Los viajes de Pilimindrina
Viviendo cabeza abajo
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El tiempo pasa, pero yo sigo siendo la misma (con el pelo algo más largo y 31 añitos ya, pero la misma ;). La historia de mis aventuras en Nueva Zelanda dejó de ser contada hace ya año y medio, pero he vuelto. Tengo mil aventuras más que contar, nuevos personajes de los que hablaros... y un nuevo plan, algo muy grande que llevar a cabo.

Algo para lo que necesito vuestra ayuda :)


LISTA COMPLETA DE PERSONAJES
Sindicación
 
Spanish Bodorrio
PhotobucketMi amiga OsaVerde y yo nos conocemos prácticamente desde la cuna. Es una de esas personas cuyo carácter es tan distinto al tuyo que en ocasiones te preguntas qué demonios os mantiene tan próximas, qué fuerza misteriosa se encarga de que, incluso tras dos años sin vernos, un simple cruce de miradas y una sonrisa basten para que la complicidad vuelva a demostrar que hay lazos que el tiempo no es capaz de romper. Si el Fistro y yo nos pasábamos la vida juntos, OsaVerde y yo llevamos nuestra amistad a saltos de tiempo. A ella le encanta hablar y hablar, y a mí escucharla e interrumpirla en ocasiones para soltar una burrada de las mías, que nos hace revolcarnos de risa durante horas. Ella es profundamente católica, y yo soy una atea de lo más cerril. A ella le encanta el arte, la arquitectura, los viajes culturales y las fotos de monumentos sin personas; a mí me gustan las ciencias, lo práctico, visitar las zonas de marcha de las ciudades… y prefiero que en mi foto de la Torre de Pisa se vean rostros conocidos antes que la torre en sí. A ella le gusta cuidar de su aspecto, mientras que yo sería capaz de presentarme en una boda con zapatillas agujereadas y vaqueros viejos. En una boda cualquiera lo habría hecho, pero no en esta. Porque esta era SU boda.

Las palabras que más he escuchado durante los días previos a la ceremonia ante mis interminables quejas por tener que ir bien vestida han sido: “Mujer, si no hace falta ir de gala, basta con unos pantalones o falda de vestir y una camisita mona”. Perfecto, eso valdría para cualquier mujer de este mundo… menos yo. Vuestra Pilimindri no tiene en su armario ni un solo pantalón “de vestir” (para qué hablar de faldas, si antes de comprobar si tenía alguna he tenido que buscar la definición en el diccionario), y las dos únicas camisas que podéis encontrar si un día os escondéis en mi armario son de pana y de colores chillones. De hecho nunca compro camisas normales, porque se arrugan y hay que plancharlas, y para eso tendría primero que aprender a planchar (y segundo, tendría que querer hacerlo).

Así que al día siguiente de llegar a mi amada Asturias comenzó el suplicio: había que comprar vestido, zapatos, chaqueta y medias. Había que depilarse las piernas a la cera (creo que el estilo “Tarzán” no es el más adecuado para una boda). Había que… atención… ¡¡¡MAQUILLARSE!!! Es decir, echarse esos potingues asquerosos por toda la cara que no te permiten ni rascarte cuando te pica la nariz, y que como se te ocurra soltar una lágrima te dejan las mejillas como si alguien hubiese descubierto petróleo en tus pestañas. Y por supuesto, había que ir a la peluquería. Esto sólo lo hago por una amiga como OsaVerde, que conste.

PhotobucketLuego está el tema del regalito de bodas… como esta menda jamás había ido a ninguna boda (quitando una por lo civil de un compañero de trabajo en la que expresamente se nos pidió ir vestidos de forma informal y no comprar regalos, benditos sean) no tenía ni idea de lo que se suponía que una debía gastarse en un regalo de bodas. Inocente de mí, supuse que la cosa sería más o menos como un regalo de cumpleaños: 30 ó 40 eureles y listo. Casi se me caen los ojos al suelo cuando mi familia me confirmó mis peores temores: un regalo estándar de boda te cuesta unos 150 euros. Adiós presupuesto de Septiembre.

Afortunadamente OsaVerde es una mujer moderna, y me hizo el gran favor de poner su lista de bodas en internet, lo cual me ahorró entre otras cosas el pasarme días y días pensando qué comprarles. Pero a su vez introdujo nuevas dificultades: el único regalo que entraba en mi presupuesto llevaba el nombre de “bajo plato oval”. Sé que cualquier persona que tenga una casa sabrá lo que es eso, lo sé. Pero yo soy yo. De modo que compré la cosa esa y rellené el formulario marcado como “¡Envíe a los novios su mensaje de felicitación!” con las siguientes palabras: “¡Enhorabuena a los dos!. Por cierto, ¿qué leches es un `bajo plato oval´?”. El novio de OsaVerde se pasó todo el día descojonándose a mi costa.

Sigo sin saber lo que es un “bajo plato oval”.

Por supuesto, no acaba ahí el despelleje. ¿Qué es un vestido?, me preguntaba yo. Un vestido no es más que un trozo de tela sin demasiados adornos para envolver el cuerpo, ¿no? Un pedazo de tela no puede costar tanto… Pues bien, parece que el precio medio de un cacho de tela de esos ronda los 200 euros. Si llego a saberlo antes me fabrico yo uno con las cortinas de la abuela. Prefiero mil veces aguantar los escobazos de mi abuela a casi tener que pedir una hipoteca para comprar el puñetero vestidito, con el que encima, por muy monísima me diga todo el mundo que voy, no puedo evitar sentirme como Cocodrilo Dundee en un traje de Armani.

PhotobucketComprado el vestido podría parecer que ahí termina la cosa, pero no. Alguien ha tenido la fabulosa idea de que con un vestido elegante no pegan las zapatillas de deporte con calcetines de los de 5 pares por 3 euros. Así que hay que comprar zapatos. Además no valen unos zapatos cómodos y de suela plana, no. Uno de los privilegios - léase con ironía - de ser mujer en este mundo es que los “zapatos elegantes” son sinónimo de “instrumentos de tortura profesional”. Cuantos más tormentos causen, más megafashion son. Para mí, que jamás he llevado tacones, montarme en uno de esos zancos que se llevan ahora, de tacón de aguja de 15 cm, es tan plausible como para Cristina Almeida desfilar en la Pasarela Cibeles. Vamos, que al primer par ya me negué en redondo, so pena de cargar a la zapatería la factura de mi baja laboral de 1 mes por rotura de tobillo. Otro problema añadido es tratar de meter un pedazo de pie como el mío, que calzo un 40-41, en una talla 38, que es el máximo número que parecen tener en las zapaterías españolas. Por no hablar de lo que se lleva este año, que son las puntas tan largas y estrechas, que como le des una patada en el culo a alguien le dejas el zapato y 3/4 partes de las medias incrustadas en salva sea la parte cual supositorio artístico.

OsaVerde, jamía, ¡cuánto te debo de querer!

Por fin llegó el famoso día. Tras la interminable sesión de peluquería y maquillaje ni siquiera me conocía al mirarme al espejo. Para todo el mundo yo estaba absolutamente preciosa y divina. Para mí la que me miraba desde el espejo no era más que una pretenciosa versión de alguien que nunca he querido ser. Mi auténtico yo viste vaqueros y camiseta y se peina echándose agua a las carreras todas las mañanas. Aunque debo reconocer que cuando voy de vaqueros y camiseta no me echan tantos piropos como en mi breve recorrido a pie (y cojeando con un tacón de 3 cm) entre la casa de mi abuela y la iglesia. Lamenté no tener una libretita de notas para ir dejando mi número de teléfono a algunos tíos buenos que me crucé en mi camino. Aunque pensándolo bien, prefiero que no sean testigos de tan dramático cambio a la inversa.

PhotobucketLlegué a la iglesia y comenzó uno de los paripés sociales más arraigados en nuestra cultura: quién de vosotros no ha vivido uno de esos momentos en los que te encuentras rodeada de familiares lejanos, tan lejanos que no tienes ni idea de quiénes son ni cómo se llaman, pero que por alguna caprichosa razón recuerdan los momentos más humillantes de tu vida (esos que tú desearías olvidar a toda costa) y se regodean en proclamarlos a los cuatro vientos mientras te pellizcan la mejilla y exclaman lo mucho que has crecido y lo guapísima que estás. “¡Ay Pilimindri, cómo pasa el tiempo! ¿Recuerdas cuando nos veíamos en la parada del autobús y te pellizcaba los michelines? Porque ahora estás delgadita, pero en aquella época te merendabas una caja entera de Donettes y 4 Phoskitos cada día. ¡Parecías una bolita de manteca! ¡Qué tiempos, Dios, qué tiempos! Y a ver si te nos casas, ¿eh?, que te veo de solterona de por vida”. ¿Por qué será que una es demasiado educada como para contestarle…?: “Sí, qué tiempos... justo por aquella época cuando tu cabeza empezó a parecerse a una bola de billar… porque la grasa se pierde, pero el pelo no vuelve… y perdona que me cubra los ojos pero es que me ciega el brillo del sol en tu calva. Por cierto, ¿tu mujer cómo anda?... Ah, ¿que ya no la tienes? Ya decía yo que el club aquel pintado de rosa donde te ibas de copas todas las noches no sería de su agrado… Ains, qué tiempos, ¿verdad?”

Pero todos los sacrificios valen la pena cuando se hace por ver feliz a una amiga. Y es que OsaVerde es una de esas pocas, poquísimas personas que ves con su pareja y piensas: “Estos dos pueden tener alguna posibilidad de funcionar juntos”. Dos chavales que se lo han currado en la vida, que lo han tenido difícil, que se han encontrado el uno al otro sin esperarlo y que han unido amor con responsabilidad para planear una vida juntos. Vamos, eso que yo soy incapaz de hacer.

OsaVerde estaba preciosa, radiante. Mientras la veía entrar del brazo de su padre, que casi reventaba de orgullo dentro de su chaqué (a ella le costó semanas convencerle de que se lo pusiera) reviví en mi mente los miles de momentos que habíamos vivido juntas. Hacía ya muchos años esa misma chica, entonces una niña, se quedaba a dormir en mi casa, y después de que mi madre apagara la luz, las dos nos contábamos historias de miedo bajo las sábanas. OsaVerde se asustaba fácilmente, y yo la hacía de rabiar cuando la casa quedaba en silencio:

“Osi”
“¿Qué?”
“No te asustes, pero hay una cara en la puerta… y nos está mirando”
“¡Es mentira! ¡lo dices para asustarme! ¡¡¡No hay ninguna cara en la puerta!!!”
“Sí la hay, y justo ahora te está mirando a ti”
“¡¡¡Cállate, cállate, cállate!!! Por la mañana te voy a matar”
“Juasjuasjuas vale, venga, no hay caras, vamos a dormir”. Silencio.
“Pili”
“Dime”
“Tengo que ir al baño”
“¿Ahora? Pero tía, ahora no, que tengo miedo”
“Pero si dijiste que no había caras en la puerta”
“Eso era antes, ahora creo que he visto una”
“¡¡¡Eres una guarra!!! Pues ahora te vienes conmigo”

PhotobucketLas dos nos levantábamos de la mano, descalzas y en pijama, y nos íbamos juntas al baño. La casa estaba oscura y silenciosa, y las dos nos abrazábamos al mínimo ruido o sombra sospechosa. Recuerdo una de aquellas noches, cuando las dos habíamos terminado de hacer pis. Nos disponíamos a volver a la cama, cuando de repente la puerta se abrió de golpe y una sombra enorme entró en el baño. Las dos dimos un grito que debió escucharse a 50 km a la redonda. “¿Se puede saber qué hacéis despiertas a estas horas?” Mi madre. OsaVerde y yo nos miramos, con el corazón a 100. Corrimos a la cama y nos pasamos una hora sin poder aguantar la risa. Cuando parecía que nos habíamos calmado, una de las dos hacía un ruido, o decía alguna cosa, y volvíamos a descacharrarnos durante otra media hora.

Esa misma niña caminaba hacia el hombre que había elegido para compartir su vida, esa niña que algún día tendría otras niñas como ella a las que un día contaría estas mismas historias. Un hombre que apenas podía contener la emoción y en cuyos labios pude leer un “estás preciosa” nada más tenerla a su lado. Se pasaron toda la ceremonia cogidos de la mano y lanzándose miradas y sonrisas de complicidad.

La comida y el baile fueron totalmente anti-blog: nadie se emborrachó ni metió mano a nadie, nadie tiró los langostinos encima de nadie, nadie se enrolló en los baños con la mujer de nadie… vamos, que me apetecía pagar a alguien para que se quitara la ropa y bailara el twist sobre la mesa para hacer aquello más animado y venir a contároslo. Quizás en otra boda ;P

Yo quería unas vacaciones tranquilitas y con tiempo para hacer lo que me viniera en gana… sin embargo me vuelvo a encontrar sacando tiempo de debajo de las piedras para ver a toda la gente que quiero ver y sin poder recorrer mi Asturias como a mí me gustaría. Afortunadamente este martes se viene Maus, y con la disculpa de que estoy con él podré pillar el coche e ir a visitar Covadonga, Cangas de Onís, Llanes, el Cabo Peñas, los Picos de Europa… todos esos lugares que tanto echo de menos cuando estoy en Mix Village. Y no sólo eso, sino que además podré presumir de tierrina con un inglés que no ha salido jamás de su Gran Bretaña natal. Y bueno… para qué negarlo… hay algún otro motivo por el que tengo ganas de que venga. Recordadme que compre un par de cajas de condones antes del martes :PPP

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PD: ¡¡¡MUCHO ALONSO, MUCHO ALONSO, EH EH!!!

PD2: ¿¿¿Qué coño es un “bajo plato oval”???

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