A mis 31
Cómo el Correcaminos atravesando el desierto, levantando una efímera polvareda siendo el único indicio de que por ahí pasó cómo un rayo…algo, bip bip!!. Así ha sido este último año para mí, me pongo en los 31, esta vez con la oportunidad de repasar el año con una simple lectura de este pañuelo escrito.
Idas y venidas, amores y desamores, trabajo, fatigas, juergas y pamplinas que han pasado por mis sentidos cómo el zumbido de un Fórmula 1 pasando por la recta de meta.

Amistad, novedades, resurrecciones, acercamientos, alejamientos, consolidaciones, rescisiones de contrato.
Amor, negativo, nulo, insípido, fugaz.
Trabajo, altos, bajos, palmaditas, collejas, ilusiones, proyectos, cansancio.
Dinero, ardiendo, sufriendo, recuperando, derrochando, saliendo, entrando, baches no hoyos.
Todo mezclado, a veces cóctel demasiado cargado que atragantaba y dejaba mala resaca, a veces chupito corto que entraba cómo un estoque.

Sensación extraña de haber corrido mucho, de haber vivido muy deprisa, de haber avanzado demasiado, tanto tanto, que cuando paras y miras a tu alrededor estás justo en la casilla de salida cómo si del juego de la oca se tratara.
Seguiré esperando sin sentarme, seguiré jugando a vivir, seguiré luchando por ser uno de los privilegiados que se suben al podium de la felicidad, aunque ésta sea relativa.
Sueños, siempre sueños, que si se convirtieran en realidad perderían la magia, objetivos que dejan de serlo cuando llegas a ellos, ilusiones que se desvanecerían si fueran verdad, pero que siempre buscamos, sueños, objetivos e ilusiones que pierden su esencia si se consiguen, pero que todos deseamos, yo el primero.
Idas y venidas, amores y desamores, trabajo, fatigas, juergas y pamplinas que han pasado por mis sentidos cómo el zumbido de un Fórmula 1 pasando por la recta de meta.

Amistad, novedades, resurrecciones, acercamientos, alejamientos, consolidaciones, rescisiones de contrato.
Amor, negativo, nulo, insípido, fugaz.
Trabajo, altos, bajos, palmaditas, collejas, ilusiones, proyectos, cansancio.
Dinero, ardiendo, sufriendo, recuperando, derrochando, saliendo, entrando, baches no hoyos.
Todo mezclado, a veces cóctel demasiado cargado que atragantaba y dejaba mala resaca, a veces chupito corto que entraba cómo un estoque.

Sensación extraña de haber corrido mucho, de haber vivido muy deprisa, de haber avanzado demasiado, tanto tanto, que cuando paras y miras a tu alrededor estás justo en la casilla de salida cómo si del juego de la oca se tratara.
Seguiré esperando sin sentarme, seguiré jugando a vivir, seguiré luchando por ser uno de los privilegiados que se suben al podium de la felicidad, aunque ésta sea relativa.
Sueños, siempre sueños, que si se convirtieran en realidad perderían la magia, objetivos que dejan de serlo cuando llegas a ellos, ilusiones que se desvanecerían si fueran verdad, pero que siempre buscamos, sueños, objetivos e ilusiones que pierden su esencia si se consiguen, pero que todos deseamos, yo el primero.
Sensaciones
Retorno a una adolescencia sin acné, a juergas sin minis, a niñas sin prótesis dental, a alcohol de marca, a garitos sin vomitonas, diferente pero no distinta. Volver a vivir los 20 con 30, con un cuerpo que ya no aguanta dos días seguidos de fiesta, etapa de mi vida que está entre el amor y el odio, sarna que aún con gusto me pica.
El pasado, prisión de máxima seguridad que no me deja huir, me da rienda suelta hasta que tira de la cuerda atada al collar de mi cuello y me hace a caer.
Estos días han dado un nuevo zarpazo, han vuelto a demostrarme que no soy libre, que no lo soy por que no quiero yo, por que sicológicamente me agarro a mi pasado, a mis recuerdos, a mis momentos, a mis gulpiyuris vividos.
Primero fue Fergó, informándome de que venderían su casa del pueblo, ese único nexo de unión entre ella y yo, ese lugar donde los recuerdos tienen olor, mi niñez, mi juventud, mis mejores momentos vividos, vividos con ella. Entrar por su estrecha carretera, bajar las ventanillas del coche, oler su tierra mojada y pensar en la posibilidad de que ella pueda estar ahí, a pocos metros. Pasear sin sentido por sus empinadas calles, ir a beber a la fuente su helada agua sin tener sed, buscando su silueta en cada esquina con la esperanza de que la casualidad vuelva a darme la oportunidad de abrazarla.

No me lo imagino sin ella, me da miedo que todo lo que sentía allí desaparezca. Quizás siga sintiendo lo mismo, quizás siga con esa sensación de que me la voy a encontrar en cualquier momento, quizás los recuerdos me vuelvan tan loco que piense que ella sigue ahí y que en cualquier momento puedo sentirla.
Mi desorden es de sobra conocido, mi madre tiene una lucha particular con eso, pues sin que ella me lo pidiera y aún no sé por qué, me puse a colocar y a reciclar el calzado que aún tengo en su casa. Entre cajas rotas y calzado que ya ni me vale (creo que mi pie dejó de crecer hace muchos años), encontré un álbum de fotos de mi hermana, la curiosidad mató al gato, había fotos nuestras, fotos de Fergó y mías que me recordaron cómo brillaban mis ojos a su lado y cómo lo hacían los suyos, esa sensación de no haberme separado nunca de ella. Si sigo, podría escribir un libro monotemático.
Por su parte Fonda, que no podía ser menos, tenía que punzar un poquito más mi corazón. El Messenger, dichoso avance tecnológico que nos permite hablar on line con nuestros contactos. Hola mini yo….cómo estás bichito!!! su saludo no me hacía presagiar sus próximas noticias. No sé por que me dio por volver a pedirle que si estuviera con alguien, me gustaría enterarme por ella. Es una sensación que me recorría en el cuerpo desde hacía tiempo y zas!! Cómo me dijo ella, no creo que esta sea la mejor forma de decirlo, pero sí, estoy con alguien. BOOM!!
La sangre empezó a burbujear, el Pirrakas demonio se apoderó de mí y despotricar contra ella fue poco. Ella no lo entendía, se sentía ofendida, nunca ha entendido nada, no sabe lo que es amar, respetar y tener un mínimo de sentimientos hacia alguien que lo ha dado todo o casi todo por ella.

No sé hasta que punto era justo lo que le dije, pero me despaché a gusto. Cuando ya no estábamos juntos y sin embargo actuábamos cómo si así fuera, ella justificaba la situación con que era feliz cómo estaba, sin tener que rendirle cuentas a nadie, pudiendo desarrollar su vida cómo ella quisiera, ahora me voy a EEUU ahora aquí, ahora allí. Por eso no estábamos juntos, incluso llegué a entenderla. Cuando me enteré de su nueva adquisición, me di cuenta de una mentira más.
La desee que no la hicieran el mismo daño que ella me hizo a mí, mentira, ojala sepa lo que es que jueguen con tu vida. Sé que no debería decirlo, pero es lo que siento.
Un largo puente, tiempo para el descanso derrochado y sensaciones de todos los colores ayudando a que mi cabeza no deje de dar vueltas por el mundo de la confusión. Kili cómo mi principal compañero de fatigas, más Romeo, Grandullón, Divi, Culé y alguno/a que otro/a más. Fiesta, alcohol, resacas, hacían que el día siguiente fuera de reflexión, de plantearse cambiar mi modo de vida y dejar los 20 años y regresar a mis casi 31. Incluso llegué a discutir dos días distintos con Kili, ¿sobre que? aún no le encontramos respuesta, chiquilladas de niños de 15 años. Está claro que aunque somos prácticamente almas gemelas, tenemos muchas ideas y conceptos totalmente diferentes y si es el alcohol recorre nuestras venas, las diferencias se acentúan. El sábado Culé me dijo una verdad cómo un puño, “Yo soy tu hermano, pero Kili es tu mejor amigo.” Amén.
En este cóctel de sensaciones metemos los momentos que he pasado con la pequeña Patri, ejerciendo de tío cómo nunca, y riéndome con ella al ver que empieza a razonar las cosas, su ya manido ¿y por qué? a todo y su triunfo de aprender a decir el nombre del color de la esperanza, ya sabe que no es leve sino verde, incluso canta lo de verde que te quiero verde. Es para comérsela, si escribiera en papel estaría empapado de babas.
Entre toda esta marabunta de cosas, sensaciones y personas, el bichito de la soledad volvió a recorrer mi cuerpo, le odio.

El pasado, prisión de máxima seguridad que no me deja huir, me da rienda suelta hasta que tira de la cuerda atada al collar de mi cuello y me hace a caer.
Estos días han dado un nuevo zarpazo, han vuelto a demostrarme que no soy libre, que no lo soy por que no quiero yo, por que sicológicamente me agarro a mi pasado, a mis recuerdos, a mis momentos, a mis gulpiyuris vividos.
Primero fue Fergó, informándome de que venderían su casa del pueblo, ese único nexo de unión entre ella y yo, ese lugar donde los recuerdos tienen olor, mi niñez, mi juventud, mis mejores momentos vividos, vividos con ella. Entrar por su estrecha carretera, bajar las ventanillas del coche, oler su tierra mojada y pensar en la posibilidad de que ella pueda estar ahí, a pocos metros. Pasear sin sentido por sus empinadas calles, ir a beber a la fuente su helada agua sin tener sed, buscando su silueta en cada esquina con la esperanza de que la casualidad vuelva a darme la oportunidad de abrazarla.

No me lo imagino sin ella, me da miedo que todo lo que sentía allí desaparezca. Quizás siga sintiendo lo mismo, quizás siga con esa sensación de que me la voy a encontrar en cualquier momento, quizás los recuerdos me vuelvan tan loco que piense que ella sigue ahí y que en cualquier momento puedo sentirla.
Mi desorden es de sobra conocido, mi madre tiene una lucha particular con eso, pues sin que ella me lo pidiera y aún no sé por qué, me puse a colocar y a reciclar el calzado que aún tengo en su casa. Entre cajas rotas y calzado que ya ni me vale (creo que mi pie dejó de crecer hace muchos años), encontré un álbum de fotos de mi hermana, la curiosidad mató al gato, había fotos nuestras, fotos de Fergó y mías que me recordaron cómo brillaban mis ojos a su lado y cómo lo hacían los suyos, esa sensación de no haberme separado nunca de ella. Si sigo, podría escribir un libro monotemático.
Por su parte Fonda, que no podía ser menos, tenía que punzar un poquito más mi corazón. El Messenger, dichoso avance tecnológico que nos permite hablar on line con nuestros contactos. Hola mini yo….cómo estás bichito!!! su saludo no me hacía presagiar sus próximas noticias. No sé por que me dio por volver a pedirle que si estuviera con alguien, me gustaría enterarme por ella. Es una sensación que me recorría en el cuerpo desde hacía tiempo y zas!! Cómo me dijo ella, no creo que esta sea la mejor forma de decirlo, pero sí, estoy con alguien. BOOM!!
La sangre empezó a burbujear, el Pirrakas demonio se apoderó de mí y despotricar contra ella fue poco. Ella no lo entendía, se sentía ofendida, nunca ha entendido nada, no sabe lo que es amar, respetar y tener un mínimo de sentimientos hacia alguien que lo ha dado todo o casi todo por ella.

No sé hasta que punto era justo lo que le dije, pero me despaché a gusto. Cuando ya no estábamos juntos y sin embargo actuábamos cómo si así fuera, ella justificaba la situación con que era feliz cómo estaba, sin tener que rendirle cuentas a nadie, pudiendo desarrollar su vida cómo ella quisiera, ahora me voy a EEUU ahora aquí, ahora allí. Por eso no estábamos juntos, incluso llegué a entenderla. Cuando me enteré de su nueva adquisición, me di cuenta de una mentira más.
La desee que no la hicieran el mismo daño que ella me hizo a mí, mentira, ojala sepa lo que es que jueguen con tu vida. Sé que no debería decirlo, pero es lo que siento.
Un largo puente, tiempo para el descanso derrochado y sensaciones de todos los colores ayudando a que mi cabeza no deje de dar vueltas por el mundo de la confusión. Kili cómo mi principal compañero de fatigas, más Romeo, Grandullón, Divi, Culé y alguno/a que otro/a más. Fiesta, alcohol, resacas, hacían que el día siguiente fuera de reflexión, de plantearse cambiar mi modo de vida y dejar los 20 años y regresar a mis casi 31. Incluso llegué a discutir dos días distintos con Kili, ¿sobre que? aún no le encontramos respuesta, chiquilladas de niños de 15 años. Está claro que aunque somos prácticamente almas gemelas, tenemos muchas ideas y conceptos totalmente diferentes y si es el alcohol recorre nuestras venas, las diferencias se acentúan. El sábado Culé me dijo una verdad cómo un puño, “Yo soy tu hermano, pero Kili es tu mejor amigo.” Amén.
En este cóctel de sensaciones metemos los momentos que he pasado con la pequeña Patri, ejerciendo de tío cómo nunca, y riéndome con ella al ver que empieza a razonar las cosas, su ya manido ¿y por qué? a todo y su triunfo de aprender a decir el nombre del color de la esperanza, ya sabe que no es leve sino verde, incluso canta lo de verde que te quiero verde. Es para comérsela, si escribiera en papel estaría empapado de babas.
Entre toda esta marabunta de cosas, sensaciones y personas, el bichito de la soledad volvió a recorrer mi cuerpo, le odio.






