¿Mereces la pena?
Lo que más me duele no es tu silencio, ni siquiera tus vacíos, ni tus malos gestos, lo que más me duele es que no seas capaz de darme la oportunidad de explicarme, hasta los asesinos tienen el derecho a defenderse. Esto no es un juicio y lo que hay en juego es una amistad, una amistad que cada día que pasa veo que merece menos la pena mantener, espero que seas capaz de demostrarme que no es así y que el nudo que se me hace en el estómago cada vez que paso delante tuyo, tiene su sentido, si no es así...no esperes verme arrastrándome por el suelo, no lo haré, ya he luchado lo que creo que merece la pena luchar.
No sé si tu actitud hacia mí, te impide ser capaz de leer estas letras que escribo de vez en cuando y que en el día de hoy te dedico a tí, necesitaba decirlo y ya que no me has dejado hablarte a los ojos, quizás por que sabes que no llevas toda la razón, lo hago aquí, así me quito el pequeño peso que tenía encima.
No me siento culpable por nada, sólo sé que me equivoqué al compadrear con alguién que no merece ni mi hombro. Un buen rollo momentáneo, una exaltación de amistad que sólo unas copas fueron capaces de hacer. Cambié complicidad por traición y egoísmo, palmaditas por puñales en la espalda. Basada su defensa en el valor de lo que él se juega, yo me he jugado y he perdido tu amistad, mucho más valioso que mantener a una cornuda múltiple en la ignorancia de las aficciones nocturnas de su novio perfecto.
Justificación basada en Barceló con Coca-cola que no sirve a nadie, pero que no podemos quitarle el mérito de tener poderes desinibidores que te hacen decir cosas que en otro estado no dirías.

Aún así, aún siendo el primero que me gustaría que ésta situación no existiera y que la amistad y complicidad que teníamos siguiera intacta, creo que el castigo es excesivo en relación con el delito de contar a alguién que sabía lo que él había hecho, sin incluir a terceros.
Creo que es un delito del cual tú misma no podrías tirar la primera piedra.
Si sabes valorar, valora, si sabes escuchar, escucha, de momento no has sabido o más bien no has querido.
He tenido situaciones en la vida que me han enseñado a reirme de las preocupaciones por cosas así, situaciones que te hacen darle la importancia a lo que se lo merece realmente.
En tus manos está.
No sé si tu actitud hacia mí, te impide ser capaz de leer estas letras que escribo de vez en cuando y que en el día de hoy te dedico a tí, necesitaba decirlo y ya que no me has dejado hablarte a los ojos, quizás por que sabes que no llevas toda la razón, lo hago aquí, así me quito el pequeño peso que tenía encima.
No me siento culpable por nada, sólo sé que me equivoqué al compadrear con alguién que no merece ni mi hombro. Un buen rollo momentáneo, una exaltación de amistad que sólo unas copas fueron capaces de hacer. Cambié complicidad por traición y egoísmo, palmaditas por puñales en la espalda. Basada su defensa en el valor de lo que él se juega, yo me he jugado y he perdido tu amistad, mucho más valioso que mantener a una cornuda múltiple en la ignorancia de las aficciones nocturnas de su novio perfecto.
Justificación basada en Barceló con Coca-cola que no sirve a nadie, pero que no podemos quitarle el mérito de tener poderes desinibidores que te hacen decir cosas que en otro estado no dirías.

Aún así, aún siendo el primero que me gustaría que ésta situación no existiera y que la amistad y complicidad que teníamos siguiera intacta, creo que el castigo es excesivo en relación con el delito de contar a alguién que sabía lo que él había hecho, sin incluir a terceros.
Creo que es un delito del cual tú misma no podrías tirar la primera piedra.
Si sabes valorar, valora, si sabes escuchar, escucha, de momento no has sabido o más bien no has querido.
He tenido situaciones en la vida que me han enseñado a reirme de las preocupaciones por cosas así, situaciones que te hacen darle la importancia a lo que se lo merece realmente.
En tus manos está.





