Queenstown parte II: snowboard y llamadas desesperadas
Es el día de hoy que aún no me explico cómo aquel coche birrioso, renqueante, carrasposo, cargado con tres seres humanos, bolsas y esquíes, fue capaz de subir las cuestas del 35% que llevan hasta la estación de esquí de Treble Cone, Wanaka, a una hora aproximadamente de Queenstown. De lo que sí estoy segura es que verme conducir aquella máquina lastimosa debe haber sido todo un espectáculo. ¿Os habéis encontrado alguna vez a una de esas personas que, jugando a la PlayStation, parecen no necesitar el mando para nada? Sí, sí, esas que, cuando quieren mover al monigote para la derecha, en vez de simplemente presionar el botón derecho, lo que hacen es mover las manos, descoyuntar la muñeca, estirar los brazos, apretar los dientes, torsionar el cuello y mover el culo tan al borde del sofá que acaban sentados en el apoyabrazos. Luego, cuando el monigote salta o vuela, estas personas rebotan en el cojín, o bien se levantan y alzan los brazos (con mando incluido) y los agitan espasmódicamente hasta que el mando se les enreda en la lámpara del salón, o bien se les acaba el cable y la consola termina escogorciada en el suelo (creo que Bill Gates los tenía a ellos en mente cuando se le ocurrió la idea de la Wii).Pues bien, esta menda conduciendo el Birrioso era algo por el estilo: con cara de profunda concentración metafísica, ojos achinados, cuerpo echao p’alante, clavando el pie en el acelerador con tal fuerza que podía sentir el asfalto despellejándome la planta del pie… y el puñetero coche no pasaba de 30 km/h. La cola de coches detrás nuestros crecía y crecía como en la M30 durante el Puente de la Constitución, Lily y Steve hacían gestos de empujar el salpicadero, yo estiraba mi cuerpo hacia el parabrisas como para cambiar el centro de gravedad, apretaba el volante y me mordía la lengua… pero aquello no aceleraba ni a la de tres. Steve sugirió bajar uno de los esquíes de la baca y tratar de usarlo en plan remo, Lily se presentó voluntaria para empujar, y vuestra Pilimindri pensó en comprar un par de latas de fabada Litoral, a ver si con los gases le dábamos un poco de propulsión al trasto aquel. De vez en cuando nos echábamos a un lado y dejábamos pasar a 20 ó 30 coches, cuyos conductores y pasajeros nos dedicaban miradas de odio visceral y maldiciones en arameo (y aracago).

Aún sorprendidos por no habernos quedado tirados en la cuneta, finalmente dejamos al Birrioso en el aparcamiento y nos dispusimos a disfrutar de un día de deportes de nieve. La estación de Treble Cone se alza sobre un impresionante valle tachonado de lagos de color azul turquesa, componiendo un paisaje que te corta la respiración (si es que no la tenías ya cortada por el frío). Tanto Steve como Lily tenían amplia experiencia sobre los esquíes. Yo tenía bajo el brazo dos clases básicas de snowboard y el dudoso honor de ser la española más patosa de la cosecha del 76, pero ilusión y ganas no me faltaban. Además, tras los dos días de continuas caídas en ambos sentidos (de morros y de culo), esta vez estaba segura de que lograría dominar los giros y acabaría haciendo malabarismos y saltos mortales hacia atrás antes de ponerse el sol. Hombre, bueno. Faltaría más.
Joer, qué desastre.
Lo de mantenerme sobre la tabla estaba dominado. Lo de deslizarme más o menos en línea recta también, e incluso era capaz de girar hacia la izquierda sin caerme más que dos de cada tres veces… pero los giros hacia la derecha eran mi talón de Aquiles. Recordé los consejos de la última clase, tres semanas atrás: “los giros no tienen ningún secreto, sólo hay que aprender a considerar la tabla una prolongación de tus propias piernas: tú mueves el cuerpo hacia la derecha, como si fueras a girar, y la tabla te sigue de manera natural”. ¿¿¿De manera natural??? ¡¡¡Y una leche!!!. Yo me subía a la tabla de snowboard, empezaba a deslizarme, cogía velocidad, giraba el cuerpo hacia la derecha y esperaba que la tabla hiciera lo mismo… ¡y la jodía ni puto caso! Y mientras tanto las rocas esas tan monas se acercaban… y yo venga gira que te gira el cuerpo, que casi se me dislocaban las rodillas de tanto girar… y la tabla que nanay… y por el rabillo del ojo veía las rocas cada vez más grandes, llenas de esquinas y bultos… total, que cuando se acercaba el punto de no retorno y la tabla seguía, tozuda, deslizándose hacia la izquierda
la única opción que me quedaba era despatarrarme toa sobre la nieve, como una bolsa de patatas, dando vueltas con tabla y todo, despidiendo nieve en todas direcciones y acabando con las rocas a 5 cm de mi nariz. De lo más digno, oye. Después de eso sólo te queda tratar de recomponerte, soltarte las fijaciones, ponerte la tabla bajo el brazo, mirar al esquiador que tengas más cerca (que trata de sacudirse la capa de nieve con la que le acabas de pulverizar) y comentar con voz de indiferencia: “Estoy ensayando para hacer de doble de Angelina Jolie en ‘Avalancha en el Everest’, ¿¿qué pasa??”.Tras innumerables intentos fallidos y la pérdida del último resquicio de mi dignidad, decidí aceptar mi derrota y pedir ayuda a uno de los monitores de la estación. Desgraciadamente cuando me acerqué a la oficina, me informaron de que la hora de la última clase ya había pasado, que tendría que esperar hasta el día siguiente. Yo me planteé la posibilidad de pasarme toda la tarde estrellándome contra rocas, niños en trineo y postes de madera de cedro y llegué a la conclusión de que apreciaba demasiado mis dientes como para correr ese riesgo. Me dirigí a la caseta de alquiler de equipo y me dediqué a suplicar a todo aquel que pareciera un empleado que me diera una clase, que pagaría lo que fuera: dinero, joyas, favores sexuales… Tuve que rechazar el ofrecimiento del empleado de la limpieza, más que nada porque lo de que era el campeón del mundo de malabarismos sobre la tabla no coló (creo que me excedí en mis ofertas de pago… ains). Finalmente alguna divinidad se debió cansar de escuchar mis lamentos, porque una de las chicas a las que pregunté se quedó pensativa un rato y dijo: “Espera aquí un momento, creo que conozco a alguien que te puede ayudar”. Yo esperé, convencida de que la chica desaparecería y no volvería a verla jamás, hasta que reapareció por detrás de una esquina. Y no venía sola.
¡Oh milagro! ¡Oh bendición! ¡Oh, albricias y zapatetas!
¡Oh, pero qué pedazo de hombre venía con la tía!
No podía ser, no podía tener tanta suerte. Seguro que el cacho de trozo de macho que acompañaba a aquella mujer no tenía nada que ver con mi clase de snowboard, seguro que era su novio, que había venido a recogerla. Pero el caso es que ambos venían directos hacia mí. Y me miraban. Y la chica abrió la boca como para decir algo. Y un niño de unos 10 años que se estaba poniendo los guantes a mi lado resbaló en mis babas y se pegó un leñazo tremendo contra uno de los bancos de madera.
“Has tenido suerte, este es Adam, acaba de terminar su turno y dice que no le importaría estar un par de horas contigo ayudándote a perfeccionar tu técnica”.
A mí no me importaría pasarme el resto de mi vida contigo y que me ayudaras a perfeccionar todo tipo de técnicas, corazón.
Carraspeé. Traté de recoger mi mandíbula del suelo. Mis dientes hicieron “clic” cuando logré cerrar la boca.
“Embrglmpfblblblll”
“Perdón, ¿cómo dices?”
“Digo querl… que fenomenal, que muchas gracias… estoooo… sí… me llamo Pilimdrldrl… Pimindri… Pilimindrina, encantada de conocerte Adam”
Déjame ser tu Eva y arrancarte la hoja de parra con los dientes, pedazo de buenorro.
Adam sonrió –brlbrlbrlrlrlll -, se apartó el flequillo de los ojos azules – más brlbrlbrl – y me preguntó:
“A ver Pilimindrina, explícame exactamente dónde está tu problema”
Mi problema reside en que no conozco esta estación de esquí y no tengo ni idea de dónde puedo encontrar un lugar solitario y oscuro donde poder explorar todos los rincones de tu cuerpo serrano.
“eehhhmmm… creo que tengo un serio problema para girar, sobre todo hacia la derecha…”“Uy no te preocupes, recuerdo que ese fue uno de mis principales problemas cuando yo empecé, vente conmigo y te enseño unas cuantas técnicas”
Diosssss… si además de estar bueno eres majísimooooo… dime que estás soltero y te violo aquí mismo.
“Vale, vamos”
Aquella clase la recuerdo entre nubes de algodón de azúcar y música de arpa tocada por querubines. Nunca en mi vida he mostrado más interés en aprender un deporte que aquel lunes de finales de Agosto. “No estoy muy segura, mejor cógeme de la mano”. “Uy, que me caigo… encima de ti”. “Creo que aún no tengo esta postura muy dominada, ¿me ayudas a posicionar los brazos? ¿Y las piernas? ¿y…?” “Uy, qué dolor de cuello… ¿me darías un masaje?” (esto último no coló). Cuando finalmente volví a reunirme con Steve y Lily – a quienes ya desde el principio había recomendado que esquiaran a su aire y no se molestaran en esperarme – mis pies ni siquiera tocaban el suelo. ¡Viva el snowboard y la madre que lo parió!
El viaje de vuelta cuesta abajo fue mucho más rápido y menos humillante, y en un par de horas estábamos de vuelta en el albergue. Steve y Lily estaban muertos de hambre, pero la proximidad de la hora en la que iba a llamar a casa y comprobar si Maus seguía allí o estaba camino de las Inglaterras había acabado con la mía. Me conecté a internet y miré el correo, pero no tenía ningún mensaje de mi inglesito: como de costumbre, mantenía la intriga hasta el último minuto. En lo más profundo de mí, mi orgullo me impedía creerme que Maus pudiese haber decidido marcharse, dejar a la que tantas veces había definido como “la mujer de sus sueños” y volverse a la fría y gris Inglaterra en la que se había sentido tan desgraciado durante años. Sin duda un país tan maravilloso como Nueva Zelanda, nuestra vida juntos, lo que habíamos luchado para llegar hasta aquí y lo maravillosa (y modesta) que yo era serían motivos suficientes para borrar de su mente todas las posibles dudas.
Marqué el número desde la cabina y esperé, con el corazón en un puño. El teléfono sonó en nuestra casita, allá en Hamilton. Un tono, dos tonos, tres. Cinco. Siete. Catorce. Veintisiete. Tanto esperé, que al cabo de unos 5 minutos los tonos dejaron de sonar y me quedé allí clavada, como en trance, escuchando el silencio atronador al otro lado del auricular. Muy despacio, colgué el teléfono.
Esperé. Maus podía estar en el baño, o en la ducha, o tendiendo la ropa, y no había oído el teléfono sonar. Sí, seguro, tendiendo la ropa a las 10 de la noche. Volví a llamar. Volví a escuchar la eternidad de los “ring” y “ring” y “ring”. Volví a esperar. Y a llamar. Y a esperar.
No sé cuántas veces o durante cuánto tiempo me aferré a la esperanza ciega de que mi inglesito dulce hubiera decidido no coger el avión y quedarse conmigo en la tierra de los kiwis. Sólo sé que ya pasada la medianoche, y con los “ring ring” resonando en mi cerebro, en algún momento la razón me hizo abandonar aquella cabina y caminar arrastrando los pies hasta la sala de estar del albergue, donde Lily estaba sentada en uno de los sofás, esperándome. Me senté a su lado sin decir nada. Ella no necesitaba preguntar, la respuesta estaba reflejada en mi cara.“Lo siento, Pili”
Yo sacudí la cabeza. No podía hablar. Un pánico enorme y negro se había colado en mi pecho y amenazaba con estrangularme. No era posible. No me lo podía creer.
Por segunda vez en menos de un año, Maus me había dejado en Nueva Zelanda.
(continuará...)
Comentario:
Que sorpresa!!!
Yo te descubrí unos dos meses antes de q cerraras el blog, asi q me dejaste con la miel en los labios al cerrarlo y mira por donde y sin buscarte te vuelvo a encontrar.
Estoy encantada de poder leer tus nuevas aventuras.
Yo te descubrí unos dos meses antes de q cerraras el blog, asi q me dejaste con la miel en los labios al cerrarlo y mira por donde y sin buscarte te vuelvo a encontrar.
Estoy encantada de poder leer tus nuevas aventuras.
Comentario:
Hola:
Llegué a tu blog casi por casualidad, marujeando por Spaniards (cuando no puedo dormir me da la vena cotilla). No sé si es normal pasar así, a lo "bravido", por los blogs personales de la gente, pero, te lo tengo que decir, no lo puedo evitar: me he echado unas risas enormes leyéndote (ya sólo con la lista de personajes se me caían los lagrimones) :) Bueno, de esta última entrada en concreto no me he reído, claro (lo siento)...
Supongo que no tengo mucho más que decir, excepto que, si me das tu permiso, ya tienes otra nueva lectora :D
¡Un saludo!
Llegué a tu blog casi por casualidad, marujeando por Spaniards (cuando no puedo dormir me da la vena cotilla). No sé si es normal pasar así, a lo "bravido", por los blogs personales de la gente, pero, te lo tengo que decir, no lo puedo evitar: me he echado unas risas enormes leyéndote (ya sólo con la lista de personajes se me caían los lagrimones) :) Bueno, de esta última entrada en concreto no me he reído, claro (lo siento)...
Supongo que no tengo mucho más que decir, excepto que, si me das tu permiso, ya tienes otra nueva lectora :D
¡Un saludo!
Comentario:
Qué gusto volver a leerte. Y como yo, varios amigos, que me han mandado correo diciéndome que habías vuelto. Si es que te queremos una jartá.
Comentario:
¡¡¡ HAS VUELTO ! ! !
NO me lo puedo ni creer, yo soy de los que cada dia se leia tu blog, reconozco que no se si de 2 o 3 post, pero te hera fiel; y hoy, que andaba buscando por mis recuerdo, me ha dado por poner tu nombre en Google y has resulgido.
Tienes de nuevo un lector fiel.
NO me lo puedo ni creer, yo soy de los que cada dia se leia tu blog, reconozco que no se si de 2 o 3 post, pero te hera fiel; y hoy, que andaba buscando por mis recuerdo, me ha dado por poner tu nombre en Google y has resulgido.
Tienes de nuevo un lector fiel.
Comentario:
La foto preciosa^^ con las ganas que tengo de visitar las Antípodas, no sé si leer tu blog será bueno. Y encima otra vez más me dejas con la intriga (intriga por el profesor de snow más que nada)
Un besazo!
Un besazo!
Comentario:
Lo siento mucho la verdad!yo soy de las que piensan que si algo se acaba es xq tiene que empezar algo mejor y ese monitor de snow tiene muy buena pinta,jejeje!
Besotes
Besotes
Comentario:
Por cierto, se me olvidó comentar que la foto de los esquiadores en TrebleCone es made in Pilimindri :). ¿A que mola?
Comentario:
Jajaja
Que gran descripción del Birrioso tour!!
Lástima que el día acabara así.
Besos!!
Que gran descripción del Birrioso tour!!
Lástima que el día acabara así.
Besos!!
Comentario:
siempre he dicho que los deportes de invierno son peligrosos...te puedes romper algo, los cuennos, las rótulas..pero lo de un corazón roto por el snow no lo había oido nunca.
Comentario:
Vaya, por Dios; chiquitina. He estado angustiado hasta ahora mismo pendiente del teléfono. Venga, ahora toca lágrima, sollozo, deglución y parpadeo. Sacudida y adelante. Como ves sigues causando síndrome de dependencia.
Voy por un par de valiums, algo de rohipnol y una copa de oporto. Salí de guardia esta mañana y como no duerma hoy mañana seré capaz de recetar todo en supositorios.
Besos
Voy por un par de valiums, algo de rohipnol y una copa de oporto. Salí de guardia esta mañana y como no duerma hoy mañana seré capaz de recetar todo en supositorios.
Besos