Los viajes de Pilimindrina
Viviendo cabeza abajo
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El tiempo pasa, pero yo sigo siendo la misma (con el pelo algo más largo y 31 añitos ya, pero la misma ;). La historia de mis aventuras en Nueva Zelanda dejó de ser contada hace ya año y medio, pero he vuelto. Tengo mil aventuras más que contar, nuevos personajes de los que hablaros... y un nuevo plan, algo muy grande que llevar a cabo.

Algo para lo que necesito vuestra ayuda :)


LISTA COMPLETA DE PERSONAJES
Sindicación
 
Martes y 13 y la delgada cinta roja...
Cualquiera de vosotros que haya pasado por un proceso administrativo ha tenido el placer personal de lidiar con la burocracia. Solicitar un título, un certificado, darse de alta o de baja en la Seguridad Social, cobrar el paro... son trances por los que todos tenemos que pasar en algún momento y que, a pesar de que la lógica nos dice que debería ser algo tan simple como presentar tu DNI y recibir un papel, pocas veces sucede así. Poquísimas veces. ¿Cuántos de vosotros os habéis encontrado sopesando el riesgo de acabar en la cárcel contra el placer de estrangular sádicamente a algún funcionario de ventanilla que os ha hecho volver por quinta vez aludiendo que “os faltaba tal papel o cual firma”? Muchos, ¿verdad? ¡Pues muy mal hecho! ¡Deberíais avergonzaros! Los funcionarios de ventanilla son trabajadores esforzados y eficientes que no merecen un trato semejante. Además, vaya una chapuza. El arsénico diluido en el cafetito de media mañana funciona mucho mejor y no deja trazas orgánicas.

PhotobucketPues tengo una magnífica noticia que daros: la burocracia es igual en los demás países. Peor aún, si cabe; especialmente cuando para conseguir lo que buscas debes combinar burocracias de 4 ó 5 sitios diferentes. Cuando a Burocracia se le unen sus primas lejanas Bureocracy (también conocida como la temible Red Tape, o “Cinta Roja”), Bureaucratie, Burocrazia y 名 官僚政治[制度 puedes ir preparándote para la guerra de los papeles locos. Si ya es difícil conseguir un puñetero papel en una ventanilla... ¿os imagináis lo que es intentar que te consigan un papel de Gibraltar desde una ventanilla de Tegucigalpa? Pues yo no me lo tengo que imaginar: lo llevo viviendo semanas. Y es cojonudo, vamos, estoy en éxtasis. Ya no sé si cortarme las venas o dejármelas largas para ahorcarme con ellas.

La Oficina de Inmigración de Nueva Zelanda en Londres es un edificio amplio y “modenno”. Sus empleados te reciben siempre con sonrisa Profidén y voz de “ya sabe que aquí estamos para atenderle” impecable. El problema que se esconde tras sus blancos dientes y sus amables maneras es, básicamente, que la mayoría de ellos no tienen ni la más remota idea de lo que hace falta para conseguir el visado que tú necesitas. Si algún día os aburrís y pasáis por su página web comprenderéis que no basta con llegar allí con el pasaporte y decir: “Oiga, póngame kilo y medio de visado”. No. Dependiendo del tiempo que quieras estar allí, si vas de vacaciones o por negocios, si buscas trabajo, si tienes una oferta en firme, si tu cualificación te califica como “Skilled Migrant” (“Inmigrante Cualificado”), de qué país provienes, en qué país has pasado más de 3 meses en los últimos 5 años, etc etc etc, existen unos trescientos mil tipos de visado o permiso que se te pueden conceder o denegar. Todo ello por un módico precio que oscila entre los 200 y los 600 euros.

PhotobucketTambién es cierto que puedes ahorrarte el viaje a Londres llamando a la Oficina por teléfono. Cuando lo haces descubres, ¡oh sorpresa!, que el número que se te ofrece es del tipo conocido como “Premium Rate”, algo así como las líneas 806 en España. Vamos, que te cobran una libra (1.4 eureles) por minuto de conversación. “Bueno”, piensas, “es un organismo oficial, supongo que cogerán el teléfono rápido y te resolverán la duda lo antes posible”. Sí, y en Asturias los Reyes Magos llegan a las casas en camellos propulsados por los gases de la fabada, no te jiba. Nada más descolgar el teléfono suena la voz de un hombre que tarda 30 segundos en pronunciar la palabra “hola” y te ofrece 25 opciones, entre ellas algunas tan descabelladas como “si en vez de llamar a Inmigración lo que Vd realmente deseaba es contactar con nuestra oficina de viajes, pulse 476466 con el prefijo 1934 si llama desde fuera de Peñaconejos”. No, verá, yo realmente quería felicitarle el Santo a mi tía Engracia. ¡Coño, si estoy llamando a Inmigración será porque quiero hablar con Inmigración!. Tras 5 minutos completos de opciones ridículas (cronometrados, que conste) por fin te dan la opción de hablar con un operador. Operador de bolsa, cuando menos, porque la única vez que cándidamente se me ocurrió utilizar este método para resolver mis dudas la amable empleada que respondió a mis plegarias no tenía ni idea de lo que le estaba preguntando. “Mírelo en la página web”. “Verá señora, si lo hubiera encontrado en la página web no estaría ahora mismo gastando 10 libras en llamarla a Vd por teléfono. Francamente, por el mismo precio pero marcando otro número me pasan con ‘superdotados cachondos’. Ahora que lo pienso, creo que era una de las opciones iniciales”.

Luego están los papelitos que tienes que presentar, que dichos así, a la ligera, suenan de lo más sencillo. Certificado de penales de todos los países en los que hayas vivido en los últimos 5 años. Chupado, amos. Sólo el de Inglaterra ya te tarda unos 40 días en llegar y cuesta 10 libras. Afortunadamente yo tenía uno aún vigente de hace un par de meses cuando pensé en hacerme voluntaria y una de las actividades implicaba trabajar con niños (los ingleses están obsesionados con los pederastas, ¿os lo había dicho?). Sólo me quedaba pues solicitar el de España. Recordaba de alguna vez anterior que bastaba con acercarte a la poli con tu DNI y el papelito te lo entregaban en el mismo día, así que hice una llamadita a mi familia y les dije que se pasaran por la Policía y miraran a ver si podían solicitar uno en mi nombre.

No podían.

Tenía que acercarme al Consulado Español en Londres y solicitarlo desde allí. ¿Cuánto tardaría eso? No sé, como mínimo unas 3 semanas. O eso, o un familiar mío debía presentarse con mi carnet o una copia compulsada. Vale. Genial. Supongo que bastará con compulsar una copia en Inglaterra y enviársela por correo, ¿no?

Pos va a ser que no. Sólo vale la compulsa española. ¿Y cómo coño compulso mi carnet, que está aquí conmigo, en España? ¡Aaahhh, se sienteee!

No verás, si es facilísimo: lo que tienes que hacer es venirte hasta España a solicitar el papel de marras. Esa fue la idea brillante de una simpatiquísima funcionaria de la Policía Local de Oviedo, que debe pensar que Inglaterra y España quedan a dos manzanas.

Al final acabé enviando mi DNI por correo urgente, junto con una autorización para que una de mis tías solicitara el papelillo de marras en mi nombre. Arreglado, ¿verdad? Ilusa.

PhotobucketBuena se la armé a la pobre mujer. En el primer intento le dijeron que no bastaba con la autorización. Aparte de eso había que rellenar un impreso para solicitar oficialmente el certificado. Allá que fue mi pobre tía corriendo despendolada al estanco más cercano. Luego había que compulsar una copia del DNI, porque el original no valía. Allá que fue mi tía cagando leches a compulsar la copia del DNI. Oye no, que esta compulsa no vale, porque la fotocopia es en color y nosotros la queremos en blanco y negro. Mi pobre tía con la lengua fuera vuelve a la fotocopiadora y hace una nueva copia; vuelve a compulsarla; vuelve a la ventanilla. Esta tampoco vale, te han puesto la firma de la compulsa encima de la fotocopia, y tiene que ir debajo. Mi tía, ya con los ojos inyectados en sangre y la baba deslizándose por entre los dientes, trae la nueva fotocopia compulsada. No, pues ahora que me acuerdo no vale que la solicite una tía, tiene que ser familiar de primer orden o cónyuge. Mi tía coge el móvil y llama a mi hermana, que era la única localizable. Mi hermana agarra el primer autobús y se planta allí justo 10 minutos antes de cerrar. Sí, ahora vale, pero es ya muy tarde y para hoy no se lo vamos a poder hacer. Y mañana es fiesta, así que vuelva a por él el miércoles.

El miércoles se presenta la pobre mujer de nuevo en la Policía Local. El papel está listo, pero lo que no le habían dicho es que además hay que llevarlo al Tribunal Supremo para que lo sellen y le añadan la Apostilla de la Haya. Lleve Vd este documento al Tribunal y vuelva a por el certificado cuando lo tenga. Mi tía que sube arrastrándose hasta el Tribunal. Lo siento, mañana es fiesta otra vez y hoy no creo que se lo sellen. Déjelo aquí y vuelva el viernes.

El viernes mi pobre tía regresa al Tribunal lanzando dentelladas. Por la calle la saluda una conocida: “¡Buenos días!” “GÑGÑGÑGÑ... ¡¡¡¡¡Y TÚ MÁS!!!!”. Llega al tribunal y afortunadamente la Apostilla está lista. Regresa una vez más a verle la cara a la simpática funcionaria de la Policía Local. Oiga, que no encuentro el certificado. ¿¿Cómo que no lo encuentra?? No, verá, estaba en esta carpeta y no aparece. ¿Quiere volver la semana que viene y...?

PhotobucketMi tía comienza a emitir un sonido gutural. Se hincha. Se pone verde. Se escuchan dos chasquidos... las correas del sujetador al saltar por los aires. La camisa se queda hecha jirones. Dos manos convertidas en garras sujetan a la funcionaria por el cuello y la levantan dos metros por encima del suelo: “¡DAME EL PAPEL, PUTA!”. Casualmente la funcionaria recupera milagrosamente la memoria para recordar que el certificado estaba en un cajón del archivador. MRW se encarga de que tanto el Certificado de Penales como mi DNI lleguen sanos y salvos a Mix Village ayer lunes por la tarde. Fin del episodio: LOST, perdidos entre los papeles.

La cosa no acaba ahí. Mi certificado médico debía haberme llegado a casa el martes pasado. El jueves llamé al médico, quien me confirmó que lo había enviado urgente y certificado el mismo lunes. Tras quedarme casi sin uñas, el viernes al volver a casa encontré el típico papelito en la puerta: “No estaba Vd en casa a las 10 de la mañana del 9/12/2005. Por favor, pásese por la Oficina Central de Correos de Mix Village”. El sábado por la mañana a primera hora esta menda se pegó la caminata para recoger el sobre. Casualmente medio Mix Village estaba en la Oficina Central de Correos esa mañana. Me puse a la cola. La gente entregaba su papel, y en unos dos minutos salía el empleado con su sobre o su paquetito. Eso hasta que llegué yo, claro. Yo entregué mi papelito, el tío se metió en el almacén... y desapareció. La gente que había llegado media hora después que yo recogía sus felicitaciones navideñas con una sonrisa mientras yo esperaba sentada viendo pasar la fila interminable de gente. Aproximadamente la mitad de ellos iban tosiendo, estornudando, sonándose los mocos o las tres cosas a la vez, todo ello encima mío. Me fijé en una especie de enjambre de cucarachas que había flotando por el aire, hasta que me di cuenta de que eran los virus. Un niño de unos dos años pasó a mi lado y me pegó un moco en los vaqueros. Calculé si me daría tiempo a meterle el árbol de navidad por algún orificio corporal antes de que su madre se diera cuenta.

“¿Doña Pilimindrineixon?”. Me levanté de golpe, esperanzada. “Soy yo”. “Verá, es que no encontramos su envío”. “¿Cómo que no lo encuentran?” “No, es que tenemos unas 20000 cartas de ayer en un montón, vuelva el lunes”. ¡Ja, a mí con esas! Me acerqué a él. Le miré a los ojos, amenazante. Puse los brazos en jarras. Enarqué la ceja. Luego me dejé caer de rodillas, me agarré a su pierna y le juré y perjuré que tendría una ladilla de 60 kg allí pegada hasta que no encontrara el puto sobre. A la media hora el hombre salió del almacén cubierto de cartas y con la mía entre los dientes.

Ya tenía listos todos los papeles, por fin. Pero ahora quedaba lo más difícil, la tarea más ardua: entregarlos en Inmigración y que los aceptaran todos. La vez anterior que había entrado en aquel edificio me habían tenido 3 horas (¡¡¡3 horas!!!) esperando mi turno, y eso que había llegado la tercera. Luego una hora más discutiendo qué papeles, qué visado y qué documentos tenía que rellenar. Había salido de casa a las 7 de la mañana y vuelto a las 4 de la tarde.

PhotobucketCuando cogí el tren a Londres esta mañana me di cuenta de que era martes y 13. Sólo a mí se me ocurre, leches. Martes y 13. Me esperaba cualquier cosa. Un atentado, un incendio en el edificio de Inmigración, un lunático con sierra eléctrica (lo que me asustaba no era que destripara a 40 londinenses, no... ¡lo peor era que redujera mis certificados a jirones!)... Seguro que me tocaba una empleada a la que yo le recordaría a la zorra que se lió con su ex. O peor... ¡seguro que la empleada era la mujer de Maus! Cuando bajara del avión en Nueva Zelanda descubriría que mi visado sólo es apto para trabajar fregando wáteres en burdeles baratos.

El tren salió puntual y llegó a su hora. La línea de metro de Picadilly me dejó en la estación en 5 minutos. Llegué la primera a Inmigración NZ y sólo tuve que pisar y empujar dos veces a un tipo que pretendía colarse. Me atendió un chico majísimo que me dijo que todos los papeles eran correctos y que probablemente mi visado estuviera listo en 5 días, me avisarían por correo electrónico. A los 15 minutos estaba fuera, sin creérmelo del todo. Como había pedido todo el día libre en el laboratorio en previsión de incidentes, decidí pasarme por el Consulado Español en Londres a solicitar un certificado de Residencia que me piden en el Banco para poder tener una cuenta bancaria en España. Llegué y me dieron un numerito que estaba ya en pantalla cuando entré en la sala. El tío de la ventanilla me imprimió el certificado allí mismo sin cobrarme un duro. A las 11 de la mañana estaba en medio de Londres con todos los papeles arreglados. Me pregunté si en cualquier momento me despertaría sobresaltada con la mano metida en el orinal.

En el viaje de vuelta, mientras observaba impresionada la columna de humo de los depósitos de gasoil de Hemel Hempstead (dicen que llegará a Londres esta misma tarde), tomé mentalmente una decisión: siempre que tuviera que hacer trámites burocráticos, esperaría a que fuera Martes y 13. Y si fuera posible, pasaría por debajo de todas las escaleras, rompería un espejo y me llevaría un par de gatos negros en la mochila. A mí las supersticiones...

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Nota: así se veía hoy el Sur de Inglaterra desde el espacio. Afortunadamente para mí, yo vivo más arriba ;)

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¿Os han vuelto locos con la Burocracia a vosotros también?
No