Los viajes de Pilimindrina
Viviendo cabeza abajo
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El tiempo pasa, pero yo sigo siendo la misma (con el pelo algo más largo y 31 añitos ya, pero la misma ;). La historia de mis aventuras en Nueva Zelanda dejó de ser contada hace ya año y medio, pero he vuelto. Tengo mil aventuras más que contar, nuevos personajes de los que hablaros... y un nuevo plan, algo muy grande que llevar a cabo.

Algo para lo que necesito vuestra ayuda :)


LISTA COMPLETA DE PERSONAJES
Sindicación
 
Y asi empezo todo...
Nota: perdon por la falta de acentos, y tambien por la falta de fotos o dibujos que amenicen el articulo, por favor comprended mis limitaciones tecnicas hasta que tenga casa propia y conexion a internet (por no hablar de ordenador :P)

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Faltaban dos dias para el viaje. Mi actividad diaria era un hervidero de viajes de un edificio oficial a otro tratando de darme de baja en todas partes, desconectarme de todos los servicios (agua, gas, electricidad, telefono, internet…) y asegurarme de que mis cuentas bancarias y mis tarjetas seguirian funcionando correctamente una vez llegase a Nueva Zelanda. Mientras tanto, Maus alternada episodios de panico cerval con periodos de depresion, seguidos de momentos de euforia… puedo asegurar sin miedo a equivocarme que mis ultimos dias en Inglaterra fueron de los mas estresantes de toda mi vida.

Y por fin llego el dia de la partida. Maus y yo pasamos la mañana del lunes 16 de Enero recogiendo tarjetas de credito y despidiendonos de nuestros compañeros de trabajo. El avion salia desde Heathrow a las 10:30 de la noche y en un vuelo transcontinental hay que facturar al menos con 3 horas de adelanto, asi que calculabamos salir de Mix Village unas 6 horas antes para no andar con prisas. A mediodia yo ya tenia todas las maletas preparadas… aunque mas que “preparadas” la expresion correcta seria “a punto de explotar”. Si el limite de equipaje facturado en la compañia Emirates era de 20 kg, lo que yo llevaba en mis dos maletas debia aproximarse al doble de esa cifra… pero a estas alturas me importaba tres pepinos cuanto sobrepeso iba a tener que pagar, lo unico que queria era irme ya de casa y comenzar el viaje.

…Y Maus no preparaba las suyas. Todas sus cosas se encontraban desperdigadas por el salon impidiendome siquiera acabar de limpiar el apartamento, mientras el permanecia sentado languidamente en una de las sillas, mirando al suelo. No consegui que comenzara a moverse hasta las 3 de la tarde, y tuve que aguantarme en varias ocasiones las ganas de atizarle una patada en el culo para que acelerase un poco. No decia una sola palabra ni respondia a mis intentos de animarle o preguntarle que ocurria. Supuse que se trataria del miedo escenido del ultimo dia y le deje tranquilo mientras yo me comia las uñas de nervios viendo que el tiempo iba pasando.

Maus no termino de hacer sus maletas hasta las 4:30 de la tarde. Yo ya estaba que me comia las paredes y me pase todo el viaje hasta la estacion de tren metiendole prisa, como una madre que apura a su hijo a terminar el desayuno e irse al colegio de una santa vez. Perdimos el tren de las 4:45 a Londres y tuvimos que esperar media hora a por el siguiente. Maus no dijo una palabra en todo el trayecto y yo bastante tenia con controlar mis nervios y la voz en mi cabeza que aullaba: “No vas a llegar a tiempo!!! Vas a perder el avion!!!”

Si hubiera podido, habria bajado del tren en marcha cuando este se aproximaba a la estacion de Kings Cross. Os invito a que imagineis lo que es cargar con dos maletas saturadas de cosas y una mochila, y aparte controlando que tu novio ingles no se quede atras; todo ello sazonado por las maravillosas e interminables escaleras que hay que sortear para acceder al metro desde la estacion… yo ya no sentia los brazos, ni las piernas, y me dolia hasta el pelo. Y Maus, no solo no aceleraba, sino que parecia ir renqueando cad vez mas. Finalmente, justo a la entrada de los andenes del metro, se detuvo y me dirigio una mirada que me provoco un escalofrio.

“Fuck! I am staying.” (“Joder! Yo me quedo”)

Era un lunes en hora punta, cuando todos los londinenses toman el metro para volver a casa. Estabamos en medio de una barahunda de gente pisandose y empujandose por atravesar las barreras del metro. A cada 5 o 6 segundos, alguien me pisaba, chocaba contra una de mis maletas o se enganchaba en las correas de mi mochila. No contentos con eso, ahora estabamos los dos detenidos y resistiendo la marea humana, ambos mirandonos fijamente. El, en estado de panico. Yo, en estado de shock.

“No, Maus. No asi, no ahora, no aqui. No me vas a hacer esto, verdad?”

El callo y siguio alli plantado, con una mirada vacia e inexpresiva que no olvidare jamas. Mi corazon latia despacio pero cada latido retumbaba en mi pecho. Ya no oia a la gente, ni sentia sus empujones ni pisotones. Solo existiamos Maus y yo, y una decision en el aire, una decision desesperada que el debia tomar.

De repente me enfade. No fue una sensacion agradable, pero era mejor que el panico atenazador que me impedia moverme. Me enfade por todas las veces que le pedi que se decidiera, que contestara si o no, pero que no me tuviese hasta el ultimo minuto pendiente de su decision. Me enfade por todas las promesas que le hice, que de repente parecian pendientes de un hilo. Pero mas que nada, me puse furiosa porque de haber un adios, tuviera que ser asi, de esa manera brusca e impersonal, rodeados de trabajadores sudorosos en una estacion de metro. No habria besos, ni abrazos, ni buenos recuerdos. Solo quedarian los restos de una cobardia a ultima hora, el recuerdo imborrable de una traicion y un monton de sueños rotos. Tendria que viajar sola en un vuelo de 28 horas, con tiempo de sobra para pensar en lo que habria perdido en escasos segundos, sin haber tenido tiempo para hacerme a la idea o hacer nuevos planes. Y le odiaria, de eso no cabe duda. Todas las horas solitarias sin su compañia, tratando de aceptar aquel brusco desenlace, lo odiaria como nunca he odiado a nadie.

Algo debio cambiar en mi mirada, porque la suya tambien cambio. Agarre las asas de mis dos maletas, le dirigi una ultima mirada y tratando de hacerme oir sobre el barullo de gente, le dije:

“Yo me voy. Tu haz lo que quieras”

Y atravese la barrera. Me fui sin mirar atras, sintiendo que algo se rompia dentro de mi, muriendome por volverme y ver su cabeza aparecer entre las mil cabezas que llenaban aquel reducido espacio. En las escaleras mecanicas que descendian hacia los andenes de la linea de Picadilly me aventure a mirar y no le vi. Mi corazon era como un balon de futbol que alguien ha comprimido hasta reducirlo al tamaño de una pelota de golf; me dolia el pecho y senti que el panico intentaba volver a tomar las riendas. Con un esfuerzo sobrehumano, logre mantenerlo a raya.

Pasaron tres trenes antes de que en uno de ellos se pudiera leer el destino: Heathrow Airport. Durante esosinterminables segundos, Maus aparecio entre la gente y se situo detras de mi, aun con la misma expresion que unos segundos antes en la barrera. A pesar de que verle alli supuso un alivio, mi preocupacion no decrecio: yo sabia que el momento decisivo iba a ser en facturacion, cuando tuviese que decidir si colocaba o no sus maletas en la cinta y enseñaba el billete y pasaporte. No dije una palabra, simplemente me subi al vagon, tratando de hacer sitio para mi y mis maletas entre la masa humana que abarrotaba aquella maquina. Maus hizo lo mismo y ambos quedamos separados por unos dos metros de distancia, cada uno a un lado del vagon.

Desde Kings Cross hasta el aeropuerto de Heathrow hay unas 20 estaciones, y el viaje suele durar mas o menos 1 hora. Segun el reloj, eran mas de las 6:30. Y tenia que facturar antes de las 7:30. Aquel fue el viaje en metro mas largo y espantoso que jamas recuerdo haber hecho. Los nervios por el viaje habian sido relegados a la ultima posicion entre mis preocupaciones; compitiendo por el primer puesto ahora, estaba el panico a que Maus se quedara en tierra, y el riesgo, cada vez mas probable, de llegar al aeropuerto y que me dijeran que facturacion estaba cerrada.

Despues de unos interminables 60 minutos por fin las puertas se abrieron en la parada de Heathrow. Eran las 7:32. En cuanto pude escabullirme entre la gente sali escopetada ignorando a los musculos de mis brazos, que chillaban de dolor, y me puse a correr por las rampas y pasillos, esquivando sin demasiado exito a la gente y siguiendo las señales que indicaban el camino a “Departures” (“Salidas”). Por supuesto, la facturacion que me correspondia era la ultima de todas, en el extremo mas alejado de la Terminal 3. Cuando llegue me costaba leer los carteles y sentia las piernas como si fueran de gelatina. La presion en los musculos de mis brazos y hombros se asimilaba a una paliza propinada con botas de Skin Head. No habia bebido nada en todo el trayecto, y decir que mi boca estaba seca seria quedarme pateticamente corta: tenia la lengua pegada al paladar y me costaba tragar. Tuve que carraspear 3 veces para conseguir preguntarle al primer empleado de la compañia que encontre si la facturacion del vuelo a Auckland seguia abierta. El me indico con la mano la posicion que estaba justo detras de el.

Entonces me volvi. Busque entre la gente que hormigueaba por la terminal tratando de identificar el pelo corto y negro de Maus. No habia nadie. Jadeando de agotamiento volvi atras unos metros para tener una mejor vista del pasillo. Mi corazon bombeaba. Levante la voz por encima de todos los ruidos del aeropuerto en un ultimo grito desesperanzado: “MAUS!!!!”.

Y de repente lo vi. Iba chocando con toda la gente con la que se encontraba. Poco a poco consiguio avanzar lo suficiente como para acabar frente a mi. Le mire. Me miro. Me acerque a la posicion de facturacion de mi vuelo, donde ya no habia ningun cliente esperando, solo nosotros dos. Sin dejar de mirarle subi mis dos maletas como pude a la cinta movil. La chica miro mi pasaporte, me miro a mi, miro a Maus y nos hizo la pregunta que yo llevaba temiendo tanto tiempo.

“Viajais juntos?”

El tiempo se ralentizo, las voces de la gente se amortiguaron, y solo quedamos Maus y yo mirandonos fijamente. Un escaner de mi cabeza habria mostrado un inmenso signo de interrogacion, mientras que uno de la suya probablemente habria mostrado un panal a rebosar de abejas zumbando aqui y alla. Sin llegar a pronunciarla, forme de nuevo la pregunta con mis labios: Viajamos juntos?

“Si”, contesto Maus, y subio su maleta a la cinta.
No