Los viajes de Pilimindrina
Viviendo cabeza abajo
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El tiempo pasa, pero yo sigo siendo la misma (con el pelo algo más largo y 31 añitos ya, pero la misma ;). La historia de mis aventuras en Nueva Zelanda dejó de ser contada hace ya año y medio, pero he vuelto. Tengo mil aventuras más que contar, nuevos personajes de los que hablaros... y un nuevo plan, algo muy grande que llevar a cabo.

Algo para lo que necesito vuestra ayuda :)


LISTA COMPLETA DE PERSONAJES
Sindicación
 
¿Conversación?
PhotobucketHoy en el trabajo decidimos cambiar la rutina y, en vez de utilizar la cafetería de la empresa, nos fuimos a tomar al café a un bar que hay a unos 200 metros de Kiwilabs. Por primera vez en casi dos semanas, el sol brillaba en un cielo completamente azul y la temperatura era totalmente veraniega, de modo que escogimos una mesa en la terraza. La conversación trivial empezó en torno a los compañeros de piso y de ahí cambió a las tareas del hogar, de donde derivó a los cuidados del jardín. Yo me evadí un poco de la charla y me puse a buscar pájaros con la mirada, hasta que un retazo de la conversación llegó a mis oídos:

“…la verdad es que está empezando a molestarme, ya se está pasando”

Era Marcia, una compañera del laboratorio con unos ojos azules impresionantes y una hermosa melena negra negrísima – pero con unos piños que le podrían servir de cascanueces… en determinados casos la ortodoncia debería ser obligatoria so pena de cárcel.

“Perdona Marcia, no me enteré bien de lo que estabas hablando… ¿quién te molesta?”

“El tipo que corta el césped en nuestra casa. Se supone que el cuidado del jardín es cosa de los inquilinos, así que cada dos semanas o así le pagamos a Herman y él se encarga del tema. Pero ya hace un tiempo que me mosquea, el tío. Por ejemplo, hace tres semanas vino y ninguno de nosotros teníamos dinero en ese momento, así que le dejé una copia de la llave y le dije que al día siguiente le dejaría el dinero sobre la mesa por la mañana. Total, el tío entra en casa sin llamar cuando yo estaba aún en pijama quitándome las legañas y preparando el desayuno, se sienta a la mesa, se me queda mirando y suelta: ‘No me importaría que me invitaras a un café’”

“Joer, qué morro” comentó Steve, entre risillas.

“Espera, que eso no es todo. La siguiente vez que vino esperó a pillarme sola y va y me suelta: ‘te puedo canjear el precio de cortar el césped por una cena’, así, como quien no quiere la cosa.”

“Vamos, el tío va a por todas, eso está claro”

“Ya no es sólo eso, es que se pasa un huevo con las libertades que se toma. Este fin de semana fue el colmo, ya. Resulta que sobre las 10 de la noche llama a nuestra casa, pregunta por mí y me dice: ‘Oye Marcia, tú que tienes coche, ¿te importaría pasar a recogerme por el bar Coyote? Es que he bebido un poquillo y no quiero ponerme a conducir’”

“¡Pero será caradura el tío!”, exclamé yo toda ofendida. “¿qué clase de tipo es, es muy mayor?”

Herman el jardinero. ¡Herman, por Dios! Con semejante nombre sólo podía tratarse de un viejo verde, sin afeitar, sucio, con barriga cervecera y mirada lasciva de los que les gritan guarradas a las chicas desde la obra y escupen gargajos en las esquinas. Herman. O eso, o un asesino en serie chiflado de la nueva Zelanda profunda similar al de “Wolf Creek”.

Marcia puso cara de indiferencia: “No, debe tener unos 25 años, alto, moreno, de ojos verdes, bastante atractivo, la verdad”.

“…”

Yo había dicho mi última frase con expresión de profunda indignación y las manos levantadas en señal de ofensa. Ahora una de las manos se me desprendió y rebotó por el suelo y mi mandíbula hizo “PLONK” sobre la mesa. Utilicé la otra mano para devolverla a su sitio.

“Estooo… oye, Marcia, a mi casa viene a cada poco un tío de unos 55 años sin dientes y con caspa. Es muy discreto, viene, corta el césped y se va. De hecho pocas veces le he visto siquiera. Si quieres le comento que tú estás buscando un sustituto”

“Pues no te diría yo que no, Herman me tiene harta ya”

“Nada, oye, todo por una amiga. Hacemos un intercambio.”

“¿Intercambio? ¿Pero tú quieres al petardo de ese tocándote las narices cada dos por tres?”

“Seguro que puedo soportarlo, todo sea por ti. Además… dile que yo también tengo coche”

“¡Pili, por Dios, si ese tío es incapaz de mantener una conversación durante más de dos segundos!”

“¿Conversación?”, respondí yo poniendo cara de absoluta perplejidad, “¿Conv…? Pero vamos a ver, Marcia, aquí quién leches ha hablado de ‘conversación’?”

Silencio en la mesa. Marcia, totalmente descolocada. Los demás aguantando la risa. Al cabo de un par de segundos, en el silencio se alza la voz clara y socarrona de Dave: “Española calentorra busca cortador de césped potente. Vehículo propio. Abstenerse casposos y barrigudos.”
No