Ganar perdiendo
Contradictorio ¿verdad?, a simple vista parece imposible que se gane algo a la vez que se pierde, al menos léxicamente. Cómo todo, tiene su explicación y su razón de ser.
Llevaba…ufff!!! la verdad es que ni me acuerdo, debería revisar este blog para acordarme, pero vamos muchos meses sin hablarme, sin dirigirme la palabra, sin contestar a mis correos, a mis sms. VRP, esa que creí mi amiga durante un tiempo hasta que metí la pata, por mi culpa por mi culpa por mi gran culpa. No hubo perdón, no hubo ni oportunidad de explicación ni tiempo para las disculpas.
El jueves pasado, haciendo tiempo en el ciber mientras Romeo llegaba de currar y se cambiaba, saltó en mi Messenger, yo ya había conseguido ignorarla, pasaba delante de ella o ella delante mío y éramos columnas a los ojos del otro. Un nuevo intento, un “try again”, insert coint y empecé a intentar que me hablara, la escribí….
¿Hola?
¿Cuanto tiempo vas a seguir sin hablarme?
¿tanto daño te hecho para que mantengas esta situación tan incómoda?
¿tan malo soy?No llegó contestación.
Estando ya con Romeo en nuestras copas habituales de los jueves, le mandé un sms, insistiendo en que había que arreglar esta situación tan penosa ya que afectaba a gente que está a nuestro alrededor.
Y contestó. El sms que me llegó me abrió los ojos, me dijo que dejara de hacerme la víctima, que sabe de qué pie cojeo, que no sabía el daño que podría a llegar a hacer, que no quería arreglar nada conmigo.

Justo me dice todo esto la semana que me he volcado con dos amigos míos que estaban con problemas, me hacía gracia, no digo que sea la mejor persona del mundo, pero sé por quiénes me rodean o me dejo rodear que mala persona no soy.
Me di cuenta que esta susodicha persona no merece la pena ni gastar en un mensaje, ella tiene su verdad y yo la mía, usaremos la ya manida frase Dios proveerá.
Y eso es, pierdo definitivamente una ilusión de amistad y gano en tranquilidad, tranquilidad de saber que el que no me hable es lo mejor que me ha podido pasar, que no merece que la hable, que no merece tener un amigo cómo yo, que no merece.
No diré que es una pena, es un alivio.
Llevaba…ufff!!! la verdad es que ni me acuerdo, debería revisar este blog para acordarme, pero vamos muchos meses sin hablarme, sin dirigirme la palabra, sin contestar a mis correos, a mis sms. VRP, esa que creí mi amiga durante un tiempo hasta que metí la pata, por mi culpa por mi culpa por mi gran culpa. No hubo perdón, no hubo ni oportunidad de explicación ni tiempo para las disculpas.
El jueves pasado, haciendo tiempo en el ciber mientras Romeo llegaba de currar y se cambiaba, saltó en mi Messenger, yo ya había conseguido ignorarla, pasaba delante de ella o ella delante mío y éramos columnas a los ojos del otro. Un nuevo intento, un “try again”, insert coint y empecé a intentar que me hablara, la escribí….
¿Hola?
¿Cuanto tiempo vas a seguir sin hablarme?
¿tanto daño te hecho para que mantengas esta situación tan incómoda?
¿tan malo soy?No llegó contestación.
Estando ya con Romeo en nuestras copas habituales de los jueves, le mandé un sms, insistiendo en que había que arreglar esta situación tan penosa ya que afectaba a gente que está a nuestro alrededor.
Y contestó. El sms que me llegó me abrió los ojos, me dijo que dejara de hacerme la víctima, que sabe de qué pie cojeo, que no sabía el daño que podría a llegar a hacer, que no quería arreglar nada conmigo.

Justo me dice todo esto la semana que me he volcado con dos amigos míos que estaban con problemas, me hacía gracia, no digo que sea la mejor persona del mundo, pero sé por quiénes me rodean o me dejo rodear que mala persona no soy.
Me di cuenta que esta susodicha persona no merece la pena ni gastar en un mensaje, ella tiene su verdad y yo la mía, usaremos la ya manida frase Dios proveerá.
Y eso es, pierdo definitivamente una ilusión de amistad y gano en tranquilidad, tranquilidad de saber que el que no me hable es lo mejor que me ha podido pasar, que no merece que la hable, que no merece tener un amigo cómo yo, que no merece.
No diré que es una pena, es un alivio.





