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GUEIL DAI MAZ
Energía
Sindicación
 
Ciudad del Muñón


Los viejos se cortan las venas en el andén de la estación, a tu paso por la ciudad del Muñón.

Cuando yo era niño no quería ir a la escuela y le decía a mi mamá que era porque estaba enamorado de ella. Decía:

-Mamá, tu piel suave me hace sentir diferente, seguro de algo que no se que es, seguro de algo que vale la pena.

En el instituto los niños empezaban a crecer, yo no superaba el medio metro. Y cuando volvía a casa mi mamá me preguntaba por pitillos y por dedos amarillos, la pobre mujer no se daba cuenta de que su hijo, además de tomar pastillas, se las tragaba dobladas en la hora del recreo.
Ese año mi abuelo se corto las venas en el andén de una estación de metro. La estación de ferrocarril había cerrado.

Mi vecina tomaba leche podrida, tenía 7 hijos y su marido enfadado golpeaba la mesa porque no tenía espacio. Pero ella no le hacia caso, era miércoles y dedicaba siempre este día de la semana a quitarse toda la mierda que acumulaba entre los dedos de los pies. Mi vecina adoraba las sandalias.

En mi clase de bachiller había un chico al que todos llamábamos maricón, yo también le llamaba maricón. Todos los niños le escupían y por el pasillo le decían al ritmo de las hostias que le arreaban en la cabeza:

-¡MARICÓN, MARICÓN, no te atreves a besar a la mujer que quieres en la ciudad del Muñón!

Mi primera novia se llamaba Dulcinea. Le encantaba jugar, nunca tenía tiempo para mirar los escaparates con plumas orientales. Siempre comía gofres con sirope de chocolate. Todavía esta sentada en algún parque esperando un nuevo juego.

Aquí estoy yo, iluminado por las luces de la noche y esperando a matar a un tipo que seguramente también tuvo un abuelo, que como el mío, se corto las venas en el andén de la estación. Está llorando y me enseña las fotos de su familia que guarda en la cartera: su mujer se parece a mi madre, su hija se parece a Dulcinea y su hijo se parece a mí.

Ya está, ya lo he matado. Con el dinero de su cartera he pagado la habitación del hotel donde estábamos y me he comprado un gofre, solo, sin chocolate. He decidido que me voy, no tengo tiempo de despedirme, ni de hacer la maleta. De camino a la estación me acuerdo de dos cosas: la primera es que la estación ya no funciona y la segunda es que tu estás en la ciudad. Así que lo aprovecharé.

Llévame y que todo continúe a nuestro paso por la ciudad del Muñón.


Relato de juventud escrito por Gueil Dai Maz durante su etapa universitaria. Este relato fue presentado junto a otros dos (“El niñoniña”, y “Papá, llévame al circo”) ante el comité de admisiones del grupo literario de su Facultad, “El Hilo Azul”. Su entrada fue denegada alegando uno de los miembros del comité (no se sabe con certeza si este era hombre o mujer, no por que tuviera alguna ambigüedad sexual, es más bien una cuestión de memoria), “Si usted quiere vomitar con nosotros puede acompañarnos los viernes por la noche, día de la semana que dedicamos a beber absenta. En cuanto a la escritura, cuando termine de expulsar toda esa mierda que tiene en la cabeza debería buscar un cursillo; por cierto yo si fuera usted empezaría por uno de caligrafía”.

Gueil Dai Maz sigue escribiendo aunque ahora centra todos sus esfuerzos en la Energía.
 
Gueil Dai Maz


“La mosca debería reinar (y reinará) en la tierra, pues es el único ser de este planeta que nunca se quedará sin comida.
Y lo único en este mundo que me hace sentir como una mosca es la Energía.”
Luis Rivera Martes, 20 Septiembre 2005 19:22.

Fieles de la Energía, hoy 20 de noviembre de 2005 me presento a ustedes. Soy el nuevo líder, soy el maestro que aprendió de los maestros, soy el hombre que desde el centro de su ser intentará hacer grande nuestro mundo, porque la Energía es necesaria, porque todos la necesitan; por todo esto yo, Luis Rivera, abandono mi antigua persona para renacer como Gueil Dai Maz.
Esta será mi imagen y este será mi lema: ENERGÍA NUESTRA NUEVA ERA.
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