Doña Inés del Alma mía
Aunque parezca todo lo contrario, hacía mucho tiempo que no me sentía tan atraído así por una mujer. Sí, quizás McDowell se pareciera mucho a esta sensación, pero no sé por qué no es lo mismo, no sé si es más o menos, pero es diferente.
La verdad es que son casos muy similares, las dos llegaron de repente a mi vida, fruto de una casualidad y el feeling mutuo fue muy fuerte desde el primer momento.
Sólo espero que éste caso no acabe cómo el de McDowell, que precisamente hace unos días la vi y estoy seguro que ella me vio a mí, en un Irish Pub con su “chico” y no nos saludamos, triste, pero tenía que ser así por evitar males mayores.
Esto es más de película, en esas en las que hay una cantante y entre el público un hombre que se vuelve loco por su voz, por sus gestos, por ella. Sonrío al pensar, que de la única película que realmente me acuerdo es Torrente II cuando Santiago Segura babea mirando a Inés Sastre, bueno, pues no!! esa no es la idea.
Ella canta en el grupo del garito que últimamente se ha convertido en nuestro local habitual. Ya la había visto más veces, ya la había oído más veces, pero hará un par de semanas y no sé por qué, me fijé especialmente y me encantó, hubiera dado lo que fuera en ese momento por tomarme una copa con ella. Justo una semana después, el hada madrina me tocó con su varita mágica y me susurró al oído “deseo concedido”.
Los limones y el demacrado Antonio Vega tocaban en “La botellita de Serrano”, ¿por que no? puede estar bien. Habíamos quedado con Ramón, el guitarra de Los Secretos y allí estaba, hablando con dos chicas y la vi, una de ellas era mi Inés Sastre. No dudé en hablar con ella, presentarme, aquí se acaba todo posible parecido a Torrente II. Cómo por arte de magia, Ramón, la otra chica, Inés y yo nos quedamos solos, el resto del grupo se había esfumado, me daba igual.

Hasta las 5 y media de la mañana con ella, tomando copas, riéndome cómo hacía mucho que no me reía con una mujer, vacile por aquí, vacile por allá. Entre medias más momentos de buena música, en el Honky Tonk, donde en directo tocaban la Musicalité, grupo que me gusta bastante, no les hice ni caso, sólo me importaba ella.
Tenía su teléfono, tenía su sonrisa, tenía sus ojos, tenía unas ganas tremendas de volver a saber de ella y no había ni llegado aún a casa.
Al día siguiente era viernes, día en el que tocaba su banda en el garito, el plan estaba claro. Volví a compartir con ella unas horas, unas risas, más acercamiento y sobre todo ese “eres especial” que me regaló, terminó por volverme loco. Una cita, una cena, los dos solos salió de esa noche, esto tiene buena pinta.
Cómo no, mi falta de eso que llaman paciencia, volvió a hacer de las suyas y varios fueron los sms que le llegaron desde mi móvil. El consejo que sabiamente me dio Kili ayer, me lo podía haber dado antes, muestra tus encantos y no tus intenciones. Mis encantos, si es que los tengo, se los demostré siendo yo mismo, pero mis intenciones también, me encanta y así se lo hice saber. A veces me pregunto si la sinceridad no me la puedo meter de vez en cuando por el mismísimo culo!!!
Al día siguiente Kili y yo llegamos a altas horas ya al garito, ella nunca está allí a esas horas y menos un sábado, pues éste día sí, un cumpleaños tenía la culpa. Me vio, vino y me dio un abrazo que todavía me sabe. Después de unas breves risas, ella hizo lo normal, volver con la gente que estaba y seguir celebrando el cumpleaños. Kili se ponía malo, no entendía por que no volvió a hacerme caso en toda la noche, yo lo veía lógico o lo que quería era darle una explicación, disculparla de algún modo.
Algún sms más, nunca fuera de tono, nunca nada de lo que me tuviera que arrepentir. Dejó de contestarme, un día, dos, el tercero no pude más y la llamé para confirmar la cita de éste jueves, no me lo cogía, una, dos, lo siguiente fue un sms suyo diciéndome que no podía hablar ni quedar, todo en el mismo lote. Todo se me vino abajo, sobre todo el ánimo.
Así que aquí estoy de nuevo, con una mujer permanente en mi mente, pensando en que todos los sms que me llegan son de ella y luego no lo son, con el móvil en la mano pensando en si le mando uno más o no, sin saber si tendré la oportunidad de mostrarle esos encantos que se me suponen o si ya, en tan sólo unos días, ella ha decidido que no, que el juego ha llegado al GAME OVER.
¿Alguién dudaba de que esto no tendría final feliz?
Yo ya no creo en la mala suerte.
La verdad es que son casos muy similares, las dos llegaron de repente a mi vida, fruto de una casualidad y el feeling mutuo fue muy fuerte desde el primer momento.
Sólo espero que éste caso no acabe cómo el de McDowell, que precisamente hace unos días la vi y estoy seguro que ella me vio a mí, en un Irish Pub con su “chico” y no nos saludamos, triste, pero tenía que ser así por evitar males mayores.
Esto es más de película, en esas en las que hay una cantante y entre el público un hombre que se vuelve loco por su voz, por sus gestos, por ella. Sonrío al pensar, que de la única película que realmente me acuerdo es Torrente II cuando Santiago Segura babea mirando a Inés Sastre, bueno, pues no!! esa no es la idea.
Ella canta en el grupo del garito que últimamente se ha convertido en nuestro local habitual. Ya la había visto más veces, ya la había oído más veces, pero hará un par de semanas y no sé por qué, me fijé especialmente y me encantó, hubiera dado lo que fuera en ese momento por tomarme una copa con ella. Justo una semana después, el hada madrina me tocó con su varita mágica y me susurró al oído “deseo concedido”.
Los limones y el demacrado Antonio Vega tocaban en “La botellita de Serrano”, ¿por que no? puede estar bien. Habíamos quedado con Ramón, el guitarra de Los Secretos y allí estaba, hablando con dos chicas y la vi, una de ellas era mi Inés Sastre. No dudé en hablar con ella, presentarme, aquí se acaba todo posible parecido a Torrente II. Cómo por arte de magia, Ramón, la otra chica, Inés y yo nos quedamos solos, el resto del grupo se había esfumado, me daba igual.

Hasta las 5 y media de la mañana con ella, tomando copas, riéndome cómo hacía mucho que no me reía con una mujer, vacile por aquí, vacile por allá. Entre medias más momentos de buena música, en el Honky Tonk, donde en directo tocaban la Musicalité, grupo que me gusta bastante, no les hice ni caso, sólo me importaba ella.
Tenía su teléfono, tenía su sonrisa, tenía sus ojos, tenía unas ganas tremendas de volver a saber de ella y no había ni llegado aún a casa.
Al día siguiente era viernes, día en el que tocaba su banda en el garito, el plan estaba claro. Volví a compartir con ella unas horas, unas risas, más acercamiento y sobre todo ese “eres especial” que me regaló, terminó por volverme loco. Una cita, una cena, los dos solos salió de esa noche, esto tiene buena pinta.
Cómo no, mi falta de eso que llaman paciencia, volvió a hacer de las suyas y varios fueron los sms que le llegaron desde mi móvil. El consejo que sabiamente me dio Kili ayer, me lo podía haber dado antes, muestra tus encantos y no tus intenciones. Mis encantos, si es que los tengo, se los demostré siendo yo mismo, pero mis intenciones también, me encanta y así se lo hice saber. A veces me pregunto si la sinceridad no me la puedo meter de vez en cuando por el mismísimo culo!!!
Al día siguiente Kili y yo llegamos a altas horas ya al garito, ella nunca está allí a esas horas y menos un sábado, pues éste día sí, un cumpleaños tenía la culpa. Me vio, vino y me dio un abrazo que todavía me sabe. Después de unas breves risas, ella hizo lo normal, volver con la gente que estaba y seguir celebrando el cumpleaños. Kili se ponía malo, no entendía por que no volvió a hacerme caso en toda la noche, yo lo veía lógico o lo que quería era darle una explicación, disculparla de algún modo.
Algún sms más, nunca fuera de tono, nunca nada de lo que me tuviera que arrepentir. Dejó de contestarme, un día, dos, el tercero no pude más y la llamé para confirmar la cita de éste jueves, no me lo cogía, una, dos, lo siguiente fue un sms suyo diciéndome que no podía hablar ni quedar, todo en el mismo lote. Todo se me vino abajo, sobre todo el ánimo.
Así que aquí estoy de nuevo, con una mujer permanente en mi mente, pensando en que todos los sms que me llegan son de ella y luego no lo son, con el móvil en la mano pensando en si le mando uno más o no, sin saber si tendré la oportunidad de mostrarle esos encantos que se me suponen o si ya, en tan sólo unos días, ella ha decidido que no, que el juego ha llegado al GAME OVER.
¿Alguién dudaba de que esto no tendría final feliz?
Yo ya no creo en la mala suerte.





