Los viajes de Pilimindrina
Viviendo cabeza abajo
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El tiempo pasa, pero yo sigo siendo la misma (con el pelo algo más largo y 31 añitos ya, pero la misma ;). La historia de mis aventuras en Nueva Zelanda dejó de ser contada hace ya año y medio, pero he vuelto. Tengo mil aventuras más que contar, nuevos personajes de los que hablaros... y un nuevo plan, algo muy grande que llevar a cabo.

Algo para lo que necesito vuestra ayuda :)


LISTA COMPLETA DE PERSONAJES
Sindicación
 
¿Una casa encantada? (parte II)
(continuación)

PhotobucketA pesar de que una servidora es valerosa y osada, amén de una acérrima seguidora del método científico, la idea de subir a aquel ático oscuro en plena noche habría resultado temeraria... mira que si tropiezo en algún pedazo de madera abandonado y me despanzurro toda, o acabo empalada en un clavo oxidado... vamos, que mejor esperar al día siguiente, a plena luz del día. No es que tuviera miedo, ¿eh?, ¡por favor, qué tontería! (ja-ja-ja). Además, estaba muerta de hambre, y no iba a ponerme a explorar un ático polvoriento con el estómago vacío, ¿verdad?. Porque yo no creo en los espíritus, y sé a ciencia cierta que no hay monstruos ni fantasmas...

...excepto el del ático de Maus...

...en ninguna parte, y que todos los sonidos extraños...

...como la voz que grita tu nombre, o los golpes sobre el ventanuco del ático exigiendo que le dejes salir...


...tienen una explicación totalmente lógica y coherente. Hombre, vamos. Faltaría más. Le di la espalda a la puerta de marras y, muy digna yo, seguí a Maus escaleras abajo hasta la cocina.

Yo siempre había pensado que los vegetarianos llevaban, por necesidad, una alimentación mucho más sana, rica en vitaminas y minerales, y que se preocupaban por lograr un equilibrio en su dieta; esto es algo importante en alguien que no consume proteínas de origen animal. Sin embargo, una vez más, Inglaterra is different. La nevera y el congelador de Maus están llenos de comidas preparadas de 50 tipos diferentes – eso sí, todas ellas “aptas para vegetarianos” – y todo lo que sea salirse de “5 minutos al microondas” o “45 minutos en el horno” le resulta tan extraño como una PDA a un aborigen australiano. El fin de semana aquel descubrí que Maus no sabe hacer un sofrito de verduras, ni cortar en rodajas una zanahoria, ni tan siquiera freír unas patatas (“¿Para qué, si las puedes comprar congeladas?”). Vamos, que soy yo mejor “vegetariana” que él.

PhotobucketNo contento con eso, en plena puerta de la nevera una postal impresa en rojo sangre me espetó en los morros: “MEAT IS MURDER” (“Carne = asesinato”). A su derecha, con la misma idea aunque un poco más de discreción, otra postal mostraba a una angelical joven en una bucólica escena junto a una gallina y un borreguillo: “I don’t eat my friends” (“Yo no me como a mis amigos”). Tan ridículo me pareció que hasta les saqué una foto (y aquí os la dejo para que os descojonéis vosotros mismos). He de decir que en cuanto Maus se despistó un momento, agarré la postal roja y le di la vuelta. Él que coma lo que quiera, pero lo de llamarme asesina no lo tolero.

Después de la tarde que había pasado Maus, yo ya iba mentalizada a pasarme la noche abrazándole y dándole mimos hasta que se quedara dormido entre sollozos, o algo por el estilo. Hablando en plata: a no comerme una rosca en todo el fin de semana. Así que me puse en mi faceta más maternal con besitos en la mejilla y abrazos reconfortantes. “¿Estás bien? ¿Cómo te encuentras? ¿Necesitas hablar?”. Desde luego, parece que nací ayer. Debería haber tenido en cuenta que Maus es un hombre.

Maus: “No, no estoy nada bien”
Pilimindrina: “¿Qué puedo hacer para ayudarte?”
Maus: “Espera que piense...”

(...)

Pilimindrina: “Estooo... Maus, nene, ¿tú no estabas deprimido?”
Maus: “Terriblemente”
Pilimindrina: “¿Entonces qué hace esa mano recorriendo zonas abruptas de mi geografía?”
Maus: “Está buscando la cura contra la depresión”
Pilimindrina: “¿Y la encuentra?”
Maus: “No, de momento no aparece... deja que busque por otras zonas...”
Pilimindrina: “Mmmmhhh... creo que he oído un ruido extraño en la puerta que da al ático. ¿Crees que será un fantasma?”
Maus: “Que lo follen. Pero que lo haga otro. Yo ahora mismo ya estoy ocupado”
Pilimindrina: “Maus...”
Maus: “¿Mmmhhh?”
Pilimindrina: “Estooo... creo que estás intentando desabrocharme el piercing del ombligo”

(...)

Fantasma del ático: “¿¿Y a mí quién coño me hace caso??”

(...)

PhotobucketSábado por la mañana. Maus decidió salir a enseñarme la zona y a comprar algo de comer (especialmente para mí, que como tuviera que seguir comiendo comida de conejos me iban a crecer las orejas y los dientes). Descubrí en seguida por qué aquella casa había costado aproximadamente la tercera parte que una exactamente igual en las proximidades de Mix Village: el pueblecito de North es lo más parecido a la ciudad deprimida de la película “Billy Elliot”: las aceras estaban sucias y llenas de basura; las pocas tiendas mostraban una dejadez y un abandono deprimentes. Muchas casas estaban abandonadas y tenían los cristales rotos o cubiertos con maderas podridas. En los 2 ó 3 pubs que nos cruzamos, las cucarachas compartían cervezas con los clientes... y parecían más inocentes que ellos (¡y más guapas!). Unos metros más allá, se acababa el pueblecito y empezaban los polígonos industriales. La gente que nos cruzábamos tenía cara de pocos amigos y más de uno me lanzó una mirada asesina por atreverme a acariciar a su perro.

Tras hacer las compras pertinentes y volver a casa, decidí que era el momento perfecto para explorar el famoso ático: hacía sol, la luz penetraba por todas las ventanas, Maus y yo veníamos riéndonos de nuestra última tontería... ¿Quién dijo miedo?

Pregunté a Maus si tenía alguna linterna; tras revolver por los cajones de media casa, me vino todo sonriente con una de esas cintas elásticas con luz que se ponen en plena cocorota. Y encima de color rosa, cómo no. Ingleses... “¿Es esto todo lo que tienes?”, pregunté, “¡Por Dios, si voy a parecer la pequeña Lulú haciendo espeleología!”. Pero nada ni nadie me detendría en mi afán explorador: dije que investigaría en aquel ático tenebroso y eso era exactamente lo que pretendía hacer. Lo juro y lo perjuro.

Maus sacó de la habitación una escalera extensible de esas que vibran y se mueven con cada peldaño que avanzas, recordándote en cada momento lo mucho que apreciarías el hecho de seguir teniendo todos tus dientes en su lugar, se subió él primero y abrió el ventanuco que daba al ático. Yo entorné los ojos y traté de ver algo más allá, pero la oscuridad era total. Ni una ventana, ni un agujero entre los ladrillos, allí no había una sola fuente de luz. Me tendió la escalera y sonrió: “Hala, todo tuyo”.

PhotobucketEmpecé a subir. Los peldaños chirriaban bajo mis pies, y parecía como si el agujero fuese el que se acercaba a mí, y no al revés. La negrura seguía siendo impenetrable. Finalmente estuve lo suficientemente alta como para apoyar las manos a ambos lados de aquel ventanuco e introducir la cabeza en aquel lugar. ¿Alguna vez habéis tenido la impresión de que la oscuridad es un ente físico? ¿De que es tan densa que casi puedes verla, como si de una niebla negruzca se tratase? Esa fue la sensación que tuve yo al meter la cabeza por aquel agujero. “¡No veo nada de nada!”, le grité a Maus desde arriba. “Espera un rato, tus ojos se acostumbrarán a la oscuridad”. Esperé. Desde allá arriba no se oía ni un solo sonido: ni voces de vecinos, ni ruidos de cañerías, ni siquiera la tan socorrida gota de agua que parece que siempre gotea en escenas de oscuridad en sótanos o áticos abandonados. El silencio era tal que se oían formarse las legañas. Por mi cabeza pasaban todas y cada una de las películas de terror que había visto en las que alguno de los protagonistas había sido lo suficientemente imbécil como para meterse solo en uno de los lugares oscuros y tenebrosos como aquél:

En “La Maldición”, la chica que sube al ático por el armario y enciende un mechero... para que al acabar de girarse la luz permita ver a la mujer muerta que la esperaba allá arriba...

En “Al final de la escalera”, el hombre que sube al ático, entra en la habitación y ve moverse la silla de ruedas...

En “El sexto sentido”, el niño que va al baño en plena noche y tras él, en la oscuridad, se ve a alguien pasar por delante de la puerta...

En “La Bruja de Blair”, los tres amigos metidos de noche en la tienda de campaña y sin atreverse a asomarse fuera, porque se pueden escuchar perfectamente los sonidos guturales y las risas de los niños...

En “Darkness”, el niño jugando en su habitación y algo que atrae todos sus juguetes a la zona oscura de debajo de su cama...

Y finalmente, en “La decapitación de Pilimindrina”, donde una estúpida científica mete la cabeza en un ático oscuro tratando de demostrar que no existen los fantasmas... sólo para descubrir en los últimos momentos agónicos de su existencia a un esqueleto cubierto de tiras de carne putrefacta que le mira con su huesuda sonrisa y sus cuencas vacías, antes de rebanarle el cuello con el mismo cuchillo oxidado que había utilizado años atrás para asesinar a su padre, que le mantenía encadenado en el ático. “Te estaba esperando”, susurraba el espectro con voz burbujeante mientras blandía la hoja del cuchillo ante una Pilimindrina paralizada por el terror.

PhotobucketMiré hacia abajo. Maus estaba al pie de la escalera, mirándome... pero parecía estar a años luz de distancia. Volví a mirar en el ático... mis ojos se habían acostumbrado mínimamente a la oscuridad, lo suficiente como para distinguir alguna forma extraña a mi alrededor. Pensé en la habitación escondida que tenía que haber justo a mi derecha, oscura, impenetrable, esperando a alguien que fuera lo bastante idiota como para atreverse a entrar. Pude verme a mí misma tropezando por los rincones del ático mientras, de alguna manera, el ventanuco de entrada volvía a cerrarse. Entonces me quedaría allá sola en la oscuridad, en el silencio que dejaría de ser silencio para dar paso a susurros que me llamaban.

Pilimindrina: “Maus, esta linterna no alumbra nada de nada, ¿seguro que no tienes una más normal?”
Maus: “No, tengo una pero me la dejé en Mix Village”
Pilimindrina: “Pues con esta es un peligro entrar aquí, es que no se ve nada”
Maus: “Si quieres puedo ir a pedirle una al vecino”
Pilimindrina: “Sí, esa sería una buena idea... pero antes vamos a comer, que estoy muerta de hambre”
Maus: “¿No entras entonces?”
Pilimindrina: Sí, sí, entro, pero más tarde, además, seguro que allá arriba está sucísimo, tendré que ponerme ropa más adecuada. Esta tarde lo volvemos a hablar, ¿eh? Hala, vamos a comer.
Maus: Pili, ¿por qué te castañetean los dientes?
Pilimindrina: ermm... es que en ese ático hace un frío que te cagas. Deja de preguntar tanto y dedícate a agarrar bien la escalera, no sea que me despanzurre.

Entonces fuimos a comer, y...

Oye tú. Sí, el/la que estás leyendo esto ahora mismo... ¿a qué viene esa media sonrisa de condescendencia? Hacía frío, estaba oscuro y sucio. NO es que tuviera miedo, ¿está claro? ¿Eh? ¿EH?

Y en el caso improbable de que tuviera miedo, ¿QUÉ PASA?

¡Ah, pensaba! ¬¬

Como iba diciendo, nos fuimos a comer. Y después de comer pues claro, una siestecita... y después de la siestecita que si mimitos por aquí, mimitos por allá, jugueteos por aquí, toqueteos por allá... total, que nos dieron las 4 y pico de la tarde. Y a esa hora no me iba yo a poner a visitar el ático otra vez, ya faltaba poco (ehm... unas dos horas) para que se empezara a hacer de noche. Y al día siguiente nos íbamos a volver para Mix Village, había que recogerlo todo. Así que acabamos viendo una peli (“Donnie Darko”, recomendada a todos los que leáis este blog y os gusten las pelis de miedo/misterio, y también a las/los que le echaríais un kiki ya mismo a Jake Gyllenhaal aunque en la peli no aparente más de 16 años), dándonos un baño de espuma los dos juntos - Dios, cómo echaba de menos una bañera de verdad, y no la ducha ridícula que tengo yo en casa -, cenando y volviendo a darle al vuelta a la postal de “MEAT IS MURDER”, que el muy joío había vuelto a colocar como estaba, y volviendo a la cama. Y 3 horas más tarde, durmiendo.

No volví a intentar subir al ático.

VALE, ¿Y QUÉ?

Para desviar un poco el tema, aquel domingo tuve mi primera “microdiscusión” con Maus. Todo vino a colación del cartelito de “Carne es asesinato”. Empecé preguntándole por qué lo volvía a poner como estaba mientras yo estaba allí si sabía que me ofendía. Él me decía que en casa de cada uno se pone lo que le apetece a cada uno. Yo estuve de acuerdo, pero también en unos ciertos límites de educación para con un invitado; en mi opinión, es como si una persona es cristiana y pone un cartel en el salón que dice: “Los musulmanes son asesinos”. Sí, vale, es su casa, pero si un día invita a casa a un musulmán no creo que le haga mucha gracia el cartelito de marras. Él repetía una y otra vez que no entendía por qué un cartel llamándome asesina podía resultarme ofensivo.

Así que para buscar el desempate en esta discusión (y para que no me llaméis cobardica por el tema ese del que no quiero acordarme), os pregunto a vosotros:

¿Os ofendería encontraros con el cartel de “Carne = asesinato” plantado en la nevera? ¿O estoy siendo demasiado tiquis-miquis?

No