Los viajes de Pilimindrina
Viviendo cabeza abajo
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El tiempo pasa, pero yo sigo siendo la misma (con el pelo algo más largo y 31 añitos ya, pero la misma ;). La historia de mis aventuras en Nueva Zelanda dejó de ser contada hace ya año y medio, pero he vuelto. Tengo mil aventuras más que contar, nuevos personajes de los que hablaros... y un nuevo plan, algo muy grande que llevar a cabo.

Algo para lo que necesito vuestra ayuda :)


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Queenstown V y Final: ¿¿Qué coño hago yo en tu cama??
Sé que debería haber mandado a Maus a freír monas en ese mismo instante. Lo sé ahora y lo sabía entonces. Pero por mucho que traté de sentirme ofendida, por muy incomprensible que fuera aquel mensaje en el móvil de Lily, no pude evitar sentir un inmenso alivio. Cada vez que mis neuronas trataban de protestar, la frase “¡VA A VOLVER!” se encendía en mayúsculas y luces de neón en mi corazón. ¿Qué puedo decir? Estaba enamorada. Y agilipollada, por supuesto. ¿Acaso no son sinónimos?

Ese simple mensaje me quitó un peso enorme de encima, y fue sólo a partir de entonces que pude disfrutar totalmente de mi estancia en Queenstown. Esa noche me quedé dormida tan profundamente, que no me habría despertado ni un rebaño de histéricas rebuznantes participando en una party-line. A la mañana siguiente empezó nuestra conferencia, pero mi estado de ánimo distaba mucho del necesario para sumergirme en las largas charlas científicas y los interminables resultados estadísticos. Debo reconocer que tampoco era la única: Lily dibujaba flores silvestres en su libreta de apuntes, Dave buscaba cualquier excusa para salir a mitad de charla, Marcia recordaba súbitamente que había olvidado algo fundamental en el apartamento, y a Steve, el único que se levantaba temprano y llegaba a tiempo para la charla de las 8:30 am, a menudo me lo encontraba despatarrado sobre sus papeles, con los ojos cerrados, las gafas medio caídas y un hilillo de baba rezumando por la comisura de sus labios. Decididamente, aquella conferencia no estaba resultando de lo más fascinante.

Ni qué decir tiene que nos pasamos la mayor parte del tiempo en la cafetería y recorriendo los expositores de las compañías de Biotecnología.

PhotobucketInciso: en toda conferencia científica o médica que se precie nunca pueden faltar los representantes de las compañías farmacéuticas y biotecnológicas dándote el coñazo para que compres sus productos y no los del vecino. Generalmente se colocan al lado de la sala de conferencias, y en cuanto sales por la puerta se te abalanzan encima sin piedad, urdiendo sus libretos y sus listas de precios y suplicando que los escuches durante unos minutos – que acaban siendo como mínimo media hora – mientras te recitan las interminables ventajas de su nueva máquina de PCR, sus “kit de extracción de ADN” super-hiper-mejorados o sus anticuerpos primarios y secundarios 0.01 céntimos más baratos que los de la competencia. En los últimos años han refinado sus tácticas de márketing y usan métodos más sutiles (y efectivos) para atraerte a sus casetas: regalan bolígrafos, camisetas, libretas, organizan juegos y sorteos… Total, que puedes acabar con un buen premio a cambio de escucharlos un rato… el mayor inconveniente es que siempre te piden el teléfono y el correo electrónico “para comunicarse contigo en caso de que resultes ganadora”, y luego te abrasan a llamadas y e-mails con sus nuevas ofertas por los siglos de los siglos.
Fin del inciso.

Este año los expositores de Queenstown habían sacado el hacha de guerra y cada cual ofrecía un premio más extravagante por dedicarles unos minutos (y unos cuantos datos personales) de tu tiempo: cámaras digitales, teléfonos móviles, teléfonos inalámbricos, iPods, equipamientos deportivos, pantallas planas, GPS… Mi grupito de KiwiLabs y yo nos los recorrimos todos, aunque sin demasiadas esperanzas, ya que ninguno de nosotros somos por lo general muy afortunados en sorteos y temas que dependan del azar (os recuerdo una vez más que Murphy me adora…). Pero al menos aquello nos dio la oportunidad de conocer a algunos representantes la mar de interesantes - y no precisamente por sus productos… bueno, sí, pero no por los comerciales-; no sé qué diablos habría pasado aquel año, pero aparte de los pedazo de premios, parecía que las compañías habían mandado a Queenstown a sus representantes más buenorros, lo cual siempre es de agradecer. ¿Qué importa el contenido de lo que te cuenta el representante de Roche, si mientras habla tú te estás ahogando en sus ojazos verdes? En fin, ya me entendéis…

Y así fue que los tres días de conferencia llegaron y pasaron, y durante la última tarde Steve y yo estábamos una vez más paseando por entre las casetas de las compañías, tomándonos el séptimo cafetito del día, cuando de repente escucho la voz del buenorro de ojos verdes detrás de mí: “Mira, allí está… ¡tenemos una ganadora!”. Casi no me dio ni tiempo a darme la vuelta cuando el tío me planta un enorme paquete en los morros: un juego de teléfonos inalámbricos la mar de majos, con un montón de funciones programables y chorradillas de esas. Aún sin tiempo de reaccionar, un representante de otra compañía cogió a Steve por banda y lo llevó a su caseta, donde le esperaba la cámara digital de tropecientos mil millones de píxeles. Dave apareció de la nada con una caja de botellas de vino (“considerando que el premio es de una compañía de mutación de ADN, no sé si fiarme…”) y Marcia corrió a enseñarnos unos protectores de muñecas que le venían que ni pintados para el snowboard. Antes de acabado el día nos habíamos llevado otros 4 premios: camisetas térmicas, entradas para el bar Minus 5 en Queenstown, más vino y… ¡un vale por dos vuelos en helicóptero sobre Queenstown y alrededores! Lamenté no haber comprado ningún boleto de la Primitiva durante aquellos tres días.

PhotobucketComo despedida de la conferencia, los organizadores habían reservado el restaurante de la Queenstown Góndola para aquella noche. La Góndola es una especie de teleférico que te transporta hasta la cima de una colina desde la que hay unas vistas espectaculares sobre la ciudad y el lago. El restaurante es de lo más pijo que se puede encontrar por la zona, con camareros vestidos con pajarita que jamás dejan que tu vaso esté menos de ¾ partes lleno y que aparecen de la nada si descolocas por accidente tu cuchillo para el pescado. Nosotros cinco acabamos sentados en la misma mesa con el representante de ojazos verdes y unos cuantos compañeros más, incluida una estudiante de doctorado suiza que no le quitaba los ojos de encima a Dave (haciéndome a mí un inmenso favor, todo sea dicho… cada vez que miraba a Dave me resultaba imposible quitarme de la cabeza su imagen sentado en el water). El vino rebosaba por doquier y la charla, inicialmente tímida, acabó por derroteros de lo más variopintos. Lily y yo tratábamos infructuosamente de convencer a dos de los camareros de que nos acompañaran después de cenar a salir de bares por Queenstown. Dave intentaba despegarse de la suiza. Los representantes servían más vino a las mujeres de la mesa. Yo me empecé a notar un pelín demasiado contenta, y propuse a la gente continuar la fiesta en un bar algo menos elegante. Nos levantamos todos de la mesa y nos dirigimos a quemar la noche en la capital de la juerga neozelandesa: Queenstown, el único lugar donde los bares no cierran en la madrugada. ¡Qué pasada de noche!

Por mucho que a algunos de vosotros os pueda sorprender, esta menda nunca ha llegado a emborracharse en su vida. Me he puesto contentilla, me he mareado un poco, pero nunca he llegado a perder la memoria, caerme, quedarme dormida en un bar o acabar con la cabeza metida en el wáter echando los hígados. Aparte de que siempre suelo ser la conductora, las veces en que no lo soy parece que tenga una bandera roja en la cabeza, que se alza cuando estoy demasiado cerca de perder el control, a partir de lo cual me dedico sólo a las coca-colas. Aquella noche de Agosto en Queenstown ignoré la bandera roja por primera y única vez en mi vida.

PhotobucketRecuerdo haber descendido en el vagón de la Góndola con Steve hablando de la vez que perdimos la virginidad. Recuerdo habernos dirigido al primer bar y haber bailado hasta el agotamiento. Recuerdo haberle explicado a un camarero cómo preparar uno de mis cacharros favoritos: Baileys con chocolate. Recuerdo habérselo dado a probar y cómo decidió prepararse otro para él. Recuerdo haberme separado del grupo con Steve, haber recorrido otros 4 ó 5 bares bailando con un montón de extraños… y a partir de ahí los recuerdos se vuelven cada vez más nebulosos. En algún momento nos reencontramos con Dave, que aún tenía a la suiza agarrada a su pierna. Creo que consiguió endilgársela a otro. En otro momento, recuerdo a un tío de unos 65 años tratando de darme conversación, y Marcia tratando de ayudarme. Recuerdo que luego se le pegó a ella. Finalmente recuerdo a Steve diciendo que estaba muerto, que se volvía para el apartamento, y yo me uní a él, principalmente porque necesitaba alguien en quién apoyarme para caminar. A mitad de camino, recordamos que la única copia de las llaves la tenía Marcia. Steve quería buscar un albergue para quedarnos y yo dije que de eso nada, que a esas horas no iba a haber nada abierto. Volvimos al apartamento, que quedaba en el quinto pino; tal y como nos imaginábamos, no había nadie dentro y estaba cerrado con llave. Lo intentamos con la puerta trasera, pero nanay. Nos sentamos en la hierba a esperar, pero estábamos los dos tan agotados que nos quedamos dormidos allí mismo, pegados el uno al otro para protegernos contra el frío. La escena debe haber sido de lo más enternecedora.

Recuerdo a Marcia sacudiéndome para despertarme. “¡Menos mal que se nos ocurrió mirar en la parte de atrás, si no os quedáis aquí toda la noche, parejita! Anda que no estáis monos…”. Entramos en el apartamento, donde todos menos Dave habían ya regresado y estaban roncando. Yo me di cuenta de que no iba a ser capaz de subirme a mi litera, y me despatarré en el sofá. “¿Qué haces Pili? Anda, vete para la cama”. “Brnmlgrmlmllll” (que traducido sería: “déjame aquí”). Steve cogió la manta de mi litera, la trajo a la sala de estar y me tapó con ella. Recuerdo haberme sentido conmovida, y haberle dicho algo así como: “Eres un buen amigo, Steve” justo antes de caer redonda. Los demás se fueron a sus literas y todo quedó en silencio durante un rato.

No sabría decir qué hora era cuando Dave regresó, lo que sé es que estaba como mínimo tan afectado como yo. Cuando iba a meterse en su cama en la sala de estar, se dio cuenta de que yo estaba dormida en el sofá. Estiró la mano y me sacudió para despertarme.

“Pili”
“Gmbblblblrrrmmm…’ jame dormir…”
“No tienes por qué quedarte en el sofá…”
“Brml.. toy bien aquí…”
“Te puedes venir conmigo a la cama”
“¿Qué dices Dave? Anda, tío, duérmete… mmmhhhrlbrm…”
“Seguro que te lo pasabas mucho mejor aquí. Y no ibas a pasar nada de frío”
“¿Dave?”
“Dime Pili”
“No estoy tan borracha”
“…”
“Nas noches Dave”

Los recuerdos del resto de aquella noche son más que vagos. Creo que en un momento determinado me levanté para ir al baño. No recuerdo haber vuelto.

PhotobucketA la mañana siguiente abrí con esfuerzo mis ojos legañosos. La boca aún me sabía a alcohol y tenía un leve dolor de cabeza. En el apartamento no se oía una mosca, así que decidí darme la vuelta y seguir roncando un rato más. Agarré la almohada y me dispuse a hacer precisamente eso, cuando de pronto me pregunté… “¿Almohada? No recuerdo ninguna almohada en el sofá”.

Abrí los ojos otra vez. Delante de mí estaba la puerta trasera del apartamento. El sofá estaba junto a la cocina… ¿dónde coño estoy?. Me di la vuelta.

Dave roncaba a menos de 20 cm de distancia.

Photobucket

¡¡¡¡¡¡¡AAAAAARRRGHHHHHHHHHH!!!!!!





¿¿¿Qué cojones hago yo aquí???

Me senté en la cama de un golpe y recorrí instintivamente mi cuerpo con las manos… Aún tenía la ropa puesta… exhalé un suspiro de alivio… al menos no había ocurrido lo peor. Si de algo estaba segura es de que, en el estado en que me encontraba la noche anterior, si algo hubiera pasado yo no habría sido capaz de volver a vestirme.

Me levanté lo más sigilosamente que pude. Dave ni se inmutó. En el sofá aún podía verse la manta desordenada donde yo me había acostado. Me senté y trate de estrujarme el cerebro, pero por mucho que lo intenté no fui capaz de recordar cómo había acabado yo en la cama con Dave.

En la habitación sonó la alarma del móvil de Marcia. Escuché ruidos de cuerpos levantándose. Dave bostezó, se volvió hacia mí, me sonrió enigmáticamente y preguntó: “Qué, ¿qué tal has dormido? No creo que hayas pasado frío”. Guiño de ojo. Yo abrí la boca, pero la cerré cuando Steve entró en la sala. “Hombre, ya estás despierta”. La rutina de la mañana siguió adelante como si nada hubiese ocurrido. Tuve tiempo de dar gracias a las leyes del azar por haberme despertado antes que nadie. Me puedo imaginar el cachondeo si los demás llegan a entrar en la salita para vernos a Dave y a mí juntos en la cama. Las chanzas y chascarrillos habrían durado hasta el infinito, y más allá. ¿Y quién coño me iba a creer cuando dijera que “no había pasado nada”? Joer, ¡¡¡si es que ni yo me habría creído a mí misma!!!

Conseguí mantenerme ocupada preparando las maletas para nuestra partida aquella tarde, pero en cuanto los demás salieron a por los coches y Dave y yo nos quedamos solos durante unos minutos me planté frente a él, titubeé y finalmente conseguí preguntar:

“Estooo… Dave… ¿¿¿qué diablos hacía yo metida en tu cama???”
“Si te digo la verdad, Pili, no tengo ni idea. Sólo recuerdo haberme dormido, y de repente despertar en medio de la noche y verte ahí.”
“Estooo… bueno… y… ya sabes… ¿tú…? ¿yo...? Ehmm…”
“No, jamía, no, no tuve tanta suerte. Parece que te viniste sólo a dormir.”
“¡¡¡Gracias, Dios mío!!! Esto… quería decir… ah bueno… la próxima vez será, jejeje…” Glup.
“No es muy común, no”
“¿Cómo dices?”
“Digo que a veces ocurre que te acuestas con una mujer, y por la mañana ha desaparecido. Pero que ocurra lo contrario es de lo más raro”
“Sí Davey, es que yo soy de lo más original”
“¡A ver, vosotros dos allá adentro!, ¿sacáis vuestras maletas o qué?”
“Esto… ¡sí, ya vamos!”

Y así dejamos Queenstown, en una mañana fría y soleada de invierno, deseando poder quedarnos unos días más por allá.

Nunca llegó a pasar nada entre Dave y yo, a pesar de que él lo intentó alguna que otra vez más desde entonces. Pero como él mismo se encarga de recordarme de vez en cuando: “Vale, pero que conste que una vez nos acostamos juntos”.
 
Comentario:
¡Has vuelto! Y sin avisar...

Ahora... ¿como cojones hago un hueco en la montaña de curro que tengo para ponerme al día de tus historias?

Pues eso... ¡que me alegro de volver a leerte!

Besotes

Lucas

 
Comentario:
Aquí otra chocoholica :P pero nunca lo mezclé con alcohol, manías xD eso sí, mi trocito diario que no me lo quite nadie...que muerdo!!
 
Comentario:
HAS VUELTO!! HAS VUELTO!!

:)

Me alegro mucho.

Ivich
 
Comentario:
ja, ja, ja...
Hace mucho escribía desde mi consulta (sic), ahora desafortunadamente no puedo atenderla. No he perdido sin embargo el gusto por leer algunos diarios.
Un abrazo fuerte.
 
Comentario:
Pili la solución no está en el alcohol!!!jejeje, que luego pasa lo que pasa...
Un beso
 
Comentario:
bibi: el de ojos verdes se vino con nosotros, pero tan pronto lo veía como lo perdía...

miguel: esa es mi teoría también... En casa tengo la cama en la parte derecha de la habitación, junto a la ventana... igual que la de Dave en Queenstown, así que no me extrañaría que al salir del baño medio dormida/borrachilla mi instinto me haya conducido allí.

n1mh: tres hielos en vaso de tubo, baileys hasta cubrir el segundo hielo, y el resto batido de chocolate. Mira que es fácil, y aquí te ponen unos caretos cuando lo pides...

nebulina: es que estás hablando con una chocohólica consumada ;)

Doc: ¿para cuándo tu blog? :) Y sí, una borrachera a los 16 es bastante normal... patético que la primera de las mías ocurriera a los 30...

Morgoth: jomío, ¿qué esperabas? ¿Un robot con 8 patas dirigidas por la fisión del átomo de hidrógeno? De hecho la PCR hace algo muy parecido a la sandwichera: te calienta la muestra cuando tú quieres ;)
 
Comentario:
Hala!!! Has vuelto!

eres real y vuelves a tener tu blog!!!

hoy es un día muy feliz. Vuelves a mi feed.
 
Comentario:
Jejeje

Bueno, parece que Murphy tenía fiebre ese día no??

Por cierto, que desilusión me llevé la primera vez que vi un PCR, parece una sandwichera jeje


Besos!
 
Comentario:
Qué gracioso. Yo recuerdo la única borrachera de mi vida, con 16 años, enamorado hasta las trancas, en una ciudad que no era ni la mía ni la suya, sin un duro, sin documentos ni zapatos (me los robaron en la estación, al quedarme dormido)...
Desde entonces mi citocromo p450 ha decidido ser 99% abstemio. No me deja pasar de la segunda copa de cabernet sauvignon.
Un beso, esperamos más novedades.
 
Comentario:
xDD
Por cierto, con chocolate no lo probé, pero con vainilla..me encanta^^
Un besazo!
 
Comentario:
¿Baileis con chocolate? ¡¡¡Necesito esa receta!!!


Por cierto, no creo que sea tan traumático ;).

saludos,
n1mh
 
Comentario:
Aichs, que potito... Amigos así valen un huevo!

Me imagino que después del ir al baño te irías por tu propio pie a la cama de Dave, a saber por qué extraño mecanismo cerebral decidiste al salir del baño que eso era lo que tenías que hacer, ja ja ja (en serio, alguna vez me ha pasado estando medio dormido o medio 'contento' lo de 'pensar' algo, y cuando recupero la lucided y recuerdo lo que 'pensé' me digo: tío, vaya gilipollez que pensaste!)
 
Comentario:
y el chico de ojos verdes? el no fue a los antros?

me quedé intrigada...

bueno veo que cerraste bien el viaje... es lo mejor =)

saludos!!
No