Dos hermanos: un médium y un cabrón
El jueves pasado Maus dejó a su mujer. Así, de golpe. El lunes alquiló un apartamento pequeñito en las afueras de la ciudad, el martes, miércoles y jueves se dedicó a trasladar sus cosas mientras su mujer estaba en el trabajo, y el viernes fue a buscarla a la salida para decirle que se acabó. Todo esto me lo fue contando a medida que iba ocurriendo, pero a mí me sonaba a algo irreal y no me lo tomé demasiado en serio hasta que le vi el viernes por la tarde. Pero no adelantemos acontecimientos...
Hace algunas semanas Maus me habló por primera vez de su hermano Jazz. Jazz trabaja también en la ciencia, aunque no en la universidad; tiene un hijo de 4 añitos (Axel) y entre sus múltiples hobbies está componer música - tiene una banda en la que a cada poco despide a alguno de sus componentes - y... el ocultismo (pronúnciese esta palabra con voz tenebrosa de Constantino Romero y música de órgano de iglesia de fondo).
Pues sí, aunque la idea de que una persona pueda ser a la vez científico y médium parece tan probable como llegar a presidente de los EEUU teniendo el cociente intelectual de una ameba, la realidad es tozuda y se empeña en cumplir en ocasiones las predicciones más rocambolescas (ambas en este caso). Jazz tiene poderes paranormales, es capaz de ver espíritus y guiarles en su paso a una dimensión superior y puede predecir el futuro. Todo eso mientras come Doritos y monta una estantería del IKEA.
De hecho, si Maus comenzó a hablarme de su excéntrico hermano mayor fue precisamente porque en una de sus últimas visitas a su casa, Jazz le comentó que había visto una imagen de una niña de unos 8 años, rubia y de pelo ondulado, que le decía algo así como “dile a tu hermano que tiene que comprometerse con una chica del Norte de España”. Creo que la frase fue más larga y explicativa, pero se resumía en eso.
También dijo haber visto la imagen de un hombre con un sombrero de hierro y unas maletas a su lado. El caso es que cuando esta curiosa anécdota tuvo lugar, Maus aún no había comentado nada de su... digamos... aventurilla conmigo, ni se había pasado aún por Asturias. Maus me lo contó y me preguntó si sabía algo de una niña o del “hombre de hierro”. De la niña no tengo ni idea (creo que no tengo ninguna hija perdida por ahí), pero una estatua como la que describía su hermano está a unos 50 metros del hotel donde posteriormente nos alojamos Maus y yo en Oviedo: se llama “El Viajero” y podéis verla en la imagen adjunta.
Maus le fue a Jazz con esta información y éste en seguida se ofreció a hacerme una lectura de tarot para ver qué más cosas de mí descubría. Yo dije que no tenía ningún inconveniente, siempre que para Maus no resultara demasiado incómodo llevar a su amante a casa de su hermano. Parece ser que no había ningún problema. Lógico y normal, vamos.
Inciso: toda mi vida he sido científica y atea. Estoy completamente convencida de que no existe ningún Dios, y que la idea misma de un Dios es totalmente innecesaria para explicar el Universo. No creo en los espíritus, ni en el alma, ni en las auras, ni en los hombrecillos verdes que nos secuestran por las noches y nos enseñan lo agradable que puede llegar a ser una sonda anal. Opino que cuando nos morimos desaparecemos, ya que la parte mental está inherentemente ligada a la física. Cuando pisamos a una hormiga, ésta se muere y desaparece (como las cucarachas con Cucal), y creo sinceramente que al ser humano le ocurre lo mismo. ¿Qué hay después de la muerte? En mi humilde opinión, lo mismo que antes de nacer: nada.
Pero por otra parte siempre he sido una persona abierta. Creo que si existiera un Dios omnipotente, le bastaría con chasquear los dedos para hacer que todos los seres humanos creyeran en él. Si Dios apareciera delante de mí, creería que existe. Si un espíritu se me apareciera (siempre y cuando hubiera más gente para corroborar que realmente está ahí y que no he perdido la chaveta) creería en los espíritus, y si un montón de objetos cobraran vida y empezaran a volar por mi habitación sospecharía que igual hay algún más allá que aún no conocemos... y que en ese más allá son bastante cabroncetes, porque, ¡anda lo que cuesta volver a ordenarlo todo, leñe!
No creo en nada de eso, pero al mismo tiempo me encantaría que algo raro ocurriera, algo como lo que he descrito. Me gustaría, porque eso daría a la vida una ilusión más, un punto de intriga y misterio que la realidad cotidiana no posee. Un “hecho paranormal” que haya presenciado yo misma – no el amigo del amigo de un primo hermano segundo – daría más alicientes a la existencia.
Fin del inciso.
Así que el jueves después del trabajo Maus me llevó hasta la casa de su hermano. El pequeño Axel estaba en la cama con un catarrazo y una tos de aúpa, de modo que me quedé sin conocer al sobrinito de Maus. Pero Jazz estaba allí para asegurarse de que no me quedaba sin conocerle a él.
La comparación que se me ocurre para describir a Jazz es como una mezcla entre Rappel y Tim Robbins. Añadámosle una capacidad de parlotear que haría palidecer al hombre de las MicroMachines y pongámosle un toque místico y una voz de esas con las que cualquier frase común se convierte en una Sentencia Divina. A Jazz le encanta escucharse a sí mismo. Antes de tener tiempo a decir “hello”, ya me había contado lo que hacía en su trabajo, la historia al completo de su banda de rock y que “en ocasiones veo muertos”. Continuó hablando de cómo había adquirido sus poderes paranormales, del hecho de que la zona en la que vivía, al estar cerca de un cementerio, estaba llena de espíritus, y que las visiones del futuro eran una putada, porque nunca podías cambiarlo salvo raras excepciones. Mientras Maus se quedaba dormido en el sofá (según me confirmaba después, ese rollo lo había escuchado unas 400 veces), Jazz se arrodilló delante de su portátil y abrió un archivo de Word con los resultados de mi tarot, que al parecer había hecho ya antes de que yo llegara.
Parece ser que mi vida está llena de signos positivos y tranquilizadores. El Mundo, El Sol, el Caballero de no sé qué... Vamos, que salvo pequeñas dificultades cotidianas todo me va a salir a pedir de boca. Mañana mismo dejo el trabajo y me piro al Caribe.
También me dijo que mi trabajo estaba pasando por una serie de dificultades (cierto) y que veía en el futuro cercano un largo viaje (¿Sydney?) y algo que me estaba dificultando la decisión de irme (¿Maus? ¿la rancia de mi jefa? ¿Las fotos mías en bolas que van a aparecer en el Playboy?).
Para confirmar la lectura previa, Jazz sacó su mazo de cartas de Tarot, las barajó de mil maneras y luego me dio a escoger varias cartas seguidas. Para mi estupor, prácticamente todas las cartas que habían salido en la lectura anterior volvían a salir ahora de mi propia mano: allí estaba el Sol, el Mundo, el Pozo de no sé cuántos. Según Jazz, si una lectura de tarot es auténtica será la misma aunque la repitas 35 veces. La verdad es que me dejó intrigada. Minipunto para él.
Luego pasó a temas más concretos. La niña que había visto, según él, podría ser yo de pequeña, o bien mi futura hija (toda la vida sin querer tener niños y ahora me sueltan esto... manda webs). Al parecer la ha visto saltando a la comba en un jardín... lo cual excluye que sea yo, porque en mi vida he saltado a la comba... yo era la niña marimacho que siempre jugaba a los coches y con el Lego y que únicamente utilizaba alguna muñeca para darle de patadas y puñetazos (eso aparte de buscar bichos por los prados). De modo que estoy sentenciada: voy a tener una hija rubia que salta a la comba. Y un jardín. Y esa niña le ha dicho a Jazz que tengo que salir con Maus, la muy joía... ¿¿¿Me está insinuando que Maus es su padre??? ¡Jesús, María, José, y la burra, que también fue! Este hombre me ha descolocado la vida en una sola tarde... Aparte de la misteriosa niña también me dijo que había visto un grabado de un cuerpo humano sobre roca. Tampoco tengo ni idea de lo que significa, pero según él lo sabré cuando llegue el momento. Quede este blog como prueba.
A pesar de mi irónica descripción de Jazz, he de decir que él y yo congeniamos prácticamente en cuanto nos vimos. Me sentí a gusto con él desde que crucé la puerta e incluso Maus me dijo más tarde que se había sentido un poco celoso de la atención que ponía a sus palabras y de lo próximos que parecíamos estar cuando apenas acabábamos de conocernos. Al dejar su casa, para mi sorpresa (recordemos que, médium o no, sigue siendo inglés), Jazz me dio un abrazo y me invitó a volver cuando quisiera, para tomar un café y conocer a Axel.
Me pasé la noche pensando en el futuro, en espíritus y tratando de comunicarme con el más p’allá. Pero nada de nada, oye. Ni espíritus, ni voces, ni niñas rubias saltando a la comba. Lo más que llegué a oír fueron los ronquidos del vecino de abajo. Creo que necesito más entrenamiento.
El viernes los alumnos de tercer curso del Departamento habían organizado una “happy hour”, que básicamente consiste en vender bebidas alcohólicas a precios de ganga a partir de las 5 de la tarde en la cafetería. Vamos, la excusa perfecta para acabar de currar a las 5 y pillar el puntillo, aprovechando de paso para hablar con gente con la que no había cruzado una palabra en más de dos años. Maus me dijo que se pasaría por allí sobre las 6. Cuando pasaron las 6:30 y no había aparecido volví al laboratorio pegando tumbos por las paredes (consecuencia de chutarme 3 Bacardis en una hora) y revisé el mail.
De: Maus
Para: Pilimindrina
Asunto: (sin asunto)
Estoy en mi laboratorio en el sótano. No me apetece pasarme por la cafetería. Vente cuando leas esto, por favor.
Maus
Mal rollo. Aquello sonaba más siniestro que las teorías de Mulder acerca de la trama extraterrestre para invadir la Tierra. Bajé las escaleras agarrada al pasamanos para no perder los dientes y atravesé el pasillo hasta llegar a la puerta del laboratorio de Maus. Entré. Maus estaba allí sentado con las piernas estiradas y la mirada perdida. Apenas levantó la vista cuando me acerqué a él.
“He dejado a mi mujer”
“Joder Maus... veo que no ha ido demasiado bien la cosa...”
“No. Ha ido horrible. No ha parado de llorar y pedirme que no la abandone, de decirme que ya no la quiero.”
“Maus, lo siento”
“Cuando la dejé se negó a darme la espalda, se quedo allí mirándome todo el rato, hasta que la perdí de vista”. Sus ojos se humedecieron y se le quebró la voz.
“Lo siento, inglesito”
“Soy un cabrón”
No había palabras. Lo único que podía hacer era abrazarle. Al fin y al cabo lo que decía era verdad: era un cabrón. Y yo una cabrona por haber contribuido a esto.
“No quiero quedarme en Mix Village este fin de semana. Me voy a nuestra casa en North”
“Haz lo que creas que tienes que hacer, ya sabes que yo estoy aquí para lo que necesites”
“Pili”
“¿Sí?”
“¿Te vendrías conmigo?”
”¿Tú me quieres contigo?”
“Sí. Por favor.”
“Entonces déjame pasar por casa, que preparo la mochila”
PD: no busquéis “North” en los mapas de Inglaterra... también es nombre ficticio :P
PD2: y ahora que Maus ha dejado a su mujer... ¿yo qué coño hago? ¡¡¡No quiero ser su “novia”!!!
Hace algunas semanas Maus me habló por primera vez de su hermano Jazz. Jazz trabaja también en la ciencia, aunque no en la universidad; tiene un hijo de 4 añitos (Axel) y entre sus múltiples hobbies está componer música - tiene una banda en la que a cada poco despide a alguno de sus componentes - y... el ocultismo (pronúnciese esta palabra con voz tenebrosa de Constantino Romero y música de órgano de iglesia de fondo).Pues sí, aunque la idea de que una persona pueda ser a la vez científico y médium parece tan probable como llegar a presidente de los EEUU teniendo el cociente intelectual de una ameba, la realidad es tozuda y se empeña en cumplir en ocasiones las predicciones más rocambolescas (ambas en este caso). Jazz tiene poderes paranormales, es capaz de ver espíritus y guiarles en su paso a una dimensión superior y puede predecir el futuro. Todo eso mientras come Doritos y monta una estantería del IKEA.
De hecho, si Maus comenzó a hablarme de su excéntrico hermano mayor fue precisamente porque en una de sus últimas visitas a su casa, Jazz le comentó que había visto una imagen de una niña de unos 8 años, rubia y de pelo ondulado, que le decía algo así como “dile a tu hermano que tiene que comprometerse con una chica del Norte de España”. Creo que la frase fue más larga y explicativa, pero se resumía en eso.
También dijo haber visto la imagen de un hombre con un sombrero de hierro y unas maletas a su lado. El caso es que cuando esta curiosa anécdota tuvo lugar, Maus aún no había comentado nada de su... digamos... aventurilla conmigo, ni se había pasado aún por Asturias. Maus me lo contó y me preguntó si sabía algo de una niña o del “hombre de hierro”. De la niña no tengo ni idea (creo que no tengo ninguna hija perdida por ahí), pero una estatua como la que describía su hermano está a unos 50 metros del hotel donde posteriormente nos alojamos Maus y yo en Oviedo: se llama “El Viajero” y podéis verla en la imagen adjunta.Maus le fue a Jazz con esta información y éste en seguida se ofreció a hacerme una lectura de tarot para ver qué más cosas de mí descubría. Yo dije que no tenía ningún inconveniente, siempre que para Maus no resultara demasiado incómodo llevar a su amante a casa de su hermano. Parece ser que no había ningún problema. Lógico y normal, vamos.
Inciso: toda mi vida he sido científica y atea. Estoy completamente convencida de que no existe ningún Dios, y que la idea misma de un Dios es totalmente innecesaria para explicar el Universo. No creo en los espíritus, ni en el alma, ni en las auras, ni en los hombrecillos verdes que nos secuestran por las noches y nos enseñan lo agradable que puede llegar a ser una sonda anal. Opino que cuando nos morimos desaparecemos, ya que la parte mental está inherentemente ligada a la física. Cuando pisamos a una hormiga, ésta se muere y desaparece (como las cucarachas con Cucal), y creo sinceramente que al ser humano le ocurre lo mismo. ¿Qué hay después de la muerte? En mi humilde opinión, lo mismo que antes de nacer: nada.
Pero por otra parte siempre he sido una persona abierta. Creo que si existiera un Dios omnipotente, le bastaría con chasquear los dedos para hacer que todos los seres humanos creyeran en él. Si Dios apareciera delante de mí, creería que existe. Si un espíritu se me apareciera (siempre y cuando hubiera más gente para corroborar que realmente está ahí y que no he perdido la chaveta) creería en los espíritus, y si un montón de objetos cobraran vida y empezaran a volar por mi habitación sospecharía que igual hay algún más allá que aún no conocemos... y que en ese más allá son bastante cabroncetes, porque, ¡anda lo que cuesta volver a ordenarlo todo, leñe!
No creo en nada de eso, pero al mismo tiempo me encantaría que algo raro ocurriera, algo como lo que he descrito. Me gustaría, porque eso daría a la vida una ilusión más, un punto de intriga y misterio que la realidad cotidiana no posee. Un “hecho paranormal” que haya presenciado yo misma – no el amigo del amigo de un primo hermano segundo – daría más alicientes a la existencia.
Fin del inciso.
Así que el jueves después del trabajo Maus me llevó hasta la casa de su hermano. El pequeño Axel estaba en la cama con un catarrazo y una tos de aúpa, de modo que me quedé sin conocer al sobrinito de Maus. Pero Jazz estaba allí para asegurarse de que no me quedaba sin conocerle a él.
La comparación que se me ocurre para describir a Jazz es como una mezcla entre Rappel y Tim Robbins. Añadámosle una capacidad de parlotear que haría palidecer al hombre de las MicroMachines y pongámosle un toque místico y una voz de esas con las que cualquier frase común se convierte en una Sentencia Divina. A Jazz le encanta escucharse a sí mismo. Antes de tener tiempo a decir “hello”, ya me había contado lo que hacía en su trabajo, la historia al completo de su banda de rock y que “en ocasiones veo muertos”. Continuó hablando de cómo había adquirido sus poderes paranormales, del hecho de que la zona en la que vivía, al estar cerca de un cementerio, estaba llena de espíritus, y que las visiones del futuro eran una putada, porque nunca podías cambiarlo salvo raras excepciones. Mientras Maus se quedaba dormido en el sofá (según me confirmaba después, ese rollo lo había escuchado unas 400 veces), Jazz se arrodilló delante de su portátil y abrió un archivo de Word con los resultados de mi tarot, que al parecer había hecho ya antes de que yo llegara.Parece ser que mi vida está llena de signos positivos y tranquilizadores. El Mundo, El Sol, el Caballero de no sé qué... Vamos, que salvo pequeñas dificultades cotidianas todo me va a salir a pedir de boca. Mañana mismo dejo el trabajo y me piro al Caribe.
También me dijo que mi trabajo estaba pasando por una serie de dificultades (cierto) y que veía en el futuro cercano un largo viaje (¿Sydney?) y algo que me estaba dificultando la decisión de irme (¿Maus? ¿la rancia de mi jefa? ¿Las fotos mías en bolas que van a aparecer en el Playboy?).
Para confirmar la lectura previa, Jazz sacó su mazo de cartas de Tarot, las barajó de mil maneras y luego me dio a escoger varias cartas seguidas. Para mi estupor, prácticamente todas las cartas que habían salido en la lectura anterior volvían a salir ahora de mi propia mano: allí estaba el Sol, el Mundo, el Pozo de no sé cuántos. Según Jazz, si una lectura de tarot es auténtica será la misma aunque la repitas 35 veces. La verdad es que me dejó intrigada. Minipunto para él.
Luego pasó a temas más concretos. La niña que había visto, según él, podría ser yo de pequeña, o bien mi futura hija (toda la vida sin querer tener niños y ahora me sueltan esto... manda webs). Al parecer la ha visto saltando a la comba en un jardín... lo cual excluye que sea yo, porque en mi vida he saltado a la comba... yo era la niña marimacho que siempre jugaba a los coches y con el Lego y que únicamente utilizaba alguna muñeca para darle de patadas y puñetazos (eso aparte de buscar bichos por los prados). De modo que estoy sentenciada: voy a tener una hija rubia que salta a la comba. Y un jardín. Y esa niña le ha dicho a Jazz que tengo que salir con Maus, la muy joía... ¿¿¿Me está insinuando que Maus es su padre??? ¡Jesús, María, José, y la burra, que también fue! Este hombre me ha descolocado la vida en una sola tarde... Aparte de la misteriosa niña también me dijo que había visto un grabado de un cuerpo humano sobre roca. Tampoco tengo ni idea de lo que significa, pero según él lo sabré cuando llegue el momento. Quede este blog como prueba.A pesar de mi irónica descripción de Jazz, he de decir que él y yo congeniamos prácticamente en cuanto nos vimos. Me sentí a gusto con él desde que crucé la puerta e incluso Maus me dijo más tarde que se había sentido un poco celoso de la atención que ponía a sus palabras y de lo próximos que parecíamos estar cuando apenas acabábamos de conocernos. Al dejar su casa, para mi sorpresa (recordemos que, médium o no, sigue siendo inglés), Jazz me dio un abrazo y me invitó a volver cuando quisiera, para tomar un café y conocer a Axel.
Me pasé la noche pensando en el futuro, en espíritus y tratando de comunicarme con el más p’allá. Pero nada de nada, oye. Ni espíritus, ni voces, ni niñas rubias saltando a la comba. Lo más que llegué a oír fueron los ronquidos del vecino de abajo. Creo que necesito más entrenamiento.
El viernes los alumnos de tercer curso del Departamento habían organizado una “happy hour”, que básicamente consiste en vender bebidas alcohólicas a precios de ganga a partir de las 5 de la tarde en la cafetería. Vamos, la excusa perfecta para acabar de currar a las 5 y pillar el puntillo, aprovechando de paso para hablar con gente con la que no había cruzado una palabra en más de dos años. Maus me dijo que se pasaría por allí sobre las 6. Cuando pasaron las 6:30 y no había aparecido volví al laboratorio pegando tumbos por las paredes (consecuencia de chutarme 3 Bacardis en una hora) y revisé el mail.
De: Maus
Para: Pilimindrina
Asunto: (sin asunto)
Estoy en mi laboratorio en el sótano. No me apetece pasarme por la cafetería. Vente cuando leas esto, por favor.
Maus
Mal rollo. Aquello sonaba más siniestro que las teorías de Mulder acerca de la trama extraterrestre para invadir la Tierra. Bajé las escaleras agarrada al pasamanos para no perder los dientes y atravesé el pasillo hasta llegar a la puerta del laboratorio de Maus. Entré. Maus estaba allí sentado con las piernas estiradas y la mirada perdida. Apenas levantó la vista cuando me acerqué a él.
“He dejado a mi mujer”
“Joder Maus... veo que no ha ido demasiado bien la cosa...”
“No. Ha ido horrible. No ha parado de llorar y pedirme que no la abandone, de decirme que ya no la quiero.”
“Maus, lo siento”
“Cuando la dejé se negó a darme la espalda, se quedo allí mirándome todo el rato, hasta que la perdí de vista”. Sus ojos se humedecieron y se le quebró la voz.
“Lo siento, inglesito”
“Soy un cabrón”
No había palabras. Lo único que podía hacer era abrazarle. Al fin y al cabo lo que decía era verdad: era un cabrón. Y yo una cabrona por haber contribuido a esto.
“No quiero quedarme en Mix Village este fin de semana. Me voy a nuestra casa en North”
“Haz lo que creas que tienes que hacer, ya sabes que yo estoy aquí para lo que necesites”
“Pili”
“¿Sí?”
“¿Te vendrías conmigo?”
”¿Tú me quieres contigo?”
“Sí. Por favor.”
“Entonces déjame pasar por casa, que preparo la mochila”
(continuará)
PD: no busquéis “North” en los mapas de Inglaterra... también es nombre ficticio :P
PD2: y ahora que Maus ha dejado a su mujer... ¿yo qué coño hago? ¡¡¡No quiero ser su “novia”!!!