¡Monstruos de ocho patas!
Inglaterra no es un país en el que abunden las grandes arañas, ni mucho menos las venenosas. La mayoría de quelicerados (recordemos que las arañas NO son insectos, estos últimos tienen sólo 6 patas... para algo me tenía que servir ser Bióloga) que pululan por esta tierra son pequeñitos e inofensivos. Sin embargo, a mediados del verano comienzan a hacer su discreta aparición unas arañas algo más grandes y atrevidas que el resto: suelen medir unos 5 cm de diámetro patas incluidas, son de color marrón y con algo de pelo y en un principio se suelen limitar a recorrer los muros de los jardines buscando pequeñas presas. Si alguna vez entran en una casa suele ser por error, y en seguida se encargan ellas solitas de buscar la salida.A principios del otoño, no obstante, las temperaturas caen y estas arañas buscan lugares más cálidos. No porque tengan miedo a pillar un catarro (recordemos que las arañas, como todos los artrópodos, son de sangre fría), sino porque sus presas naturales, los insectos, se refugian en las casas en busca de comida y temperaturas más adecuadas para poner sus huevos. Así que durante la segunda quincena de Septiembre y todo el mes de Octubre, toda casa victoriana inglesa sufrirá la visita de unas cuantas de estas visitas no deseadas. La mía, que no sólo está en un piso bajo, sino que además tiene el jardín justo al lado, no iba a ser menos.
Como buena bióloga vocacional siempre he sentido atracción por todo tipo de bichos. Pero una cosa es recorrer los prados y los caminos observando arañas a una distancia prudencial, y otra muy diferente encontrarte un centollo marrón ocupando tu lado de la almohada en una noche otoñal. Cuando te topas con una de estas visitantes en una esquina, o bien quietecita en el techo, es fácil hacerla caer, recogerla en un bote de mermelada y desalojarla educadamente (“¡fuera, guarra!”) por la ventana. Sin embargo hay otras ocasiones en las que el bichito se empeña en saludarte de manera más personal invadiendo de forma inesperada tu espacio vital.
El primer intento de acercamiento de uno de estas adorables criaturas lo sufrí al poco de llegar a Mix Village y establecerme en el que a partir de entonces sería mi nuevo hogar. Estaba yo tan feliz revisando el correo en el ordenador, cuando de pronto un sexto sentido (llamémoslo sexto sentido arácnido) me hizo separar la mirada de la pantalla y clavarla en el suelo, justo a mi izquierda.Inciso: no hablo en broma cuando comento lo del sexto sentido que a veces te indica que hay algún ser vivo en tu entorno que no debería estar ahí. Personalmente se me dispara siempre que tengo una araña cerca, y pocas veces falla. Es posible que sea debido a algún ultrasonido que emita la araña, o algún tipo de mensaje químico que nuestro subconsciente capta y procesa sin que nos demos cuenta. Una de mis tías me contó hace tiempo que, en una ocasión en la que estaba durmiendo con una primita mía, que por entonces debía tener unos 5 ó 6 años, en medio de la noche se despertó de golpe con una extraña sensación de incomodidad y aprensión. Estaba todo completamente a oscuras. Encendió la luz justo a tiempo para descubrir una araña bastante grande bajando por su hilo de seda cuando apenas le faltaban unos centímetros para alcanzar la cara de mi primita dormida. Ni qué decir tiene que la araña acabó despanzurrada de un manotazo. ¿A alguno de vosotros le ha pasado alguna vez algo parecido?
Fin del inciso.
Pues bien, mi sexto sentido actuó justo a tiempo, porque lo primero que vi al bajar la mirada fue un pedazo de arañón correteando justo en dirección a mi pie (encima ese día hacía un calor de mil demonios y yo sólo llevaba las zapatillas y unos pantalones cortos). El respingo que pegué debió detectarse en todos los centros sismológicos a 400 kms a la redonda... y encima la puñetera araña debía ser familia de la Hormiga Atómica, porque por más que la perseguí a zapatillazo limpio logró colarse por debajo de la puerta de entrada y desaparecer por el pasillo en tiempo récord.
Otro de los entrañables encuentros arañiles lo protagonizó Muso cuando aún estábamos viviendo juntos. Nos encontrábamos los dos despatarrados sobre el sofá viendo una peli y él se levantó para ir al baño. Entró en la habitación sin encender la luz y notó una especie de mancha en la pared. La casualidad o la suerte hicieron que evitara su primer impulso, que había sido pasar la mano por la pared, y en vez de ello encendiera la luz antes. Yo, que estaba adormilada en el sofá, desperté de golpe al escuchar a Muso pegar un alarido: “¡¡¡Mecagüen...!!! ¡Joder Pili, ven a ver esto!”. Me levanté de un salto y entré a la habitación. Se me pusieron todos los pelillos de la nuca de punta cuando comprobé que, a escasos 10 centímetros de la cabecera de nuestra cama, un pedazo de arañón espantoso reposaba tranquilamente como si tuviera todo el derecho a estar ahí. Era tan enorme que hice a Muso esperar para ir a coger la cámara... y es una verdadera lástima que no guardase aquella foto, porque nada me gustaría más ahora mismo que poder enseñaros el invitado no deseado que afortunadamente descubrimos antes de irnos a dormir. Para que os hagáis una idea de su tamaño, Muso y yo utilizamos una lata de patatas Pringles para atraparla, y casi le cortamos la puntita de sus 8 patas.
Sin embargo mi encuentro más traumático con uno de estos simpáticos bichitos sucedió hace aproximadamente un año, justo al volver a casa después del trabajo. Uno de mis rituales inapelables al llegar a casa es dejar las llaves y el dinero en un cajón de un armarito que tenemos en la sala de estar. Pues bien, no hice más que abrir el cajón y dejar dentro las llaves, cuando algo se movió y pareció caer justo sobre mi mano. Mi primera impresión fue que una de las flores que teníamos en el jarrón sobre el armario, ya seca, se había caído al mover el mueble. Pero me bastó con medio segundo para darme cuenta de que:
a) las flores secas no tienen 8 patas
b) las flores secas no siguen moviéndose una vez aterrizan en tu mano
La araña debía haberse escondido en el cajón y haber estado durmiendo la siesta tranquilamente hasta que de repente una humana despistada le soltó unas llaves encima, así que como bicho educado que era decidió salir a estrecharme la mano y presentarse. Pero vuestra Pilimindrina se sintió como Peter Parker al ser atacado por la araña radiactiva. El alarido que solté hizo que todos los habitantes de Inglaterra se lanzaran a los refugios pensando que se trataba de una alarma aérea. Debo decir que, como amante de los animales, siempre que encuentro un bicho no deseado trato de atraparlo con la mayor delicadeza, sin hacerle daño, y soltarlo en el jardín. Ese día no. Ese día mandé a la araña al otro extremo del salón, y en cuando Muso apareció por la puerta con cara de “¿¿dónde está el asesino sádico, dónde??” y enarbolando la escoba a modo de arma de destrucción masiva le solté un: “¡¡¡MATA A ESA PUTA!!!” señalando a la pobre araña que aún trataba de recuperarse del hostiazo contra la pared.Todos los meses hago una donación altruista al fondo nacional “Salvemos a las Arañas Huérfanas de Atahualpa” para tratar de redimirme por aquel asesinato a sangre fría (nunca mejor dicho).
No obstante, a pesar de que estas arañas prácticamente inofensivas puedan dar sustos considerables cuando aparecen sin ser llamadas y en el lugar más inapropiado, la mayoría de las veces la cosa no pasa de un “uy, ahí hay otra”, un escobazo, un movimiento rápido con la fiambrera y una visita al jardín.
La cosa cambia cuando tienes una amiga aracnofóbica.
Y esa es Rizos.
Rizos no sólo tiene pánico a las arañas grandes y peludas, no. Rizos roza la histeria incluso cuando se encuentra con una de esas arañitas tan ligeras y diminutas que el mismo viento las lleva de un lado a otro agarradas a su hilo de seda cual fakir. En uno de los viajes que hicimos junto con Belo, Rizos iba en el asiento del copiloto y yo sentada detrás. Por aquel entonces yo no sabía nada de su fobia, sólo me había comentado en una ocasión que “le daban repelús las arañas”. De modo que cuando vi que una de esas arañitas minúsculas paseaba por su pelo me limité a comentarle con voz de indiferencia: “espera un segundito, no te muevas, que tienes una arañita en el pelo”. Buena la armé... Rizos comenzó a dar unos gritos estremecedores, saltar en el asiento y sacudirse el pelo con tanto empeño, que cuando conseguimos calmarla estaba igualita que la Pantera Rosa cuando la sacan de la lavadora. Ni qué decir tiene que de la pobre araña nunca más se supo, no sé si porque la mandó al quinto pino de un manotazo, o porque del acojone se le escondió en una oreja y no se atrevió a moverse hasta hoy.Así que podréis imaginaros lo que significa para la pobre Rizos la llegada del otoño, ella que también vive en un apartamento en un piso bajo al lado de una escuela llena de zonas verdes... y arañas. Desde que se mudó van ya unas 4 ó 5 veces que recibo una llamada de emergencia suya suplicándome que me pase por su casa para espantar a una araña que no la deja entrar en la habitación, subir a la cocina o entrar en casa. En esos momentos me siento como Superman yendo a rescatar al gatito de la abuela Engracia que se ha subido a un árbol y no puede bajar.
Hace aproximadamente un mes, poco antes de irme de vacaciones a mi Asturias, en Mix Village tuvimos un par de días que hicieron parecer al Diluvio Universal un mero chubasco primaveral. El problema del edificio de apartamentos en el que vive Rizos es que el portal de entrada queda por debajo del nivel del suelo y no tiene un solo desagüe ni método de achicar el agua en caso de que entre. Y ese día entró, ¡vaya si entró! Rizos despertó por la mañana, trató de bajarse de la cama y se encontró con 15 cm de agua en todo el piso bajo de su casita. Y eso no era todo. Cuando trató de salir de la habitación para pedir ayuda a los vecinos, agarrándose a los armarios y los quicios de las puertas para no acabar en el agua, ¡oh sorpresa! Descubrió que una inmensa araña peluda y marrón había decidido encaramarse por la pared huyendo del agua y estaba situada justo al lado del pomo de la puerta de salida... y lo bastante cerca de la habitación como para que Rizos no se atreviera a salir para llamar por teléfono.
Os podéis imaginar lo que es escuchar unos alaridos agónicos provenientes de uno de los apartamentos del bajo a las 8 de la mañana... a los pocos segundos estaban allí los 15 vecinos en pijama y calcetines, empapándose en el agua, con pistolas, cuchillos, guadañas y ametralladoras UZI a ver quién había entrado a violar y torturar sádicamente a la vecina de abajo. También os podréis imaginar su cara cuando Rizos les explicó entre sollozos, asomada a la ventana, que no podía salir de casa ni achicar el agua porque en la puerta había... ¡una araña!.Uno de los vecinos más valientes y aguerridos se presentó voluntario para entrar por la ventana de la habitación de Rizos a presentar batalla al temible enemigo. Echando un vistazo entre divertido y avergonzado al Kamasutra que Rizos tiene en su mesita de noche, arregló el problema en un par de revistazos y pasada de Kleenex por la pared. Aún hoy se puede distinguir la manchita.
Una vez solventada la dificultad, los demás vecinos, muy amables ellos, se ofrecieron a ayudar a Rizos a achicar el agua. Ella les abrió la puerta muerta de agradecimiento y de repente recordó el Kamasutra y el efecto que había causado sobre su salvador... decidió entrar corriendo y guardarlo antes de que otros 14 vecinos y vecinas marujas entraran en su cuarto. Con el tiempo justo, pues la primera de ellas entraba ya por el marco de la puerta, abrió el cajón de la mesita y arrojó dentro el acusador libro de un manotazo... con tan mala suerte que el golpe activó el vibrador de 3 velocidades que guardaba precisamente en ese cajón. Dos días después Rizos me contaba delante de un café lo difícil que es tratar de explicar a tres cuarentonas cotillas qué es ese ruido tan raro que sale del cajón de la mesita cuyo pomo estás agarrando. Creo que no se tragaron lo del cepillo de dientes eléctrico.
El vecino matador de arañas aún la acosa a llamadas de vez en cuando preguntando si tiene algo interesante que leer esa noche.
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¿Y vosotros? ¿Tenéis alguna historia que contar en la que participe aluno de estos monstruitos de 8 patas? ¿O cualquier otro bicho? ¿O alguna fobia interesante?
¿También guardáis un vibrador de 3 velocidades en la mesita de noche?
Etiquetas: arañas