II C.R.E.
Desde que cogimos el testigo de la Abuela y la Moles, los cuatro del consejo llevábamos devanándonos los sesos a diario para que el II C.R.E. fuera inolvidable para cualquiera que se atreviera a participar en él.
Kili, Romeo, Grandullón y Pirrakas, un consejo rector que lo primero que ha reconocido por encima de todo, que el trabajo realizado durante la preparación y las horas invertidas, lejos de ser algo pesado y molesto, ha sido increíblemente divertido y nos ha hecho disfrutar cómo auténticos enanos.
Todos hemos aportado ideas, remates de ideas y hemos puesto nuestro granito de arena para que el II C.R.E. saliera cómo finalmente salió, simplemente perfecto.
24 personas, 20 congresistas y 4 miembros del consejo, un paraje idílico al lado de un “lago” y todos con una única intención, pasarlo en grande.
La llegada se la complicamos, salían de sus casas sin tener ni idea de cual sería el destino, sólo una carta cómo primera pista, después un Duende y luego un Ogro, les ayudarían a llegar al destino.
Era alucinante ver cómo 24 personas o personajes de más de 30 años casi todos, se ponían a bailar y saltar cada vez que sonaba esa preciosa melodía....
TÍGRES, LEONES, TODOS QUIEREN SER LOS CAMPEONES....
No hubo que lastimar excesivas pérdidas o desvíos del itinerario, algún que otro equipo dio más vuelta de lo normal, pero todos llegaron a la cena con una sonrisa en la boca. No descartábamos que la idea pudiera despertar el mal humor de alguno que otro.
La primera noche fueron juegos ligeros y de andar por casa, películas o personaje secreto que no salió del todo cómo lo habíamos planeado. Alguna metía la pata cada vez que abría la boca, el desconocimiento de los juegos y el alcohol injerido eran sus excusas, paso palabra.
Luego llegó la fiesta, esto no hubo que prepararlo, somos lo suficientemente profesionales en el tema que podíamos improvisar sin ningún tipo de esfuerzo. La cosa desvarió, desvarió, desvarió…
Pocas eran las horas que había dormido y lo peor fue el despertar. Kili, que no había dormido nada, entró en la casa del Consejo dando gritos y gritos. La cabeza me retumbaba y en mi cama aún dormía ella, Divi, que por causas del destino durmió a mi lado, la verdad es que estuvo muy bien dentro del surrealismo que todo esto conlleva.
El día era soleado y estupendo, lo que demuestra que las predicciones del hombre del tiempo no son muy de fiar. Una búsqueda del tesoro concentró los juegos de por la mañana. Ver a 20 personas volverse locos buscando algo que no sabían que era ni donde estaba, mientras el Consejo en lo alto de una montañita, cómo los gran jefes indios y bebiendo un tercio de Mahou, observábamos el desarrollo de la prueba. Finalmente lo consiguieron.
La siguiente protagonista sería la comida, Chemita nos había preparado una serie de manjares de su restaurante que hicieron furor. Hamburguesas de las buenas y costillares de los cojonudos, mejor imposible.
Después de una corta siesta llegaría el grueso de los juegos, carrera de sacos, el Lazarillo, concurso de Tortillas, Monólogo y lo mejor, la Princesa, ver a tus amigos vestidos de tía, sin ningún tipo de complejos, copa cualquier expectativa.
Después volvió la fiesta, esta vez la trasladamos cerca del lago por los ruidos que se produjeron el día anterior. Fue ideal.
Tras jijis y jajas con el equipo de las chicas, el Consejo, excepto el Grandullón que ya había abandonado el barco horas antes, decidió dar por terminada la noche.
El día siguiente quedaba la prueba más dura, recoger las casa e intentar que todo quedara lo suficientemente limpio y colocado cómo para que no nos llamaran la atención. Fue duro.
Una comida en el mejor restaurante del pueblo, en el que su lema es donde comen 24 comen 135 y la entrega de premios, pondría un broche de oro a un C.R.E. que no se nos olvidará a nadie de los que participamos de alguna manera en él.
Ahora estamos expectantes de cómo, cuando y donde se hará el III C.R.E.
Kili, Romeo, Grandullón y Pirrakas, un consejo rector que lo primero que ha reconocido por encima de todo, que el trabajo realizado durante la preparación y las horas invertidas, lejos de ser algo pesado y molesto, ha sido increíblemente divertido y nos ha hecho disfrutar cómo auténticos enanos.
Todos hemos aportado ideas, remates de ideas y hemos puesto nuestro granito de arena para que el II C.R.E. saliera cómo finalmente salió, simplemente perfecto.
24 personas, 20 congresistas y 4 miembros del consejo, un paraje idílico al lado de un “lago” y todos con una única intención, pasarlo en grande.
La llegada se la complicamos, salían de sus casas sin tener ni idea de cual sería el destino, sólo una carta cómo primera pista, después un Duende y luego un Ogro, les ayudarían a llegar al destino.
Era alucinante ver cómo 24 personas o personajes de más de 30 años casi todos, se ponían a bailar y saltar cada vez que sonaba esa preciosa melodía....
No hubo que lastimar excesivas pérdidas o desvíos del itinerario, algún que otro equipo dio más vuelta de lo normal, pero todos llegaron a la cena con una sonrisa en la boca. No descartábamos que la idea pudiera despertar el mal humor de alguno que otro.
La primera noche fueron juegos ligeros y de andar por casa, películas o personaje secreto que no salió del todo cómo lo habíamos planeado. Alguna metía la pata cada vez que abría la boca, el desconocimiento de los juegos y el alcohol injerido eran sus excusas, paso palabra.
Luego llegó la fiesta, esto no hubo que prepararlo, somos lo suficientemente profesionales en el tema que podíamos improvisar sin ningún tipo de esfuerzo. La cosa desvarió, desvarió, desvarió…
Pocas eran las horas que había dormido y lo peor fue el despertar. Kili, que no había dormido nada, entró en la casa del Consejo dando gritos y gritos. La cabeza me retumbaba y en mi cama aún dormía ella, Divi, que por causas del destino durmió a mi lado, la verdad es que estuvo muy bien dentro del surrealismo que todo esto conlleva.
El día era soleado y estupendo, lo que demuestra que las predicciones del hombre del tiempo no son muy de fiar. Una búsqueda del tesoro concentró los juegos de por la mañana. Ver a 20 personas volverse locos buscando algo que no sabían que era ni donde estaba, mientras el Consejo en lo alto de una montañita, cómo los gran jefes indios y bebiendo un tercio de Mahou, observábamos el desarrollo de la prueba. Finalmente lo consiguieron.
La siguiente protagonista sería la comida, Chemita nos había preparado una serie de manjares de su restaurante que hicieron furor. Hamburguesas de las buenas y costillares de los cojonudos, mejor imposible.
Después de una corta siesta llegaría el grueso de los juegos, carrera de sacos, el Lazarillo, concurso de Tortillas, Monólogo y lo mejor, la Princesa, ver a tus amigos vestidos de tía, sin ningún tipo de complejos, copa cualquier expectativa.
Después volvió la fiesta, esta vez la trasladamos cerca del lago por los ruidos que se produjeron el día anterior. Fue ideal.
Tras jijis y jajas con el equipo de las chicas, el Consejo, excepto el Grandullón que ya había abandonado el barco horas antes, decidió dar por terminada la noche.
El día siguiente quedaba la prueba más dura, recoger las casa e intentar que todo quedara lo suficientemente limpio y colocado cómo para que no nos llamaran la atención. Fue duro.
Una comida en el mejor restaurante del pueblo, en el que su lema es donde comen 24 comen 135 y la entrega de premios, pondría un broche de oro a un C.R.E. que no se nos olvidará a nadie de los que participamos de alguna manera en él.
Ahora estamos expectantes de cómo, cuando y donde se hará el III C.R.E.





