas y que Portu se echó a dormir en el suelo de la cocina en un momento determinado después de decirme con cara ominosa que “las fotografías te roban el alma”. Aún no sé si lo decía en serio. Al final los dos hombres se fueron para su casa y nos quedamos Rizos y yo hablando de su última conquista.
“Creo que voy a dejar a mi novio, Pilimindri”
“¿¿¿Otra vez???”
“Sí, pero es que esta vez me estoy enamorando de verdad”
“¿¿¿Otra vez???”
“¡Vete al cuerno, so gili!”
“A ver, cuéntame los detalles morbosos”
“¡Si es que todos son morbosos!”
“Me lo imaginaba... espera que me ponga cómoda”
Llegué a casa a las 2 de la mañana... en España no es mucho, ¡pero aquí es un atrevimiento tremendo un miércoles! Había sido un día maravilloso... sólo lamentaba dos cosas:
La primera, que Doc no había aparecido en todo el día... ni siquiera para desearme feliz cumpleaños. Me había dolido.
Pero eso eran niñerías. Lo que más me dolía era no haber tenido al Fistro conmigo. No haber recibido su llamada. Y saber que jamás volvería a escuchar su voz: “¡Felicidades, Pecadora!”. Allá donde estés, me acuerdo de ti. Y te echo de menos, amigo. Por muchos años que pasen.
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A lo largo de todo el día de ayer he estado recibiendo y leyendo vuestros comentarios. Han sido un motivo más de alegría y me han hecho sonreír innumerables veces :). Gracias por estar ahí y acordaros de mí, gracias por vuestras felicitaciones y vuestros buenos deseos, por vuestros mails y por leerme a diario y compartir mi vida. ¡Un abrazo muy fuerte de vuestra Pilimindrina!
...nada, excepto quizás aquella cosa blanca sin identificar que se veía en la luna trasera de mi coche... No podía ser que los borrachos me la hubieran armado otra vez justo este día, ¿verdad?
Inciso: creo haber hablado ya en numerosas ocasiones de las costumbres alcohólicas de los ingleses. Esos mismos angelitos tímidos que por el día pululan por las aceras sin mirarte a los ojos ni rozarte se transforman al caer la noche en vándalos que destrozan todo lo que encuentran a su paso. Tengo el dudoso privilegio de vivir en una calle que conduce a una de las discotecas más conocidas de Mix Village, con lo cual cada noche soy testigo de la procesión de borrachos rebuznantes que, de vez en cuando, tienen a bien dejar algún regalito en los vehículos aparcados con los que se cruzan. A veces el regalo es el resultado de demasiado alcohol y un estómago débil... desagradable, pero nada que un cubo de agua no elimine. Otras son muestras salivares en las lunas, huevos (sí, no me preguntéis qué leches hace esta gente saliendo de noche con una caja de huevos encima... ¿será por aquello de que “de lo que se come se cría”?) o cualquier señal de tráfico lo bastante manejable como para acabar decorando la carrocería. Tirar del limpiaparabrisas trasero hasta dejártelo colgando les hace entrar en éxtasis. Mi Reichín es además particularmente atractivo para los jóvenes ingleses, al tener matrícula extranjera (lo acepten o no, son bastante xenófobos), y no es la primera vez que escucho un “Fuck Spaniards!” aullado con voz gangosa al lado de mi ventana. Pero nada tan estimulante como el día en que salí de casa para comprobar que los inglesitos se habían divertido volcando un cubo de basura encima del coche y usando una tostadora como objeto contundente para destrozarme el alerón trasero. Ese día los vecinos de 10 millas a la redonda recibieron un curso intensivo de insultos en español sin necesidad de sintonizar ninguna emisora.
Fin del inciso.
El caso es que había algo en mi coche que no debería estar allí. Salí a la calle en pijama y con el corazón encogido, pero la desazón se transformó en seguida en una carcajada cuando descubrí que la “cosa blanca” era esta notita:

Sin saberlo, el asturianín que se había cruzado con mi coche me había dado la primera sorpresa de este día, que tuvo muchas más.
De nuevo en casa, y como cada mañana, arranqué la página del calendario de Garfield que mi madre me regaló estas Navidades... y me llevé la segunda sorpresa del día. En la página del 25 de Mayo había dos mensajes escritos hacía bastante tiempo. El primero decía:
“¡Feliz Cumpleaños! Que tengas un día maravilloso, cuquina. Besinos de Mamá y Papá”
El segundo, en una esquina:
“Bueno, veo que se me adelantaron... Feliz cumpleaños niña, te quiero muchísimo. Muso”
El mensaje de mis papis fue una sorpresa entrañable. El mensaje de Muso me emocionó, no sólo por lo inesperado, sino por pensar que fue escrito cuando aún estábamos juntos, esperando también que lo leyéramos juntos, en uno de esos días en los que los desayunos eran nuestra agradable rutina de por las mañanas. Leerlo ahora, más de dos meses después de haber roto, fue como descubrir un mensaje en una botella a la orilla del mar. Me hizo llorar un poquito :’).Después de desayunar me puse un rato al ordenador – me levanto bastante temprano para tener tiempo de hacer las cosas con calma, y eso incluye leer las noticias del periódico en Internet y mirar un par de páginas – y recibí otro regalo inesperado... un nuevo relato del colega Fuckowski que me hizo llorar de nuevo, pero esta vez de risa. Por Dios, no os lo perdáis. Este chaval es un genio.
Con el cuento del relato de marras acabó haciéndoseme tarde... no sé cómo me las arreglo, pero es igual a la hora que ponga el despertador, siempre acabo vistiéndome a toda prisa y saliendo a la calle saltando para meterme en los pantalones, con la camiseta del revés, la tarjeta identificativa de la Uni entre los dientes y los pelos apuntando en todas direcciones. Eso cuando no se me engancha la cazadora en las ruedas de la bici y me esmorro ya antes de montarme en ella. Verme salir de casa por las mañanas es todo un show. A veces los turistas japoneses me hacen fotos.
No esperaba nada especial en el laboratorio... hasta que entré y me encontré con un manojo de globos de todos los colores balanceándose sobre mi mesa. Mi compañera Peggy había escrito un enorme “Happy birthday!” con rotulador negro en cada uno de ellos. Para aumentar aún más mi sonrisa bobalicona, se me acerco, me abrazó y me dio dos sonoros besos al estilo español... ¡y he de decir que Peggy es inglesa de pura casta! Su mayor muestra de afecto hasta el momento había sido un tímido apretón en el brazo, y eso después de 3 pintas de cerveza.
No me había dado tiempo a recuperarme de la impresión cuando de repente escucho abrirse la puerta y veo entrar un enorme ramo de flores con piernas y zapatos de tacón. Las piernas pertenecían a la nueva recepcionista, que por ser nueva aún se molestaba en traer los envíos en vez de mandarnos un mail para que pasáramos a buscarlos. Detrás de las innumerables flores, hojas, lazos y envolturas de plástico acertó a asomarse una cara completamente roja y de ojos lacrimosos. Yo me adelante, conmovida: “Mujer, no llores... la que debería emocionarme soy yo, que las flores son para mí”. “No, si es que soy alérgica al polen, por dios, llévate esta cosa, que me está matando”. En cuanto me hice con el ramo salió escopetada por el pasillo entre estornudos y moqueos.La tarjetita: “¡Muchas felicidades de tus tías y tu abuela! Te queremos. Besos y abrazos”. A mí también se me irritaron un poquito los ojos, aunque lo mío no era alergia :)
A lo largo de la mañana varios de mis compañeros vinieron a verme y a darme las felicidades. Indy me dio un abrazo muy fuerte y me comunicó que no podría venirse a cenar esa tarde... al parecer lo que fuera que le hubiese ocurrido aquel fin de semana, que le impidió venirse también al cine, era más grave de lo que yo creía. No me quiso decir qué había ocurrido, pero me prometió que me invitaría a comer más adelante. La verdad es que me dejó preocupada.
A mediodía bajé a casa a comer y me encontré en el correo una tarjeta de Rizos escrita en su particular porto-español: “Pilimindri, ¡te deseo un muy felis dia y año! Un abrazo muy amigo, Rizos”. Antes de tener tiempo a cerrar la puerta sonó el teléfono y comenzó el “tour familiar” de llamadas. Peleas por agarrar el auricular y piquillas en plan de “oye, que ya has hablado bastante, ¡me toca a mí”, “quita, quita, que contigo habló ya el otro día”, “espera, que yo sé felicitar en inglés: se dice japi berdey”, “muchos besos nena, ¡uy que se me queman los filetes!”. ¡Cómo sentí no poder darles esos abrazos y besos en persona! ¡Qué duro se hace a veces estar lejos de tu gente!
De vuelta al laboratorio después de comer y cuando ya creía que se habían acabado los sucesos inesperados... ¡Más flores! Pero esta vez venían directamente del jardín de Ranita, una compañera de trabajo alemana que trabaja en el segundo piso y con la que me voy a tomar cervezas y a criticar a los ingleses de vez en cuando. “Happy birthday Pilimindrinen!”. Para colmo, incluso la rancia de mi jefa parecía tener un buen día (cosa que ocurre con la frecuencia de los eclipses solares) y se dignó a felicitarme y sonreírme. A esas alturas yo ya estaba de un humor completamente festivo, y me resultaba casi imposible concentrarme en el trabajo. La cena estaba planeada para las 8 y con algunos de los amigos había quedado para tomar algo a las 6... sin embargo ya dudaba que fuera a aguantar en el laboratorio hasta esa hora. Propuse a mis compañeros de laboratorio, Peggy y Soccer, abandonar el barco sobre las 5 y no se hicieron en absoluto de rogar. Allá nos fuimos al pub “El Águila” a tomarnos unas pintas y a las 6 salí pitando y algo contentilla a recoger a Rizos, Belo (un amigo de Rizos que sale a veces con nosotros, muy inglés él :), Ranita y Nuca (una gallega muy maja que habla y habla sin parar y que es más burra que un arado). Todos juntos en formación nos dirigimos a otro pub, “El Olmo”. Allí seguimos con las cervezas, las charlas y las risas. Al rato se nos unió Astérix, un vallisoletano al que conocí en la fiesta de Azabache (sí, la misma en la que me ligué al famoso italiano del que nunca más se supo) y con el que voy a comer una vez por semana, y seguimos la juerga. Cuando por fin legamos al Chilli’s, donde nos esperaban Muso, Blancaflor y Polpette (la parejita de recién casados) y Portu, aquello parecía una romería. Por cierto, vaya guapo que iba el Portu, maldita sea.
¡Todos a la mesa! Costillas, pollo a la barbacoa, fajitas, ensaladas, hamburguesas... yo qué sé lo que llegamos a comer allí. Había globos por todas partes, nos hicimos fotos en todas las posturas imaginables y me cantaron el “Cumpleaños feliz” en inglés y en español. Para mi sorpresa, los camareros también se incorporaron al coro. Como no encontraron velas por ninguna parte Rizos me fabricó una completamente artesanal, con una pajita (¡de las de plástico, malpensados!) y un pedazo de pañuelo de papel encendido en el extremo, clavada en una especie de flan de chocolate con helado y nata. De vez en cuando nos interrumpían los gritos de la gente que estaba viendo el partido en la pantalla del bar, y Polpette, Soccer, Muso y Portu salían corriendo para ver quién había marcado gol (maldita sea, ¿es que siempre me tiene que tocar un partido importante en todos los acontecimientos?). Al final acabamos todos bebiendo cervezas y viendo ganar al Liverpool por penalties. Los ingleses del local se volvieron literalmente locos de alegría. Volaba la cerveza por doquier. Volaban las sillas por doquier. Volaban los ingleses por doquier. Nunca me había felicitado tanta gente sin conocerme de nada.Tras acabarse el partido y nuestras copas, la mayoría tenían que marcharse a coger el tren o el autobús. Pero nos quedamos Rizos, Astérix, Portu y yo con ganas de algo más de juerga, y en vista del jaleo que había por el centro debido al partido de fútbol acabamos los 4 metidos en la nueva casa de Rizos y haciéndonos cócteles con todas las bebidas alcohólicas y zumos que encontramos por su casa. Creo recordar que estuvimos hablando de arte abstracto, de rocas volcánicas y que Portu se echó a dormir en el suelo de la cocina en un momento determinado después de decirme con cara ominosa que “las fotografías te roban el alma”. Aún no sé si lo decía en serio. Al final los dos hombres se fueron para su casa y nos quedamos Rizos y yo hablando de su última conquista.
“Creo que voy a dejar a mi novio, Pilimindri”
“¿¿¿Otra vez???”
“Sí, pero es que esta vez me estoy enamorando de verdad”
“¿¿¿Otra vez???”
“¡Vete al cuerno, so gili!”
“A ver, cuéntame los detalles morbosos”
“¡Si es que todos son morbosos!”
“Me lo imaginaba... espera que me ponga cómoda”
Llegué a casa a las 2 de la mañana... en España no es mucho, ¡pero aquí es un atrevimiento tremendo un miércoles! Había sido un día maravilloso... sólo lamentaba dos cosas:
La primera, que Doc no había aparecido en todo el día... ni siquiera para desearme feliz cumpleaños. Me había dolido.
Pero eso eran niñerías. Lo que más me dolía era no haber tenido al Fistro conmigo. No haber recibido su llamada. Y saber que jamás volvería a escuchar su voz: “¡Felicidades, Pecadora!”. Allá donde estés, me acuerdo de ti. Y te echo de menos, amigo. Por muchos años que pasen.
---
A lo largo de todo el día de ayer he estado recibiendo y leyendo vuestros comentarios. Han sido un motivo más de alegría y me han hecho sonreír innumerables veces :). Gracias por estar ahí y acordaros de mí, gracias por vuestras felicitaciones y vuestros buenos deseos, por vuestros mails y por leerme a diario y compartir mi vida. ¡Un abrazo muy fuerte de vuestra Pilimindrina!