Un viaje en moto y unas cuantas reflexiones
El sábado por la noche Belo se quedó a dormir en mi casa. No dejará jamás de sorprenderme el cambio radical de inglés borrachillo a inglés totalmente sobrio: al llegar a casa sobre las 2:30 de la mañana Belo venía riéndose y gastando bromas, me dio un par de besazos de buenas noches, se despelotó delante mío sin pensárselo dos veces hasta quedarse en gallumbos y se puso a roncar en el sofá-cama del salón.El domingo por la mañana estuvo dos horas esperando a que yo me despertara porque no se atrevía a entrar en mi habitación (nota aclaratoria: mi apartamento es de esos que tienen un único baño al que se accede desde el dormitorio). Cuando por fin abrí el ojo y le pregunté qué coño hacía ahí esperando, que entrara a mear de una vez - con la delicadeza que me caracteriza - estaba más colorado que un tomate y no sabía cómo ponerse para disimular que estaba en calzoncillos. ¡Leñe, pero si ayer poco le había faltado para hacerme un strip-tease! Al menos Belo NO es vegetariano y le importaba tres pitos que las magdalenas estuvieran hechas con grasa animal.
A las 11 de la mañana el gruñido ronco y grave de una moto fue acercándose hasta que se detuvo frente a mi ventana. Recuerdo haber pensado, primero, que Maus venía igualito que el Halcón Callejero... qué morbazo de moto, po dió (¡y de motero!). Recuerdo haber pensado después que yo iba a tener que ir también ahí subida, y se me hizo un nudo en el estómago... Me imaginaba pegándome la gran hostia contra el asfalto al primer acelerón y siendo aplastada por las ruedas de una excavadora que casualmente viniera detrás. Pero yo había dicho que iría, y a ver quién era el guapo que me hacía cambiar de opinión, ¡buena soy yo! (tardé 10 minutos en decidir si llevar pañales o no... acabé rechazando la opción porque se iban a notar demasiado con los vaqueros).Maus se traía consigo todo un equipo para mí: un enorme casco negro con dibujitos de barcos piratas y tiburones (lo sé, es una horterada), guantes y braga (de las de poner al cuello, de las otras ya llevaba yo :P). Después de colocarme todo aquello yo era clavadita a la Hormiga Atómica, con la diferencia de que a la Hormiga Atómica no le temblaban las canillas cada vez que echaba a volar. Maus se volvió a subir a aquella enormidad de moto, arrancó, me miró y me hizo señas para que subiera. Fue uno de esos momentos en los que lamentas ser atea, porque no tienes a quién rezarle. Subí y me agarré él como una ladilla a un pelo púbico. La moto se puso en marcha. Mi corazón tardó un poco más.
Los primeros minutos de viaje sólo podía pensar en mis miembros desparramados a 200 metros a la redonda cada vez que Maus aceleraba o tomaba una curva algo más cerrada de lo habitual. Me agarraba a él, cerraba los ojos y sentía mi corazón martilleándome en el pecho. Bum-BUM-bum-BUM. Aún no me explico cómo Maus era capaz de respirar. Sin embargo al cabo de un rato el miedo se esfumó, mi cuerpo aprendió a mantener el equilibrio y doblarse en las curvas, y la adrenalina provocó en mí un estado de euforia incontrolada: Maus y yo volábamos juntos. Me apetecía ponerme de pie en la moto, estirar los brazos y gritar: “¡¡¡Soy la reina del mundoooooooo!!!”. Luego recordé que esa frase ya la había usado Leonardo di Caprio en "Titanic" y decidí que no habría sido original. Pero con cada acelerón, o cada vez que la moto enfilaba una recta y se ponía a 100 millas por hora, mi pecho se hinchaba y se me escapaba un “¡UUAAAAAAAAAAA!” a todo pulmón. El viaje en moto del domingo pasado fue una de las experiencias más sensuales y emocionantes que recuerdo en mucho tiempo.
Pasamos el día en Hunstanton (fotografía © Pilimindrina), un pueblecito junto al mar en el Sudeste de Inglaterra. Por primera vez desde que estoy en tierras inglesas he conseguido ver una playa más o menos normal y disfrutar de un día de sol maravilloso. El pueblo estaba lleno de niños y perros y a Maus se le veía radiante de felicidad. “¿Habías estado aquí alguna vez?”, le pregunté. “No”, contestó sonriendo, “quería venir con alguien especial”.Volvimos a Mix Village ya entrada la noche. No habíamos hecho más que quitarnos los cascos cuando los dos nos quedamos mirándonos con un brillo inconfundible en los ojos. Maus tampoco volvió a casa aquella noche. Ni la del martes. Ni la del jueves. Estoy teniendo una vida sexual de lo más activa últimamente... y de lo más interesante. El lunes Maus me trajo un ramo de rosas rojas a mi laboratorio. Encima tengo el ego por las nubes, porque se pasa el día diciéndome lo “beautiful” que soy, lo buenísima que soy en la cama, lo feliz que le hago y lo mucho que me echa de menos cuando no está conmigo. Teniendo en cuenta que todas estas palabras provienen de un hombre casado que llevaba casi un año sin echar un casquete con su mujer (según sus mismas palabras) y que hasta entonces llevaba una vida de lo más aburrida, sé que sólo debo creerme la cuarta parte, pero de todas maneras siempre viene bien que te echen unos cuantos piropos de cuando en vez.
Todo esto suena muy emotivo y muy romántico. Sin embargo no es oro todo lo que reluce, ni es todo tan idílico como parece. No sois sólo vosotros los que detectáis que aquí hay cosas que no cuadran. En primer lugar, si está casado y vive con su mujer y sus suegros... ¿es que nadie le pide explicaciones por las noches que pasa fuera de casa? Una persona que llevaba años casi sin salir de juerga con sus amigos y que de repente empieza a faltar en la cama tiene que levantar sospechas por narices. Cada vez que le pregunto me dice que su mujer y él casi no hablan el uno con el otro, y que nadie le hace preguntas. Ya no es cuestión de que me lo crea o no, sencillamente no es de mi incumbencia, pero desde luego suena raro.
Luego está el tema de mis principios. En un par de comentarios, una franca minoría realmente, se me dice que “no está bien lo que hago”. Quiero decirles a los autores de esos comentarios que tienen toda la razón, y que asumiré las consecuencias de mis actos. Mis principios no han cambiado; acostarse con un hombre casado no está mejor ahora que antes. Sencillamente, me los he saltado a la torera de manera totalmente consciente. Es bastante posible que dentro de unas semanas esté pagando en cierto modo las consecuencias y tengáis que aguantar un par de artículos lacrimosos, o quizá no. Pero efectivamente, lo que hago no está bien, independientemente de que el principal responsable sea Maus (al fin y al cabo yo estoy libre, el casado es él). En ningún momento pretendo justificarlo ni hacer de mis actos un ejemplo para nadie, me limito a contar lo que sucede, y lo que ha sucedido es que me he dejado llevar por los instintos animales. Una persona inocente puede sufrir mucho por causa de lo que Maus y yo hemos empezado, y jamás me sentiré orgullosa de ello. Pero lo hecho, hecho está.
Hay también otro pequeño problema: Maus se está encariñando mucho conmigo. Demasiado. No sé lo que habré dado a entender con mi forma de escribir, pero yo no estoy enamorada. Todo esto tiene un morbazo impresionante, es emocionante y me siento como una quinceañera, pero no estoy enamorada. El jueves pasado Maus dejó caer la posibilidad de separarse de su mujer, y lo primero que se me vino a la cabeza fue: “¿¿¿Quéééé??? ¡Ni de coña!”. Y es cierto; la verdad, aunque suene espantosamente mal, es que prefiero que la situación siga tal y como está. No quiero que Maus deje a su mujer por mí, sencillamente porque yo no iba a salir con él después. Incluso es posible que se perdiera la emoción que tiene ahora toda la aventura. No quiero un compromiso, no quiero dejar de salir a bailar con Rizos y ligar con el primer chico que me guste, quiero que mi vida amorosa siga siendo superficial durante una buena temporada. Mi última relación con Muso duró casi dos años y no me encuentro con ganas de volver a atarme a nadie.
Ayer sábado Maus y yo nos fuimos a Londres a pasar el día. Estuvimos en el IMAX viendo un documental sobre la carrera espacial, en las Mazmorras de la Torre de Londres, y paseando por el paseo del Tower Bridge. Por cierto, la foto del puente de noche también es mía, si alguien quiere una copia en grande que me la pida por correo, que me quedó mu chula :P. Allí, sentados en el muro al lado del Támesis, Maus se me quedó mirando con una sonrisa tímida, se acercó a mi oído y me dijo: “I love you, Beautiful!” (“te quiero, Preciosa”). Nunca me lo había dicho antes. Y no pude responderle. Nunca le he mentido, y mucho menos iba a hacerlo en algo tan importante.Todo esto me preocupa, sinceramente. Preferiría que él lo viera todo como lo veo yo, como una aventura que nos alegre un poco la vida a ambos (sobre todo la suya), no como algo que cambie la vida de ninguno. Esta mañana tuve que “echarle” de casa discretamente, porque pretendía quedarse también el domingo, y francamente, necesito tiempo para mí sola, y para pasar con mis amigos.
En fin, así están las cosas. Y se acerca Septiembre... va a ser un mes movidito. A principios se marchan Belo y Portu, serán dos despedidas duras. Del 5 al 7 tengo un Curso de Orientación Laboral (a estos ingleses les encantan estos cursos de nombres demagógicos) en un colegio universitario a las afueras de Mix Village. Es un curso residencial, lo cual quiere decir que me tengo que quedar allí los tres días a pensión completa, pero lo bueno es que Rizos también se ha apuntado... puede ser divertido ;). El 15 y 16 de Septiembre puede que me vaya a Roma a una reunión de mi proyecto, aunque todavía no se ha decidido definitivamente; si voy me quedaré también el fin de semana a visitar mi ciudad favorita (algún día os hablaré de los dos meses que viví en Roma). Y el día 20 me largo a mi tierrina, a mi Asturias del alma, por dos semanitas. Tendré internet, así que es más que probable que un par de artículos los escriba desde allí. Tengo la boda de una buena amiga el día 24 y además he invitado a Maus a pasarse 3 días conociendo la tierrina. Será una odisea encontrarle menús vegetarianos, y pienso emborracharle a sidras.
Muso termina su contrato el 30 de Septiembre, y aún no ha decidido si marcharse antes o después de que yo vuelva. Esa despedida será la más dura de todas. Yo tampoco sé si es mejor despedirnos antes de irme para Asturias o hacerlo después. Va a ser muy, muy jodido, hablando mal y claro. No sé cuándo (ni “si”) volveremos a vernos. Aunque lo que hubo entre los dos se terminó, le sigo queriendo muchísimo. Cuando estamos juntos sigue quedando algo de lo que nos mantuvo unidos, algo muy especial. Algo que se perderá cuando nos separemos.
En Otoño tendré también una entrevista de trabajo para un laboratorio privado aquí mismo en Mix Village. Mi contrato con la Universidad termina pronto y tengo que decidir si intentar quedarme en la facultad, cambiar al ámbito privado o probar suerte con otro postdoc en otro país europeo.
Como veis, mi vida puede cambiar mucho en los próximos meses, o bien quedarse como está. La vida del científico es así, nunca sabes dónde puedes estar en unos meses. Quizás dentro de poco tenga que cambiar el nombre del blog a “Sigo single en Alemania”, “Joer qué frío hace en Islandia” o “¿Cómo coño se liga en Japón?”. Por una parte resulta traumático cambiar de amigos y de casa cada dos o tres años, y no tener un sitio al que llamar “hogar”. Pero por otra es una vida de lo más emocionante que te permite estar en contacto con otras culturas, con otras gentes, y acabar teniendo amigos desperdigados por todo el Globo.Se acaba Agosto, termina el verano. “El final del verano llegó, y tú partirás”, cantaba El Dúo Dinámico en una melodía que se hizo famosa con el último capítulo de Verano Azul. Yo me siento un poco así. Pero no sé si pienso en los que se van, o en que la que partirá seré yo.