Los viajes de Pilimindrina
Viviendo cabeza abajo
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El tiempo pasa, pero yo sigo siendo la misma (con el pelo algo más largo y 31 añitos ya, pero la misma ;). La historia de mis aventuras en Nueva Zelanda dejó de ser contada hace ya año y medio, pero he vuelto. Tengo mil aventuras más que contar, nuevos personajes de los que hablaros... y un nuevo plan, algo muy grande que llevar a cabo.

Algo para lo que necesito vuestra ayuda :)


LISTA COMPLETA DE PERSONAJES
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Los auténticos Gusiluz
La Isla Norte de Nueva Zelanda sufrió en el pasado – y aún sufre de vez en cuando, como bien saben los habitantes de Rotorua – una persistente actividad sísmica. Los numerosos lagos y piscinas volcánicas fácilmente localizables a lo largo y ancho de la isla son prueba fehaciente de ello. En algunos lugares en particular, la combinación de estos frecuentes movimientos de tierra y magma junto con la acelerada actividad kárstica de la zona hacen que ese paisaje verde, frondoso y plagado de pequeñas colinas de hierba suave que se aprecia desde la superficie se transforme en una maraña interminable de pasadizos y cuevas subterráneas, muchos de los cuales aún no han sido explorados por el ser humano. En resumen, que están más llenos de agujeros que un queso Gruyere.

Uno de estos lugares mágicos es Waitomo.

PhotobucketSeguro que muchos de los que leéis este blog habéis visitado personalmente alguna de las muchas cuevas que tenemos en España, y conocéis en detalle los sorprendentes paisajes labrados a lo largo de los siglos por la actividad de simples gotas de agua filtrada a través de varios metros de roca. Uno se introduce por lo que parecía un sencillo agujero en la piedra, y de repente se encuentra rodeado de cientos de complicadas y hermosas estalactitas y estalagmitas. Las cuevas, dependiendo de en qué país y en qué zona se encuentren, pueden ser más o menos profundas, más o menos antiguas, más o menos hermosas; pero al fin y al cabo, son sólo cuevas, y una vez que has visto una especialmente espectacular se puede decir que las has visto todas.

Las de Waitomo, sin embargo, tienen algo especial. Algo que las hace únicas. Se trata de un minúsculo y humilde gusano que no sobrepasa los 3 cm de longitud. ¿Y qué leches tiene de especial un simple gusano?, os preguntaréis. Pues tiene de especial un ciclo de vida apasionante, aparte del hecho de ser una especie que sólo se encuentra en estas cuevas. Queridos lectores del blog, hoy quiero hablaros del Glowworm, o “gusano resplandeciente”; o, como yo lo llamo, el auténtico Gusiluz.

A pesar de que se lo denomine vulgarmente “gusano”, se trata sin embargo de un término incorrecto: el Gusiluz es realmente un insecto, y el gusano no es más que la etapa larvaria de una mosca. La mosca en sí sólo vive unos días y es una mera máquina reproductora: no tiene boca, ni estómago, ni aparato excretor. Sólo vive para reproducirse y poner sus huevos, tras lo cual muere de hambre en pocas horas. Pues bien, cuando la mosca hembra se ha dado la única alegría al cuerpo de toda su vida, se mete en una de las cuevas y pone sus huevos en el techo de las zona más oscura que encuentra. Manda narices, unas cuevas rodeadas de bosques y praderas de espectacular belleza y luminosidad, y la mosquita va a buscar el lugar más lúgubre para que nazcan sus hijos. Pero como ya os habréis imaginado la mosca no es idiota, y el lugar elegido para el feliz alumbramiento tiene toda su razón de ser. Unos 20 días después de puestos, los huevos eclosionan y el diminuto gusanito elige el lugar en donde pasará las siguientes semanas de su vida; la oscura cueva le proporciona la humedad que necesita y el lugar perfecto para poner en práctica su estrategia cazadora. Sí, he dicho cazadora, porque los no tan inocentes gusanos son temibles depredadores carnívoros que se alimentan de ingentes cantidades de moscas y mosquitos. PhotobucketSu método es extraordinariamente elaborado: los gusanos recién nacidos, a pesar de medir sólo 3 mm, emiten una potente luz desde el extremo de su cola; además, una glándula especial les permite secretar un hilo extremadamente pegajoso que dejan caer y que pende debajo de ellos. Estos hilos pueden alcanzar los 15-20 cm de longitud, y dan al techo de la cueva el aspecto que podéis ver en la fotografía. Visto desde apenas un metro de distancia os puedo asegurar que aquello parecen un montón de mocos blanquecinos colgando desde el techo de la cueva.

¿Y para qué se toman tantas molestias los Gusiluz? Imaginaos que sois una mosca o un mosquito zumbando alegremente a través un hermoso bosque en Nueva Zelanda. Como quien no quiere la cosa, os encontráis un agujero en la roca y decidís explorarlo. Pero claro, las moscas no suelen llevar linternas en la mochila, y de repente os dais cuenta de que os habéis desorientado, estáis rodeados de una oscuridad total y en cualquier momento os podéis pegar un hostiazo impresionante contra una estalactita. Os ponéis como locos a buscar una salida y de pronto vuestras plegarias se ven respondidas: allá, en el techo de la cueva, distinguís cientos y cientos de pequeñas luces brillantes, que sin duda indican agujeros por donde pronto volveréis a ver la luz del sol. Felices y contentos os dirigís hacia lo que creéis es una salida (¡Carol Anne, corre hacia la Luz!), cuando de repente chocáis contra algo que no se parece en nada a una roca: acabáis de estrellaros contra un moco gusanil. Cuanto más tratáis de despegaros de aquella cosa pringosa, más os enredáis en ella. Pronto os dais cuenta de que alguien está recogiendo el moco desde arriba, y en vuestros últimos y angustiosos segundos de vida comprobaréis que vuestra salida no era más que el culo brillante de un gusano a cuyas fauces os acercáis inexorablemente… BZZZZZ… fin de la mosca.

Aunque para cualquier mosca o mosquito estos Gusiluz sean lo más parecido al alien de la película, para los seres humanos constituyen un espectáculo luminoso único en el Mundo. Las “Glowworm Caves” de Waitomo (“Cuevas de los Gusanos Luminosos”), aparte de ser unas cuevas de particular belleza, te permiten contemplar, en la más absoluta oscuridad y silencio - no se permiten flashes ni murmullos, o los gusanos se acojonan y apagan la lámpara –, las miles y miles de diminutas lucecillas verdes-blanquecinas que tachonan el techo de las cuevas por encima del río que las atraviesa. Un paseo en barca a través de una galaxia oculta a varios metros bajo tierra.

PhotobucketAparte de las Cuevas Gusiluz, Waitomo cuenta también con otras dos cuevas famosas: la de Aranui y la de Ruakuri. En estas sí está permitido hacer fotos, y además te permiten conocer a más ejemplares de fauna autóctona, como es el caso de las Wetas. Las Wetas son enormes langostas de color marrón oscuro que a primera vista te pueden dar un susto de muerte, porque se asemejan a arañas enormes y se mueven exactamente igual que ellas. Sin embargo, cuando las miras con más atención (después de que el guía de la cueva te haya bajado de la estalagmita de 30 metros a la que te habías agarrado tras tu ataque de pánico arañil) reconoces fácilmente sus dos patas traseras adaptadas al salto y sus largas antenas negras. En la foto podéis ver a una familia de ellas que nos encontramos en la oquedad de una estalactita.

Así que ya sabéis, si vuestro hermanito pequeño o vuestro hijo os pregunta si de verdad existen los Gusiluz, ahora podéis decirle sin miedo a equivocaros que sí, que existen, y que viven en un lugar muy, muy lejano, llamado Waitomo.

Y que son carnívoros. Y que tienen mocos. Y que si no se duerme de una p… vez, el Gusiluz maléfico vendrá a atacarlo y comérselo vivo en la oscuridad de su cuarto.

Si es que me encantan los niños… :P

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Nota: no me pidáis que cambie el nombre al blog tan rápido, leñe, ¡que Maus aún no se ha ido! Tiene gracia la cosa – siempre y cuando se mire por el lado irónico -, me dice que se va, pero no me dice cuándo. ¿Se dará cuenta de la tortura que es estar viviendo con alguien que sabes que se va a marchar? En fin, después de la llantina de la semana pasada me estoy tomando las cosas con mucha más filosofía: aprovechémoslo mientras dure. Os recuerdo que en la cama el tío es un as :P

Más curiosidades de Nueva Zelanda:


1. En España nos quejamos de las comisiones que cobran los bancos… ¡os invito a que abráis una cuenta en Nueva Zelanda! ¡Pagas absolutamente por todo! Por tener la cuenta, comisión mensual. Por sacar dinero, por meter dinero (sí, sí, por meter dinero en tu propia cuenta, pagas), por usar el cajero automático (incluso el de tu propio banco), por domiciliar cualquier recibo, por tener una tarjeta de débito o crédito, por cada vez que usas cualquiera de ambas, por cobrar un cheque de tu mismo banco… ¡Joer, va a haber que volver al calcetín debajo del colchón!

Photobucket2. Los kiwis utilizan mucho la ironía en las señales de tráfico, especialmente en las que te piden que no te pases del límite de velocidad. Cada vez que entras en una autopista o vía rápida, empiezas a encontrarte con carteles de Tráfico con recochineo: “A tus amigos no les importa que llegues tarde”, “Seguro que habrá sitio en la playa”, “Seguro que tu casita de vacaciones sigue ahí”. El de la foto pone: “Pasaréis más tiempo juntos. Reduce la velocidad”.
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